Pedro Calderón de la Barca
La aurora en Copacabana
Comedia famosa

Personas que hablan en ella

  • GUÁSCAR INGA, rey.
  • YUPANGUÍ.
  • GLAUCA.
  • TUCAPEL.
  • UN SACERDOTE.
  • GUACOLDA.
  • LA IDOLATRÍA.
  • Unos indios.
  • Un indio llamado ANDRÉS.
  • Cuatro damas.
  • PIZARRO.
  • ALMAGRO.
  • CANDÍA.
  • Marineros.
  • DON LORENZO DE MENDOZA, conde de Coruña.
  • DON JERÓNIMO MARAÑÓN, gobernador.
  • UN DORADOR.
  • [ECO.]
  • Dos ángeles.
  • Acompañamiento.
  • Música.
Dentro instrumentos y voces, y salen en tropa todos los que puedan vestidos de indios, cantando y bailando YUPANGUÍ, indio galán, un SACERDOTE, GLAUCA y TUCAPEL, y detrás de todos GUÁSCAR INGA, rey, todos con arcos y flechas.
YUPANGUÍ
En el venturoso día
que Guáscar Inga celebra
edades del sol, que fueron
gloria suya y dicha nuestra,
prosiga la fiesta.
MÚSICA
Prosiga la fiesta,
y aclamando a entrambas deidades,
del Sol en el cielo, del Inga en la tierra,
al son de las voces repitan los ecos,
que viva, que reine, que triunfe y que venza.
INGA
¡Cuánto estimo ver que a honor
de la consagrada peña
que desde Copacabana
sobre las nubes se asientan,
en hacimiento de gracias
de haber sido la primera
cuna del hijo del Sol,
de cuya clara ascendencia
mi origen viene, os mostréis
tan alegres!
YUPANGUÍ
Mal pudiera
nuestra obligación faltar
a tanta heredada deuda.
Cinco siglos, gran señor,
de dádiva tan excelsa
como darnos a su hijo
para que tú dél desciendas,
se cumplen; y hoy otros cinco
ha que cada año renuevan
la memoria de aquel día
todas tus gentes, en muestra
de cuánto a su luz debimos
y así no nos agradezcas
festejos que de dos causas
nacen hoy: una que seas
tú nuestro monarca, y otra
que al culto en persona vengas,
a cuyo efecto hasta Túmbez,
donde el Sol su templo ostenta,
a recibirte venimos,
diciendo en voces diversas.
ÉL y MÚSICA
Que vivas, que reines,
que triunfes y venzas.
INGA
De una y otra causa, a ti
no poca parte te empeña,
Yupanguí, pues que no ignoras
desciendes también de aquella
primera luz, por quien de Inga,
ya que no la real grandeza,
la real estirpe te toca.
YUPANGUÍ
Mi mayor fortuna es esa.
Aparte.
Bien que mi mayor fortuna,
si he de consultar mis penas,
no es sino ser el felice
día en que a Guacolda, bella
sacerdotisa del Sol,
llegué a ver. ¡Ay de fineza
que al cabo del año un día
está con mirar contenta!
SACERDOTE
Pues en tanto que llegamos
a la falda de la sierra,
donde las sacerdotisas
deste templo es bien que vengan,
puesto que allá ha de ser hoy
la inmolación de las fieras
que llevamos encerradas,
para sus aras sangrientas,
prosiga el canto.
GLAUCA
Bien dice.
El baile, Tucapel, vuelva.
TUCAPEL
¿Es por mostrar, Glauca, cuánto
de hacer mudanzas te precias?
YUPANGUÍ
¿Que siempre habéis de reñir?
LOS DOS
Pues, ¿quién sin reñir se huelga?
YUPANGUÍ
¿Ni quién sino yo tendrá
para sufriros paciencia?
MÚSICA
Prosiga la fiesta,
aclamando a entrambas deidades,
del Sol en el cielo, del Inga en la tierra,
al son de las voces repitan los ecos
que viva, que reine, [que triunfe y que venza.]
[ESPAÑOLES]
Dentro a lo lejos.
¡Tierra, tierra!
[OTROS]
¡Tierra, tierra!]
INGA
Oíd. ¿Qué extrañas voces son
las que articuladas suenan
como humanas, sin saber
lo que nos dicen en ellas?
YUPANGUÍ
No extrañéis que en estos montes
voces se escuchen tan nuevas,
pues tantos ídolos tienen
como peñascos sus selvas.
Desde aquí a Copacabana
no hay flor, hoja, arista o piedra
en quien algún inferior
dios no dé al Sol obediencia.
Y así, no solo se oyen
aquí equívocas respuestas
de idiomas que no entendemos;
pero se ven varias fieras
que por los ojos y bocas
fuego exhalan y humo alientan.
¿Y qué mayor que haber visto
una escamada culebra
tal vez, que todo el contorno
enroscadamente cerca
hasta morderse la cola
dando a su círculo vuelta,
como que da a entender cuánto
es misteriosa la selva,
a quien hacen guarda tales
prodigios?
INGA
Que este lo sea
no será razón que a mí
me turbe ni me suspendas.
Prosiga la fiesta.
MÚSICA
Prosiga la fiesta,
y aclamando a entrambas deidades,
del Sol en el cielo, [del Inga en la tierra,
al son de las voces repitan los ecos
que viva, que reine, que triunfe y que venza.]
Dentro PIZARRO a lo lejos.
PIZARRO
Pues ya vemos tierra, ¡ea!,
para arribar a su orilla,
amaina.
TODOS
Amaina la vela.
Vuelven a bailar, y a suspenderse.
INGA
Callad, pues vuelven las voces,
por si podéis entenderlas.
INDIO
Silencio.
OTRO
Silencio.
GUACOLDA
Dentro.
¡Ay triste!
INGA
¿Qué nuevo eco se lamenta
ya en nuestro idioma?
TUCAPEL
[Aparte.]
El de una
mujer, y según las señas
sacerdotisa.
YUPANGUÍ
Guacolda
es la que diciendo llega.
Sale GUACOLDA como asustada.
GUACOLDA
Valientes hijos del Sol,
cuya clara descendencia
hasta hoy lográis en el grande
Inga que en vosotros reina,
suspended los sacrificios
que a su alta deidad suprema
prevenís, y acudid todos
a mi voz y a la ribera
del mar, a ver el prodigio
que a nuestros montes se acerca.
INGA
Hermosa sacerdotisa,
cuya divina belleza
te acredita superior
a cuantas el claustro encierra
a su deidad consagradas,
¿qué es esto?
Aparte.
(Hablar puedo apenas,
admirado en hermosura
tan rara.) Cuando te espera
tanto concurso a que tú
sus ricos dones ofrezcas,
en vez de venir festiva
y acompañada de bellas
ninfas del Sol, sola, triste,
confusa, absorta y suspensa
a turbarlos vienes.
GUACOLDA
No
me culpes hasta que sepas,
generoso Guáscar Inga,
la causa.
INGA
¿Qué causa es?
GUACOLDA
Esta.
YUPANGUÍ
[Aparte.]
¿Quién creerá que muero yo
por saberla y no saberla?
