El Laurel De Apolo
Fiesta de la Zarzuela, transferida al Real Palacio del Buen Retiro
Famosa Comedia
Personas que hablan en ella
- Iris, ninfa, música
- Rústico, villano gracioso
- Eco, ninfa, música
- Apolo, galán, músico
- Zarzuela, villana, música
- Amor, galán, músico
- Dafne, primera dama
- Libia, ninfa, segunda dama
- Silvio, pastor galán
- Seis ninfas marinas, músicas
- Céfalo, pastor galán
- Anteo, pastor
- Flora, labradora
- Asia, America, África, Europa
- Lauro, pastor
- Músicos y acompañamiento
- Bata, villana
Jornada Primera
Sale Iris, ninfa, cantando.
Iris
Todos hoy se alegren, pues
hoy, con próspero
arrebol, para todos nace el sol.
Desde el campo de la aurora,
donde oriental la región
del Asia, cuna del día,
saluda el primer albor,
siendo África y Europa
tránsitos de su estación,
con el austro al mediodía,
y el norte al septentrión,
hasta donde occidental
América su esplendor
ve morir, para nacer
hijo y padre de su ardor:
todos hoy se alegren, pues
hoy, con próspero arrebol,
para todos nace el sol.
Sale Eco, ninfa, cantando.
Eco
Oh, tú, hermosa embajatriz
de los dioses, que en veloz
Iris, listado de verde,
rojo y pajizo color,
hablar por señas solías,
¿qué te mueve a dejar hoy
el triunfal arco, y que dulce
lo que fue matiz sea voz?,
obligándome a que diga
en troncados ecos yo,
desde el etíope al belga,
desde el indio al español,
que hoy todos se alegren, pues
hoy, con próspero arrebol,
para todos nace el sol.
Iris
Si de pasadas tormentas
tremolado acuerdo soy,
pues cuando que hay paz publico,
publico que hubo rigor,
¿qué extrañas, hermosa Eco,
ninfa del aire, a quien dio
boreal sepulcro en los montes
la desdicha de su amor,
que cuando en mi heroico asunto
todos comprendidos son,
acordándoles la dicha,
les olvide la pensión?
Felice natal de España
ansiosa la lealtad vio
en el dos veces real hijo
del águila y el león;
y aunque fecunda Lucina
a su horóscopo asistió,
grosero accidente puso
el alborozo en temor,
tanto, que el sol entre nubes,
como es de las nubes dios,
presumimos que llovía,
y era que lloraba el sol,
bien que breve espacio: sólo
cuanto diestro senaló
el susto el hado, porque
fuese la dicha mayor;
que sabe usar la fortuna
de tan mañoso primor,
que amenaza para hacer
de una felicidad dos;
y siendo así, que a pedir
de una y otra albricias voy
a todo el orbe, en quien tiene
su padre jurisdición,
no quiero volar con señas
del pasado mal, sino
que sin visos del desdén,
crezca la luz del favor.
Eco
Pues en tan glorioso asunto,
para que te oigan mejor
África, América, Europa
y Asia, digamos las dos:…
Las Dos
…todos hoy se alegren, pues
hoy, con próspero arrebol,
para todos nace el sol.
Dentro todos los instrumentos y voces.
Todos
dentro
Todos hoy se alegren, pues
hoy, con próspero arrebol,
para todos nace el sol.
Representado desde aquí.
Iris
Ya de mi acento y tu acento
en todo el orbe se oyó
la nueva.
Eco
Segunda vez
a los coros que formó
a un tiempo en sus cuatro partes,
apliquemos la atención.
Dentro
Todos hoy se alegren, pues
hoy, con próspero arrebol,
para todos nace el sol.
Iris
No sólo en ecos se explican,
que aun con más demostración
se alegran.
Eco
Asia lo diga,
pues atenta a nuestra voz,
usando de sus antiguos
ritos, se aplaude la acción
de rey de Jerusalén.
Iris
Oigamos su aclamación.
Salen dos damas y dos galanes, de máscara, con unas tarjetas en las manos, y en ellas la cifra del nombre de Felipe, cantando y danzando, vestidos a lo judío.
Coro 1
El próspero día, el día felice,
que el magno Alejandro del grande Felipe
nació sucesor, en sus templos el Asia
el fausto natal escribió en piedras blancas.
Y así, repetiendo hoy en éstas la antigua
memoria, da al jaspe el natal deste día,
que no menos magno en Asia rey nace
el que es también hijo de Felipe el Grande.
En habiendo hecho su entrada, se apartan, y salen cantando también, y danzando, otras dos damas y galanes, con mascarillas negras, y hachas en las manos, vestidos a lo moro.
Eco
África, en quien tantos puertos
mantiene, alegre encendió
las teas, que en luminarias
nocturnos aplausos son.
Coro 2
El próspero día, el día felice,
que en África Atlante nacer vio el Alcides,
que había de aliviar el peso que sufre,
ardieron sus montes en trémulas luces.
Y así, repitiendo hoy en éstos la antigua
memoria, consagra al natal deste día
antorchas que alumbren a Alcides segundo,
alivio del peso también de dos mundos.
Apártanse, y sale otra cuadrilla con ramos en las manos, vestidos de indios, cantando también, y danzando.
Iris
Bárbara América, usando
también de su antiguo error,
ramos y flores consagra
al tálamo en que nació.
Coro 3
El próspero día, el día felice,
que América vía nacer su cacique,
al sol ofrecía, impidiendo sus rayos
la fácil defensa de flores y ramos.
Y así, repitiendo hoy en éstos la antigua
memoria, celebra el natal deste día
poniendo obediente a sus plantas las plantas
de paz y de guerra en olivas y palmas.
Apártanse, y suenan dentro cajas y trompetas, y sale otra cuadrilla de españoles.
Eco
Europa, como sus fiestas
trompetas y cajas son,
con ellas le hace la salva,
diciendo en marcial rumor:…
Coro 4
El próspero día, el día felice,
que Europe vio en César un príncipe insigne,
al son de las cajas, clarines, trompetas,
rindió el mes de Julio al nombre de César.
Y así, repetiendo hoy en éstas la antigua
memoria, construye al natal deste día,
a honor de Felipe, el helado noviembre,
por César del año, por rey de los meses.
Júntanse todas las voces y cuadrillas.
Todos
Y todos le aclaman, como en todos tiene
imperios que el sol de vista no pierde,
dando África, Europa, América y Asia
las piedras, las luces, los ramos, las armas,
diciendo unos y otros en voces festivas:
el que, siendo infante, es príncipe, ¡viva!
Con grita de villanos, suenan dentro instrumentos rústicos, y todos se barajan en la acción que se hallaren.
Dentro
¡Oíd! ¿Qué rústicas canciones
turban las heroicas nuestras,
y en bárbaro, rudo estilo,
hijo de montes y selvas,
quiere competir las cortes
más sublimes, más supremas
del orbe?
La Zarzuela
sale
Pues ¿quién le quita
a la rústica simpleza,
en quien, cuanto más desnuda,
va la verdad más compuesta,
que como olvidada parte
de vuestro todo, pretenda
en tan venturoso día
dar también de su amor muestra?
¿Quién eres, o tú, aldeana,
que, rústicamente bella,
entre nosotros pretendes
señalarte?
Zarzuela
La Zarzuela,
humilde, pobre alquería,
tan despoblada y desierta
que no hay para mí día claro,
si el Pardo no me le presta.
Y es verdad, pues siempre estoy
al ceño del tiempo atenta,
deseando que llegue el Pardo,
para que el sol me amanezca.
De sus alimentos vivo;
pero tan rica y tan llena
de favores, que merezco
tal vez en la breve esfera
de mis cotos ver la aurora,
de montes y valles reina,
acompañada del alba,
y aun de otras flores, dijera,
y estrellas, si no enojara
ya esto de flores y estrellas;
porque hay bellezas que no
quieren más que ser bellezas,
y hacen bien, porque no hay más
que ser, que ser ellas mesmas.
Tras éstas —deidades diga,
que deidades no es ofensa,
pues se quedan lo que son—,
tal vez el cuarto planeta
también de rebozo suele
ilustrar mi albergue, en muestra
de que no desdeña el sol
humildad, que no desdeña
la aurora, y más día que hace
del invierno primavera;
tanto, que al ir mis golosas
cabras paciendo la yerba,
la buscan entre la escarcha
y la hallan entre las perlas.
Y siendo así que este año
verla esperaba contenta,
y, a causa de mayor dicha,
tuve por dicha no verla
—¿Quién vio amor de puro fino
consolado con la ausencia?—,
porque no se me malogre
no sé qué aldeana fiesta
que tenía prevenida,
viendo las Carnestolendas
tan dentro de casa ya,
o tarde o temprano sea,
por no esperar a otro año,
obligándome grosera
a desear no sea lo mismo,
vengo al Retiro con ella;
y aunque pese a todo el mundo,
¡pardiez, que tengo de hacerla!
¿Pues tú, rústica villana,
con nosotros competencia?
Zarzuela
Y no competencia sola
es justo que me prometa,
sino vitoria de todos
vosotros.
Todos
¿De qué manera?
Zarzuela
Haciendo mi fe desprecio
de las ceremonias vuestras,
que, aunque es verdad que la anciana
antigüedad en las letras
humanas es venerable
entre los artes y ciencias,
bien podrá lucir en otra
ocasión, pero no en ésta.
Católico príncipe es
el que nace a ser defensa
de la cristiana milicia,
y así le sobran las señas
de idólatras ni gentiles
ritos, pues las blancas piedras
que Asia construye a su nombre
sólo deben ser aquella
que en Asia cautiva yace,
cuya libertad se espera
de un príncipe generoso,
que entre la suma grandeza
de cetros y de coronas
sea su mayor herencia
la religión, y en ninguno
—gracias a la siempre excelsa
católica casa de Austria,
de cuyo gran tronco cuelgan
tantos reyes como ramas,
tantas, como flores, reinas,
tantos santos como hojas—
concurren tan altas prendas,
pues tiene la investidura
para que el dominio tenga.
Las teas que África enciende,
en memoria de que sea
el Alcides de su Atlante,
es andar con luz a ciegas;
pues solamente la lumbre
de la ardiente antorcha bella,
que al espiritual carácter
ardió material pavesa,
a alumbrarle basta; y cuando
para ser Alcides crezca,
será para ser Alcides
del Atlante de la iglesia,
en cuyos hombros su siempre
sagrado peso se asienta.
Los árboles, que consagra
América al sol, no sean
sino el árbol que plantó
en su imperio la fe nuestra.
Sólo de Europa no acuso
las cajas ni las trompetas,
como en faustos vaticinios
de las vitorias que espera.
Y cuando tantas razones,
como a extraños, no os convenzan
para que el festejo mío
el primero lugar tenga,
baste ser su comisaria
la hermosa María Teresa,
en quien más noble, más digna,
más heroica, más suprema
y más generosa vive
la verdad de la fineza
con que esta ventura aplaude,
con que esta dicha celebra.
Aunque la razón del culto
por agora no nos mueva,
la de la cortesanía
a todos nos hace fuerza
para que no sólo demos
primer lugar a tu fiesta,
pero para que seamos
quien te ayude.
