El encanto sin encanto
Comedia Famosa
Personas que hablan en ella
- SERAFINA, dama
- LIBIA, criada
- LAURA, dama
- FLORA, criada
- MARGARITA, dama
- FLORANTE, galán
- DIONÍS, criado
- CELIO, galán
- ARNESTO, galán
- ENRIQUE, galán
- FRANCHIPÁN, criado
- ASTOLFO, gobernador, viejo
- FABIO, viejo
- MÚSICOS
- DOS CAZADORES
- UN VEJETE
Jornada Primera
Dentro música, y grita y sale Franchipán, soldado.
Músicos
En la tarde alegre
del señor San Juan,
toda es bailes la tierra,
músicas el mar.
Franchipán
Ya que mi amo no quiso,
habiendo de un temporal
la amenazada tormenta
obligádonos a dar
fondo en Marsella, salir
a tierra y a mí me da
orden de que en el esquife
con otros salga a comprar
aves y dulces, con que
se pueda mejor pasar
lo que hasta Mesina resta,
por Dios que me ha de esperar
todo el tiempo que festiva
aquesta marina está.
Él Y Músicos
En la tarde alegre
del señor San Juan,
toda es bailes la tierra,
músicas el mar.
Franchipán
Que no hay razón para que
una vez en Francia ya
deje de ver el festejo
con que en competencia igual…
Él Y Músicos
…toda es bailes la tierra,
músicas el mar.
Franchipán
Oh, cuántas madamuselas
con el airoso disfraz
de las máscaras quedando
hermosas en la mitad
a coros danzan, y, oh, cuántas
de otra música al compás
en varias góndolas sulcan
y uno y otro bordo dan
al estranjero bajel
diciendo en común solaz:
Músicos
En la tarde alegre
del señor San Juan,
toda es bailes la tierra,
músicas el mar.
Salen Laura, Flora y otras con máscaras; músicos y bailarines sin ellas danzando.
Laura
Ve mirando con cuidado
si a Serafina ves, ya
que mi hermano esta licencia
por ella, Flora, nos da.
Flora
De todo voy advertida,
que ya sé cuán liberal
anda contigo por que
des con ella para hablar
en su amor.
Laura
Pues hasta hallarla,
por esta orilla del mar
cantando y danzando vamos.
Franchipán
(Con éstas me he de mezclar,
puesto que las mascarillas
son licencia general,
y espere mi amo o no espere,
que el criado más leal
primero se sirve a sí
que no a su señor, y más
con la disculpa de ver
que con regocijo tal…)
Él Y Músicos
…en la tarde alegre
del señor San Juan,
toda es bailes la tierra,
músicas el mar.
Vase esta tropa danzando y Franchipán con ellos, y salen Florante y Dionís.
Dionís
Terrible estuviste.
Florante
¿Quién
es tan feliz que templar
sepa cólera y cordura,
y más perdiendo?
Dionís
Es verdad,
mas, con todo eso, que era
debieras considerar
hermano de Margarita,
a cuyo favor estás
deudor de algunas finezas.
Florante
En otro tiempo quizá
en eso cayera, pero
si sabes que espiró ya
esa inclinación a rayos
de la divina beldad
de Madama Serafina,
tras cuya esperanza van
mejorados mis deseos,
si no en la parte de hallar
más favor en sus desdenes,
en el todo de adorar
más imposible hermosura,
siendo así que una beldad
sabe en cada agrado menos
tener un mérito más,
¿qué me culpas?
Dionís
Lo que temo
es que acabado no está
el empeño, porque oí
a unos y otros murmurar
que tú no anduviste bien,
mas que él ha quedado mal.
Florante
De dos daños, el menor
me toca, puesto que ya
sucedido el lance, él tiene
qué hacer y yo no. Y pues más
que ese cuidado, Dionís,
a la marina me trae
el haberme dicho Laura,
mi hermana, cuya amistad
es tercera de mi amor,
que sabe que sale a dar
esta tarde nueva aurora
a esta playa su deidad,
a cuya causa la dije
que la saliese a encontrar,
ven a ver si conocerlas
pudiese entre las demás.
Dionís
Bien empleado caballero
a aquestas horas estás,
pues de empeños de tahúr
pasas a los de galán
con tal prisa que por ti
decir puede aquel cantar:
Coro Y Músicos
dentro
De los desdenes de Gila,
oh qué enfermo anda Pascual.
Florante
No es lo peor sino que
a todo me dice mal.
Dionís
¿Cómo?
Sale una tropa de música, Serafina y Libia con mascarilla, Fabio, viejo, y detrás Celio.
Florante
Como aquella tropa
que duda, viendo su mal…
Él Y Músicos
¿Cómo ha de sanar si es ella
la cura y la enfermedad?
Florante
…la de Serafina es,
que no se puede engañar
la alma por más que los rayos
de su esfera celestial
emboce la mascarilla.
Y al ver que tras ella va
Celio, el que juzgaba encuentro
se ha convertido en azar.
Dionís
Quiera Dios tu amor no pase
al remedio que mortal…
Músicos
…opilado de desdenes
le manda el doctor tomar…
Florante
Retírate por que solo
mejor su luz singular
oiga.
Vase Dionís.
Celio
(Pues por entendido
no me puedo, ¡ay de mí!, dar
de que es ella mientras ella
puesta la máscara va,
conténteme con seguirla,
llevando tras sí su imán,…)
Él Y Músicos
…aceros de desengaños
que obran bien y saben mal.
Celio
(…y disimule el dolor
de ver que Florante está
al paño, por más que digan,
viéndose a celos matar
y a sinrazones vivir
mis ansias, que en pena igual…)
Él Y Músicos
…ella es su muerte y su vida
y aun no se la quieren dar.
Florante
(No darme por entendido
de quién es, fuerza será.
Y así, suframos, recelos).
Celio
(Penas, suframos).
Florante
(Mas, ¡ay!,
temores…)
Celio
(Mas, ¡ay!, sospechas…)
Florante
(…que en tal duda…)
Celio
(…en temor tal…)
Los Dos Y Músicos
…desdichado del que vive
por ajena voluntad.
Serafina
¿Cuál es la góndola, Fabio,
que os mandé prevenir, ya
que al ruego de esas criadas
me he querido disfrazar
esta tarde?
Fabio
Aquella es
del enramado tendal,
que ya en la orilla te espera.
Serafina
Decid que llegue y mandad,
quedándoos vos por que menos
conocida goce el mar,
que en otro jabeque sigan
esos músicos detrás.
Vuelve la música a repetir lo que ha cantado.
Músicos
De los desdenes de Gila,
oh qué enfermo anda Pascual.
¿Cómo ha de sanar si es ella
la cura y la enfermedad?
Opilado de desdenes
le manda el doctor tomar
aceros de desengaños
que obran bien y saben mal.
Ella es su muerte y su vida
y aun no se la quieren dar.
Desdichado del que vive
por ajena voluntad.
Vase Fabio y la música.
Libia
Parece que mal hallada
con la mascarilla vas.
Para hacer que se prende la mascarilla se quita los guantes.
Serafina
Temo que no bien prendida
sobre los rizos está
y no quisiera que el aire
la corriera para dar
ocasión a que esos necios
se me declarasen más
que a seguirme, pues, aunque
no ignorantes tras mí van
de quién soy, mientras cubierta
esté, fuera necedad
el darse por entendidos.
Mas los guantes que se caen
por componerla levanta.
Cáense en el suelo y cada uno toma uno.
Los Dos
Aquí quien los alce hay.
Serafina
Pues ¿qué atrevimiento es
el que esa licencia os da?
Florante
¿Qué atrevimiento es, señora,
en lance tan casual
como ver un desperdicio
vuestro en el suelo, llegar
a levantarle, y más quien
sin conocer quién seáis,
solo en fe de dama os sirve?
Y por que mejor veáis
que, no sabiendo quién sois
no tengo por qué estimar
el acaso, pues no es
favor el que vos no dais,
la mitad que a mí me cupo
cortés os vuelvo, en señal
de que no hay merecimiento
adonde no hay voluntad.
Celio
Aunque yo tampoco sé
quién sois, sé que esta mitad
que me tocó del acaso
es vuestra. Y así haré mal
–pues aunque quién seáis no sé,
sé que una dama seáis–
en volvérosla, porque
quien nunca pudo esperar
que voluntario el favor
llegue a merecer jamás,
conservarle del acaso,
sea cuyo fuere, más
arguye desconfianza,
señora, que vanidad.
Florante
Yo sirvo a una dama; ella
sabe que la sirvo, y tal
el respeto es con que adoro
su peregrina beldad
que temiendo que a disgusto
suyo esta prenda ha de estar
en mi poder, se la vuelvo
a cuya es por mostrar
que es mi mayor placer no
hacerla el menor pesar.
Celio
Yo también sirvo a una dama,
mas tan cuerda que sabrá
estimar cortesanías
que tenga con las demás,
conque ser atento aquí
será ser más fino allá,
que aprender a ser galante
es lición de ser galán.
Florante
Todo eso es sofistería,
pero estotro realidad.
Celio
Esto es estimación, y eso
desaire.
Florante
Yo…
Celio
Yo…
Serafina
No más.
Y si yo he de decidir
la cuestión, entrambos mal
habéis andado conmigo
y con la dama que amáis:
vos, porque grosero prenda
ya hallada una vez tornáis;
vos, porque atrevido hacéis
prenda de lo que os halláis.
Con que ella por el empeño
que sin ella hacéis tendrá
razón de ofenderse, y yo
por la cuestión de pensar
que hay disculpa en uno cuando
de ambos es la culpa igual.
Vos, porque os quedáis con ella
y vos, porque me la dais.
Vase, tomando el guante de Florante; Libia la sigue.
Celio
Por lo menos de mi culpa
consuelo el tener será
hallada o perdida prenda
que fue vuestra.
Florante
En eso hay
qué decir, pues no es dejarla
querer que con ella vais.
Celio
¿Pues quién lo podrá impedir?
Florante
Quien…
Celio
Antes que habléis, mirad
que a vista estamos de muchos
y riñe en fe de la paz
quien riñe en público.
Florante
Pues
ved dónde queréis llevar
el guante a que yo le cobre.
Celio
El bosque de Miraval,
que por estar más distante
de aquesta publicidad
y por ser de Serafina,
tiene un requisito más
para nuestro duelo ser
el sitio.
Florante
Está bien, guiad,
que ya os sigo.
Al entrar los dos sale Margarita y detiene a Florante.
Margarita
Señor
Florante, pues os dará
licencia ese caballero,
aquí aparte me escuchad.
Florante
(¡Esto solamente agora
me faltaba!).
Margarita
¿Qué esperáis?
Florante
Ya veis que será poner
en sospecha el escusar
hablar con aquesta dama,
y así licencia me dad
lo que tarde en despedirla.
Celio
A mí no me toca más
de decir dónde os espero.
Vos veréis lo que os está
mejor, pues a vos os toca
que salgáis o no salgáis.
Vase.
Florante
¿Es posible, Margarita,
que contra tu autoridad
a vista de tantos quieras…?
Margarita
Buen recato es en verdad
mirar vos lo que no quiero
mirar yo.
Florante
Esto es estimar
tu pundonor. Y así vete,
por Dios, que después habrá
ocasión en que…
Margarita
Ya entiendo,
falso, aleve, desleal,
la causa con que apresuras
mi ausencia, que es porque das
a seguir a Serafina,
tras cuya hermosura vas.
Pues no, no ha de ser, que, puesto
que a tantos agravios ya
no me queda otra venganza
que solo la de estorbar,
no me he de apartar de ti
en todo hoy.
Florante
Mira que estás
sin razón quejosa: yo
a Serafina jamás
vi ni hablé, que a ti te adoro.
Y si disgusto te da
que por esta parte vaya,
baste a tu seguridad
ver que ya voy por estotra.
Andan por el tablado, ella tras él. Sale Arnesto a tiempo que él se pone delante y ella se va, sin hacer reparo Arnesto en ella.
Margarita
Yo también.
Florante
Todo eso es dar
qué decir a quien lo ve.
Margarita
¿Qué importa, pues no verá
más de que es una tapada,
y con cuidado quizá
de que naide la conozca?
Florante
Mira…
Margarita
Aquí no hay qué mirar.
Florante
Advierte…
Margarita
No hay qué advertir,
que por Dios que no has de dar
paso sin mí todo el día.
Sale Arnesto.
Arnesto
Señor Florante.
Margarita
(Mas ¡ay,
infeliz! Mi hermano es este).
Florante
(De un pesar a otro pesar
van pasando mis desdichas).
Margarita
(Antes que repare más
en mí, es fuerza que me ausente
y no fíe del disfraz
tanto que aventure el ser
conocida).
Vase.
Florante
¿Qué mandáis?
Arnesto
En una porfía que hoy
tuvimos sobre juzgar
una suerte se quedó
no sé qué que averiguar
entre los dos. Y pues yo
soy el que os busco, mirad
vos, pues por llamado os toca
la elección, en qué lugar
menos público queréis
que acabemos de ajustar
la porfía.
Florante
(¿Quién, fortuna,
se vio en confusión igual?
Rehusar este duelo aquí
no me es posible; faltar
al que ya aceptado tengo
tampoco).
Arnesto
Pues ¿qué dudáis?
Florante
(¿Qué debo hacer? Que decir:
«Es otro empeño», no está
bien a mi opinión; donde otro
me espera no ir, le está mal).
Arnesto
Solo vengo, y sólo espero
que vos el puesto elijáis.
Guiad, pues, donde quisiereis.
Florante
Nunca pude yo dudar
de vuestras obligaciones
y, para que lo veáis
(esto ha de ser, vive Dios,
que los tengo de juntar
y riña el que más acción
tuviere), de Miraval
el bosque, pues que de esotra
parte está de la ciudad
más lejos deste concurso,
sea el puesto.
Arnesto
Bien está.
Y por que, yendo los dos,
no demos qué sospechar
al vernos juntos a quien
por ventura esté capaz
de nuestro desabrimiento,
vos por esa parte echad,
mientras que yo por estotra
voy.
Florante
Decís bien.
Vase Arnesto por una parte y, al irse por la otra Florante, sale Laura con la primera tropa y Franchipán.
Laura
Rato ha
que te busco. Serafina
en una góndola está
embarcada, con que no
la he podido ver ni hablar
hasta agora.
Florante
Ya lo sé,
Laura. Y porque a mí faltar
de aquí me importa, tú espera
que salga, conque podrás
hablarla en mí. (Caballeros
son los dos; ellos verán
qué deben hacer, que a mí
salir me toca, y no más).
Vase.
Flora
Vuelva la música, puesto
que aquí habemos de esperar.
Franchipán
(Vuelva y regañe mi amo
otra mudancita más).
Músicos
En la tarde alegre
del señor San Juan,
toda es bailes...
Ruido.
Unos
dentro
¡Qué desdicha!
Libia
dentro
¡Jesús mil veces!
Serafina
dentro
¡Piedad,
cielos!
Sale Margarita.
Todos
¿Qué ruido es aquel?
Margarita
A lo que de aquí mirar
se deja, junto al bajel
una góndola se va
a pique.
Laura
Ya de él y de otras
gente se arroja a sacar
a los que en tan gran desdicha
peligran.
Sale don Enrique, sacando en brazos a Serafina.
Serafina
¡Cielos, piedad!
Enrique
Alentad, señora, pues
estáis en la tierra ya.
Serafina
La vida os debo, español,
a quien siempre os estará
mi valor agradecida.
Enrique
Mis deseos agraviáis,
que yo soy el que me debo
a mí la felicidad
del haberos socorrido.
Laura
¡Que es Serafina, llegad
todos!
Llegan sin reparar en Enrique.
Margarita
(Llegue yo también,
porque, aunque celos me da,
para averiguarlos quiero
introducir mi amistad).
Señora.
Laura
Amiga.
Todos
¿Qué ha sido
aquesto?
Serafina
No sé. Al tomar
la vuelta de aquel bajel…
Laura
No es tiempo de eso. Llegad
una carroza, cualquiera
que primero esté.
Sale Fabio.
Fabio
Aquí hay
una. Ven donde repares
peligro y susto, pues ya
socorridas las que iban
contigo de otros están.
Llevándola entre todos.
Serafina
Ingratitud será irme
sin saber a quién pagar
debo la vida.
Laura
Después
para todo habrá lugar.
Todos
Ven ahora y no te detengas
a nada.
Fabio
De Miraval,
cochero, a la quinta es donde
has de ir.
Vanse.
Franchipán
Señor.
Enrique
Franchipán.
Franchipán
¿Qué es esto? De Manzanares
hijo y echarte a nadar,
¿no implica contradición?
Enrique
No sé si diga un desmán
de mi dicha o mi desdicha.