GUACOLDA
De ese templo que a la orilla
del mar brilla, en competencia
del que a la orilla también
de la laguna que cerca
de Copacabana el valle
yace, vista de la peña
en cuya eminente cumbre
el Sol una Aurora bella
amaneció para darnos
a su hijo, porque fuera
no menos noble el cacique
que domine las setenta
y dos naciones que hoy,
después de partir herencias
con tu hermano Atabaliba
mandas, riges y gobiernas.
De ese templo, otra vez digo,
salí con todas aquellas
que al Sol dedicadas, hasta
que por su suerte merezcan
ser su víctima algún día,
viven a su culto atentas,
con deseo de llegar
tan rendida a tu presencia
que fuesen mi alma y mi vida
el primer don de la ofrenda;
cuando, volviendo los ojos
al mar, vimos en su esfera
un raro asombro, de quien
no sabré darte las señas;
porque si digo que es
un escollo que navega,
diré mal, pues para escollo
le desmiente la violencia;
si digo preñada nube
que a beber al mar sedienta
se abate, diré peor,
porque viene sin tormenta;
si digo marino pez,
preciso es que me desmientan
las alas con que volando
viene; y si digo velera
ave el que nadando viene,
también desmentirme es fuerza.
De suerte que a cuatro visos
monstruo es de tal extrañeza,
que es escollo en la estatura,
que es nube en la ligereza,
y aborto de mar y viento,
pues con especies diversas,
pez parece cuando nada
y pájaro cuando vuela.
Los gemidos que pronuncia,
voces son de extraña lengua
que hasta hoy no oímos. Y al verle,
todas huyeron ligeras
a salvar la vida, viendo
que si a tierra una vez llega,
será en vano que la huida
las ampare ni defienda.
Pues quien corre tan veloz
por el mar, ¿qué hará por tierra?
Sola yo, no al valor tanto
como al desmayo sujeta,
absorta me quedé, y viendo
que habían cerrado las puertas
del templo a mi retirada,
ni bien viva ni bien muerta,
hasta este sitio he llegado,
donde para que no creas
más a mi voz que a tus ojos,
te pido que al mar los vuelvas.
Mírale, pues, cuán horrible
ya a las orillas se acerca.
Sálvete, señor, la fuga,
pues no puede la defensa.
INGA
¡La fuga salvarme a mí
contra quien en vano engendra
portentos ni tierra ni agua,
ni aire ni fuego! Las flechas
que contra otros animales,
bien que no de igual fiereza,
emponzoñadas usamos
de mil venenosas yerbas,
contra este flechad; que yo
seré el primero que emprenda
lograr el tiro.
YUPANGUÍ
A tu vida
mi pecho el escudo sea.
¡Ay Guacolda, si entendieses
tan equívoca fineza,
que es lealtad cuando me obliga,
y es amor cuando me fuerza!
GUACOLDA
¡Oh, si tú, Yupanguí, vieses
los pesares que me cuestas!
TODOS
Todos haremos lo mismo.
TUCAPEL
Sino yo, Glauca.
GLAUCA
¿Qué intentas?
TUCAPEL
Que tú te pongas delante,
con que a todos nos remedias.
GLAUCA
¿Yo a todos?
TUCAPEL
Sí.
GLAUCA
¿Cómo?
TUCAPEL
¿Cómo?
Si te coge la primera
a ti, de ti quedará
tan ahíto, que no tenga
hambre para los demás.
INGA
Pues ya que la lealtad vuestra
en mi defensa se ponga,
no venga a ser en mi ofensa.
Igual con todos, haremos
ala, y de nuestras saetas
tan espesa sea la nube
que sobre su escama llevaba
los congelados granizos
de piedra y pluma, que muera
en las ondas desangrada.
PIZARRO
Dentro.
Echa el áncora y aferra
haciendo a esos montes salva.
GUACOLDA
¿Qué esperáis, cuando ya expuesta
al tiro está?
Al disparar ellos al vestuario, disparan dentro una pieza, y todos se espantan.
VOCES
Dentro.
Dale fuego.
UNOS
¡Qué asombro!
OTROS
¡Qué horror!
TODOS
¡Qué pena!
TUCAPEL
¡Qué bravo metal de voz
tiene la señora bestia!
INGA
Monstruo que con tal bramido
al verse herido se queja,
de los abismos sin duda
aborto es.
GUACOLDA
Pues no aprovechan
contra él las flechadas iras
de nuestros arcos y cuerdas,
defiéndanos de los montes
la espesura.
TODOS
Entre sus breñas
nos amparemos.
[Vanse.]
INGA
¡Cobardes!
¡Así a vuestro rey se deja!
Pero, ¿qué importa, si quedo
yo conmigo?
YUPANGUÍ
Considera
que cuando de conocido
la vida, señor, se arriesga,
todos dicen que es valor,
mas ninguno que es prudencia.
En ventajosos peligros
donde no alcanza la fuerza
alcance la industria.
INGA
¿Cómo?
YUPANGUÍ
Manda desatar las fieras
que están para el sacrificio
en diversas grutas presas,
y fieras a fieras lidien,
cebándose antes en ellas
que no en las gentes, aquese
asombro.
INGA
Bien me aconsejas.
Ceda el brío a la razón
una vez.
Aparte.
Mejor dijera
ceda al gusto, pues por solo
salvar la vida de aquella
hermosa sacerdotisa
lo acepto.
YUPANGUÍ
Guacolda bella,
ya cumplí con la lealtad,
cumpla ahora con la fineza.
¿Dónde el temor te ha llevado?
VOCES
Dentro.
Al monte, al monte.
Descúbrese la nave, y en ella PIZARRO, ALMAGRO, CANDÍA y marineros.
PIZARRO
La tierra
que desde aquí se descubre
no es como las otras, yerma,
que atrás dejamos, pues toda,
coronando de sus tierras
las más eminentes cimas,
se ve de gentes cubierta.
ALMAGRO
Gracias a Dios, gran Pizarro,
que después de tan deshechas
fortunas, naufragios, calmas,
hambres, sedes y tormentas
como habemos padecido,
desde que abriendo las sendas
del mar del Norte al del Sur,
atravesamos la Nueva
España, y en Panamá
nos hicimos a la vela.
Gracias a Dios, otra vez
y otras mil a decir vuelva,
que después de tantos riesgos,
ansias, sustos y tragedias,
hemos llegado a lograr
el descubrimiento destas
Indias, que hasta hoy ignoradas,
solamente supo dellas
la estudiosa Geografía
de quien halló por su ciencia
el ser preciso que siendo
el orbe circunferencia,
hubiese, mientras no daba
una nave al mundo vuelta,
aquella remota parte,
que no constaba encubierta.
PIZARRO
Ya que a solo descubrirla
venimos, bástanos verla
el día que no tenemos
para su conquista fuerzas.
Y así, pues estas noticias
son el fin de nuestra empresa,
volvamos, ya que tenemos
destos mares fijas señas
donde mejor prevenidos
de más pertrechos de guerra,
más navíos y más gente,
víveres, pólvora y cuerda,
volvamos a su conquista
en nombre del quinto César
Carlos, que felice viva.
CANDÍA
Fuerza será, pues no quedan
de los treinta que salimos
más que trece hombres que sean
de armas tomar, y la gente
de mar poca, y esa enferma.
