Personajes

  • DON ÁLVARO DE ACUÑA
  • DON PEDRO DE SILVA, viejom
  • DON JUAN DE TOLEDO
  • DON DIEGO DE MENDOZA
  • HERNANDO, gracioso
  • DOÑA ÁNGELA, hermana de don Álvaro
  • DOÑA BEATRIZ, hija de don Pedro
  • LUISA, criada de doña Ángela
  • INÉS, criada de doña Beatriz
  • CUARTO GALÁN
  • QUINTO GALÁN
  • UN ALGUACIL
  • GENTE

Jornada I

Salen don Álvaro y doña Ángela.
DON ÁLVARO
Preguntando a una crïada
que quién era la visita
que esperas me respondió
que es doña Beatriz de Silva.
ÁNGELA
Es verdad; a verme viene
esta tarde.
DON ÁLVARO
Yo quería,
como tu hermano y tu amante,
pedirte, Ángela divina,
una licencia.
ÁNGELA
Si es
para lo que mi malicia
ya ha discurrido otras veces,
no quiero, Álvaro, que digas
que como amante, pues basta
que como hermano la pidas.
DON ÁLVARO
¿Pues por qué de amante el nombre
desdeñas?
ÁNGELA
Porque sería
ponerme en obligación
de tener celos.
DON ÁLVARO
¿No miras,
que amor de hermano y amante
no implica otro amor?
ÁNGELA
No implica;
pero háblame como hermano
no más, porque es grosería,
si con un nombre me ofendes
creer que con otro me obligas.
DON ÁLVARO
Yo no me quiero poner
contigo en sofisterías,
porque ya sé que tu ingenio
se saldrá con cuanto diga,
según la opinión te ha dado
de galante y esparcida
en ocasiones que a mí
me ha pesado harto de oírlas;
pero ahora no es del caso;
escúchame, por tu vida.
Yo, Ángela hermosa, una tarde
de las que en julio fulmina,
herido del can del cielo
el sol sus ardientes iras,
a Manzanares salí
solo a ser en sus orillas
número añadido a tanto
concurso como las pisa.
Iba en un rocín de campo,
en que discurrir podía
a todas partes, sin que
se reservase a mi vista
puesto ninguno de cuantos
en derramadas familias
o los recata el honor
o los guarda la malicia.
Aquí cantan, allí bailan,
aquí parlan, allí gritan,
aquí riñen, allí juegan,
meriendan aquí, allí brindan:
país tan hermoso y tan vario,
que para ser la florida
estación de todo el orbe
la más bella, hermosa, y rica,
solo al río falta el río,
mas ya es objeción antigua.
De sus laberintos verdes
las entradas y salidas
penetraba, cuando en una
parte oculta y escondida
a una tropa de mozuelos
oí que una mujer decía:
“Cierta dama, gentilhombres,
que aquí se baña, os suplica,
que torzáis hacia otro lado
la senda, por cortesía”.
“¿A qué venimos nosotros,
—respondió de la cuadrilla
uno—, sino a recoger
eso que se desperdicia?”.
Replicó la mujer, y ellos,
sin que el ruego les impida,
pasar quisieron; yo entonces
les dije: “Mucho me admira
el ver que haya hombres que nieguen
donde hay mujeres que pidan”.
“¿Quién le mete a usted en eso?”
dijo con grande mohína
el mismo. “Mi obligación”,
respondí, y a toda prisa
di de los pies al caballo,
y pasando por encima
de todos ellos, la espada
en la mano, di una herida
a uno; esto no es alabarme,
pues no es mucha valentía
hacer que huyesen, no habiendo
quien mal hable que bien riña.
“Muerto soy”, dijo el herido;
yo, por si acaso acudía
al ruido de las espadas
o a sus voces la justicia,
irme quise cuando escucho,
que otra mujer me decía:
“No os ausentéis, caballero,
porque no será acción digna
del valor que habéis mostrado
dejar solas y afligidas
en tal lance las mujeres”.
“Pésame que inadvertida
mi atención —dije— aguardase
a que vuestra voz le diga
lo que ha de hacer”, y dejando
la rienda a una rama asida,
al coche me acerqué, adonde
unas sábanas prendidas
a las zarzas que había cerca,
tienda de campaña hacían
a una deidad que ni bien
desnuda ni bien vestida
la prisa la embarazaba
para no adornarse aprisa.
Bien quisiera yo pintarte
de su hermosura divina
algún rasgo, pero en vano
mi lengua lo solicita,
así, Ángela, porque el aire
con ningún color se pinta,
como porque aunque hubo tiempo
de verla, no de advertirla,
pues apenas me sintió,
cuando (¡ay de mí!) fugitiva
desde la estancia al estribo
corrió, echando la cortina,
bien como exhalación breve
que al ir dejando la línea
de sus centellas, apenas
es luz cuando no es ceniza,
si bien por presto que quiso
ser mirada y no ser vista,
no me dejó de dejar
dos señas por quien seguirla,
pues en el aire el cabello,
hebras tremolando rizas,
pues en la tierra la planta,
huellas dando mal distintas,
aquel lo abrasaba todo,
todo esta lo florecía,
siendo en las cifras del fuego
y de la hierba en las cifras,
carácteres para mí
lo que abrasa y lo que pisa.
Entrose, pues, y a este tiempo
el cochero, que no había
parecido en la pendencia,
costumbre en ellos antigua,
recogiendo los despojos,
apenas tomó la silla
cuando como ya era huir,
lo hizo con notable prisa.
A cuatro pasos, mezclados
con las tropas infinitas
de otros coches, no hubo quien
nos conozca ni nos siga.
Llegamos, pues, a Madrid,
donde ya convalecida
de todo el susto la dama,
con mil corteses caricias
al socorro se mostró
afable y agradecida,
dando nombre de fineza
al acaso o a la dicha.
Mandome que no siguiese
el coche, y aunque rendida
el alma dio la palabra,
no pudo el amor cumplirla.
Di el caballo a Celio; a pie
seguí sus luces divinas
hasta que supe quién era,
tomando desde otro día
por tarea de mis ansias,
por labor de mis fatigas
solo adorarla, y al fin
ha podido la porfía
de mis postrados afectos,
de mis finezas rendidas,
que no las desfavorezca
ya que no que las admita:
neutral conmigo, ni bien
afable ni bien esquiva
se conserva, sin que sea
mi amor lástima ni envidia.
En este tiempo (¡ay de mí!)
quiso la ventura mía
que ganases su amistad
allá en no sé qué visita,
conservándola después
el ser las dos tan vecinas,
y supuesto que los cielos
tanto, hermana, facilitan
los medios por donde pueda
mi fe adorarla y servirla,
te ruego que en mí la hables,
y de mi parte la digas
en orden a su respeto
cuánto es mi esperanza digna
de sus favores, pues siendo
tú instrumento de mis dichas,
podrá ser, si no me engaña
el deseo, que algún día
venga a verte como hermana
quien hoy viene como amiga.
ÁNGELA
Cierto, Álvaro, que te estoy
en extremo agradecida,
pues cuando más me encareces
lo que te pesa que digan
bien de mi ingenio, eres tú
quien más me le calificas.
DON ÁLVARO
¿Cómo?
ÁNGELA
Como dicen que este
es oficio de entendidas,
y debe de ser verdad,
pues dentro acá de mí misma
me siento ya aprovechada
en cierta cosa.
DON ÁLVARO
¿Qué es? Dila.
ÁNGELA
En que ya me estoy muriendo.
DON ÁLVARO
¿Por qué?
ÁNGELA
Porque algo te pida,
solo porque no te salga
de balde la tercería.
Beatriz ha de merendar,
y que no sabré, imagina,
hablarla de parte tuya
si merienda a costa mía.
Por eso...
DON ÁLVARO
No digas más:
¿qué quieres que te envie?
ÁNGELA
Mira,
al chocolate llamamos
agasajo en las visitas,
pero no es más que agasajo,
y ansí, que enviases querría
a mi señora cuñada
algo más con que la sirva.
DON ÁLVARO
Para merienda ya es tarde;
no es posible prevenirla;
dulces te enviaré.
ÁNGELA
A eso llaman
frialdades y boberías
las discretas; pero vengan.
DON ÁLVARO
¡Notable estás!
ÁNGELA
¿Qué te admiras?
Esto el oficio lo trae
consigo.
DON ÁLVARO
A Dios.
ÁNGELA
Oyes, mira.
DON ÁLVARO
¿Qué dices?
ÁNGELA
Lo que es comer,
divierte, pero no aliña.
DON ÁLVARO
¿Qué quieres decir en eso?
ÁNGELA
Que si a las confiterías
vas de la calle Mayor,
en ellas hay puntas, cintas,
abanicos, guantes, medias,
bolsos, tocados, pastillas,
bandas, vidrios, barros, y otras
diferentes bujerías,
que son cosas que yo puedo
decir que acaso tenía
en mis escritorios.
DON ÁLVARO
Creo,
Ángela, que ha muchos días
que sabes el arte.
ÁNGELA
Un buen
natural presto se aplica,
y esto el oficio lo trae
consigo.
DON ÁLVARO
Al punto imagina
que vuelvo con todo cuanto
me ordenas, porque querría
tomarme alguna licencia
para entrarme en la visita.
Vase.
ÁNGELA
Yo te la doy desde luego;
¿hay cosa de mayor risa,
que ver a un enamorado
cómo sus afectos pinta?
¡Pobres dellos, y dichosa
yo, que no supe en mi vida
lo que es querer bien a nadie!,
sino libre, ufana, altiva
hacer donaire de todos
sin que haya tan atrevida
pasión que piense que a mí
me avasalle mi me rinda.
¿Yo celos? ¿Yo amor? ¿Yo ausencia?
Sale Luisa.
LUISA
¿Señora?
ÁNGELA
¿Qué quieres, Luisa?
LUISA
De doña Beatriz el coche
ya está a nuestras puertas mismas,
y ella en la escalera.
ÁNGELA
Pues
salgamos a recibirla.
¿Era hora que llegase,
hermosa Beatriz, el día
de tanta felicidad
para esta casa?
Sale doña Beatriz con manto, y Otáñez, escudero.
BEATRIZ
Yo, amiga,
a tanta ventura soy
deudora de las albricias:
¿cómo estás, Ángela hermosa?,
¿cómo te va, por tu vida?
ÁNGELA
Amiga, para servirte,
ufana y desvanecida
con tal favor; ¿cómo vienes?
BEATRIZ
Alegre y agradecida
con tu gusto, pues por hoy
las tristes pasiones mías
me darán treguas con verte.
ÁNGELA
Luisa, el manto a Beatriz quita,
y quitarasme a mí el susto
de pensar que está de prisa,
para asentarse: este es
tu lugar.
BEATRIZ
Ángela mía,
aquí estoy bien, siéntate.
ÁNGELA
No estás, Beatriz, por mi vida.
BEATRIZ
Por obedecerte, tomo
el lugar.
ÁNGELA
Mucho me admira
de que me diga que está
triste quien está tan linda.
Mira, Luisa, qué cabello
este...
LUISA
Dios se lo bendiga.
ÁNGELA
Amén.
Aparte.
(No he visto mujer
más mal tocada en mi vida.)
LUISA
(Cuidado, damas, que así
alaba la más amiga.)
BEATRIZ
Si pensara que no era
lisonja, y que ser podía
eso verdad, me dejaras
con mis tristezas mal quista.
ÁNGELA
Si un instante antes vinieras
aquí quien dijera había
si era lisonja o no.
BEATRIZ
¿Quién?
ÁNGELA
Mi hermano.
BEATRIZ
Su cortesía,
su gala, su discreción,
y el ser quien es, son, amiga,
jueces muy apasionados,
y no me espanto que diga
bien conociéndome quien
sin conocerme me libra
de un riesgo.
ÁNGELA
Ya me ha contado
todo el suceso.
BEATRIZ
En tu vida
te hubiera agradado cosa
como ver su bizarría;
¡qué airoso! ¡qué en sí! ¡qué atento!
¡qué galán!
ÁNGELA
Mucho me obligas,
y en verte tan de su parte
un gran cuidado me quitas.
BEATRIZ
¿Cómo?
ÁNGELA
Tengo las agencias
de su amor, y pienso, amiga,
que tengo menos que hacer,
que pensé.
BEATRIZ
Eso no me digas,
no me hagas salir colores,
y baste que te repita
que don Álvaro...
ÁNGELA
¿Qué dudas?
BEATRIZ
...ha podido...
ÁNGELA
No te aflijas,
anímate, di.
BEATRIZ
...borrar
ciertas memorias antiguas
de un amor con quien mi padre
trató casarme en Sevilla.
ÁNGELA
Y dime...
Salen al paño don Diego y Luisa.
LUISA
Teneos.
DON DIEGO
Decid
que importa el hablarla.
ÁNGELA
Luisa
¿qué es eso?
LUISA
Es un caballero
que entrar hasta aquí porfía
diciendo que importa mucho
hablar, sin que se lo impidan,
a la señora Beatriz.
BEATRIZ
¿A mí?
DON DIEGO
A vos.
BEATRIZ
Mucho me admira
que las licencias que aun no
tenéis en mi casa misma
queráis tener en la ajena,
señor don Diego.
ÁNGELA
¿Es, amiga,
de quien hablabas?
BEATRIZ
No.
ÁNGELA
Pues
caballero, ¿qué osadía
es esta?
DON DIEGO
Escuchad, sabréis...
ÁNGELA
¿Qué?
DON DIEGO
Que hay disculpa.
BEATRIZ
Decidla,
que a trueco de que la haya
me holgaré mucho de oírla.
DON DIEGO
Yo para un negocio mío
un coche hube menester
aquesta tarde, y al ver
que el vuestro volvía vacío
llegué a decirle al cochero
que si ir conmigo quería
yo se lo agradecería,
y aunque lo dudó primero,
después se humanó... en fin, antes
de llevarme a la ocasión
donde iba, en el pesebrón
vi esta joya de diamantes,
que sin duda se os cayó
del pecho, y considerando
que habíais de sentirlo cuando
menos la echásedes, no
quise alargaros la pena
que en la pérdida tendréis;
y pues no importa que estéis
en casa propria o ajena
para hacer yo aquesta acción
el perdón de hallazgo os pido.
Tomad, pues, y ved si ha sido
suficiente la ocasión
que me ha obligado a traella
a esta casa, siendo así,
que solo me trae aquí
servir a Beatriz con ella.
ÁNGELA
Digo que si bien se advierte,
la ocasión de vuestro intento
disculpó el atrevimiento.
BEATRIZ
Yo no.
ÁNGELA
¿Cómo?
BEATRIZ
Desta suerte:
concienzudo caballero
que a restituir venís
esa joya que decís,
dejarme engañar no quiero
del modo que habéis fingido
para dármela, pues ya
menos aquí importará
que sepa Ángela que ha sido
engaño vuestro que no
que vos entendáis que al vella
por disimular con ella
trato de admitirla yo.
DON DIEGO
Ved, que en vano os enojáis,
porque yo la hallé, señora.
BEATRIZ
Es verdad, pero es ahora,
don Diego, cuando os la halláis.
ÁNGELA
¿Luego tú no la has perdido?
BEATRIZ
Yo no.
ÁNGELA
¡Ay amiga!, yo sí,
y hasta este instante, ¡ay de mí!,
en ello no había caído.
BEATRIZ
¿Qué dices?
ÁNGELA
Aparte.
(Las presunciones
castigo de un majadero,
que para dar su dinero
anda buscando invenciones).
Caballero, Beatriz bella
esa joya no perdió;
quien la ha perdido soy yo,
que antes que viniese ella
a verme, me había enviado
el coche, en que yo salí
a un negocio; y siendo así
que vos os la habéis hallado
habiéndola yo perdido,
ver al dueño, ¿qué os admira?
BEATRIZ
(¡Qué bien compuesta mentira!)
DON DIEGO
Aparte.
(¡Vive Dios, que me han cogido!,
porque negarla sería
confirmar que engaño fue,
y darla a quien yo no amé
también será bobería:
¿qué haré?).
ÁNGELA
¿Qué pensáis, señor?
Si mi voz que es mía os avisa,
mostrad.
Tómasela.
DON DIEGO
Esta es.
ÁNGELA
Toma, Luisa,
y átala otra vez mejor,
que no en todas ocasiones
hay quien tan buen alma tenga
que a volver las joyas venga
que se halla en los pesebrones.
DON DIEGO
Mucho me huelgo de haberos
servido.
Aparte.
(¿Quién tal creyó?)
ÁNGELA
Mucho más me huelgo yo,
y pues que llegué a deberos
de la joya la fineza,
llegue a deberos también
la de iros, que no es bien
teneros con la tristeza
de pensar que en lance igual
os halle mi hermano aquí.
LUISA
Dicho y hecho.
