Las Armas De La Hermosura
Gran Comedia
Personas que hablan en ella:
- CORIOLANO, galán
- LELIO, galán
- ENIO, galán
- AURELIO, viejo
- FLAVIO, viejo
- SABINIO, rey
- EMILIO, soldado
- PASQUÍN, gracioso
- VETURIA, dama
- LIBIA, criada
- ASTREA, reina
- RELATOR
- Cuatro damas
- Soldados romanos
- Soldados sabinos
- Criados
- Músicos
Jornada Primera
Córrese la cortina, y vense todos los bastidores del teatro trasmutados en aparadores de piezas de plata, y en medio una mesa llena de vasos y viandas, y sentados a ella hombres y mujeres, y en su principal asiento CORIOLANO y VETURIA, y los músicos detrás, arrimados al foro, y PASQUÍN y otros criados sirviendo a la mesa
Coro 1
No puede amor
hacer mi dicha mayor.
Coro 2
Ni mi deseopasar del bien que [poseo?].
Coriolano
Sin duda, Veturia bella,
esta canción se escribió
por mí, pues solo fui yo
feliz influjo de aquella
de Venus brillante estrella;
pues benigna en mi favor...
Los Dos Coros
No puede amor
hacer mi dicha mayor.
Veturia
Mejor debo yo entender
su benévolo influir;
pues, dándome que sentir,
me deja que agradecer;
y más el día que a ser
llegue la ventura mía
tu esposa, pues ese día
no podrán mi fe, mi empleo...
Veturia Y Coro 2
Ni mi deseo
pasar del bien que poseo.
Hombre 1
A tanta solemnidad
desde ahora será bien
que todos en parabién
brindemos.
Hombre 2
A que su edad
viva eterna.
Hombre 3
Y su beldad
en fecunda sucesión
a Roma ilustre.
Pasquín
Éstos son
convidados que me placen,
que a un tiempo la razón hacen
y deshacen la razón.
Músicos
No puede amor
hacer mi dicha mayor,
ni mi deseo
pasar del bien que poseo.
Mujer 1
Todas, ya que la fortuna
trocó el pesar en placer,
esa salva hemos de hacer.
Libia
¿Cómo se podrá ninguna
excusar, si cada una,
de cuantas hoy Roma encierra,
feliz el susto destierra
de aquel pasado temor?
Mujer 1 y Músicos
"Y no puede amor
hacer su dicha..."
Voces
¡Arma, guerra!
Cajas y trompetas dentro, y alborótanse todos
Hombre
¡Qué asombro!
Mujer 1
¡Qué confusión!
Coriolano
¿Qué novedad será ésta,
que dentro de Roma forman
voces, cajas y trompetas?
Todos
¿Quién causa este estruendo?
Salen AURELIO y ENIO de soldado
Aurelio
Yo.
Coriolano
¿Tú, señor?
Aurelio
Sí.
Coriolano
Pues ¿qué intentas?
Aurelio
Despertar tu torpe olvido,
porque, al ver que en mi hijo empieza
la reprehensión, sepan todos
que, anticipada la queja,
antes que a mí su pregunta,
llegó a ellos mi respuesta.
Quitad, romped, arrojad
aparadores y mesas,
nocivos faustos de Flora
y Baco, cuando es bien sean
pompas de Marte y Belona.
Ocúltanse los aparadores y mesas
Y porque la causa sepan,
Enio, dile a Coriolano
y a cuantos con él celebran,
bastardos hijos del ocio,
cultos al Amor, las nuevas
que traes de Sabinia...
Veturia
Aparte
(¡Cielos!
¿Qué nuevas pueden ser éstas?)
Libia
Aparte
(Oye y disimula.)
Aurelio
...en tanto
que a toda Roma las cuentan
públicos edictos que,
para freno y para rienda
de tan locos devaneos,
dispone el Senado.
Enio
Fuerza,
como a primer senador,
es, señor, que te obedezca,
y fuerza también que haya,
para que mejor se atiendan,
de enlazar con su principio
el nuevo motivo.
Aurelio
Sea,
no como quien le refiere,
sino como quien le acuerda.
Enio
Sabinio, rey de Sabinia,
mal ofendido de aquella
fingida amistad con que
Rómulo, atento a que fuera
eterna la población
de su gran fábrica inmensa
que, émula a Jerusalén,
también en montes se asienta,
y que no pudiera serlo,
sin que de su descendencia
la sucesión se propague,
viendo cuánto para ella
buscar consortes debía,
convidó para unas fiestas
los comarcanos sabinos
con sus familias, en muestra
de firmar con ellos paces.
Aurelio
Si lo fueron o no, deja
al silencio esas memorias,
pues nadie hay que no las sepa,
según en su gran teatro
al mundo las representan
el tiempo en veloces plumas,
la fama en no tardas lenguas;
y así, dejando asentada
aquella parte primera
del robo de las sabinas,
ve a la segunda.
Veturia
Aparte
(¡Oh inmensas
deidades!¿Qué nuevas pueden
ser que de pesar no sean?)
Enio
Sabinio, rey de Sabinia,
mal ofendido de aquella
fingida amistad, trató
hacer a Rómulo guerra,
y Rómulo resistirla,
careando injuria y ofensa,
el uno por castigarla,
y el otro por mantenerla;
persuadido el uno a que
satisface el que se venga
y el otro a que nunca tuvo
lo no bien hecho otra enmienda
del arrojo que lo obró,
que el valor que lo sustenta.
Dos veces, pues, el sabino
a Roma asaltó, y en ella
dos veces le obligó a que,
rechazada su soberbia,
levantase el sitio, dando
a la dominante estrella
de Rómulo por vencida
de la suya la influencia.
En este intermedio Roma,
ufana, alegre y contenta,
vencedora de sus armas,
vencida de sus bellezas,
procurando reducir
a cariño la violencia,
toda era festines, toda
agasajos y finezas,
bien como toda Sabinia
llantos, suspiros y quejas;
que entre ofensor y ofendido
tan neutral vive la ofensa
que a uno el gozo se la olvida
y a otro el dolor se la acuerda.
En esta desigualdad,
ambas fortunas suspensas,
viendo Sabinio que, muerto
Rómulo, la suya adversa
sin dominante enemigo
quedaba y que a Numa, que era
a quien nombrado dejó
por su sucesor, resuelta
en ser república Roma,
no sólo le dio obediencia,
pero echándole de sí,
eligió en plebe y nobleza
senadores y tribunos,
que en libertad la mantengan.
Sabinio, pues --porque el hilo
en la digresión no pierda--,
procurando aprovechar
aquella vulgar sentencia
de ser sin cabeza un pueblo
monstruo de muchas cabezas,
en una parte y en otra
viendo también cuán ajena
Roma de sus altos triunfos
deleitosamente deja
de ser campaña de Marte
por ser de Cupido selva,
a repetidas instancias
de la soberana Astrea
--que, celtíbera española,
desde el día que, deshechas
sus gentes, volvió su esposo,
ni él ni nadie llegó a verla
o sin lágrimas los ojos
o el semblante sin tristeza--,
secretas levas dispuso;
pero como esto de levas
es mina que por el más
breve resquicio revienta,
al Senado sus vislumbres
llegaron en humo envueltas;
de suerte que, al inquirirse,
si eran ciertas o no ciertas,
a mí, que por más servicios
nombró en la elección primera
del pueblo primer tribuno,
me dio orden de que füera
a informarme, disfrazado
en nombre, en traje y en lengua,
del estado y del designio;
con que a poca diligencia
pudo informarme mejor
la vista que la cautela;
que enmudecen los ardides
donde hablan las evidencias.
A toda Sabinia hallé,
sin recato de que sea
contra Roma la jornada,
no tan sólo en arma puesta,
pero en marcha; a cuyo efecto
estaban pasando muestra
de militares pertrechos
todas las campañas llenas.
Numerosas huestes son
las que alistadas se asientan,
según supe, voluntarias;
porque --como dije-- Astrea,
que adquirir de vengadora
de las mujeres intenta
el alto nombre, en persona
las conduce y las alienta
con tan gran jactancia, que
sus tremoladas banderas,
jeroglíficos del aire,
componen en cuatro letras
el vanaglorioso enigma
de ser su victoria cierta.
Una S, una P, una Q
y una R son, cuya empresa
descifrada decir quiere
--según todos la interpretan--:
Al Sabino Pueblo ¿Quién
Resistirá?Y con tal priesa
a lento paso la marcha
disponen, que me fue fuerza,
según su vecina línea
confinante es de la nuestra,
por llegar antes, valerme
de toda la diligencia
que pude.Pero por más
que lo intenté, la sospecha
o nota de desmandado
me detuvo; y así llegan
a ser de mis voces ecos
sus cajas y sus trompetas,
cuando lejanos repiten
al viento, que se las lleva,
y al eco, que nos las trae:
Cajas y voces [dentro] a lo lejos
Voces
¡Arma, arma!¡Guerra, guerra!
Veturia
Aparte
(Bien temí que había de ser
segunda desdicha nuestra.)
Aurelio
Mira, con estas noticias,
si ha sido prevención cuerda
que otras trompetas y cajas
despertador tuyo sean,
y de cuantos hoy en Roma
divertidos no se acuerdan
de aquellos primeros héroes,
que de apagadas pavesas
fueron incendio de Europa,
hasta coronarla reina
del orbe.Y, dejando aparte
abandonadas proezas,
que en Africa y en España
Rómulo dejó dispuestas,
y hoy yacen en el infame
sepulcro de la pereza
¿a qué más puede llegar
el baldón de la honra nuestra
que a pensar el enemigo
que ya Roma no es la que era,
pues se promete en sus timbres
que no ha de hallar resistencia?
Demás desto, ¿es bien que yo
a un noble ofendido tenga
y no tenga mira a que
es desproporción muy ciega
que él desvelado maquine
y yo descuidado duerma,
mayormente al blando sueño
de tan contrarias sirenas
que, si otras cantando matan,
ellas llorando deleitan?
¡Oh, nunca hubierais...!
Coriolano
Perdona,
señor, y dame licencia
para suplicarte que,
no enojado las ofendas,
ni a ellas ni a cuantos conmigo
a mi ruego las festejan;
y más en este jardín,
donde Veturia se alberga,
noble matrona, a quien todas
reconocen preeminencia
por su real sangre; que no
es culpa suya ni nuestra
el que en ellas sea agasajo
lo que en nosotros es deuda.
La culpa fue del primero
que robadas las violenta,
no de los que, ya robadas,
procuran que estén contentas;
que, para tenerlas tristes,
mejor fuera no tenerlas.
Si hacerlas nuestras quisimos,
¿cómo habían de ser nuestras
si, en nuestro poder quejosas,
siempre quedaban ajenas?
Que desde el odio al cariño
no es fácil de hallar la senda
si no es que la facilite
la caricia, la fineza,
el obsequio, el rendimiento,
la atención y la asistencia,
que son las que sólo saben
hacer voluntad la fuerza.
Decir que esto del valor
nos ha olvidado, es propuesta
tan vana, que el mismo Marte
el primero es que la niega,
puesto que, amante de Venus,
al mundo puso en sospecha
de que él y Cupido habían
trocado dardos y flechas;
viendo cuánto ventajoso,
porque su dama lo sepa,
pelea el soldado que
con armas de amor pelea,
juzgando que son de Marte.
Y para que mejor veas
que ser galán en la paz
no es ser cobarde en la guerra,
el primero seré yo
que, de la patria en defensa,
al opósito le salga.
Y así, para disponerla,
iré por plazas y calles,
diciendo en voces diversas:
Unos
dentro
¡Viva Coriolano!
Otros
¡Viva!
Aurelio
Oye, hasta averiguar éstas.
Salen FLAVIO, LELIO y SOLDADOS
Flavio
Yo lo diré, que en tu busca
vengo, para que lo sepas.
Proponiéndole al tumulto
de la plebe y la nobleza
cuánto conviene salir
a impedir el paso desa
no impensada invasión, antes
que pise la línea nuestra,
ocupando los estrechos
pasos y las eminencias,
a fin de que, ya que entren,
entren peleando, en que es fuerza
que pierdan gente, y quizá
que gente y jactancia pierdan,
dije que presto el Senado
nombraría a quien convenga
que vaya por general;
a que dieron por respuesta,
reduciéndose a una voz,
de varias voces compuesta:...
Unos
dentro
¡Viva Coriolano!
Otros
¡Viva!
Flavio
De suerte que, antes que sea
consulta, la aclamación
común quiere que cabeza
suya sea Coriolano,
de que vengo a darte cuenta,
por si acepta o no.
Aurelio
¿Qué es
dudar si acepta o no acepta,
siendo mi hijo?--- Coriolano,
ya ves en lo que te empeña
la común aclamación
del pueblo.
Coriolano
La vida hubiera
dado en albricias, señor,
a no importar mantenerla
para que, en servicio suyo,
en mejor trance la pierda;
en cuyo agradecimiento
a Flavio las plantas besa
mi humildad y a Lelio da
los brazos, bien como prendas
de quien se obliga a pagar,
reconocida la deuda.
Lelio
El mérito es quien te adquiere
este honor.
Aparte
(¡Que también sea
hijo yo de senador,
y de mi.... ¡Oh envidia, deja
de afligirme!)Y el primero
seré que irá a tu obediencia
por soldado tuyo.
Enio
Yo
no te doy la enhorabuena,
porque me la he dado a mí,
en fe de lo que interesa
en tus honores mi honor.
Coriolano
A entrambos os lo agradezca
mi amistad; que con los dos,
tú, Lelio, de la nobleza
cabo; tú, Enio, de la plebe,
¿qué riesgo habrá que no emprenda?
Todos
¿Ni quién que a ti no te siga?
Pasquín
Aparte
(Yo, porque allí Libia señas
me hace de que allá no vaya.)
Aurelio
Pues porque tiempo no pierda,
retiraos todas vosotras,
cada una a su vivienda,
de donde ninguna salga,
mientras se pasa la muestra
de la gente que se aliste;
porque, si acaso la pesa
el ver ir contra su patria,
no impida al que complacerla
intente.
Veturia
Ninguna habrá
tan livianamente necia
que ya no desee que Roma
contra los sabinos venza;
que las materias de honor
son tan vidriosas materias
que con el más leve soplo
se empañan, si no se quiebran.
Y, siendo así que estuvimos
todas a morir resueltas,
antes de admitir a quien
con fe y palabra no fuera
de esposo, con todo eso
el empacho y la vergüenza
de no volver a ser propias
de quien ya fuimos ajenas
nos obligara a que todas,
si nos diérades licencia,
saliéramos a campaña;
y yo fuera la primera
que el arnés trenzado, el fresno
blandido en la mano diestra,
en la siniestra el escudo,
y con el tiento en la rienda,
montado el corcel bridón,
la diera a entender a Astrea
cómo ya de su venganza
no necesita la nuestra.
Coriolano
¿Quién pudo desempeñarse
ni más noble ni más cuerda?
Todas
Lo mismo todas decimos.
Aurelio
No es la resolución ésa
que queremos de vosotras.
Flavio
No; que otra habrá, en que se vea
que las mujeres no son
tan dueños nuestros que puedan
en descrédito poner
de Roma el valor.
Aurelio
Ni ésa
tampoco es para aquí.
A CORIOLANO
Ahora
ven, pues, adonde te ofrezca,
con pública aclamación,
de todo el pueblo en presencia,
el Senado la bengala,
estoque, toga y diadema
de general de sus armas.
Coriolano
Más me ha de dar.
Aurelio y Flavio
¿Qué es?
Coriolano
Licencia
de que responda a Sabinio,
y al mote de sus banderas,
poniendo yo en las de Roma
el mismo.
Todos
¿De qué manera?
Coriolano
S, P, Q, y R son
cuatro letras que interpretan:
¿Al Sabino Pueblo Quién
Resistirá? Y con las mesmas
a su arrogante pregunta
han de responder las nuestras,
para que conozca el mundo
cuán en un caso concuerdan
gramáticas militares,
la pregunta y la respuesta:
pues si S, P, Q y R
¿Quién piensa hacer resistencia
al sabino pueblo? dicen,
también dirán a quien lea
en nuestro favor el mote
de sus mismas cuatro letras:
Senado y Pueblo Romano
es Quien resistirle piensa.
Flavio
Bien lo has pensado.
Dentro cajas y voces a lo lejos
Unos
¡Arma, arma!
Flavio
Y pues se oyen de más cerca
ya sus cajas, responded
a su salva.
Otros
¡Guerra, guerra!
Aurelio
Y por si acaso llegaron,
según a mi oído suenan,
acá sus voces, diciendo...
Unos
¿Quién ha de hacer resistencia
al sabino pueblo?
Aurelio
Digan
al mismo compás las nuestras...
Todos
Senado y pueblo romano.
Unos
¡Vivan Sabinio y Astrea!
Todos
¡Coriolano y Roma vivan!
Coriolano
Perdona, Veturia bella,
que, si voy contra tu patria,
también voy en tu defensa.