Divirtiéndome en mirar
a la banda del bajel
ese tranquilo cristal
que en enramados jabeques
y góndolas trasladar
quiso a la espuma la selva
con tanta festividad
que era cada errante escollo
en la dulce suavidad
de sus músicas venera
de las sirenas del mar
estaba cuando dos barcos,
apostándose a remar
delante de él, competían
con tanta velocidad
que no se sabía si era
nadar, correr o volar.
A este tiempo una enramada
góndola que por detrás
de la popa descubría
no bien su verde tendal
se atravesó de manera
que, sin poder restaurar
la aviada que los remos
tenían impelida ya,
la chocaron, conque al agua
dio con la gente que trae.
Yo, viendo que eran mujeres,
del bordo me eché a librar
lo que pude. Y pues tú has sido
testigo de lo demás,
no hay que referirte que,
sin hacer de mí caudal,
solamente de la dama
cuidaron, con prisa tal
que nadie reparó en mí.
Franchipán
No es aqueso novedad.
¿Quién, recibido el favor,
se acuerda de quien le da?
Enrique
¿Qué es del esquife, por que
vuelva al bajel a mudar
este vestido?
Franchipán
Debió
de volverse, pues no está
donde le dejé.
Enrique
Otro barco
busca.
Franchipán
Lo mismo es buscar
hoy aquí un barco que un coche
en la calle de Alcalá
en el día del Sotillo.
Voces
dentro
Buen viaje.
Otros
dentro
Vira al mar.
Enrique
¿Qué es aquello?
Franchipán
Que el patrón,
viendo que empieza a soplar
viento de tierra, se hace
a la vela.
Enrique
Al ver llegar,
sin duda, a bordo el esquife
con los que estaban acá,
creyendo ser todos, no
nos ha echado menos. Haz
seña con un lienzo.
Franchipán
Es
de tabaco y de ella harán
desprecio, como quien dice:
«¡Mocosa seña de paz!».
Enrique
¡Da voces!
Franchipán
Serán las de un
chapetón que en alta mar
decía: «Para, bajel,
porque quiero gomitar».
Enrique
Buenos habemos quedado
en estranjero lugar
donde a nadie conocemos
sin crédito ni caudal.
Franchipán
Lo peor es que en ti cualquiera
pena, según el refrán,
lloverá sobre mojado.
Enrique
¿Qué hemos de hacer?
Franchipán
Pregonar,
tú en remojo y seco yo,
pescado, pues a la par
somos criado abadejo
de caballero cecial.
Enrique
¿Ahora frialdades?
Franchipán
A ti
te lo pregunta, que estás
tiritando. Pero, en fin,
aquí, señor mío, no hay
más medio que con el poco
dinero que a mí me dan
para las aves y dulces
y el muy poco que valdrán
tu bolsillo y mi sisado,
tomar postas y pasar
por tierra a Mesina, a cuyo
faro va el bajel a dar,
donde cobrarás tu ropa,
hallándote donde vas.
Enrique
Dices bien; mientras que yo
en una hostería enjugar
trato el vestido, las postas
busca tú.
Franchipán
Fácil será
en Francia.
Enrique
¿Quién se vio, cielos,
en igual pena jamás?
Franchipán
¿Cuántos por sacar de ahogos
a una dama, pian, pian,
se van de mantas mojadas
a servir a un hospital?
Vanse, y salen Celio y Arnesto, cada uno por su puerta.
Celio
(Mucho tarda en despedir
aquella dama Florante:
que es un siglo cada instante
no debe de discurrir
a quien un contento espera;
cuanto más al que un pesar).
Arnesto
(Aquí es adonde esperar
me toca. Del cielo quiera
que venga Florante presto,
que mayor contrario en mí
que en él tengo).
Celio
(Un hombre allí
viene).
Arnesto
(¿Si es él?). ¡Celio!
Celio
¡Arnesto!
Arnesto
¿Vos tan retirado, día
de tan gran festividad?
Celio
¿Vos en esta soledad,
tarde de tanta alegría?
Arnesto
Retirome una tristeza.
Celio
A mí una ciega pasión.
Y pues parecidas son
tanto una y otra estrañeza,
bien con la vuestra alcanzar
la mía podrá.
Arnesto
Decí.
Celio
Que de aquí os vais, porque aquí
solo me importa quedar.
Arnesto
De mano me habéis ganado,
porque, a haberos detenido,
lo que vos me habéis pedido
os hubiera suplicado,
que también solo quisiera
me dejarais.
Celio
Tal vez lleno
de pena en cuidado ajeno
el propio se considera.
Sale Florante.
Florante
(Ya los dos están aquí).
Celio
Sepa yo lo que esperáis.
Arnesto
En sabiendo qué aguardáis.
Florante
Yo a entrambos lo diré: a mí.
Los Dos
¿A vos?
Florante
Sí.
Arnesto
¿Luego os espera
para hallarse a vuestro lado?
Celio
¿Luego os aguarda avisado
de vos?
Florante
Tan de otra manera
viene a ser la presunción
que contra mi honor formáis
que en la opinión que agraviáis
asegura su opinión.
Vos, Arnesto, estáis de mí,
si no ofendido, quejoso.
Yo, Celio, de vos celoso
estoy. Y siendo esto así,
que a vos dije que a quitaros
aquí una prenda vengáis
a tiempo que me buscáis
vos para desenojaros,
con vos cumpliendo y con vos
en lance tan importuno,
por no hacerle falta al uno,
quise juntar a los dos.
Yo estoy aquí, que os llamé,
Celio, para este lugar.
Yo, Arnesto, a quien vos llamar
quisisteis para él, en fe
de mi honor, estoy aquí.
Uno soy, dos os halláis:
ved los dos cómo ajustáis
reñir conmigo, de mí
vos llamado y yo de vos,
porque mi opinión jamás
me pudo obligar a más
que a ponerme entre los dos.
Celio
Esa repetida duda
de cuál más esté obligado,
el que llama o el llamado,
hoy a resolverla acuda
el argumento más fuerte
que hasta hoy este caso vio.
Los Dos
¿Quién le ha de proponer?
Celio
Yo.
Los Dos
¿De qué suerte?
Saca la espada, embiste a Florante, y Arnesto se pone en medio.
Celio
Desta suerte.
Ya yo la espada saqué
sólo para vos; agora
Arnesto, pues que no ignora
su obligación, verá qué
debe hacer, puesto que ya
no correrá a cuenta mía
si él hace la demasía
de embestiros dos.
Arnesto
No está
mi honor tan desamparado
de razón que a esa razón
no halle la contradición.
Celio
¿Qué es?
Arnesto
Ponerme yo a su lado
sólo para embarazar
que le lleguéis a embestir;
porque nadie ha de reñir
con el que yo he de matar.
Florante
Que vos me defendáis, no
tampoco a mí me está bien,
que no ha de valerme quien
mi enemigo es. Y así yo,
del uno y otro apartado,
matar o morir espero.
Llegue el que llegue primero.
Arnesto
Seré yo.
Celio
Puesto a su lado,
haré lo que hicisteis vos.
Florante
Bueno es, sin reñir ninguno,
no darme la muerte uno
por querer matarme dos.
Celio
Mía es la primera acción.
Riñen los tres.
Arnesto
Yo la haré mía también.
Florante
Yo acudiré a entrambas.
Al paño don Enrique y Franchipán.
Enrique
dentro
Ten
los caballos, postillón,
mientras quizá embarazar
puedo un pesar. Caballeros,
Sale.
si un español, a quien ponen
obligaciones de serlo,
en la de mediaros puede,
cuando la Francia corriendo
a Italia pasa y acaso
llega en igual trance a veros
desde el camino, ser parte
de ajustar aqueste duelo,
os suplica que, pues ya
en la campaña el acero
desnudo os desempeñó
de cualquier acaecimiento
que no haya sido de honor,
deis plática a que haya medio
que airosos pueda dejaros.
Arnesto
No tan solamente siendo,
como decís y publica
la roja insignia del pecho,
caballero y español
habéis de estorbarnos, pero
vos nos habéis de alentar
a reñir con más esfuerzo
y más reputación.
Enrique
¿Cómo?
Celio
La honrada cuestión sabiendo
de los tres para saber
de quien, como forastero
desapasionado, puede,
sin llegar a conocernos,
decir lo que hacer nos toca.
Enrique
Yo lo haré, como primero
de estar a lo que yo sienta
prometáis, porque no quiero
dar consejo a quien después
me desestime el consejo.
Los Dos
Sea así.
Enrique
Pues decid el caso.
Florante
Yo llamé a ese caballero
a reñir; quiso mi suerte
me llamase al mismo tiempo
ese caballero a mí.
Yo, la concurrencia viendo
de llamar y ser llamado,
con uno y otro cumpliendo,
por no faltar a ninguno,
aquí junté a los dos. Ellos
son tan bizarros que, no
queriendo embestirme, atentos
a reñir cada uno solo,
ver quieren a quién primero
toca el trance: ¿al que llamó
o al llamado?
Enrique
Ese es un duelo
que hasta hoy no está decidido.
El que tuvo atrevimiento
de llamarme, me obligó
a responderle; al que luego
tuve atrevimiento yo
de llamar, también es cierto
me obligó a esperarle. Y pues
hasta aquí es igual el fuero
de acudir al que me ofende
y de esperar al que ofendo,
y hoy lo confunde el acaso
de haber sido todo a un tiempo,
sepa las dos ocasiones,
con que vendrá en mi concepto,
regulando calidades,
última ley del derecho,
a tener mejor lugar
quien tenga mejor pretexto.
Arnesto
En una conversación
sobre los lances del juego
la espada empuñó y, tomando
la puerta, salió diciendo
no sé qué que no entendí
bien entre otras voces, pero
como que daba a entender
que no era para allí aquello.
Y así, por si es para aquí,
le busqué para saberlo.
Enrique
¿De modo que vos no oísteis
voz que os dejase mal puesto?
Florante
Ni yo la dije.
Enrique
Con esta
satisfación…
Florante
Deteneos
y advertid que yo aquí no
satisfago, sino cuento.
Que no la dije allá dije,
porque no la dije, pero
no porque, si la dijera,
la negara.
Enrique
Así lo entiendo.
Celio
Yo sirvo a una dama a quien
sirve también y, sabiendo
que yo sin voluntad suya
suyo aqueste guante tengo,
que le trajese me dijo
conmigo donde soberbio
de mí cobrarle sabría.
Enrique
¿Eso dijo? El campo es vuestro.
Arnesto
¿Por qué?
Enrique
Porque allá no hubo
más que el casual despecho
de un arrojo interpretado
que pudo serlo y no serlo,
y aquí, sobre haber aquí
competencia, amor y celos
en quien lo dijo y lo oyó,
hay el expresado empeño
de cobrar y defender,
en que yo arbitrar no puedo,
porque es delito con parte
donde hay dama de por medio.
Arnesto
Si pensara que podía
ignorar un caballero
su obligación, el de amor
a otro trance prefiriendo,
cualquiera que fuese, nunca
hubiera yo…
Enrique
¿Cómo es eso
de ignorar mi obligación?
¡Vive Dios que habéis de verlo!
Arnesto
¿Cómo?
Enrique
Si el no reñir vos
ignorarla es, disponiendo
que riñáis.
Arnesto
¿Con quién?
Enrique
Conmigo.
Solo está este caballero
y sois dos, con que veréis,
al lado de él solo puesto
y dándoos con quién reñir,
que al que le elijo le dejo,
al que le sobra le aparto
y sé qué obligación tengo.
¿Qué esperáis, pues dos a dos
estamos ya?
Riñen los cuatro.
Florante
Al lado vuestro
el mundo es poco.
Voces
dentro
Hacia aquella
parte están.
Arnesto
¡Valedme, cielos!
Cae Arnesto en el vestuario y sale Franchipán.
Enrique
Ya el que me cupo cayó.
Gobernador
dentro
Llegad todos.
Los Tres
¿Qué es aquesto?
Franchipán
Viendo el postillón que al lado
de uno te ponías, corriendo
volvió a la ciudad, de donde
viene gran gente.
Celio
¿Qué haremos?
Porque es el gobernador
y, hallando aquí muerto a Arnesto,
es grande el riesgo.
Florante
Dejar
pendiente ahora nuestro duelo
y de una parte los cuatro…
Franchipán
¿Qué cuatro? Que yo soy cero,
mas detrás de tres soy treinta.
Sale el Gobernador y gente.
Gobernador
Daos a prisión.
Florante
Deteneos,
porque antes hemos de darnos
hechos pedazos que presos.
Gobernador
¿Cómo, sobre igual delito
de un desafío en que muerto
hallo a Arnesto, vos, Florante,
desesperado y vos, Celio,
de mí y de tantos libraros
podréis?
Los Tres
Matando y muriendo.
Gobernador
Pues ellos dan el partido,
o matadlos o prendedlos.
Riñen con ellos y retíranse los tres, entran por una puerta y vuelven a salir por otra.
Celio
Tomemos el bosque, donde,
pues que ya va anocheciendo,
será posible ocultarnos.
Florante
Decís bien, ¡al bosque!
Enrique
Vuestro
a todo trance soy.
Florante
Yo
moriré por vos.
Gobernador
¡A ellos!
¡No el bosque tomen!
Franchipán
Señores,
¿quién me ha metido a mí en esto?
Vanse, y salen Serafina, Laura, Margarita y Libia con luces.
Margarita
En fin, ¿que no has querido
un rato descansar?
Serafina
Si ya el vestido,
como veis, he mudado,
vencido el susto, el riesgo reparado,
¿qué más descanso espero,
y más si entre las dos me considero
a cuyo amparo debo agradecida
el segundo reparo de mi vida?
(¡Más no se le debiera
al que me vine sin saber quién era!).
Laura
No juzgue tu belleza
que en las dos pudo nunca ser fineza
acción que otra cualquiera
mujer en trance igual nos mereciera.
Margarita
Es verdad. Mas ya es dicha,
una vez sucedida la desdicha,
ser tal sujeto el que la logre que haga
que el acaso al deseo satisfaga,
y más en mí, pues, aunque no quisiera
que de tanto pesar la ocasión fuera,
casi la he agradecido
por haberme ofrecido
la de que conozcáis que en mí, señora
Serafina, tenéis la servidora
más vuestra aficionada
y de una belleza enamorada.
(Esto es ganar, recelos,
espías en el campo de mis celos).
Serafina
Ufana vuestra mano
beso por un favor tan soberano,
bien que yo ser debiera
la que el pasado riesgo agradeciera,
pues, de vos socorrida y lisonjeada,
dos veces vengo a ser la interesada.
Laura
Bien como yo dos veces la celosa,
pues ya en unión tan dulcemente hermosa,
¿qué acción queda a una y otra amistad mía?
Libia
¡Oh, lleve el diablo la cortesanía!
Serafina
¿Dices algo?
Libia
Sí digo,
pero es soliloqueando acá conmigo.
Y si he de declararme,
trato de lamentarme,
que habiendo yo caído
también y habiendo sido
no un señor como el tuyo dicen que era
mi delfín, sino un moro de galera,
bien que en peligro tanto,
el tal moro jurara que era un santo
y, habiendo no mudado
vestido, que no tengo, y enjugado
el que me lava el mar y no jabona
el calor natural de la persona,
no hay alma que me diga
fea ni hermosa, amiga ni enemiga.
Serafina
Razón tienes. Ve y ponte aquel vestido
que para el bosque hice.
Libia
Ya ha servido
de algo el hablar.
Margarita
Bien creo
que en esta recreación vuestro deseo
estará bien hallado.
Serafina
A aquesta soledad me ha retirado
por esta primavera
la inclinación del campo, en cuya esfera
pesca y caza tal vez de mi sentido…
Voces
dentro
Todo el monte sitiad.
Serafina
Pero ¿qué ruido
es este? ¿Qué es eso, Libia?
Libia
No lo sé, señora, pero
hacia la parte del bosque
donde del palacio viejo
cegadas minas testigos
son de las ruinas del tiempo,
armas y voces se escuchan
que en desordenado estruendo
dicen:
Florante
Lejos.
Sígueme, español,
que más tu vida deseo
que la mía.
Enrique
dentro
Ya te sigo,
pero del monte lo espeso
y de la noche lo obscuro
de ti me apartan.
Gobernador
dentro
¡A ellos!
Y tomad todos las sendas
por que no escapen huyendo.
Serafina
Bajen luces y criados,
y sepan qué ha sido eso.
Las Dos
¡Qué confusión!
Unos
dentro
¡A la torre!
Otros
dentro
¡A la espesura!
Franchipán
dentro
Al infierno.
Las Tres
¿Qué puede haber sucedido?