Pero antes que nuevos rumbos
tomemos para la vuelta,
será bien, ya que llegamos
aquí, que llevemos destas
remotas partes (porque
podrá ser cuando nos vean,
que si lo creen los valientes,
los cobardes no lo crean)
algunas señas, bien como
frutas, árboles o yerbas
que allá no haya, y fuera desto,
será también acción cuerda,
por si el mar, que siempre ha sido
teatro de contingencias,
acabare con nosotros,
y otros al mismo fin vengan,
dejar señas de que aquí
llegamos, y no se adquieran
la gloria de que ellos fueron
los primeros en empresa
tan ardua y dificultosa.
PIZARRO
¿Qué señas han de ser esas,
que aquí podamos dejarlas?
CANDÍA
¿Qué más declaradas señas,
pues es la propagación
de la fe causa primera,
que una cruz en esos montes?
Pues nadie habrá que la vea
que no diga: «Aquí llegaron
españoles, que esta es muestra
del celo que los anima
y la fe que los alienta».
PIZARRO
No solo es heroica, pero
es religiosa propuesta.
ALMAGRO
Pues ya que es de otro el consejo,
porque alguna parte tenga
en acción tan generosa,
mía la ejecución sea.
Yo iré a tierra en el esquife.
CANDÍA
Eso no, ni es bien se entienda,
señor don Diego de Almagro,
que en aquesta conferencia,
siendo la propuesta mía,
sea la ejecución vuestra.
Mío fue el voto, y el riesgo
mío ha de ser.
ALMAGRO
Por la mesma
razón es bien que partamos
en los dos la diferencia.
Contentaos Pedro de Candía
con que vuestro el voto sea,
y dejadme a mí la acción.
CANDÍA
Primero que yo consienta.
ALMAGRO
Primero que yo.
PIZARRO
¿Qué es esto?
Ved que aunque la amistad nuestra
a todos nos hizo iguales,
en llegado a competencias,
del puesto usaré con que
el rey mis servicios premia,
pues vengo por general,
y al que no mire, no atienda
que estoy aquí.
LOS DOS
Pues da el orden
a quien a ti te parezca.
PIZARRO
Sí haré. Perdonad Almagro,
que hace esta razón más fuerza.
Id, Pedro de Candía, vós.
CANDÍA
Piloto, el esquife echa
al agua, mientras que yo
mis armas tome y prevenga
el Cruzado Leño.
Vase.
PIZARRO
En tanto,
para que de la ribera
la gente huya amedrentada
y el mayor espacio tenga,
da fuego a otra pieza.
Disparan cubriéndose la nave, úsale YUPANGUÍ arrastrando a TUCAPEL.
VOCES
¡Cielos,
clemencia, cielos, clemencia!
TUCAPEL
¿Cómo quieres que los cielos
de ti, ¡ay infeliz!, la tengan,
si tú de mí no la tienes,
arrastrándome por fuerza
a vida de aquese horrible
parapeto, que bosteza
truenos y estornuda rayos?
YUPANGUÍ
Si en la confusión primera
que escuchamos su bramido
huyó Guacolda, y por ella
preguntando, me dijiste
que había venido por esta
parte, ¿qué extrañas traerte,
ya que en salvo el Inga queda
y ella no parece, ¡ay triste!,
a que me digas la senda
por dónde echó?
TUCAPEL
No es muy fácil
el saber por dónde echa
una niña que encerrada
está, el día que se suelta.
Por aquí vino, mas no
sé por dónde escapó.
YUPANGUÍ
Estrella,
siempre a mi elección afable
y siempre a mi dicha opuesta,
dime de Guacolda. Pero
si es mi empeño defenderla
de aquel asombro, con que
yo de vista no le pierda,
sabré el rato que a él le veo
y a ella no, que él no la ofenda
y que ella está asegurada,
consolando la tristeza
de no verla yo, con ver
que él tampoco puede verla.
Y así, yo solo en la playa
desvelada centinela
he de ser de sus acciones.
TUCAPEL
Si has de ser tú solo, deja
que me vaya.
YUPANGUÍ
Eso no.
TUCAPEL
Pues ¿cómo, di, se concuerda
solo y conmigo?
YUPANGUÍ
Muy bien,
pues en el punto que él venga
acercándose a la orilla,
te irás...
TUCAPEL
Linda cosa es esa.
YUPANGUÍ
...a decir que se desaten
las fieras.
TUCAPEL
Ya no es tan buena.
Las fi... ¿qué?
YUPANGUÍ
Las fieras digo;
pues sabiendo dónde queda,
con huir hacia aquella parte,
darán con el monstruo ellas.
TUCAPEL
Y ellas y el monstruo conmigo,
que será una diligencia
muy saludable.
YUPANGUÍ
Oye y calla,
que aún hay más terror que piensas.
TUCAPEL
Mucho será.
YUPANGUÍ
¿No reparas
en que él en el mar se queda,
y que de su vientre arroja
otro menor?
TUCAPEL
Voy apriesa
a traer las fieras.
YUPANGUÍ
Aguarda,
que aunque este a la orilla llega,
tampoco sale a la orilla,
donde de su seno echa
un hombre, al parecer.
TUCAPEL
¡Cielos!
¿Qué generación es esta,
que una bestia grande pare
otra pequeñita bestia,
y esta bestia pequeñita
un hombre?
YUPANGUÍ
Y de raras señas,
así en el blanco color
del rostro como en la greña
del cabello y de la barba,
cuya admiración aumentan
el traje y modo de armas
que trae.
TUCAPEL
Voy a que prevenga
las fieras contra él.
YUPANGUÍ
Detente,
que es de mi valor flaqueza
el pensar que para un hombre
he menester yo defensa,
mayormente cuando entrando
voy en no sé qué sospecha
tal, que aunque puedo tirarle
desde aquí, será bajeza
matarle sin apurar
qué maravillas son estas.
Saldrele al paso.
TUCAPEL
Yo no,
ni aun huir podré ya; esta quiebra
me ha de esconder.
Sale CANDÍA armado con una cruz de dos troncos bastos.
CANDÍA
Cuando digan
las edades venideras
que don Francisco Pizarro
quebró del mar las primeras
ondas al Sur, en demanda
del descubrimiento destas
nuevas Indias de Occidente,
digan también que fue en ella
Pedro de Candía el primero
que puso el pie en sus arenas.
YUPANGUÍ
Hombre aborto de la espuma
que esa marítima bestia
sorbió sin duda en el mar
para escupirle en la tierra;
¿quién eres?, ¿de dónde vienes,
y dónde vas?
CANDÍA
De su lengua
el frase no entiendo, pero
de su acción es bien que entienda
que debe de ser cacique
de valor y de nobleza;
pues cuando desamparada
todos la marina dejan,
solo él queda en la marina.
YUPANGUÍ
¿Cómo no me das respuesta?
¿Quién eres? ¿De dónde vienes,
y dónde vas?
CANDÍA
Si te alteras
de ver mi nave en tus mares
y mi persona en tus selvas,
óyeme y sabrás la causa.
YUPANGUÍ
Como yo habla, sin que infiera
lo que me dice.
TUCAPEL
Que se hablen
dos, sin que uno ni otro sepan
lo que se dicen no es nuevo.
YUPANGUÍ
Si eres humano y deseas
hallar en los sacrificios
que al Sol hacemos, y en prueba
de que al dios de rayos buscas
forjando sus truenos llega,
de paz te recibiremos.