Vase
Todos
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Vanse todos
Salen marchando SOLDADOS, y uno trae una bandera con las letras que han dicho los versos, y detrás SABINIO y ASTREA con espada y bengala
Sabinio
En la cumbre eminente
del esquilino monte
que, atalaya de todo el horizonte,
empina al orbe de zafir la frente,
alto haga nuestra gente
hasta reconocer si tiene acaso
Roma ocupada de su estrecho paso
la entrada que, otra vez padrastro mío,
favoreció la vecindad del río;
y así, hasta que los batidores vuelvan,
e informados resuelvan
por dónde menos fuerte sendas abra,
alto haced.
Unos
Alto, y pase la palabra.
Repítenlo OTROS
Sabinio
Ya, soberana Astrea,
pisas la raya en que la luz febea
del sol entre Sabinia y Roma parte
jurisdicciones, pues que no sin arte
interpuso por valla
el bastión desa rústica muralla,
que a una y otra divida,
bien que en vano una y otra defendida,
el día que hacerlas enemigas quiso
su trato infiel.
Astrea
Ya desde aquí diviso,
aunque no bien, aquélla
que, ayer vil choza y hoy fábrica bella,
tan elevada sube
que empieza en muro y se remata en nube.
¡Oh tú de la fortuna
trasmutado teatro, cuya escena,
no sé si diga de piedades llena
o llena de crueldades,
que tal vez son crüeles las piedades,
en yerto albergue dio primera cuna
a aquéllos que, arrojados
de ignoradas entrañas,
hambrienta loba halló, que en sus
montañas
recién nacidos, ya que no abortados,
eran espurios hijos de los hados!
¡Oh tú que, en lo voraz de su fiereza,
mudando especie la naturaleza,
viste, en vez de ser ellos de su hambriento
furor destrozo, en cándido alimento
trocar la saña, haciendo que ellos fuesen
los que della al revés se mantuviesen!
Si a sus pechos criados,
si a su calor dormidos,
si de roncos anhélitos gorgeados
crecieron, arrullados a gemidos,
¿qué mucho que, bandidos,
sañudamente fieros,
se juntaran con otros bandoleros
para vivir, sin Dios, sin fe, sin culto,
del homicidio, el robo y el insulto?
Desta, pues, compañía
Rómulo capitán, temiendo el
día
de tu mudanza, a fin de resguardarse,
trató fortificarse,
para cuyo seguro
el surco de un arado lineó muro,
con ley tan inviolable que, su extremo
asaltarle costó la vida a Remo.
Éste fue --¡oh tú, otra vez,
varia fortuna,
condicional imagen de la luna!--
el origen que altiva te conserva
crecida, a imitación de mala yerba.
Pero ya tu castigo
llega, pues llega mi valor conmigo;
y así, antes que sus armas se prevengan
--vengan los batidores o no vengan--,
entremos en sus lindes desde luego,
publicando la guerra a sangre y fuego.
Sabinio
La espera, Astrea, en muchas ocasiones
consiguió altos blasones.
Astrea
También la espera la perdió otras
tantas,
y quizá más.
Sale EMILIO
Emilio
Dame, señor, tus plantas.
Sabinio
¿Qué hay, Emilio, de nuevo?
Emilio
Apenas a contártelo me atrevo.
Por no decirte que apenas
de aquestos riscos soberbios
con una avanzada escuadra
vencí el arrugado ceño,
cuando desde la eminencia
vi todo el valle cubierto
de romanos escuadrones,
que en buena marcha dispuestos,
como iban llegando, iban
tomando, unos los estrechos
pasos, otros desmontando
los troncos, para con ellos
atrincherarse; y los otros
doblándose, porque a tiempos,
donde importe, el retén pueda
ir reclutando los puestos.
Astrea
¿Eso excusabas decirnos?
Pues toma en albricias deso
esta sortija, que yo
a tener que vencer vengo.--
Manda, Sabinio, que al arma
toque el ejército nuestro,
antes que se fortifiquen.
Sabinio
Con ese español aliento,
¿quién no ha de animarse? Vayan
por los costados cubriendo
en las quiebras y surtidas
coseletes y flecheros
a la caballería, y ella,
des[f]ilada en buen concierto,
procure cobrar el llano,
donde, trocados los riesgos,
cubra ella a la infantería,
dándose las manos, puesto
que las dos son los dos brazos
de todo el militar cuerpo.
Toca a embestir, y un caballo
me dad.
Astrea
Y a mí otro; que tengo
de ser la primera yo
que, complacido mi esfuerzo,
vea la cara al enemigo,
la caballería rigiendo.
Sabinio
Pues porque la infantería
no vaya en el desconsuelo
de ir sin ti y sin mí, seré
yo quien gobierne sus tercios.
Astrea
Pues, ¡al arma!
Sabinio
Pues, ¡al arma!
Soldados
¿Quién no ha de seguir su ejemplo?
Todos
¡Vivan Sabinio y Astrea!
Suenan las cajas y éntranse.Salen CORIOLANO, LELIO, ENIO, y dos SOLDADOS, con dos banderas, una roja y otra blanca, con las mismas letras
Coriolano
Pues el sabino resuelto,
para no darnos lugar
a que nos fortifiquemos,
baja avanzando sus tropas,
fuerza es salirle al encuentro,
para no darle nosotros
lugar a él a que, viniendo
como viene, desfilado,
pueda, vencido lo estrecho,
doblarse en lo llano.Ea,
generoso invicto Lelio,
pues, cabo de la nobleza,
la vanguardia en el derecho
costado te toca, ocupa
tu lugar.
Lelio
En él ofrezco
morir --que una cosa es
callar yo mis sentimientos
y otra que mi honor no diga
que es mío--.Tremole el viento
la siempre roja bandera
del Senado, con el nuevo
jeroglífico, a quien sigan
todos mis parciales.
Vase
Coriolano
Enio,
tú en el siniestro costado
tu lugar toma; que en medio
del cuerpo de la batalla
quedo yo, distribuyendo
los órdenes, porque acuda
donde convenga el refuerzo.
Enio
Despliegue también al aire
su blanca bandera el pueblo,
que no es el que menos sabe
dar victorias a sus reinos.
Vase. Suenan cajas, y dentro ruido de armas [y voces]
Unos
¡Arma, arma!
Otros
¡Guerra, guerra!
Unos
¡Fuertes sabinos, a ellos!
Otros
¡A ellos, valientes romanos!
Coriolano
Ya los unos descendiendo,
y ya subiendo los otros,
en el más fragoso seno
del monte, a medir las armas
llegan entrambos encuentros.
Disputada la batalla
crece, conque al sol cubriendo
nubes de plumas las flechas,
tempestad parece, siendo
del eclipse de sus rayos
cajas y trompetas truenos,
de quien relámpagos son
las chispas de los aceros.
Todo es horror, todo es grima,
todo asombro, todo incendio.
Unos
¡Avanza, caballería,
antes que en nuestro terreno
llegue a doblarse la suya.
Otros
¡A ellos, sabinos!
Todos
¡A ellos!
Suena la caja
Coriolano
¿Qué es aquello?¡Ay infelice!.
que a lo que desde aquí veo,
parece que, recargados
vuelven a perder los nuestros
los puestos que habían ganado.
¡Ea, fortuna, ya es tiempo
de que todo lo perdamos
o que todo lo ganemos!
Síganme todas las tropas
en batallones y tercios,
pues no hay más órdenes ya
que dar, que morir resueltos.
¡Volved, soldados, volved!,
que ya voy a socorreros.
Piérdase la vida, y no
la fama.
Vase. Suenan las cajas y ruido, y sale como despeñada ASTREA
Astrea
¡Valedme, cielos!
Que, desbocado el caballo,
con no matarme, me ha muerto,
si hay quien piense que el salir
de la batalla fue huyendo;
y no fue, sino que el hado
o tarde o nunca el contento
cumplido dio, bien que en vano
hoy de su rigor me quejo,
pues tampoco dio cumplida
la desdicha el día que, habiendo
vencido la cumbre al monte,
al descender de su centro,
corriendo por intrincados
riscos el bruto soberbio,
no me echó de sí, hasta que
trocó de un tronco el tropiezo
al golpe de la caída
la amenaza del despeño.
Con que, aunque rendida, aunque
fatigada, en un desierto
triste y sola me halle, a causa
de que los que me siguieron
y no alcanzaron, perdida
de vista, sin mí habrán vuelto;
con todo eso el quedar viva
es tan natural consuelo
que, siendo el vivir lo más,
todo lo demás es menos.
Suenan las cajas
Y así, a pesar del cansancio,
pues para elegir no hay medios,
procure hallar senda que
me vuelva a mi gente, puesto
que, para servir de norte,
me basta el confuso estruendo
que, sin decirme en qué estado
la batalla está, a lo lejos
me está diciendo que dura,
en mal pronunciados ecos.
Por esta parte parece
que el enmarañado seno
da menos fragoso paso;
seguir la vereda quiero,
no en vano, pues a lo inculto
quitado el impedimento,
ya descubro la campaña
y en ella, o miente el deseo
o son nuestras las banderas
que miro.Sin duda, cielos,
la victoria consiguió
Sabinio, puesto que veo
en su rotulado enigma
tremolar el blasón nuestro
destotra parte del monte.
Pues ¿qué aguardo?Pues
¿qué espero?
¡Oh si fuera verdad que
tiene alas el pensamiento,
para llegar a los brazos
de Sabinio, y darle en ellos
de mi vida y su victoria
dos parabienes a un tiempo!
Vase. Salen CORIOLANO, LELIO, ENIO y SOLDADOS con las banderas
Todos
¡Victoria por el invicto
heroico caudillo nuestro!
Lelio
No sé qué gracias te deba
dar nuestro agradecimiento;
pues cuando, casi perdidos
nos hallábamos, tu esfuerzo
bastó a que el sabino vuelva
desbaratado y deshecho.
Enio
¿Qué gracias podemos dar
que sean bastante aprecio
a quien supo disponer
el socorro a tan buen tiempo
que, derrotado el contrario,
quedase el campo por nuestro?
Coriolano
Vuestro fue el valor y mía
la dicha de llegar presto.
Y por partirla contigo,
a llevar las nuevas, Lelio,
desta victoria al Senado
ve, en tanto que yo prevengo
que las fortificaciones,
para que antes no hubo tiempo,
prosigan, por si otra vez,
reforzándose de nuevo,
vuelve, no desprevenidos
nos halle.
Lelio
Tus manos beso
por ese honor, y no tanto
por las albricias le acepto,
cuanto porque se prevenga
el aparatoso obsequio
del triunfo que debe hacer
Roma a tu recibimiento.
Vase
Todos
¡Victoria por el invicto
heroico caudillo nuestro!
Sale ASTREA
Astrea
¿Victoria por el invicto
heroico caudillo nuestro?
¿Quién duda que por mi esposo
es la aclamación, supuesto
que son suyas las banderas
que ya de más cerca veo?
Pues ¿qué aguardo?-- Generosos
sabinos, a cuyos hechos
faltan a la fama bronces,
faltan láminas al tiempo,
mil veces enhorabuena
sea el alto vencimiento
desos aleves romanos,
y guïadme donde dellos
victorioso vea a mi esposo.
Coriolano
Hermoso prodigio bello,
cuyo revesado enigma
ni le alcanzo ni le entiendo,
¿cómo a los romanos llamas
sabinos?Y ¿cómo, luego,
dando a quien no te oye el lauro,
das a quien te oye el desprecio?
Astrea
Luego ¿estos timbres no son
de Sabinio?
Coriolano
No; que, huyendo,
segunda vez derrotado
a Roma la espalda ha vuelto.
Astrea
Luego ¿esas banderas son
ganadas?
Coriolano
Tampoco es eso,
sino que, pues preguntaron
las suyas que "quién al pueblo
sabino resistiría?"
con sus caracteres mesmos
Senado y pueblo romano
las nuestras le respondieron.
Astrea
¡Ay infelice de mí!
Que el equívoco me ha muerto.
Coriolano
Quizá te ha dado la vida,
puesto que has llegado a puerto
donde las mujeres tienen,
con franca escala el respeto,
cortesanos pasaportes
de inviolables privilegios.
¿Quién eres, pues, y qué causa
engañada te trae?
Astrea
Aparte
(¡Cielos,
perdida estoy si se sabe
quién soy!¡Válgame el
ingenio!)
Astrea, española Palas,
añadiendo al sentimiento
del robo de sus matronas
el de levantar el cerco
que puso a Roma en venganza
suya su esposo, hizo extremos
tales que, hasta persuadirle
a que volviese de nuevo
a sitiarla, no dejó
de instarle, valida a tiempos
de la maña del cariño
o de la fuerza del ceño.
No en esto solo paró
su generoso ardimiento,
sino que en persona había
ella de venir, a efecto
de que agravio de mujeres
a mujer le toca el duelo.
Entre las damas que trajo
en su servicio...
Coriolano
El acento
suspende, detén la voz.
Astrea
Pues ¿por qué?
Coriolano
Porque no quiero
saber más de que eres dama
de Astrea.
Astrea
Aparte
(Sin duda hoy muero,
vengándose della en mí.)
Coriolano
¡Enio!
Enio
¿Señor?
Coriolano
Al momento
manda poner el caballo
mejor que en mi estala tengo;
monta en otro, y nombra una
escolta de hasta otros ciento,
con un trompeta, que vaya
contigo.
Vase ENIO
Astrea
Aparte
(¡Ay de mí, que esto
mira a enviarme prisionera
a Roma!)
Soldado 1
Por si entre ellos
nos nombra, vamos tras él.
Soldado 2
Vamos, y sea diciendo...
Todos
¡Victoria por el invicto
heroico caudillo nuestro!
Astrea
Aparte
(¡Ay, Sabinio, si esto vieras,
cuál fuera tu sentimiento!)
Coriolano
(¡Ay, Veturia, cuál sería
tu gozo si vieras esto!)
Astrea
Aparte
(Mas no me dé por vencida;
prosiga, hasta ver si puedo
moverle a lástima.) Astrea,
en quien vasallaje y deudo
en mi fortuna afianzaron
repetido el valimiento,
entre las demás que trajo,
vuelvo a decir...
Coriolano
También vuelvo
a decir yo que suspendas
acento y voz.
Astrea
Pues ¿no tengo
de decir....?
Coriolano
Nada hay que digas.
Astrea
¿...que entrando ella...?
Coriolano
Es vano intento.
Astrea
¿...en la lid...?
Coriolano
Porfías en balde.
Astrea
¿...yo...?
Coriolano
No más.
Astrea
...en seguimiento
suyo...
Coriolano
Basta.
Astrea
...mi caballo,
roto el alacrán del freno...
Coriolano
No te canses.
Astrea
...me arrojó
adonde...?
Coriolano
¿De qué provecho
es que quieras tú decirlo,
si yo no quiero saberlo?
Astrea
Aparte
(¡Oh qué clara mi desdicha
dice su desabrimiento!)
Enio
Ya está todo prevenido.
Coriolano
Ahora verás que no tengo
más que saber que saber
que vienes, bello portento,
en el servicio de Astrea.
Ponte a caballo.--Y tú, Enio,
de convoy la retaguardia
de su ejército siguiendo
ve, hasta que haga, recobrado,
alto, o tome alojamiento;
y en dándole vista, haz
alto tú también, haciendo
seña de paz y llamada.
Con que es fuerza que, viniendo
algún cabo principal
a parlamentar, tu intento
sepa, que es ir convoyando
a esta dama.Con que, en viendo
que ella conoce a su gente
y que quedando con ellos,
queda a su satisfacción,
en seguro salvamento,
sin más esperar, la rienda
vuelve.Y mira que te advierto
que ni a ella ni a ellos les digas
quién soy.
Astrea
¿Qué es lo que oigo, cielos?
¿A mi patria me envías?
Coriolano
Sí;
que los generosos pechos
lidiamos porque lidiamos,
mas no nos aborrecemos
para las cortesanías.
Astrea
Deja que a tus pies...
Coriolano
No extremos
hagas; que no hay que estimarme
lo que hago yo por mí mesmo.
Parte, pues, y dile a Astrea
que un romano caballero
apenas oyó su nombre
en tus labios cuando, atento
a la estimación, al culto,
al decoro y al respeto
que debe a la majestad
de tan generoso dueño,
te estimó por prenda suya,
principalmente sabiendo
que vienes en su servicio;
y porque un punto, un momento
no faltes dél, te remite
a excusar el sentimiento
de echarte menos, que eres
tú muy para echada menos.
Y perdóname no ser
yo el que te vaya sirviendo,
porque no puedo faltar
de aquí.
Astrea
Ya que te merezco
tan gran fineza, merezca
saber a quién se la debo.
Coriolano
Eso no; que has de ir deudora
aun del agradecimiento.
Astrea
Ya que tú no me lo digas,
quizá me lo dirá el tiempo.
Coriolano
Pues no le pierdas ahora,
si le habrás menester luego.