Todos
Norabuena.
Pues si habemos de ayudarla,
sepamos qué es la comedia.
Zarzuela
No es comedia, sino sólo
una fábula pequeña,
en que, a imitación de Italia,
se canta y se representa,
que allí había de servir
como acaso, sin que tenga
más nombre que fiesta acaso.
Díganlo Eco y Iris, que ellas
también sus papeles hacen.
Sí, mas ¿de qué es la materia?
Zarzuela
El laurel de Apolo, pienso;
pero mejor ella mesma
lo dirá, si la empezamos.
Todos
¿Cómo?
Zarzuela
De aquesta manera:
Cantando y bailando.
que el claro lucero,
hijo en la belleza
del sol y la aurora,
a España amanezca;
sea norabuena.
Todos
Norabuena sea.
Zarzuela
Que nazca a reinar
en las almas nuestras,
sin dejar por eso
de reinar quien reina;
sea norabuena.
Todos
Norabuena sea.
Zarzuela
Que le dé su nombre
el cuarto planeta,
porque cuarto y quinto
goce armas yletras;
sea norabuena.
Todos
Norabuena sea.
Zarzuela
Que salga a dar gracias
católico césar,
adonde su corte
tan galán le vea;
sea norabuena.
Todos
Norabuena sea.
Zarzuela
Que el águila hermosa
examine bella
el hijo a sus rayos,
y a ellos convalezca;
sea norabuena.
Todos
Norabuena sea.
Zarzuela
Que la siempre hermosa
María Teresa,
más que todas fina,
le haga cien mil fiestas;
sea norabuena.
Todos
Norabuena sea.
Zarzuela
Que la Margarita
preciosa no sienta
que otro sea el diamante,
pues siempre se es perla;
sea norabuena.
Todos
Norabuena sea.
Zarzuela
Que las damas oigan
una loa sin ellas,
porque no desdeñen
ser flores ni estrellas;
sea norabuena.
Todos
Norabuena sea.
Zarzuela
Que den los señores
de su afecto muestras,
en máscaras, toros,
cañas y libreas;
sea norabuena.
Todos
Norabuena sea.
Zarzuela
Que venga al Retiro
también la Zarzuela,
porque alguien que puede
la manda que venga.
Barájanse todos.
Unos
dentro
¡A lo llano!
Otros
¡Al monte!
Otros
¡Al valle!
Otros
¡A la selva!
Dafne
dentro
¿No hay quien me socorra?
¿No hay quien me defienda?
Todos
¿Qué es esto?
Zarzuela
Que pienso,
si bien se me acuerda,
que pues la loa acaba,
la fábula empieza.
Eco
Démosla lugar
que prosiga.
Iris
Y sea
diciendo unos y otros
en voces diversas:…
Zarzuela
Que el claro lucero,
hijo en la belleza…
Dentro
¡A lo llano! ¡Al monte!
¡Al valle! ¡A la selva!
Zarzuela
…del sol y la aurora
a España amanezca;
sea norabuena.
Todos
Norabuena sea.
Vanse todos bailando.
Dentro
¡Huid, pastores, huid,
que anda en el monte la fiera!
Dafne
¿No hay quien me socorra?
¿No hay quien me defienda?
Salen Silvio y Céfalo, pastores galanes, trayendo entre los dos a Dafne desmayada.
Céfalo
Sí, mientras yo viva.
Silvio
Sí, mientras yo muera.
Dafne
¡Ay de mí infelice!
Céfalo
Ya nada hay que temas.
Cóbrate y anima.
Silvio
Descansa y alienta.
Dafne
¿Cómo podré, si he llegado
a ver que me han socorrido
Silvio, a quien he aborrecido,
y Céfalo, a quien he amado?
Y no habiendo uno estimado
mi amor, y otro sí, mi fiero
desdén dudó cuál primero
lugar en mi riesgo adquiere,
quien logra lo que me quiere,
o paga lo que le quiero.
Y así, habré de suspender
las gracias, hasta apurar
qué acción es más singular,
obligar o agradecer:
y pues hoy no habéis de ver,
vos favor, ni desdén vos,
confórmeos el ciego Dios,
que aunque me hallo agradecida,
es poca alhaja una vida
para partida con dos.
Céfalo
Yo, hermosa Dafne, nací
más al estudio inclinado
que al amor; y habiendo hallado
en ese siempre turquí
libro azul, en que aprendí
del docto maestro del día
judiciaria astrología,
que había de venir a ser
la beldad de una mujer
su destruición y la mía,
negué una y otra deidad
de Amor y Venus, y sólo
en las cátedras de Apolo
mantuve mi libertad.
Dígalo tu voluntad,
pues el día que llegué
a verme dichoso, en fe
no de mi merecimiento,
sino en fe del cumplimiento
de mi opuesto hado, dejé
la patria con tan vil traza
como el huir mi desdicha
desde luego de una dicha,
de miedo de una amenaza.
Viendo, pues, cuánto embaraza
la ausencia al amor, volví,
creyendo que ya habría en ti
hecho su efecto veloz:
adonde, siendo tu voz
la primer cosa que oí,
a socorrerte llegué.
Y aunque hasta aquí hablé grosero,
desde aquí perder no quiero
el mérito que gané;
que si agradecido fue
mi afecto, y amante ha sido
el de Silvio, yo he vencido:
pues si puede el más constante
ser noble sin ser amante,
no sin ser agradecido.
Silvio
Yo más ciencias no aprendí
que el arte de amar; si fue
en mejor libro, no sé,
pero presumo que sí;
que si lo fue para ti
del sol el claro arrebol,
el sol de Dafne crisol
fue de mi fe: ella dirá
si de ciencia a ciencia va
lo que va de sol a sol.
Si tú, antes de sucedido,
hallaste que había de ser
tu peligro una mujer,
yo hallé que ya lo había sido;
y si, buscando un olvido,
tú te ausentaste, yo fiel
huyendo un rigor cruel:
¿quién, pues, morirá mejor?
¿Tú, por huir de un temor,
o yo, por volver a él?
Haber a tiempo llegado
que la hayamos socorrido
los dos, es haber querido
ponerse una vez el hado
de parte del desdichado,
en quien con el desdén crece
el amor; que el que se ofrece
amado a cualquier fatiga,
satisface, mas no obliga;
cumple, pero no merece.
Y aunque para la cuestión
basta la razón que he dado,
habiendo Dafne tomado
plazo a la satisfación,
no quiero tener razón,
sino darme por vencido;
y así, que suspenda pido
a quien las gracias previene;
que, aun en tenerla, no tiene
razón un aborrecido.
Y para atajar la duda,
la he de preguntar —dejando
al tiempo que, él sabe cuando,
con el desengaño acuda—,
¿qué ocasión helada y muda,
después que las voces dio,
en la falda la dejó
del monte, donde la hallamos?
Céfalo
Dices bien. Dafne, sepamos
qué fue tu peligro.
Dafne
Yo
os lo diré, agradecida
a la dilación, pues basta
que reconozca la deuda,
mientras no sé a quién pagarla.
Ya sabéis —pero es forzoso
que de noticias me valga,
que nunca por muchas sobran,
y tal vez por una faltan—
que este enmarañado monte,
que en Tesalia, nuestra patria,
es verde coluna, en quien
del cielo el eje descansa,
albergue fue de Fitón,
aquel mágico que, en varias
diabólicas ciencias diestro,
quitó a los dioses la sacra
adoración de sus doctos
simulacros, pues que en claras
voces habló en esqueletos
mejor que ellos en estatuas.
Oráculo, pues, de todas
las gentes destas montañas
ya no eran Apolo y Venus
sus auxiliares, con tanta
desestimación, que habiendo
en esas dos cumbres altas
dos templos suyos, apenas
vimos por edades largas
en sus piadosos umbrales
ni aun huella de humana planta,
porque a la lóbrega gruta
de Fitón era a quien daban
la fe y el voto, teniendo
sus respuestas por más sabias.
Viendo, pues, las dos deidades
ya sus antorchas sin llama,
sus altares sin ofrenda,
y sin víctima sus aras,
ofendidas dispusieron,
en religiosa venganza,
que Peneo, padre mío,
en cuyas ondas de plata
me abortó marina ninfa,
embrión de fuego y agua,
rompiese el margen, talando
con obedecida saña
las bárbaras poblaciones
de todas estas comarcas:
en cuya undosa avenida
todos del monte se amparan,
haciendo de sus peñascos,
de sus troncos y sus ramas
contra pólvora de nieve
revellines de esmeralda.
Los sacerdotes de Apolo,
y de Venus las sagradas
sacerdotisas, en vez
de dar abrigo a sus ansias,
les intimaron sentencia
de muerte; con que, cerradas
las puertas de entrambos templos,
reconocieron ser causa
de su estrago la ojeriza
de los dioses; y trocada
la estimación de Fitón
en ira, cólera y rabia,
en su mal vivo cadáver
ensangrentaron las armas.
¿Qué deja al enojo el que
por el desenojo mata?
Templó el homicidio el ceño,
reducida la amenaza
de la inundación al coto
de los márgenes que hoy guarda;
pero apenas el peligro
cesó, cuando, en vez de gracias,
dieron a los cielos quejas,
lamentando más la falta
del mago Fitón, que no
la culpa que se la causa;
con que enojados segunda
vez los dioses, la pasada
ruina trocaron en otra,
para cuya cruel, extraña
ira os prevengo, ya que,
si hasta aquí supisteis, haya
novedad desde aquí, oyendo
lo que en vuestra ausencia pasa.
El monte, que zozobrado
bajel fue, y de la resaca
a los embates quedó
mal enjuto de las claras
luces del sol, y no bien
oreado de las auras,
en corrompidos vapores
de ovas, légamos y lamas,
se pobló de inmundos monstruos
desde la cumbre a la falda,
entre cuyas venenosas
especies, la más tirana,
más horrorosa, más fiera,
más terrible y más infausta
fue una escamada serpiente,
que, abrigándose en la estancia
de la cueva de Fitón,
motivó a las siempre vagas
supersticiones del vulgo,
ser de su cadáver alma.
Esa, pues, ni ave, ni fiera,
ni pez, siendo así que en agua,
en tierra y aire, pez, fiera
y ave, corre, vuela y nada;
sirviéndose para todo,
en el aire de las alas,
en la tierra de los pies,
y en el mar de las escamas.
Con su anhélito el ambiente
infesta, siempre que brama;
y siempre que pace o bebe,
con su espuma, ondas y plantas;
tanto, que apenas hay flor
que no sea avenenada
cicuta, siendo ya en todo
el orbe ponzoña amarga,
para el abuso de hechizos,
de ilusiones y fantasmas,
la menos tocada yerba
de los montes de Tesalia.