Dinos, pues, ¿qué es lo que intentas?
CANDÍA
Noble cacique, que bien
tu valor lo manifesta,
no de tus minas el oro,
no la plata de sus venas,
me trae en su busca, el celo
sí, la Religión suprema
de un solo Dios y sacarte
de idolatría tan ciega
como padeces, a cuyo
efecto esta es la bandera
Levanta la cruz.
de su cristiana milicia
la más estimada prenda.
YUPANGUÍ
Sin saber lo que me dices,
sé lo que decirme intentas,
pues arbolando ese tronco
contra mí, bien claro muestras
que me llamas a batalla;
y así en el arco la flecha
Flecha el arco.
te responderá.
CANDÍA
Aunque ignoro
qué es lo que decirme intentas,
no ignoro que a lid me llamas,
pues embebido la cuerda
me aguardas. Dispara, pues,
mas mira que si me yerras,
has de morir a este acero.
YUPANGUÍ
De la ventaja que lleva
ser mi arma arrojadiza
y no la tuya, me pesa;
porque más quisiera a brazos
rendirte, que no que mueras.
Mas ¿qué es esto? ¿Quién me pasma
la mano que helada tiembla,
el corazón que no late,
y el suspiro que no alienta?
Pero ¿qué mucho, qué mucho,
que todo, ¡ay de mí!, fallezca,
si el resplandor que me abrasa
carámbano es que me yela?
Cáese el arco.
Tronco que despide rayos
y a puras luces me ciega,
más es que tronco. No huyo
de ti, quienquiera que seas,
sino de tan ventajosas
armas que a hechizos me venzan.
Soltad las fïeras, porque
Yéndose.
cebe su veneno en ellas
este tósigo de luces
que a mí me asombra y me ahuyenta,
y a la selva, al valle, al monte,
peruanos, que hoy son tierra
y mar abismos de abismos
contra nosotros.
CANDÍA
Espera.
Tras él... Mas ¿quién está aquí?
Vase y al ir tras él da con TUCAPEL.
TUCAPEL
[Aparte.]
(¡Oh, quién decirle supiera
que soy tonto, y que de un tonto
es más tonto el que hace cuenta!)
Yo... sí... cuando...
CANDÍA
Aguarda, no huyas.
VOCES
Al monte, al valle, a la selva,
que las fieras se desatan.
TUCAPEL
Mas que el primero que encuentran
soy yo.
CANDÍA
¡Ay infeliz! ¡Qué miro!
De las profundas cavernas
destos montes, bostezando
nuevos horrores sus quiebras,
mil feroces animales
toda la marina pueblan.
Y dellos un león y un tigre,
Salen un león y un tigre haciendo lo que dicen los versos.
garras aguzando y presas,
a mí se vienen. Aunque es
imposible la defensa,
moriré matando. Pero
por más furiosos que llegan,
en viéndome se reparan,
y en vez de embestirme, tiemblan:
con que el león, arrastrando
la desgreñada melena
de sus coronados rizos,
y el tigre, pecho por tierra,
vienen postrando a mis plantas
las nunca domadas testas.
Justo es que yo corresponda
a tan cortesana deuda.
Halágalos.
TUCAPEL
¡Oigan cómo los regala,
y cómo ellos le festejan!
¿Quién tigres de falda vio,
y león de brazos, que juegan
con su dueño y él con ellos,
haciéndose muchas fiestas?
CANDÍA
Señor, pues este favor
tan anticipado premia
el deseo de arbolar
vuestra militar bandera
entre estos bárbaros, donde
vuestra fe plantada crezca,
en vuestro nombre, subiendo
a este risco, en su eminencia
la fijaré.
Sube a lo alto del monte.
TUCAPEL
¡Ay de mí!, que entre
el león y el tigre me deja;
mas yendo tras él, seguro
iré... Pero en su defensa
se vuelven contra mí.
CANDÍA
Ahora
que ya tremolada queda,
Deja la cruz y baja cortando ramas.
deste bruto balüarte
en la más rústica almena
vuestro estandarte, Señor,
volveré al mar con las señas
destas ramas y estos frutos,
y este indio, de quien la lengua
aprendamos, para que
la entendamos a la vuelta.
Ven tú conmigo, y vosotros,
amigos...
TUCAPEL
¡Ay, que se acercan!
CANDÍA
Quedad en paz. Que me vaya
yo en paz, que me dicen muestran,
volviendo al monte. Ven tú.
TUCAPEL
Glauca, pues ves que me llevan
a ser de una bestia pasto,
no seas pasta de otras bestias
tú en mi ausencia.
CANDÍA
Nuevos mundos,
cielos, sol, luna y estrellas,
aves, peces, fieras, troncos,
montes, mares, riscos, selvas,
buena prenda os dejo, en fe
de que si hoy la gente vuestra
adora al sol que amanece,
hijo de la aurora bella,
vendrá tan felice día
que sobre estas mismas peñas,
con mejor sol en sus brazos,
mejor aurora amanezca.
Vase y sale la IDOLATRÍA vestida de negro, con estrellas, espada, plumas y bengala.
IDOLATRÍA
Primero que ese día
llegue a ver yo, que soy la Idolatría
desta bárbara gente,
que en los trémulos campos de Occidente,
sin saber de otro sol ni de otra aurora,
por adorar la luz la sombra adora.
Primero, otra vez digo, que ese día,
contra la inmemorial posesión mía,
el Perú llegue a ver en su campaña
las invasiones de la Nueva España,
verá (si Dios la acción no me limita
y los poderes que me dio me quita)
que mis ansias, mis penas y temores
con el mágico horror de mis horrores
perturban de manera
de tierra y mar hoy una y otra esfera,
que el mar, antes que desta hallada playa
aquel bajel con las noticias vaya,
le embata, le zozobre y le persiga,
por más que agora, viento en popa, diga
en mi oprobio y mi ultraje.
PIZARRO
Dentro.
Vira al mar.
TODOS
Buen viaje, buen pasaje.
IDOLATRÍA
Y la tierra también verá en sus daños
revalidar error de tantos años,
no tan solo volviendo al ejercicio
del que dejó suspenso sacrificio,
pero aun con más terror, pues si antes era
víctima bruta esta o aquella fiera,
ahora he de hacer que víctima sea humana;
porque siendo, como es, Copacabana
templo del Sol, y su ara aquella peña
contra quien puso el español por seña
el Cruzado Madero,
a cuya vista pasmo, gimo y muero;
en ella es bien (sin que atreverme pueda
a sus ultrajes, porque no suceda
lo que en la Nueva España,
que arbolando otra cruz otra montaña,
hice ponerla fuego,
y ardiendo sin quemarse, lo que el ciego
insulto consiguió, en vez de abrasarla,
fue temerla, admitirla y venerarla.)
Y así digo otra vez, sin que me atreva
a que este vulgo en su baldón se atreva,
es bien satisfacer mi desvarío,
con que a su vista el sacrificio mío
con sacrílego intento
transcienda desde bárbaro a crüento;
a cuyo efecto, ya en süaves voces,
ya en voces tristes, sonarán veloces
en todo el monte oráculos, diciendo:
TODOS
Dentro.
Albricias, que ya el monstruo se va huyendo.