ÁNGELA
Como así.
LUISA
Como hablando en el portal
con un hombre (¡ay de mí!) está.
DON DIEGO
¿Qué importa? Yo le diré
que a traer la joya entré,
y ella me disculpará.
ÁNGELA
Aun eso fuera peor,
que él no sabe que la tengo,
porque yo siempre prevengo,
como es mozo y jugador,
guardarlas dél.
BEATRIZ
¿Pues qué haremos?
ÁNGELA
No sé, que si le halla aquí,
por ti, Beatriz, o por mí,
siempre obligado le vemos
a tener celos.
DON DIEGO
Ved vos
¿qué trazáis?, ¿qué disponéis?
ÁNGELA
Que a este aposento os entréis,
y halle solas a las dos,
que este es solo un excusado
tránsito para pasar
a mi cuarto; y así, estar
en él podéis sin cuidado.
¿Qué habemos de hacer, supuesto
que no hay remedio mejor?
BEATRIZ
Temblando estoy de temor.
LUISA
Pues ya sube, escondeos presto.
DON DIEGO
(Yo habré hecho linda fineza,
si después de haber perdido
la joya, estando escondido,
me rompiesen la cabeza.)
Escóndese y sale don Álvaro.
DON ÁLVARO
Enojaraste conmigo,
porque con estilo nuevo,
Ángela, aquí a entrar me atrevo
estando Beatriz contigo,
pero no puede el castigo
de tu enojo ser mayor
que de la ausencia el rigor,
si no entrara, y así intento
morir de mi atrevimiento
antes que de tu temor.
DON DIEGO
(¡Qué es esto que escucho, cielos!
¡Que no le baste a uno dar
sus joyas, para no estar
escondido y tener celos!)
BEATRIZ
Vuestros corteses desvelos
siempre en mi pecho han tenido
un afecto agradecido.
DON ÁLVARO
Ya merece quien merece
amar a quien agradece.
BEATRIZ
Que en eso no habléis os pido.
DON ÁLVARO
¿Por qué?
BEATRIZ
Por la inmunidad
que goza el entrar aquí.
DON ÁLVARO
¿No os fiáis de Ángela?
BEATRIZ
Sí.
DON ÁLVARO
Otro no escucha.
BEATRIZ
Es verdad,
pero esto mi voluntad
pide.
DON ÁLVARO
A poder, yo lo hiciera.
DON DIEGO
(¿Mi sufrimiento a qué espera?)
BEATRIZ
(¿Si oirá don Diego?
ÁNGELA
¿Pues no?
su joya le diera yo,
y algo más, porque no oyera:
¡oh quién pudiera de aquí
echar agora a mi hermano!)
DON ÁLVARO
Vuestro cielo soberano...
ÁNGELA
Deja eso y escucha.
DON ÁLVARO
Di.
ÁNGELA
¿Trájose ya aquello?
DON ÁLVARO
Sí.
ÁNGELA
Pues da licencia.
DON ÁLVARO
¿De qué?
ÁNGELA
De quedar solas, porqué
quiero que mi cuarto vea
Beatriz.
DON ÁLVARO
Solo dar desea
nobles indicios mi fe
de obediente y de rendido.
ÁNGELA
Ven amiga, y aunque habrás
de perdonar, tomarás
no sé qué que ha prevenido
mi amistad.
BEATRIZ
Traición ha sido
tratarme con cumplimiento.
Al entrarse ellas, él las acompaña.
ÁNGELA
Solo agasajarte intento;
tú verás que no lo es.
¿Dónde vas?
ÁLVARO
¿Que voy, no ves,
tras mi mismo pensamiento?
ÁNGELA
Pues tú has de irte antes de aquí,
porque no quiero correrte
con que veas de qué suerte
a Beatriz trato.
DON ÁLVARO
Sea así,
que eso me está bien a mí,
no siendo de la manera,
Ángela, que yo quisiera.
Quedad, señora, con Dios.
Hace que se va, y en entrándose ellas, vuelve como acechando.
ÁNGELA
Cierra, Luisa.
LUISA
Entrad las dos.
DON ÁLVARO
Luisa, no cierres, espera.
LUISA
¿Qué es lo quieres?
DON ÁLVARO
Humano
girasol de esa belleza,
seguir piensa mi firmeza
su resplandor soberano.
LUISA
¡Salió nuestro intento en vano!
DON ÁLVARO
(Desde este pasillo quiero
acecharlas.)
DON DIEGO
(¿Ya qué espero?)
LUISA
Esto es hecho.
DON ÁLVARO
(¿Quién llamó?)
Al ir a entrar donde está el escondido, llaman a la puerta, sale don Pedro viejo, y él no entra.
DON PEDRO
Señor don Álvaro, yo
sabiendo que estaba...
ÁLVARO
(Hoy muero,
pues la ocasión he perdido
de ver su luz soberana.)
DON PEDRO
...con Ángela, vuestra hermana,
Beatriz mi hija, no he querido
pasar sin haber subido
a servirla de escudero,
porque de suerte la quiero
que como padre y galán,
adonde quiera que están
sus luces, por verlas muero.
DON ÁLVARO
Doña Beatriz, mi señora,
esta casa honrando, ufana
con tal favor, de mi hermana
el cuarto ilumina y dora.
Yo también llegaba ahora
y entrar en él no he querido
por el respeto debido
a su justa estimación.
DON PEDRO
No es nueva en vos la atención.
DON ÁLVARO
Pero ya que habéis venido,
de vos podré apadrinado
entrar. Cómo está aquí, avisa,
el señor don Pedro, Luisa.
Venid, guiaraos mi cuidado.
DON PEDRO
Siempre de vos vivo honrado.
DON ÁLVARO
Y de camino, oyes, di
que pongan luces aquí.
LUISA
Ya prevenidas están.
Sacan luces.
DON DIEGO
(Los dos hacia el cuarto van,
de extraño empeño salí.)
Al entrar los dos salen doña Ángela y Beatriz.
BEATRIZ
Prevención tan lisonjera
no es tratarme con amor.
DON PEDRO
¿Qué es eso, Beatriz?
BEATRIZ
Señor,
quejarme que Ángela quiera
regalarme de manera
que tarde desempeñarme
podré.
ÁNGELA
Si eso es afrentarme,
ya Beatriz bella, lo estoy.
DON PEDRO
Yo solamente lo soy,
señora, pues llego a hallarme
con Beatriz en ocasión
de queja.
DON ÁLVARO
Su cortesía
habrá de una niñería
hecho más estimación
que merezca la atención
de Ángela.
DON PEDRO
Pues que te ves
tan obligada, que des
será justo algún indicio
de pagar el beneficio.
BEATRIZ
No es fácil, señor.
DON PEDRO
Sí es;
pues con esto a la señora
doña Ángela pagarás.
ÁNGELA
¿Con qué?
DON PEDRO
Con no cansar más,
porque ya de irnos es hora.
Tómala de la mano.
ÁNGELA
Responder mí voz ignora
a tanta cortesanía.
BEATRIZ
¡Qué breve que ha sido el día!
A Dios.
ÁNGELA
(Buen susto me dejas.)
BEATRIZ
(¿De quien, Ángela, te quejas?
¿Ha sido la culpa mía?)
DON ÁLVARO
Toma esa luz. (¡Ay de mí!,
¡qué presto anochece hoy!)
DON PEDRO
¿Dónde vais?
DON ÁLVARO
Sirviéndoos voy.
DON PEDRO
No habéis de pasar de aquí.
DON ÁLVARO
Poco con vos merecí.
DON PEDRO
No; de ninguna manera.
DON ÁLVARO
¿Pues hasta el coche siquiera
cómo lo podré excusar?
BEATRIZ
(¡Válgame Dios, qué pesar
llevo conmigo!)
Vanse haciendo cortesías, y quedan Luisa y Ángela, y sale al paño don Diego.
ÁNGELA
¡Qué fiera
confusión!
LUISA
¿Qué temes, di?
ÁNGELA
Hallarme (¡qué sentimiento!)
con un hombre en mi aposento.
LUISA
Tal me sucediera a mí.
DON DIEGO
¿Fueronse ya todos?
ÁNGELA
Sí.
DON DIEGO
¿Luego salir puedo?
ÁNGELA
No,
que, a lo que a entender me dio,
volverá a subir ahora.
DON DIEGO
¿Pues qué hemos de hacer, señora?
ÁNGELA
Eso es lo que no sé yo;
aunque he de hacer de manera
que mi hermano (¡suerte escasa!)
vuelva al instante de casa
a salir, aunque no quiera.
LUISA
Hasta entonces yo quisiera...
ÁNGELA
¿Qué?
LUISA
Que en otra parte esté,
no al paso.
ÁNGELA
Allá dentro ve
y asegura mis recelos.
LUISA
Venid.
DON DIEGO
¿Sin joya, con celos,
y escondido?
LUISA
Apostaré,
que si acaso la salida
aquesta noche encontráis...
DON DIEGO
¿Qué? Decid.
LUISA
Que no os halláis
otra joya en vuestra vida.
Vanse, y sale don Álvaro.
DON ÁLVARO
Ángela hermosa, no sé
con cuál agradecimiento
puedan a finezas tuyas
corresponder mis deseos;
no creerás cuánto te estimo
el agasajo que has hecho
a Beatriz.
ÁNGELA
¿Yo qué agasajo,
si te cuesta tu dinero?
DON ÁLVARO
¿Hablástela en mí?
ÁNGELA
¿Pues no?
DON ÁLVARO
¿Y qué sientes della?
ÁNGELA
Siento
que está muy agradecida
a tus amantes afectos;
y una cosa que me dijo
dilatártela no quiero,
aunque venderla pensaba
de alguna alhajilla al precio.
DON ÁLVARO
¿Qué te dijo? Por tu vida,
Ángela, dímelo presto,
no tengas pendiente el alma
de tu voz.
ÁNGELA
Que fueses luego
a su calle, que saldría
a hablarte a la reja.
DON ÁLVARO
¿Es cierto?
ÁNGELA
¿Cuándo suelo yo mentir?
LUISA
(Agora.)
ÁNGELA
Aparte.
(¿No importa menos
que él en la calle se esté
toda la noche al sereno
que no que no salga estotro?)
DON ÁLVARO
El aviso te agradezco.
ÁNGELA
No mucho, según parece.
DON ÁLVARO
¿Cómo?
ÁNGELA
Como no te veo
ir tras ella.
DON ÁLVARO
¿Pues no ves
que es temprano para eso?
¿No ha de llegar a su casa,
y aun recogerla primero
que salga a una reja a hablar?,
y así yo, para hacer tiempo,
ponerme a escribir quería,
que hoy es día de correo,
y no es posible que falte
carta a don Juan de Toledo,
mi amigo, con cierto aviso
en materia de los pleitos
que tiene en aquesta corte.
LUISA
(Señora, nada hemos hecho.)
ÁNGELA
(Sí hemos hecho, y mucho.)
LUISA
(¿Qué?)
ÁNGELA
(Saber que haya de irse luego,
fuera de que si a escribir
entra en su cuarto, habrá tiempo
que ese caballero salga.)
DON ÁLVARO
¿Luisa?
LUISA
Señor.
DON ÁLVARO
Tráeme presto
recado aquí de escribir.
LUISA
¿Aquí?
DON ÁLVARO
Sí.
ÁNGELA
¿Pues a qué efecto?
¿En tu cuarto no estarás
mejor?
DON ÁLVARO
Está aquí más fresco
como es paso; éntrate tú,
Ángela hermosa, allá dentro.
ÁNGELA
Quédate con Dios.
LUISA
(¿Hay cosa
como que tu hermano mesmo
te mande ir adonde está
un hombre escondido?)
ÁNGELA
(¡Cielos!
¿qué me sirve no tener
amor, si los sustos tengo?)
Vanse.
DON ÁLVARO
¡Qué fatiga es tan honrada,
pero fatiga en efecto,
la de escribir! Bien decía
un cortesano discreto
que si hubiera tienda donde
algún mercader de ingenios
vendiese cartas escritas,
fuera el más seguro empleo
del mundo. “Amigo y señor...”
Escribe, y suenan espadas dentro.
DON JUAN
Dentro.
Huid, cobardes.
DON ÁLVARO
¿Qué es aquello?
Cuchilladas en la calle
se escuchan.
DENTRO
¡Ay que me han muerto!
ÁLVARO
¿Cómo se puede excusar
no salir tal vez, oyendo
que esta es una de las muchas
necedades que hace el cuerdo?
DON JUAN
Dentro.
Huye Hernando.
HERNANDO
Dentro.
Ya te sigo.
DON ÁLVARO
¿Quién se entra aquí?
Salen Hernando y don Juan, con las espadas desnudas.
DON JUAN
Caballero,
que la casa y la persona
dan muestras... ¡pero qué veo!
DON ÁLVARO
¡Válgame el cielo! ¡Qué miro!
¿Don Juan?
DON JUAN
¿Don Álvaro?
HERNANDO
Bueno;
no nos faltaba ahora más,
sino es quedarnos suspensos:
caballero, por amparo
hemos venido acá dentro,
que no por admiraciones.
DON ÁLVARO
Dadme los brazos.
DON JUAN
No creo,
que seáis vos, que dicha, y mía
son dos contrarios opuestos.
DON ÁLVARO
¿Vos en Madrid y en mi casa
tan acaso? ¿Pues qué es esto
de verme con vos hablando
cuando os estoy escribiendo?
DON JUAN
No sé, don Álvaro, cómo
pueda mi voz responderos,
porque añadida esta duda
a los extraños sucesos
de mi vida, estoy absorto.
DON ÁLVARO
Reportaos, deteneos,
haré cerrar esas puertas,
y hallándoos una vez dentro
de mi casa, creed de mí
que a todo trance soy vuestro.
Entra dentro.
DON JUAN
¿Quién creyera, Hernando, quién,
que pudiera hallar enmedio
de mis desdichas mis dichas?
HERNANDO
¿Quién es este caballero?
DON JUAN
Es don Álvaro de Acuña.
HERNANDO
Si acuña, al nombre me atengo.
DON JUAN
El mayor amigo mío.
HERNANDO
Dichoso ha sido el encuentro.
Sale don Álvaro.
DON ÁLVARO
Ya están las puertas cerradas;
y aunque en la calle hay estruendo
de voces y gente, nadie
os sigue; sacadme, os ruego,
de dudas y confusiones
tan grandes.
DON JUAN
Aunque confieso
la objeción de hacer ahora
relación, estadme atento.
Bien os acordáis que estando
los dos en Flandes sirviendo,
donde fuimos tan amigos
que vivió con nudo estrecho,
si no en dos cuerpos un alma
con dos almas cada cuerpo,
tuvimos, yo de Sevilla,
y vos de Madrid, dos pliegos
que ya que no desataron
el nudo le dividieron,
pues teniendo nuevas vos
de ser vuestro padre muerto,
y que hermana, honor y hacienda
llamaban a su remedio,
y yo de que el mío tenía,
concertado un casamiento,
porque túnicas de Marte
trocase a galas de Venus,
fue forzoso que los dos,
con dos tan justos pretextos,
diésemos vuelta a la patria,
conservando en nuestros pechos
la amistad, bien que a pesar
de la distancia y del tiempo.
Llegué a Sevilla (¡ay de mí!)
donde el divino sujeto
vi de la hermosura a quien
me destinaban los cielos
para dueño y para esclavo,
que no merece ser dueño
de una deidad quien no sabe
ser esclavo para serlo.
Ufano y desvanecido
la adoraba, maldiciendo
conveniencias que los padres
ajustan en sus conciertos,
pues ellas me dilataban
bien tan grande y tan inmenso
en tanto que no venía
de las Indias un empleo
caudaloso que mi padre
el año antes había hecho.
Cuál estaría, pensad,
un alma (¡ay Dios!) que había puesto
su felicidad en manos
de contrarios elementos,
pues de amor y hacienda ¿quién
esperará buen efecto
con el hacienda en el agua,
con el amor en el viento?
Dígalo yo (¡ay infelice!)
pues vino nueva a este tiempo
de que se perdió la flota,
lástima común del reino,
y nueva (¡ay de mí otra vez!)
de que a su padre había hecho
su majestad en la corte
merced de no sé qué puesto.
Mirad vos cómo pasaran
adelante los conciertos
viéndonos casi en un día
yo bajando y él subiendo.
¡Mal haya quien dice, amén!,
que es venturoso un sujeto
que vive con esperanza:
¿virtud que no entra en el cielo,
puede, en lo moral hablando,
ser dicha? No puede serlo;
dichoso es quien no la tiene
ni ha tenido, pues con eso
goza en cualquier bien de más
todo lo que está de menos.