No en esto solo el estrago
de tanto escándalo para,
sino en que, bandido monstruo
de todas estas campañas,
los errados peregrinos
y moradores asalta,
hasta que unos y otros sean
de sus presas y sus garras
sangriento despojo; a cuyo
terror, viendo cuánto engaña
peligro que no escarmienta,
volvió a sus primeras ansias
el vulgo, reconociendo
que no hay medios que le valgan,
que no sean acudir
con dones, feudos y parias
a los enojados dioses;
pues cuanto más los agravia
nuestro error, tanto más nuestro
rendimiento los aplaca;
y así, en divididas tropas
de mil festivas escuadras,
que con varios instrumentos
himnos a ambos dioses cantan,
al templo de Apolo hoy suben
los hombres por una banda,
y las mujeres por otra
al templo de Venus, para
que ofrendas y sacrificios
mejoren sus esperanzas.
Yo, que, al ruido, dejé el coro
de ninfas, y acompañada
de unos rústicos villanos,
seguir quise las estampas
del femenil escuadrón,
sentí moverse unas matas;
y presumiendo que fuera
alguna pequeña caza
que llevar al sacrificio,
seguirla quise y matarla.
Pero apenas la torcida
senda dejé, y de la aljaba
al arco puse la flecha,
cuando entres las verdes jaras
de un ribazo, a quien servían
de entretejida muralla,
sobre dos desnudas peñas,
cuatro mal vestidas zarzas,
el monstruo vi, a cuyo horrible
asombro volvió la espalda
la amedrentada cuadrilla;
y yo, absortamente helada,
«¿No hay quien me socorra?» pienso
que dije, y di desmayada
en tierra, donde no supe
de mí —¡ay, infelice!— hasta
que en los brazos de los dos
perdí el susto y cobré el habla.
Y pues se deja inferir
que, mañosamente incauta
la fiera, estaba en acecho,
y, al ver tanta gente y armas,
a ocultarse al monte iría,
con el instinto que alcanza,
quizá heredado de quien
la dio el nombre, pues la llaman
todos el monstruo Fitón;
y pues con su fuga pasa
de un susto en otro la duda
de a quién le debo las gracias,
por no agraviar a ninguno
—puesto que mujer que paga
a dos, a ninguno obliga,
y antes a entrambos agravia—,
quiero a segunda experiencia
dejar la duda fiada;
y así, el que desde hoy —oíd—
por mí una fineza haga,
será quien de mi socorro
merezca el triunfo y la palma.
La fineza ha de ser que
tú, Céfalo, que con tanta
vanidad no amar blasonas,
finjas amar; tú, que amas,
Silvio, finjas que aborreces;
de manera que, trocadas
las inclinaciones, vea
yo en ti rendimientos y ansias;
en ti, olvidos y desdenes;
que el que con mayor ventaja
disimulare su afecto,
y el no afecto suyo traiga
más desmentido a mis ojos,
será el que vencido haya
en la cuestión; y porque
Dentro grita de villanos.
ya de entrambos templos bajan
las tropas, haciendo a un tiempo
con festivas consonancias
de instrumentos y de voces
unas a otras la salva,
cautelad vuestras pasiones;
que yo, librando la paga
del socorro de mi vida
a una experiencia tan rara,
he de ver quién hace más
en servicio de una dama:
quien lo que ama disimula,
o finge lo que no ama.
Silvio
Advierte que no es igual
el partido; que me encargas,
Dafne, a mí lo más difícil.
Céfalo
¿Qué lo más difícil llamas?
Silvio
Disimular un afecto
que, vivo volcán del alma,
siempre está ardiendo, y no es
posible que modo haya
con que la llama se oculte,
para que sin humo arda.
Céfalo
¡Cuánto es más dificultoso
querer que donde no hay llama,
haya ni aun humo, pues no
respira él donde ella falta!
Silvio
Caer en defectos es fuerza
el que disimula que ama,
pues lleva dentro de sí
quien lo contrario le manda.
Céfalo
¡Cuánto es más forzoso que
en ellos quien finge caiga,
pues no lleva quien le acuerde
el precepto que le encargan!
Silvio
Sí, mas ¿cómo dormirá
afecto que no descansa,
teniendo siempre al oído
despertador que le llama?
Céfalo
¿Y cómo despertará
a las horas señaladas
el que sin despertador
goza el sueño en quietud blanda?
Silvio
¿Podrá representar bien
uno un papel, cuando anda
ofuscada la memoria
con los versos de otra farsa?
Céfalo
Podrá atenerse al apunto
que desde dentro le habla,
que es lo que no podrá hacer
el que aun apunto le falta.
Silvio
Fingir es acción que no
hace uno en hacerla nada,
pues hace por obediencia
lo que otros hacen por gala.
Céfalo
Menos el que disimula
hace, pues es cosa clara
que mandarle que no diga
es mandarle que no haga.
Silvio
Y ¿no hace harto en padecer
el que padeciendo calla?
Céfalo
No, que el que calla no tiene
la obligación del que habla,
pues le obliga a que sea bueno,
y a esotro el callar le basta.
Silvio
Quien finge…
Céfalo
Quien disimula…
Silvio
…no siente.
Céfalo
…no espera.
Dafne
Basta,
que el tiempo lo dirá; y más
Ruido dentro.
cuando vuestra porfía atajan
las tropas, que ya del monte
al valle vuelven, mezcladas
unas con otras, bailando
al compás de lo que cantan.
Silvio
Pues aunque tema ser yo
quien a lo más se adelanta,
desde aquí desengañado
mi amor, en tu vida, ingrata,
verás en mí sino olvidos,
desdenes, ceños, mudanzas.
Dafne
Aun no sentidos, disuenan
los desaires.
Céfalo
Porque nada
quede a deberte, divina
Dafne, rendido a tus plantas,
en tu vida en mí verás
sino amor, finezas y ansias.
Dafne
Aun fingidos suenan bien
rendimientos.(¡Ay del alma
que se da a tan vil partido,
como vivir engañada
de afecto que agravia huyendo,
y afecto que amando agravia!)
Salen por una parte Flora y villanas, y baja por otra Lauro y Rústico y labradores, todos con instrumentos, cantando y bailando.
1 Coro
MUJERES
¡Viva la gala…
2 Coro
HOMBRES
¡Viva la gala…
Mujeres
…de la madre del Amor,…
Hombres
…del hijo del alba,…
Mujeres
…de la diosa de la hermosura
el donaire y la gracia!
Hombres
…del que es dios, en valles y montes,
de flores y plantas!
Todos
¡Viva la gala, viva la gala
de la madre del Amor,
del hijo del alba!
Un Mujer
¡Viva la gala de aquella
clara vespertina estrella,
que en seguir del sol la huella
la primera se señala!
Todos
¡Viva la gala!
Un Hombre
¡Viva la gala de aquel
siempre amante, siempre fiel
astro, que en saliendo él,
todos los demás iguala!
Todos
¡Viva la gala!
Bata
También mi copra ha de ir.
Rústico
Y la mía.
Unos
¡Vaya!
Otros
¡Vaya!
Bata
¡Viva la gala dichosa
de la que en el cielo es diosa,
y por acá es otra cosa,
no sé si buena o si mala!
Todos
¡Viva la gala!
Rústico
¡Viva la gala, y la acción
del padre de Faraón,
que ha de matar al Figón,
que a sí solo se regala!
Todos
¡Viva la gala, viva la gala
de la madre del Amor,
del hijo del alba!
Dafne
Decidme, galán pastor;…
Rústico
Fuera, que conmigo habra.
Dafne
Decidme, zagala bella:…
Bata
Y conmigo.
Dafne
…¿qué es la causa
de que tan alegres todos
volváis a vuestras cabañas,
después de los sacrificios
que habéis hecho?
Los Dos
Oye y sabrásla.
Bata
La diosa Veras…
Rústico
El dios
Pollo…
Bata
¡Calla, tonto!
Rústico
¡Calla,
sabida!
Bata
Yo he de decirla.
Rústico
Eso no; yo he de contarla.
Bata
A mí me la pescudó,
pues dijo «bella zagala».
Rústico
Y a mí, pues dijo «galán
pastor».
Lauro
Quita, loco.
Flora
Aparta,
necia.
Rústico
¿Es más galán pastor
usted que yo?
Bata
¿Es más bizarra
zagala usted que yo?
Flora Y Lauro
Oye,
Dafne, y sabrás lo que pasa.
Lauro
Mas si va a decirlo Flora,
la primacía he de darla,
que la urbanidad más ruda
se precia de cortesana
con la belleza.
Flora
Aunque no
lo es la mía, he de acetarla.
Al templo de Venus —Dafne
bella, deidad soberana
de las ninfas del Peneo—
llegamos, donde postradas
todas, hicimos rendida
adoración a sus plantas.
Las ofrendas que llevamos
pusimos sobre sus aras,
y en devota aclamación,
mezclamos en voces altas
endechas, que el temor llora,
con himnos, que el amor canta.
La diosa —que hasta las diosas
con las dádivas se ablandan—
en voz de su estatua dijo
que el sacrificio acetaba,
y que el Amor, descendiendo
de su soberano alcázar,
con las plumas de sus flechas
en las plumas de sus alas,
sería quien presto nos diese
de aquesta fiera venganza.
Lauro
Lo mismo Apolo nos dijo;
y que usando de las armas
con que Delfos cazador
le vio un tiempo en sus montañas,
a Tesalia disfrazado
vendría, en cuya esperanza
volvemos cantando todos
en hacimiento de gracias:…
Ellos Y Todos
¡Viva la gala
de la madre del Amor,
del hijo del alba!
Dafne
Pues yo, hasta llegar también
a la orilla, que de nácar
guarnece el sacro Peneo,
con tales nuevas, ufana
con todos iré.
Silvio
Y tras ti
quien adora las estampas
de tu pie.
Dafne
¿Tan presto yerras,
Silvio, el papel que estudiabas?
Silvio
Olvidóseme que había
de olvidar; mas ya, tirana,
mas ya, aleve, mas ya, fiera,
equivocando las ansias
que padezco verdaderas
con las que desmiento falsas,
iré huyendo de tu vista.
Vase.
Dafne
Céfalo, ¿cómo no tratas
seguirme, cuando me ausento?
Céfalo
¡Ah, sí! No se me acordaba
de que estoy enamorado.
Ya voy siguiendo tus claras
luces.
Dafne
¡Qué mal se domeñan
inclinaciones contrarias!
Flora
Hasta llegar a la orilla,
vaya de música.
Todos
¡Vaya!
Cantan
¡Viva la gala, viva la gala
de la madre del Amor,
del hijo del alba;
de la diosa de la hermosura
el donaire y la gracia;
del que es dios, en valles y montes,
de flores y plantas!
¡Viva la gala
de la madre del Amor,
del hijo del alba!
Vanse bailando y cantando, y quedan Bata y Rústico.
Rústico
¿No es bueno que hasta el bailar
por valles y montes cansa?
Bata
Rústico, ¿cómo te quedas?
Rústico
Cansado me quedo, Bata,
a tomar aliento, aunque
si viera que te quedabas
tú, me fuera por no verte.
Bata
Mal el pergeño me pagas
con que pienso que te quiero,
si es que el magín no me engaña.
Rústico
Pues engáñete el magín,
si es posible; que yo, hasta
que halle alguien que me merezca,
no he de amar.