Libia
Entrársenos acá dentro
Huyendo.
con las espadas desnudas
dos hombres.
Enrique y Franchipán.
Enrique
Si un forastero,
a quien honradas desdichas,
señoras…
Franchipán
Si un majadero,
a quien boberías no honradas…
Enrique
…en tanto peligro han puesto
que obligan a que, guiado
de las luces que salieron
desta casa, en ella tome
derrotadamente puerto,
por español os merece
alguna piedad…
Serafina
(¿Qué veo?
¿Este no es el que la vida
me dio?).
Enrique
…a vuestras plantas puesto
os suplica…
Voces
dentro
Aquí los dos
entraron.
Gobernador
dentro
Pues id siguiendo
a los otros, mientras yo
a estos sigo.
Libia
Peor es esto,
que más gente en casa ha entrado.
Enrique
La justicia es, porque menos
que de ella no huyera yo.
Franchipán
Yo sí, que huyera del perro
de San Roque, si ladrara.
Margarita
A todas toca el empeño
de que en tu casa y a vista
nuestra le prendan.
Laura
Es cierto.
Serafina
Retiraos a aquesta cuadra
y creed, ya que aquí el cielo
os redujo, que en las tres
favor tengáis.
Enrique
Bien lo creo,
porque ¿cómo ha de faltar
a nadie favor en templo
de tres divinas deidades?
Franchipán
Cuerpo de Cristo, ¿requiebros
agora, cuando entran ya?
Escóndense los dos en la puerta de en medio y salen el Gobernador y gente.
Serafina
Las dos me ayudad, diciendo
lo que yo dijere. Tú,
Háblala quedo.
Libia, escucha.
Libia
Ya te entiendo.
Vase Libia.
Serafina
¿No hay quien nos valga y ampare…
Las Dos
¿No hay quien nos valga y ampare…
Serafina
…de tan grande atrevimiento?
Las Dos
…de tan grande atrevimiento?
Serafina
¿En mi casa esta osadía?
¿No tengo criados, deudos
que castiguen…?
Sale el Gobernador.
Gobernador
Si es conmigo,
señora, el airado ceño
porque a entrar con gente y armas
en vuestra casa me atrevo,
perdonad, que, aunque no ignoro
el noble, el justo respeto
que se debe a estos umbrales,
y más cuando miro en ellos
a Madama Margarita
y Laura, sobre ser vuestros
(¿cómo que son sus hermanos
diré matador y muerto?),
con todo eso hay accidentes
que tal vez disculpan yerros
no prevenidos.
Serafina
No solo,
señor Astolfo, me ofendo
de que así entréis en mi casa,
mas que entréis os agradezco
y más si es, como imagino,
en busca y en seguimiento
de dos estranjeros hombres
que osadamente resueltos
aquí han entrado…
Enrique
(¿Qué escucho?).
Franchipán
(Buena hacienda habemos hecho).
Las Dos
(¿Qué dices?).
Serafina
(Pues los delato,
mostrar que no los defiendo)
…con tan grande alevosía
que desnudos los aceros…
No puedo hablar.
Margarita
Yo tampoco.
Laura
Y a mí me falta el aliento.
Serafina
A las tres amenazando
nos han dicho que, si hacemos
ruido u decimos que aquí
han entrado, pondrán fuego
a la casa.
Franchipán
(Miente el ángel,
que tal no hemos dicho).
Enrique
(Cielos,
¿qué es esto?).
Franchipán
(Las tres deidades
en tres áspides se han vuelto).
Serafina
¡Libradnos deste peligro!
Laura
¡Amparadnos deste riesgo!
Margarita
¡Restauradnos deste asombro!
Gobernador
¿Adónde están?
Serafina
Allí dentro.
Gobernador
Tomad esa luz y entrad
conmigo.
Ruido dentro de golpes y quiebran vidrios y sale Libia.
Libia
¡Valedme, cielos!
Serafina
¿Qué es eso, Libia?
Libia
Asomada
a esa galería del cierzo,
oyendo el ruido del bosque
estaba cuando a los pechos
me pusieron dos puñales
y a la garganta diez dedos,
diciéndome que callase,
dos hombres. Traté de hacerlo,
hasta que, oyendo aquí gente,
soltándome a mí, dijeron:
«Mejor será que muramos
desesperados que presos»,
con que, quebrando cristales
que abrir no sabían con tiento,
dejándose caer al monte,
me dejan tal que no creo
que estoy viva.
Enrique
(Mejorose
el peligro).
Franchipán
(Vive el cielo,
que se han vuelto a ser deidades
los aspicillos).
Gobernador
Tras ellos
al monte volvamos.
Serafina
No
nos dejéis con este miedo
sin mirar toda la casa.
Margarita
Y aseguradnos primero
de que no quedan en ella.
Libia
¿Cómo han de quedar, si es cierto
que yo arrojarse los vi?
Gobernador
Si ella lo afirma y yo pierdo
tiempo, haré mal en estarme
aquí. Y más si considero
que en seguirlos sirvo a alguna
de las tres, aunque a otra ofendo.
Las Tres
¿De las tres?
Gobernador
Sí.
Las Tres
No habéis de iros
sin decirlo.
Gobernador
Harto lo siento,
mas ¿qué importará callarlo
si ha de ser fuerza el saberlo?
Florante y Celio reñían.
Laura
¿Mi hermano? ¿Qué escucho?
Serafina
(¡Cielos!
¿Si son resultas del guante
el reñir Florante y Celio
y soy yo por la que dice
que ha de sentirlo?).
Gobernador
A este tiempo
Arnesto,…
Margarita
¿También mi hermano
es introducido?
Gobernador
…puesto
al lado de Celio,…
Laura
¡Ay, triste!
Gobernador
…reñía con Florante...
Serafina
(Hoy muero).
Gobernador
cuando, viendo dos a uno
un español caballero
que iba corriendo la posta
se apeó por componerlos,
según cuenta quien con él
iba y fue a avisarme, en viendo
que no bastando a ajustarlos
al lado del solo puesto,
que era Florante, no sé
cómo diga, mató a Arnesto.
Ved si sirvo a la una, pues
al homicida siguiendo
de su hermano voy, y ved
si ofendo a la otra, puesto
que voy siguiendo a su hermano
y al español en quien tengo
de vengar igual desdicha.
Vase.
Margarita
Oíd, esperad.
Laura
¿Qué es tu intento?
Margarita
Decirle que el agresor
aleve, cómplice, fiero,
con Florante (no bastaba
que a mí me matase a celos,
sino a mi hermano a traiciones)
se oculta aquí.
Laura
Es vano intento,
que no ha de saberlo.
Margarita
¿Cómo,
si oigo que a mi hermano ha muerto?
Laura
Como he de impedirlo yo,
que oigo también que le debo
haber amparado el mío.
Margarita
Es un tirano sangriento
que mi sangre ha derramado.
Laura
Es un noble caballero
que ha valido al que vio solo.
Enrique
(¿Agora tenemos esto?).
Franchipán
(Y aun otro poco que falta).
Serafina
¡Laura, Margarita, cielos!
(¿Qué debo hacer cuando sé
que es al que la vida debo?).
Margarita
Serafina, el que dio muerte
a mi hermano está aquí dentro.
Tú has de ayudar mi venganza.
Laura
Serafina, el que resuelto
la vida a mi hermano dio
aquí dentro está y espero
que tú a su amparo me ayudes.
Serafina
Ni lo uno ni lo otro ofrezco,
que hay tercero empeño.
Las Dos
¿Cómo?
Serafina
Como este hombre tomó puerto
en mi casa y ni tú en ella
le has de ofender ni tú luego
en ella le has de amparar,
que a mí me toca el hacerlo.
Libia
“También hay duelo en las damas”
debió decirse por esto.
Las Dos
¿Cómo has de poder?
Serafina
Así.
¡Hola!
Sale Fabio.
Fabio
Señora.
Serafina
Al momento
manda poner dos caballos
de los que en la quinta tengo
para el servicio del bosque,
sus arzones proveyendo
de pistolas y sus fundas
de joyas y de dineros,
con quien le convoyes hasta
salir de los cotos nuestros.
Tú, español,…
Franchipán
(No habla conmigo;
yo debo de ser tudesco).
Serafina
…ponte en ellos. Y pues ya
está en quietud y silencio
todo el bosque, tu camino
prosigue.
Enrique
No te agradezco
tanto que me des la vida,
hermoso prodigio bello,
cuanto (¡ay, cielos!) que ocasión
me des de que vaya huyendo
el enojo de una dama
a quien en ser noble ofendo,
porque no estoy enseñado
a agraviarlas y antes pienso
que el haber servido a alguna
a quien hoy…
Serafina
No es tiempo de eso.
Idos, pues. Llevadle, Fabio.
Margarita
Idos, pero sea advirtiendo…
Laura
Idos, mas sabiendo sea…
Margarita
…que os han de hallar en el centro
de la tierra mis rencores.
Laura
…que os han de hallar mis afectos
dondequiera que ella os busque.
Margarita
Y así creed,…
Laura
Y así estad cierto,…
Margarita
…si os acaecieren desdichas,…
Laura
…si os sucedieren contentos,…
Margarita
…que Madama Margarita
dellos es causa.
Laura
…que dellos
es causa Madama Laura.
Enrique
Ni uno estimo ni otro temo,
que lo que temo y estimo
es…
Serafina
Tampoco de eso es tiempo.
Id con Dios.
Enrique
Quedad con Dios.
Vase.
Franchipán
Él quiera que no encontremos
otra aventura en el bosque.
Vase.
Serafina
Ahora que cumplí primero
yo mi obligación, cumplid
las vuestras las dos, supuesto
que ya fuera de mi casa
no está a mi cuenta su riesgo,
o bien tu venganza le halle,
o bien tu agradecimiento.
Margarita
Tú lo verás, cuando veas
cómo de un traidor me vengo,
y aun dos, pues él y Florante
a mí y a mi hermano han muerto.
Vase.
Laura
Tú lo verás, cuando oigas
cómo yo le favorezco,
pues obligado mi hermano
por sí y por mí sabrá hacerlo.
Vase.
Serafina
Ni uno ni otro veré. ¡Libia!
Libia
¿Qué mandas?
Serafina
Baja corriendo;
di a Fabio que la deshecha
haga de que sale huyendo
y, sin decirle que yo
se lo mando, deje sueltos
los caballos en el monte
y que los dos vuelvan luego
donde le esconda en su cuarto.
Libia
¿Pues qué pretendes?
Serafina
Pretendo
que ni una logre venganzas
ni otra finezas. (¡Oh, el cielo
te valga por español!
¡En qué obligación me has puesto!).
Segunda Jornada
Sale Serafina y Libia.
Libia
¿Tan de mañana al jardín
salir quieres?
Serafina
A esa puerta
llama del cuarto de Fabio,
en tanto que yo entre aquestas
murtas me quedo, porque
no quiero que en él me vean,
y dile que estoy aquí.
Libia
Escusada diligencia
es, que él sin duda te ha visto,
pues con recato, entreabierta
la puerta, sale.
Sale Fabio.
Serafina
¿Qué hay, Fabio,
de nuevo?
Fabio
No sé que sea
novedad que tú, señora,
dispongas y yo obedezca.
Dijo Libia que, en habiendo
hecho anoche la deshecha
de irse ese español, con él
diese a mi cuarto la vuelta.
Hícelo así y, retirado
en la más oculta pieza,
que es esa por quien yo agora
salgo aun antes que amanezca
con ánimo de pasar
al tuyo sin que me vea
la familia, le he tenido.
Mira, pues, lo que me ordenas
que haga de él, porque no sé
si en que allí se oculte aciertas.
Serafina
Aunque yo, Fabio, sé poco
desto, sé que el que desea
de la justicia librarse
ha de ser en dos maneras:
o tan luego que cobrada
la ventaja no le puedan
dar alcance, o tan después
que los que le siguen pierdan
las esperanzas de hallarle.
Y siendo así que de aquesas
dos huidas fue forzoso
valerme de la primera,
entonces por Margarita
previne después, atenta
a ser de noche, a estar tanta
gente movida, la tierra
de él ignorada y sabida
de los demás, que se vuelva
para usar de la segunda.
Pues como ahora se detenga
escondido algunos días,
pasada una vez la priesa
de buscarle, claro está
que ha de poder con más cierta
seguridad irse.
Fabio
Bien
estaba eso si no hubiera
otra razón.
Serafina
¿Qué es?
Fabio
Que, viendo
que no sólo no le encuentran,
pero que apenas de él hallan
noticia, rastro ni seña
los ministros de justicia
y de Margarita bella
los deudos, y aun ella misma,
que altivamente soberbia
le sigue, no habiendo paso
que ya tomado no tengan,
es fuerza que contra ti,
sintiendo cuánto te empeñas
por solo tema en librarle,
todos los indicios vuelvan
y que le hallen en tu casa.
Serafina
Cuando aqueso nos suceda,
¿faltará donde ocultarle
de modo…
Fabio
¿Qué?
Serafina
…que, aunque vengan
no le hallen?
Fabio
¿Dónde o cómo?
Serafina
Esa antigua fortaleza
que, demolida del tiempo,
ruina yace, ¿no conserva
en las caducas memorias
de su pasada grandeza
un torreón que antes fue
la cámara fuerte della?
Fabio
Sí, señora.
Serafina
¿A este no arrima
la hermosa fábrica nueva
que hizo mi padre, dejando
de su ancianidad en muestra
pequeña puerta que tarde
o nunca se ha visto abierta?
Fabio
Sí, señora.
Serafina
¿Pues quién quita
el que pongamos en ella
disimulada pintura
de su arquitectura mesma
sobre dos quicios movida
por donde dársele pueda
la comida con tal arte
que el haber paso desmienta?
Fabio
Ve aquí que en ese secreto
no den. ¿Si por las almenas
entrasen al torreón?
Serafina
Valdrémonos de las ciegas
minas, haciendo que una
que sale a la orilla de esa
ría que va al mar, se aclare
y, teniendo un barco en ella
siempre aprestado y la boca
hasta ese trance cubierta
de tierra y broza, podrá
huir en él.
Fabio
¡Qué más pudieras
haber pensado, señora,
en amparo o en defensa
de un hermano a quien hubiesen
de cortarle la cabeza
a otro día! ¿Un estranjero,
por tema no más, te cuesta
tantos discursos?
Serafina
Dos veces
me habéis dicho eso de tema.
Aunque más me ocasionéis,
no he de deciros cuál sea
la ocasión que a eso me mueve,
pues basta que yo la tenga.
(Y es verdad, porque me obligo
a mucho el día que sepa
él ni nadie que no menos
que el vivir le estoy en deuda).
Y supuesto que los dos
solos habéis de ser destas
prevenciones sabidores,
con tal secreto y cautela
que él no ha de saber que yo
lo sé, porque no quisiera
que la bizarría española,
naturalmente soberbia,
a otro afecto se persuada,
haced poner de manera
aquellas piezas que acaso
pobre hospedaje parezcan
y haced que por esa mina
y barco se… Mas suspenda
la voz, que él sale al jardín.
Fabio
La puerta me dejé abierta
por no presumir que había
de atreverse a que le vieran.
Serafina
Pues ya retirarme no es
posible, decidme, ¿él llega
a saber que es orden mía
estar aquí?
Fabio
Mal pudiera
yo haberlo dicho si Libia
lo primero que me ordena
es que lo calle.
Serafina
Está bien.
Y ayudadme a la deshecha
que he de hacer.
Don Enrique y Franchipán.
Enrique
Pues el anciano
a quien debí la fineza
de haberme vuelto a este alcázar
abierta dejó la puerta
y tarda, reconozcamos
dónde sale, por que sepa,
si me buscan, cómo habrá
o retirada u defensa.
Franchipán
En toda milicia es
principio de buena guerra
reconocer el terreno.
Enrique
Un jardín es, pero espera,
que está aquí Madama.
Franchipán
No
es posible que sea ella.
Enrique
¿Cómo no?
Franchipán
Como no se usan
en esta ni en otra tierra
Madamas madrugadoras.
Serafina
¿Quién anda allí?
Enrique
Quien quisiera
tener, señora, mil vidas
que dar a las plantas vuestras,
atento a…
Serafina
No más. ¿Qué es esto,
Fabio? ¿Cómo aquí se queda
este hombre? ¿No mandé yo
que luego al punto saliera
destos bosques?
Fabio
Sí, señora.