Con la pérdida mi padre
empeñado, pobre y preso,
con su cargo el de la dama,
ufano, rico y contento,
mal pudieran ajustarse
los dos, que dos instrumentos
disuenan si uno está bajo
y alto otro. Añadid a esto
la ausencia. ¡Oh cielos, y cuáles
deben de ser mis tormentos,
pues llega tarde la ausencia
solo a hacer número en ellos!
Yo, que con la cercanía
de la esperanza, había hecho
empeños de amor, que entonces
eran deudas y no empeños,
quedé... pero no es posible
decirlo ni encarecerlo;
entiéndame quien entiende
los idiomas del silencio.
Bien quisiera yo venir
tras ella al instante mesmo
que se ausentó, mas no pude,
por acudir a los pleitos
que el crédito de mi padre
padecía, de que os tengo
dada noticia, y a que
vos acudís. En efecto,
dejándole en más quietud,
tras mi fortuna me vengo
a ver si encuentro en la ajena
el bien que en mi patria pierdo,
que aunque es verdad que no traiga
en mi favor más alientos
que la necia confianza
de pensar que en algún tiempo
merecí favores suyos,
bien que favores honestos
debajo de las licencias
de esposo, con todo eso,
si fue verdad que me quiso
me querrá, porque el primero
amor, tarde o nunca puede
borrarse de un noble pecho.
Al fin, don Álvaro, yo
rendido, amante y sujeto,
a quien amé como a esposa
a ver como a dama vengo.
Llegué esta noche a Madrid,
y aunque del camino muerto,
no pude acabar conmigo
descansar sin que primero
diese una vuelta a su calle,
que ha de ser, a lo que pienso,
según las noticias traigo,
en este barrio. Viniendo
por él ese crïado y yo,
llegó una tropa diciendo
que les diésemos las capas,
cogiendo a los dos en medio.
Yo, mal desembarazado,
la espada saqué, y haciendo
ese crïado lo mismo,
que es tal vez valiente el miedo,
contra toda la cuadrilla
tratamos de defendernos.
“Muerto soy”, dijo, y cayó
uno en la calle, y yo viendo
todo el barrio sobre mí,
retirarme quise a tiempo
que sacabais luz, y como
noticia ninguna tengo
de las calles de Madrid,
turbado, confuso y ciego,
a ampararme della vine,
que es todo el bien que le debo
a mi fortuna. Esta es
mi venida; este el suceso
que me tiene en vuestra casa,
tan consolado con veros
que me persuado a que no
traigo penas, sentimientos,
quejas, disfavores, ansias,
pérdidas y desconsuelos,
sino glorias, dichas, gustos,
felicidades, contentos,
pues todo esto halla quien halla
amigo tan verdadero.
DON ÁLVARO
Admirado me ha dejado
la relación, mas no quiero
que discurramos agora
en sus acasos diversos,
sino solo en una parte,
y es que pues previno el cielo,
no sin misterio, que fuese
mi casa sagrado vuestro,
que él os valga; y pues no os siguen,
ninguno debió de veros
entrar en ella, conque
me parece buen acuerdo
que no volváis a la calle,
pues estando un hombre muerto
es fuerza acudir justicia
y pueden reconoceros,
y no es bueno para nada,
y así, a mal pasar dispuesto,
quedaros es lo mejor
aquí esta noche.
DON JUAN
No quiero,
don Álvaro, embarazaros,
sino que reconociendo
la calle, me dejéis ir.
HERNANDO
No dejéis, que es lo más cierto.
ÁLVARO
Esperad, diré en el cuarto
de mi hermana, que al momento
vengan a hacer una cama.
HERNANDO
Hagan dos.
DON JUAN
Daros no intento
ese cuidado.
DON ÁLVARO
El cuidado
que habéis de dar ya le tengo,
pues la ocasión esta noche
de hablar a una dama pierdo,
que os vais o no, pues dejaros
no es posible; y así, os ruego
que aquí os quedéis.
Vase.
HERNANDO
Me conformo:
yo no he visto caballero
tan puesto en razón jamás.
DON JUAN
Es amigo verdadero.
HERNANDO
Mas que sea mentiroso,
y durmamos y cenemos.
DON JUAN
Fuimos los dos camaradas.
HERNANDO
Pues agora lo seremos
los tres.
ÁNGELA
Dentro.
¡Ay de mí infeliz!
Ruido de espadas dentro.
DON ÁLVARO
¡Muere, traidor!
DON JUAN
¿Qué es aquello?
HERNANDO
Espadas.
DON JUAN
¿En casa?
HERNANDO
Sí:
paréceme que podemos
ir a buscar otro amigo,
en habiendo aquí otro muerto,
que nos recoja.
DON JUAN
¿Que aguardas?
Conmigo entra.
Sale Ángela alborotada.
ÁNGELA
Caballero,
si el ser mujer os obliga,
dad a mi vida remedio,
y esa desdicha excusad,
de que yo culpa no tengo.
DON JUAN
Dejadme entrar, que palabra
os doy de hacer lo que debo.
ÁLVARO
Dentro.
¡Muere traidor!
DON DIEGO
Dentro.
Escuchadme.
Salen riñendo.
DON JUAN
A vuestro lado estoy puesto.
DON DIEGO
Sabréis...
ÁLVARO
Es sordo el honor.
DON DIEGO
¡Jesús mil veces, el cielo
me valga!
Cae en el tablado como muerto.
HERNANDO
A Dios, y van dos
esta noche.
DON ÁLVARO
Ya que el duelo
cumplí con satisfacerme
en lo más fuerte primero,
agora en tu pecho, aleve
hermana...
ÁNGELA
¡Ay de mí!
Pónese delante don Juan.
DON JUAN
Teneos.
DON ÁLVARO
Pues vos, don Juan, ¿contra mí,
y en favor de quien me ha muerto
el alma, que es el honor,
os ponéis?
ÁNGELA
¡Terrible empeño!
DON JUAN
Yo, don Álvaro...
ÁNGELA
¡Qué pena!
DON JUAN
...mi vida...
ÁNGELA
¡Qué ansia!
DON JUAN
...os ofrezco,
no digo por vuestro honor,
pero por un gusto vuestro.
DON ÁLVARO
Pues si he muerto ya ese hombre,
y otro recurso no tengo
que dar la muerte a una ingrata,
dejadme.
DON JUAN
Aqueso no puedo
hacerlo yo.
ÁNGELA
¡Qué desdicha!
DON ÁLVARO
Apartad.
ÁNGELA
¡Qué horror!
DON JUAN
Teneos.
DON ÁLVARO
¿No sois mi amigo?
DON JUAN
Sí soy.
DON ÁLVARO
¿No es vuestro mi honor?
DON JUAN
Es cierto.
DON ÁLVARO
¿Conocéis mi ofensa?
DON JUAN
Sí.
DON ÁLVARO
¿Mi desdicha?
DON JUAN
Ya la veo
DON ÁLVARO
¿Mi obligación?
DON JUAN
No la dudo.
DON ÁLVARO
¿Y cuál es?
DON JUAN
Satisfaceros.
DON ÁLVARO
¿Cómo puedo?
DON JUAN
Con su muerte.
DON ÁLVARO
¿Pues a qué os ponéis en medio?
DON JUAN
A que de mí no se diga
agora ni en ningún tiempo
que vi matar a vna dama
y no lo estorbé pudiendo.
Pónese delante y defiéndela.
HERNANDO
Y yo, con ser un bergante,
¡vive Dios!, digo lo mesmo.
DON ÁLVARO
Pues tampoco ha de decirse
de mí que se puso en medio
de mi honor y mi venganza
cosa que a morir resuelto
no atropellase.
Riñen.
DON JUAN
Señora,
huid mientras yo os defiendo.
ÁNGELA
Eso no; ¿qué es huir? Mi casa
no he de dejar, que más quiero
morir no estando culpada
que vivir con parecerlo.
DON ÁLVARO
¿Cómo puede ser posible
no estar culpada, si encuentro
dentro en tu cuarto escondido
un hombre?
ÁNGELA
Como viniendo
hoy doña Beatriz de Silva...
DON JUAN
(¡Qué escucho!)
ÁNGELA
...como tú mesmo
sabes, a verme...
HERNANDO
(Esto es malo.)
ÁNGELA
...tras ella este caballero...
DON JUAN
(¡Ay de mí! que por dar vida
a aquesta mujer, me ha muerto.)
ÁNGELA
...en casa se entró, veniste
tú, y tomamos por acuerdo
esconderle, y no ha podido
salir. La verdad es esto,
que como me des palabra
de averiguarlo y saberlo
antes que me des la muerte,
me entraré en un aposento
de quien tú tomes la llave
y me mates si no es cierto,
y pues me puedo librar
hoy de tu cólera huyendo,
y escojo el quedar cerrada
¿qué culpa...?
Dentro la justicia.
ESCRIBANO
Abran aquí presto
a la justicia.
HERNANDO
Esto solo
nos faltaba.
ÁNGELA
¡Santos cielos!
DON ÁLVARO
Penas a penas se añaden.
DON JUAN
Riesgos se siguen a riesgos.
HERNANDO
Por cualquiera de los dos
el soplo viene derecho,
pues en la calle y en casa
tiene cada cual su muerto.
DON JUAN
¿No hay por donde salir?
DON ÁLVARO
No.
ESCRIBANO
Echad la puerta en el suelo,
pues no responden.
ÁNGELA
¡Ay triste!
DON JUAN
Aquí no hay más remedio
que apelar a las espadas.
DON ÁLVARO
Tú, ingrata, en cualquier suceso
síguenos, que he de saber
tus engaños. Caballeros,
¿a quién buscáis?
Salen alguaciles y escribano.
DON JUAN
¿Qué queréis?
ALGUACIL
¿Dónde está un hombre, que huyendo
se entró aquí, habiendo dejado
otro hombre en la calle muerto?
ÁNGELA
Veisle aquí, que aquí se entró
amparo y favor pidiendo,
pero apenas pronunciar
podía el último aliento,
pues venía tan herido
de la pendencia que luego
perdió el sentido.
HERNANDO
(¡Ay Jesús,
que mentira tan del tiempo!,
pues dos delincuentes vivos
viene a librar con un muerto.)
ÁLVARO
(Esforcemos este engaño.)
DON JUAN
Por cuidar de su remedio,
no acudimos, ocupados,
a abrir la puerta tan presto.
ALGUACIL
Bien se deja conocer
que es él quien entró, supuesto
que herido de la pendencia
vendría.
ESCRIBANO
Pues aun no está muerto,
sino sin sentido, pues
se mueve.
ALGUACIL
Vaya corriendo
uno a llamar confesor
y cirujano, y supuesto,
caballero, que esta casa
le dio por sagrado el cielo,
no será bien que de aquí
preso agora le llevemos;
y así haced que le retiren
a algún cercano aposento
donde le curen.
DON ÁLVARO
No fuera
cristiano ni caballero,
quien no amparara en su casa
un desdichado. Aquí dentro
le meted.
Cógenle entre dos y métenle.
ALGUACIL
Vamos nosotros
los capeadores siguiendo,
y advertid que aquese hombre
queda en vuestra casa preso,
y que dél habéis de dar
cuenta.
Vanse.
DON ÁLVARO
¿Qué os parece desto?
DON JUAN
Que fue notable la industria.
DON ÁLVARO
Éntrate, Ángela, allá dentro,
que aunque me dan que temer
los engaños de tu ingenio,
no quiero, hasta averiguarlos,
determinarme a creerlos.
ÁNGELA
Cielos, ¿qué hombre es este, a quien
fama, honor y vida debo?
Vase.
DON JUAN
Dichoso vos, a quien llegan
los desengaños tan presto.
DON ÁLVARO
No mucho, pues desengaños
que dan, al parecer vuestro,
en una parte la vida
en otra parte me han muerto.
DON JUAN
¿Pues cómo?
DON ÁLVARO
Como es la dama
que dijo Ángela el sujeto
que yo adoro.
DON JUAN
Aparte.
(¿Otro pesar,
desdichas?)
HERNANDO
(Malo va esto.)
DON ÁLVARO
Mientras doy orden en casa,
esperadme vos ahí dentro.
Vase.
DON JUAN
Buena esperanza he traído
en Beatriz, pues lo primero
que en Madrid encuentro ha sido
con dos muertes y dos celos;
pero ¿qué me admiro, ¡ay triste!?
¡Si esto es querer bien, oh, fuego
de Dios en el querer bien!
HERNANDO
Amén, que aún es del proverbio.

Jornada II

Salen Hernando y don Juan.
HERNANDO
Según las cosas, señor,
que nos suceden, licencia
me darás para creer
que anocheciendo en Ginebra
amanezco en la Tebaida.
¿Quién vio casa como esta?
Anoche toda alborotos,
muertes, heridos, pendencias,
y hoy toda tranquilidades:
ni una voz en toda ella
se oye, criado, ni crïada
se ve, y lo que más me eleva
es que la hermana, señor,
deste tu amigo no venga,
que puede echar a mentir
con un libro de despensa.
¿Pero qué es esto?, ¿qué tienes?,
¿de qué suspiras?, ¿qué piensas?
¡Ah señor!
DON JUAN
Hernando, ¿aquí
dentro estabas?
HERNANDO
Linda flema,
¿pues no he de estar aquí dentro,
si estar no puedo allá fuera?
DON JUAN
¿Cómo?
HERNANDO
Como este tu amigo
debió de pensar que eras
tú el preso que le entregaron
anoche, y ansí las puertas
ha cerrado y se ha salido
de casa antes que amanezca
sin que le sintamos.
DON JUAN
Él
las abrirá cuando venga.
HERNANDO
¿No sientes estar cerrado?
DON JUAN
Hay tantas cosas que sienta
que no reparo ya en nada.
¡Ay Beatriz, cuánto me cuestas
de imaginaciones locas,
de desconfianzas cuerdas,
desde anoche acá!
HERNANDO
¿Ahora sales
con eso? ¿Pues la postrera
resolución no fue que hoy
sin oírla, hablarla, ni verla,
nos habíamos de ir?
DON JUAN
Sí, Hernando,
y ha de ser, pues quién tropieza
en una muerte y dos celos,
¿qué hay que esperar? Pero deja
a mis sentimientos que antes
que lo ejecuten lo sientan.
HERNANDO
Yo... pero ya abren.
Sale don Álvaro.
DON ÁLVARO
¿Don Juan?
DON JUAN
¿Don Álvaro?
DON ÁLVARO
¡Quién pudiera,
amigo, significaros
el contento con que llegan
a vuestros brazos mis dudas
trocadas en evidencias!
¡Oh cuánto mejora el día
los recelos y tristezas
de la noche!
DON JUAN
Mucho estimo
veros tan alegre.
DON ÁLVARO
Apenas
salió el alba coronada
de jazmines y de perlas,
cuando de casa salí,
llevando de toda ella
las llaves, porque crïado,
ni criada dar pudiera
aviso a Beatriz de que
la buscan mis diligencias.
Llegué a su casa primero
que della abriesen las puertas,
y aunque es verdad que a dos calles
cae, previno mi advertencia
guardarlas ambas; y ansí,
dejando yo en una dellas
un crïado de quien tengo,
no sin mucha causa entera
satisfación, en la otra
me estuve hasta que la abrieran.
Salió al instante su padre,
porque las correspondencias
de sus negocios le obligan
a madrugar, de manera
que pude entrar sin recelo
al cuarto de Beatriz bella,
donde, aunque extrañó el estilo,
me dio de hablarla licencia.
No hube bien dicho “Yo vengo,
Beatriz, a saber quién sea
un hombre que quedó anoche
en mi casa”, cuando ella
prosiguió: “Don Diego es
de Mendoza, a quien la fuerza
de mis desdenes obliga
a hacer locuras tan necias,
que no pudiendo en mi casa
tener entrada, en la vuestra
la buscó”, y añadió luego
tales disculpas que es fuerza
que no solo los recelos
de mi honor (¡ay don Juan!) pierda,
mas también los de mi amor,
para que todo os lo deba
a vos; pues si no es por vos
ya por Madrid anduviera
mi opinión en opiniones
y Ángela a mis manos muerta.
DON JUAN
Mucho me alegro de haber
estorbado una tragedia
tan infeliz.
DON ÁLVARO
En efecto,
aunque un cuidado me queda,
salí de los dos mayores.
DON JUAN
¿Pues cuál es el que ahora os resta?
DON ÁLVARO
El de no saber, don Juan,
qué medio o qué estilo tenga
con aquese caballero
que herido y preso me dejan
en mi casa, pues habiendo
curádose anoche en ella
como vos visteis y vuelto
en sí, porque solo era
falta de sangre el desmayo,
es forzoso que se sepa
que no fue él el que en la calle
riñó, y que en mi casa mesma
le herí; y en fin, de mi hermana
se descubre la cautela.
HERNANDO
Buen remedio.
DON JUAN
¿Qué remedio?