Parte, pues.
Enio
Ya allí el caballo
te espera.
Astrea
Sí haré, supuesto
que el don del liberal, cuando
le recibo, le agradezco.
Coriolano
Pues, adiós, hermosa dama.
Astrea
Adiós, cortés caballero.
Y cree de mí...
Coriolano
Y cree de mí...
Vete en paz.
Astrea
Guárdete el cielo.
Vanse. Salen LELIO y PASQUÍN
Lelio
Pasquín, pues que ya al Senado
cuenta di de la victoria
y, atento a tan alta gloria,
a Coriolano ha enviado
orden de que al punto venga
para, liberal con él,
ceñirle el sacro laurel,
que es bien que por premio tenga,
dime, ya que tú no fuiste
al campo, ¿qué novedad
en mi ausencia en la ciudad
ha habido, y en qué consiste
que a ninguna mujer veo
en calle, puerta o ventana?
Pasquín
Consiste en no tener gana
de ser vistas sin aseo.
Lelio
¿Sin aseo?Eso no entiendo.
Pasquín
Pues fácil es de entender
que no quiera una mujer
parecer, no pareciendo.
Lelio
¿Enigmas hablas conmigo?
Pasquín
¡Pluguiera a Dios que lo fueran!
Que ellas te lo agradecieran,
y a mí el que no te las digo.
Lelio
Pues hásmelo de decir.
Pasquín
Sí haré, mas con calidad
de que creas que es verdad
cuanto te he de referir,
y no ficción.
Lelio
Sí creeré.
Pasquín
Pues con eso va de historia.
Aquí, apuntador, memoria
tu anacardina me dé.
Viendo el Senado que había
el siempre absoluto imperio
de las mujeres ganado
tanto en Roma los afectos
que dio causa al enemigo
para olvidarse soberbio,
con nuestro presente ocio,
de su pasado escarmiento,
y que no sólo era el daño,
divertidos en festejos,
estragar de la milicia
el antiguo valor nuestro,
mas también de los haberes
el caudal, por los excesos
de sus galas, de que ellas
usaban tan sin acuerdo
que, de bizarros, sus trajes
se pasaban a no honestos;
y viendo cuán principal
parte es, en fe del aseo,
para ser imán del alma,
el artificio del cuerpo,
pues la no hermosa con él
disimula sus defectos
y la hermosa con aliño
da a su perfección aumento,
una ley ha publicado
en que manda, lo primero,
que no sean admitidas
a los militares puestos
ni políticos, negadas
a cuanto es valor e ingenio;
que ninguna mujer pueda
del hábito que hoy trae puesto
mudar la forma, inventando
por instantes usos nuevos;
y que, para renovarlos,
haya de ser con precepto
de que sean propias telas,
sin géneros extranjeros,
oropel del gusto, mucho
brillante y poco provecho,
y éstas sin oro y sin plata;
ni usar tampoco de pelo
que propio no sea, de afeites,
baños, perfumes ni ungüentos;
y que, pues hidalgas son,
no sólo no nos den pechos,
pero ni pechos ni espaldas;
y en fin lo que más sintieron
fue que no salgan en coches
a los públicos paseos,
ni permitan en sus casas
banquetes, bailes ni juegos;
con que no quedó mujer
que no confesase luego
al potro del desengaño
las culpas del embeleco:
las flacas, que a pura enagua
sacaban para sus huesos
cuanta carne ellas querían
de en casa de los roperos,
volvían a ser büidas;
las gordas, que atribuyeron
a sobras de lo abrigado
las faltas de lo cenceño,
se volvieron a ser cubas;
y sin tinte en los cabellos
las viejas a ser palomas,
las morenas a ser cuervos.
Ya todas la verdad dicen,
ya son todas las que vemos,
porque la gala, "afufón,"
el artificio lo mesmo,
el arrebol, ni por lumbre,
el solimán, ni por pienso,
los islanes, "abrenuncio,"
los sacristanes, "arredro,"
los alcanfores son chanza,
las blandurillas son cuento,
la clara de huevo, "tate,"
el resplandor quedo, quedo,
el albayalde, "exi foras,"
la neguilla, "vade retro."
Y, en fin, para no cansarte,
paso entre paso se fueron
los escotados al rollo
y los jaques al infierno,
con que, para no ser vistas,
unas y otras se escondieron,
desengañadas de que
para más no las habemos
menester que para hilar,
coser y echar un remiendo.
Lelio
No sé, Pasquín, qué te diga
de cuanto...
Dentro tocan cajas y atabalillos
Mas ¿qué es aquello?
Todos
¡Victoria por el invicto
heroico caudillo nuestro!
Pasquín
Es que el Senado ha salido
de la ciudad a las puertas,
para Coriolano abiertas,
donde esperarle ha querido,
para que en ostentación
del aplauso que han ganado
las insignias que el Senado
le dio por aclamación,
con ellas quieren llevarle
de Roma al gran Capitolio,
en cuyo eminente solio
el sacro lauro han de darle
que a la victoria campal
pertenece.
Lelio
Fuerza es
acompañarle yo, pues,
aunque otra lid desigual
lucha en mí, no es tiempo ya
de ella, pues contrapesó
el socorro que me dio
a la envidia que me da.
Con que en uno y otro muestro
que ni uno ni otro permito.
Todos
¡Victoria por el invicto
heroico caudillo nuestro!
Tocan las chirimías y atabalillos, y salen por un lado CORIOLANO y SOLDADOS, y por otro el ACOMPAÑAMIENTO que pueda con las banderas, uno con un laurel en una fuente, otro con bastoncillo en otra, otro con un estoque en medio desnudo al hombro, y detrás AURELIO y FLAVIO
Aurelio
En hora dichosa vean
(¡ay hijo del alma mía!)
mis canas el fausto día
de tu aplauso, y en él sean
del fénix mis regocijos,
de hoy en su edad desengaños,
pues la hoguera de los años
es la virtud de los hijos.
Flavio
En hora dichosa vengas,
valeroso Coriolano,
donde del pueblo romano
el merecido don tengas
que tal victoria merece.
Coriolano
A uno y otro doy los brazos,
por ser prisiones sus lazos
que mi humildad os ofrece.--
(En fin, no has de dar, Fortuna,
cumplido ningún deseo,
pues a Veturia no veo,
ni aun otra mujer alguna,
por calles y plazas.)
Aurelio
Ven
donde honrado entre nosotros
el pueblo te vea.
Flavio
Vosotros
repetid el parabién.
Todos
¡Victoria...
Sale VETURIA
Veturia
No prosigáis
en decir "por el invicto
heroico caudillo nuestro;"
que no es de ese nombre digno.
Todos
¿Qué es esto, Veturia?
Veturia
Es
que en público el valor mío
se atreve a hablar, pues habló
en público vuestro edicto.
Que no es digno de ese honor
Coriolano, otra vez digo,
ni en vosotros para dado,
ni en él para recibido;
porque siendo las mujeres
el espejo cristalino
del honor del hombre, ¿cómo
puede, estando a un tiempo mismo
en nosotras empañado,
estar en vosotros limpio?
No blasonéis, pues, soldados,
en la rota del sabino,
de que venís con honor;
que si valientes y altivos
allá le dejáis ganado,
acá le hallaréis perdido.
Inútil os fue el valor,
poco provechoso el brío,
la resolución sin logro
y sin efecto el peligro,
pues [nada lográis quedando]
ya de nosotras mal vistos;
que si, en fe de apetecidas,
vuestro agasajo nos hizo
que descansase la queja
a la sombra del cariño,
¿qué mucho que, despreciadas,
al contrario, el albedrío,
que fue dócil al halago,
sea rebelde al desvío?
Como esposas nos tratasteis,
nobles, corteses y finos;
pues ¿cómo ya como esclavas
nos tratáis, con tal dominio
que en mujeriles adornos
aun no nos dejáis arbitrio?
No lo sentimos por ellos;
que por lo que lo sentimos
es la desestimación,
el desdén, el descariño,
el ultraje, el ajamiento;
que si el mundo en su principio
nos privó (quizá de miedo)
del uso de armas y libros,
no del uso nos privó
de aquel aplicado aliño
con que la naturaleza
se vale del artificio.
Pues ¿cómo, siendo heredados,
contra el natural estilo
canceláis de las mujeres
los privilegios antiguos?
¿Qué bruta nación, adonde
nunca llegar han podido
ni la política en leyes,
ni la república en juicios;
¿qué adusto bárbaro, a quien
tostó ardiente, erizó esquivo
el sol la tez en ardores
y el aire la greña en rizos,
les negó la adoración
del humano sacrificio
de ser ellas las rogadas
y ser ellos los rendidos,
cuanto más la urbanidad
de los comercios que, dignos,
sin deslizarse a indecentes,
se mantienen en festivos?
Las mujeres, a quien deben
primer albergue nativo
los hombres y a quien los hombres
en dos maneras han sido
tan costosos al nacer,
y al criarse tan prolijos,
¿han de vivir abatidas
a vista de quien las quiso
o lo dijo, por lo menos,
pues basta ver que lo dijo
para ver cuán desairados
estar todos es preciso,
vosotros con vuestras damas,
y Coriolano conmigo?
Y así yo, en nombre de todas,
en ira envuelta el sentido,
la lengua anegada en quejas,
la voz ardiendo en suspiros,
brotado el aliento en rayos,
destilado el llanto en hilos,
sin puntualidad la gala,
sin preceptos el aliño,
sin ley vagando el cabello,
sin orden puesto el vestido,
vuelvo a que, en nombre de todas,
digo a todos lo que a él digo.
Por noble, pues, Coriolano,
por galán, por entendido,
por cortesano en la paz,
en la guerra por invicto,
o por hombre solamente
(que harto con esto te obligo),
si como dama, te ruego
y como esclava, te pido
que aquesta infamia derogues,
haciendo que su designio
se borre de la memoria
y se escriba en el olvido.
Y si acaso a esta fineza,
de cobarde o de remiso,
no te dispone lo amante,
no te resuelve lo fino,
yo de mi parte a ti solo
y a todos os lo repito
de parte de las demás;
protesto, juro y afirmo
(por esa antorcha del día
que con afán repetido
se apaga al morir en ondas,
se enciende al nacer en visos)
que ha de ser siempre en nosotras,
si no hacéis lo que os pedimos,
el agasajo forzado,
poco seguro el cariño,
el favor poco constante,
el desabrimiento fijo,
triste y escabroso el lecho,
el gusto forzado y tibio,
con melindres la fineza,
el halago con retiros,
siempre el enojo rebelde,
nunca seguro el alivio.
Y cuando aquesto no baste,
monstruos somos vengativos.
Temed, pues, temed que el odio
quizá se pase a peligro;
que en manos de las mujeres
también, con violentos bríos,
saben herir los puñales,
saben cortar los cuchillos.
Y cuando no, ser sus ojos,
viendo el adagio cumplido,
de que las mujeres somos
milagros y basiliscos.
Vase
Coriolano
Oye, espera.
Flavio y Aurelio
¿Dónde vas?
Coriolano
Tras el imán que, atractivo
móvil del alma, arrastrados
lleva todos mis sentidos.
Aurelio
Si a efecto es de castigar
los oprobios que te ha dicho,
eso al Senado le toca.
Coriolano
Tan contrario es el motivo,
que es a poner en sus sienes
el laurel que he merecido,
porque en ella, presentados
como propios mis servicios,
en fe dellos, se derogue
tan escandaloso edicto.
Flavio
Nunca el Senado deroga
la ley que ya una vez hizo.
Coriolano
Pues derogaréla yo,
publicando en otra a gritos
que obedecida no sea.
Aurelio
Hijo, mira...
Coriolano
Nada miro.
Aurelio
Que eso es perderte.
Coriolano
Perdida
Veturia, ¿qué más perdido?--
Quien fuere de mi sentir,
en que no se vea ofendido
el honor de las mujeres,
me siga.
Vase
Unos
Ya te seguimos
a ti por caudillo nuestro,
y a ellas por nosotros mismos.
Flavio
Ciudadanos, a impedir
su arrojo, venid conmigo.
Vase
Lelio
(No es mala ocasión, envidia,
de acriminar su delito.)
¡Romanos, viva el Senado!
Repítenlo UNOS
Lelio
¡Y muera quien a su edicto
se opone!
Repítenlo OTROS. [Habla dentro CORIOLANO]
Coriolano
¡De las mujeres
vivan los fueros antiguos!
Aurelio
Dividida en bandos toda
Roma está.¿Quién en conflicto
igual se vio, de una parte
mi cargo, de otra mi hijo?
¡Oh apetecidos venenos!
¡Oh familiares hechizos!
¡Oh dulce encanto!¡Oh mujeres,
nunca acá hubierais venido!
Jornada Segunda
Salen VETURIA y ENIO
Enio
Apenas, Veturia bella,
en Roma puse las plantas
cuando, llamado de ti,
vengo a saber qué me mandas.
Veturia
En cerrando aquesta puerta,
porque ni aun una crïada
pueda oírnos, sabrás que
hacer de ti confïanza,
que de otro ninguno hiciera,
en fe de estar informada
de cuán fino amigo eres
de Coriolano.
Enio
Aunque es tanta
de su persona a la mía
la no medida distancia,
con ese nombre me honró
su benignidad, a causa
de habernos visto servir
en aquellas dos pasadas
invasiones de Sabinio;
y en ésta aun con más instancia,
por ocupar mayor puesto;
con que a ninguno le alcanza
mayor parte en las deshechas
fortunas en que hoy le halla
la corta ausencia de haber
ido en convoy de una dama,
de orden suya, hasta ponerla
en salvo en su misma patria.
Veturia
Según eso ¿no sabrás
por extenso lo que pasa?
Enio
Sé el decreto del Senado,
sé que, ofendida y airada,
diste en público la queja,
sé que tomó la demanda
en favor de las mujeres.
Desde aquí, señora, hasta
hallarle preso, no sé
de cierto las circunstancias,
porque nuevas de camino
siempre se cuentan tan varias,
que el deseo de saberlas
se hace razón de dudarlas.
Veturia
Pues si hasta aquí sabes, oye
desde aquí lo que te falta.
Resuelto, pues, Coriolano
en volver por nuestra fama,
toda la milicia suya
tomó la voz, empeñada
en que igual ley el Senado
había de revocarla.
Él, empeñado también
en que, una vez promulgada,
había de mantener
inviolable su observancia,
dando nombre de traidor
motín a la repugnancia,
echó bando de que, pena
de serlo, ninguno osara
a seguir a Coriolano,
dejando desamparada
de favor a la justicia;
con que la nota de infamia,
arrastrando tras sí al pueblo,
puso a toda Roma en arma.
En vano será decirte
que no hubo calle ni plaza
que no fuese lastimoso
teatro de mortales ansias.
Entre todas la mayor
--que hay desgracia de desgracias--
fue que, en el ciego, el confuso
tumulto, una desmandada
punta --áspid debió de ser
quizá aborto de mi rabia--
el pecho de Flavio hirió
con tan venenosa saña
que no hubo tiempo entre herirle
el cuerpo y faltarle el alma.
Muerto el senador, el pueblo
con el pavor y a la instancia
de su hijo en vengar su muerte,
tanto el número adelanta
que, embestido Coriolano
de tan superior ventaja,
fuera fuerza que matando
muriera, si no llegara,
intrépidamente osado,
sobre el furor de las armas
su padre a arrojarse en medio,
repitiendo en voces altas:
Muera, que no es hijo mío
quien es traidor a su patria,
pero muera, prosiguió,
de suerte que satisfaga
su muerte al cielo y al mundo,
siendo ejemplo, y no venganza.
Esta causa es del Senado;
a mí me toca esta causa,
como a primer senador;
que el ser padre no embaraza
al ser juez; porque, aunque son
dos acciones tan contrarias,
mi sangre y mi obligación
sabrán cumplir con entrambas.
Dijo, y llegando a su hijo,
que al verle se echó a sus plantas,
le arrancó el laurel con una
mano y con otra la espada.
Con que el furor suspendido
--ya al valor de su constancia,
ya al decoro de su puesto,
ya al respeto de sus canas--
quedó, mayormente al ver
que, entregado a dos escuadras
de la nobleza y la plebe,
llevarle a la torre manda
del alto homenaje, donde,
sin ver del sol la luz clara,
preso le tiene, cargado
de cadenas y de guardas.
¡Oh, quién aquí hacer pudiera
exclamación de cuán varia
la fortuna en un instante
tan de extremo a extremo pasa,
como del triunfo a la ruina
y del alborozo al ansia!
La culpa tuve, y así,
solicitando enmendarla,
oye lo que ignoras, ya
que sabes lo que ignorabas.
Temiendo yo que su vida
a todo trance restada
está, no tanto porque
su padre, por la jactancia,
más que de padre, de juez,
tan grandes extremos haga,
cuanto porque lo restante
del Senado es fuerza que haya
de tomar satisfacción,
y dar a Lelio venganza,
discurriendo en varios medios,
modos, ardides y trazas
de ponerle en libertad,
precios ofrecí, fïada
en que la llave del oro
maestra es de todas guardas.