Pero la noche, funesta
para él dos veces, movida
toda la gente, la tierra
ignorada…
Serafina
Todo eso
no corría a cuenta vuestra
ni mía, pues, ya una vez
fuera de mi casa, a cuenta
corría de su fortuna,
y es demasiada licencia
que en vuestro cuarto…
Enrique
No Fabio,
señora, la culpa tenga
ni yo la tengo tampoco,
sino el ser tales mis penas
que, aun escuchadas de paso,
no hay bronce que no enternezcan,
cuanto más el pecho noble
de un anciano, que al oír que eran
(fingiré que se las dije
por ver si su enojo templa)
nacidas todas de haber
con generosa clemencia
dado la vida a una dama…
Franchipán
(¡Cargara el diablo con ella
primero, pluguiera a Dios!).
Serafina
Nada me digáis.
Enrique
Es fuerza,
no por mí, sino por Fabio:
…que ayer sin duda muriera
ahogada en el mar, a no
arrojarme a socorrerla
de la banda del navío
que, huyendo de una tormenta,
llegó de paso a albergarse
en la barra de Marsella.
Fabio
(¿Qué oigo?).
Libia
(Ya no hay que decirnos
lo que a ampararle te esfuerza).
Serafina
(¿Que no pudiese estorbar
que mi obligación se sepa,
pues le bastaba ser mía
para cumplir yo con ella
sin testigos? Pero aun bien,
que él no llegará a saberla).
Enrique
Y siendo así, como dije,
aunque a repetirlo vuelva,
que, al oír que mis desdichas
tan ilustre origen tengan,
se enterneciese, ¿qué culpa
fue?, pues piadosas tragedias,
¿qué espíritu hay que no inclinen,
qué corazón que no muevan?
Y más, cuando de tan noble
acción, tan hidalga empresa
resuelto que con la dama
apenas toqué la arena,
cuando otras, que disfrazadas
también estaban de fiesta,
en un coche la pusieron,
dejándome en la ribera
–porque a este tiempo también
se hizo el bajel a la vela–
mojado, pobre y desnudo,
perdidos viaje y hacienda,
sin reparo y sin abrigo.
Franchipán
Ni género de moneda
más que la que yo tenía
para pollas y conservas.
Enrique
Conque obligado a tomar
postas, pude ver desde ellas
que de mí necesitaba
la ventajosa violencia
de estar dos para reñir
con uno, sin que pudiera
ajustarlos, porque había
no sé qué dama y qué prenda
de por medio. Y pues sabéis
lo demás que de aquí resta,
doleos de una fortuna
tan derrotada y deshecha
que aun vuestra piedad, señora,
se ha hecho de piedad ofensa
perdonando a Fabio ya
que yo el perdón no merezca.
Y quedad con Dios, que yo
palabra os doy, aunque fuera
mi riesgo el de muchas vidas,
cuanto más de una, y esa
llena de tantos pesares,
de tantas desdichas llena,
no estar un instante donde
vuestra hermosura lo sienta.
Ven, Franchipán.
Serafina
Esperad,
oíd, atended.
Enrique
De manera,
señora, me atemoriza
vuestro enojo que, aunque quiera,
no podré con mi respeto
acabar el que se atreva
a miraros enojada,
que si da muerte cualquiera
belleza afable, ¿qué hará
airada vuestra belleza?
Serafina
No es el enojo el que agora
os habla, sino el ver que entra,
y por esa parte donde
habéis de tomar la puerta,
un hombre que con las ramas
no bien distingo quién sea.
Mas sea quien fuere, no tanto
por vos como por mí, es fuerza
que esas murtas os oculten,
y procurad que no os vean
ni salgáis hasta avisaros.
Enrique
Sólo en eso os obedezca
por vos, no por mí.
Libia
Entrad, vos.
Franchipán
Entrarán, que no son bestias.
Escóndense.
Serafina
¿Tenía, Fabio, razón
de ampararle mi nobleza?
¿Razón mi vanidad, Libia,
para que nadie lo entienda?
Pues en sabiéndose, ¡ay, triste!,
que yo la vida le deba,
¿con qué tengo de pagarle,
demás de la contingencia
de que sabido una vez,
o le maten o le prendan
a mis ojos?
Fabio
Dices bien.
Y agora, aunque tú no quieras
ampararle, tengo yo
de morir en su defensa.
Y así iré a que luego al punto
cuanto importe se prevenga
para ocultarle.
Vase.
Serafina
Tú, Libia,
quién es mira el que atraviesa
el jardín.
Libia
Florante es
y viene hacia aquí.
Serafina
¡Qué pena!
Sale Florante.
Pues cómo, Florante, vos,
si… cuando… yo… aquí… (¡Estoy muerta!).
Florante
No mi venida, señora,
os disguste ni os ofenda,
que no es la pasada culpa
en que me arrastró mi estrella
a hacer del amor agravio
y a ofender con las finezas
la que hoy para venir
vida y libertad arriesga
a vuestra casa. Mirad
cuál será la causa fiera
que a ella me reduce, pues
le está de más el ser vuestra.
A Fabio busco, no a vos.
Dijéronme a esotra puerta
de su cuarto que al jardín
había salido por esta,
y así entré a buscarle, no
persuadido a que pudiera
dar con vos a aquestas horas.
Mas ¡qué ignorancia tan necia,
siendo las horas del alba,
no imaginaros en ellas!
En fin, señora, buscando
vengo a Fabio, sin que tema
ni enemigos ni justicia,
que es mi honor el que me alienta,
por haberme dicho Laura,
mi hermana, ahora en esa iglesia
adonde estoy retraído
por ser la que hallé más cerca
anoche entre muro y quinta,
que Fabio, en la conferencia
della y Margarita, fue
quien con piadosa orden vuestra
a un caballero español
que perdí entre la maleza
del monte sin culpa mía
-la noche sola la tenga-,
había acompañado hasta
ver su vida en salvo puesta.
Es el español a quien
yo se la debo, y sus prendas,
primero para ajustarnos
generosamente cuerdas,
para ayudarnos después
discretamente resueltas,
me han puesto en obligación,
sin reparar que me vean,
que me prendan o me maten,
de que le busque y pretenda
a todo trance a su lado
hallarme. Y así quisiera
sólo que Fabio me diga
qué camino es el que lleva,
quién era y adónde va,
para seguirle y que vea
que, si él empeñó por mí
su valor en la pendencia,
sé yo por él empeñar
ser, vida, alma, honor y hacienda.
Enrique
(Bien anda el francés).
Franchipán
(Salgamos
y válganos su nobleza).
Enrique
(La primera es Serafina;
detente, loco. ¿Qué intentas?).
Franchipán
(Ver si hiciésemos flux, pues
no nos vale la primera).
Serafina
Ya que el acaso conmigo
en vez de Fabio os encuentra,
en vez de Fabio también
habré de dar la respuesta.
A ese español le sacó
de mis términos y, apenas
fuera de ellos le vio, cuando
–porque aqueste el orden era–
le dijo: «Vuestra fortuna
os valga» y tomó la vuelta.
Y siendo así que él no sabe
más, idos y tan a priesa
que no deis lugar a que
más vuestra venida sienta.
Florante
Sí haré, señora, supuesto
que es reservada materia
por ahora la de amor hasta
que a vos más airoso vuelva.
Cobrada…
Serafina
No prosigáis.
Florante
Dejad que a correr me atreva
la máscara a mi dolor,
pues vos no la tenéis puesta.
Cobrada…
Serafina
No he de oírlo.
Florante
Tengo
de decirlo: …aquella prenda
de Celio, con quien me hizo
hacer, si no paces, treguas
lo preciso de ayudarnos
uno a otro en la resistencia
que hicimos a la justicia…
Enrique
(¡Vive el cielo, que por ella
el duelo fue!).
Franchipán
(Y aun los duelos).
Florante
Pero tiempo habrá en que pueda
blasonar, pues no acabada
quedó la cuestión, suspensa
de que o cobre vuestro guante
o pierda en tan digna empresa
la vida, para consuelo
de no haber sido en la fiera
ruina del mar el dichoso
que pudo sacaros della,
pues, cuando estábades vos
a tanto peligro expuesta,
no a menor peligro estaba
quien en clara consecuencia
os diera la vida, pues
la daba a una alhaja vuestra,
y aun con fineza mayor,
pues siempre es mayor fineza
que el cobrarla vos por otro
el que yo por vos la pierda.
Vase.
Franchipán
(¿Haslo oído? Vive el cielo
que también, señor, es ella
la que sacaste del mar).
Enrique
(Aun esa dicha, que fuera
desquite de otras desdichas,
viene en pesares envuelta).
Franchipán
(¿En qué pesares, si agora,
juro a Cristo, aunque no quiera,
nos ha de amparar?).
Enrique
(No sé
cómo decir cuánto sienta
ser la dama de aquel duelo).
Serafina
(¡Ay, Libia, con qué vergüenza
le he de ver, al ver que sabe
lo que le debo y que sea
la causa del desafío!).
Libia
(Sólo un remedio te queda).
Serafina
(¿Qué es?).
Libia
(Irte sin que te hable).
Serafina
(Has dicho bien. En mi ausencia,
haz tú que al cuarto de Fabio
él a retirarse vuelva).
Libia
(Vete tú y déjame).
Sale Laura.
Laura
Hermosa
Serafina.
Serafina
Laura bella,
¿tan de mañana? Pues ¿qué
venida (¡ay, cielos!) es esta?
Laura
Supe dónde retraído
mi hermano tras las refriegas
de anoche estaba y, por no
fiarme de otro, me fue fuerza
ir yo a llevarle no sé
qué dineros y joyuelas
para que se ausente en tanto
que el tiempo este daño enmienda.
Díjele cómo, por causa
del lance del mar, en esta
quinta Margarita y yo
juntas concurrimos.
Serafina
Cesa,
que ya él me lo ha dicho.
Laura
¿Pues
ha estado aquí?
Serafina
Y con tan necia
pretensión como que Fabio
le dijese dónde queda
el español.
Laura
De su parte
venía a eso yo.
Serafina
Su impaciencia
no le debió de sufrir
el aguardar tu respuesta.
Laura
No te espantes, porque es mucha
su obligación. ¿Y qué llega
Fabio a decir de él?
Serafina
No más
de que, dejándole fuera
de los bosques, se volvió
y él prosiguió donde quiera
que le lleve su fortuna.
Laura
¡Oh, quiera el cielo que sea
a patria donde más dicha
le aguarde que no en la nuestra!
Serafina
¿Pues qué te va en eso a ti?
Laura
No lo sé, pero si oyeras,
¡ay, Serafina!, ¡ay, amiga!,
lo que de él mi hermano cuenta,
cuanto a ingenio en el discurso,
cuanto a brío en la destreza;
si hubieras hecho reparo,
al entrarse por las puertas,
cuán en sí dijo que huía,
porque de otro nunca huyera,
de la justicia; si hubieses
después de la competencia
de Margarita advertido
con cuán cortesanas muestras
mostró que sólo sentía,
entre todas sus tristezas,
dejar quejosa a una dama;
y esto sobre una presencia
a la vista tan airosa,
al oído tan discreta,
no me preguntaras qué
me iba en esto, porque vieras
dentro del pecho… No acierto
a decirlo. Tú eres cuerda,
y así te ruego, si acaso,
bella Serafina, llegas
a saber de él, me lo avises.
Y a Dios, que a hacer diligencia
voy de que le siga quien,
si por mi dicha le encuentra,
le traiga donde en el centro
le he de esconder de la tierra
hasta que le ponga en salvo.
Vase.
Franchipán
(¿Tampoco a aquesta fineza
habemos de salir?).
Enrique
(No).
Serafina
(¿Has visto cosa más tierna
en toda tu vida, Libia?).
Libia
(También preguntar pudiera
yo qué te va en eso a ti).
Serafina
(Sí, mas también respondiera
yo que no lo sé, pues sólo
sé que de todas mis penas
siento que él haya entendido-
pues nada importa que entienda
que haya o no haya quien me sirva-,
lo que le debo).
Libia
(¿Qué dieras
por que, aunque lo sepa, yo
hiciese que no lo sepa?).
Serafina
(¿Cómo es posible?).
Libia
(No niegues
la caída ni concedas
el socorro, que ya vuelvo).
Vase.
Serafina
(¡Qué mal el dolor se alienta!).
Ya los que entraron se han ido;
salir podréis.
Enrique
Pues licencia
me dais, será a proseguir
la última plática nuestra.
Serafina
¿Qué es?
Enrique
Que perdonéis a Fabio
y a Dios quedéis.
Serafina
¿Tan apriesa?
Enrique
Si el hallarme aquí os enoja,
y bastaba esta primera
razón, ¿qué hará la segunda?
Serafina
¿Segunda hay?
Enrique
Sí.
Serafina
¿Y cuál es?
Enrique
Esta:
Cuando de vos recibía
amparo que sólo era
dádiva de ser quien sois,
airosa estaba mi pena,
que es dar culto a una deidad
aceptar que favorezca.
Pero cuando el culto pasa
a ser otra cosa y deja
de ser culto, desairada
vendrá a estar, que es muy diversa
cosa que un ánimo noble
el favor que se le ofrezca
le reciba como don
o le cobre como deuda.
Serafina
No sé por qué lo digáis.
Enrique
¿Díjeos que de mis tragedias
fue una dama que del mar
saqué ayer causa primera?
Serafina
Sí.
Enrique
¿Díjoos otra persona
ser vos, y cuánto le pesa
no haber ella sido?
Serafina
Sí.
Enrique
Pues vos socorrida y ella
envidiosa y yo dichoso,
fácil es la consecuencia.
Serafina
En la góndola conmigo
iban criadas y deudas,
y hubo quien a todas…
Sale Libia con un memorial.
Libia
Este
memorial me dio a la puerta,
trayendo para venir
guarda de vista y licencia,
señora, para ti agora.
Serafina
¿Quién?
Libia
El moro de galera
que ayer te sacó del mar,
en que te pide o te acuerda
la palabra que le diste
de darle libertad.
Serafina
Sea
la respuesta que a él le dé
también para vos respuesta.
Dile, Libia, que yo estoy
con cuidado, y de mí crea
que la obligación conozco
en que le estoy, de manera
que le pondré en libertad
si vida y alma me cuesta.
¿Estáis respondido?
Enrique
Sí.
Franchipán
(Renegó nuestra fineza,
pues se nos ha vuelto mora
antes que el rescate venga).
Enrique
Pero no desconfiado,
pues aun consuelo me deja
la diferencia en los dos.
Serafina
¿Y cuál es la diferencia?
Enrique
Venir él por libertad
y volverme yo sin ella.
Ven, Franchipán, procuremos
en una alquería de aquesas
–porque no me he de valer
de piedad que no sea vuestra–
dos vestidos de villanos
que nos disfracen siquiera
hasta la raya, pues basta
lo que sé en lengua francesa
para ir pidiendo limosna.
Vase.
Franchipán
Y yo, que no sé la lengua,
comeré de lo que él pida
y callaré, que no es nueva
cosa que quien come calle.
Y dígale usted, mi reina,
al moro que yo le beso
las manos y que me tenga
desde hoy por su servidor.
Vase.
Serafina
Libia.
Libia
¿Qué me mandas?
Serafina
Vuela
y dile a Fabio…
Sale Fabio.
Fabio
A mí no hay
qué decirme, que ya queda
aclarándose la mina
y fingiéndose la puerta
y en el más hondo retrete
puestas dos camas y mesa.
Serafina
Sí hay, Fabio: que le sigáis,
pues no tomando él aquella
del cuarto, por la del bosque
salió. Id tras él a que vuelva.
Fabio
Volando iré, aunque de vista
se pierde ya.
Serafina
En una de esas
alquerías va a buscar
disfraz; tú que tras mí vengan
monteros y cazadores
di, porque con la deshecha
de la caza he de seguirle,
no tanto ya por mí mesma,
cuanto por que no se logren,
o en su favor o en su ofensa,
de Margarita las iras
ni de Laura las finezas.
Vanse, y salen Margarita, el Gobernador y gente con armas.
Margarita
Si el centro de la tierra
en sus duras entrañas no le encierra,
del bosque no es posible haber salido,
según yo desde anoche acá he corrido
de todo su horizonte
la playa al mar y la maleza al monte,
sin que la más pequeña
noticia encuentre de él, rastro ni seña,
que le haya en tierra o mar dado pasaje
desde el menor hasta el mayor villaje.
Gobernador
Añade, para que salido no haya
al linde de la más vecina raya,
el ir a pie, pues sueltos los caballos,
hoy al amanecer pude encontrallos
en aquesa espesura.
Margarita
Toda mi pena y toda su ventura
estuvo en que yo anoche no supiera
que el homicida de mi hermano era
hasta que te saliste
con tanta prisa que mi voz no oíste
y Laura y Serafina me impidieron
el que fuese tras ti, conque pudieron
dar tiempo a que saliese de su casa.