IDOLATRÍA
Pero no, no prosiga,
dígalo el tiempo sin que lo diga,
pues vuelven a juntarse, repitiendo:
ELLA y TODOS
Albricias, que ya el monstruo se va huyendo.
Vase, y salen todos los indios y indias que puedan, con arco y flechas.
GUACOLDA
¿Qué mucho, si en hileras
el armado escuadrón vio de las fieras
contra él tan prevenido?
INGA
¿Quién duda que haya sido
quien irse sin salir a tierra le hace?
Sale YUPANGUÍ.
[YUPANGUÍ]
No, señor, de más alta causa nace
su vuelta y su venida;
maravilla mayor hay escondida.
INGA
¿Cómo?
YUPANGUÍ
Como volviendo a la ribera,
en dejándote a ti, por si pudiera
averiguar quién tanto horror nos daba,
pequeña embarcación vi que arrojaba
al mar, bien como algunas
balsas en que surcamos las lagunas.
Aquí empecé a formar primera idea
de que más que animal, fábrica sea;
confirmolo después ver cuánto asombre
que esta balsa arrojase a tierra un hombre
de extraño aspecto. Referir no quiero
que le hablé y que me habló, si considero
que no nos entendimos,
y no puedo decir qué nos dijimos;
baste saber que en duelo tan prolijo
dijo la acción lo que la voz no dijo.
Un tronco que traía
arboló contra mí, la aljaba mía
un arpón contra él; pero al instante
que le quise flechar, una radiante
luz me cegó, y el brazo entumecido,
tras el arco y arpón perdí el sentido.
Culparás mi pavor, pues no le culpes
hasta que con las fieras le disculpes.
Yo vi a lo lejos que un león le hacía
brutos halagos, cuya acción seguía
un tigre, y que de ambos amparado
subió a ese risco, en que dejó fijado
sobre su pardo ceño
del basto tronco el no labrado leño;
con que volviendo al mar, llevó consigo
a Tucapel, crïado que conmigo
estaba en la marina.
GLAUCA
¿Cómo dices no ser cosa divina
la que daño no ha hecho
a nadie, y me ha hecho a mí tanto provecho?
SACERDOTE
Calla, necia.
YUPANGUÍ
De suerte,
que si en sus hechos la razón advierte,
en la que naturalmente me fundo,
sin que el discurso deba nada al arte,
es que debe de haber de esotra parte
del mar otra república, otro mundo,
otra lengua, otro traje y otra gente,
y aquesta tan mañosa o tan valiente,
que se ha sabido hacer con singulares
fábricas vivideros esos mares;
y para más desmayos
se ha sabido forjar truenos y rayos,
con relámpagos tales,
que deslumbran a hombres y animales.
Y pensar que han movido tanto empeño
como venirse a playas extranjeras,
y para solo colocar un leño
vivir ondas, traer rayos, domar fieras,
no, señor, no es posible.
Aquí hay misterio más incomprehensible,
y así es bien discurramos
qué hemos de hacer, y que nos prevengamos,
por si otra vez volviere,
y prevenidos, sea lo que fuere.
INGA
A tu suceso atento
menos le alcanzo cuanto más le siento,
y así no sé, no sé lo que debamos
hacer.
SACERDOTE
Yo sí.
INGA
¿Qué es?
SACERDOTE
Que prosigamos,
dejándonos plantado ahí ese bruto
leño hasta ver qué flor nos da o qué fruto
el sacrificio, y todos invoquemos
hasta su templo al Sol, por si podemos
alcanzar que nos diga
qué hemos de hacer.
YUPANGUÍ
Y es justo.
GUACOLDA
Pues prosiga
la invocación, mas con tan otro acento,
que lo que fue armonía sea lamento.
INGA
Hermoso padre del día,
de tanta confusión, di,
¿querrás restaurarnos?
IDOLATRÍA
Dentro cantando.
Sí.
INGA
Ya respondió a la voz mía.
GUACOLDA
Pues ¿qué debemos hacer,
si a mí te mueves a darme
también respuesta?
IDOLATRÍA
Obligarme.
SACERDOTE
Si obligándote ha de ser,
¿con qué te podrá obligar
mérito, que aunque se crea,
obrar no sabe?
IDOLATRÍA
Desea.
DAMA 1.ª
Ya que es mérito desear,
yo deseo saber, ¿qué
naturaleza tirana
fue la que aquí llegó?
IDOLATRÍA
Humana.
YUPANGUÍ
Si humana, cual dices, fue,
¿cómo asombra con horrores,
y deja tan confundida
la razón, la alma y la...
IDOLATRÍA
Vida?
[INDIA] 2.ª
Porque del todo mejores
nuestra ciega confusión,
¿cuál será el mejor indicio
de nuestra fe?
IDOLATRÍA
El sacrificio.
[INDIA] 3.ª
Si los sacrificios son
el mejor ruego, a ellos vamos.
[INDIA] 4.ª
Haz que aqueste en que hoy se emplea
tu pueblo, sea acepto.
IDOLATRÍA
Sea.
INGA
De todo cuanto escuchamos
nada inferimos.
SACERDOTE
Sí hacemos,
si de lo que ha respondido
componemos el sentido.
YUPANGUÍ
¿Y cómo le compondremos?
SACERDOTE
Diciendo cada uno, ya
que a todos nos respondió
lo que a él dijo.
INGA
¿Empiezo yo?
GUACOLDA
Sí, y mi voz te seguirá.
INGA
Si.
ECO
Cantando.
Si.
GUACOLDA
Obligarme.
ECO
Cantando.
Obligarme.
SACERDOTE
Desea.
ECO
Cantando.
Desea.
[INDIA] 1.ª
Humana.
ECO
Cantando.
Humana.
INGA
Vida.
ECO
Cantando.
Vida.
[INDIA] 2.ª
El sacrificio.
ECO
Cantando.
El sacrificio.
[INDIA] 4.ª
Sea.
ECO
Cantando.
Sea.
MÚSICA y TODOS
Si obligarme desea,
humana vida el sacrificio sea.
SACERDOTE
Sin duda el Sol, ofendido
de que en tu presencia fuera
bruta víctima una fiera,
hoy elevarla ha querido
a que sea racional,
dando de su enojo indicio
no ser real el sacrificio
que asiste persona real.
INGA
Si eso es lo que nos advierte,
¿cómo qué vida es no avisa?
SACERDOTE
Como es la sacerdotisa
a quien le toque la suerte.
Las más nobles dedicadas
para eso en el templo están,
deseando el cuándo serán
a su dios sacrificadas.
TODAS
A eso obligadas vivimos
las que al Sol nos consagramos.
GLAUCA
Y de eso nos excusamos
las que patanas nacimos.
INGA
Si aquella toca, ¡ay de mí!
YUPANGUÍ
¡Qué pena será tan fuerte,
si a ella tocase!
INGA
Y la suerte,
¿cómo suele echarse?
SACERDOTE
Así.
Cada una, una flecha dé,
y en mi mano y en su mano
el más noble o más anciano
se ha de nombrar, para que,
vendados los ojos, llegue
porque en señas no repare;
y de aquella que él tomare,
el dueño al ara se entregue
cuando cumplidos estén
los cuatro legales días,
en que de sus alegrías
padres y deudos se den
la norabuena.
TODAS
Obedientes,
ya aquí las flechas están.