Un bandido a mí ha venido
--¿quién duda que ella le traiga?--
diciéndome cómo él sabe
que el cubo de la muralla
de la torre, entre otras rejas,
conserva una que, limada
a otro fin, no surtió efecto;
y así quedó, no sin maña,
desmentido lo limado
con no sé qué negra pasta;
que él la abrirá, y él pondrá
de noche en ella una escala,
y al pie della una cuadrilla,
que le guarde las espaldas
hasta sacarle de Roma;
pero que es fuerza que haya
quien de la parte de adentro
de aquesto le avise, para
cuyo efecto este papel,
lo primero, le señala
la reja, luego hora, noche
y seña con que le aguarda.
A que en su mano le pongas
y con él esta acerada
sorda lima a sus prisiones
es para lo que se ampara
de ti mi amor; y pues tienes,
por tribuno, puerta franca
a la prisión, sin sospecha
de que en ella entres y salgas,
dale uno y otro, y ¡adiós!,
que no quiero mi tardanza
despierte alguna malicia,
ni que tú me des las gracias
de lo que en esto me debes,
puesto que no sé que haya,
para un espíritu altivo
de quien se hace confïanza,
ocasión más generosa,
más airosa, más bizarra,
más heroica, más ilustre,
más noble ni más hidalga,
que dar la vida a un amigo
en servicio de una dama.
Vase
Enio
¡Espera, escucha!--La puerta
cerró, entrándose a otra cuadra,
donde no puedo seguirla.
Preciso es que desta salga
cuanto antes, para no dar
cuenta a crïado o crïada,
si preguntan a quién busco.
Entra por una puerta y sale por otra
Ya deste empeño me saca
hallarme en la calle. ¡Cielos!
¿Quién se ha visto en más extraña
confusión? Ministro soy,
por tribuno, en la real sala
de justicia; por amigo
lo soy con vida y con alma
de Coriolano; obligado
de Veturia me hallo, a causa
de haberse de mí valido.
¿Quién vio fiel de tres balanzas
tan iguales como cargo,
amistad y confïanza?
Divertido en lo que hacer
debo, he llegado al alcázar
del homenaje, en que está
Coriolano. Antes que haga
entero juicio, he de verle;
quizá alguna circunstancia
me advertirá lo mejor;
aunque, a mi ver, mucho carga
la de dar vida a un amigo
en servicio de su dama.
Sale PASQUÍN
Pasquín
¿Quién viene allá?
Enio
¿Qué es aquesto,
Pasquín?
Pasquín
Ser guarda, y no guarda-
infante, ni guardapolvo,
guardapiés, ni guardadamas,
sino guardadiablo, pues
guardo a Coriolano.
Enio
Basta
de locura, y dime ¿cuál
es de su prisión la estancia?
Pasquín
Aqueste obscuro retrete.
Enio
Abre, ya que están cerradas,
de sus troneras alguna.
Pasquín
Eso es decir que me abra
la cabeza; que aquí no hay
más tronera que mi calva.
Abre una puerta, vese CORIOLANO sentado, con cadena al pie
Enio
Salte allá fuera; que importa
que, como ministro, haga
con él una diligencia;
y avisa si alguno trata
de entrar o salir.
Pasquín
Sí haré.
Vase
Coriolano
Gente he sentido. ¿Quién anda
aquí?
Enio
Quien por verte viene
y, por no verte, trocara
la amistad con que te busca
al dolor con que te halla.
Coriolano
¿Enio?
Enio
Sí.
Coriolano
Si como juez
vienes a hacer en mi causa
algún instrumento, di
cuál es; que nada me espanta.
Enio
Aparte
(Perdone el puesto, que añade
mucho peso a su balanza,
con la lástima de verle,
amistad y confïanza.)
Tan otro es a lo que vengo,
que es de parte de una dama.
Coriolano
¿La que convoyaste?
Enio
No;
que ésa ya quedó en su raya
segura.
Coriolano
¿Qué dama puede
ser la que a verme te traiga
de parte suya?
Enio
Veturia.
Coriolano
¿De mí se acuerda?
Enio
Y con tanta
fineza...
Coriolano
Di.
Enio
...que es en orden
a que desta prisión salgas.
Coriolano
¿Qué dices? ¡Oh quién pudiera
darte en albricias mil almas,
más porque fina se acuerda
que porque preso me valga!
Vuelve, pues, vuelve a decirme
si es verdad, que ella, obligada
de lo que paso por ella,
te envía, y cómo, Enio, traza
mi libertad.
Enio
Como hay quien
una desas rejas abra,
quien ponga una escala en ella,
y te guarde las espaldas,
hasta sacarte de Roma.
Coriolano
Si eso es verdad...
Enio
Esta carta
y esta lima te lo digan;
bien que para leerla falta
la luz, porque viene en ella
el que estéis conformes, para
saber la noche, y abrir
la reja, y poner la escala.
Coriolano
Muestra, que no falta luz;
que esta cadena se alarga
hasta aquella puerta que
tiene enfrente una ventana
que, aunque participa poca,
lo que es para leerla basta.
Lee
Señor y dueño mío; quien estima vuestra
vida más que la suya ha solicitado medios
para que salgáis de esa prisión. La reja
que hallaréis abierta y la que tendrá
puesta la escala es la primera del cubo
de la torre. Avisad en teniendo limadas
las prisiones, para que esa noche os espere
quien ha de acompañaros, que quien lleva
éste traerá la respuesta. Dios os guarde.
Deja que una y muchas veces,
no a los brazos, a las plantas
te pague el porte de aquesta
ventura que no esperaba.
Enio
Pues sin esperarla viene,
no hay que esperar a lograrla;
que yo he de ser el primero
que acompañándote vaya.
¿Qué noche vendrán?
Coriolano
Acciones
que tocan en temerarias
no hay que pensarlas; que sólo
se arriesgan en lo que tardan.
Y pues solamente aquí
limar las prisiones falta,
de aquí a la noche habrá tiempo.
Enio
Según eso, ésta señalas.
Coriolano
Sí.
Enio
Adiós, pues.
Coriolano
Adiós.
Sale PASQUÍN
Pasquín
Tu padre
viene entrando hacia esta sala.
Enio
No digas que yo le he visto.--
Tú, retírate a tu estancia;
que de hallarme aquí yo tengo
disculpa que dar.
Coriolano
Tirana
Fortuna, duélete un día
siquiera de mis desgracias.
Vase CORIOLANO, cerrando la prisión. Sale AURELIO
Aurelio
Bien dijo quien dijo que era
en las pasiones humanas
muchos cuidados un hijo.
Dígalo yo, a quien arrastran,
con ley de juez que acrimina,
dolor de padre que ama.
Y así, entre las dos pasiones,
haciendo una sola de ambas,
le prendo y le guardo a un tiempo,
porque preso satisfaga
a la justicia, y también
porque preso asegurada
su persona esté; que es cierto
que, a no estarlo, le mataran
Lelio y sus deudos; de suerte
que, justiciera la maña,
para todos le castiga
cuando para mí le guarda.
Y así a ver vengo... ¿Enio aquí?
Enio
Llegando de la campaña
e informándome, señor,
de cuanto en mi ausencia pasa,
cumpliendo mi obligación
y considerando cuánta
de Coriolano es la culpa,
quise saber con qué guardas
y prisiones su persona
está; que nunca yo entrara
a verle preso, si no
fuera para asegurarla.
Aurelio
Aparte
De ti lo creo. (¡Al caído,
oh amistad, qué presto faltas!)
[Habla CORIOLANO] al paño
Coriolano
Entreabriendo aquesta puerta,
puedo escuchar lo que hablan.
Aurelio
A lo mismo venía yo;
y pues que tu vigilancia
debe, por su obligación,
aliviarme de la carga
de cuidar que su persona
segura esté, que es el ansia
que más me aflige, respecto
de que es preciso que caiga,
si él faltase, sobre mí
la sospecha, que me valga
de ti es preciso también,
pues de nadie con más causa
fiarme puedo, que de quien
le toca lo que le encargan.
Y así, pues que desde aquí
mi desvelo en ti descansa,
por el Senado te nombro
guarda mayor de sus guardas.
Tú le has de dar cuenta dél;
y desde hoy con más instancia,
porque, queriendo con Lelio
de su padre la desgracia
en parte suplir, en él
se ha proveído la plaza
de segundo senador,
de que hoy tomará en la sala
de justicia posesión.
Mira si habrá quien te haga,
el día que te le fío,
el cargo a ti de su falta.
Vesle ahí; que no quiero verle
yo.
Aparte
(Lástima es, que no saña.)
Entrégate dél, y teme
que el cuchillo que amenaza
su garganta no ejecute
los filos en tu garganta.
Vase. Sale CORIOLANO
Enio
¿Haslo oído?
Coriolano
Sí.
Enio
Pues oye
también que no me acobarda
su despecho para que
libre esta noche no salgas.
En ella te espero. Adiós.
Coriolano
Oye. Y ¿será buena paga
que vengas tú a darme vida
y yo a darte muerte vaya?
Enio
Un medio término puede
medir esas dos distancias.
Coriolano
¿Qué medio término?
Enio
Yo,
hasta salir de la raya,
contigo he de ir. Con quedarme
contigo, y en buena o mala
fortuna seguir la tuya,
resguardado, te resguardas.
Coriolano
Eso es, porque no se pierda
uno, perderse dos. Basta
que a mí, como delincuente,
por forajido la patria
me dé, sin que por traidor,
yendo contra lo que manda,
te dé a ti; mira el desdoro
que hay de una fuga a una infamia.
Enio
Eso salva el dar la vida
a un amigo.
Coriolano
Mas no salva
al amigo que le pone
en que pierda honor y fama.
Enio
Yo cumplo con esperar.
Coriolano
Yo con no salir.
Enio
Repara.
Coriolano
No hay que reparar.
Enio
Advierte.
Coriolano
No hay que advertir.
Enio
Mira.
Coriolano
Nada
he de mirar. Y porque
tan desconfïado vayas,
que no esperes mi salida,
daré al aire tu esperanza.
Arroja hacia dentro la lima
Enio
¿Qué has hecho?
Coriolano
Arrojar la lima;
que si ella es la llave falsa
de mis prisiones, sin ella
verás que en vano me aguardas.
Enio
Eso es desesperación.
Coriolano
Esto es honra.
Enio
Es temeraria
resolución.
Coriolano
Es piadosa.
Enio
Es cruel despecho.
Coriolano
Es constancia.
Enio
Es furor.
Coriolano
Es honor.
Enio
Es
ira.
Coriolano
Es valor.
Enio
Es ingrata
fe con Veturia.
Coriolano
Veturia
me querrá --que es noble dama--
más con alabanza muerto
que vivo sin alabanza.
Enio
No quiero apurar ahora
despeños a tu arrogancia.
Mañana quizá estarás
de otro parecer, si pasa
noche por éste.
Coriolano
Aunque pasen
siglos, no habrá en mi mudanza.
Enio
Con todo, mañana espero
ver qué valen mis instancias.
Coriolano
Pues, hasta mañana, adiós.
Enio
Pues adiós, hasta mañana.
Vanse. Múdase el teatro en sala de tribunal, con sitial y dosel, y salen AURELIO y un RELATOR, viejo venerable
Aurelio
¿Está todo prevenido?
Relator
Sí, señor; y acompañado
de la nobleza ha llegado
Lelio ya.
Aurelio
Aparte
(Pierdo el sentido
al ver que la posesión
he de dar contra mi hijo
a quien tan claro colijo
ser justa su indignación.
Pero ¿qué puedo yo hacer,
cuando corre tan deshecha
la suerte que a mi sospecha
es fácil de convencer?
Con que no hay razón que impida
ser su juez, cuando advierto
que, si él es hijo del muerto,
yo padre del homicida.
Y es tan grande del Senado
la autoridad y el honor
que el que eligió a Senador
no puede ser recusado;
dando a entender que ha de ser
tan recto en la ejecución
que interés, sangre o pasión
no ha de poderle vencer.
Ya llega; forzoso es
que, a costa del ansia mía,
obre ahora la cortesía
y la fortuna después.)
Sale LELIO vestido de luto, y gente de acompañamiento
Aurelio
Vos seáis muy bien venido,
señor, a suplir la ausencia,
con vuestra heroica presencia,
del que hemos todos perdido.
Y digo todos, porqué
padre de la patria era,
cuya desdicha, si fuera
capaz de tenerse, en fe
de ser vos quien la suplís,
sólo afianzara el consuelo.
Lelio
Aurelio, guárdeos el cielo.
Aurelio
Sentaos, pues a eso venís.
No es ése vuestro lugar,
estotro es el que se os debe;
que el tribuno de la plebe
el izquierdo ha de ocupar.--
Llamadle.
Relator
Ya viene allí.
Sale ENIO por otro lado con gente de acompañamiento
Enio
Perdonadme, si he tardado;
que en vuestro servicio he estado.
Aurelio
¿Queda bien seguro?
Enio
Sí.
Aparte
(Y tanto que no quisiera
yo que lo quedara tanto.)
Siéntanse los tres en tres sillas, y en un taburete el RELATOR
Aurelio
Aparte
(¡Quién disimulara el llanto!)
La ceremonia primera
es que un pleito sentenciéis,
porque con vuestro decreto
la posesión y su efeto
consisten.
Al RELATOR
-- ¿Cuáles tenéis
más vistos o más a mano?
Relator
El que más visto, después
de ser el más grave, es,
señor, el de Coriolano.
Aurelio
Aparte
Leed sus cargos. (Fuerza es esto.)
Relator
Habiéndose publicado
un edicto del Senado,
a derogarle dispuesto,
dijo que él publicaría
otra en contra, en que mandase
que ninguno le observase;
dando a entender que podía
leyes quitar y poner;
a cuyo efecto movió
la milicia, en que mostró,
no sin ambición, querer,
el día que su furor
contra el Senado armas toma,
levantándose con Roma,
coronarse emperador.
Testigo hay que afirma ser
suya, y de otro alguno no,
la espada que a Flavio hirió.
Aurelio
¿Qué alega en descargo?
Relator
Haber
siempre constante y leal
servido a la patria; que,
siguiendo a Rómulo, fue
el cabo más principal;
que a los Etruscos venció,
muerto su rey a sus manos;
que a los labinios y albanos
al imperio sujetó;
que al sabino fue su brío
el que resistió valiente
el paso una vez del puente,
y otra el esguazo del río,
sin la tercera, en que entró
triunfante en Roma. Esto alega;
y en cuanto a ser suya, niega,
la espada, que a Flavio hirió;
concluyendo con que osado
no se opuso su fortuna
al Senado, sino a una
no justa ley del Senado.
Aurelio
Ya, nobleza y plebe, habéis
el cargo y descargo oído.
Para votar siempre ha sido
estilo que despejéis,
mientras nuestro sentimiento,
desavenido en nosotros,
no apele para vosotros
en general parlamento.
Unos
Así es, y nuestra esperanza...
Otros
Lo que dijiste te advierte.
Aurelio
¿Qué dije yo?
Todos
Que su muerte
sería ejemplo, y no venganza.
[Relator]
[Retiraos.]
Vase el pueblo
Aurelio
(¿Que su muerte
sería ejemplo, y no venganza?
.....................[-anza]
.....................[-erte]
Yo lo dije. ¿Habrá quien crea
que una voz, que a darle vida
fue allá causa, repetida
aquí, a darle muerte sea?
¿Ni quién creerá en mi quebranto
que, siendo lo más veloz
una pluma y una voz,
voz y pluma pesen tanto
que en vano su gravedad
sustentarla solicito?
Darle perdón es delito;
darle castigo es crueldad.
Aquí, a pesar de mi fama,
me está llamando el amor;
aquí, a pesar del dolor,
la justicia es quien me llama.
A un tiempo sin mí y conmigo
balanzas mis manos son;
en ésta pongo el perdón,
en ésta pongo el castigo.
Ya no puede haber malicia
en el peso que dispuse,
pues donde la pluma puse
ha cargado la justicia.
A mi dolor esta vez
no habrá consuelo que cuadre,
pues más que la voz de padre
pesó la pluma de juez.
Escribe
¿Qué mucho, si en el crüel
dolor de mi sentimiento
centro es de la voz el viento,
y de la pluma el papel?
La hoja al voto he de volver;
no haga el ejemplar mi pena;
que, si un padre le condena,
un contrario, ¿qué ha de hacer?)
Ahora votad [vos].
Lelio
Aparte
(Que añada
dolor a dolor es suma
fuerza, y que empuñe la pluma,
cuando debiera la espada.
Entre cólera y templanza
yo me enfreno y yo me irrito;
que vengarme por escrito
venganza es, mas ruin venganza.
Y será acción mal distinta,
aunque Roma sea mi madre,
que vierta sangre mi padre,
y yo la lave con tinta.