Gobernador
Supuesto que los términos no pasa
de todo este contorno
que nuestras gentes han corrido en torno,
sin duda que escondido
le tiene algún villano, persuadido
del temor, de la dádiva o del ruego.
Y así que sólo es a pensar llego
última diligencia
–pues ser no puede fuga, sino ausencia–
tallarle en mil escudos a quien diga
de él, que a esto y más el interés obliga.
Margarita
Si hasta aquí concurrimos
juntos, porque a un paraje, a un fin venimos,
bien que fuera el hallalle
tú por prendelle y yo para matalle;
ya desde aquí es forzoso dividirnos,
pues no ha de convenirnos
tan opuesta esperanza
que en ti es justicia, cuando en mí venganza.
Haz tú la diligencia
que convenga a tu puesto y tu prudencia,
ya a Serafina culpes o ya a Fabio,
o ya su vida talles, que en mi agravio
yo sabré hacer la mía,
sin que se diga que una alevosía
por justicia vengué.
Gobernador
Detente, espera.
Margarita
¿Para qué?
Gobernador
Una razón oye siquiera.
Hablan los dos, y salen de villanos Enrique y Franchipán.
Enrique
(Notable dicha ha sido
cuán presto la codicia del vestido
y del poco dinero
el ánimo movió de aquel primero
villano que encontramos,
en cuyo albergue el hábito mudamos).
Franchipán
(Sí, pero pon a cuenta de esa dicha,
¡ay, señor!, la desdicha
de haber venido donde
esta maleza armada gente esconde).
Enrique
(Si ahora nos retiramos,
lo dirá el movimiento de los ramos;
mejor es atrevernos
a que nos vean).
Franchipán
(¿Para qué es ponernos
en el riesgo nosotros?
Aquí estemos y búsquennos los otros).
Enrique
(¿No es más sospecha hallarnos escondidos?).
Franchipán
(Buen remedio: finjámonos dormidos).
Enrique
(No dices mal, que el sueño
desmiente los cuidados de su dueño).
Franchipán
(Pues déjate caer).
Enrique
(Sí haré, y oigamos,
por si acaso quién son averiguamos).
Gobernador
Mira que yo no puedo,
cuando advertido de tu saña quedo,
no acudir a impedilla.
Margarita
Yo sabré a tu despecho conseguilla...
Enrique
(En gran peligro estamos:
la ofendida es la dama que miramos).
Margarita
...no sólo en el tirano
alevoso, homicida de mi hermano
–a quien si ya le encuentro
ocultaré de ti por que en el centro
de la tierra le mate y su malicia
vea que no me vengo por justicia–,
pero en el alevoso, injusto, fiero
cómplice que, asesino, de otro acero
le mató acompañado:
no digo Celio, pues se halló a su lado,
Florante digo (en quien, viven los cielos,
más que mi sangre he de vengar mis celos,
pues ya se dice que de tanta ruina
fue origen el amor de Serafina).
Vase.
Gobernador
Aguarda… Pero intentos serán vanos
parar ira en mujer.
Primero
Unos villanos
están aquí dormidos.
Enrique
(¡Ay de mí, si la lengua y los vestidos
no bastan!).
Franchipán
(Y de mí, que en tanta mengua
tengo el alma en el pico de la lengua).
Gobernador
Despertadlos por ver si algo podemos
de ellos saber.
Segundo
Villanos.
Enrique
¿Qué tenemos?
¿Quién viene allá?
Franchipán
Ba, ba.
Primero
¿Qué modo es ese
de hablar: «ba, ba»?
Franchipán
(El de callar).
Enrique
No os pese
que no os responda, hidalgo, porque es mudo
ese buen labrador.
Segundo
Ya no lo dudo,
Hace Franchipán las señas que convengan a los versos.
mas ¿qué quiere decir?
Enrique
Que qué os obliga
a despertar a quien de su fatiga
un risco breve rato le da cama.
Primero
Ser el gobernador el que a ambos llama.
Enrique
¿Qué manda su merced?
Gobernador
Un forastero
en hábito español y caballero,
¿le habéis visto?
Enrique
Mil gentes que han pasado
eso mismo, señor, han pescudado
y, si visto le hubiera,
a la primera vez ya lo dijera.
Gobernador
¿Qué me quiere decir ese villano?
Enrique
Simple es tras mudo; que a no ser mi hermano,
no le sufriera yo. Dice que el día
trabajando a la orilla de esa ría
nos vio en aquella obra
que veis. Y siendo la hora que el sol cobra
más fuerza, aquí a sestear nos retiramos.
Y pues que a vuestras voces despertamos,
le deis para beber.
Gobernador
Ya al ruego acudo.
Grandísimo hablador es este mudo.
Y pues ya en estos bosques no tenemos
qué hacer, a la ciudad nos retiremos.
No Margarita intente
de ambos linajes empeñar la gente
sin que presente me halle,
movido algún motín a reparalle;
y por que el bando se eche
de la talla, aproveche o no aproveche.
Enrique
Los cielos guarden a sus señorías.
Gobernador
Decid por todas esas caserías
que por el español dan mil escudos.
Vanse.
Franchipán
Si otras veces han hecho hablar los mudos,
esta callar al hablador. Reviento,
jurado a Dios, si aguardan un momento.
Enrique
Bien sucedió hasta aquí.
Franchipán
Pues, mientras vamos
a encontrar con la senda, discurramos.
Enrique
¿Cómo es posible en cosas tan estrañas?
Franchipán
Así se recopilan las marañas.
Enrique
En casa de Anarda bella
ruido su esposo sintió…
Franchipán
…y, mientras él luz tomó
y espada; la puerta, ella.
Enrique
Yo que ya en salvo la vi
por seguirla me arrojé
de un balcón…
Franchipán
…con que se fue
a un convento desde allí.
Enrique
Mi padre, quiso mi estrella,
supiese el lance cruel…
Franchipán
…y, para guardarse de él,
sin las cercanías de ella,…
Enrique
…partir me hizo a Barcelona,
previniendo que trocara…
Franchipán
…el don Enrique de Lara
en don Félix de Cardona.
Enrique
Sólo a Anarda le hice juez
del nombre con que venía,
por si tal vez me escribía…
Franchipán
…y aun ella lo hizo tal vez.
Enrique
Pasar a Italia queriendo,
vine a arribar a Marsella…
Franchipán
…cuando, los festejos de ella
tú en mar y yo en tierra viendo,…
Enrique
…con una góndola topa
un barco que corrió el mar…
Franchipán
…y la gala del nadar
en ti fue perder la ropa.
Enrique
Juzgué que una deidad era
la que del golfo saqué…
Franchipán
…y su perro de agua fue
un morazo de galera.
Enrique
Quiso Dios que en importuno
lance a ver a tres alcance…
Franchipán
…y por no perder el lance,
en ti se remató el uno.
Enrique
Donde una hermosura había
me amparé…
Franchipán
…entre dos bellacas,
en metáfora de hacas,
una zaina y otra pía.
Enrique
Una, obligada, en el centro
afirma que ha de guardarme…
Franchipán
…y, si yo puedo escaparme,
no ha de cogerme a mí dentro.
Enrique
Otra, ofendida,…
Franchipán
…al revés
de dotor te han de buscar,
pues antes te ha de enterrar
para matarte después.
Enrique
Entre ambas, la otra remedio
da, mas con fines penosos…
Franchipán
…con que hay estremos viciosos,
sin darse virtud en medio.
Enrique
De su rigor o su agrado,
no sé a cúyas manos muero.
Franchipán
¿Y eres tan gran majadero
que vendrás enamorado?
Enrique
El guante de algún galán
fue a darme pena bastante.
Franchipán
Cóbrale tú; dame el guante
y será de Franchipán,
conque no habrá qué sentir.
Enrique
¿Para qué es querer conmigo
discurrir tú, si contigo
es locura el discurrir?
Franchipán
¿Pues habemos de ir callando?
Enrique
Más alivio el callar fue
que oír a un necio.
Franchipán
Harto callé,
y a fuer de pardillo, cuando
estuve en muda.
Ellos se pasean.
Sale un vejete de villano, Serafina, Libia, Fabio y cazadores.
Vejete
Hacia aquí
los vi echar y aun llego a vellos
ya.
Serafina
No te engañes.
Vejete
Aquellos
los vestidos que le di
son; mal me puedo engañar.
Serafina
Grande dicha, Fabio, fuera
que, sin que él viera ni oyera
quién le llega a retirar,
le llevásemos, por que
nunca en la sospecha entrara
de ser yo, pues cosa es clara
que, si a vos venir os ve
por él tras mi enojo, pueda
pensar que soy sabidora.
Fabio
Yo lo intentaré, señora.
Y así, aquí oculta te queda,
mientras con los cazadores
la vuelta tomarle intento.
Libia
Notable es tu pensamiento
de que una suerte mejores
con un susto.
Serafina
A mi decoro
y deuda conviene así.
Franchipán
¿Diré algo que importa?
Enrique
Sí.
Franchipán
¿Qué habrá hecho Dios del moro?
¿Estará ya en libertad?
Que me hace compasión
pensar que…
Salen y abrázanse con ellos y cúbrenlos los rostros.
Todos
Daos a prisión.
Enrique
¡Qué desdicha!
Franchipán
¡Qué crueldad!
Fabio
Tapadles los rostros; no
vean adónde van.
Enrique
No dudo
que a morir.
Franchipán
Que soy el mudo
adviertan ustedes yo.
Fabio
¿Cómo sois el mudo cuando
oyéndoos hablar estoy?
Franchipán
¿Cómo he de decir que soy
el mudo si no es hablando?
Fabio
Llevadlos, que así han de ir,
o bien o mal les esté.
Enrique
¡Ay, infeliz! Que no sé
si a vivir voy o a morir.
Llévanlos.
Libia
Bien el intento has logrado.
Serafina
Ahora la dificultad
sólo es que la soledad
puede deste despoblado
dar lugar a que ninguno
vea del modo que van.
Libia
Ya anochece y cerca están
de la torre, sin que alguno
lo haya visto que no sea
de tu familia.
Serafina
Bueno es.
Por que no llegue después
a que en Margarita vea
rigores, en Laura agrados,
envueltos yo entre temores
le dé agrados y rigores.
Libia
Déjame a mí esos cuidados,
que yo haré que en confusión,
o bien o mal entendida,
sin saber si es muerte o vida
la que tenga en la prisión,
en tantos delirios dé
que desvelado le tenga,
sin que en ti a sospechar venga.
Vanse las dos y ábrese una puerta que estará pintada de muralla y que convenga con lo más, y salen Enrique, Fabio, Franchipán y el vejete.
Fabio
(Suerte haber llegado fue
sin haber gente encontrado.
Idos y ved que el secreto
importa).
Vejete
(Yo le prometo).
Fabio
Dichoso tan desdichado,
que de uno y otro el efecto
a un tiempo tocas aquí,
tu bien o tu mal espera.
Enrique
Sólo, pues me hablas, quisiera,
triste voz, saber de ti
si fue la justicia quien
me prendió.
Fabio
No.
Enrique
Luego,…
Fabio
Di.
Enrique
…¿la dama ofendida es?
Fabio
Sí.
Enrique
¿No la obligada?
Fabio
También.
Enrique
¿Pues cómo las dos, ¡ay, Dios!,
convienen en mi fortuna?
Fabio
Como son las dos que es una
y es ninguna de las dos.
Enrique
Oráculo que nos das
dudosas respuestas hoy,
¿no sabré yo dónde estoy?
Fabio
Descúbrete y lo sabrás.
Vase cerrando la puerta Fabio y destápanse.
Enrique
¡Cielos! ¿Qué confuso centro
es este donde se hallan
tan a escuras mis sentidos?
Franchipán
¡Jesús, qué lóbrega estancia!
Enrique
¿Franchipán?
Franchipán
Señor.
Enrique
¿También
has venido tú?
Franchipán
Te engañas.
No he venido; hanme traído,
sin saber quién, en volandas
ni cómo, cuándo, ni dónde.
Enrique
¿Dónde estás?
Franchipán
¿Qué me faltaba
si supiera dónde estoy?
Enrique
Hasta aquí las dos palabras
de las dos damas cumplidas
están, pues dijeron ambas
que en el centro de la tierra
me habían de esconder.
Franchipán
No es nada
lo que falta de saber.
Enrique
¿Qué es lo que de saber falta?
Franchipán
Si es el susodicho centro
donde la piedad nos guarda
o la crueldad nos aflige…
Dentro ruido de cadenas.
¡Mas, ay, cadenas arrastran!
¿Si es el moro de galera
que tras nosotros se anda
a vender las suyas?
Enrique
Presos
estamos. La voz me engaña
que dijo que no había sido
la justicia, pues es clara
cosa que es prisión.
Franchipán
Suena la cadena.
No mucho.
Enrique
¿De qué, Franchipán, lo sacas?
Franchipán
De que suena esta cadena
a manera de fantasma.
Libia
dentro
¿Qué hacéis que no les ponéis
los lazos a las gargantas
para que quien mata muera?
Franchipán
En poder de la tirana
estamos.
Serafina
dentro
Para que viva
quien favorece y ampara,
¿qué hacéis que no consoláis
sus penas con esperanzas?
Franchipán
No, en poder de la piadosa
estamos.
Dentro guitarras.
Enrique
Oye, que canta.
Músicos
dentro
Súfrase quien penas tiene,
que tiempo tras tiempo viene.
Enrique
¿Hallarase otro en el mundo
entre halagos y amenazas
tan confuso a aquestas horas?
Franchipán
Sí, yo y otro camarada.
Enrique
¿Quién?
Franchipán
El moro de galera,
que entre si alcanza o no alcanza
la libertad, a estas horas
estará papando ansias.
Enrique
¡Qué locura!
Más cerca el ruido de la cadena dentro.
Franchipán
La cadena
se acerca.
Libia
dentro
¡Muera quien mata!
Serafina
dentro
¡Viva quien socorre!
Enrique
Cielos,
¿qué haré en confusiones tantas?
La Música
Súfrase quien penas tiene,
que tiempo tras tiempo viene.
Franchipán
¿Son cosas del diablo estas?
Enrique
Mira, loco, lo que hablas.
Franchipán
¿Cómo he de mirarlo a escuras?
¡Quién mosquetero se hallara
a estas horas!
Enrique
¿Para qué,
necio?
Franchipán
Para pedir hachas.
Vuelve el torno con dos bujías y en ellas dos papeles.
Mas, ¡ay!, apenas lo dije,
cuando sin ver quién las saca
luces veo.
Enrique
En la pared,
que es un lienzo de muralla,
hay un nicho en que las luces
están, sin ver quién las traiga.
Franchipán
¿Señores, qué encanto es este?
Enrique
¿Al pie, si bien lo reparas,
no hay de cada candelero
un papel?
Franchipán
Yo no veo nada.
Más ciego estoy con la luz
que sin ella.
Toma los papeles Enrique y lee.
Enrique
Espera, aguarda.
«Señor don Enrique, aún hay
quien defienda, hay quien agravia.
Poneos bien con Dios, porque
habéis de morir mañana».
Franchipán
Santo es el consejo, pero
la resolución no es santa.
Enrique
Ven acá. ¿Tú al postillón
dijiste que me llamaba
Enrique?
Franchipán
¿Cómo pudiera,
si sé que Félix te llamas
en esta ausencia, trayendo
el nombre mudado, a causa
de que por él no te sigan?
Enrique
¿Anoche cuando entré en casa
de aquella rara hermosura
que piadosamente ingrata
a quien ampara de noche
de día le desampara,
dije mi nombre?
Franchipán
No sé
que tal dijeses, que nada
oí más que: «un forastero
español». Si no es que hayas
dícholo esta noche a Fabio.
Enrique
No le hablé en eso palabra.
Veamos estotro papel.
Franchipán
Mírale tú y tu alma.
Enrique
Lee.
«Alentad, señor don Félix,
y vivid con esperanzas,
que, aunque hay quien os ofenda,
hay también quien os ampara».
Félix me llama también.
Franchipán
O todo mi juicio falta,
o estas mujeres han hecho,
al ver que una ni otra halla
camino de que parezcas,
un mismo hechizo en que tratan
matarte una, ampararte otra.
Y el familiar que se halla
de ambas invocado, viendo
que es peor servir a dos damas
que servir a dos señores,
cuando Enrique te maltrata
y Félix te favorece,
está obedeciendo a entrambas.
Enrique
Muy lindo familiar fuera
el que, cuando me amenaza,
me avisa de que me ponga
bien con Dios. Bárbaro, calla,
porque yo no he de creer
que hechizos y encantos haya.
Y toma esa luz.
Franchipán
¿Yo?
Enrique
Sí;
veamos dónde es desta estancia
por donde entramos la puerta.
Franchipán
Aquí hay una.