Bata
Pues, alimaña,
¿quién que te merezca quieres,
sino una desesperada
como yo?
Rústico
Pues ¿habrá más
de estarme, como me estaba,
mogrollo de Amor?
Bata
Pues él
venir tiene a las montañas,
yo me quejaré a él de ti.
Rústico
¿Cómo, dime, mentecata,
le has de conocer, si Amor
para venir se disfraza?
Bata
Los dioses, aun disfrazados,
dan de quién son señas craras,
que no habran como mosotros.
Rústico
Pues, ¿de qué manera habran?
Bata
Con tan dulce melodía,
tan suave consonancia,
que siempre suena su voz
como mósica en el alma;
y así, en oyéndole que hace
gorgoritas de garganta,
cátale dios.
Rústico
El sabello
es bien, porque todos hagan
esa distinción. Mas dime,
¿todo lo que dicen, cantan?
Bata
Cuando habran entre sí,
¿qué sé yo lo que les pasa?
Fuera de que ¿quién les quita
que tal vez…?
Dentro
¡A la montaña,
pastores!
Otros
¡Al bosque!
Otros
¡Al río!
Otros
¡Al monte!
Otros
¡Por aquí ataja!
Bata
Pero ¿qué es esto?
Dentro
¡Pastores,
huid del valle, porque baja
a él la fiera!
Bata
¡Ay de mí triste!
Rústico
¡De mí alegre, si te agarra
primero que a mí!
Bata
No hará,
que asida yo a tus espaldas,
primero ha de dar contigo.
Al huir, se ase ella a sus espaldas; sin verla, él huye, y ella tras él.
Rústico
¡Ay señores, ya me agarra,
ya me trincha, ya me muerde,
ya me engulle, ya me masca!
Bata
¿Qué tiembras?, que aún no es la fiera,
mentecato, quien te traga.
Rústico
Pues ¿quién me tiene?
Bata
Yo soy.
Rústico
Aun peor está que estaba,
que, fiera por fiera, no
la quedas a deber nada;
mas yo huiré por esos trigos.
Bata
Y yo por esas cebadas.
Desásese de ella, y al entrarse cada uno por su puerta, sale por la de Bata Amor, vestido de pastor, y Apolo de cazador por la otra, cantando todo lo que representan
Apolo
Dime, bárbaro pastor,…
Amor
Dime, rústica villana,…
Apolo
…si fueron las voces tuyas:…
Amor
…si fueron tuyas las ansias:…
Apolo
…¿en cuál destas duras quiebras…
Amor
…¿en cuál destas peñas altas…
Apolo
…es donde el monstruo se oculta?
Amor
…es donde la fiera anda?
Rústico
Aunque usted me lo pescude
con armonía tan branda,…
Bata
Aunque sabello pretenda
usted con dulzura tanta,…
Rústico
…que me da a entender que es Pollo,
que viene en su busca a caza,…
Bata
…que piense que es Escopido,
que ya ha venido a matarla,…
Rústico
…no estó para echar el huelgo.
Bata
…no estó para echar el habra.
Rústico
Si ella quedó de venir,…
Bata
Serpiente es de su palabra;…
Rústico
…por ahí esperarla puede.
Vase.
Bata
…por ahí puede aguardarla.
Vase.
Amor
[Representa]
Ya podéis pedir albricias,
altos montes de Tesalia;…
Apolo
[Representa]
Ya, incultas selvas, podéis
alentar con esperanzas;…
Amor
…pues disfrazado pastor,
Amor a vosotros baja.
Apolo
…pues en vosotros, fingido
cazador, Apolo anda.
Amor
A aquella parte parece
que se han movido las ramas.
Apolo
Ruido entre aquellos peñascos
han hecho troncos y plantas.
Amor
¿Si será el monstruo el que esconden?
Apolo
¿Si es el Fitón el que guardan?
Amor
Mas ¿qué miro?
Apolo
Mas ¿qué veo?
Amor
¿Qué te admira?
Apolo
¿Qué te espanta?
Amor
Verte cazador. ¿Adónde
están de Admeto las vacas?
Apolo
Mirarte a ti de pastor
en monte de fieras tantas.
Amor
¿Por qué, si matar al fiero
Fitón mi madre me manda?
Apolo
Porque no sé que se hiciesen
para los montes tus armas.
Canta
No desdores, Cupido,
tu arco y tus flechas,
que es desaire de hermosas
que maten fieras.
Amor
[Canta]
Antes quiero que vean,
sagrado Apolo,
que de Amor las armas
lo rinden todo.
Apolo
Teme a los despenados,
no diga alguno
que tus flechas se emplean
bien en los brutos.
Amor
Cuando el bruto no sienta
de qué mal muere,
sentirá por lo menos
sentir que siente.
Apolo
Tu peligro recela;
que no es trofeo
tan gran monstruo de un niño
desnudo y ciego.
Amor
Aunque Amor es ciego,
desnudo y niño,
¿cuándo le ha retirado
ningún peligro?
Apolo
Yo he venido a esta empresa,
y ha de ser mía.
Amor
¿Quién habrá, sin ser loco,
que a Amor compita?
Apolo
Quien adelantando
su valor, sepa
de sus rayos adónde
corre la fiera;
y antes que tú llegues,
la habré postrado.
Amor
Si tus rayos enferman,
matan mis rayos;
y así, aunque la encuentres,
dirá mi esfuerzo…
Dentro
¡Ay, qué terror! ¡Qué asombro!
Libia
dentro
¡Valedme, cielos!
Apolo
Mas ¿qué voces son éstas?
Amor
No sé, que sólo
sé que el escucharlas
me tiene absorto.
Sale Libia huyendo.
Libia
Gallardos cazadores,
que según inferir
deja al hombro el carcaj
y en la mano el marfil,
sin duda a nuestros montes
de vecino confín
venís buscando caza,
sin ver dónde venís:
mujer infeliz soy;
pues estáis dos, partid
con deudas de mujer
lástimas de infeliz,
y dadme amparo: Libia,
de Venus —¡ay de mí!—
sacerdotisa soy;
viendo al templo subir
las zagalas del valle,
con unas de quien fui
deuda o amiga, quise
el camino partir;
y habiéndolas dejado
en el bello jardín
que hace la falda al monte,
bien como astuto vil
áspid, que disfrazado
se disimula, vi
que al paso me salía
Fitón, de quien a oír
habréis llegado que es
terror deste país…
Pero ¿qué me detengo
—¡ay triste!— en referir
su furia y mi peligro,
si en mi alcance tras mí…
Mas al verle no puedo,
no puedo proseguir,
que es mordaza al hablar
el lazo del sentir.
Apolo
No temas, Libia bella,
que delante de ti,
de tu vida seré
defensa yo.
Libia
Al oír
lo dulce de tu voz,
me das a presumir
que eres deidad que el cielo
da en mi amparo.
Amor
¡Ay de mí!
Cáesele el arco y flecha.
Que al verte de tan cerca,
arco y flecha perdí.
Apolo
¿Por qué, Amor, en su amparo
no intentas preferir?
Amor
Por no vencerle a él,
sin que él te venza a ti.
Apolo
No es eso, sino que
Amor, en cualquier lid,
si entra al principio osado,
sale cobarde al fin.
Y para que conozcas
mi esfuerzo, este sutil
harpón, rayo sin llama,
pájaro sin matiz,
cometa de los aires,
verás volar y herir,
siendo el Fitón mi triunfo.
Vase.
Libia
¡Qué valiente a salir
al paso va a la fiera!
¡Y qué fiera, ay de mí,
ella le mira! Entrambos
vibrando a un mismo fin,
ella sus aceradas
navajas de marfil,
y él de su arco la cuerda…
¡Qué tiro tan feliz!
Que falseando a la escama
las conchas que bruñir
pudo, al temple del sol,
del aire el esmeril,
al corazón penetra,
a cuyo tiro vi,
revoleteando el ala,
de la inhiesta cerviz
el crinado copete
desmelenar la crin.
Por boca y por heridas
ya verter, ya escupir
de venenosa nieve,
de infestado carmín
dos fuentes ven las flores;
y tanto, que al teñir
su tez, lo que topacio
nació, muere rubí.
Túmulo es de esmeralda
el risco, al sacudir
la cola, pues le hace
sus bóvedas abrir;
en cuyo seno ya
rendido, convertir
se oye el fiero bramar
en tímido gemir.
Y pues amedrentados
huyen todos de aquí,
venid vosotras, ninfas
del Peneo, venid,
cuantas de sus cristales
el líquido viril
en bóvedas de nácar,
plata y coral vivís;
venid, pues, a mis voces.
Salen seis ninfas, vestidas de escamas y tocadas de corales y perlas, y Dafne, y por otra parte, Rústico.
Todas
cantan
¿Qué nos quieres, nos di,
que a todas a tu acento
obligas a salir
del cristalino albergue
que habitamos?
Rústico
(Y a mí
de entre aquesas dos peñas
adonde me escondí,
porque aun no dejó el miedo
ánimo para huir.)
Libia
Que las rendidas gracias
deis al que reducir
pudo nuestro temor
al más glorioso fin.
Allí Fitón herido
yace, y triunfante aquí
quien pudo darle muerte.
Todas
cantan
¿Quién eres, oh gentil
joven, que tanto triunfo
llegaste a conseguir?
Apolo
sale cantando
Apolo soy, oh ninfas,
que del azul zafir
a cumpliros bajé
la palabra que os di;
y aunque quiso el Amor
conmigo competir,
el triunfo ha sido mío.
Rústico
Yo lo quise decir,
cuando el Amor dijeron
que había de venir;
porque ¿qué había de hacer
un niño sino huir
del coco?
Sale Amor al paño.
Libia
¿Qué esperáis?
Llegad todas; rendid
las vidas a sus plantas.
Amor
(¡Que esto pase por mí!)
Todas
Todas a ellas estamos.
Dafne
Y yo la más feliz;
pues por hija me toca
de Peneo aplaudir
tan gran vitoria, quiero
matizar y pulir
de jazmín y de rosa
una guirnalda, a fin
de coronar tus sienes.
Y pues deste pensil
se vienen a la mano
desde el lirio al jazmín,
las flores ciento a ciento,
las rosas mil a mil,
Hace una guirnalda.
admite, ¡oh, sacro Apolo!,
en honra desta lid,
hoy, por todas, de Dafne
el don… Mas ¡ay de mí!,
que al ponerle en tu frente,
deslumbrada al Ofir
de tus rayos, en tierra
se cayó.
Cáysele, y queda con las manos sobre su cabeza.
Apolo
Eso es decir
que si jazmín y rosa
mi frente han de ceñir,
vienen a estar de más,
con el florido abril
de tus labios y manos,
la rosa y el jazmín.
Dafne
No es, ¡ay triste!
Apolo
Pues ¿qué es?
Dafne
No sé más de que, al ir
a coronar tus sienes
con mi guirnalda, vi
que otra de verdes hojas
flechaba contra mí
ardientes rayos, cuyo
pavor me hace afligir
tanto, que sin fatigas
del cincel y el buril,
parece que, animado
tronco, el hado de mí
va labrando una estatua.