Y así perdone esta vez,
que entre juez y caballero
para conmigo, primero
fui caballero que juez.)
Escribe
Ya firmé y volví la hoja.
Aurelio
Votad vos ahora, Enio.
Enio
Aparte
(¡Qué poco tendrá mi ingenio
que pensar en tal congoja!
Pues si ausentarle consigo
con mi voto, es cierto que
como juez conseguiré
lo que intenté como amigo.)
Escribe
También yo he firmado.
Aurelio
Pues
por si alguno se mejora,
conferido, leed ahora
los votos de todos tres.
Relator
"Habiendo considerado
de Coriolano la fiera
culpa, mi voto es que muera.
Aurelio, por el Senado."
"Atento a la gran proeza
de Coriolano, y su altiva
fama, mi voto que viva
es. Lelio, por la nobleza."
"Porque pague lo que a él debe
la patria, y no perdonado
quede, della desterrado
salga. Enio, por la plebe."
Los tres habéis discordado.
Lelio
Mi voto no hay que confiera
en que viva.
Aurelio
Yo en que muera.
Enio
Yo en que vaya desterrado.
Levántanse
Lelio
Que muera es mucho rigor.
Aurelio
Que viva es mucha piedad.
Enio
Luego entre amor y crueldad
no será crueldad ni amor
el destierro.
Lelio
Sí hará tal;
que mejor, a cuantos ven,
será perdonarle bien
que no castigarle mal.
Un destierro a tal delito
ni es castigo ni es perdón.
Relator
Yo cumplo mi obligación,
si los tres votos remito
al general estamento
de la nobleza y la plebe,
que es el que, en discordia, debe
dar al uno el cumplimiento.
Vase
Aurelio
Aparte
(Mi esperanza en eso estriba;
que al ver tan sin ejemplar
mi voto, es fuerza ganar
afectos para que viva.)
Vase
Lelio
Aparte
(No mal de su juicio espera
mi voto lograrse, pues
sabrá la nobleza que es
que viva para que muera.)
Vase
Enio
Aparte
(El pueblo sabrá, informado
de mí, que para cumplir
con no morir ni vivir,
elegí el ir desterrado.
Con que después iré a dar
cuenta a Veturia de que,
ya que lo uno no logré,
lo otro dispuse.)
Vase. Salen VETURIA y LIBIA disfrazadas y con velos en el rostro
Veturia
El pesar
de un amante corazón,
que de los hados se queja,
pocas veces, Libia, deja
quietar la imaginación.
Una grave diligencia
a Enio encargué; no he sabido
el efecto que ha tenido;
y como es de la paciencia
cualquier tardanza enemiga,
me he atrevido disfrazada,
y deste velo tapada,
a buscarle y que me diga,
ya que sus ocupaciones
lugar quizá no le han dado,
lo que della ha resultado.
Libia
A poco riesgo te pones
de ser conocida, pues
en ese traje y tapada,
no tienes que temer nada.
Y para hallarle ésta es
la mejor hora, supuesto
que es la que sale el Senado,
en que es fuerza que haya estado.
Tocan dentro chirimías y atabalillos
Veturia
Espera. ¿Qué será esto
de hacer salva y concurrir
tanta gente a sus umbrales?
Libia
De gran novedad señales
son. No me atrevo a inferir
qué será. Pero allí viene
Pasquín, y él me lo dirá.
Veturia
Tente; que por ti podrá
conocerme, y no conviene
que sepa quién soy.
Libia
Diré
que eres una amiga mía
que viene en mi compañía
en busca suya; con que,
no hablando tú, ¿cómo puede
conocerte?
Veturia
Dices bien.
Vuelven a tocar, y sale PASQUÍN
Pasquín
Gracias al gran Baco den
mis ansias, pues me concede
no ser guarda, a cuyo fin
visitarle solicita
mi sed, en cualquier hermita
que encuentre suya.
Libia
¡Pasquín!
Pasquín
Libia, por quien cierto hombre
dijo, en frase no muy vana,
Libia, que ya de liviana
tienes la mitad del nombre,
¿qué es aquesto?
Libia
¿Qué ha de ser?
Que, viendo que no me vías
en tantísimos de días,
de ti procuré saber.
Y, diciéndome esa amiga
que te había visto aquí,
que viniese la pedí
conmigo.
Pasquín
No sé si diga
que mientes; porque es en vano
persuadirme a que ignoraba
nadie que nombrado estaba
por guarda de Coriolano.
Libia
¿De Coriolano?
Pasquín
Sí.
Libia
Pues
¿cómo la guarda has dejado?
Pasquín
Como, habiéndole sacado
de la prisión, fuerza es
que sobren las guardas.
Veturia
Aparte
(¡Cielos!
¿Qué oigo? ¿Sacado le han
de la prisión? Que serán
--¿quién lo duda?-- mis desvelos;
pues sacarle a él de prisión
y no verme Enio, su fiel
amigo, de irse con él
bastantes indicios son
Sin duda él la diligencia
hizo.)
A LIBIA
Pregúntale más.
Libia
Ya que disculpa me das
de faltar de mi presencia,
dime ¿cómo lo han sacado,
cuándo, quién, cómo, y qué fiesta,
porque a él le saquen, es ésta
que hoy hace todo el Senado?
Pasquín
¿Qué fiesta, quién, cómo y cuándo
preguntas, sin reparar
que ése es mucho preguntar?
Y más para mí, que ando,
con la falta del dormir,
muy frágil hoy de memoria,
y es muy larga aquesa historia.
Libia
Tente; que no te has de ir
sin que a las cuatro razones
cuenta des.
Pasquín
¿Es fuerza?
Libia
Sí.
Pasquín
Señores, ¿quién me hizo a mí
contador de relaciones?
Desde el parlamento alto,
Libia, al bajo parlamento,
como si fuera bayeta,
bajó remitido el pleito.
Lo que allá se confirió
no lo sé muy por extenso;
mas sé que fue su resulta
que, de donde estaba preso,
a Coriolano sacasen,
y al son de los instrumentos
le restituyesen cuantos
honoríficos aprestos
prevenidos le tenían
para su recibimiento
el día que en Roma entró
coronado de trofeos.
¿Quién le sacó? Fue la guarda.
¿Cuándo? En el instante mesmo.
¿Cómo? De laurel ceñido.
¿Dónde? Al trono más excelso.
De modo que de la misma
suerte que le recibieron
triunfante se vuelve a ver
de la prisión libre, en medio
del senador propietario
y el sustituto del muerto,
haciendo hoy las ceremonias
que entonces se hubieran hecho,
si aquella mala mujer
de Veturia con extremos
tan duelistas no le hubiera
en tanta desdicha puesto.
Hasta aquí sé; desde aquí
busca a otro majadero
que te diga lo demás,
si no te basta oír al pueblo.
Vase. Chirimías y atabalillos [y dicen dentro]
Todos
¡Viva Senado que sabe
dar a las victorias premio!
Veturia
¿Quién creerá que hay caso en que
oír baldones agradezco?
Libia, dime, si es verdad
lo que escucho y lo que veo;
porque ser dicha y ser mía,
ser gozo y no ser ajeno,
implica contradicción.
¿Libre Coriolano, cielos?
¿Libre y con nuevos honores
restituido a sus puestos?
Desengáñame tú, dime
si es cierto, Libia.
Libia
Y tan cierto
que, sin ser la enamorada
yo, desde aquí lo estoy viendo;
pues para que lo vean todos,
el Capitolio han abierto.
Sosiégate; que no es bien
te descubran tus afectos.
Y más cuando todo el vulgo,
con el general contento
de su perdón, trae en tropas
mujeres y hombres diciendo:
Todos
¡Viva Senado que sabe
dar a las victorias premio!
Con esta repetición y las chirimías y atabalillos, salen todas las mujeres y hombres, abriéndose todo el foro, y en un trono CORIOLANO, con laurel, manto y bastón, y a sus lados AURELIO, LELIO, ENIO, y el RELATOR
Coriolano
Aparte
(Fortuna, si por asunto
de tus variados sucesos
me ha elegido lo inconstante
de tu condición, a efecto
de que se acrisole en mí
ser verdad aquel proverbio
de que es un sueño la vida,
pasándome tus extremos
a preso de victorioso,
y a victorioso de preso:
suspéndete en este engaño,
siquiera por un momento,
y conténtate con darme
al partido de que sueño
la felicidad, con que
a verme triunfante vuelvo.
Aurelio
Publicad, para que conste
a toda Roma, el decreto
que en su remisión ha dado
el general estamento.
Veturia
Oye, Libia, por si oírlo
añade gozos al verlo.
Relator
Sepa Roma, y sepa el orbe
que plebe y nobleza, atento
a que no es justo que queden
tantos señalados hechos
como debe a Coriolano
la república sin premio,
principalmente en la rota
del último vencimiento
del sabino, cuyo triunfo
entonces quedó suspenso;
sepa Roma, y sepa el orbe
que plebe y nobleza, habiendo
recusado el primer voto,
le dan por libre y absuelto
de la pena capital
de muerte; y añaden luego
que prosiga el adquirido
triunfo, con que satisfecho
ya una vez en lo que toca
a cuanto es merecimiento,
convienen con el segundo
voto de que viva; pero
que no viva despenado
tanto como en el tercero
el destierro le permite;
porque ha de ser el destierro
con circunstancias de que
sirvan a otros de escarmiento,
no dejando sin castigo
el osado atrevimiento
de haber alterado a Roma,
de haberse al Senado opuesto,
convocado la milicia
y, sobre un senador muerto,
despertado las sospechas
de quererla hacer imperio.
Y así determinan que
suceda al triunfo el destierro,
arrojándole de sí,
de los honores depuesto,
pues si mereció ganarlos,
ya le ha pagado con ellos,
y debe cobrarlos, pues
también mereció perderlos;
con que, emancipado hijo
de la patria, y de sus fueros
hoy desnaturalizado,
establecen que al momento
que vea el pueblo que a deberle
nada le queda a su acuerdo,
degradado del laurel,
bengala y estoque, siendo
el pregón de sus delitos
los pavorosos acentos
de destempladas sordinas
y roncos parches funestos,
le saquen de los distritos
de toda Roma; y expuesto
al arbitrio de los hados,
le dejen en los desiertos
montes fuera de su raya.
Y para que en todo tiempo,
por donde quiera que fuere,
lleve las señas de reo,
los hierros de la prisión
sean testigos de sus yerros,
diciendo premio y castigo,
sin venganza y con ejemplo,
pena de ser sospechoso
el que no diga con ellos:
Relator y Todos
¡Viva Senado que sabe
unir castigos y premios!
Veturia
Aparte
(¡Ay, Libia, bien temí yo
ser mi dicha devaneo.)
Coriolano
Aparte
(¡Ay, fortuna! Bien temí
que era mi ventura sueño.)
Aurelio
Yo, aborrecido hijo... (Mal
dije; que en deshonor puesto,
no debe llamarte hijo
ni aun el aborrecimiento)
yo, Coriolano, te puse
el laurel, que en otro riesgo
te quité, por darte vida,
y ahora a quitártele vuelvo
porque me mate el dolor;
Quítasele
que para mi sentimiento
más que verte degradado
dél, verte quisiera muerto.
Lelio
Mi padre te dio el estoque
que osado contra su pecho
esgrimiste; y aunque a mí
quitártele toca, quiero
trocarle al bastón, porque
no se piense que es a afecto
de dejarte desarmado
para mi venganza, puesto
que, dondequiera que fueres,
seguirte y matarte tengo.
Quítasele
Enio
Yo, Coriolano, la espada,
por la obligación del puesto,
te quito;
Quítasela
pero entendido
ten que con ella me quedo
para emplearla en tu favor,
siempre que se ofrezca hacerlo.
Coriolano
¡Cielos! ¿Qué dolor que iguale
a mi dolor habrá?
Veturia
¡Cielos!
¿Qué tormento habrá que pueda
medirse con mi tormento?
Relator
Ahora, escuadras, que nombradas
estáis para el cumplimiento
de la justicia, pues yo,
como fiscal, os le entrego
desposeído del trono
y las insignias depuesto...
Tocan cajas destempladas y sordinas
... al son, como antes os dije,
de fúnebres instrumentos,
llevadle, hasta quedar fuera
de todos los lindes nuestros.
Y para seguridad
de que no conmueva al pueblo,
sobre afianzadas prisiones,
llevadle el rostro cubierto;
que, para saber quién es,
basta que vais repitiendo:
Relator y Todos
¡Viva Senado que sabe
unir castigos y premios.
Cajas
Mujer 1
¡Qué lástima!
Vase
Mujer 2
¡Qué desdicha!
Vase
Mujer 3
¡Qué pena!
Vase
Mujer 4
¡Qué desconsuelo!
Vase
Lelio
Retírome; no se entienda
que en su castigo me vengo.
Vase
Enio
¡Quién, por no oírlo, ensordeciera!
Aurelio
¡Quién cegara, por no verlo!
Vanse los senadores
Soldado
Ven, y a lo que ejecutamos
disculpe el que obedecemos.
Vuelven a tocar las sordinas y cajas
Coriolano
En fin, hijo aborrecido,
patria, ¿me arroja tu centro,
como bruto, a las montañas,
como fiera, a los desiertos?
Pues teme que, como fiera
rabiosa, que, como fiero
bruto irritado, algún día
me vuelva contra mi dueño.
Cúbrenle el rostro y llévanle
Todos
¡Viva Senado que sabe
unir castigos y premios!
Vanse
Veturia
¡Oíd, esperad!
Libia
No, señora,
des con segundo despeño
a toda Roma segundo
escándalo.
Veturia
¿Cómo puedo
dejar de darle, cumplido
el número al sufrimiento?
Déjame, Libia, que vaya
a morir con él.
Libia
Todo eso
es querer que contra ti
vuelva el rigor.
Veturia
¿Qué más vuelto,
si, perdido Coriolano,
esposo, alma y vida pierdo?
¡Oh Júpiter! ¿Para cuándo,
ya que me asustan los truenos
desas cajas y esas trompas,
guardan tus rayos su incendio?
O ¿para cuándo, fortuna,
es el igualar los tiempos?
¿Siempre a más la edad del llanto?
¿Siempre la del gozo a menos?
Dígalo yo, pues apenas
vi brujuleado el contento,
cuando vi patente el daño,
uno instante y otro eterno;
pues siempre durará en mí
de su ausencia el desconsuelo,
de su desdoro el dolor
y de su patria el desprecio;
si ya no es que, cuando sepa
dónde haya tomado puerto
su derrotada fortuna,
mi amor en su seguimiento
vaya a quebrarla los ojos,
porque, aunque sé que son ciegos,
si no sintiere su falta,
sentirá mi sentimiento,
cuando, a pesar de su ira
y a oposición de su ceño,
oiga que sin ella pude
labrarme mi dicha, siendo
mi suma felicidad
sólo el ver que a verle vuelvo.
Y hasta entonces, altos dioses,
sol, luna, estrellas, luceros,
planetas, signos y nubes,
aire, agua, tierra y fuego,
aves, peces, brutos, fieras,
montes, troncos, golfos, puertos,
con lástima suya y mía,
repetid con mis lamentos:
¡Cielos, o dadle venganza,
o dadme paciencia, cielos!
Vase
Libia
Oye, aguarda, escucha, espera.
Tras ella iré, por si puedo
excusar su precipicio.
Vase. Múdase el teatro en bosque, y salen ASTREA y SABIN[I]O
Sabinio
¿Dónde, Astrea, vas?
Astrea
Siguiendo
tus huellas voy.
Sabinio
Pues aquí
me espera; que al punto vuelvo.
Astrea
Detente, que no has de dar
paso sin mí; que no quiero
que me suceda otra vez
el accidente o el riesgo
de hallarme sin ti en poder
de los que apenas me vieron
ir precipitada, cuando
desesperados volvieron
a que pasase la voz
de dejarme en un desierto,
perdida de vista. Y pues,
a no permitir el cielo
que hubiera dado en las manos
del romano caballero
que te conté, prisionera,
no hubiera a tus ojos vuelto,
no será justo que tanto
de la fortuna fïemos
que otra vez nos dividamos,
sino que en cualquier suceso
corramos una los dos.
Y así, donde fueres, tengo
de ir contigo.
Sabinio
Ese fracaso
que tantas veces habemos
conferido, y cada vez
se vuelve a quedar entero,
fue el desmán que ocasionó
caer tan pavoroso hielo
en todos los corazones
que, desmayados, volvieron
a abandonar lo ganado,
descaecidos los alientos;
y, siendo así que, cobrados
hoy, alojados los tengo
por todos esos villajes,
hasta incorporar con ellos
las nuevas reclutas que
de toda Sabinia espero,
para acabar de una vez,
o bien victorioso o muerto,
con aquese Coriolano
que, de la estrella heredero
de Rómulo, sobre mí
tiene dominante imperio;
¿qué mucho que, arrebatado,
Astrea, en este pensamiento,
espía yo de mí mismo,
mandase a los que vinieron
conmigo que me dejasen
solo, porque entre lo espeso
más disimulado pueda
reconocer el terreno,
por donde logre mejor
cobrar el perdido encuentro?