Toma él las flechas juntas y cada una tiene la suya.
GLAUCA
Luego que es malo dirán
el no ser ninfas las gentes.
INGA
Nombra ya el que ha de llegar.
SACERDOTE
Hallándote tú aquí, no
es bien que le nombre yo;
tú, señor, le has de nombrar.
INGA
Yupanguí.
YUPANGUÍ
Señor.
INGA
A ti,
pues el más noble ha de ser,
te nombro.
YUPANGUÍ
El obedecer
es fuerza.
SACERDOTE
Y fuerza que aquí
los ojos te vende.
YUPANGUÍ
Bien
se pudo excusar, pues llego,
aunque no los venden, ciego.
Véndanle los ojos, llega y toma la flecha de GUACOLDA.
¿Quién, cielos, creyera, quién,
que donde Guacolda está,
estimara no ser ella
la que eligiese mi estrella?
SACERDOTE
Llega hacia esta parte.
YUPANGUÍ
Y
con todas las flechas di.
SACERDOTE
Una has de tomar no más.
Ya descubrirte podrás.
YUPANGUÍ
¿A quién he elegido?
GUACOLDA
A mí.
YUPANGUÍ
¡Grave pena!
GUACOLDA
¡Dolor fuerte!
Retíranse los dos a las dos esquinas del tablado.
INGA
Pues no es justo que me vea,
aunque feliz muerte sea,
nadie condenado a muerte.
No sin lástima me ausento,
hermosa beldad, de ti.
No es sino excusar que aquí
reviente mi sentimiento.
Vase.
SACERDOTE
¡Dichosa tú, que crisol
hoy de nuestra fe serás!
Vase.
LAS CUATRO
¡Venturosa tú, que vas
a ser esposa del Sol!
Vanse.
GLAUCA
Buen parabién, pero dél
no gusta. Mas ¿cómo estoy
tan fiera, que a hacer no voy
que lloro por Tucapel?
Vase.
YUPANGUÍ
Dos culpas, Guacolda bella,
resultan hoy contra mí,
que con vista te elegí,
y que te elegí sin ella:
pero ni desta ni aquella
feliz e infeliz mi suerte
se ha de disculpar, si advierte
que una fue para adorarte,
otra para sublimarte,
y entrambas para perderte.
GUACOLDA
De una y otra, ¡ay de mí!, fuera
cualquiera disculpa error,
y voy, dejando al amor
en aquella edad primera,
a que no sé si sintiera
más que eligieras tú, y no
fuera la elegida yo;
y así que errases te niego
ciego, que no estuvo ciego
quien lo que hubo de ver vio.
YUPANGUÍ
Ahora es mayor mi aflicción
viendo que en mi ceguedad
resignes tu voluntad.
GUACOLDA
Quizá no es resignación.
YUPANGUÍ
¿Pues qué?
GUACOLDA
Desesperación
de que mi padre su esquiva
enemistad vengue altiva
en los dos, pues porque fuiste
tú quien a Guáscar seguiste,
cuando él siguió a Atabaliba,
por no darme a ti, forzada
me trajo al templo, y no sé
si conformarme podré
a morir sacrificada.
Pues cuando no hubiera nada
de aquel violento rigor
ni deste infelice amor,
ni cuanto da que temer
pasar del ser al no ser,
tuviera el mismo dolor
por no sé qué natural
luz que repugna infinito
a que en mí no haya delito,
y haya en un dios celestial
sed de humana sangre tal
que obligue fiero y crüel,
sin odio de fe, a que un fiel
mate otro fiel. ¿Es ley, di,
que un dios no muera por mí,
y que yo muera por él?
YUPANGUÍ
No sé, mas sé que admirada
mi razón con tu razón,
me ha puesto en tal confusión
que..., mas no te digo nada,
sino solo que si entrada
pudiera hallar para que,
sin argüir en la fe
del Sol, antes que rendida
tu vida, viera su vida...
GUACOLDA
No, no prosigas, que aunque
tiene a la laguna puerta
este templo, y ella tiene
balsas en que a tiempo viene
bastimento, y puedo, abierta
de noche, irme a una desierta
isla a ocultarme oportuna,
temiendo al Sol tu fortuna,
en vano mi dolor cay
en que hay noche, hay templo, y hay
puerta, balsa, isla y laguna.
Vase.
YUPANGUÍ
¿Qué más claro ha de decir
su abandonado despecho
que fue cómplice mi amor
del estado en que la ha puesto
su suerte? ¿Ni qué más claro
me pudo su sentimiento,
para que salve su vida,
facilitarme los medios?
Mas ¿cómo podré, ¡ay de mí!,
arrojarme a atrevimiento
tan grave, como quitarle
al Sol tal víctima? Pero
¿qué dudo ni qué reparo?
Que si no hubiera preceptos
que romper, no hubiera culpas
y quedaran sin aprecio
finezas de amor, que dellas
alimentan sus afectos.
Iré donde, si ella sale
a ver si temo o no temo
al Sol, vea que...
Sale el INGA.
INGA
Yupanguí.
YUPANGUÍ
Señor.
INGA
A buscarte vuelvo
con una pena, que solo
la fiara de ti.
YUPANGUÍ
¿En qué puedo
servirte? Que ya tú sabes
mi amor, mi lealtad y celo.
INGA
De uno y otro asegurado,
sabrás que desde aquel mesmo
instante que vi la rara
hermosura sin ejemplo
de aquella sacerdotisa,
que entre el asombro y el miedo,
por vencer con menos armas,
venció sin color ni asiento,
ni vivo ni sé de mí;
y más después que añadiendo
fuerza a fuerza, rayo a rayo,
llama a llama, incendio a incendio,
la lástima de su suerte
aumentó el dolor. No quiero
tenerme en cuán poderosos
son dos contrarios afectos
que para embestir aúnan
lástima y cariño a un tiempo;
porque no muriera, diera
la vida. No, no suspenso,
no turbado, no confuso
me escuches, como diciendo
entre ti; que ¿cómo al Sol,
a quien tantas glorias debo,
me atrevo contra su oculto
ni aun a imaginarlo? Pero
antes que tú lo pronuncies,
saldrá mi voz al encuentro
con decirte que a un amor
que no tiene más remedio
que morir de ver morir,
no dudo dore sus yerros
a rayos del mismo Sol;
mayormente cuando puedo
desenojarle con otras
dádivas: y remitiendo
a que, sea lo que fuere,
o su perdón o su ceño,
ella ha de vivir, y tú
has de ser el instrumento.
Los cuatro legales días
en que sus padres y deudos
la celebran, engañando
el dolor con el obsequio,
te doy de plazo a que pienses
cómo ha de ser, y a tu ingenio,
de la noche, la laguna,
balsas y puertas del templo,
se valga, o ya tu valor,
a todo trance resuelto,
de disfraces para el robo
u de armas para el estruendo.
Tú, en fin, me la has de poner
en salvo, y después el tiempo
en desagravios del Sol
nos dirá.
IDOLATRÍA
Dentro.
Guáscar.
INGA
El viento
mi nombre pronuncia: gente
será que en mi seguimiento
viene. Para que no vean
que hablamos solos, haciendo
la plática sospechosa,
mientras salirles intento
yo por esta parte al paso,
quédate tú aquí; advirtiendo
que en tu ingenio a tu valor
honor, alma y vida dejo.