HERNANDO
Encomendárselo a ella,
que ella hallará otra mentira
tan aliñada y compuesta
como la pasada.
DON ÁLVARO
En tanto
que discurra o que prevenga
el ingenio algún reparo,
quiero ahora hablarla y verla.
DON JUAN
En vuestro cuarto os espero.
DON ÁLVARO
No, no os salgáis allá fuera
por eso, que antes es bien
hablarla en vuestra presencia,
pues ya que fuisteis testigo
del daño es justo que entienda
que lo sois del desengaño.
DON JUAN
Fuerza es que en todo obedezca.
DON ÁLVARO
Luisa.
Abre la puerta del cuarto.
LUISA
¿Señor?
DON ÁLVARO
Di a mi hermana
que hablarla quiero.
LUISA
Ya ella
viene hacia aquí, como oyó
abrir del cuarto la puerta.
Sale doña Ángela.
DON ÁLVARO
¿Ángela hermana, qué hacías?
ÁNGELA
Solo esperar la sentencia
de mi vida o de mi muerte.
HERNANDO
¡Qué humildad! Maldita sea
el alma que te creyere.
DON ÁLVARO
¿Qué sentencia? Llega, llega
a mis brazos.
ÁNGELA
Mucho extraño,
que hombre, don Álvaro, seas
de tan bajo pundonor
que hables con tanta paciencia
a una hermana, que te ha dado
ocasión...
DON ÁLVARO
Detén la lengua,
no prosigas, que ya sé
que fue sola inadvertencia
tuya y de Beatriz; y puesto
que eres entendida y cuerda,
con tu sentimiento mismo
me disculpa.
ÁNGELA
¿De manera
que a Beatriz hablaste?
DON ÁLVARO
Sí.
ÁNGELA
¿De suerte que no te queda
ya escrúpulo alguno?
DON ÁLVARO
No.
ÁNGELA
Solo esperé esa respuesta
para hacer esta acción: Luisa,
dame un manto.
DON ÁLVARO
¿Pues qué intentas?
ÁNGELA
Irme donde eternamente
ni me hables ni me veas,
ni sepas de mí en tu vida,
ni por tu hermana me tengas.
ÁLVARO
Ángela...
DON JUAN
Señora...
LUISA
Tiene
veinte mil razones.
ÁNGELA
¡Suelta!
HERNANDO
Oigan, sobre mentirosa,
¿es también carantoñera?
ÁNGELA
Bien pude salir anoche
pues tuve abierta esa puerta,
pero no quise por no
hacer culpa la inocencia:
agora que satisfecho
estás, me he de ir, porque vea
el mundo que no ha de estar
mi honrada altivez sujeta
al accidente de que
a verme tu dama venga
y tras ella su galán,
para que después la creas
a ella más que a mí.
DON JUAN
Al fin, todo
es contra mí.
DON ÁLVARO
Considera
que estás loca, por tu vida.
ÁNGELA
Si lo estoy, yo estaré cuerda;
tráeme el manto.
DON ÁLVARO
No le traigas:
decidle por vida vuestra,
don Juan, si puede excusar
una y otra diligencia.
DON JUAN
Señora, aunque el sentimiento
vuestro tanta razón tenga,
no desluzcáis una acción
tan noble, entendida y cuerda
como la que anoche hicisteis,
dando hoy segunda materia
a la presunción; mirad
que aún hay en casa quien pueda
dar ocasiones al vulgo,
que siempre imagina y piensa
lo peor; a su malicia
vuestra cordura desmienta.
ÁNGELA
¿Mandaislo vos?
DON JUAN
Yo, señora,
os lo suplico.
ÁNGELA
Pues sea
todo cuanto vos quisiereis,
porque con menos fineza
pudiera satisfacer
mal de mi vida la deuda,
si es que me ha dado la vida
quien darme la muerte intenta:
jamás en mis sentimientos
hablaré, y para que vea
don Álvaro, que remito
de una vez todas las quejas,
esta materia dejando,
hablaré de otra materia.
Ese herido caballero,
según los criados me cuentan,
curarse quiere en su casa,
a cuyo efecto se queda
vistiendo, habiendo mandado
tener una silla puesta.
Mira qué has de hacer, supuesto
que hoy por preso te le entregan
y él no sabe que lo está.
DON ÁLVARO
En aquesa duda mesma
estábamos discurriendo
don Juan, y yo.
HERNANDO
La postrera
apelación, fue, señora,
a ti.
ÁNGELA
¿Cómo?
HERNANDO
Como es fuerza
que no haya remedio si
tu ingenio no lo remedia.
ÁNGELA
¿Yo con qué puedo?
HERNANDO
Con que
algo de provecho mientas.
DON JUAN
¿Qué dices, loco?
ÁNGELA
Dejadle.
DON JUAN
¡Vive Dios, que si no viera...!
HERNANDO
Por eso ves.
DON JUAN
Pues advierte
que en nada que oigas te metas.
ÁNGELA
Si yo, como ese crïado
dice, gobernado hubiera
el lance, un modo buscara
con que ni alcance ni entienda
la justicia, ni él ni nadie,
si fue o no fue la pendencia
dentro o fuera de tu casa.
DON ÁLVARO
Sí, ¿pero de qué manera
eso puede conseguirse?
ÁNGELA
De una muy fácil, que es esta.
HERNANDO
¿No lo dije yo?
ÁNGELA
¿Él no está
en aquesa cuadra mesma
encerrado desde anoche?
¿No es esto así?
DON ÁLVARO
Sí.
ÁNGELA
Pues sea
de tantos inconvenientes
medio dejar... mas la puerta
abre.
DON JUAN
Y viene aquí.
ÁLVARO
No es bien,
don Juan, que a los dos nos vea,
porque su enojo y mis celos
hoy a empeñarnos no vuelvan.
DON JUAN
Retirémonos de aquí.
ÁNGELA
¿Y yo qué haré, si es que él quiera
irse?
DON ÁLVARO
Lo que habías pensado,
y a decirnos ibas.
ÁNGELA
Esa
es cosa para tratada
antes, don Álvaro, que hecha.
DON ÁLVARO
¿Tú no dices que te atreves
a hacer que ninguno entienda
lo que ha pasado?
ÁNGELA
Sí.
DON ÁLVARO
Pues
hazlo como te parezca,
que eso será lo mejor.
ÁNGELA
Pues con aquesa licencia,
retiraos y dejadme
a mí con él.
LOS DOS
Norabuena.
Vanse los dos y sale don Diego.
ÁNGELA
Mucho me huelgo, señor
don Diego, de que se sienta
tan alentado el esfuerzo
vuestro que a dejar se atreva
la cama.
DON DIEGO
Guardeos el cielo,
señora, mas no os parezca,
que es todo salud, que tiene
gran parte de conveniencia,
por no poneros en más
cuidados.
ÁNGELA
Hartos me cuesta
vuestra venida a mi casa;
pero con todo eso, en ella
procuráramos serviros
hasta la convalecencia.
DON DIEGO
Yo lo creo, y aunque os debo
tantas honras y finezas,
deber quisiera una más.
ÁNGELA
¿Qué es?
DON DIEGO
Saber cómo concuerdan
dos acciones tan contrarias
como ver que quien me deja
por muerto, al instante mismo
cuide con tanta asistencia
de mi salud y mi vida.
ÁNGELA
Bien fácil es la respuesta:
entre el dejaros por muerto
de mi hermano la violencia,
y el querer matarme a mí
¿no pudo ser que mi lengua
dijese en una palabra
como vos por Beatriz bella
vinisteis, y no por mí?
DON DIEGO
Sí.
ÁNGELA
Luego con eso queda
respondido cómo pudo,
cuando imaginó su ofensa,
daros muerte, y vida luego
que supo que no lo era.
DON DIEGO
Yo me doy por respondido,
y vos me daréis licencia
para que tome esa silla.
ÁNGELA
Yo pedíroslo quisiera,
para atreverme a ofreceros
de sangría esa joyuela.
DON DIEGO
¿No es la que yo a Beatriz traje?
ÁNGELA
Sí.
DON DIEGO
¿Qué os obliga a volverla?
Quedaos con ella.
ÁNGELA
Eso no,
que son cosas muy diversas
cuando los lances se pasan
de las burlas a las veras.
En una galantería
puedo incurrir sin que sea
nunca del desembarazo
el interés consecuencia.
DON DIEGO
Pues dádsela a esa criada.
ÁNGELA
Tampoco.
LUISA
¿Cómo no? venga.
ÁNGELA
Tomadla, pues, y id con Dios,
ved que la silla os espera.
DON DIEGO
Guardeos el cielo mil años.
Échasela en el sombrero, vase, y salen Hernando, don Álvaro y don Juan.
HERNANDO
¡Vive Cristo, que le deja
ir!
DON ÁLVARO
Ángela, pues ¿qué has hecho?
ÁNGELA
Aguarda, no le detengas.
DON JUAN
¿Cómo no?
ÁNGELA
No vais tras él.
HERNANDO
Pues eso yo me lo hiciera:
¿esta es toda la maraña
que esperábamos?
DON ÁLVARO
¿No echas
de ver que yo he de entregarle?
ÁNGELA
Sí.
DON ÁLVARO
¿Pues qué trazas?
DON JUAN
¿Qué intentas?
ÁNGELA
Que se vaya.
HERNANDO
Ya se va.
ÁNGELA
Pues con eso se remedia,
y no se averigua nada.
DON ÁLVARO
Sí, ¿pero no consideras,
que yo he de dar cuenta dél?
ÁNGELA
Eso páguelo la hacienda
y no la reputación,
andando ahora tras necias
disculpas; y pues que no
te han de cortar la cabeza,
bien está fuera de casa
y lo que viniere venga.
DON JUAN
La resolución ha sido
bizarra, no sé si cuerda.
HERNANDO
Ni cuerda a mí, ni bizarra
me parece.
DON JUAN
¿Que no quieras
callar?
HERNANDO
Pues ¡cuerpo de Dios!
¿Quién ha de tener paciencia
para esperar un gran lance
y salir con tanta flema
con soltar un preso, cosa
que cualquier dama le suelta?
DON JUAN
No seas desvergonzado.
HERNANDO
Cuando el equivoco entiendas,
pasará por porquería
pero no por desvergüenza.
DON JUAN
¡Vive Dios que si no callas
que te rompa la cabeza!
Dale de cabezadas, y descalábrale.
HERNANDO
Ya, aunque calle, está, señor,
hecha aquesa diligencia;
¡ay que me ha muerto!
DON ÁLVARO
Don Juan
¿qué habéis hecho?
DON JUAN
La impaciencia
de haberle dicho mil veces
que calle, y que no se meta
en nada, me ha ocasionado
a hacer acción tan grosera.
Perdonad, señora.
HERNANDO
¿Es
la descalabrada ella?
Yo solo soy el que tengo
de perdonar.
ÁNGELA
Llega, llega,
atarete aqueste lienzo
hasta que a curarte vengan.
Átale un lienzo.
DON JUAN
Yo iré a llamar quien, pues no hay
otro crïado más cerca.
DON ÁLVARO
Yo pienso que he de tener
bálsamo en una naveta
de mi escritorio.
LUISA
No es nada
para tantas diligencias.
HERNANDO
Sí es, y muchísimo; toda
la comisura está abierta
hasta el mismo pericráneo.
Sale el alguacil y escribano.
ALGUACIL
Dadnos, señora, licencia,
que aquel hombre que quedó
herido anoche, quisiera
tomar su declaración
si acaso está para hacerla.
ÁNGELA
Sí estará, pues que sin ser
posible que le detengan
nuestros ruegos se ha vestido,
y agora salirse intenta
de casa.
Concómese Hernando.
HERNANDO
Mujer, ¿qué dices?
ALGUACIL
Muy bueno por cierto fuera,
que hombre que por una muerte
le dejó la piedad nuestra
preso aquí, de aquí faltara.
HERNANDO
(¿Que sean tan necios que crean
lo que dice esta señora?
No deben de conocerla.)
ALGUACIL
Supuesto que estáis mejor,
ir a la cárcel es fuerza.
ESCRIBANO
Vamos, que allá tomaremos
la declaración.
HERNANDO
Adviertan
vuesas mercedes, que yo
no soy.
ALGUACIL
No se nos defienda.
HERNANDO
¿Quién...
ALGUACIL
Bueno está, vamos presto.
HERNANDO
...mata a nadie?
ALGUACIL
¡Resistencia!
HERNANDO
¿Qué es resistencia?
ALGUACIL
Ande, acabe.
HERNANDO
Cielos, ¿rota la cabeza,
y preso por una muerte?
Llévanle, y sale don Juan y don Álvaro.
DON JUAN
Ya hay quien le cure allí fuera.
DON ÁLVARO
Y ya el bálsamo esta aquí.
DON JUAN
Mas ¿qué novedad es esta?
DON ÁLVARO
¿Qué ha sido esto?
ÁNGELA
Haber sacado
de otro acaso otra cautela:
los que por el preso vienen
a Hernando por él se llevan,
con que se asegura todo
pues ya no hay riesgo que temas.
DON JUAN
Vamos tras él, para hacer
en su abono diligencias.
DON ÁLVARO
Yo iré, vos no vais, porqué
ser criado vuestro no entiendan,
y no haberlo dicho anoche,
despierte alguna sospecha
contra vos. ¿Dónde he de hallaros
luego?
DON JUAN
A dar iré una vuelta
a mi posada, porqué
estar con cuidado es fuerza,
pues desde anoche no he vuelto.
DON ÁLVARO
¿Dónde es?
DON JUAN
En la calle mesma
del Carmen, en una esquina
que tiene enfrente dos rejas.
DON ÁLVARO
A Dios.
Vase.
DON JUAN
A Dios. Vos, señora,
¿qué me mandáis?
ÁNGELA
Si yo hubiera
de suplicaros hoy algo,
solo, señor don Juan, fuera,
que la prisión perdonéis
del crïado, pues es fuerza,
que él no peligre en acción
que fue en sus principios vuestra,
y en sabiendo que la muerte
fue de un ladrón y en defensa
de su vida, han de librarle.
DON JUAN
De su prisión no me pesa
tanto ya porque peligre
como porque me detenga.
ÁNGELA
¿Luego tan presto pensáis
volveros?
DON JUAN
No estar quisiera
en la corte sola una hora.
ÁNGELA
¿A qué vinisteis a ella?
DON JUAN
A una pretensión.
ÁNGELA
No suelen
conseguirse tan apriesa.
DON JUAN
Sí hacen, cuando la esperanza
que se tiene es no tenerla.
ÁNGELA
¿Tan dificultoso ha sido?
DON JUAN
Sí, por ser tan fácil.
ÁNGELA
Esa
más parece enigma que
pretensión.
DON JUAN
Cuando lo sea
bien se deja a entender.
ÁNGELA
¿Cómo?
DON JUAN
Como en sabiendo que era
mi pretensión una dama,
que vine a Madrid por verla
y está enamorada de otro,
es llana la consecuencia
de que será, por ser fácil,
dificultoso quererla.
ÁNGELA
Decís bien; pero quizá
os engañan las sospechas.
DON JUAN
Sospechas en la mudanza
de mujer siempre son ciertas,
y ansí pienso irme mañana
donde las cure la ausencia.
ÁNGELA
Id con Dios.
DON JUAN
Guardeos el cielo.
Vase.
ÁNGELA
¡Ay Luisa, yo quedo muerta!
LUISA
¿De qué, señora?
ÁNGELA
No sé
como te diga mi lengua
cuánto me ha pesado oír
que haya de irse tan apriesa
don Juan.
LUISA
¿Qué te va a ti en eso?
ÁNGELA
¡Ay Luisa, que eres muy necia!
Vame la vida y el alma,
que agradecida quisiera
pagarle con alma y vida,
y ansí pues dijo las señas
de su casa, ven conmigo,
que no faltarán cautelas
que le obliguen a quedarse,
o a lo menos le detengan
en Madrid aquestos días,
hasta dar tiempo en que pueda
esta pasión declararse;
tu ayuda, ingenio, me presta,
que pues la vida le debo
será de quien soy bajeza
el permitir que se vaya
sin que le pague la deuda.
Vanse, y salen Inés y Beatriz.
INÉS
¿De qué estas triste, señora?
BEATRIZ
¿No te he contado (¡ay de mí!)
el suceso de ayer?
INÉS
Sí,
¿pero qué sientes ahora?
BEATRIZ
Dos cosas; es la primera,
que se diga que don Diego
está por mi herido; y luego,
que aunque satisfacer quiera
a don Álvaro de que
fue mi desdén quien causase
que en su casa me buscase
no presumo que podré
desvanecer sus recelos,
porque al oírme, imagino,
que con unos celos vino
y volvió con otros celos.
Pues ya que los de su honor
pudo asegurar, no dudo,
que los de su amor no pudo.