Enrique
Entra. ¿Qué aguardas?
Franchipán
Que entres tú primero.
Enrique
En ella
no se ven más de dos camas
sin puerta alguna. ¿Por dónde
entraríamos?
Franchipán
Las guardas,
de las hechiceras suelen
ser puerta reglar a falta
de cañón de chimenea.
Mas ¿qué es esto?
Vuelve la pared con una escusabaraja, un frasco y un vaso.
Enrique
¿Qué te espanta?
Franchipán
Ver que las paredes den
luces y después banastas.
Miran la escusabaraja.
Enrique
¿Qué será esto? Dulces son.
Franchipán
Con un frasco y una taza,
sin duda de azúcar piedra,
serán monjas que se mandan
por torno de cal y canto.
Enrique
¿Posible es que tengas gana
de comer?
Franchipán
Y de beber.
Enrique
¿Cómo de eso no te estrañas?
Franchipán
Como lo trae santiguado
el refrán de muera Marta.
Y pues de una colación
es lindo postre la cama,
y pues sé dónde cay ella,
sepa ella dónde yo caiga;
y venga lo que viniere.
Enrique
También yo iré, no a tomarla
como descanso, sino
como campo de batalla
que es de los tristes. Fortuna,
¿qué consultaré a mis ansias?
Libia
dentro
Que os pongáis con Dios, Enrique,
que habéis de morir mañana.
Serafina
dentro
Que nada os aflija, Félix,
y viváis con esperanzas,
que, si hay quien os ofende,
también hay quien os ampara.
Enrique
¿Qué dices desto?
Franchipán
Que si
Dios de aquí vivo te saca,
El caballero encantado
se habrá de llamar tu farsa.
Jornada Tercera
Salen Serafina y Libia con luz.
Libia
Pues sin recogerte, toda
la noche en vela has querido
estar, por si menester
fuese, escuchando algún ruido,
proseguir con amenazas
o asegurar con alivios,
y ya amanece, señora,
sin que dentro se haya oído
rumor alguno, bien puedes
descansar un rato.
Serafina
Impío
fuera para mí el descanso,
que, si acompañada lidio
con mis penas, ¿qué haré a solas?
Y puesto que más me rindo
a la confusión que al sueño,
discurramos qué habrá sido
lo que este hombre habrá pensado.
Libia
Ya que en aqueso te sirvo,
vamos recogiendo cabos,
que llaman sentar principios.
Mandástele a aquel villano
que por dónde iba nos dijo
el español, por que nunca
en él se hallasen testigos
que depusiesen que tú
le habías buscado y visto,
que te trujese, señora,
los dos trocados vestidos,
pagándole a su codicia,
por afianzar de camino
con llave de oro el secreto,
mucho más de lo que él quiso.
Mojada topé y deshecha
en uno de sus bolsillos,
o por rota despreciada,
o quedada por olvido,
una carta de quien ambos
nombres, el propio y fingido,
supimos; con que no dudo
que, al hallarse conocido
por su nombre y el ajeno
en tan estraño retiro,
ya amenazado a rigores
y ya consolado a auxilios,
esté el pobre caballero
perdiendo esta noche el juicio.
Pensar que él crea que es
sobrenatural hechizo,
es locura, porque, como
se ve que aqueste edificio
se mueve, ha de presumir
que es más que estudiado arbitrio
para ocultarle. Decir
que se persuada a que a un mismo
tiempo pueden dos afectos
tan contrarios y distintos
como son odio y amor
tenerle allí, es desatino.
Temer que sospeche en ti
tampoco lleva camino
el día que de tu casa
le dejaste con desvío
salir tan desesperado
de que el socorro te hizo.
Y así en lo que él pensará
ni discurro ni imagino,
porque, si a ti no te entiendo
estando hablando contigo,
¿cómo he de entender al otro,
que apostaré que a sí mismo
no se entiende a aquestas horas?
Serafina
Antes de agora te he dicho
–mas puesto que no me entiendes,
¿qué importará repetirlo?–
que, si le declaro, Libia,
lo que le debo, me obligo
a mucho y, si le declaro
que es no más de porque vino
a valerse de mi casa,
es un pretexto muy tibio
para que él no se persuada
qué sé yo a qué; y si sabido
de él una vez pasa a otros,
¿qué ha de decir de mí el siglo,
cuya malicia entrar sabe
aun por menores resquicios,
de que amparé a un caballero
español, advenedizo
y homicida contra tantos
como hoy en Francia ofendidos
tiene la sangre de Arnesto?
Y siendo así que es preciso
que él lo que le debo ignore
–ya que tu ingenio previno
que aun sabido no lo sepa–
y que nadie tenga indicio
contra mi honor, prosigamos
con tenerle discursivo,
sin saber en qué poder
se halla, ya que el cielo quiso
darnos para ello ocasión,
hasta que, apagado el ruido
de buscarle, pueda irse;
conque a él le valgo y me libro
yo de la objeción, pagando
un peligro a otro peligro.
Libia
Ay, señora, si yo hubiera
de hablar en ciertos caprichos
que acá me están escarbando.
Serafina
Yo te doy licencia: dilos.
Libia
Temer tú de ti que haya
quien murmure tus disignios
ya es perderte tú el respeto
que no te hubiera perdido
otro en el mundo. Luego es
evidente silogismo
que el corazón acusado
es el fiscal de sí mismo.
Serafina
No sé qué te diga, Libia.
Y pues que sola contigo
puedo hablar, la duda que
dio a esta novela principio,
¿quién duda que se hizo agrado?
Agrado que compasivo
llegó a verle en aflicción,
y más siendo el desafío
también de mí ocasionado,
¿quién duda que también se hizo
lástima? Lástima luego,
y agrado, ¿no era preciso
que se hiciesen otra cosa
que mirada a entrambos visos
fuese algo más que piedad
y algo menos que cariño?
En este estado me hallaba
cuando Laura, ¡ay de mí!, vino
a encarecerme cuánto era
galán, valiente, entendido
y cortesano. ¿Creerás
que asaltada de improviso
me alegrase de escucharlo
y me pesase de oírlo?
Añadiose a este no sé
si afecto o si desvarío,
habiendo hallado la carta
que mal juntada leímos,
otro acaso que, siendo otro,
jurara yo que era el mismo.
«A don Félix de Cardona»
decía en el sobrescrito
y de letra de mujer
empezaba: «Enrique mío,
que para mí no hay mudado
nombre, pues fuera delito
atreverme a darte celos
a ti, mi bien, ni aun contigo».
A estas locuras que deben
de ser en amante estilo,
para ellos discreciones,
para los demás delirios,
proseguían otras que
troncaba el papel rompido,
no sé si por agasajo
o no sé si por martirio,
bien que por todo sería,
pues a trozos dividido
entre lástimas de honor
y temores de marido,
andaban los sentimientos
envueltos en los cariños.
Y pues todo esto no es más
que una exhalación que a giros
apenas vislumbres nace
cuando muere desperdicio,
siendo tan breve su edad
que no habrá, Libia, salido
de casa, cuando no deje
de tanta ruina un vestigio,
para no quedar después
vacilando en qué habrá sido
lo que él habrá imaginado,
¿qué haremos para inquirirlo?
¿Cómo sabríamos, Libia,
si por ventura ha tenido
de que haya sido yo
algún rastro, algún indicio?
¿Y cómo, en fin, este tiempo
que haya de estar escondido
haríamos que estuviese
consolado y no afligido?
Libia
¡Ay, cómo entiendo, señora,
todos esos parasismos
de andar trabucando medios
para no darte a partido
de…!
Serafina
No lo digas, pues basta
que no me enojo y me río
de tu malicia. Y supuesto,
ya lo dije, que contigo
no importa hablar, ¿cómo, Libia,
sabríamos, puesto que hijo
de una fortuna este afecto
nació, si nació en un signo,
haciendo el efecto en él
que en mí? Que ya fuera alivio
saber por lo menos que
a él le sucede lo mismo,
mas sin que en mí sospechase.
Libia
¿Qué dirías si camino
hallase yo para que
le hables en ese sentido,
sin ser tú la que le hables?
Y… Pero Fabio ha venido;
luego lo sabrás.
Sale Fabio.
Serafina
¿Qué, Fabio,
traéis?
Fabio
Muchas penas.
Serafina
¿Qué ha habido?
Fabio
Antes de amanecer vuelvo
por lo que importa el aviso:
Celio, viendo que se cuenta
que riñó en el desafío
acompañado de Arnesto,
generosamente altivo
vengarse en Florante intenta,
presumiendo que él lo ha dicho,
a cuyo efecto, juntando
deudos, criados y amigos,
a buscar entró a Florante
donde estaba retraído,
a tiempo que Margarita,
no con menos saña y brío
ni menos séquito, estaba
intentando hacer lo mismo.
De suerte que un bando y otro
aunados han puesto sitio
al sagrado que le guarda,
a cuyo encuentro ha salido
también Laura con sus deudos,
sin bastar a reducirlos
el gobernador, de modo
que dejó en común conflito
cubiertas calles y plazas
de presos, muertos y heridos.
No sé, señora, si fuera
bien que a sombra deste ruido
se ausentase el español;
no haya, pues que no pudimos
sin testigos ocultarle,
y más villanos testigos,
alguno que por codicia
de la talla haga atrevido
que venga a dar a tu casa,
hallándose tan vecino
a esta quinta el retraimiento
que casi se escucha el ruido
en ella de armas y voces,
todo ese confuso abismo.
Serafina
Bien teméis. Al punto, Fabio,
id y traed dos vestidos
a nuestra moda por que
vayan más desconocidos.
Prevenid la mina y barco,
y pues ya habiendo rompido
el día no es ocasión,
en habiendo anochecido
entrad por ella, llevadle
por la ría hasta el navío
que llegó esta tarde al puerto.
Fabio
Tú verás cómo te sirvo.
Vase.
Serafina
Entre dos estremos, Libia,
de su reparo o el mío,
lo primero es lo primero:
váyase y lleve consigo,
ya que una vez declarada
con sólo callar me alivio,
mis lágrimas para el mar,
para el aire mis suspiros,
aunque me deje el dolor
de que no lleve sabido
que es la que le puso al daño
la que le dio el beneficio.
Libia
Eso y lo que yo decía,
todo, señora, es lo mismo.
Y pues al anochecer
se ha de ir y no discursivo
quieres que vaya ni tú
quedar deudora, me obligo,
haciéndole que su afecto
reconozcas de camino,
a que, sin que tú le hables,
le hables tú y, sin que él contigo
hable, contigo hable, y esto
sin deshacer los motivos
que de Margarita y Laura
creyó, llevando sabido
y ignorado quién le da
la vida, haciendo que al mismo
tiempo su imaginación
descanse en el punto fijo
de la verdad sin verdad,
llegando el ingenio mío
a callarlo sin callarlo
y a decirlo sin decirlo.
Serafina
¿Cómo?
Libia
Ven, no pierdas tiempo;
sabraslo mientras me visto
el disfraz que tú llevaste
al mar, y tú, otro vestido,
mandando que otras criadas,
pues no es posible encubrirlo
de ellas, me acompañen.
Serafina
Ciega
debo de estar, pues que sigo
ajenos pasos que doy
a la elección de otro arbitrio.
Pero, ¡ay, infeliz!, ¿qué puedo
hacer cuando…? Mas ¿qué digo?
¡Vuélvase al pecho la voz!
¡Vuélvase al alma el suspiro!
Pues a despecho del labio,
sólo el silencio testigo
ha de ser de mi tormento.
Vanse, y salen Enrique y Franchipán.
Enrique
¿Es posible que has tenido
ánimo para dormir?
Franchipán
No he hecho tal, que yo he dormido
más que de ánimo de miedo.
Enrique
¿De miedo?
Franchipán
Si los sentidos
me había el sueño de embargar,
y lo estaban cuando él vino,
claro está que el miedo fue
y no el sueño quien lo hizo.
Enrique
Despierta, pues, y veamos
a la luz del día qué abismo
es este.
Franchipán
¿A qué luz del día
si entra por tales resquicios
que apenas deja mirar
la lobreguez deste sitio?
Enrique
Muralla es y sólo tiene
en lo alto su edificio,
cámara fuerte sin duda
de heroico homenaje antiguo,
unas troneras de quien
aun todo el sol no es registro.
Franchipán
Si de troneras lo fuera,
de noche se hubiera visto
en tus cascos.
Enrique
A los rayos
que dispensa mal distintos,
aquesta parte por donde
la luz anoche nos vino
reconozco, si no mienten
turbados los ojos míos.
Pintado muro, no propio,
es el que finge este nicho,
que, afianzado por de fuera,
por más que la fuerza aplico,
blandearse deja, no abrir.
En fin, Franchipán, ya dimos
con el secreto que encierra
este encanto.
Franchipán
¡Vive Cristo,
que me huelgo!, porque estaba
pendiente el alma de un hilo
pensando que, si durase,
se habían de ver repetidos
pasos de La dama duende,
y es gran cosa que al principio
echemos por otro lado.
Enrique
Ya que tenemos sabido
el secreto, procuremos
ver quién su dueño haya sido
y quién, sabiendo mis nombres,
confundir a un tiempo quiso
amenazas y consuelos.
Franchipán
¿Cómo has de verlo?
Enrique
Rompido,
pues es fácil, este lienzo.
Franchipán
En la cesta hay un cuchillo.
Enrique
¡Tráele!
Franchipán
Toma.
Enrique
Sobre tablas
está: en vano solicito
el lienzo romper.
Franchipán
Detente,
que o me engaño o le han movido
de esotra parte.
Enrique
Hasta ver
cómo, que lo ignoro finjo.
Entreabren el bastidor y detrás hablan Libia y Serafina.
Libia
Vaya ahora esto, mientras vienen
las demás que han de asistirnos.
Serafina
Por si algo escuchamos, deja,
Libia, entreabierto un resquicio,
pues, estando aquí, aunque abrirle
quiera, es fácil impedirlo.
Vuelven el bastidor con lo que dicen los versos.
Franchipán
La vuelta han dado, trayendo
no sé qué que no diviso
bien.
Enrique
Pues han vuelto a cerrar,
lleguemos a descubrirlo.
Franchipán
Quiera el cielo que sea algo
comestible.
Enrique
A lo que miro
en un azafate hay ropa
blanca sobre dos vestidos.
Franchipán
¡Oh, llevara el diablo…! Pero
ya lo habrá hecho; decirlo
no quiero.
Enrique
¿A quién a decir
vas?
Franchipán
Al sastre que los hizo.
Enrique
¿Por qué?
Franchipán
Porque mejor fuera
que sobre dos panecillos
vinieran, señor, dos lonjas
entre dos frascos de vino.
¡Oh, ya que es hechizo esto,
fuera pastel el hechizo!
Enrique
Ábrele y hay otro dentro.
Un papel hay aquí y dentro
de él otro. Aunque mal distingo
a tan poca luz la letra,
dice… Llega, llega a oírlo.
Lee.
«El tosco buriel, señor
don Enrique, hábito indigno
es a tan gran caballero.
Y así tratad de vestiros
en noble traje por que
no os vea el pueblo deslucido
cuando esta tarde salgáis
a morir en el suplicio».
Franchipán
Linda piedad de cristiana.
Enrique
Veamos el que dentro vino.
Lee.
«Señor don Félix, por que
salgáis más desconocido
de esa prisión, esta noche
en nuestro traje vestíos,
conque, pues sabéis la lengua,
podéis más seguro iros».
Franchipán
Conformad esos trebejos.
Enrique
¿Quién tal confusión ha visto?
¿Qué he de creer desto?
Franchipán
Lo que
yo, señor, dije al principio.
Enrique
¿Qué fue?
Franchipán
Que las dos madamas,
viendo que no has parecido,
de un mismo conjuro usaron,
y el demonio, que anda listo,
obedecer a las dos
quiere a un tiempo.
Enrique
¡Qué delirio!
Yo no me he de persuadir,
como otras veces he dicho
y diré infinitas veces,
a que hay encantos ni hechizos;
y más cuando veo que es medio
tan pesado y prevenido
el de esta prisión, pues veo
el fabricado artificio
con que se manda.
Franchipán
¿Pues quién
quieres que les haya dicho
tus dos nombres?
Enrique
Qué sé yo.
Franchipán
Ves entre tan varios juicios,
pues no estoy mohíno, señor,
con la que matarte quiso
en venganza de un hermano
ni con la que te previno
amparar en favor de otro
ni con la que con desvío
nos arrojó de su casa…
Enrique
¿Pues con quién estás mohíno?
Franchipán
Con la que del mar sacaste,
pues apenas del peligro
libre se vio, cuando solo
cuidando de sí, aun no dijo:
«Ya que mojado quedáis,
enjugaos a ese bolsillo».