Viva esta beldad, y viva
tu rey, o ambos mueran.
Vase.
YUPANGUÍ
¡Cielos!
¿Quién en el mundo se ha visto
embestido tan a un tiempo
de celos, lealtad y amor?
¿Celos dije? Bien por ellos
empecé; que son un mal
tan descortés y grosero,
que en concurso de otros males
siempre se toma el primero
lugar. De celos, ¡ay triste!,
vuelvo a decir, pues que veo
de otro adorada a Guacolda;
de lealtad, pues es sujeto
con quien yo ni declararme
ni satisfacerme puedo;
y de amor, pues cuando estoy,
contra los divinos fueros
que amenazaron su vida,
a restaurarla resuelto,
aun los mesmos medios míos
se vuelven contra mí mesmo,
pues o los consigo, o no.
Si no los consigo, dejo
que muera; y si los consigo,
es para otro: con que en medio
de la argüida cuestión
vengo a estar, de ¿cuál es menos
dolor: morir para mí
o vivir para otro dueño?
En cuya confusión...
IDOLATRÍA
Dentro.
Guáscar,
Guáscar Inga.
INGA
Veloz eco,
ya que me vienes buscando,
¿para qué te vas huyendo?
YUPANGUÍ
Otra vez la voz le llama,
tras cuyo sonido el centro
del monte penetra. Quede
aquí mi dolor suspenso,
supuesto que ni es ni ha sido
para terminado presto,
y vaya a ver qué será,
puesto que todo es misterios
de Copacabana el valle,
voz, que sin dar con el dueño,
a lo más fragoso, más
enmarañado y desierto,
diciendo le lleva...
Vase, y salen INGA y IDOLATRÍA.
INGA
Dime,
pues te sigo y no te encuentro,
siquiera, ¿quién eres?
IDOLATRÍA
Yo.
INGA
Al verte más, lo sé menos:
y así a preguntar quién eres,
aun después de verte, vuelvo.
IDOLATRÍA
Soy la deidad a quien tocan
los cultos del Sol, y vengo
a lidiar por él contigo.
Y pues ha de ser el duelo,
para más vitoria mía,
cara a cara y cuerpo a cuerpo,
¿qué esperas? Llega a mis brazos.
INGA
Si rendido me confieso
yo a tus sombras o tus luces,
¿para qué es la lid?
IDOLATRÍA
¡Qué efecto
tan propio es de los ingratos
darse por vencidos presto!
¿Cómo es posible que quien
debe al Sol tantos imperios,
impida sus sacrificios?
INGA
Como yo se los debo
al Sol. Si él los dio a su hijo,
y yo de su hijo desciendo,
ya no es dádiva la mía,
sino herencia; y fuera desto,
cuando se los deba al Sol,
como a padre, si hoy le ofendo,
¿qué hará en perdonar mañana
tan bien disculpado yerro
como amar una hermosura
que él crió?
IDOLATRÍA
Mas ¿qué piensas?
INGA
Eso
es amenazar, y amor
no teme amenazas.
IDOLATRÍA
[Aparte.]
¡Cielos!,
durar él en su pasión
sin darle pavor mi aspecto,
bien me da a entender que el día
que entra el sagrado madero
de la Cruz en el Perú,
es para que lo sangriento
cese de mis sacrificios.
Mas ¿qué lo extraño, si advierto
que en el Ara de la Cruz
cesó todo lo crüento,
pues desde allí fueron todas
hostias pacíficas? Pero
no, no me dé por vencida,
que aunque revele secreto
que ha tantos años que guardo,
con él le pondré tal miedo,
que no se atreva a impedir
que a vista del Sacro Leño
sean víctimas humanas
triunfos míos.) En efeto,
¿te fundas en que es herencia
y no dádiva, este reino,
y en que es perdonar un padre
fácil?
INGA
Sí.
IDOLATRÍA
Pues porque en eso
no te fíes, ni el Sol fue
tu padre, ni pudo serlo,
ni este imperio sin mí pudo
ser tuyo.
INGA
¿Cómo?
IDOLATRÍA
Oye atento.
Manco-Cápac, rico y noble
cacique fue, a quien el cielo...
Pero, antes que yo a decirlo,
quiero que llegues tú a verlo,
que no he de hacer sospechosa
mi verdad; y así, pretendo
que en su crédito afïance
un portento a otro portento.
¿Qué ves en aquesta gruta?
Ábrese un peñasco y vese GUÁSCAR vestido de pieles, recostado en una peña.
INGA
Un hermoso joven bello
que sobre una peña yace
de toscas pieles cubierto.
IDOLATRÍA
Pues escucha lo que dice.
INGA
Ya a sus razones atiendo.
GUÁSCAR
¿Cuándo, padre, será el día
que de aqueste obscuro centro
me saques a ver la luz?
Si ya bien sabidas tengo
tus liciones; si ya cuanto
me has instruido lo aprendo
tan a satisfación tuya,
que te has admirado, viendo
que el entendimiento tuyo
trasladé a mi entendimiento,
¿qué aguardas para que llegue
a verme en el trono excelso
que me has prometido? Mira
que un bien esperado es menos
todo aquello que le quita
de estimación el deseo;
que aunque la dicha es gran joya,
esperarla es mucho precio.
Ven, pues, ven a que segunda
vez nazca del duro seno
de aquesta roca, si no
quieres que a mis sentimientos
lleguen tarde tus alivios,
llegando mi muerte presto.
Ciérrase la gruta.
INGA
Aunque entiendo sus razones,
el propósito no entiendo.
IDOLATRÍA
¿Qué mucho si ha de decirlo
otro prodigio primero?
Ya has visto el centro del monte
pues pasa de extremo a extremo
y mira ahora la cumbre.
Va saliendo por lo alto del peñasco un sol, y tras él un trono dorado con rayos, y en su araceli GUÁSCAR ricamente vestido con corona y cetro.
¿Qué ves en ella?
INGA
No puedo
decirlo, que me deslumbra
un sol que va amaneciendo
en su horizonte.
IDOLATRÍA
Porfía
a mirarle, que lo mesmo
hacen cuantas gentes ves
concurrir a ese desierto.
INGA
Es verdad, todo poblado
de gentes está, y ya intento
verlo.
IDOLATRÍA
¿Y qué ves?
INGA
Entre varios
tornasoles y reflejos,
que como sin ver al sol
no se ven, ciegan al verlos,
miro que como pedazo
suyo, va otro sol saliendo
en un luciente, un hermoso
trono, en quien, como en espejo,
parece que él mesmo está
retratándose a sí mesmo.
IDOLATRÍA
¿Quién viene en él colocado?
INGA
Si de sus señas me acuerdo,
aquel afligido joven
que vi entre pieles envuelto,
ricamente ataviado
de ropas, corona y cetro,
me parece.
IDOLATRÍA
Oye sus triunfos,
pues oíste sus lamentos.
GUÁSCAR
Generosos peruanos,
cuya fe, piedad y celo
en la adoración del Sol
logra hoy sus merecimientos;
albricias, que ya ha llegado
el felice cumplimiento
de aquellas ya confundidas
noticias que dejó un tiempo
en la primitiva edad
de vuestros padres y abuelos
un Tomé o Tomás sembradas
en todo el Perú, diciendo
que en los brazos de la Aurora
más pura, el Hijo heredero
del gran Dios había venido,
luz de luz, al universo.