Libia
No, bella Dafne, así
des al agüero el día;
y en tanto que subir
pueda al templo la fiera
a adornar su piel vil
del dintel de su puerta
el grabado perfil,
hasta él, acompañando
a su deidad, venid,
cantándole la gala.
Rústico
Yo, pues que no perdí
en el pasado susto
mi frauta y tamboril,
y de lance me hallo
ninfo barbado aquí,
por el camino haré
el son; y aun he de ir
haciendo de repente
las copras del festín,
dando la vaya a Amor,
y el triunfo a Apolo.
Una
Di,
que todas a tu modo,
por más solaz, seguir
queremos tus frialdades.
Rústico
Pues todas prevenid
las conchas y los ramos
de coral, que soprir
puedan los estrumentos.
Ya están.
Toman palos colorados, y unas tarjetas pintadas y cortadas como conchas.
Rústico
¿Empiezo?
Todas
Sí.
Dafne
(Fuerza es con todas, ¡cielos!,
mis penas desmentir.)
Apolo
(Mira en mi aplauso, Amor,
qué caso hacen de ti.)
Amor
(Pues que de celos muero,
nunca más Amor fui;
pero de mi venganza
presto llegará el fin.)
Vase.
Rústico
canta
Ninfas, que el río y el prado
vuestro igual albergue es,
siendo en semanas del hado
sábados del Amor, pues
no sois carne ni pescado,
Hácese un blanco, y bailan.
sabed que Apolo y Amor
jugaban este verano,
y Apolo, como es dotor,
salió a la primera mano
triunfando de matador.
Amor, al verse arrastrado,
un triunfo sirvió de pie,
y dejó el juego, picado,
sin hacer baza, porque
no hace baza Amor baldado.
Con que de Apolo el clamor
dijo, viendo su osadía,
tiritando de temor:
Titirití, que de Apolo es el día;
titirití, que no del Amor.
Bailan.
Todas
Titirití, que de Apolo es el día;
titirití, que no del Amor.
Rústico
Titirití, que el rapaz ceguezuelo…
Todas
Titirití.
Rústico
…corrido ha quedado,…
Todas
Titirití.
Rústico
…pues de miedo ha dejado…
Todas
Titirití.
Rústico
…caer el arco en el suelo;…
Todas
Titirití.
Rústico
…porque el sol mató al vuelo…
Todas
Titirití.
Rústico
…al monstruo traidor…
Todas
Titirití.
Rústico
…con un pasador,
cuando con una modorra podía.
Todas
Titirití, que de Apolo es el día;
titirití, que no del Amor.
Jornada Segunda
Repiten dentro el estribillo, y sale Amor.
Rústico
dentro
Vuelva el festivo rumor
de la métrica armonía,
repitiendo con primor:
Titirití, que de Apolo es el día;
titirití, que no del Amor.
Todos
Titirití, que de Apolo es el día;
titirití, que no del Amor.
Amor
¡Que estos baldones, cielos,
me obliguen a sentir
miedos de un bruto, cuando
me debiera lucir
el no ser brutos triunfo para mí!
Mas ya, cobrado el arco
y flecha que perdí,
verá el celeste coro
que al que venció, vencí.
Flecha de oro su pecho,
para amar, ha de herir,
cuando el de Dafne, a quien
tejer las flores vi,
flecha de plomo hiera;
porque los dos así
lleguen, aborreciendo
y amando, a discurrir
que no son brutos triunfos para mí.
Y porque contra todos
será en vano esparcir
flechas, el aire tengo,
pues dios del aire fui,
de infestar. ¡Ah del Eco!
Eco
sale
¿Qué quieres?
Amor
Fiar de ti
a mi honor la venganza.
Eco
¿De qué suerte?
Amor
Oye.
Eco
Di.
Amor
En todos tus espacios
voz no has de repetir
que no sea Amor. Amor
tu coro ha de decir;
que yo haré que ninguno
sus ecos llegue a oír,
que no muera al encanto
de amar y de sentir.
Eco
Sí haré, que tu venganza
también me toca a mí,
pues muriendo de amor,
es lustre mío decir
que no son brutos triunfos para ti.
Dentro la grita.
Amor
Pues a esparcir entre esas
voces, que contra mí
prosiguen el aplauso
de mi opuesto adalid,
las tuyas, entre tanto
que yo voy a fundir
arpones que publiquen
que es mi poder feliz,
contra las fieras, no;
contra los dioses, sí.
Eco
Bien harás, que el que sepan
también me importa a mí…
Los Dos
Que no son brutos triunfos para ti.
Vase [el Amor].
Eco
Y así en tanto a ese efecto
mi coro interrumpir
verás de su alborozo
el placer.
Vase.
Dafne
dentro
Proseguid,
y hasta perder su esplendor
de vista en la noche fría,
no cese alegre el rumor.
Vuelven a salir bailando, como entraron.
Todos
Titirití, que de Apolo es el día;
titirití, que no del…
Pasa por entre ellos Eco cantando, y todos se suspenden.
Eco
¡Amor, amor, amor!
Libia
Nunca el eco ha respondido
tan dulcemente veloz.
Dafne
Dices bien, pues es su voz
boreal imán del sentido.
Apolo
¿Qué es lo que os ha suspendido,
que a todos turbar se ve?
Flora
No sé más de que quedé
yo absorta.
Lauro
Yo tan sin mí,
que no sé lo que sentí.
Rústico
Yo sí, pues que no lo sé.
1
¡Qué ansia!
2
¡Qué pena!
3
¡Qué horror!
4
¡Qué pasmo!
5
¡Qué desconsuelo!
6
¡Qué sentimiento!
Todos
¿Quién, ¡cielo!,
el aire inficiona?
Yéndose cada uno por su parte.
Coro 1
dentro
¡Amor!
Apolo
Oíd, esperad…
Dafne
Es error;
que si el Amor ofendido
contagio del aire ha sido,
advierte que a tu poder
mayor monstruo que vencer
le queda que el que ha vencido.
Vase.
Apolo
Pues no le temáis, que lleno
el aire de otra armonía,
pues es la música mía,
vencerá el encanto ajeno.
¡Iris bella!
Sale Iris.
Iris
¿Qué me quieres?
Apolo
Que pues tormentas reduces,
y a la merced de mis luces
deidad de las nubes eres,
remontando a ellas las aves,
de cuya música he sido
maestro, solamente «olvido»
digantus coros suaves,
para que de mí vencido
Amor, temple su furor,
dando a venenos de amor
contravenenos de olvido.
Vase.
Iris
Tú verás que el primer medio
de lograr su desengaño
será prevenir el daño,
porque cuiden del remedio.
Canta
¡Hola, aho, ah del valle, pastores!
Huid, porque anda otra fiera en el monte,
y fiera más fiera en saña y rigor,
o el eco lo diga en sus ecos.
Coro 1
¡Amor!
Iris
Amor enojado,
Amor ofendido, Amor desdeñado,
¿qué fiera mayor?
O el eco lo diga en sus ecos.
Coro 1
¡Amor!
Iris
Y así, pues amor los ecos esparcen,
aquí repitan olvido las aves;
porque competido
de Amor el agravio y de Apolo el favor,
publiquen en lides de olvido y amor
los ecos…
Coro 1
¡Amor!
Iris
…las aves…
Coro 2
¡Olvido!
Todos
Porque competido
de Amor el agravio y de Apolo el favor,
publiquen en lides de olvido y amor
los ecos amor y las aves olvido.
Vase Iris, y salen, como oyendo la música, Silvio por la parte del Olvido, y Céfalo por la del Amor.
Céfalo
¿Los ecos amor?
Silvio
¿Las aves olvido?
Céfalo
Después que haciendo porfía,
por no dejarme vencer
de Silvio, di en aprender
cómo a Dafne fingiría
que la amaba, noche y día
siento en el alma un ardor
tal, que hecho tema el dolor,
me parece que he traído
tras mí una voz, que al oído
siempre está diciendo…
Coro 1 Eco
¡Amor!
Silvio
Desde que, por merecer
con Dafne, di en estudiar
cómo se ha de desvelar
lo que se ha de padecer,
tal aprensión di en hacer,
que, dueño de mi sentido,
no sé qué ilusión ha sido
la que me sigue veloz,
que parece que una voz
siempre está diciendo…
Coro 2 Iris
¡Olvido!
Céfalo
¿Qué fuera, que —como aquel
que domestica una fiera,
cuando ya la considera
rendida, obediente y fiel,
juega con ella, y cruel
vuelve a su primer furor—,
familiarmente traidor,
viendo que con él jugaba,
vuelva contra mí su brava
natural violencia…?
Coro 1 Eco
¡Amor!
Silvio
¿Qué fuera, que como quien
teme un veneno violento,
suele hacer de él alimento,
porque cuando se le den,
el mal se convierta en bien,
hubiera mi afecto sido?
Pues de un olvido he temido
morir, y, buscando el medio,
se ha venido a hacer remedio
del olvido el mismo…
Coro 2 Iris
¡Olvido!
Céfalo
Tal vez oí que, por ensayo,
polvorista artificial
fingió un trueno de metal,
y encendió contra sí el rayo.
Mucho en mi mortal desmayo
recelo que mi valor
muera a manos de mi error,
pues cuando a ensayarme llego
de amor al fuego, su fuego
revienta contra mí…
Coro 1 Eco
¡Amor!
Silvio
A un hombre que adoleció
de un mal que no conocía,
aleve enemigo un día
con la herida que le dio
el mal le manifestó,
y quedó convalecido;
o así, del olvido herido,
le tuve por homicida,
hasta ver que me dio vida,
por darme muerte el…
Coro 2 Iris
¡Olvido!
Céfalo
¿Qué nuevo afecto traidor
triunfa de mi libertad?
Silvio
¿Qué auxiliar nueva deidad
se declara en mi favor?
Coro 1
¡Amor!
Coro 2
¡Olvido!
Silvio
¿Olvido?
Coro 1
¡Amor!
Céfalo
¿Amor?
Los Dos
Pero es error…
Céfalo
…haber delirios temido,…
Silvio
…haber favores creído,…
Los Dos
…por más que en vago rumor…
Los COROS
…publiquen en lides
de Apolo y Amor…
Coro 1
…los ecos, amor.
Céfalo
…los ecos, amor.
Coro 2
…las aves, olvido.
Silvio
…las aves, olvido.
Dafne
sale
¿Los ecos amor, las aves olvido?
Por salir de una ilusión,
viéndoos, pastores, aquí,
vengo a saber… (¡Ay de mí!,
que Céfalo y Silvio son.)
Silvio
Pues ¿de qué es la suspensión?
Céfalo
Prosigue; ¿qué causa fue la que te trujo?
Dafne
No sé,
que aunque saberla quisiera,
no que de ninguno fuera
de los dos.
Los Dos
¿Por qué?
Dafne
Porque
temo que a vuestra porfía
volváis; y habiéndome hallado
bien con no haber declarado
a quién la vida debía,
no la experiencia querría
de la pasada cuestión,
que acuerde la obligación.