Astrea
Sí; mas haberte avanzado
hasta tocar los extremos
que dividen vasallaje
entre el romano y el nuestro
no deja de ser arrojo
más temerario que cuerdo.
Yo no he de dejarte en él;
y así elige, porque tengo
de llevarte o ir contigo.
Sabinio
En rara duda me has puesto;
que irte conmigo es peligro,
e ir yo contigo es recelo.
Y así no sé qué te diga,
sino es que en decir resuelvo...
Voz
dentro
Ya que fuera de la raya,
que es el orden que traemos,
queda, ¡a retirar, soldados!
Que estamos en mucho riesgo,
si en su término nos sienten
los sabinos.
Ruido de cadenas
Coriolano
¡Piedad, cielos!
Uno
Ellos te amparen, pues ves
que nosotros no podemos.
Sabinio
¿Has oído unas lejanas
voces que la mía impidieron?
Astrea
No tan sólo las he oído,
mal pronunciadas del eco,
mas del ruido acompañadas
como de arrastrados hierros
de prisión.
Sabinio
Vuelve a escuchar,
por si algo entender podemos.
Coriolano
¡Ay de quien nace a ser trágico ejemplo
que a la fortuna representa el tiempo!
Sabinio
Quédate aquí, por tu vida,
mientras voy a ver qué es esto.
Astrea
No soy tan poco curiosa
que también no quiera verlo.
Sabinio
Un hombre, mejor dijera
un horror, hacia allí veo
que, mal esforzado, ya
tropezando y ya cayendo,
cubierto el rostro, ligadas
las manos y los pies presos,
baja torpe.
Sale CORIOLANO
Astrea
¿Qué esperamos,
que no le reconocemos?
Hombre infelice, ¿quién eres?
Coriolano
Soy el aborrecimiento,
la ira, la saña, el rencor,
la ojeriza, el odio, el ceño
de aquel réprobo destino
que hizo verdad el concepto
que "teatro del hombre" al hombre
llamó, pues en m[i] supuesto
midió las distancias que hay
de lo próspero a lo adverso.
¡Ay de quien nace a ser trágico ejemplo,
que a la fortuna representa el tiempo!
Astrea
¿Qué aguardo a quitarle al rostro
la venda? ¡Cielos, qué veo!
Coriolano
¡Cielos, qué miro!
Astrea
¿Si es
ilusión?
Coriolano
¿Si es devaneo?
Sabinio
¿Quién eres, hombre, me di,
sin retóricos rodeos?
Coriolano
¿Cómo he de decir quién soy,
si aun de quién fui no me acuerdo?
Astrea
Aparte
(O es él o naturaleza
dél lo copió.)
Coriolano
Aparte
(Sí, ella es.)
Astrea
Aparte
(Pero
¿cómo es posible ser él,
de tal fausto en tal desprecio?)
Coriolano
Aparte
(Mas no haberme conocido,
según estoy, será cierto.)
Sabinio
En vano te excusas. Di,
¿quién eres?
Salen EMILIO y PASQUÍN
Emilio
Llega.
Sabinio
¿Qué es eso?
Pasquín
Estarme moliendo a coces.
Emilio
Que hallado en el monte habemos
desmandado del camino
este hombre, y te le traemos,
por si es espía.
Pasquín
Te engañan
en que desmandado vengo,
porque antes vengo mandado.
Y es el caso...
Sabinio
Di.
Pasquín
...que habiendo
dejado aquí a Coriolano...
Sabinio
Aparte
(¡Qué oigo!)
Astrea
Aparte
(¡Qué escucho!)
Pasquín
...temiendo,
como vendado quedó,
que no dé en algún despeño,
me mandaron que volviese
yo a desviarle, hasta que puesto
en real camino o segura
senda quede. Si esto es cierto,
dígalo él; que, al verle ya
entre gente y descubierto,
sin riesgo de despeñarse,
paso entre paso me vuelvo.
Emilio
Tente; que no te has de ir.
Pasquín
A mí me estará bien eso,
si, apóstata de soldado
sin nota de tornillero,
entre vustedes, mogrollo
de Corïolano quedo.
Sabinio
¿Tú eres Coriolano?
Coriolano
Sí;
que uno es que calle el silencio
y otro que mienta la voz.
Astrea
¿Qué dudo? Pierda el recelo
de si es o no; que bien cabe
en los humanos sucesos
el dejarle allá triunfando
y hallarle aquí padeciendo.
Sabinio
Aparte
(Aquí hay traición.)
¿Quién, si eres
Coriolano, di, te ha puesto
en tal desdicha?
Coriolano
Es tan noble
mi delito que no quiero
dejar a la presunción
la sospecha de no serlo.
Una dama fue mi ruina;
que el verla con sentimiento
bastó para que en favor
suyo hiciese tal empeño
que dio ocasión a que dél,
unos a otros sucediendo,
tantos resultasen como
mirarme por ella preso,
por ella desposeído
de mis insignias, depuesto
de mis honores, echado
de mi patria y, como ajeno
hijo emancipado suyo,
negado a sus privilegios,
enviándome desterrado,
con viles señas de reo,
hasta sacarme de todos
sus distritos.
Astrea
Aparte
(¿Qué oigo, cielos?
¿Por una dama? Sin duda,
que, quién era yo sabiendo,
no haberme hecho prisionera
son los cargos que le han hecho.)
Sabinio
Bien pensarás que yo he estado
escuchándote suspenso,
en orden a que me habrán
compadecido sucesos
tan extraños. Pues no; que antes
me han ofendido, creyendo
que todo aquesto es traición.
Aparte
(Válgome deste pretexto
para acabar con él, pues
no tiene otro eficaz medio
vencer una opuesta estrella
que destruirla el objeto.)
Y así, antes que la logres,
si introducirte es a intento
de darme muerte, a mis manos
morirás.
Astrea
¡Tente!
Sabinio
¿Qué es esto?
¿Tú a mi enemigo defiendes,
Astrea?
Astrea
Yo le defiendo,
Sabinio, porque es a quien
libertad y vida debo.
Sea Coriolano o no,
el romano caballero
es que a mi nombre le tuvo
tan decoroso respeto
que a mí misma me envió
a mí misma. Y si por esto
padece, como lo muestra
claro su castigo, puesto
que donde él me envió a mí libre,
es donde a él me le envían preso,
mira si en obligación
de defenderle estoy.
Sabinio
Siendo
tuyo el respeto, mal puede
ser ya mío el sentimiento.--
¿Qué esperáis? Llegad, quitadle
las prisiones.
Coriolano
Aparte
(Ya no debo
quejarme de ti, fortuna;
pues si una mujer me ha muerto,
otra me ha dado la vida.)
A tus pies...
Sabinio
Alza del suelo,
y ofrécele a Astrea, pues es
suyo el agradecimiento.
Coriolano
Si al nombre de la deidad
postrado rendí el obsequio,
¿qué haré a la deidad, el día
que obra milagro tan nuevo
como hacer de un desdichado
un dichoso, si no puedo
hacer más que haber traído
las cadenas a su templo?
Astrea
Que el tiempo me diría el tuyo
también dije yo, añadiendo
que fíes de mí; y pues ya
cumplió su palabra el tiempo,
también sabré yo cumplir
la mía, restituyendo
los puestos y los honores
de que ingrata te ha depuesto
tu patria.
Coriolano
Con sólo uno,
señora, si le merezco,
no habré menester tener
más honores ni más puestos.
Astrea
¿Qué es? Que yo, en fe de su amor,
por Sabinio te lo ofrezco.
Sabinio
Yo por ti. ¿Qué es?
Coriolano
Que me admitas
por tu soldado a tu sueldo;
y esto por pensar que es más
servicio tuyo que premio
mío; pues si yo una vez,
a mi venganza resuelto,
tomo, Sabinio, las armas
contra Roma, me prometo
--bien como ladrón de casa,
que sé lo que incluye dentro--
ponerla a tus plantas, sólo
con que sepas que es intento
vano querer por aproche
rendir sus muros soberbios,
pues sólo pueden rendirla
más, domado el ardimiento,
que las iras del asalto
las paciencias del asedio.
Contra ti defendí el puente,
que es llave de su comercio,
el día que a tus soldados
les fue undoso monumento
el ciego esguace del Tíber;
y si hoy, al contrario, intento
invadirle en tu favor,
cortados los bastimientos,
es fuerza darse a partidos.
Sabinio
Si es admitido proverbio
que el bueno para enemigo
será para amigo bueno,
no dudo con tu valor
el verme de Roma dueño.
Coriolano
Pues ¡al arma!
Sabinio
Pues ¡al arma!
Coriolano
Vea el mundo...
Sabinio
Admire el cielo...
Coriolano
...y llore Roma en sus ruinas
mi injusto aborrecimiento,
cuando de un instante a otro,
si antes dije en mis lamentos:
¡Ay de quien nace para ser ejemplo
que la fortuna representa al tiempo...
Sabinio
Todos contigo diremos...
Todos
¡Feliz quien vino a ser glorioso empleo
de su venganza y del aplauso nuestro!
Jornada Tercera
Dentro cajas y voces, y salen en tropa hombres, VETURIA y mujeres, por una parte, y [AURELIO] y LELIO por otra, como deteniéndoles
Todos
Entréguese la ciudad,
y, como nos aseguren
capituladas las vidas,
sabinos de Roma triunfen.
Aurelio
Invicto romano pueblo,
ya que de heroico presumes,
cuando tu fama inmortal
a par de los astros luce,
no a la fortuna te rindas,
por más que opuesta te injurie;
que es fácil deidad, y es fuerza
que por instantes se mude.
Tocan cajas, sale ENIO
Enio
En vano es, Aurelio, en vano,
el que remitir procures
nuestra ruina a la esperanza;
que ya en nosotros inútil
su consuelo es.
Aurelio
¿Cómo?
Enio
Como
dejo aparte que rehuse
--puesto que nadie lo ignora--
Sabinio vencer la cumbre
del monte, y embista el puente;
dejo ignorar quién descubre
dónde la flaqueza estaba
de sus estribos, e influye
en él, que apenas su gente
la espalda del plan ocupe,
cuando, empezando a picarlos,
eche voz de que se hunde;
dejo que los nuestros, viendo
cuánto es fuerza que fluctúen,
y los suyos cuánto es fuerza
que, ya empeñados, presumen
tener retirada en vano,
unos y otros se confunden,
con que, por salvar las vidas,
unos lidian y otros huyen;
dejo que, ganado el puente,
cortándole, nos desune
de los vecinos comercios
que el bastimiento conducen;
y voy a que la esperanza
de que el valor nos ayude
a resistir sus asaltos
es preciso que se frustre
al nuevo, al extraño modo
de sitiar, pues se reduce,
sin militar disciplina,
a victoria tan sin lustre
como vencer no peleando.
Dígalo el que, cuando cubren
nuestras campañas sus huestes,
en vez de que nos asusten
en los muros sus escalas,
no sólo al asalto acuden,
pero a lo largo disponen
sus prontas solicitudes
que, a oposición de la plaza,
otra población se funde,
fortificándose contra
la ciudad, sin que procuren
hacer más hostilidad
que el hambre que nos consume.
Yo, por hacer la civil
muerte del asedio ilustre,
de sitiado a sitiador
pasando, salir dispuse
con la mejor gente que
nombrar por entonces pude,
a romperle en sus cuarteles,
cuando las sombras lúgubres
por las exequias del sol
hacen que el aire se enlute.
Apenas las centinelas
nos sintieron cuando acuden
a las fortificaciones,
para que en ellas se oculten,
más que a quitarnos las vidas,
a guardárnoslas.¿Quién sufre
gozar la vida a merced
del mismo que la destruye?
¿Quién sufre que a un mismo tiempo
de tan nuevas armas use
que procure deshacernos
y conservarnos procure?
De suerte que, hasta que el alba
en sus primeras vislumbres
fue recogiendo las sombras
y desplegando las luces,
retándolos de cobardes
en esa campaña estuve,
sin obligarlos a más
que a que encerrados se burle
su ardid de nuestro valor;
que, aunque embestirlos propuse,
en vano fue; pues tan altas
sus nuevas trincheras suben
que a poco espacio han de ser
sus obras muertas las nubes.
Grande oráculo, sin duda,
les inspira, les instruye,
en que Roma ser no puede
rendida a la servidumbre
de otras armas que no sean
las propensiones comunes
de humanos fueros, que no
hay ruina que no disculpen;
mayormente no teniendo,
como ellos pelear repugnen,
ni socorro que nos venga,
ni auxiliar que nos ayude,
ni enemigo que nos mate,
ni campo que nos sepulte;
y así ¿qué mucho que el pueblo
una y otra vez pronuncie...?
Todos
¡Entréguese la ciudad,
y como nos aseguren
capituladas las vidas,
sabinos de Roma triunfen!
Aurelio
¡Oh cielos, pues sois piadosos,
haced que un rayo apresure
los términos de mi vida,
porque estas voces no escuche,
obligándome a que sea
forzoso que capitule
el pedírsela a quien sé
que la aborrece!¿Más útil
no es perderla, sin pedirla,
que no, cuando me aventure,
pedirla para perderla?
Veturia
No, Aurelio, ni es bien que dudes
cuán hija de la nobleza
es la piedad, ni te asuste
el ver que soy la que ayer
a mi voz en arma puse
a Roma, y que hoy a mi voz
en paz ponerla procure;
que no hay víbora, por más
que en flores se disimule,
que no escupa la triaca
contra el veneno que escupe;
ni [en] las mismas flores hay
que no den, rojas o azules,
tósigo a la araña amargo
y miel a la abeja dulce.
Y pues virtudes y vicios
de una causa se producen,
¿qué mucho que de una misma
voz ser la lengua resulte
víbora para los vicios
y flor para las virtudes?
No es desaire del valor,
ni es bien que por tal se juzgue,
ceder a mayor violencia
fortunas que el hado influye.
Y pues ya nuestras desdichas
claramente nos arguyen
que, donde la industria crece,
el valor se disminuye,
a la piedad apelemos.
Sabinio es rey tan ilustre,
Astrea tan generosa
reina, la gran muchedumbre
de su ejército tan noble
que no dudo que se ajuste
a que las vengue el amago,
antes que el golpe ejecuten.
Sabina soy de nación,
experiencia dellos tuve,
que jamás con los rendidos
usaron de ingratitudes.
Y cuando no sea ¿qué vamos
a perder en que nos dure
la esperanza lo que tarden
los contratos del ajuste?
Y vamos a ganar, que,
oyéndome, no te [acuse]
la malicia, cuando diga
que daño y remedio truje,
y persuadir pude el daño
y que el remedio no pude.
Todos
A precio de que vivamos,
Sabinia de Roma triunfe.
Vanse los de la tropa
Lelio
Dicen bien; trance forzoso
es de guerra que se excusen
las muertes de tantas vidas.
Aurelio
Pues para que no me culpen
que no me rendí a consejo
tan de todos, desarruguen
blancas banderas de paz
los más altos balaústres;
que yo mismo, pues no es bien
que ningún riesgo rehuse,
de parte iré del Senado
a ver si a paz se reduce
el sabino.
Vase
Lelio
Yo entretanto
el tumulto que confunde
a voces el aire haré
que aguarde lo que resulte.
Vase
Veturia
Enio, ¿has tenido noticia?
Enio
Antes que me lo preguntes,
porque el mío y tu cuidado
en el camino se junten,
te digo que, desde el día
de aquella gran pesadumbre
de su infelice destierro,
de Coriolano no supe.
Veturia
Ni yo; más de que mi llanto
no es posible que se enjugue,
hasta que sepa que vive,
y que constante le busque
en el más remoto clima.
Enio
Forzoso es que disimules,
y que también con el pueblo
tu voz y la mía divulguen...
¡Entréguese la ciudad,
y como nos aseguren
capituladas las vidas,
Sabinia de Roma triunfe!
Vanse. Córrese la mutación de murallas, y sale CORIOLANO de soldado
Coriolano
Ingrata patria mía,
llegó el fatal, llegó el infausto día
que ha sido en mi esperanza
línea de tu castigo y mi venganza.
Hoy, hidra material de siete montes,
en quien el sol doró siete horizontes,
de tus siete gargantas
siete cervices postraré a mis plantas.
Un hijo aborrecido,
de su paterno amor destituido,
es hoy el que te aflige,
siendo su agravio quien su espada rige.
Y puesto que, rendida,
último parasismo de la vida
es ya cualquier instante,
a instantes esperando que, arrogante,
intrépido y severo
el embotado acero
de la sed y la hambre
corte de tantos hilos el estambre,
piedad de mí no esperes;
sepa mi ofensa que a mi ofensa mueres.
Salen SABINIO y ASTREA
Sabinio
Invicto Coriolano,
noble sabino ya, que no romano,
¿qué novedad la desta noche ha sido,
cuyo callado ruido
me desveló en mi tienda?