Y siendo así que las señas
de hábito y nación preciso
es que la hayan informado
de ti, no ha hecho en sus conflitos
nada en favor tuyo.
Enrique
¿Cómo,
si encerrados y escondidos
siempre hemos andado, quieres
que haya, Franchipán, sabido
de nosotros?
Franchipán
Como esotras
hiciera, cuerpo de Cristo,
otro encanto y lo supiera.
Enrique
Las damas con recibirlos
agradecen los favores.
Y así, bastó el que me dijo…
Serafina
dentro
La vida os debo, español,
a que siempre agradecido
mi valor os estará.
Franchipán
Vive el cielo que lo ha oído.
Enrique
Las mismas razones fueron
que allá oí las que aquí he oído.
Franchipán
No nos faltaba ahora más
que habérsenos añadido
cuarta dama a la novela.
Enrique
Oh tú, que me has respondido,
quien quiera que fueres, ¿dónde
o cómo de mí has tenido
noticia?
Serafina
dentro
¿Pues no bastó,
valiente español invicto,
la que tú de ti me das?
Dentro música y baile.
Ella Y Música
dentro
En la tarde alegre
del señor San Juan,…
Serafina
dentro
…cuando para mí tragedia
de otros la festividad,…
Ella Y Música
dentro
…era bailes la tierra,
músicas el mar.
Enrique
¿Las fiestas de la marina,
que fueron sus regocijos
y mis penas repetidas,
no escuchas?
Franchipán
Sin duda han ido
en romería a quitar
las cadenas y los grillos
al moro y de paso vuelven,
por que no muden de oficio,
a echárnoslas a nosotros.
Enrique
Franchipán, ¿qué es lo que oímos?
Franchipán Y Música
Que en la tarde alegre
del señor San Juan,
toda es bailes la tierra,
músicas el mar.
Enrique
Festivas voces que en esta
prisión me habéis repetido
memorias de aquella dicha
o desdicha, ¿qué motivo
es el vuestro?
Serafina
dentro
Que conozcas
que soy quien soy y no olvido
el beneficio, pues vengo
a pagarte el beneficio.
Enrique
Pues háblame claro, y llegue
a verlo, pues llego a oírlo.
Serafina
dentro
No puedo.
Enrique
¿Por qué?
Serafina
Porque…
Salen cantando las que puedan, Libia con el vestido de Serafina y Serafina con el disfraz, todas con mascarillas.
La Música
…sólo el silencio testigo
ha de ser de mi tormento.
Enrique
¿Qué es esto, cielos? ¿Qué miro?
Serafina
El prodigio de un valor.
Todas
Y con ser tal el prodigio…
La Música
…aun no cabe lo que siento
en todo lo que no digo.
Libia
Y es verdad, pues que me obligo…
Música
Y es verdad, pues que me obligo…
Ella Y Música
…a callarlo sin callarlo
y a decirlo sin decirlo.
Libia
Para que tristes horrores
diviertan ecos festivos,
cantando entrad.
Enrique
Mal podrán
divertirse mis sentidos,
cuando es de igual confusión…
Él Y Música
…sólo el silencio testigo.
Enrique
Pues, si creo que es piedad
de quien obligada dijo
que había de guardar mi vida,
¿por qué la duda ministro…
Él Y Música
…ha de ser de mi tormento?
Enrique
Siendo tan contrario estilo
que vea el agrado y quede
tan mudo y tan suspendido…
Él Y Música
…que aun no cabe lo que siento…
Enrique
…en cuantos varios delirios
forma un triste; y si es que hacer
pretendo contrario juicio
de que es quien me da la muerte,
aun no cabe tan impío
rigor como hacer lisonjas
para dilatar martirios
en todo lo que padezco,…
Él Y Música
…ni en todo lo que no digo…
Enrique
…cabe tampoco el pensar
que obligada haya tenido
memoria de mí otra dama;
y así a tres dudas rendido,
en lo que pienso, oigo y veo
tan solo me determino…
Él Y Música
…a callarlo sin callarlo
y a decirlo sin decirlo.
Libia
Señor Enrique de Félix,
por que no tan discursivo
la duda os tenga, oíd; sabréis
quién soy y a lo que he venido.
¿Conocéis este disfraz,
este aparato festivo
de músicas y canciones?
Enrique
No, señora, que, aunque admiro
señas en él de una dama
a quien hice algún servicio,
no le conozco, porque
yo luego al punto me olvido,
si no de la dama, de
las señas en que la sirvo.
Libia
Pues ésa, sabiendo, Enrique,
que una que habéis ofendido
os tiene para mataros
en esta torre escondido,
cuya ejecución dilata
porque hubo quien la dio aviso,
otra que habéis obligado
a entrambas se ha preferido,
porque siendo ella por quien
os echasteis del navío,
sin ella no os lleguen de una
rencores ni de otra auxilios.
Y así, oyendo a ese criado
que osadamente atrevido
pudo argüirla de ingrata,
viene a veros en el mismo
traje que admitió el favor.
Franchipán
¡Nunca yo lo hubiera dicho!
Libia
El cómo pudo saberlo
ni el cómo haber suspendido
blandura y rigor de ambas
y entrar en este retiro
con músicas y festejos
no tenéis que discurrirlo,
que es tan sobrenatural
la diligencia que hizo
por saber de vos que supo
quién sois, por qué habéis venido
de España mudado el nombre
y que hay dama y hay marido
de por medio.
Enrique
(¿Cielos, qué oigo?).
Franchipán
(Di agora que no hay hechizos).
Enrique
(No sé lo que haré al creerlo,
mas mucho asombra el oírlo).
Serafina
(Háblale en mí por que sepa
si lo que siento ha sentido).
Libia
(Sí haré). Y siendo, Enrique, así
que es tan grande este prodigio
que, aunque ella presente está,
no es ella, pues yo la finjo,
no pretendáis saber más
de que altiva ha pretendido
sacar de un peligro a quien
la sacó de otro peligro.
Un hombre entrará esta noche,
y no por ese portillo
que dispuso la crueldad
de quien encerraros quiso,
sino rompiendo a este centro
las entrañas de su abismo.
Seguidle, mudado el traje,
y donde os llevare, idos
a merced de mejor hado,
a ley de mejor destino,
que yo no pretendo más
que a quien obediente asisto
servir en que os vais y en que
llevéis, Enrique, sabido
que vais deudor de la vida
a quien os la había debido,
sin que un rencor os ofenda,
sin que os ampare un cariño
y sin que podáis quejaros
de la que el desdén os hizo
de arrojaros de su casa,
pues otra en su nombre vino…
Ella Y Música
…a callarlo sin callarlo
y a decirlo sin decirlo.
Enrique
Oíd, esperad.
Libia
¿Qué queréis?
Enrique
Sólo decir que, aunque estimo
a la que sois o fingís
el haber hecho prodigios
tan grandes en busca mía,
me perdone no admitirlos,
pues no podré agradecerlos.
Libia
¿Por qué?
Enrique
La causa no digo
que dije a otra dama.
Libia
¿Qué es?
Enrique
Que yo favores no admito
que viene en pagas, pudiendo
venir sólo en beneficios.
Libia
¿Por qué razón tan cortés
decir escusáis?
Enrique
Movido
de que hay otra superior.
Libia
¿De no ser agradecido
puede superior razón
haber?
Enrique
Sí.
Libia
¿Cuál es?
Enrique
Que se hizo
tan dueño de mis potencias,
tan señor de mis sentidos
no sé qué primer concepto
de que otra dama había sido
la que había dado vida,
que no me deja albedrío
para que con ella pueda
ser atento. Y así os pido
digáis a quien favorece
mi vida que, pues rendido
a otra beldad no me queda
elección, uso ni arbitrio,
no me ponga en ocasión
de ser ingrato, delito
tan feo en un noble que, a precio
de no serlo, la suplico
me deje en poder de quien
me dé muerte, que el que ha sido
tan infeliz que no tuvo
aquella dicha, más digno
amparo será dejarle
dar la muerte y…
Libia
¿Tan rendido
a esa dama estáis?
Enrique
¿Qué mucho,
si, aunque otras hayan sabido
valerse de encantos, ella
de milagros?
Franchipán
Y tan lindos
que fueron de aquellos de
milagros y basiliscos,
pues no hizo con un moro
lo que con nosotros hizo.
Serafina
(Prosigue en eso, pues sabes
que no me pesa de oírlo).
Libia
(¿No será mejor que tú
lo prosigas?).
Serafina
(¿Cómo?).
Libia
(Arbitrio
no faltará). Aunque no es
cuerdo ni cortés estilo
donde hay dama alabar otra,
por que veáis que no ha habido
quien pueda a mí darme celos,
tan de parte solicito
ponerme de vuestro amor
que aun en eso he de serviros.
¿Qué me diérades por verla
y hablarla en aqueste sitio
y que ella os vea y os hable,
diciéndoos en él lo mismo
que si estuviera en su casa,
adonde os hubiera oído
tan amantes rendimientos?
Enrique
No sé, pero agradecido
os quedara a la fineza.
Libia
Pues de cuantas han venido
conmigo, ved cuál queréis
que sea.
Enrique
Yo no la elijo.
La que vos quisiereis.
Libia
Pues,
por que veáis cuán presto os sirvo,
sea la que está primera.
Quítale la mascarilla a Serafina.
Serafina
(¿Qué haces?).
Libia
(Cumplir lo que he dicho,
en que sin que tú le hables
le hables tú y sin que él contigo
hable, contigo hable).
Enrique
Cielos,
¿qué es esto?
Franchipán
(¿Crees que hay hechizos?).
Enrique
(No sé qué te diga, pero
mucho puede este prodigio).
Serafina
Hombre, cuyo amor me ha puesto
en trance tan exquisito
que arrastrada de un imperio
que en mí ha cobrado dominio
a verte vengo forzada,
¿qué esperanza te ha podido
alentar, si a no más ver
aquesta noche es preciso
irte con el que vendrá
a sacarte deste abismo?
Enrique
Hermoso asombro (¡qué mal
me aliento!, ¡qué mal me animo!),
grosero fuera mi amor
si se hubiera mantenido
de esperanzas, que el que espera
interesado y no fino
complace, mas no merece.
Y yo… si… cuando… ¿Qué digo?
Perdonad, que hablar no puedo.
Franchipán
Eso sí, cuerpo de Cristo,
conoce que eres humano.
Serafina
Cobraos y alentad.
Enrique
Corrido
de que penséis que es temor
lo que es respeto, os afirmo
que en cualquier parte que os viera
me sucediera lo mismo.
Y así, para que veáis
que, si a vuestro peregrino
sol rindo la turbación,
no el valor y ánimo rindo,
tengo de ver, vive el cielo,
si es verdadero o fingido
este objeto.
Serafina
Deteneos,
porque en el instante mismo
que me toquéis, no hallaréis
nada de cuanto habéis visto.
Enrique
Primero que de cobarde,
he de morir de atrevido.
Si es fantástico o real,
¡viven los cielos divinos!,
he de ver, por más que diga
vuestra voz…
Ruido de espadas dentro y disparan.
Margarita
dentro
Deudos y amigos,
¡muera quien mi sangre ofende!
Laura
dentro
Amigos y deudos míos,
¡viva a pesar de su saña!
Enrique
¡Qué confusión!
Franchipán
¡Qué prodigio!
Celio
dentro
¡Muera el que mi honor agravia!
Florante
dentro
Pues ya aquí mal resistirnos
podemos, ¡al monte!
Todos
dentro
¡Al monte!
Libia
(No a mal tiempo ha sucedido
del retraimiento a campaña
haber los bandos salido
para nuestro intento).
Serafina
(Pues
aprovechemos el ruido
para que de aquí salgamos).
Libia
Hombre, ya ves que han venido
a buscarte quien te ofende
y quien te ampara, en castigo
de que este asombro quisieses
tocar. Y pues al camino
importará que salgamos
a estorbar estos disignios,
en paz queda.
Serafina
Y no te atrevas
ni a tocarnos ni a seguirnos.
Enrique
Mucho mandas, bello asombro,
porque, imán de mi albedrío,
es fuerza que tras ti vaya.
Serafina
Por que os quedéis, antes de iros
os doy palabra de veros.
Enrique
Yo la acepto.
Serafina
Y yo la afirmo.
Por que no oiga esotras voces,
vuelvan acentos festivos.
La Música
A callarlo sin callarlo
y a decirlo sin decirlo.
Vanse las mujeres.
Franchipán
¿Creerás que hay encanto agora?
Enrique
No sé; trae esos vestidos
y en mejor traje nos halle
cualquier suceso.
Todos
dentro
¡Seguidlos!
Margarita
dentro
¡Muera quien mi sangre ofende!
Laura
dentro
¡Muera quien lo ha pretendido!
Enrique
Mi vida y mi muerte, cielos,
escucho y solo me animo…
La Música
…a callarlo sin callarlo
y a decirlo sin decirlo.
Vanse.
Salen riñendo Celio y Florante.
Celio
Pues donde estás retirado
hallarte supe, hoy verás
si hubo menester jamás
el reñir acompañado
contigo mi valor.
Florante
Yo
ni lo dije ni podía,
no siendo; engaño sería
de quien de lejos lo vio.
Y si fue satisfación
esta, ya de serlo deja,
pues no la doy a tu queja,
sino a mi reputación.
Celio
Ni yo la quiero, restado
a morir y matar hoy.
Laura por una puerta y Margarita por otra, ambas con gente y espadas, y el Gobernador por medio.
Margarita
¡Muera, que a tu lado estoy!
Laura
¡Viva, que estoy yo a su lado!
Gobernador
Teneos, pues ¿cómo así
tan ciego vuestro valor
no ve que yo aquí…?
Celio
Señor
Astolfo, ya yo os volví
la espalda una vez en fe
del gran respeto que os debo,
mas tan bárbaro me atrevo
a volver hoy por mí que
ni prisión ni muerte temo.
Florante
Ni yo tampoco me diera
a partido que no fuera
pasar al segundo estremo
de mi defensa, por mí
Riñen.
y por mi honor.
Gobernador
¡Deteneos!
Margarita
Son en vano tus deseos.
Nobles deudos, pues en mí
la sangre de Arnesto os llama,
muera quien la causa fue.
Laura
Deudos ilustres, ved que
en mí su defensa os llama.
Unos Y Margarita
¡Muera el tirano homicida!
Otros Y Laura
¡El fiero alevoso muera!
Gobernador
¡Tente, Margarita! ¡Espera,
Laura!
Todos
Nada nos impida,
porque basta mi valor
a reducirlos.
Éntranse riñendo todos y retirando a Florante y Laura, y sale Fabio.
Fabio
Divinos
cielos, ¿cuándo los destinos
aplacarán el furor
con que vuelve a esta campaña
el pasado horror? Saliendo
ya de la ciudad, huyendo
los de Florante la saña
de dos familias que aunadas
siguiéndolos han venido
al bosque, en él escondido
esperé ver apagadas
tantas iras de la fría
noche, que también está
hoy de batalla, pues va
acabando con el día,
para entrar yo por aquellos
dos a cuyo fin la entrada
dejo a la mina aclarada.
Celio
dentro
¡A ellos, Margarita!
Margarita
dentro
¡A ellos,
Celio!
Celio
dentro
Ataja por ahí
mientras yo por acá voy.
Sale Margarita por una parte y por otra Florante, cayendo herido.
Margarita
Ya yo en este paso estoy.
Florante
¡Ay, infelice de mí!
Margarita
A mis plantas has caído,
fiero tirano.
Florante
Y no tanto
me pone horror, me da espanto
el llegar a ellas herido
de ese risco despeñado,
cuanto el haber tú de ser
de quien me he de defender.
Margarita
Mal podrás cuando postrado
a mis pies estás.
Florante
Pues sea
consuelo de mis tiranos
hados morir yo a tus manos.
Véngate, pues, en mí y crea
el mundo que, si me vi
rendido a una dama, fue
que por querer adoré
y sin querer ofendí.
Margarita
¿Cómo sin querer, tirano,
si a dos luces tu traición,
los que agravios en mí son
son desdichas en mi hermano?
Bien uno y otro pudiera
vengar, pues rendido estás,
pero he de valer yo más
que yo. Y así, pues que muera
un ingrato no es honor
de venganza tan altiva
como que un ingrato viva
a morir de su dolor,
de la noche y la espesura
te ampara, que yo diré
que no te vi y llevaré
la gente a otra parte, a pura
fuerza de mi singular
valor, que a saber alcanza
que no está en tomar venganza
sino en poderla tomar
el desagravio de quien,
aunque esté más ofendido,
no se venga en el rendido.
Uno
dentro
A aquella parte se ven
él y Margarita.