Silvio
Por mí, poco que temer
tienes; que yo sabré hacer
desprecio la pretensión,
que ya, sin que sienta cuerdo
el mirarme aborrecido,
sólo me acuerdo, en mi olvido,
que de que olvido me acuerdo,
nada ya en perderte pierdo,
y así, no temas, oh bella
Dafne, que hable en mi querella.
Dafne
¿Qué más, para mi pesar,
en ella quieres hablar,
que hablando, no hablar en ella?
Que si el que ha de fingir eres,
traer tus penas escondidas,
fingiendo lo que me olvidas,
me acuerdas lo que me quieres.
Silvio
Bien hasta aquí, ingrata, infieres;
pero viendo desde aquí
que vivo tan sobre mí
que aun fingido no me quejo,
y con Céfalo te dejo
por ir huyendo de ti,
verás que mi olvido halló
causas que tú no previenes;
pues falso con los desdenes
pude no estarlo, más no
con los celos; y pues yo
me ausento sin los recelos,
los sustos ni los desvelos
de ver al competidor,
¿cómo llevará tu amor
el que se deja sus celos?
Vase.
Dafne
Oye, espera…
Céfalo
No cruel
tu voz le detenga, no;
que eso es querer que halle yo
los celos que dejó él.
Dafne
¿Tú? ¿Por qué?
Céfalo
Porque yo, fiel
amante tuyo, rendido
a tus plantas, el perdido
tiempo que no te amé, lloro;
y pues tu hermosura adoro,
a pesar de aquel temido
hado, no tras ese fiero
desdén vayas ofendida,
que si él finge que te olvida,
yo no finjo que te quiero.
Dafne
La misma razón infiero
que en él, en ti, y no sé a quién
el premio mis ansias den;
pues amor y olvido igual,
aunque él no lo fingió mal,
también tú lo finges bien;
y pues conocer se deja
cuánto fue mi examen necio,
ni desto he de hacer aprecio,
ni de aquello he de hacer queja;
y así, de entrambos se aleja
corrido mi desengaño.
Céfalo
¿De qué?
Dafne
De que es igual daño,
pesando males y bienes,
oír por engaño desdenes
que favores por engaño.
Yéndose.
Céfalo
No, si a este campo venías
con la duda que no sé,
te vuelvas con ella, en fe
de no oír las ansias mías.
Y pues de mí no la fías,
a que otro la diga espero
dar lugar; que el día primero
que sabes que sé querer,
no quiero más que saber
que sé que sabes que quiero.
Vase.
Dafne
En segunda confusión
de la que truje me veo;
que aunque de uno y otro creo
ser su variada pasión
efectos de la cuestión,
con todo eso, habiendo habido
mudanza en mí, la he creído
en ellos. ¿Quién, vil temor,
a Céfalo mudó?
Coro 1
¡Amor!
Dafne
¿Quién a Silvio trocó?
Coro 2
¡Olvido!
Dafne
«Olvido» y «Amor» oí;
ya son en la pena mía
dos las dudas que traía,
porque si sólo hasta aquí
pudo introducir en mí
una voz helado ardor,
ya es abrasado temor
el que otra ha introducido,
oyendo que ha competido
el agravio y el favor.
Coro 1 Y Coro 2
Publiquen en lides de Apolo y Amor,
los ecos amor, las aves olvido.
Dafne
En los palacios de Atlante
dicen que una fuente había,
que al que más libre bebía,
le dejaba más amante;
y otra que, poco distante,
al que amante la gustaba,
libre en su olvido dejaba.
Sin duda, de ambos cristales
las cláusulas desiguales
éstas son; pues yo, que amaba
a Céfalo, cuando atiendo
a esta hechizada armonía;
yo que a Silvio aborrecía,
cuando estoy estotra oyendo,
no sé ni de cuál me ofendo,
ni de cuál me obligo, no.
¿Habrá, ya que Amor causó
un efecto, quien aquí
diga el que otro causó?
Apolo
dentro
Sí.
Dafne
¿Quién a eso se atreve?
Sale Apolo.
Apolo
canta
Yo.
Yo, que habiéndome tú dicho
que había otro más rebelde
monstruo que vencer, no quise
dejar el duelo pendiente.
Y así, al veneno de amor
busqué el antídoto fuerte
del olvido, porque sólo
el olvido al amor vence.
Pasa por lo alto Amor, tirando flechas y cantando.
Amor
Ahora lo verás; y pues
esperé a esta ocasión, vuelen
invisibles flechas, que una
apague lo que otra enciende.
Vase.
Dafne
En la parte que me toca,
mi altivez te lo agradece;
pues libre de una pasión,
de un instante acá, parece
que todo el Etna del pecho
en cenizas se convierte,
pesándome el corazón,
según que oprimido siente
no sé qué grave delirio,
más que si de plomo fuese.
Apolo
¿Qué fuera, ¡ay de mí!, qué fuera
que al exhalarse el ardiente
Etna de tu pecho, en mí
prendan sus iras crueles?
Dafne
¿Cómo?
Apolo
Como dividiendo
los contrarios accidentes
de nieve y fuego, ha partido
en mí el fuego, en ti la nieve…
Dafne
¿Qué causa, di?
Apolo
…tu hermosura.
Dafne
¿No la habías visto otras veces?
Apolo
Sí, pero lo que se ve
no es, Dafne, lo que se atiende.
¿Ahora sabes que el influjo
reservado punto tiene,
y que no siempre es hermoso
aun lo que es hermoso siempre,
pues no lo es cuando lo es,
sino cuando lo parece?
Dafne
No sé, porque sólo, ¡ay triste!,
sé que un hielo me estremece.
Apolo
Yo, que un incendio me abrasa.
Dafne
Yo, que un pasmo me suspende
tanto, que me obliga a que
de aquel presagio me acuerde;
pues si allí fui vivo tronco,
muerta estatua aquí.
Apolo
Deténte.
Dafne
¿A qué?
Apolo
A que con sólo oírme,
tan no visto dolor temples.
Dafne
El respeto de mirarte
deidad, y el temor de verte
deidad ofendida, me hace
que huya de ti.
Apolo
Si me temes
como a deidad ofendida,
yo sabré, por complacerte,
que el estilo de deidad
con el de mortal se mezcle,
usando de entrambas voces.
Dafne
¿De qué suerte?
Apolo
representa
Desta suerte:
bellísima, hermosa Dafne,
¿ves ese monte eminente,
que, expuesto al rigor del hielo
y a la saña de la nieve,
Canta
humilde, postrado y rendido padece
helados rigores del cano diciembre?
Representa
Pues apenas el abril
bordará su esfera verde,
cuando le verás ceñido
de rosas y de claveles,
Canta
ufano gozando, contento y alegre
matiz en las flores, cristal en las fuentes.
Representa
Pasará la primavera,
y en joven edad ardiente
el estío, su esmeralda
verás que en oro guarnece,
Canta
brotando la falda del rústico albergue
campañas de flores en golfos de mieses.
Representa
Llegará el otoño, y no
habrá yerto árbol que, fértil,
de varios frutos no veas
todas sus ramas pendientes,
Canta
brindando a la vista y al gusto igualmente
hermoso el agrado y goloso el deleite.
Representa
Deste, pues, círculo entero
del año soy rey, y deste
compuesto triunfo de horas,
días, semanas y meses
Canta
el dueño serás, bella Dafne, si quieres
feriarme a tan solo un favor tus desdenes.
Representa
¿Qué lágrima que la aurora
en líquido aljófar vierte,
y en cuajada perla guarda
la concha que se la bebe,
Canta
no será a tu oído, si al zarcillo pende,
susurro que diga que de mí te acuerdes?
Representa
¿Qué oculta vena en sus minas
de plata u de oro, obediente
o ya al yunque que la ablanda,
o ya al torno que la tuerce,
Canta
no será tratable esplendor, cuando llegues
a ver que en tus ropas se borda o se teje?
Representa
¿Qué rebelde piedra, dócil
no pulirá lo rebelde,
si cuando el cincel la gasta,
y cuando el buril la muerde,
Canta
es para que sea blanca, roja o verde,
ya flor en tu pecho, ya estrella en tu frente?
Representa
El ignorado perfume,
que hasta hoy ninguno entiende
si la ballena le aborte
o si el escollo le engendre,
Canta
después que te sirva en curadas pieles,
fénix de tu olfato, le haré que se queme.
Representa
Y aun cuando te agrade, Dafne,
que te sirva el mismo fénix,
será en tu estrado su hoguera
brasero de tus tapetes.
Canta
Y en fin, porque sólo adorarte…
Dafne
Suspende
la voz, que cuando no fuera
por mí, dejara de verte,
por ver que con lo que dices
contradices lo que sientes.
Apolo
¿Yo?
Dafne
¿No publicas olvido?
Apolo
Sí.
Dafne
Pues qué hay de que te quejes,
si nadie de que le aprendan
lo que él enseña, se ofende?
Canta
Que dar un consejo, y sentir que le acepten,
es formar un monstruo de opuestas especies;
Representa
fuera de que si al Amor vencer, Apolo, pretendes,
no se vence Amor amando.
Apolo
¡Ay, que ya no es amor éste!
Dafne
Luego si éste no es amor,
no tengo qué agradecerte.
Yéndose.
Apolo
Sí, no siendo amor, porque
es adoración, sí tienes;
y así…
Ásela del vestido.
Dafne
Suelta, y no me sigas,
pues que tú mismo me ofreces,
Canta
con la lición de que libre te olvide,
también la razón de que esquiva te deje.
Vase Dafne.
Apolo
¡Con mi antídoto me matan!
¡Ay de mí infeliz mil veces!
Gusano de seda he sido;
yo me he labrado mi muerte.
Pero ¿qué importa, qué importa
ni que Amor de mí se vengue,
ni que tú…?
Todos
dentro
¡Allí está; llegad todos!
Apolo
Mas ¿qué estruendo es éste,
que me embaraza a que siga
sus pasos?
Bata y Rústico.
Bata
Escucha.
Rústico
Atiende.
Bata
Habiendo, Pollo, sabido…
Rústico
…cuantos el rústico albergue…
Bata
…de los montes de Tesalia…
Rústico
…habitan, lo que te deben,…
Bata
…no sólo en matar Fisgones,…
Rústico
…sino en vencer juntamente…
Bata
…los encantos del Amor,…
Rústico
…pues trabucando calletres,…
Bata
…vine a olvidar yo a ese tonto;…
Rústico
…vine a amar yo a esa serpiente;…
Bata
…y habiendo también sabido…
Rústico
…cuánto las ninfas alegres…
Bata
…del Peneo ambas vitorias,…
Rústico
…de mí ayudadas, celebren…
Bata
…con diversos instromentos,…
Rústico
…todos en tu busca vienen,…
Bata
…alegremente festivos,…
Rústico
…diciendo…
Bata
…de aquesta suerte:…
Villanos cantando y bailando.
Todos
cantan
¡Viva Apolo, viva,
pues sólo puede
vencedor llamarse
quien a Amor vence!
Apolo
(¡Ay de mí!, que ya estas voces,
más que me obligan, me ofenden.)