INÉS
¿De suerte que tu temor
es que don Álvaro esté
celoso agora de ti
y de don Diego?
BEATRIZ
Es ansí.
INÉS
Pues cuidado no te dé,
que por eso los desvelos
cesen de tu amor fiel:
¡maldito de Dios aquel
que no quiere más con celos!
BEATRIZ
¿Cómo los suyos podrán
desvelarse? ¡El juicio pierdo!
INÉS
¿De qué piensas que me acuerdo
ahora?
BEATRIZ
¿De qué?
INÉS
De un don Juan
que allá en Sevilla se vio
un tiempo favorecido
y ya en cenizas de olvido
vuela su amor.
BEATRIZ
Eso no
quiero que pienses de mí;
porque no soy yo mujer
que he de dejar de querer
lo que quise.
INÉS
Si es así,
¿cómo, habiéndole querido,
estás de otro amor hablando?
BEATRIZ
Como a don Juan quise cuando
creí que fuera mi marido;
hoy que ha de serlo prevengo
don Álvaro; y siendo así,
aquel mismo amor que allí
tuve es el que ahora tengo.
INÉS
Sí, mas si a escoger te dieran
en don Álvaro y don Juan
para marido o galán
al uno, ¿a cuál escogieran
tus amorosos empleos?
BEATRIZ
Yo confieso que eligiera
a don Juan, que fue primera
elección de mis deseos;
mas ya imposible, he de hacer
que sea otro amor más feliz.
INÉS
¡Ay del ausente!
Salen Ángela y Luisa con mantos.
ÁNGELA
Beatriz.
BEATRIZ
¿Qué es esto que llego a ver,
amiga? ¿Pues como así,
sin avisar, se entra en casa
el bien?
ÁNGELA
Oye lo que pasa:
sabrás que no es (¡ay de mí!)
fineza de tu amistad,
sino venir, Beatriz bella,
a valerme de ti y della.
BEATRIZ
Ya sabes mi voluntad.
ÁNGELA
Yo he menester que tú a Luisa
un vestido tuyo des,
y tú a mí uno tuyo, Inés;
luego mi temor te avisa
que si vienen a buscarme
de mi casa, has de decir
que entonces me acabo de ir.
BEATRIZ
Yo lo haré, pero admirarme
de oírte es fuerza; di, ¿qué ha habido?
ÁNGELA
¡Ay, amiga!, no lo sé
pero yo te lo diré
mientras sacas tú el vestido.
En el empeño (¡ay de mí!)
que sabes quedé, mi hermano
a don Diego hirió, y tirano
quiso darme muerte a mí.
Un caballero, que había,
de otra fortuna arrojado,
en aquel punto llegado,
resistió la muerte mía
de suerte que en tan cruel
lance, bizarro y prudente,
cuerdo, restado y valiente,
hoy estoy viva por él.
He sabido que se parte
de Madrid; y no quisiera
que sin hablarle se fuera,
haciendo yo de mi parte
con él alguna fineza,
y así disfrazada quiero
hablarle, Beatriz, primero,
y ver si la sutileza
de las prevenciones mías,
pueden con lo que pensé,
o que no se vaya o que
se detenga aquí unos días,
pues en tanto podrá ser
que tenga ocasión mi amor
para explicarse mejor,
de cuya industria he de hacer
tercera una dama bella
que a Madrid buscando viene,
por lo cual ya me conviene
descomponerle con ella;
y para que disfrazada
no me pueda conocer,
Luisa la dama ha de hacer
y yo he de hacer la criada.
BEATRIZ
Pensé que había sucedido
acerca de nuestro error
otra novedad mayor.
ÁNGELA
No amiga, esto solo ha sido
lo que me trae a tu casa.
BEATRIZ
Pues entra y escogerás,
Luisa, el vestido que más
te agrade.
ÁNGELA
Fortuna, escasa
de favores para mí,
amor y yo te buscamos.
LUISA
Guárdate, don Juan, que vamos
Ángela y yo contra ti.
Vanse.
BEATRIZ
¿Quien será este caballero
que tanto Ángela desea
hablar?
INÉS
Quien quiera que sea
hace bien, si considero
que estar debe agradecida
una mujer a quien da
seis reales; pues ¿qué será
todo el gasto de la vida?
Mas volviendo a aquel pasado
discurso, al fin, ¿ya espiró
don Juan?
BEATRIZ
No despiertes, no
cenizas de un bien pasado,
que ardiendo todavía están;
y queda, Inés, advertida,
que te mando que en tu vida
no me nombres a don Juan.
Vanse, y sale don Juan.
DON JUAN
¡Qué bien acompañado
un infeliz está con su cuidado!
Por no verme un momento
sin él, no he de salir deste aposento;
perdone la grandeza
de Madrid, que primero es mi tristeza,
y así con ella a solas vivir quiero,
en tanto que ausentarme...
Salen Ángela y Luisa con mantos y vestidos diferentes.
LUISA
Caballero,
si una mujer...
ÁNGELA
Y aun dos...
DON JUAN
¡Grave tristeza!
LUISA
...siempre halló su sagrado en la nobleza,
permitid que lo sea vuestra casa
mientras por esa calle un hombre pasa,
porque me va la vida
en no ser conocida.
DON JUAN
Sosegaos, señora,
y creed que estáis segura por ahora,
no siendo la primera
vez que me empeñe yo por quien no quiera.
ÁNGELA
Y como que se ve que en vos no es nuevo.
DON JUAN
Pues no porque a ninguna se lo debo...
reportaos, nadie os sigue.
LUISA
Yo estoy muerta.
ÁNGELA
Yo no, mas desahuciada sí.
LUISA
Esa puerta
cerrad.
DON JUAN
Ya está cerrada,
y pues vuelvo a decir que asegurada
podréis estar, si acaso es permitido,
que me digáis vuestro suceso os pido,
para que sepa puntual y atento
en qué os puedo servir.
LUISA
Estadme atento,
pero con condición que descubrirme
no habéis, ni conocerme, ni seguirme.
Yo soy... pero no es posible
deciros mi nombre; basta
para lo que he de contaros
saber que soy una dama
de algunas obligaciones,
si con esta confianza
puede decir que las tiene
quien muestra que no las guarda,
si bien las culpas de amor
son tan nobles, tan hidalgas,
que aunque es yerro cometerlas
es acierto confesarlas.
De amor, pues, la culpa es mía,
siendo de mi mal la causa
un caballero, que amante
sufrió de mí las templadas
iras de amor hasta que
el ruego, el llanto y el ansia
pudieron de mis favores
coronar sus esperanzas.
Apenas favorecido
se vio, cuando (¡ah suerte airada!)
trocó (¡ay hombres, quién os cree!)
las finezas en mudanzas.
Hace que se quita un guante.
ÁNGELA
(¿El guante te quitas? ¿Que
se conocen, no reparas,
por los pies y por las manos
los diablos y las criadas?)
LUISA
Dio ocasión a mis desdichas
una hermosura gallarda,
cuyo nombre... pero dadme
licencia de no nombrarla
porque no quiero tomar
tan ruin, tan civil venganza
como quitarla el honor,
aunque ella me quita el alma.
Súpelo, pedile celos,
¡qué mal hice!, que es usada
cosa el que ofende con obras
satisfacer con palabras.
Mas, en fin, como un celoso
todo es ardides y trazas,
las busqué para cogerle
dentro de su misma casa:
el medio fue un interés,
sobornando una criada
que a esconderme se atrevió
de su cuarto en una cuadra
con condición que no había
más de verla, sin hablarla,
a cuyo efecto, saliendo
de mi casa, disfrazada
como veis, entré en la suya,
donde escondida oí que hablaba
otra criada con ella,
diciendo tales palabras:
“Muy mal, señora, a don Juan
de Toledo su amor pagas,
pues debiéndole...
DON JUAN
(¿Qué escucho?)
LUISA
...tu beldad finezas tantas,
hoy en nuevo amor te empeñas.”
DON JUAN
Volved a decir, que estaba
divertido; ¿a quién nombró,
señora, aquesa criada?
ÁNGELA
(Ya va el pecador cayendo.)
LUISA
Si la memoria no engaña,
don Juan de Toledo dijo:
¿qué os admira?, ¿qué os espanta?
DON JUAN
Puede ser que algo me importe.
LUISA
No puede, si se repara
en la plática que a esta
siguió, pues della se saca
que este don Juan de Toledo
de quien hoy las dos hablaban
caballero es forastero,
pues prosiguió la criada:
“Qué seguro él en Sevilla
estará de tu mudanza.”
DON JUAN
Por donde vuestra voz piensa
que me asegura me mata.
LUISA
¿Pues esto a vos en qué puede
importaros?
DON JUAN
A mí en nada;
proseguid.
LUISA
Si os doy pesar,
¿para qué?
DON JUAN
Para que salga
de una duda.
LUISA
Yo lo he dicho
por solo honestar la causa
de mi dolor, pues ingrato
me olvida por quien le agravia.
DON JUAN
No os aflijáis, proseguid.
LUISA
En esto las dos hablaban,
cuando a la puerta llamaron.
Llaman dentro.
ÁNGELA
Y aun a aquesta también llaman.
LUISA
¡Ay de mí, si a mí me buscan!
DON JUAN
No temáis; a aquesa cuadra
os retirad, y creed
que muera en vuestra demanda.
ÁNGELA
¿No responder no es mejor?
DON JUAN
No, que oyendo que aquí se habla,
parecerá cobardía
o cuidado. Entrad, ¿qué aguarda
vuestro temor?
LUISA
Ven. (Señora,
¿qué dices de la maraña?)
ÁNGELA
(Que has entrado bien en ella;
quiera amor que con bien salgas.)
Retíranse junto al paño.
DON JUAN
¿Quién es?
Llama a la puerta recio don Álvaro.
DON ÁLVARO
Yo, don Juan.
ÁNGELA
¡Ay triste!
¡Mi hermano!
LUISA
Oye, mira y calla.
DON JUAN
Don Álvaro, ¿qué hay de nuevo?
DON ÁLVARO
¿No ha llegado Hernando a casa?
DON JUAN
¿Hernando? ¿Pues no está preso?
DON ÁLVARO
Sí, mas oíd lo que pasa:
tras él a la cárcel fui
y hablando al juez de la causa
le dije cómo a aquel hombre
quisieron quitar la capa
a mis umbrales anoche,
en cuya defensa se halla
tan alentado que deja
muerto uno de una estocada.
Contele que salió herido
y que entrándole en mi casa
le curé en ella y le tuve
preso, de donde le sacan
con gran riesgo de su vida.
Él desto informado, manda
que me le entreguen segunda
vez, debajo de fianza,
porque se cure, y esté
de manifiesto; a esta causa
pensé que hubiera llegado,
mas tomándole quedaban
su declaración, y ansí,
por eso sin duda tarda.
DON JUAN
Mucho, don Álvaro, estimo
tan gran diligencia.
DON ÁLVARO
En nada
os sirvo, pues yo soy más
interesado en la instancia
de su libertad, que vos,
pues con esa se repara
no echar menos a don Diego;
con cuya ausencia se salva
el decoro de Beatriz
y el engaño de mi hermana.
Sale Hernando empañada la cabeza.
HERNANDO
A pensar que hablabais de esa
mujer, ¡vive Dios, no entrara,
aunque fuera el paraíso
terrenal aquesta estancia!
DON JUAN
Seas, Hernando, bienvenido.
HERNANDO
No te me acerques, aparta,
que si vengo es solo a darte
cuenta de tu ropa blanca,
tu dinero y tus vestidos
y pasarme luego a Francia.
DON JUAN
¿Por qué?
HERNANDO
Porque estar no quiero
con amo que descalabra
un hora, ni ha de tener
amigo que tenga hermana
el que yo desde hoy sirviere.
DON ÁLVARO
¿No miras que en confianza
estás mía?
HERNANDO
¿Eso qué importa?
Diga usted a aquella dama
que yo la beso las manos,
y que cuando por mí vayan
ponga otro en mi lugar,
que yo sé que no haré falta
si ella lo toma a su cargo.
DON JUAN
Hernando, el enojo basta.
DON ÁLVARO
¡Ea, Hernando, por tu vida!
HERNANDO
No sé qué tienen de damas
los amos.
DON JUAN
¿Cómo?
HERNANDO
Se quieren
más cuando más mal nos tratan.
DON JUAN
Yo no he menester con vos
cumplimientos. Una dama
en ese aposento está;
lugar me dad para hablarla.
DON ÁLVARO
¿Tan presto tenéis empleo?
Mas notable es mi ignorancia,
habiéndome dicho anoche
que habíais venido a buscarla.
DON JUAN
Pues no es ella por quien vine,
y antes hablándome estaba
de mí y della, sin saber
ni de quién ni con quién habla.
DON ÁLVARO
¿Pues cómo aquí vino?
DON JUAN
Huyendo.
DON ÁLVARO
¿De quién?
DON JUAN
No sé.
DON ÁLVARO
Ella es extraña
novela, si no es tramoya
de algunas mujeres que andan
embistiendo a forasteros.
DON JUAN
Algo me habéis dicho para
que haga reparo en algunas
bien notables circunstancias.
Ahora bien, idos con Dios,
que yo con esa palabra
sola quedo prevenido.
DON ÁLVARO
Ved si será de importancia
que yo en la calle os espere.
DON JUAN
No, pero en alguna casa
podéis estar escondido
y seguirla cuando salga,
que yo deseo saber
quién es, y he de asegurarla
no siguiéndola yo.
DON ÁLVARO
Pues
fiad de mí lo que me encarga
vuestro cuidado, y a Dios.
Vase.
HERNANDO
Dígale usted a su hermana
que estoy muy agradecido.
DON JUAN
¡Qué es esto que por mí pasa!
¡Vive Dios que aquí hay tramoya,
y que tengo de apurarla!
HERNANDO
¿Todavía, señor, duran
esas sombras y fantasmas?
DON JUAN
Ya se fue, salir podéis.
Hablando con ellas.
HERNANDO
¿Estás loco? ¿Con quién hablas?
Salen Luisa y Ángela tapadas.
LUISA
Con ese seguro salgo.
HERNANDO
¡Cuerpo de tal!, ¿esto estaba
escondido?
LUISA
¿Quién era ese
caballero que os buscaba?
DON JUAN
Un amigo, proseguid
la historia que comenzada
dejasteis.
LUISA
No hay para qué,
supuesto que lo que falta
no es más de que quien llamó
era de mi mal la causa,
que apenas le vi entrar cuando
llena de celosa rabia
salí haciendo mil locuras,
hasta que desesperada
tomé la puerta y viniendo
por esa calle, pasaba
un hombre que allí, sin duda,
si me conoce me mata.
Entreme aquí huyendo, y puesto
que ya estoy asegurada
de que no me conociese,
dad licencia que me vaya.
DON JUAN
Eso no, que siendo yo
de quien vos decís que hablaban,
según el nombre y las señas,
esa dama y su criada,
no tengo de persuadirme
a que esto el acaso lo haya
dispuesto así, sino que
vos venís con otra causa,
y así, he de saber quién sois.
LUISA
No lo intentéis, que palabra
os doy que en otra ocasión
lo sepáis.
HERNANDO
¿Y usted no habla?
ÁNGELA
Sí hablo, mas no con lacayos;
pero diga, ¿por qué causa
ha estado preso y herido
usted?
HERNANDO
¡Ahí es que no es nada!
Diez capeadores quisieron
quitarme anoche la capa,
yendo solo.
ÁNGELA
¿Yendo solo?
HERNANDO
Sí, mi amo es Juan de buen alma:
en una casa se entró
mientras que yo a cuchilladas
a uno maté, a tres herí
y seis volvieron la espalda...
Saqué aqueste piquetillo,
y quedé vivo, a Dios gracias.
ÁNGELA
Sí, ¿mas cómo le prendieron?
HERNANDO
Como una loca borracha
de una hermana de un amigo
(no más amigo de hermana)
dio el soplo.
ÁNGELA
Fue muy mal hecho.
HERNANDO
¡Y cómo que fue! No me haga
Dios más bien en esta vida
que matarla a bofetadas.
ÁNGELA
A quien esas gracias tiene
es justo.
HERNANDO
Y sobre estas gracias
es la mayor embustera,
y enredadora, que se halla
desde el Rastro hasta la Cruz
de Morán, con haber tantas;
pero ¿en qué estáis reparando?
Mírale con cuidado.
ÁNGELA
En que las señas me engañan,
o aquesa herida...
HERNANDO
¿Qué?
ÁNGELA
Más
parece calabazada
que otra cosa.
HERNANDO
¡Vive Dios,
que debe de ser hermana
de otro amigo de mi amo!
LUISA
Si todo aquesto no basta,
¿cuándo, don Juan, queréis ver
vuestros celos cara a cara?
Veréis si yo miento o no.