Coriolano
Nada, señor, que tu opinión ofenda.
Astrea
Dinos qué ha sido, y lo que fuere sea.
Coriolano
Sabinio Marte y celestial Astrea,
una salida hicieron
de la ciudad algunos que quisieron,
ya las vidas perdidas,
a precio del valor vender las vidas.
Mas nosotros, entonces, retirados
a los muros, que fuera están labrados,
burlamos sus deseos,
pues sin lograr el fin de sus trofeos,
como solos se hallaron,
a la plaza otra vez se retiraron.
Sabinio
Pues ¿embestirlos, di, mejor no fuera,
y adelgazando fuera
el número la muerte
de los contrarios?
Coriolano
No.La causa advierte.
Si tú, señor, vinieras a hacer guerra
sin mí a Roma, que sé lo que en sí encierra,
ya el paso de los montes trascendido
por el puente, y el puente demolido,
en tu copioso ejército fiado,
hubieras a sus muros arrimado
los castillos que errantes
se mueven sobre espaldas de elefantes,
los armados copetes,
ya los fuertes arietes
hubieras a sus puertas dado, y luego
diluvios de metal, orbes de fuego
hubieras, nuevo Júpiter, llovido,
en cuya ardiente lid hubiera sido
árbitro la fortuna,
llena y menguante imagen de la luna;
y cuando los vencieras --que no hicieras--,
a gran costa de sangre los vencieras.
Mas viniendo conmigo,
que soy, en fin, doméstico enemigo,
vencer, señor, a menos costa espero.
Lídielos la paciencia, y no el acero.
A Roma en ésta, que es su edad primera,
sin propios bastimentos considera,
pues dentro no los tienen,
si de los comarcanos no les vienen;
luego pueden peleando
vencernos, y no pueden esperando,
el día que, sintiendo tus castigos,
dan menos que temer mis enemigos.
Y así no los maté; que esta victoria
sin sangre ha de escribirla la memoria;
y sin dar parte alguna
a la neutralidad de la fortuna.
Sabinio
Bien de tu ingenio y de tu esfuerzo fío
mi imperio, mi corona y mi albedrío.
Dame, dame los brazos,
cuyos estrechos nudos, cuyos lazos
podrá con golpe fuerte
romperlos, desatarlos no, la muerte.
Astrea
Y yo, sabino nuevo,
darte con más razón mis brazos debo;
que ya he sabido que infelice eres,
por valer el honor de las mujeres.
Coriolano
Ese informe mi dicha contradice,
pues por ellas he sido tan felice
como a tus pies, vencido de mi estrella,
el ceño dice.
Aparte
(¡Oh quién, Veturia bella,
contigo la fortuna en que me veo
partir pudiera!O ya que este deseo
no es posible, pudiera
hacer que la severa
parte que deste general castigo
te alcanza, la partieras tú conmigo!
Gozáramos, sintiéramos iguales
el bien que tengo y el pesar que tienes;
con que males y bienes
en dos fortunas tales
no vinieran a ser bienes ni males.)
Tocan dentro un clarín
Sabinio
¿Qué llamada será ésta
que de la ciudad han hecho?
Astrea
Bandera de paz sospecho
que, en el homenaje puesta,
tremola.
Sabinio
No deis respuesta.
Coriolano
Antes sí, señor, te digo;
que el oír al enemigo
nunca inconveniente fue.
Sabinio
Responded, pues; sepan que
siempre tus órdenes sigo.
Vuelven a tocar, y sale PASQUÍN
Pasquín
Sobre ese muro romano
la seña de paz, y abierta
a tu respuesta la puerta,
salió un venerable anciano.
Aparte
(Que es su padre callo en vano.)
Sabinio
¿Qué será aquesto?
Coriolano
Embajada
en que la ciudad postrada
se quiere dar a partido.
Sabinio
Llegue.
Vase PASQUÍN
Coriolano
Licencia te pido,
porque no me mueva a nada
de piedad oírle.
Sabinio
Eso no;
tu honor mi poder desea,
y quiero que Roma vea
que, más que ella te quitó,
he sabido darte yo.
Astrea
Eso es pagarle por mí
la vida que le debí.
Sabinio
A mi tienda y solio ven;
que en ella te vean es bien
y el aprecio que de ti
hago.Tú constante y fiel
con los dos cumple este día;
y pues causa es tuya y mía,
sé piadoso y sé cruel.
Estoque, cetro y laurel
harán al cielo testigo
y a Roma de que contigo
parto mi imperio y mi trono,
que a quien perdonas perdono,
y a quien castigas castigo.
Con estos versos se entra en la tienda, sin abrirla
Coriolano
Menos consuelo así arguya
Roma, pues antes podía
remitir la ofensa mía,
y ya no podré la tuya;
que no es bien que me concluya
el que [usé] mal de honras tantas.
Éntrase. Por otro lado salen PASQUÍN, AURELIO y EMILIO.Córrese la cortina de la tienda y se ve sentado en el trono CORIOLANO, con laurel, cetro y estoque, y SABINIO y ASTREA retirados
Pasquín
Allí está; llega a sus plantas.
Aurelio
Invicto rey...(Mas ¿qué miro?)
Coriolano
(Disimule lo que admiro.)
Aurelio
Yo...cuando... si...
Coriolano
¿Qué te espantas
y turbas?Romano, di,
¿a qué has venido?
Aurelio
No sé;
porque todo lo olvidé
en el punto que te vi.
Coriolano
Pues ¿qué es lo que has visto en mí?
Aurelio
He visto en real teatro una
farsa alegre e importuna,
adonde el discurso advierte
que hizo los versos la suerte
y la traza la fortuna.
Coriolano
Pues a admirarte te obligue,
pero a enmudecerte no.
Aurelio
Por eso me admiro yo.
Coriolano
¿A qué has venido?Prosigue.
Aurelio
No mi intento se castigue
en ti; que al rey vengo a hablar.
Coriolano
Pues yo estoy en su lugar
y con su poder estoy,
que general suyo soy.
Aurelio
Pues escucha a mi pesar.
Roma, que su heroica frente
corona la azul esfera,
en su juventud primera
imagen es de una fuente,
cuya apacible corriente
junto al mar empezó a ver
la luz, sin llegar a ser
espejo de su zafir,
pues acabó de vivir
adonde empezó a nacer,
salud, Sabinio, te envía
y dice que, pues mayor
aplauso en un vencedor
es usar de bizarría,
que de tus piedades fía
la libertad suya, cuando
vencedor te está aclamando;
pues en el marcial estruendo,
más que un ejército hiriendo,
vence un héroe perdonando.
Y ya que la deidad varia
de la gran fortuna está
tan de tu parte, será
desde hoy tu tributaria.
Su república contraria,
unida desde hoy contigo,
dos glorias te da; dos, digo,
pues dos serán soberanas,
si a un tiempo un amigo ganas
y pierdes un enemigo.
Coriolano
Romano, aunque siempre ha sido
perdonar acción gloriosa,
también acción generosa
es vengarse el ofendido.
Di a Roma que yo he venido
a destruirla, y que así
no espere piedad de mí;
porque no la he de tener
hasta verla perecer.
Aurelio
¿Eso me respondes?
Coriolano
Sí.
Aurelio
Bárbaro, que ya ha faltado
a mi paciencia valor,
¿dónde está tu antiguo honor
destas canas heredado?
Coriolano
¿Qué sé yo?Dél despojado
Roma, madrastra crüel,
me envió.Si, patricio fiel,
quieres saber dónde está
mi honor, ella lo dirá,
pues que se quedó con él.
Aurelio
Quedóse con la querella,
que tendrá de ti mi honor,
con la nota de traidor,
tomando armas contra ella.
Coriolano
Fácil es satisfacella.
Aurelio
¿Habrá razón que convenga
a quien sin honor se venga?
Coriolano
Sí; pues me la facilita...
Aurelio
¿Qué?
Coriolano
...que si ella me le quita,
¿cómo quiere que la tenga?
Fuera de que el que he ganado
me basta a mí para honor.
Aurelio
¿Quién te dio tanto rigor?
Coriolano
El padre que me ha engendrado.
Padre y juez en un estrado
tal vez fue juez, padre no.
¿Qué mucho, pues, si él faltó
a ser padre, por ser juez,
siendo juez y hijo esta vez,
que falte a ser hijo yo?
Aurelio
Él procedió cuerdo y sabio,
pues ejerció la justicia,
castigando una malicia.
Coriolano
Yo castigando un agravio.
Aurelio
Él, con la pluma y el labio,
que lavó una afrenta piensa.
Coriolano
Yo lavo una infamia inmensa.
Aurelio
Él con el extremo que hizo
una culpa satisfizo.
Coriolano
Yo satisfago una ofensa.
Aurelio
¿Quién te ha dicho que es valor
el ser uno vengativo?
Coriolano
Yo; que, hasta cobrarle, vivo
sin aquel perdido honor.
Aurelio
Si te arrojó por traidor
Roma, y vengarte apeteces,
doblada infamia padeces,
de que el mismo honor es juez;
pues por lograrle una vez
le habrás perdido dos veces.
Coriolano
Del real manto despojado,
el estoque desceñido,
seco el laurel adquirido
y roto el bastón ganado,
todo, romano, lo he hallado
en quien sobre Roma está;
luego la infamia será,
en quien honor solicita,
por dársela a quien la quita,
quitársela a quien la da.
Por la luz, campaña pura,
que a cargo mi causa toma,
que hoy ha de ser la gran Roma
de sus hijos sepultura.
No ha de haber piedra segura
en sus altos muros, no.
Y en viendo que ya acabó
su fábrica peregrina,
por no quedarme otra ruina,
lloraré su ruina yo.
Aurelio
Duélete de sus noblezas.
Coriolano
Nada mi agravio les debe.
Aurelio
Pues duélete de la plebe.
Coriolano
No se movió a mis tristezas.
Aurelio
Duélete de sus bellezas.
Coriolano
A ellas mayor parte alcanza
de que logre mi alabanza.
Y en fin, pues que todos fueron
los que mi desdicha vieron,
lloren todos mi venganza.
Aurelio
¿Que no hay piedad?
Coriolano
No la esperes.
Aurelio
Mira que es Roma tu madre;
mira que yo soy tu padre.
Coriolano
Tú has dicho que no lo eres.
Si te creo, ¿qué me quieres?
Aurelio
¿No hay remedio?
Coriolano
No se aguarde.
Aurelio
Aunque te aconseje tarde,
mira, oh joven imprudente,
que ser con ira valiente
no es dejar de ser cobarde.
Vase
Pasquín
¡Muy bien despachado va
el romano senador!
Salen SABINIO y ASTREA
Sabinio
Jamás vi tanto valor.
Envidia a mis hechos da
ver que una facción, que está
con visos de vengativa,
gloriosa a los siglos viva.
Astrea
Es digna de que inmortal
en láminas de metal
del tiempo el buril la escriba.
Coriolano
No te admire, o Palas nueva,
no te admire, o nuevo Marte,
que, estando yo de tu parte,
a lástima no me mueva;
sin que a perdonar me atreva
de Roma la tiranía,
más por vuestra que por mía.
¡Vive el cielo, que ha de ver
Roma su inmenso poder!
Dentro hacen ruido, y dice ENIO [dentro]
Enio
¡Hado, ampara al que se fía
de ti!
Sabinio
A otra gran novedad
les obliga la congoja.
Astrea
Un soldado es que se arroja
del muro de la ciudad.
Coriolano
¡Extraña temeridad!
Sin duda de otro castigo
huye.
Sale ENIO
Enio
¡El cielo sea conmigo!
¿Está Coriolano aquí?
Coriolano
Sí.
Enio
Pues oye a un tiempo en mí
a un amigo y enemigo.
Amigo, pues supe apenas
de las nuevas que tu padre
llevó de ti, que Sabinio
contigo su imperio parte,
cuando, con el alborozo
de verte honrado y triunfante,
apelé a que la respuesta
del Senado nos llevase,
para hablarte y para verte,
facilitadas las paces.
Pero viendo que no sólo
tu enojo las embarace,
sino que en segunda instancia
quiere Roma que las trate
la nobleza, como quien
no tuvo en tu ruina parte;
viendo yo que nuestras vistas
con aquesto se dilaten,
no me sufrió el corazón
el que a su respuesta aguarde;
y así, porque la sospecha
de que a verte me adelante
no se vuelva contra mí,
y el ser tu amigo me dañe
a alguna ocasión que pueda
servirnos para adelante,
quise salir por el muro,
sin que lo supiese nadie.
Hasta aquí hablé como amigo;
y pues sólo el verte baste
para complacencia, ahora
que como enemigo hable
será forzoso, supuesto
que de tus felicidades
resulta el dolor de que
Roma esté en último trance,
o por instantes viviendo
o muriendo por instantes,
¿cómo es posible...?
Coriolano
Detente;
no, no pases adelante;
que ni como amigo puedo
las gracias que debo darte,
ni como a enemigo oírte;
porque estando el rey delante,
el que hablemos como amigos
en la urbanidad no cabe,
ni como enemigos; pues
si estuve severo o grave
con el Senado, fue a causa
de que pude con sus reales
insignias y en nombre suyo
despedirle o perdonarle;
pero presente, no puedo,
que para nada soy parte;
que, en la presencia del sol,
luz ninguna estrella esparce.
Enio
Tu Majestad me perdone
el no haber llegado antes
a sus pies; que la ignorancia
la culpa es más disculpable.
Arrodíllase
Sabinio
Alzad del suelo.--Y tú puedes,
Coriolano, a oírle quedarte;
y pues soy sol y tú estrella,
con quien parto mis celajes,
usa tú de sus reflejos,
o ya alumbres, o ya abrases.
Vase
Astrea
Yo nada te digo; sólo
te acuerdo que, a convoyarme,
de orden tuya vino Enio
conmigo; y pues hizo iguales
tu obediencia y mi servicio,
es justo que se lo pagues.
Vase
Pasquín
Aparte
(Sin duda que desta vez
Roma ha de quedar triunfante.)
Vase
Coriolano
Dame mil veces los brazos,
Enio, pues tú solo sabes
ser amigo en las desdichas.
Enio
Tente, no a los brazos pases,
sin que sepa yo primero
si tú en las felicidades
lo eres, y compadecido.
Coriolano
Tan presto deso no trates;
que, si amigo y enemigo
vienes, no es justo que, antes
que a las amistades, demos
paso a las enemistades.
Tratémonos como amigos;
tiempo nos queda bastante
a tu queja y mi disculpa.
Y así, acudiendo a la parte
principal del alma, dime:
¿cómo está Veturia?¿Qué hace?
Enio
¿Qué quieres que haga?Ni ¿cómo
quieres que esté con pesares
tan grandes, sino sintiendo
comunes penalidades?
Coriolano
¿Sabes si sabe de mí?
Enio
No lo sé; pero es constante,
que habrá corrido la voz.
Sólo sé que pudo hablarme
tal vez, y me dijo...
Clarín. Sale PASQUÍN
Pasquín
Otra
llamada del muro hacen.
Coriolano
Y en él la blanca bandera;
la puerta en fe suya abre[n].
Enio
Si no me engaña la vista,
Lelio es el que della sale.
Adiós, adiós, que no es bien
ni que contigo me halle
ni que me echen allá menos,
cuando la entrada me es fácil,
estando la puerta abierta,
pues nadie ha de averiguarme
por dónde salí, ni a qué.
Coriolano
Pues ¿cómo quieres dejarme
sin saber lo que te dijo
Veturia?
Enio
Más importante
es no hacerme sospechoso
en verme aquí y que allá falte.
Adiós; que yo volveré,
y quizá... Mas esto baste.
Vase
Coriolano
Oye.
Pasquín
Mira que ya llega.
Coriolano
¡Que se fuese sin contarme
lo que le dijo Veturia!
Pasquín
¿Posible es que no lo sabes?
Coriolano
¿Cómo puedo yo saberlo?
Pasquín
Como no lo ignora nadie.
Coriolano
Pues ¿qué fue lo que [le] dijo?
Pasquín
Que estaba hecha...
Coriolano
Di adelante.
Pasquín
...dama de hijo de vecino,
mal vestida y muerta de hambre.
Coriolano
¡Maldígate el cielo, amén!
Sale LELIO
Lelio
Con bien, Coriolano, te halle.
Coriolano
Seas, Lelio, bien venido.
(Retírate a aquella parte,
Pasquín, y avisa si vieres
que viene hacia aquésta alguien.)
Retírase PASQUÍN
Ya estamos solos; la espada
saca, pues que no hay que aguardes.
Lelio
No es eso a lo que he venido.
Coriolano
¿Cómo es posible que falte
a la palabra que tiene
dada un hombre de tu sangre?
¿No dijiste que, en sabiendo
de mí, habías de buscarme
para darme muerte?
Lelio
Sí.
Coriolano
Pues ¿qué esperas, si lo sabes?
Lelio
Hay precisas ocasiones
en que conviene que atrase,
por los ajenos, un noble
sus propios particulares.