Bata
canta
Préstame esta noche
tu arco y tus flechas,
que me importa la vida
matar dos dueñas;
y sólo pueden
matar dueñas arpones
que matan sierpes.
Todos
¡Viva Apolo, viva,
pues sólo puede
vencedor llamarse
quien a Amor…!
Apolo
Cesen,
villanos, vuestros aplausos;
que miente vuestra voz, miente
vuestro acento, si de mí
publica que sólo puede
vencedor llamarse
quien a Amor vence.
Unos
¿Qué es esto?
Otros
¿Qué le habrá dado?
Rústico
No sé, pero el que quijere
vivir, guárdese del sol
el día que se enfurece.
Apolo
¡Huid todos, huid de mí,
villanos viles, aleves,
que ya es baldón y no aplauso
el decir que sólo puede
vencedor llamarse
quien a Amor vence!
Flora
Huye, Lauro.
Vase.
Lauro
Flora, huye.
Vase.
Todos
Sí, que está loco parece.
Vanse todos.
Bata
Debe de durar la luna
de hebrero, en cuya creciente,
ni cuándo anochece sabe,
ni sabe cuándo amanece.
Vase. Quiere huir Rústico, y le detiene Apolo.
Apolo
No huyas tú.
Rústico
¡Por fuerza hube
yo de ser el que cogiese!
Apolo
¿Qué temes?
Rústico
¿Qué he de temer?
Que me dé, como dar suele
cuando madura membrillos.
Mas diga lo que me quiere.
Apolo
Yo vi a Dafne…
Rústico
Yo también.
Apolo
…y sentí en un punto breve
no sé qué ofensa que halaga,
no sé qué halago que ofende.
Rústico
Eso no sentí yo, que eso
la gente ruin no lo siente.
Apolo
Dijo que de una pasión
se olvidaba, en que se infiere
que tiene amor.
Rústico
Sí tendrá,
porque es cosa que se tiene.
Pero antes que pasemos
adelante, ¿qué le mueve
a no habrar con la armonía
que solía?
Apolo
¿Cómo quieres,
destemplado el corazón,
que la voz no se destemple?
Yo es fuerza que lleve el día
a los campos de occidente,
y porque sepa en mi ausencia
si hay quien su quietud desvele,
tú la noche en este valle
has de estar, porque me cuentes
si ella del sacro Peneo
deja el cristalino albergue
y sale a hablar a su orilla
con su amante.
Rústico
He aquí que él viene,
y que ella sale, y se enojan
que sin ser vecino aceche,
y dan conmigo en el río;
con que yo ahogado y tú ausente,
no das conmigo, hasta dar
con el signo de los peces.
Apolo
Yo haré que en ti reparar
nadie pueda.
Rústico
¿De qué suerte?
Apolo
Haciendo que transformado
en árbol, ninguno a verte
llegue, que por tronco no
te tenga.
Rústico
¡El diablo me lleve
—maldición que se habrá oído
en Tesalia pocas veces—
si tal esperare!
Vase.
Apolo
Aguarda…
Mas ¿qué importa que te alejes,
para no ser racional
planta entre esotras viviente,
el día que mi deidad
puede fingirla aparente?
Y tú, en tanto, hermosa Iris,
del olvido no te acuerdes;
deja que la voz de Amor
veloz en sus ecos suene:
ame y no olvide.
Vase, y sale Rústico dentro de un tronco, con algunas ramas.
Rústico
¡Valedme,
dioses de mi devoción,
pues que lo sois, Baco y Ceres,
en este aprieto, en que ya
mi pie en raíz se convierte,
en corteza mi pellejo,
y de la planta a la frente
en ramas mis brazos, y hojas
mi melena y mi copete!
Sale Dafne.
Dafne
(En aquesta soledad,
supuesto que ya anochece,
libre de Apolo, será
bien que a mis solas me queje.)
Rústico
(Peor es esto, que a esta parte
parece que siento gente.)
Sale Céfalo.
Céfalo
(En lo florido, la senda
es ésta en que Dafne viene.)
Rústico
(Y aun a esotra, y si el escaso
crepúsculo ver consiente,
mezclando luces y ramas,
entre lo rojo lo verde,
Dafne es la que viene allí,
y Céfalo el que allí viene.
Mas ¿qué sería si él fuera
el galán que Apolo teme?
Atienda, pues, que quizá
el placer será dos veces
placer, cuando ahora lo sepa,
y después cuando lo cuente.)
Dafne
(Deshecha fortuna mía,
¿qué nuevo delirio es éste,
que no veo, que no oigo
cosa alguna en que no encuentre
aborrecimiento? Tanto,
que a mí misma me parece
que me aborrezco, ¡ay de mí!,
desde aquel instante, desde
aquel punto…)
Céfalo
Hermosa Dafne,
perdona, que no consiente
el nuevo afecto que en mí
quieren los hados que reine,
que no te siga, porque
el recelo de que pienses
que es fingido amor, me hace
que tras ti…
Dafne
La voz suspende;
que, fingido o no, no sabes
a cuán mala ocasión vienes.
Y si quieres que yo crea
que es verdad el que me quieres,
o que crea que lo finges
tan bien que me lo parece,
una fineza lo diga.
Céfalo
¿Qué fineza?
Dafne
Que me dejes
con mi soledad.
Céfalo
No sé
que sea fineza decente,
que el que desdenes estima,
se vaya por no oír desdenes.
Trátame mal, pero no
tan mal que de ti me alejes.
Dafne
Haz esto por mí.
Céfalo
Sí haré,
porque veas claramente
que sólo obedece quien
a tanta costa obedece.
Mas partamos el camino,
y puesto que yo me ausente,
quede quien te hable por mí
el rato que aquí estuviere.
Dafne
¿Quién ha de hablarme?
Céfalo
Este tronco,
en cuya corteza…
Rústico
(¡Ése
es mi pellejo!)
Céfalo
…mi amor
dejará escrito con este
puñal un mote…
Escribe con el puñal.
Rústico
(¡Mal haya
el primer impertinente
que inventó motes!)
Céfalo
…que diga:
«Céfalo por Dafne muere».
Vase.
Rústico
(¡Y yo por Céfalo y Dafne!)
Dafne
Vuelva, pues que vuelvo a verme
a mis solas, a mis quejas.
¿Qué hielo…? Mas Silvio es éste:
con su tema vendrá.
Sale Silvio.
Silvio
¿Aquí,
Dafne, estabas?
Dafne
Por no verte
a ti ni a nadie, busqué
esta soledad. Si vienes
a proseguir tus fingidos
desaires, el paso tuerce,
y déjame, que ya sé
lo bien que lo finges; vete,
Silvio, que a solas me importa
quedar… o yo me iré.
Silvio
Tente;
que no tan sólo en tu busca
vengo, pero si supiese
que aquí estabas, no llegara;
porque aun fingidos no quieren
acordarse mis pesares
de que fueron tus placeres.
Acaso por aquí vine,
y porque falsa no quedes
presumiendo que es deshecha
de haberte seguido, deje
en este tronco mi olvido
quien mi mudanza te acuerde.
Va a escribir; vuélvese Rústico, y escribe en la otra parte de las espaldas.
Rústico
(Ya está escrita aquesa plana;
y si otros la hoja vuelven,
yo vuelvo el tronco y la hoja.)
Silvio
Aquí verás, si lo lees,
si te busco o no, pues dice:
«A Dafne Silvio aborrece».
Vase.
Dafne
Yo lo agradezco.
Rústico
Yo no.
Dafne
¿Quién habló aquí?
Rústico
Sea quien fuere.
Dafne
Voz, ¿cúya eres?
Rústico
De una planta,
para melón excelente,
porque es de cáscara escrita.
Dafne
¿Las plantas hablan y sienten?
Rústico
Presto lo verás, si a mí te acercas.
Dafne
¡Cielos, valedme!
Que al oír que lo veré
presto, el pecho se estremece,
el corazón se retira,
el aliento desfallece;
tanto, que aunque ya las sombras
de la noche al alba vencen,
embargada del asombro
con que esta voz me suspende,
aun no acierto a retirarme.
¿Presto lo veré? Mil veces
sienta absorta, tema muda,
arda helada y ciega tiemble.
Vase.
Rústico
Ve aquí que ya para mí
siete años la noche tiene,
pues ya hacerrado, y Apolo
de mí no se acuerda. Advierte,
oh rubio padre del día,
que es hora de que despiertes;
que no daré un cuarto por
enamorado que duerme.
Sale Apolo.
Apolo
Apenas la blanca aurora
doró la cima eminente
deste monte, cuando a él
mis sentimientos me vuelven,
fiando el pértigo del carro
a Etonte y Flegón. Aquéste
es el árbol que dejé
por espía: a saber llegue
qué vio en mi ausencia. Mas él
que me responde, parece,
antes que se lo pregunte;
pues un mote escrito tiene
en la corteza, que dice:
Lee
«Céfalo por Dafne muere».
¡Oh, mal hayas tú, porque
lo primero que en ti encuentre
sean mis celos!
Rústico
¿Con eso
se viene agora?
Apolo
¡No quede
hoja en ti…
Rústico
(Vuelva la hoja,
porque ya que esto le pese,
estotro le desenoje.)
Apolo
…que no tale, que no queme,…
Da Apolo con el puñal en las ramas, y Rústico se vuelve de espaldas.
Rústico
Aquésos son mis cabellos;
usted no me los repele.
Apolo
…porque otra vez no me digas:
Lee
«A Dafne Silvio aborrece»!
Rústico
(Ya con esto lo he enmendado,
pues es fuerza que se huelgue.)
Apolo
¡Esto más, infame tronco,
rudo padrón de mi muerte,
y aun de dos muertes, supuesto
que no sé cuál más me ofende,
o el que ama lo que amo,
o el que lo que amo aborrece!
Rústico
(Por activa y por pasiva
lo erré.)
Apolo
Pero en mal tan fuerte
no es ocasión de que arguya
quién más al alma se atreve,
el que mi gusto disfama,
o el que mi gusto apetece.
Rústico
Pues, ¿qué culpa tengo yo?
Apolo
Nada me digas, y vuelve,
Rústico, a tu primer forma;
que no quiero que me cuentes más.
Rústico
¿Qué más, si te he contado
que dos a Dafne divierten,
como quien quiere la cosa,
y como quien no la quiere?
Vase.
Apolo
¿Qué distinto fuego, ¡cielos!,
de otro cualquier fuego es éste,
que, aborreciendo o amando,
contrarios vientos le encienden?
Sale Dafne.
Dafne
(El mismo temor que anoche
de aquí me ausentó, me vuelve
con el día, persuadida
a que sus sombras, que siempre
horrores engendran, fueron
ilusiones aparentes,
y a desengañarme… Pero
Apolo está aquí.)
Apolo
Deténte,
si ya no es que, vergonzosa
de que sepa de quien eres
aborrecida y amada,
tirana, la fuga intentes.
Dafne
Si hubieras sabido, Apolo,
que era yo la que imprudente
amaba o aborrecía,
fuera bien irme a no verte;
mas ¿por qué el que me aborrezcan
o me amen, ha de ponerme
en fuga tuya?