DON JUAN
Aunque esa en mi es excusada
diligencia, con todo eso,
he de tomar por venganza,
que ella sepa que lo sé,
y solo por esa causa
dilataré mi partida
cuanto quisiereis.
LUISA
Mañana,
o esotro os avisaré.
DON JUAN
¿Con quién?
LUISA
Con esa crïada.
ÁNGELA
Y yo vendré muy contenta,
que caballeros que amparan
las mujeres, es razón
que con la vida y el alma
igualmente los sirvamos
las criadas y las amas.
DON JUAN
Pues norabuena, id con Dios.
LUISA
A Dios, pues.
ÁNGELA
Albricias, alma,
que ya no se irá tan presto,
pues celos y amor le paran.
Vanse.
HERNANDO
¿Qué, las dejas ir sin verlas?
DON JUAN
No pienses que las dejara
a no saber que en la calle
don Álvaro las aguarda.
HERNANDO
Pues siendo así, no las sigo,
y en tanto veré si falta
algo de la alcoba.
DON JUAN
¿Estás
loco?
HERNANDO
¿Pues de eso te espantas?
Sabe que hay en Madrid
mujeres que por enaguas
se suelen puestas llevar
las sábanas de la cama.
Vanse. Sale Luisa y Ángela.
LUISA
¿Si te habrán, señora, echado
menos en casa?
ÁNGELA
No habrán,
pues mi hermano con don Juan
y en la prisión del crïado
toda la mañana ha estado
divertido.
LUISA
En casa entremos
de Beatriz; destrocaremos
estos vestidos.
ÁNGELA
¿Qué error
no hará en sus fines amor
siendo en su principio extremos?
Vanse y sale don Álvaro.
DON ÁLVARO
Como aquesta dama cuando
de la posada salía,
vio que nadie la seguía,
su recelo asegurando,
ni temiendo ni dudando,
hasta esta calle ha venido
sin verme. ¿Quién habrá sido
mujer que (¡mas oh infeliz!)
en casa entra de Beatriz?
Y si agora en el vestido
reparo, ¡viven los cielos!,
que me acuerdo (¡dura estrella!)
de habérsele visto a ella.
¿Quién por ajenos desvelos
espía fue de sus celos
sino yo? Mas ¿qué esperáis
sentimientos, si no entráis
a apurar vuestro dolor
antes que pueda...
Sale don Pedro, viejo.
DON PEDRO
Señor
don Álvaro, ¿dónde vais?
DON ÁLVARO
Por esta calle venía,
y importándome llegar
a esotra (¡ay de mí!) pasar
por vuestra casa querría.
DON PEDRO
Id, pues, que no es cortesía
teneros, y más si amor
os lleva.
Vase.
DON ÁLVARO
¡Qué sin temor
me ha dejado en su portal!,
mas ¿cuándo no está el leal
en las manos del traidor?
Ya vuelve la esquina, y puedo
sin ningún temor subir
a su cuarto.
Vase, y sale Beatriz, Ángela y Luisa.
BEATRIZ
¿Si te vio
mi padre, Ángela, al salir?
ÁNGELA
No pudo, porque ya estaba
yo en tu cuarto cuando vi
que él bajaba. Luisa, entra,
mudarémonos.
BEATRIZ
Y en fin,
¿cómo sucedió?
ÁNGELA
Bien, pues
por lo menos conseguí
que por ahora no se vaya.
BEATRIZ
¿Cómo?
ÁNGELA
Solo con decir
muchos males de una dama
que en toda mi vida vi
ni sé quién es.
Sale Inés alborotada.
INÉS
¡Ay señora,
tu hermano!
LUISA
¿Dónde hemos de ir
que no nos siga este hermano?
ÁNGELA
Pues no es justo, estando así,
que me vea. No le digas
que aquí estoy.
Escóndese, y sale don Álvaro.
DON ÁLVARO
Aunque infeliz
mi deseo, venga siempre
trayendo un pesar tras sí,
porque con menos padrino
no se atreviera a venir
a vuestra casa, escuchadme.
BEATRIZ
¿Cómo, don Álvaro, ansí
a estas horas en mi casa
entráis?
DON ÁLVARO
Cómo no hay en mí
arbitrio para atender,
ni acción para discurrir.
¿Tan presto os habéis mudado
el vestido?
BEATRIZ
¿Qué decís?
DON ÁLVARO
Que os vengo, Beatriz, siguiendo
desde que os miré salir
de una casa.
BEATRIZ
No paséis
adelante, que venís
muy ciego y desalumbrado.
DON ÁLVARO
¿Pues qué se hicieron, decid,
dos mujeres que yo entrar
ahora en vuestra casa vi?
BEATRIZ
Pasarían, como tiene
mi casa, si lo advertís,
otra puerta, a esotra calle.
DON ÁLVARO
Esa respuesta le di
yo a vuestro padre, y no es bien,
que áspid del viento sutil,
habiéndola yo engendrado,
se me vuelva contra mí;
y vuestro el vestido y vuestra
la casa, y haber, en fin,
quitadoosle tan aprisa,
da mucho que presumir,
y he de saber, ¡vive Dios!,
a qué, con acción tan vil,
una mujer como vos
se atreve tapada a ir
a una casa de posadas
a buscar con necio ardid
a un forastero.
Ángela sale al paño.
ÁNGELA
Esto está
peor que estaba, pues a mí,
como yo hice, ha de culparme
para disculparse a sí.
BEATRIZ
¿Estáis loco?
DON ÁLVARO
Loco estoy.
ÁNGELA
Ingenio, un modo elegid,
que a mi hermano desengañe
y desempeñe a Beatriz.
BEATRIZ
A tan necia grosería
como imaginar de mí
tan baja acción, solo puedo
responderos...
DON ÁLVARO
¿Cómo?
Pasan Luisa y Ángela por delante muy aprisa.
ÁNGELA
Ansí:
meteos vos en lo que os toca,
y no más.
Vanse.
BEATRIZ
Bien advertís,
don Álvaro, si era yo
la dama que vos seguís;
y con esto, idos con Dios,
que es hora ya de venir
mi padre.
DON ÁLVARO
Decís muy bien.
Hace que se va.
BEATRIZ
Pues no ha de ser por ahí,
sino por esotra puerta.
DON ÁLVARO
Esto, cielos, ¿es sentir?
BEATRIZ
¿Esto amar?
Ángela junto a la puerta.
ÁNGELA
¿Esto querer?
TODOS
Fuego de Dios en el querer bien.
Amén, amén.

Jornada III

Salen don Juan y Hernando.
DON JUAN
Con deseo de saber
la confusión de mi pecho
la diligencia que ha hecho
don Álvaro, vengo a ver
si ya a su casa volvió:
llega, y si está en ella, di,
Hernando, que estoy aquí.
HERNANDO
¿Quién ha de llegar?
DON JUAN
Tú.
HERNANDO
¿Yo
a esa casa? No lo creas.
DON JUAN
¿Por qué?
HERNANDO
Porque no hay pollino
que no rehuse el camino
donde tropezó.
DON JUAN
No seas
cansado, mira que a mí
no está bien llegar...
HERNANDO
Ni a mí.
DON JUAN
...porque no lo he de intentar,
mientras don Álvaro ahí
no estuviere.
HERNANDO
Yo no quiero
entrar, que es más que eso, aunque
san Álvaro mismo esté;
mas si me dices primero,
por qué no entras tú, iré yo.
DON JUAN
A su hermana di la vida
y está tan agradecida
a aquella ocasión, que no
quiero que algún pensamiento
haga en mí, al verla tan bella,
deseo de lo que en ella
es solo agradecimiento;
y si la verdad dijera...
mas en esto hablar no quiero;
en esa esquina te espero,
llega y llama.
HERNANDO
No quisiera
decir de cuán mala gana
voy.
Da golpes Hernando.
LUISA
Dentro
¿Quién es?
HERNANDO
Yo soy.
LUISA
¿Quién, digo?
HERNANDO
El crïado del amigo
del hermano de la hermana.
Sale Luisa.
LUISA
Señor Hernando, usted sea
muchas veces bienvenido:
¿cómo en la cárcel le ha ido?
HERNANDO
Muy bien.
LUISA
¿Quién habrá que crea
que sano y libre le veo?
Direlo a mi ama, que ha estado
con muchísimo cuidado
de su prisión.
HERNANDO
Yo lo creo,
según la experiencia tengo.
Llama Luisa recio.
LUISA
¡Señora!
HERNANDO
No hay para qué
llamarla, porque me iré
sin decirla a lo que vengo.
Sale doña Ángela.
ÁNGELA
¿Quién a la puerta llamaba,
Luisa, que te obliga agora
a dar voces?
HERNANDO
Yo, señora,
que a don Álvaro buscaba,
porque mi amo quería
hablarle.
ÁNGELA
¡Oh señor Hernando,
cuánto estaba deseando
verle!
HERNANDO
¿Tanta cortesía
para un humilde crïado?
ÁNGELA
Criado de un hombre a quien yo
debo el vivir, ¿por qué no?
HERNANDO
Eso fuera bien mirado
cuando la justicia vino.
ÁNGELA
Entonces no pude yo
excusarlo.
HERNANDO
¿Cómo no?
ÁNGELA
Como mi ingenio previno
enmendar con esa acción
todo el suceso pasado.
HERNANDO
Lástima es no haberme ahorcado,
habiendo tanta razón.
ÁNGELA
Otra es la que yo temía
cuando eso hubiera de ser.
HERNANDO
¿Otra?
ÁNGELA
Sí.
HERNANDO
¿Cuál es?
ÁNGELA
Saber
que fue vuestra valentía
quien mató uno, tres hirió,
y seis se fueron huyendo,
cuando vuestro amo corriendo
en una casa se entró,
mientras que vos, como un Cid,
cumplíais su obligación.
HERNANDO
¡Demonios, vive Dios, son
las mujeres de Madrid!
ÁNGELA
Pero hablaros no quisiera
en cosas pasadas ya.
¿Adónde don Juan está?
HERNANDO
En esa esquina me espera.
ÁNGELA
Pues decidle que mi hermano
no está aquí; y si ha de esperalle,
sea en casa y no en la calle.
HERNANDO
Yo se lo diré, aunque en vano
querrá su puntualidad
usar de esa cortesía.
ÁNGELA
¿Por qué?
HERNANDO
Porque es todavía
caballero de ciudad.
ÁNGELA
Para que no lo sea, y no
pueda excusarse de entrar
si a mi hermano ha de esperar,
ve tú, Luisa, y di que yo
le suplico no se esté
en la calle, y mientras viene,
dime tú, ¿en qué estado tiene
su partida?
HERNANDO
Nada sé.
ÁNGELA
¿Ha visto la celebrada
dama que vino buscando?
HERNANDO
No sé nada.
ÁNGELA
Dime, ¿cuándo
la viste tú?
HERNANDO
No sé nada.
ÁNGELA
¿En qué estado están sus celos?
HERNANDO
Ya he dicho que nada sé.
ÁNGELA
Pues yo sí, y te lo diré
a ti: todos sus desvelos
nacieron de averiguar
que ella otro galán tenía.
HERNANDO
¡Hay tan gran bellaquería!
Solo eso me hiciera hablar.
¿Otro galán, ¡vive Dios!
hay quien diga?
ÁNGELA
¿Qué te admira?
HERNANDO
El ser tan grande mentira,
que no eran sino otros dos.
ÁNGELA
(Ya viene; ¿cómo haré, cielos,
que sin que mi honor se ofenda,
mis sentimientos entienda?)
Sale don Juan y Luisa.
DON JUAN
Ya que mis locos recelos
no se excusan de no entrar,
¿como haré que sus intentos
no entiendan mis sentimientos?
ÁNGELA
¡Qué vergüenza!
DON JUAN
¡Qué pesar!
Una crïada, señora,
me dijo que me llamáis,
y a ver vengo qué mandáis.
ÁNGELA
Suplicaros que si agora
habéis, señor, de esperar
a don Álvaro, no sea
en la calle.
DON JUAN
Quien desea
solo servir y agradar,
muchas veces no se atreve
a usar de todo el favor.
ÁNGELA
Eso es extrañar, señor,
el que aquesta casa os debe,
fuera de que otro cuidado
esta licencia me dio.
DON JUAN
¿Cuidado?
ÁNGELA
Sí, porque yo,
don Juan, habiendo escuchado
de vos mismo que unos celos
tan presto os hacen volver,
le he tenido de saber
en qué estado sus desvelos
están, y cuándo será
la partida.
DON JUAN
Mal podré,
porque uno ni otro no sé,
responderos.
ÁNGELA
Claro está,
que habrá mudado intención
aquella dama que Hernando
me estaba agora contando
que a veros fue.
HERNANDO
¡Hay tal traición!
DON JUAN
¿Siempre has de ser hablador?
HERNANDO
¿Luego crees que verdad sea?
Toda mi vida me vea
sin dinero y con amor
si la he hablado palabra.
ÁNGELA
¿Eso qué viene a importar?
HERNANDO
No te debes de acordar
que es amo que descalabra
por menos que eso.
ÁNGELA
Si yo
pensara que esto pudiera
disgustar no lo dijera;
pero él, en fin, me contó
que una principal señora
a buscaros había ido.
DON JUAN
¿Nada callar has sabido?
HERNANDO
Oye mi disculpa ahora,
¿cómo pude yo decir,
que era principal persona
una pícara buscona
que solo debió de ir
a campar con su fortuna,
que otras llaman pecorea?
DON JUAN
¿Posible es que en ti no vea
acción ni palabra alguna
que no sea de hombre vil?
Amágale, y detiénele Ángela.
HERNANDO
Detente, no hay para qué
me descalabres, pues que
no tiene ya el alguacil
qué hacer en aquesta casa;
y ansí poco habrá importado
que esté o no descalabrado.
ÁNGELA
Sabiendo, pues, lo que os pasa
con la dama de que hablamos
solo he querido saber
si la hemos de agradecer
un día más en que os sirvamos,
pues, a lo que él me contó,
promete finezas raras.
HERNANDO
¿Yo?
ÁNGELA
¿Si tú no lo contaras
pudiera saberlo yo?
DON JUAN
Claro es, no supo callar,
y agora padece muda...
HERNANDO
No me acuerdo, mas sin duda
yo lo debí de contar.
DON JUAN
...cuando yo por él no más
en Madrid me he detenido.
ÁNGELA
¿Y no por ella?
DON JUAN
No he sido
tan confïado jamás.
ÁNGELA
Pues bien, don Juan, podéis serlo
que en mérito conocido
defecto es no haberlo sido,
DON JUAN
¿Cómo?
ÁNGELA
Oíd, si queréis saberlo:
¿qué árbol, qué piedra, o qué planta
diera al enfermo salud
si negara la virtud
con que a esotras se adelanta?
Y de la misma manera
¿qué árbol, piedra o planta rara
no matara, si ostentara
la virtud que no tuviera?
Luego al hombre le conviene,
si es que perfecto ha de obrar,
ni la que tiene callar
ni decir la que no tiene,
conque igualmente culpado
en el mérito habrá sido
el que es sin él presumido
que con él desconfiado.
HERNANDO
Señor, ¿no lo entiendes?
DON JUAN
No,
vanos son mis pareceres.
HERNANDO
Ahora echo de ver que eres
más mentecato, que yo.
DON JUAN
En vuestra máxima fundo
mi temor, pues considero
en mí el error del primero
sin la razón del segundo.
HERNANDO
Pues os engañáis, que están
en vos muy de parte mía
gala, ingenio, bizarría,
nobleza...
Sale don Álvaro.
DON ÁLVARO
¿Ángela? ¿Don Juan?
LUISA
(Buen semblante trae.)
ÁNGELA
(¡Oh cuánto
temí si nos conoció!)
LUISA
(Bien haya quien inventó
taparse y morder el manto.)
DON ÁLVARO
¡Cuánto he estimado el hallaros
aquí!
DON JUAN
Viniendo yo ahora
a buscaros, mi señora
doña Ángela me ha mandado
que os espere.
DON ÁLVARO
Sabe bien
cuánto os estimo mi hermana,
y cuánto esta casa gana
con vos.
DON JUAN
¿Supisteis ya quién
era aquella dama?
DON ÁLVARO
No;
y aun importa que aquí esté
Ángela al contar lo que
con ella me sucedió.
ÁNGELA
Pues sepa yo lo que ha sido
si es que el efecto he de oír.
DON ÁLVARO
Don Juan me mandó seguir
dos mujeres.
ÁNGELA
¿Y qué ha habido?
DON ÁLVARO
Que al ir tras ellas, entraron
en casa de Beatriz bella.
ÁNGELA
¿De Beatriz?
DON ÁLVARO
Sí, y aun ser ella
mis temores sospecharon,
y más no habiendo caído
—como hay mil de una manera—,
hasta entonces de que era
suyo también el vestido,
con cuyo recelo entré
en su cuarto.