Por la nobleza de Roma...
Coriolano
¿En Roma hay nobleza?
Lelio
Y grande.
Coriolano
Sí será, si es que entre todos
la que yo dejé reparten.
Lelio
Por la nobleza de Roma...
Coriolano
Antes que adelante pases,
dejando aparte que empieces
un duelo sin que otro acabes,
lo que vienes a decirme
te he de agradecer con darte
un consejo que te excuse
de un desaire.
Lelio
¿Qué desaire?
Coriolano
Avergonzarte a pedirme
lo que sé que no he de darte.
Vuelve, pues, sin más respuesta,
a la embajada que traes,
que decir a Roma que
ni aun oírla quise.
Lelio
Arrogante
estás.
Coriolano
Harto estuve humilde,
aherrojado en una cárcel
y arrojado en un desierto.
Y si desto ofensa haces,
véngala; pues para eso
la espada que me dejaste
troqué a otra.
Lelio
No es a eso,
como ya te dije antes,
a lo que hoy vengo.
Coriolano
También
dije yo que no te canses,
que pedir lo que no tengo
de conceder es en balde.
Lelio
Del enemigo el primero
consejo, que ha de tomarse
dice el proverbio.Y así
quédate a Dios.
Coriolano
Él te guarde.
Vase LELIO
Pasquín
Bien despachado va Lelio,
pues que, por mal que despache
uno, mal y presto es
aun mejor que bien y tarde.
Dentro [voces]
Voces
Salgamos todos a ver
qué respuesta Lelio trae.
Coriolano
Oye, por si algo entendemos
de una confusión tan grande.
Dentro [AURELIO, VETURIA, ENIO, Y otros]
Lelio
Mejor será no saberla,
pues no hay piedad que se aguarde.
Aurelio
Aquí ya no hay más remedio
de que todo el pueblo clame:
Todos
¡Vaya Enio en nombre suyo!
Enio
Sí haré, como él me acompañe;
que la voz de un pueblo junto
es la que mejor persuade.
Veturia
Matronas de Roma, hagamos
nosotras los ejemplares.
Todas
Guía, Veturia; que todas
seguiremos tu dictamen.
Coriolano
De tanto confuso estruendo,
¿qué has entendido?
Pasquín
No es fácil
entender vulgo que todo
es voces y disparates;
pero lo que es fácil es
ver que un gran tumulto sale
de la ciudad.
Coriolano
¿Si es salida
que desesperados hacen?
Pasquín
No; que también de mujeres
se compone.
Enio
En esta parte,
hasta saber dónde está,
espera a que yo te llame.
Sale ENIO
Coriolano
Si soy a quien buscas, Enio,
poco tardará el hallarme.
Enio
¿A quién puedo buscar yo
sino a ti, aunque con distantes
motivos?Que si antes vine
como amigo a consolarme
con verte, y como enemigo
a reprehender tus crueldades,
como tribuno ahora vengo
de la plebe, a que...
Coriolano
No pases
a esa plática, hasta que
la que pendiente dejaste
en lo que dijo Veturia,
el día que en mí la hablaste,
prosigas.
Enio
Ya sabía que ésa
había de ser la que amante
preferir habías; y así,
porque nos desembarace
para esotra, traje a quien
aun mejor que yo lo sabe.
Coriolano
¿Mejor que tú?
Enio
Sí.
Coriolano
¿Quién puede?
Enio
Quien conmigo viene a darte
--pues por sólo ella introduje
el que el pueblo me acompañe--
parabién de tu venida.--
Veturia, ¿qué fue lo que antes
a mí me dijiste?
Sale VETURIA
Veturia
Que
apenas sabría en qué parte
de su deshecha fortuna
había tomado su ultraje
puerto cuando, peregrina,
pobre y sola iría en su alcance
a padecerlas con él,
si fuese donde el sol arde,
o donde el sol hiela, siendo
a sus rayos desiguales
libia en tostadas arenas,
belga en tupidos cristales,
o toda hoguera sus montes
o carámbanos sus mares.
Y, puesto que a menos costa
quiere el cielo que te halle
quien te buscara en desdichas,
lleno de felicidades
¿qué albricias te podrá dar?
Coriolano
Sólo las del verte basten,
pues ningunas haber puede
que a tanto mérito igualen.
Enio
Pues ya que yo, Coriolano,
he satisfecho la parte
que quedó pendiente tuya,
veamos cómo satisfaces
tú la que también pendiente
quedó mía.Roma yace,
o por instantes viviendo
o muriendo por instantes.
Aquí quedamos.
Coriolano
También
quedamos en que no me hables
en los convenios de Roma,
materia tan intratable
y aborrecible a mi oído;
y más hoy que tú me añades
nueva razón para que
aquesa plática ataje.
Enio
¿Yo?
Coriolano
Sí.
Enio
¿Qué razón?
Coriolano
Si, cuando
Roma en sus últimos trances
a Veturia contenía,
no otorgué el perdón a nadie,
hoy que en mi poder la tengo
--pues conmigo ha de quedarse--,
¿cómo quieres que le otorgue
ni aun a ti, que es la más grande
exageración que puede
darse en nuestras amistades?
Enio
Que ni a Veturia perdonen
ni a mí tus temeridades,
es elección de tu arbitrio
a que no puedo obligarte;
pero que contigo quede,
aunque ella quiera quedarse,
no es elección, sino fuerza
de mi honor.¿Ha de pensarse
de mí que, sólo a traerte
tu dama moví tan grave
alboroto como que
todo el pueblo me acompañe?
Él a la mira esperando
está hasta que yo le llame;
que, porque hablaseis los dos,
no quise que aquí llegase.
Mira tú si será bien
que ahora vuelva a retirarle,
sin perdón y sin Veturia,
para que se desengañe
que, tercero de tu amor,
no vine más que a dejarte
libre a tu dama y volverle
tan sitiado como antes.
Coriolano
Para eso hay medio.
Enio
¿Qué medio
hay ni puede haber?
Coriolano
Quedarte
tú también, Enio, conmigo.
Enio
Ésa es plática intratable
y aborrecible a mi oído.
¿El desaire no es bastante
de no volver perdonado,
sin que quieras que el quedarme
o el ir sin Veturia sea
desaire sobre desaire,
que es lo mismo que poner
un áspid sobre otro áspid?
Y así persuádete a que
sin ella o sin...
Veturia
No, no trates
empeñarte, Enio; que yo
trataré desempeñarte.--
A CORIOLANO
Por anticipar el verte,
Coriolano, cuanto antes,
pedí a Enio en nombre tuyo
que el pueblo consigo saque.
Con que, honestado el pretexto
de salir yo, a mi dictamen
reduje a algunas matronas
que a vueltas de todos clamen.
Ellas a mi persuasión
vienen.Mira si es tratable,
volviendo ellas a miserias,
quedar yo a felicidades?
Y así, asentado el principio
de que yo no he de quedarme,
sino ir a morir con ellas,
como tú el rigor no aplaques,
pasemos del duelo al ruego.
¿Es posible, cuando yace
--aquí quedasteis los dos--
Roma en el último trance,
o por instantes muriendo
o viviendo por instantes,
no te conmuevas, al ver
que esa fábrica admirable,
ese Cáucaso de bronce,
ese obelisco de jaspe,
ese penacho de acero,
ese muro de diamante
que hizo estremecer la tierra,
que hizo embarazar al aire,
atemorizado a ruinas
está titubeando frágil,
como que, ya panteón
de tanto vivo cadáver,
sólo falta resolver
si se cae o no se cae?
Si estás quejoso, si estás,
después de deshonras tales,
de su Senado ofendido
y de su nobleza, paguen
su Senado y su nobleza
los agravios que ellos hacen.
Pero el pueblo, que a tu lado
siguió tus parcialidades,
lloró tus desdichas preso
y desterrado tus males,
hasta que le enmudecieron
las mordazas de lo infame,
¿por qué ha de morir, por qué?
¿No es justicia intolerable
ser el todo en el castigo,
sin ser en el todo parte?
Y, supuesto que lo fuese,
¿no es, Coriolano, bastante
satisfacción que te da,
venir conmigo a postrarse
a tus pies?¿Cómo es posible
que el rencor la línea pase
del sagrado rendimiento
los nunca hollados umbrales?
El desagravio del noble
más escrupuloso y grave
no estriba en que se vengó
sino en que pudo vengarse.
Tú puedes; y también puedes
dar tan precioso realce
al acrisolado oro
del perdón, que en el semblante
del rendido luce más,
con el primor de su esmalte,
lo rojo de la vergüenza
que lo rojo de la sangre.
Coriolano
Veturia, saben los cielos
que te adoro y también saben
que, aunque Sabinio me fía
de su voluntad las llaves,
no es para que yo use dellas
absoluto, sino antes
para que más detenido
la confïanza le pague,
no haciendo lo que él no hiciera.
Yo sé que desea vengarse,
sé que vengarme deseo;
y es mucho querer que arrastre,
contra nuestras dos pasiones,
tu ruego ambas voluntades;
mayormente cuando pueden
una y otra conformarse.
Veturia
¿Cómo?
Coriolano
La razón lo diga.
Yo te persuado a quedarte,
convaleciendo fortunas,
adonde todo sea paces,
todo consuelos, y todo
placeres.Tú me persuades
a que, sin venganza, quede
corrido de no vengarme,
donde todo sea rencores,
todo iras, todo pesares.
Mira ahora tú quién tiene
mayor razón de su parte,
yo, que te persuado a dichas,
o tú a mí a penalidades.
Veturia
El valor está obligado
tanto a bienes como a males.
Coriolano
No está, si males y bienes
le embisten a un tiempo iguales.
Veturia
¿Cuándo lo más riguroso
no fue su mejor examen?
Coriolano
Cuando estuvo en mi elección
el serlo lo más süave.
Veturia
No te canses en razones
que nada conmigo valen.
Yo he de volver con quien vine;
y así, mira...
Coriolano
No te canses
tú tampoco; que si has de irte
con quien vienes, yo he de estarme
con quien me estoy.
Veturia
Vamos, Enio,
pues, sin que piedad aguarde,
me envía a morir Coriolano.
Coriolano
No ese delito me achaques.
Tú te vas, yo no te envío.
Enio
Vamos, pues nada hay que ganen
mi amistad y tu amor.
Veturia
Ya
que a no más verte voy, dame,
mi bien, mi señor, mi dueño,
en aqueste último "vale,"
siquiera, por despedida,
los brazos con que agradable
me será la muerte, al ver
que, si con ella complaces
a Sabinio, de quien gozas
tan altas felicidades
como a ti te den la vida,
¿qué importa que a mí me maten?
Llora
Coriolano
Aparte
(¡Cielos, que Veturia llora!
Quitadme el sentido o dadme
valor para resistir
tan nuevas contariedades
como que, siendo las perlas
antídoto en otros males,
sean tósigo en los míos.)
Veturia
Adiós otra vez, que guarde
tu vida.
Coriolano
Espera.
Veturia
¿Qué quieres?
Coriolano
No sé. Mas sí sé: rogarte
que no llores; mi dolor
me basta sin el que añaden
tus lágrimas.
Veturia
¿Que no llore?
Adiós otra vez, que guarde
tu vida.
Coriolano
Espera.
Veturia
¿Qué quieres?
Coriolano
No sé; mas sí sé; rogarte
que no llores; que tu llanto
dolor a dolor añade.
Veturia
Que no llore y detenerme
son dos precisas señales
de que, porque no me vaya
a tu pesar, donde gane
eterna fama mi muerte,
prenderme intentas.
Coriolano
No saques
consecuencia tan ajena
que no la conceda nadie.
¿Yo a prenderte, esposa y dueño?
¿De qué pudo tu dictamen
persuadirte que es prisión?
Veturia
De dos indicios tan grandes
como, al quitarme las armas,
ver que del brazo me ases.
Coriolano
Pues ¿qué armas te quito?
Veturia
¿Qué
más armas quieres quitarme
que quitarme que no llore,
si contra enemigo amante
la mujer no tiene otras
que la venguen o la amparen
que las lágrimas, que son
sus socorros auxiliares?
Coriolano
Si con ellas ventajosa
tu hermosura me combate,
¿qué mucho que por vencidas
se den mis penalidades?
¿Qué quieres de mí, Veturia?
Veturia
Que viva Roma triunfante.
Coriolano
Viva, pues, triunfante Roma,
ya que han podido postrarme
a sus siempre victoriosas
municiones de cristales
las armas de la hermosura.
Veturia
Enio, estas voces esparce
al pueblo que nos espera,
para que del pueblo pasen
a Roma, y concurran todos
agradecidos a darle
las gracias a Coriolano.
Éntrase ENIO repitiendo [dentro]
Enio
¡Viva, amigos, Roma, y pase
la palabra!
Todos
¡Roma viva!
Salen SABINIO y ASTREA
Sabinio
¿Qué confusas novedades
en el ejército, Astrea,
habrá habido, que a que cante
Roma la victoria mueven?
Astrea
No sé, mas fuerza es que espanten.
Sabinio y Astrea
¿Qué ha sido esto, Coriolano?
Coriolano
Nada, señor, que te agravie;
mucho, soberana Astrea,
que a ti te ilustre y te ensalce.
Sabinio y Astrea
Di, pues, lo que ha sucedido.
Coriolano
Que, usando de los poderes
que, como sabinos astros,
vuestras piedades me ofrecen,
me he movido a que sus rayos
hoy alumbren y no quemen;
y así, en vuestro nombre a Roma
he perdonado.
Sabinio
Suspende
la voz. Pues ¿no me dijiste
que habías, vengativo y fuerte,
por mi ofensa, cuando no
por la tuya, airado siempre,
negado la libertad
a su nobleza y su plebe,
en tu padre, en tu enemigo
y en tu más amigo?
Coriolano
Advierte
que nunca dije que había
negádosela rebelde
a mi dama; que el más noble
puede negar justamente
lo que le pide a su patria,
a su padre, a sus parientes,
a su amigo y su enemigo,
pero a su dama no puede.
Y más cuando su hermosura
con armas del llanto vence.
Veturia es, señor, mi esposa;
si ser con ella, te ofende,
liberal, pague mi vida
lo que mi vida te debe;
que yo moriré contento
con que vencedor te deje,
pues el que pude vengarte
me basta, aunque no te vengue.
Esto en cuanto a ti; y en cuanto
a Astrea, mi yerro enmienden
los privilegios con que
han de quedar las mujeres
en las capitulaciones
con que a tu piedad se ofrecen,
diciendo con toda Roma,
que humilde a tus plantas viene...
Salen TODOS, hombres y mujeres
Todos
¡Viva quien vence;
que es vencer perdonando
vencer dos veces!
Aurelio
A vuestras reales plantas
Roma...
Coriolano
Voz y acción suspende;
que hasta saber con qué pactos
y hasta ver que los acepte,
no está perdonada Roma.
Todos
Dilos, pues.
Coriolano
Primeramente,
que las mujeres que hoy
tiranizadas contiene
se pongan en libertad,
y las que volver quisieren
A Sabinia no se impidan
ni sus personas ni bienes;
que las que quieran quedarse
restitüidas se queden
en sus primeros adornos
de galas, joyas y afeites;
que la que se aplique a estudios
o armas, ninguno las niegue
ni el manejo de los libros
ni el uso de los arneses,
sino que sean capaces,
o ya lidien o ya aleguen,
en los estrados de togas,
y en las lides de laureles;
que el hombre que a una mujer,
dondequiera que la viere,
no la hiciere cortesía,
por no bien nacido quede;
y por mayor privilegio,
más grave y más eminente,
pues por las mujeres yo
sin honra me vi, se entregue
todo el honor de los hombres
a arbitrio de las mujeres.
Aurelio
Todas esas condiciones
es preciso que yo acepte
en nombre de Roma.
Todos
Y todos,
diciendo ufanos y alegres:
¡Viva quien vence;
que es vencer perdonando
vencer dos veces!
Sabinio
Pues, yo vuelvo victorioso
con que Roma se sujete.
Astrea
Yo airosa, con que vengadas
todas sus matronas queden.
Enio
Yo gozoso de haber sido
tercero en sus intereses.
Aurelio
Yo vano, con que a mi hijo
es a quien la vida debe.
Lelio
Yo amigo de quien ya sé
que no dio a mi padre muerte.
Veturia
Yo dichosa con saber
que Coriolano me quiere.
Coriolano
Y yo, con que nuestras bodas
hoy contigo se celebren,
restitüido a mis triunfos,
más honores y laureles
que tuve, pues sola tú
mi honor, triunfo y laurel eres.
Pasquín
Y yo contento, con que
sepan todos Vuesarcedes
que las armas de hermosura
con las feas no se entienden.
Digamos todos, pues todos
trocamos males a bienes,
a las plantas de Sabinio,
Astrea y Coriolano, alegres:
Todos
¡Viva quien vence;
que es vencer perdonando
vencer dos veces!
Fin de la comedia
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