Apolo
Porque
no sé qué estimación pierde,
o aborrecida o amada,
una mujer, sea quien fuere,
que el saber que tiene hechos
los oídos o a desdenes
o a favores, facilita
la acción de quien se la atreve.
Dafne
Antes se la dificulta;
que aborreciendo igualmente
al que aborrece y al que ama,
a entrambos afectos tiene
cerrado el paso; y lo pruebo.
Apolo
¿De qué suerte?
Dafne
Desta suerte.
Vase huyendo, y él tras ella, y vuelven por otra parte, sin cesar la representación.
Apolo
Aunque otra vez huyas, no,
como otra vez, detenerme
podrán villanos festejos.
Dafne
Sus alas Amor me preste.
Apolo
¿Cómo ha de dar contra sí
sus alas Amor?
Entran.
Dafne
Si atiende
que es medio el que a mí me valga,
para que de ti se vengue.
Salen.
Apolo
Si es venganza suya, ingrata,
tu rigor, yo he de vencerle,
triunfando de él y de ti.
Entran.
Dafne
Tarde o nunca podrás.
Apolo
¿Eres
el día de hoy, que del sol huyes?
Salen.
Dafne
Soy el de ayer, que no vuelve.
Apolo
No eres sino el de mañana,
pues a manos del sol vienes.
Alcánzala, y detiénela.
Dafne
¡Dadme vuestro favor, dioses!
Apolo
¿Cómo un dios contra otro puede?
Dafne
¿No pudo Amor contra ti?
Apolo
Ya es fuerza que lo confiese.
Dafne
Y que yo a los cielos pida
amparo.
Apolo
Porque no lleguen
a oír sus voces, bella Iris,
haz que las tuyas las lleven
confusas al aire.
Dafne
¡Eco!
Porque al alcázar celeste
suban, repitan las tuyas
mis ansias.
Apolo
Todas se mezclen.
Dafne
¡Dioses, cielo, luna, estrellas,…
Música
¡Dioses, cielo, luna, estrellas,…
Dafne
…montes, mares, prados, fuentes,…
Música
…montes, mares, prados, fuentes,…
Todo esto se ha de representar huyendo ella, y desasiéndose de él siempre que la alcance, sin llegar a lucha.
Dafne
…troncos, riscos, plantas, flores,…
Música
…troncos, riscos, plantas, flores,…
Dafne
…aves, brutos, fieras, peces:…
Música
…aves, brutos, fieras, peces:…
Dafne
…dadme amparo,…
Música
…dadme amparo,…
Dafne
…socorredme…
Música
…socorredme…
Dafne
…de un tirano,…
Música
…de un tirano,…
Dafne
…de un aleve!
Música
…de un aleve!
Apolo
¿Ves cómo nadie te oye?
Dafne
Veo que todos me ofenden.
¡Gran Peneo, padre mío,…
Música
¡Gran Peneo, padre mío,…
Dafne
…por tu honor y mi honor vuelve!
Música
…por tu honor y mi honor vuelve!
Dafne
¡No permitas…
Música
¡No permitas…
Dafne
…que yo llegue…
Música
…que yo llegue…
Dafne
…a ver antes…
Música
…a ver antes…
Dafne
…mi desdicha que mi muerte!
Música
…mi desdicha que mi muerte!
Apolo
Primero, ingrata, en mis brazos,
que te alivien y consuelen
los dioses a quien invocas,
ni los cielos a quien mueves,
verá el Amor…
Música Y Dafne
No verá.
Da vuelta un peñasco con Dafne, y queda a sus espaldas un laurel, con quien se abraza Apolo.
Apolo
Hados, ¿qué prodigio es éste?
¡La beldad que a abrazar iba
entre mis brazos, convierten
en yerto tronco los dioses,
que de su llanto se duelen!
A cuyo prodigio pasman,
a cuyo asombro fallecen,
aun más que ella, mis sentidos;
pero no mi fuego ardiente,
pues a su pompa postrado,
es bien que idólatra quede
a serlo más de sus hojas
que de mis rayos las gentes,
adorando su hermosura,
aun en su cadáver siempre.
Sale Amor y todos los demás, como él los va llamando.
Amor
¡Iris bella!
Iris
sale.
¿Qué me mandas?
Amor
¡Eco hermosa!
Eco
sale.
¿Qué me quieres?
Amor
¡Sabia Libia!
Libia
sale.
¿Qué me ordenas?
Amor
¡Silvio ingrato!
Silvio
sale.
¿Qué pretendes?
Amor
¡Céfalo amante!
Céfalo
sale.
¿Qué dices?
Amor
¡Ninfas del Peneo!
Las Ninfas
salen.
¿Qué emprendes?
Amor
¡Pastores del valle!
Los Pastores
salen.
¿A qué nos llamas?
Amor
Oídme, atendedme.
Bien sabéis que mi desaire
fue —ya lo he dicho otras veces—
no ser mis armas capaces
de brutos, que amor no sienten.
El triunfo disteis a Apolo;
y para que llegue a verse
quién triunfa con más ventajas,
quién más aplausos merece,
quién vence fieras, o quién
vence al dios que fieras vence,
volved los ojos: veréis
que a un tronco adorando muere,
porque esto de adorar troncos
de sus ídolos lo aprende.
Apolo
Lo que por baldón, Amor,
me dices, es bien acepte
por blasón de mis hazañas;
que mi mayor triunfo es éste
de saber amar, ya que
confieso que tú me vences,
pues sólo amar sabe el que ama
aun más allá de la muerte.
Dafne es ésta, que a las diosas
con su llanto compadece
tanto, en culto de su honor,
que en árbol me la convierten,
tan raro que, vegetable
geroglífico, contiene
su duración en lo eterno,
su juventud en lo verde.
Y yo, porque desde aquí
por sagrado le venere
el mundo, elijo sus hojas
para lauro de mis sienes,
siendo su nombre laurel, a
quien ni el ábrego hiele,
ni el cierzo abrase, gozando
de iguales verdores siempre.
Del rayo estará seguro;
y para que más se aumente
su honor, con él sus victorias
han de coronar los reyes.
Bata
Y añade que en las batallas
de aceitunas y escabeches
será general.
Todos
A todos
tan gran prodigio suspende.
Rústico
Sino a mí, que ya sé a qué
sabe el ser tronco viviente.
Céfalo
A mí sí, pues en mí el hado
su influjo cumplió inclemente,
y me ha de costar la vida
quedar llorando su muerte.
Silvio
Yo, aunque libre de su amor
viva, a los dos aconseje
que, en loor suyo, de sus ramas
llevemos.
Todos
Bien nos adviertes.
Apolo
Tened, esperad; que no
a todos se les concede
ese honor.
Todos
Pues ¿para quién
le guardas?
Apolo
Su dueño tiene;
que yo de la astrología
que en ese globo celeste
cada día leo, sé
que habrá rey tan excelente
que por su valor invicto,
que por su ingenio prudente
y por su persona amable,
le merezca solamente.
Todos
¿Qué rey?
Apolo
El segundo Carlos,
de tantos gloriosos reyes
heredero, que no sólo
consiga el alto honor deste
primero laurel del mundo,
mas el de todos, de suerte
que venga a ser su corona
el laurel de los laureles;
cuyo generoso nombre,
el día que se celebre,
será común alborozo
de tantas diversas gentes,
que no habrá parte en el orbe
que desde oriente a occidente
no le festeje y le aplauda.
Amor
Yo —a quien como Amor compete
la celebridad del día,
pues ninguno habrá que niegue
que el amor de los vasallos
patrimonio es de los reyes—,
a pesar de Apolo —puesto
que aunque él el laurel defiende,
no es triunfo suyo el día que
yo le gozo y él le siente—,
tengo de ser quien humilde
de sus hojas a ofrecerle
llegue la triunfal guirnalda.
Todos
Todos ufanos y alegres
te acompañaremos.
Apolo
Yo,
vencido de Amor dos veces,
a ese fin seré el primero
que su heroico nombre intente,
si el alba le cuenta a días,
que el tiempo a siglos le cuente.
Amor
Pues todos, haciendo caso
la imaginación, que puede
persuadirnos a la dicha
de que merecemos verle,
postrados —como si aquí
le tuviésemos presente—,
el sacro Laurel de Apolo,
con festivos parabienes,
ofrezcamos a sus plantas,
por si por dicha merece,
siendo don nuestro, ceñir
el rizo Ofir de sus sienes.
Y porque la voz de amor
en todos a un tiempo suene,
pues es de todos, conmigo
decid lo que yo dijere.
Canta
Señor, amor en sombras…
Todos Y Música
Señor, amor en sombras…
Amor
…de fabulosos dioses…
Todos Y Música
…de fabulosos dioses…
Canta Apolo.
Apolo
…y del Amor vencido,…
Todos Y Música
…y del Amor vencido,…
Apolo
…el césar de los orbes,…
Todos Y Música
…el césar de los orbes,…
Canta Iris.
Iris
…el arco de la paz…
Todos Y Música
…el arco de la paz…
Iris
…que vuestro imperio logre,…
Todos Y Música
…que vuestro imperio logre,…
Canta Eco.
Eco
…el eco que le esparza…
Todos Y Música
…el eco que le esparza…
Eco
…en siempre heroicas voces,…
Todos Y Música
…en siempre heroicas voces,…
Representan todos.
Todos
…todos humildemente…
Música
…todos humildemente…
Todos
…a vuestras plantas ponen…
Música
…a vuestras plantas ponen…
Todos Y Música
…aquel laurel que pisa
la falda deste monte.
Bailando.
Amor
canta
Y pues hoy es el día…
Todos Y Música
Y pues hoy es el día…
Amor
…que Amor sus triunfos goce,…
Todos Y Música
…que Amor sus triunfos goce,…
Amor
…dénos la que ha de ser…
Todos Y Música
…dénos la que ha de ser…
Amor
…amor de los amores.
Todos Y Música
…amor de los amores.
Canta Apolo, repitiendo siempre la música y todos.
Apolo
canta
Apolo os lo suplica,
previniendo esplendores,
con que, si a vos laureles,
a ella rayos coronen.
Iris
canta
En cuya paz, el aire
nos dé tan feliz prole…
Eco
canta
…que el eco de su fama
llene mares y montes.
Céfalo
representa
De suerte que a ser venga,…
Silvio
representa
…en unidad conforme,…
Bata
representa
…todo en ella finezas…
Rústico
representa
…y todo en vos blasones,…
Todos
…siendo aqueste laurel,
cuando ambas sienes dore,…
Música
…bandera de los aires,
garzota de las flores.
Todos
De suerte
que a ser
venga,
cuando
ambas sienes
dore este
laurel, que
pisa
la falda
deste
monte,
bander
a de los
aires,
garzota
de las
flores.
FIN
Repitióse esta fiesta en el día del nombre del rey nuestro señor don Carlos segundo, en cuya ocasión corrigió don Pedro los errores con que corría impresa la primera jornada, y escribió la segunda con la novedad que se advierte en esta edición.
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- Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach
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- TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. El laurel de Apolo. El laurel de Apolo. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbgn.0