Margarita
Cielos,
ya aunque quiera, no podré
decir que no te vi.
Florante
En fe
de desenojar tus celos
y satisfacer tu ofensa,
ya que tan solo me veo
y herido, salvar deseo
la vida.
Margarita
Huye, pues, y piensa
cómo ocultarte podrás.
Florante
Una boca que veo allí
mi sagrado sea.
Vase.
Sale Celio y gente.
Uno
Hacia aquí
cayó.
Margarita
Celio, ¿dónde vas?
Celio
Dividionos la maleza
del bosque; a Laura seguí;
ella, amparada de mí,
se metió en la fortaleza
de Serafina, sagrado
que no me atreví romper.
Y habiendo visto caer
a Florante despeñado
hacia aquí y a ti con él,
vengo en tu busca.
Margarita
¡Ay de mí!
Que, aunque di con él aquí,
quiso mi suerte cruel
que él de la fuga valido
y yo al cansancio postrada
más no le siguiese.
Celio
Nada,
llegando yo, habrá perdido
si penetrando lo espeso
del monte encuentro con él.
Sale el Gobernador y gente y prende a Celio.
Gobernador
Llegad, que Celio es aquel.
Celio
¿Qué es esto? ¡Ay de mí!
Gobernador
Que preso
os deis; soltad esta espada.
Vos, Margarita, volved
a vuestra casa y tened
no por prisión su morada,
sino sólo por retiro,
sin dar ocasión a que
el primer nombre la dé.
Celio
¡Ay de mí, infeliz!
Margarita
Admiro
que conmigo habléis así.
Gobernador
Nadie más que yo sabrá
el respeto a que os está
mi sangre obligada. Aquí
no soy Astolfo, señora;
soy juez, aunque Astolfo iré
sirviéndoos. Venid por que
quedéis…
Sale el vejete.
Vejete
Yo llego a buena hora.
Aparte me importa hablaros.
Gobernador
¿En qué?
Vejete
En si ciertos serán
los mil escudos que dan
a quien llegue a declararos
adónde está el español.
Gobernador
El sol más cierto no es
que ellos.
Vejete
Pues si a lo francés,
escudos serán del sol,
sabed…
Gobernador
Hablad quedo.
Vejete
…que
en casa de Serafina…
Gobernador
Hablan quedo aparte.
La voz bajad.
Margarita
(¿Qué divina
poderosa influencia fue
la que en mí predominó
tanto en favor de Florante
que nada sea bastante
a que le aborrezca yo?).
Celio
(¿Qué fiero sañudo hado
hizo que tras mí viniera?).
Gobernador
En fin, ¿que está allí encerrado?
Vejete
Sí.
Gobernador
Mirad lo que decís.
Vejete
Que digo verdad es llano.
Gobernador
Prended aqueste villano.
Vejete
¿Por qué?
Gobernador
Por si me mentís,
que no porque no os daré,
como verdad haya sido,
lo que el bando ha prometido.
Vejete
La codicia, ¡ay de mí!, fue
la que me engañó.
Gobernador
(Hoy espero
todo enmendarlo, que un juez
debe acordarse tal vez
también de que es caballero).
No llevéis a Celio. Aquí
vos oídme aparte, bella
Margarita: si mi estrella
dispuesto hubiese…
Margarita
¡Ay de mí!
Gobernador
…si al español que mató
a vuestro hermano prendiese
y de él justicia os hiciese,
¿sería buen medio yo
con vos para que cesase
contra Florante el rencor,
pues él no fue el matador?
Con que el fuego se apagase
de los bandos que, encendidos
con escándalos tan fuertes,
todos son iras y muertes
entre tres esclarecidos
linajes. Mirad que está
en vuestra mano deshecha
ver su ruina y satisfecha
quedar vos, pues se verá
que lo paga el homicida.
Sea yo con vos bastante
a perdonar a Florante.
Margarita
(Bueno es que otro me pida
quizá lo que yo deseo
desde que a mis pies le vi).
Gobernador
¿Qué me respondéis?
Margarita
Que sí,
pues, si vengada me veo
del matador, aunque sea
por justicia, puesto que hoy
la que querella no soy,
la remisión que desea
tu valor otorgaré.
Gobernador
¿Daisme esa palabra?
Margarita
Sí.
Pero ¿dónde está, me di,
el español?
Gobernador
Yo lo sé,
bien que para ir a buscalle,
sin tampoco atropellar
con otro respeto, usar
de industria con que le halle
conviene y esta ha de ser.
¡Celio!
Celio
¿Qué es lo que mandáis?
Gobernador
Que, como que huyendo vais,
os entréis a defender
de mí en cas de Serafina.
La espada tomar podéis
como que en fuga os ponéis.
Celio
(Aunque lo que él imagina
no sé, no me puede estar
mal el que una vez me ausente).
Gobernador
¿Qué hacéis?
Celio
Perdonad que intente
huir, pues me llegué a mirar
libre de quien me tenía.
Vase.
Gobernador
Pues su atrevimiento veis,
seguidle, y no le alcancéis,
que va con licencia mía.
Vanse los criados.
Margarita
¿Quién mayor arrojo vio?
Gobernador
No es mucho. Seguidme a mí
vos, que esto convino así.
Margarita
¿No sabré la causa?
Gobernador
No
hasta saberla allá.
Margarita
(¡Cielos,
quien creerá que hubo mujer
que supo a un tiempo vencer
iras, venganzas y celos!).
Vanse, y salen don Enrique y Franchipán de franceses, uno de gala y otro de lacayo.
Enrique
No nos está mal el traje.
Franchipán
Bravos monsiures estamos.
Nunca la noche me hizo
en obscurecerse agravio
mayor que hoy.
Enrique
¿Por qué?
Franchipán
Porque
era gran gusto el mirarnos
una vez siquiera, corto
el talle y corazón ancho.
Enrique
Deja locuras, que a mí
nunca la noche agasajo
mayor me hizo que hoy.
Franchipán
¿Por qué?
Enrique
Porque, estando hoy esperando
dos dichas, cuanto apresure
más el curso al veloz paso,
tanto estoy más cerca de ellas.
Franchipán
¿Y son?
Enrique
La que en ver aguardo
aquella ingrata hermosura
antes de irme y la de hallarnos
después fuera deste asombro.
Franchipán
Señor, que tú enamorado
una mujer ver desees,
vaya, cosas son del diablo
y no se altera el estilo,
mas que estés determinado
a, si se rompe este centro,
irte con quien a llevarnos
entre, sin saber, señor,
dónde ni cómo ni cuándo,
es cosa que…
Enrique
Franchipán,
aunque lo que está pasando
a los dos confieso que
ni lo entiendo ni lo alcanzo,
no por eso persuadido
estoy a que aquí hay encanto.
Franchipán
Pues ¿qué quieres que haya?
Enrique
Enredo
que yo a comprender no alcanzo.
Franchipán
¿Cómo?
Enrique
¿Aqueste no es el nicho?
Franchipán
Sí.
Enrique
Pues a escuras estamos,
no nos apartemos de él:
verás que, si le guardamos,
si no es por él, nadie entra
ni sale.
Arrímanse al nicho; suena ruido en la otra puerta; sale Florante lleno de tierra.
Franchipán
Pues arrimados
a él estemos.
Florante
¡Ay de mí,
infelice!
Franchipán
Cielos santos,
¿qué ruido es aquel?
Enrique
No sé.
Florante
¿Dónde me llevas forzado
a sentir y padecer
la violencia de los hados?
Enrique
Forzado dice que viene
quienquiera que es.
Franchipán
Eso es malo.
¿Si es nuestro mozo de mulas?
Porque no hay, ni aun voluntarios,
quien se averigüe con ellos.
Florante
La gruta que por resguardo
tomé escondido me tuvo
a su boca hasta que pasos
sentí. Y creyendo que eran
los que me venían buscando,
me retiré más al centro,
donde el rumor continuado
me vino siguiendo hasta
que, con la pared topando,
con ella en el suelo di.
Cielos, ¿qué anchuroso espacio
será aqueste?
Sale Fabio.
Fabio
(De la mina
quitadas las brozas hallo,
con que la tenía cubierta;
¿si habiéndola visto acaso
el español se habrá ido?).
Enrique
(¿Sientes algún ruido?).
Franchipán
(Y harto).
Fabio
(Por si no es lo que presumo,
en bajas voces le llamo).
Infeliz joven, a quien
han perseguido los astros
sin más causa, para ser
tus delitos desdichados,
que ser nobles tus delitos,…
Florante
(¿Quién conmigo estará hablando
que capaz de mis desdichas
aquí esté?).
Fabio
…llega a mis brazos,
que amigo te busco, pues
mi intento es ponerte en salvo.
Florante
(Cielos, ¡qué puede ser esto!).
Enrique
Oh tú, que en horrores tantos
me buscas para librarme
de poderosos contrarios…
Florante
(Otro hay con quien habla).
Enrique
…ya
que solícito en mi amparo
la primer piedad te debo,
de ti la segunda aguardo.
Florante
(Bueno es, no hablando ninguno
conmigo, creer que hablan ambos).
Fabio
¿En qué quieres que te sirva?
Enrique
El bellísimo milagro
que obedeces, pues que vienes
por mí aquí de ella mandado,
me dijo que había de ver
antes de irme el soberano
cielo de aquella hermosura
que ya sabrás que idolatro.
Espera, antes que me lleves,
que logre esta dicha.
Fabio
En vano
lo solicitas, que pierdo
tiempo. Ven, que no da espacio
la prisa de que te ausentes.
Enrique
Permíteme un breve rato,
siquiera por ser postrera
esperanza.
Fabio
De aquí vamos.
Enrique
No he de ir sin que antes…
Florante
(Fortuna,
¿en qué parará este pasmo,
entre cuyo horror, por ver
si le averiguo, oigo y callo?).
Enrique
…la vea.
Sale Libia con el traje que estaba y mascarilla.
Franchipán
Bueno es ponerse
a tú por tú con el diablo.
Libia
(Habiéndose Laura en casa,
huyendo de sus contrarios,
entrado, Celio tras ella
y el gobernador tras ambos,
con ánimo de mirarla,
corrido del otro engaño,
por si da con el secreto,
en el traje que me hallo
vengo a guiarle a la mina
sin aguardar a que Fabio
le saque). ¡Infelice joven!
Florante
(Otra voz se oye a este lado).
Enrique
¿Quién me llama?
Libia
Quien aquí
te viene…
Franchipán
(¡Ay de mí!).
Libia
…buscando…
Franchipán
(Otro demonio tenemos,
dijo por eso el adagio).
Libia
…para que logres la dicha
que deseas. Ven volando
conmigo.
Enrique
¿Ves cómo espero
segunda dicha no en vano?
¡Suelta!
Fabio
Has de venir conmigo.
Libia
Ven tras mí.
Fabio
Sigue mis pasos.
Libia
¿Qué esperas?
Enrique
Mi dicha espero.
Fabio
¿Qué aguardas?
Enrique
Mi bien aguardo.
Florante
(¿Hay cosa, sin que ninguno
me busque, llevarme entrambos?).
Serafina
dentro
¿En mi casa esta osadía?
Laura
dentro
¡Y más yo con ella estando!
Margarita
dentro
¿Qué importa cuando con él
llego yo a vengar mi agravio?
Los Cuatro
¿Qué nuevas voces son estas?
Gobernador
dentro
Perdonad que escarmentado
del engaño que otra vez
conmigo hicisteis, librando
a un delincuente, he de ver,
cuando a otro buscar aguardo,
hasta el último retrete.
Entrad, pues, que yo os la abro.
Salen todos.
Celio
Menos importa, a tus pies
puesto, morir yo a tus manos
que ver que de Serafina
el lustre ofendas.
Gobernador
En vano
es ya; traed luces.
Sacan luces criados.
Serafina
(¡Ay, triste,
si a aquestas horas no ha Fabio
sacado ya al español!).
Enrique
(La palabra que me ha dado
me ha cumplido, pues la veo,
como antes estaba, al lado
de la que la vida di).
Fabio
(Roto el secreto, ¿qué aguardo?).
Vase.
Laura
¿Qué retiro será este?
Margarita
Yo también entre a mirarlo.
Enrique
(Verdad es todo, pues veo
la que obligo y la que agravio).
Florante
(¿Qué miro? ¿Este el español
no es?).
Enrique
(¿No es este, cielos santos,
Florante? ¡Cuánto le debo,
pues que le debo el cuidado
de buscarme aun hasta aquí!).
Gobernador
Pues uno busco y dos hallo,
donde intentar la defensa
ya será imposible, daos
a prisión.
Enrique
¿Qué más prisión,
señor, que la que aquí paso?
Pues preso de Margarita
aquí me tiene encerrado
para darme muerte.
Margarita
¿Yo?
¿Qué dices, hombre? ¿Pues cuándo
pude yo tenerte aquí?
Enrique
Cuando Laura, embarazando
tus rigores, ha impedido
su ejecución.
Laura
Es engaño,
que si yo de ti no supe,
¿cómo pude embarazarlo?
Enrique
Esta deidad, si en las señas
de la que libré reparo,
lo dirá.
Libia
Yo no sé nada
más de que Libia me llamo,
criada de Serafina.
Enrique
¿Qué Serafina? (¿Si es vago
objeto que me la finge?).
Gobernador
Bien ves, español, que cuanto
propones engaño es.
Enrique
Bien puede ser que sea engaño,
pero yo la verdad digo:
Margarita me ha ocultado,
Laura me ha favorecido
y esta mujer ha estorbado
los intentos de las dos
haciendo que vea el traslado
de la que me echó de sí
en este horroroso encanto
adonde a buscarme viene
Florante, altivo y bizarro,
por haberle yo en su duelo
favorecido.
Florante
(Pues hallo
buena disculpa de estar
hoy aquí, de ella me valgo).
Yo supe que Serafina,
de sus piedades usando,
porque al fin se valió de ella,
al español ha ocultado
en esta torre. Y por que
no debiese a otro el amparo,
entré yo por él.
Serafina
Verdad
es que yo su vida guardo.
Pero diga él si me ha visto,
sabido ni imaginado
si pudo nunca ser mío
el favor, pues le ha logrado
sin saber quién se le diese,
medios previniendo estraños
por que no pensase en mí.
Margarita
¿Qué sirven discursos vanos?
Tú la palabra me diste
de satisfacer mi agravio:
¡Muera el español!
Florante
Primero
que él muera, a tus pies postrado,
bella Margarita, yo
(¿qué he de hacer, de ella obligado,
de Serafina ofendido?)
te rogaré que la mano
de un esposo suplir pueda
hoy la falta de un hermano.
Margarita
Siendo tú mi esposo, ¿cómo
puedo ser parte, si es claro
que es todo el que lo es? Y así
yo de la instancia me aparto:
¡Viva el español!
Laura
En fin,
Serafina, ¿tu recato
paró en tener escondido
en tu casa tiempo tanto
un hombre?
Serafina
Aquesa malicia
tiene muy fácil reparo.
Laura
¿Cuál puede serlo?
Serafina
Este: Celio,
un guante que llegó acaso
sin mi voluntad a vos,
¿qué es de él?
Celio
Veisle aquí.
Serafina
Cobrando
yo el guante y sabiendo vos,
Enrique, que los pasados
duelos de los dos no fueron
de mi culpa ocasionados,
pues ellos mismos dirán
que fue perdido y no dado,
sepa Astolfo y sepan todos
que el haberos amparado
no fue con sólo el pretexto
de haber en mi casa entrado,
que era muy leve, sino
con el de haberme librado
del riesgo, pues fuisteis quien
me sacó del mar en brazos.
Franchipán
¡Cuerpo de Cristo, este sí
que es el verdadero encanto!
Serafina
La vida os debo y agora
que puedo airosa os la pago,
pues, hasta cobrar el guante,
desalhajada la mano
estaba para ser vuestra.
Enrique
Si tanta ventura alcanzo,
felice yo.
Gobernador
Yo dichoso,
que a tantos amenazados
riesgos llego a ver el fin,
que aun ha de atar otro lazo.
Florante
¿Qué ha de ser?
Gobernador
Que a Celio dé
Laura, Florante, la mano,
con vuestro gusto.
Florante
Yo soy
el dichoso.
Celio
Yo el que gano,
perdida ya Serafina.
Franchipán
Señora Libia, sepamos
qué habemos de hacer del moro.
Libia
Trocarle por un cristiano.
Franchipán
Vengo en ello. Pero ya
que estamos todos casados,
¿qué falta?
Libia
Sólo dar fin
al Encanto sin encanto.
- License
-
CC0 1.0 Licence
Link to license
- Citation Suggestion for this Edition
- TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. El encanto sin encanto. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbq3.0