DON JUAN
Proseguid.
ÁNGELA
Y en fin, ¿era ella?
DON ÁLVARO
No, oíd;
como tan necio llegué
colérico y ofendido,
viendo el daño que causó,
de su aposento salió
la dama que había seguido
y con el manto en la boca...
DON JUAN
Raras cosas me contáis.
DON ÁLVARO
...dijo al pasar: “No os metáis
vos en más de lo que os toca.”
ÁNGELA
Dijo bien.
DON ÁLVARO
Conque forzoso
el no conocerla fue,
pues con Beatriz me quedé
disculpando lo celoso
que había estado; pero ella
quién es la dama dirá
y más a Ángela, si va,
don Juan, esta tarde a vella,
y a pagarla la visita,
a cuyo efecto he querido
que haya el suceso sabido.
DON JUAN
Será merced infinita
que quiera saber quién fue.
ÁNGELA
Pues de mi ingenio fiad
la diligencia, y pensad
que desde ahora lo sé.
DON JUAN
Haréis a un triste feliz.
Habla Ángela con Luisa.
ÁNGELA
Al punto iré; hoy has de ver
que otra vez me he de valer
de la casa de Beatriz,
pues un papel... pero ven,
que allá dentro lo sabrás.
LUISA
Gran maraña urdiendo vas,
¡quiera Dios que pare en bien!
Vanse las dos.
DON ÁLVARO
Don Juan, yo tengo esta tarde
qué hacer, seguro vais ya
de que mi hermana sabrá
quién ha sido. Dios os guarde.
DON JUAN
Hernando, ¿tú has entendido
algo desto que ha pasado?
HERNANDO
Diera ahora por ser letrado
el estar preso y herido.
DON JUAN
Salir de en cas de Beatriz,
y con su vestido quien
a verme fue muestra bien
cuánto es mi amor infeliz,
pues sabiendo que aquí estaba
haber enviado a buscarme
a quien pudiera contarme
que ella otro galán amaba,
y haberme ofrecido (¡ah cielos!)
que para darme venganza
de su olvido y su mudanza
me llevará a ver mis celos,
decirme es que en vano espera
mi amor su agrado, y que no
la busque.
HERNANDO
Escucha, que yo
lo entiendo de otra manera:
saber allá la criada
que con la tapada entró,
señor, que mi herida no
fue más que calabazada,
y tener acá cuidado
de cuándo te vas, y en fin,
saber todo el caso, sin
habérselo yo contado,
mucho da a entender que es ella
quien quiere descomponerte
con esotra, por quererte.
DON JUAN
Para eso de Beatriz bella
no se valiera.
HERNANDO
Es verdad;
pero quizá se valió
sin saber de quién, pues no
sabe de tu voluntad
más de que aquí enamorado
vienes, pero no de quién.
DON JUAN
Eso es querer tú también
haberte en salud curado
de lo que la has dicho.
HERNANDO
Dos
tinas de pez y alquitrán
me frían...
Sale Luisa tapada con un billete corriendo.
LUISA
Señor don Juan,
leed este papel y a Dios.
DON JUAN
Tenla, Hernando.
HERNANDO
¡Oye, cruel!
Ásela de un brazo.
LUISA
Si me tenéis, o seguís,
ved que nada conseguís
de lo que dice el papel.
DON JUAN
Pues por si me está mejor
lo que él dice que no el veros,
será justo deteneros
hasta leerlo.
HERNANDO
Sí, señor.
DON JUAN
Lee.
Esto dice. Pues tan breve
plazo toma, he de apurar
adónde puede llegar
lo que a este engaño la mueve.
Déjala, Hernando; id con Dios.
Suéltala.
LUISA
Yo estaba de tal manera
que aun con el diablo me fuera.
Vase.
DON JUAN
¿Qué es aquesto que a los dos
nos sucede?
HERNANDO
¿Yo qué sé?
DON JUAN
¡Quién pudiera irse acordando!
Paséanse.
HERNANDO
Velo tú recopilando
que yo te responderé.
DON JUAN
De una dama los amores
en Madrid me hacen entrar.
HERNANDO
Donde es lo mismo buscar
damas que hallar capeadores.
DON JUAN
A uno en el primer combate
maté, encontrándole airado.
HERNANDO
¿Con quién un enamorado
hallará que no le mate?
DON JUAN
Entré en trance tan urgente,
donde un amigo le allana.
HERNANDO
Y este tal tenía una hermana
en gramática sapiente.
DON JUAN
A ella le di vida yo,
en un error convencida.
HERNANDO
Y maldita sea la vida
y el alma que tal le dio.
DON JUAN
Por mi su honor y su fama
lugar halló a la disculpa.
HERNANDO
Y vino a tener la culpa
nuestra susodicha dama.
DON JUAN
La justicia que llegó
buscándome por el ruido...
HERNANDO
...ser entonces otro herido
el homicida creyó.
DON JUAN
Tanto la hermana ingeniosa
lo fingió, que parecía...
HERNANDO
...que su hermano la tenía
para monja religiosa.
DON JUAN
Uno, en fin, y otro suceso
remedio en su industria halló.
HERNANDO
Tan fácil, como ser yo
el descalabrado y preso.
DON JUAN
Viome otra dama que ya
sé que de Beatriz se fía.
HERNANDO
Cualquier cardenal envía
su mula donde él no va.
DON JUAN
Esta con industria y arte
hoy desengañarme quiere.
HERNANDO
Y lo que allá sucediere
dirá la segunda parte.
DON JUAN
Ven, pues, conmigo, que yo
hoy tengo de saber; pero
¿no es aquel el caballero
a quien don Álvaro hirió?
HERNANDO
El mismo.
DON JUAN
Pues a un pesar
el rostro quiero volver;
el vendrá, no es bien hacer
que le vamos a buscar.
Vanse y sale don Diego.
DON DIEGO
Apenas convalecido
salgo de casa, ¡ay de mí!,
cuando el primero que aquí
encuentro el amigo ha sido
de don Álvaro. No sé
si empiece en él la esperanza
que traigo de mi venganza;
pero no, puesto que aunque
me hirió no son mis desvelos
atentos a aquel pesar,
pues no me toca vengar
la herida, sino los celos
que de don Álvaro tengo;
pues vi cuando oculto estaba
que a Beatriz enamoraba,
y así, en esta calle tengo
de hacer, si por ella pasa,
que vea que ni hay ni ha habido
quien valiente no haya sido
dentro de su misma casa.
Aunque si mejor advierto
muy distinto es pretender
reñir que satisfacer;
y así será lo más cierto
de otra manera buscalle;
y pues sé que no se aleja
deste umbral y desta reja,
esta noche he de matalle,
donde, si vengado quedo,
verá que al ser su homicida
puedo perdonar la vida
pero los celos no puedo.
Vase y salen doña Beatriz y Ángela.
BEATRIZ
Desperdicio es no hacer muchos
préstamos de amor a quien
tan puntualmente los paga.
ÁNGELA
No tienes que agradecer
puntualidad ni fineza,
Ángela, y más esta vez,
porque traigo muchas cosas
que hablar contigo.
BEATRIZ
Pues ven
al estrado.
ÁNGELA
No pasemos
de aquí, que aquí estamos bien,
que importa estar a la mira
de esa puerta.
BEATRIZ
Empieza pues.
ÁNGELA
¿A qué piensas que he venido
tan puntual? A saber
quién es (¡ay amiga mía!)
la dama tapada que
siguió mi hermano.
BEATRIZ
Pues eso
bien fácil es de entender:
yo se lo diré.
ÁNGELA
No quiero
que tan liberal estés
que andes traidora conmigo
por andar fina con él.
BEATRIZ
Dime, ¿qué le va a tu hermano
en saberlo?
ÁNGELA
Solo ser
cuidado de un grande amigo.
BEATRIZ
¿Y es el caballero a quien
me contaste que la vida
y el honor debes?
ÁNGELA
Él es.
BEATRIZ
Sin conocerle le estoy
agradecida, porqué
siendo yo, Ángela, la causa
de aquel tu disgusto, es bien
que corra por cuenta mía
haberte sacado dél.
ÁNGELA
Pues si agradecida estás,
ocasión tienes en que
mostrarlo; aquí me has de dar
licencia de hablar con él.
BEATRIZ
¿En mi casa? ¿Pues no adviertes
el inconveniente que es
mi padre?
ÁNGELA
Si esta visita
hubiera, Beatriz, de ser
públicamente en tu estrado,
entonces temieras bien;
pero tú en tu cuarto, amiga,
ni le has de oír ni has de ver,
que él ha de pensar que está
en cas de su dama.
BEATRIZ
Pues
¿cómo eso puede ser?
ÁNGELA
Como
le he escrito por un papel
que le traigo a ver sus celos.
BEATRIZ
¿Y cómo saldrás después
que no los vea?
ÁNGELA
Fingiendo
algún accidente a quien
echar la culpa, que yo
no pretendo más de que
crea que le hablo verdad
y asegurarle.
BEATRIZ
Está bien;
¿mas conocerte no temes?
ÁNGELA
No, porque no me ha de ver
la cara, que yo con manto
he de estar; pues yo también
forastera desta casa
para con él soy, y el ser
tan tarde ya, me asegura
más.
BEATRIZ
Aunque llego a temer
tu peligro y mi peligro,
te tengo de obedecer,
viéndote tan empeñada.
ÁNGELA
Yo sé que si tú le ves
me disculpes en amar
antes que en agradecer.
Sale Luisa.
LUISA
Señora.
ÁNGELA
Luisa, ¿qué hay?
LUISA
Ya está en el portal aquel
caballero.
ÁNGELA
Pues Beatriz,
vete tú a tu cuarto, y ten
cuenta de avisar si hubiere
novedad, y dile a Inés,
que en esotra parte el mismo
cuidado tenga.
BEATRIZ
Sí haré.
ÁNGELA
No dejes encender luces,
que presto se irá.
BEATRIZ
No sé
qué pesar llevo en el alma.
Vase.
ÁNGELA
Baja tú, Luisa, por él.
Va por él.
Cubrireme yo entretanto.
¿Quién, cielos, creyera, quién
que mi libre condición,
que mi soberbia altivez
se postrara?
Sale don Juan, Hernando y Luisa.
LUISA
Pisa quedo.
DON JUAN
Apenas muevo los pies,
no hagas ruido, Hernando.
HERNANDO
Menos
ruido hago que una mujer
recién venida a Madrid
sin tía ni madre.
ÁNGELA
¿Es
(amor, disfraza mi voz)
el señor don Juan?
DON JUAN
Y quien,
creyendo la voz que oye,
adora lo que no ve.
ÁNGELA
Perdonad el que no traigan
luces, que no puede ser,
a esta cuadra.
HERNANDO
¿Es el molino
de la pólvora?
ÁNGELA
No es
sino un aposento donde
la criada que os conté
me hizo ver mi desengaño,
y presto, don Juan, veréis
si os dije verdad o no,
viendo los vuestros también.
DON JUAN
Aunque dudé por entonces,
después acá no dudé,
que ya sé que desengaños
son muy fáciles de ver.
ÁNGELA
Una fortuna los dos
corremos: yo quiero bien
y no soy correspondida.
DON JUAN
Harta desdicha tenéis;
pero en mí ya no es amor
esta diligencia.
ÁNGELA
¿Qué es?
DON JUAN
Tema, porque no se quede
aquesta dama por quien
vine muy falsa conmigo,
pensando que yo no sé
sus traiciones.
ÁNGELA
¿Sin amor
se hacen (no lo he de creer)
por tema finezas?
DON JUAN
Sí.
HERNANDO
Y diga vuesa merced,
¿es la fámula por dicha,
que anoche con su ama fue?
LUISA
La misma.
HERNANDO
Muy enojado
estoy con vos.
LUISA
¿Y por qué?
HERNANDO
Porque fuisteis a decir
todo lo que yo os conté
de mi herida y mi prisión
a la hermana Ángela.
LUISA
¿Quién
es la hermana Ángela?
HERNANDO
Un alma
de Dios.
LUISA
Pues debió de ser
revelación.
HERNANDO
Es sin duda.
Han estado hablando don Juan y Ángela.
ÁNGELA
Bien, don Juan, se echa de ver,
pues que por tema venís,
que ya nuevo amor tenéis
con quien despicaros.
DON JUAN
¿Yo?
ÁNGELA
No importa que os declaréis,
que yo sé que cierta dama,
agradecida de haber
recibido en un empeño
de vos la vida, se ve
en términos de perderla
por vos.
DON JUAN
No discurro quién
pueda ser.
ÁNGELA
¿Queréis que yo
lo diga?
DON JUAN
Merced me haréis.
ÁNGELA
Pues sabed...
HERNANDO
Oigamos esto.
ÁNGELA
...que estando...
Sale Inés alborotada.
INÉS
Señora.
ÁNGELA
Inés,
¿qué hay de nuevo?
INÉS
Que tu hermano
entra en casa.
HERNANDO
¿Qué escuché?
Si hermana es también, ¿qué mucho
que sea embustera también?
DON JUAN
Si esta mujer escondida
viene sus celos a ver,
como yo, Hernando, los míos,
¿cómo así habla?
HERNANDO
No sé.
ÁNGELA
¡Ay de mí! Don Juan, forzoso
será que ahora os ausentéis,
que otro día habrá ocasión.
DON JUAN
En todo he de obedecer.
ÁNGELA
Llévale, Inés, por esotra
puerta.
Sale Beatriz asustada.
BEATRIZ
Los pasos detén.
Aparte
(por no descubrir quién soy,
crïada me fingiré
que Ángela me entenderá.)
Señora, tu padre.
HERNANDO
Bien,
¿padre y hermano tenemos?
DON JUAN
¿Quién será aquesta mujer
que en aquesta casa tiene
padre y hermano?
ÁNGELA
¡Crüel
fortuna! ¿Por esa puerta
salir no puede?
BEATRIZ
No.
ÁNGELA
Pues
ni por esotra tampoco.
DON JUAN
Pues decidme, ¿qué he de hacer?
HERNANDO
Pues que dos puertas no bastan
amar adonde haya tres.
BEATRIZ
Preciso será esconderle.
INÉS
En esta cuadra os meted.
DON JUAN
¿Quién se vio en igual empeño?
HERNANDO
Yo, sin qué ni para qué.
Escóndense los dos.
LUISA
No abráis ni hagáis ruido alguno.
BEATRIZ
Tú a traer unas luces ve.
Inés va por luces.
Un áspid tengo en el pecho.
ÁNGELA
Yo en la garganta un cordel.
Saca las luces.
INÉS
Aquí están las luces ya.
Sale don Pedro y don Álvaro.
DON PEDRO
Cuidadoso estoy de que
no habrá sabido Beatriz
ni pagar ni agradecer
festejos que a mi señora
doña Ángela debe.
DON ÁLVARO
Ved,
que viniendo yo por ella,
vuestro cuidado escuché,
y pienso que es por cogerme.
ÁNGELA
Tan igual en todo fue
su fineza a mi deseo,
que pienso, y con causa, que
estamos los dos iguales
en el empeño de haber
pagádonos las visitas
de una suerte.
BEATRIZ
Aparte.
(Verdad es,
pues me deja con el mismo
cuidado que la dejé.)
Sale Inés.
INÉS
Un caballero, señor,
por ti pregunta.
DON PEDRO
Saldré
allá, con vuestra licencia,
a hablarle.
Vase.
DON ÁLVARO
Vos la tenéis.
¿Oyes, Ángela?
Aparte a ella.
ÁNGELA
¿Qué dices?
DON ÁLVARO
Que allí te pongas a ver
si vienen, mientras yo hablo
con Beatriz, para saber
si se le pasó el enojo
de esta mañana.
ÁNGELA
Sí haré.
Sale al paño don Juan.
DON JUAN
Parece que no hablan ya.
HERNANDO
Entreabre la puerta, pues.
ÁLVARO
De aquel enojo, Beatriz
hermosa, con que os dejé
esta mañana ofendida,
cuidadoso me tenéis.
BEATRIZ
Tuve razón de ofenderme
de que de mi imaginéis
que pude ser la tapada
que seguisteis.
DON ÁLVARO
El temer
nunca pudo ser ofensa.
DON JUAN
¿Qué es esto que llego a ver?
¿Beatriz no es aquella, cielos,
que estoy mirando?
HERNANDO
Ella es,
¡vive Dios!, o yo no entiendo,
señor, de Beatrices bien.
Hace que quiere salir.
DON JUAN
Con un hombre hablando está:
bien me dijo la mujer
que viniera a ver mis celos.
HERNANDO
Detente, ¿qué vas a hacer?
DON JUAN
¿Qué? Morir desesperado.
HERNANDO
¿Que es don Álvaro, no ves,
el hombre?
DON JUAN
¡Terrible empeño!
¿Que hubo mi amigo de ser
quien me dio muerte?
ÁNGELA
Tu padre
vuelve.
HERNANDO
Si a su padre ves,
mira, señor, que aventuras
su honor y su vida.
DON JUAN
¿Quién
con celos advierte nada?
Pero cierra hasta después.
Sale don Pedro.
DON PEDRO
Perdonadme, que preciso
hablar a aquel hombre fue.
DON ÁLVARO
Pésame de que con tanto
cumplimiento nos tratéis
a Ángela y a mí, y supuesto
señor don Pedro, que fue
opinión vuestra que es paga
el no cansar, será bien
que aprenda de vos. Ya es hora,
hermana, conmigo ven.
DON PEDRO
No corre una razón misma
en los dos; mas si ha de ser,
Inés, toma aquesta luz.
ÁNGELA
Qué breve ha sido el placer.
Amiga, a Dios.
BEATRIZ
(Buen cuidado
me dejas.)
ÁNGELA
(¿Qué puedo hacer?)
DON ÁLVARO
¿Has sabido algo de aquella
dama?
ÁNGELA
Lo que sabía, sé;
solo que es amiga suya.
Hace que los va acompañando hasta el paño.
DON ÁLVARO
Señor don Pedro, volved,
no habéis de pasar de aquí.
DON PEDRO
¿Eso cómo puede ser?
Licencia me habéis de dar.
Éntranse.
BEATRIZ
Sola he quedado, ¿qué haré
en tal confusión?, ¡ay triste!
Pero pues bajar se ve
mi padre, aunque yo esté sola,
a este hombre me he de atrever
a decirle que se vaya,
pues menos se pierde en que
me vea quien no me conoce
que en estarse. Esto ha de ser.
Llégase adonde está don Juan.
Caballero, salid presto,
que ahora es ocasión... mas ¿qué
es esto, cielos, qué miro?
¿No es don Juan?
DON JUAN
¿Beatriz no es?
HERNANDO
Descubriose la maraña;
dimos con todo al través.
BEATRIZ
Falso, ingrato caballero,
alevoso y descortés,
que venganza de un amor
por sí mismo infeliz es;
¿habéis venido a Madrid
solamente a disponer
que sea tercera yo
de otro amor y de otra fe?
¿A mi casa y a mis ojos
en busca de otra mujer?
HERNANDO
Esto hacen las gallegas,
tardar y reñir después.
DON JUAN
Fiera, ingrata, desleal,
aleve, falsa, crüel,
dime, ¿de qué te ha servido,
si yo tus traiciones sé,
enviar a mi posada
con invenciones a quien
me las cuente, y no contenta
con eso, traerme después
a tu misma casa, donde
las vea, solo por hacer
disculpable tu mudanza?
BEATRIZ
Bueno es hacerme creer
agora, que es diligencia
mía.
DON JUAN
¡Y cómo que lo es!
Todo se sabe, el amor
de don Álvaro, y también
el de don Diego, que todo
me lo dijo la que fue
de parte tuya a decirme
que aquí lo viniese a ver.
BEATRIZ
Una amiga se ha fiado
de mí, y ahora echo de ver
que es concierto de los dos
traerte a satisfacer
que la quieres y me olvidas,
pues ella...
Dentro cuchilladas.
DON DIEGO
Dentro.
¡Muere, crüel!
DON ÁLVARO
¡Ah traidores!
HERNANDO
¿Qué es aquello?
DON PEDRO
Dentro.
¿A mis puertas pudo haber
tal osadía?
DON JUAN
¿Qué aguardo?
BEATRIZ
¿Dónde vais?
DON JUAN
A socorrer
a vuestro padre.
Quiere irse y detiénele Beatriz.
BEATRIZ
De aquí
no habéis de salir, ¿no veis
lo que aventuráis?
DON ÁLVARO
Dentro.
Dejadme.
DON DIEGO
Dentro.
Pues no puedo desta vez,
yo me vengaré de otra.
BEATRIZ
Ya todos vuelven; no es bien
que, la pendencia acabada,
salgáis, volveos a esconder.
DON JUAN
¡Oh quién para discurrir
tuviera lugar!
Vuélvense a esconder.
HERNANDO
¡Oh quién
le tuviera para irse!
Vuelven Ángela, don Álvaro y don Pedro.
ÁNGELA
Amparo el cielo me dé.
DON ÁLVARO
¿Que dejarme no queráis
que los siga?
BEATRIZ
¿Para qué?,
si se han ido sin lograr
su traición.
DON ÁLVARO
¿Y será bien,
cuando tan cobardes son,
que al salir, como vos veis,
de vuestra casa, me embisten,
que en ella encerrado esté?
DON PEDRO
Si ellos no se hubieran ido,
decíais bien.
DON ÁLVARO
¿Pues qué he de hacer?
DON PEDRO
Dejar sosegar la calle
y que salgamos después
por esotra, prevenidos
de gente, a reconocer
si está segura primero
que doña Ángela otra vez
salga.
DON ÁLVARO
Pues si eso os parece,
la calle lo está; no deis
más espacio a mis enojos;
vamos.
DON PEDRO
Porque no penséis
que lo dilato por otra
causa, vamos, no quedéis
con cuidado, que traidores,
cuando embisten con tropel,
si entonces nada ejecutan
no hay que temerlos después.
Vanse los dos.
ÁNGELA
Beatriz, pues nuestras desdichas
víboras son, y se ven
nacer mil donde una muere,
mueran antes de nacer;
remediemos con el tiempo
que nos da un riesgo cruel
otro riesgo; salga agora
don Juan.
BEATRIZ
Ya yo lo intenté
y no pude conseguirlo.
ÁNGELA
Luego ¿le has visto?
BEATRIZ
Muy bien.
ÁNGELA
¿Y no estoy bien disculpada
de amar, Beatriz, y querer?
Di, ¿cómo te ha parecido?
BEATRIZ
¿Cómo me ha de parecer,
que seas tú traidora amiga,
falsa, alevosa, y sin fe?
ÁNGELA
¿Qué dices?
BEATRIZ
¿Pues no bastaba
verte enamorada dél,
sino irle a decir de mí
que yo a don Álvaro amé,
y tras salir de mi casa
disfrazada, para hacer
esta traición a mi amor,
traerle a mi casa después
solo para que vea en ella
si es verdad?
ÁNGELA
La voz detén,
que no te entiendo: ¿yo dije
nada de ti?, ¿yo busqué
para tu agravio tu casa?
BEATRIZ
Sí, o pregúntaselo a él.
ÁNGELA
Sí haré, aunque aquí se aventura
el llegarme a conocer,
puesto que ya no es posible
que más encubierta esté.
Señor don Juan.
Sale don Juan de donde está escondido.
DON JUAN
¿Es ya hora,
ingrata Beatriz, de que
salga?
ÁNGELA
No es Beatriz
DON JUAN
Señora,
¿pues cómo vos...
ÁNGELA
No os turbéis.
HERNANDO
¿La hermana anda por acá?
Dios me libre della, amén.
ÁNGELA
¿Cuándo os dije yo que amaba
Beatriz a mi hermano?
DON JUAN
¿Pues
cuándo he hablado yo con vos
grosero ni descortés
en esas pláticas?
BEATRIZ
Cuando
a vuestra posada fue;
¿qué sirve andar por rodeos,
sino acabar de una vez?
DON JUAN
¿Luego sois vos la tapada
a quien yo ignorante amé?
ÁNGELA
¿Luego sois la dama vos
por quien vino a Madrid él?
BEATRIZ
¿Luego sois tan ignorantes
que hasta ahora no lo sabéis?
HERNANDO
Tres las consecuencias son;
verdaderas todas tres.
ÁNGELA
Yo, Beatriz, hablé de ti,
sin saber de quién hablé.
DON JUAN
Y yo supe tus traiciones
porque yo sabía de quien.
BEATRIZ
¿Qué traiciones son que sea
pretendida una mujer
de un caballero?
DON JUAN
Dos son
los que te han querido bien.
ÁNGELA
¿Celos la pedís delante
de mí, llegando a saber
que soy la que os he buscado?
BEATRIZ
Aunque sea, ¿cuándo fue
el mérito culpa?
ÁNGELA
Cuando
a entrambos favorecéis;
¿qué sirve andar por rodeos,
sino acabar de una vez?
HERNANDO
En riñendo las comadres.
DON JUAN
¿Esto, amor, es merecer?
BEATRIZ
¿Esto, fortuna, es amar?
ÁNGELA
¿Esto, cielos, es querer?
TODOS
¡Fuego de Dios en el querer bien!
HERNANDO
¡Amén, amén, amén, amén!
Sale don Álvaro.
DON ÁLVARO
Vamos de aquí, Ángela bella,
que ya en la calle no hay nada,
y porque esté asegurada,
don Pedro se queda en ella...
Pero ¡qué miro (¡ay de mí!)!
Repara en don Juan, que está embozado.
HERNANDO
(Don Álvaro.)
DON JUAN
(Dicha fuera
que aquí no me conociera.
Muerto estoy.)
ÁNGELA
(Estoy sin mí.)
DON ÁLVARO
Caballero rebozado,
que en empeño tan forzoso
me dais miedos de celoso
sobre escrúpulos de honrado;
los dos pasos me tenéis
tomados de honor y amor,
y ha de saber mi valor
quién sois: ¿no me respondéis?
DON JUAN
(Si me descubro es forzoso
que satisfacion le dé
como mi amigo; y no sé
que en empeño tan dudoso
satisfación haya alguna
que mire una y otra fama;
pues de su hermana o su dama
es fuerza culpar a alguna
de las dos, uno es el daño,
y ansí, aquí es mejor acción
dejarlo a la confusión
que entregarlo al desengaño,
y esto ha de ser desta suerte
Apaga la luz.
procurando ahora tomar
la puerta.)
DON ÁLVARO
¡Fiero pesar!
BEATRIZ
(¡Grave pena!)
ÁNGELA
(¡Trance fuerte!)
DON ÁLVARO
Aunque las luces matéis,
celoso y desesperado,
sabré buscaros restado.
Andan tentando por el tablado, como a obscuras.
HERNANDO
Buscadle, mas no le halléis.
ÁNGELA
(Si ahora se fuera, dejara
la duda en pie, sin culpar
a ninguna.)
BEATRIZ
(¿Quién hallar
pudiera, porque le echara
agora de aquí con él?)
Sale don Pedro a la puerta.
DON PEDRO
Mucha su tardanza ha sido.
¿Qué puede haber sucedido?
Mas ¡ay confusión cruel!
¡A obscuras aquesta sala
y tanto alboroto en ella!
Beatriz encuentra con don Pedro, y Ángela con don Álvaro.
BEATRIZ
¿Es Don Juan?
DON PEDRO
Aparte.
(Tirana estrella,
¿qué pena a mi pena iguala?)
Sí. (Con aquesto sabré
dónde mis fortunas van.)
DON JUAN
Una puerta hallé.
Vase.
ÁNGELA
¿Es don Juan?
DON ÁLVARO
Sí.
Aparte.
(Con aquesto veré
quién es y quién le ha traído.)
BEATRIZ
Conmigo, don Juan, venid.
ÁNGELA
Mis pasos, don Juan, seguid.
Sale Inés con luces.
INÉS
Al alboroto y ruido
luz traigo. Cada cristiano
vea a leer la ley del duelo.
BEATRIZ
¡Mi padre, válgame el cielo!
ÁNGELA
¡Válgame el cielo, mi hermano!
DON PEDRO
¿Qué don Juan, ingrata, era
el que tú ocultar querías?
DON JUAN
¿A qué don Juan pretendías
librar de la muerte fiera?
Túrbanse las dos.
ÁNGELA
Yo, hermano...
DON ÁLVARO
Prosigue, pues.
BEATRIZ
Yo, señor...
DON PEDRO
Di (¡ay infeliz!).
ÁNGELA
Quién es te dirá Beatriz...
BEATRIZ
Ángela dirá quién es...
ÁNGELA
...pues en su casa le tiene
escondido, y retirado.
BEATRIZ
...pues que de Luisa llamado
tras ella a mi casa viene.
DON ÁLVARO
Vos, y yo, señor don Pedro,
en aquesta competencia
igualmente padecemos
equívocas las sospechas;
Ángela culpa a Beatriz,
Beatriz a Ángela, y en esta
fortuna el honor de entrambos
está corriendo tormenta.
El hombre que yo vi no
pudo salir por la puerta
que entrasteis; esotra está
cerrada; con que ya es fuerza
discurrir en que está en casa:
busquémosle, pues, y muera.
DON PEDRO
Muera; y pues los dos iguales
en la duda de la ofensa
hasta aquí estamos, palabra
nos demos de que cualquiera
valga al otro en su desdicha,
que sea mía o que sea vuestra.
DON ÁLVARO
Ansí lo ofrezco.
DON PEDRO
Yo y todo.
BEATRIZ
Sin vida estoy.
ÁNGELA
Yo estoy muerta.
Éntranse por la puerta donde están escondidos don Juan y Hernando, y hallándolos dentro, riñen.
DON PEDRO
Dentro.
¡Muere, traidor!
DON ÁLVARO
Dentro.
¡Muere, aleve!
DON JUAN
Antes haré en mi defensa
prodigios.
Salen riñendo.
DON PEDRO
¿Don Juan?
Conócenle.
DON ÁLVARO
¿Don Juan?
DON PEDRO
¡Suerte injusta!
DON ÁLVARO
¡Triste pena!
DON PEDRO
Tened, Álvaro, la espada.
DON ÁLVARO
Tened, don Pedro, la vuestra.
DON PEDRO
Que es a quien guardar me importa
la vida.
DON ÁLVARO
Que es (¡dura estrella!)
el mayor amigo mío.
HERNANDO
Pues ábrannos esas puertas.
DON PEDRO
Señor don Juan, yo traté
de casar a Beatriz bella
con vos.
DON ÁLVARO
¡Qué escucho!
DON PEDRO
Y si entonces
faltaron las conveniencias,
ya no puede haber ninguna
que mayor para mí sea
que el efectuarlo ahora,
puesto que este lance muestra
que habéis venido en su busca.
¿Qué dudáis?
DON JUAN
¿A quién pudiera,
sino a mí, venir el bien
cuando no hay bien que agradezca?
Beatriz ha favorecido
a don Álvaro en mi ausencia;
es mi amigo, ¿cómo puedo
cometer yo dos bajezas
tan grandes como pasar
por mi escrúpulo y su ofensa?
DON PEDRO
¿Qué decís?
DON JUAN
Señor don Pedro,
aunque el verme aquí os parezca
resulta de aquel concierto,
os engaña la apariencia;
no supe en qué casa estaba,
¡vive Dios!, hasta que os viera,
y en fin, no soy hombre yo,
que me he de casar por fuerza.
DON PEDRO
¿Cómo este desprecio sufro
sin hacer...
Vuelve a embestirle.
DON ÁLVARO
Aguarda, espera.
DON PEDRO
¿Tú no me has dado palabra
de ayudarme?
DON ÁLVARO
Sí, mas fuerza
es informarte primero
si hubo ofensa o no hubo ofensa.
DON PEDRO
¿No basta hallarle en mi casa?
DON JUAN
No, pues yo no vine a ella
por Beatriz.
DON ÁLVARO
¿Luego me toca
a mí el agravio?
Acomete a don Juan.
DON PEDRO
Oye, espera.
DON ÁLVARO
¿La palabra de ayudarme
no me disteis cuando fuera
mía la ofensa?
DON PEDRO
Sepamos,
si pudo o no pudo haberla.
DON JUAN
No pudo haberla, que yo
nunca pude cometerla
contra mi amigo, sino
para casarme con ella.
Envainan, y dale la mano.
DON ÁLVARO
Con eso estoy satisfecho.
DON PEDRO
Con eso no se remedia
el desaire de mi casa.
DON ÁLVARO
Sí hace, con que yo merezca
a Beatriz, pues el haber
tratado casar con ella
a don Juan, para mi honor
nunca pudo ser ofensa
alguna.
DON PEDRO
Felice soy.
ÁNGELA
Logró el amor mis cautelas.
BEATRIZ
Vengó el cielo mis agravios.
ÁNGELA
Y pues tantos sustos cuesta
el querer bien, todos digan,
escarmentando en mis penas:
¡Fuego de Dios en el querer bien!
TODOS
¡Amén, amén, amén, amén!
HERNANDO
Señores, tengan paciencia,
que hay dos cosas que hacer antes.
Todos vuesarcedes sepan
que don Diego con don Juan,
y con don Álvaro hechas
las amistades, quedaron
contentos con sus ofensas,
que a mí me dieron por libre,
con que acaba la comedia,
de que con humildad pido
perdonéis las faltas nuestras.

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