Pero aunque dijo que había
venido, habéis de entenderlo
como invisible Criador
de todos los elementos,
hombres, fieras, peces y aves;
pero no en alma y en cuerpo,
como hoy mi padre me envía
a ser el monarca vuestro.
Si me recibís, veréis
que deste monte desciendo
a vivir entre vosotros,
regiros y manteneros
en ley, en paz y en justicia;
y si no, a su trono excelso
con él me volveré, donde
ofendido en mi desprecio,
os amenazan sus rayos,
sus relámpagos y truenos.
VOZ
Dentro.
Desciende, Señor, desciende,
pues te aclamamos, diciendo.
MÚSICA
Sea bien venido en joven tan bello
el hijo del Sol a ser el rey nuestro.
GUÁSCAR
Ya voy a vosotros,
pues que voy oyendo.
MÚSICA y TODOS
Sea bien venido [en joven tan bello
el hijo del Sol a ser el rey nuestro.]
Desaparecen el Sol por lo alto, y por lo bajo el trono.
INGA
Aún nada he entendido.
IDOLATRÍA
Ahora
lo entenderás: oye atento.
Manco-Cápac, rico y noble
cacique, fue a quien el cielo
dotó, entre otras naturales
prendas, de sutil ingenio.
Este, maquinando, el día
que su bella esposa un tierno
infante dio a la luz, cómo
lograría verle dueño
del imperio del Perú,
me consultó su deseo,
como la deidad a quien toca
(ya te lo dije primero)
la adoración del Sol. Yo,
hallando el camino abierto
para que creciese el culto
con el agradecimiento,
le dije que, publicando
que el infante se había muerto,
con secreto le crïase;
y ello hizo con tal secreto,
que aun la nutriz que encerró
con él, yace muerta ahí dentro.
Mientras el joven crecía,
también le di por consejo
que publicase que el Sol
le había revelado en sueños
que presto enviaría a su hijo
a dominar sus imperios;
y como esta voz corría
sobre aquellos fundamentos,
que, arruinados del olvido,
los fabricaba el acuerdo,
equivocando verdades
a sombra de fingimientos,
andaba el vulgo ni bien
dudando ni bien creyendo,
hasta que a determinado
día convocó los pueblos,
para que ocurriesen todos
a recibirle; y habiendo
con mi arte, con su industria,
como has visto, en lo supremo
del monte fingido rayos,
pudo hacer que sus reflejos,
desmintiendo lo distante,
acreditasen lo excelso.
De suerte que deste engaño
desciendes, y aunque en quinientos
años de la inmemorial
posesión, ya es tuyo el reino,
pues no hay ninguno que no
se introdujese violento;
con todo eso, el día que impidas,
o otro por ti, los decretos
que en nombre del Sol dispone a
sus oráculos, es cierto
que no habiendo conseguido
yo el que vayas en aumento,
me he de vengar; y así, teme
mis sañas, pues ves que puedo
en desagravios de Sol
desvanecer tus trofeos,
pompa y majestad, bien como
ves que yo me desvanezco.
Desaparécese.
INGA
Oye, aguarda, escucha, espera.
TODOS
Allí se oye, llegad presto.
INGA
¿Qué es lo que por mí ha pasado?
TODOS
¿Qué es esto, señor, qué es esto?
INGA
No sé, no sé. Cinco siglos
he vivido en un momento,
retrocediendo los años,
y lo que he sacado dellos,
es que el Sol por mí no pierda
sus cultos; y así, el precepto
que te di, Yupanguí, no,
no le excuses, ni por pienso.
Muera esa beldad y viva
tu rey.
Vase.
YUPANGUÍ
¿Quién creerá que al tiempo
que siento el mandar que viva,
el mandar que muera siento?
Pero nada me acobarde.
En que viva me resuelvo,
y enójese o no se enoje
el Sol, pues es tan severo
dios que en su culto nos manda,
contra el natural derecho,
que mueran otros por él
no habiendo él por otros muerto.
Dentro cajas y trompetas.
UNOS
Dentro.
¡Arma, arma!
OTROS
¡Guerra, guerra!
UNOS
Caciques, a la muralla.
OTROS
A la muralla, españoles.
UNOS
¡Guerra, guerra!
OTROS
¡Al arma, al arma!
Sale TUCAPEL huyendo.
TUCAPEL
Si no hubiera un coronista
que huyera de las batallas,
no hubiera cómo saberlas,
no habiendo cómo contarlas;
y pues es este el papel
que me toca, mientras andan
allá como suelen, yo
escondido entre estas ramas
también, como suelo, tengo
de estar a ver en qué para
el trance de hoy, que hasta ahora
solo dicen voces altas...
UNOS
¡Arma, arma!
Las cajas.
OTROS
¡Guerra, guerra!
UNOS
¡Viva el Perú!
OTROS
¡Viva España!
TUCAPEL
¡Oh, si el señor Sol quisiera
que sus paisanos lograran
la vitoria, y yo el deseo
de poder irme a mi casa!
No tanto porque en la propia
ningún marido descansa,
cuanto por hacerme el gusto
de hacer el disgusto a Glauca;
pues desde que el español,
cautivándome en mi patria,
conmigo, sin saber cómo,
dio en unas tierras extrañas,
donde su lenguaje y mío
hicieron tal mescolanza
que ya ni es mío ni es suyo,
bien que hasta entendernos basta,
y desde que, pertrechados
de gentes, bajeles y armas,
volvieron él y los suyos
a navegar estas playas,
de donde tomando tierra
han talado las campañas
que hay desde el Callao al Cuzco,
cuya gran corte hoy asaltan,
Dentro las cajas.
nunca me han dado lugar
de escaparme, por dos causas:
una, servirles de guía
para ir salvando sus marchas
de pantanos y lagunas;
y otra, que a decir no vaya
cuán faltos de municiones
y de víveres se hallan.
Y así, por ambos pretextos
con tal cuidado me guardan,
que al que desmandarme viere,
que me dé la muerte mandan;
con que me es fuerza esperar
día en que huyendo les hagan
volverse al mar. Mas no creo
Dentro las cajas.
que hoy sea el de esta esperanza,
pues entre las confusiones
que solo repiten varias...
TODOS
¡Arma, arma, guerra, guerra!
TUCAPEL
Lo que desde aquí se alcanza
es que, aunque las eminencias
de la ciudad coronadas
de indios están, no por eso
los españoles desmayan,
por más que de sus almenas
no solamente disparan
diluvios de flechas, pero
de los peñascos que arrancan,
despedazados los montes,
rodando sobre ellos bajan.
Alguno lo diga, pues
cae de la escala más alta,
diciendo:
Dentro mucho ruido y cajas, y sale PIZARRO cayendo con espada y rodela.
PIZARRO
¡Virgen María!
Vuestra gran piedad me valga.
ALMAGRO
Acudid a retirarle,
no consigan la alabanza
estos bárbaros, de que
ni aun muerto pudo su saña
triunfar dél.
Salen los dos y SOLDADOS, y él se levanta muy en sí.
LOS DOS
¡Pizarro!
PIZARRO
¡Amigos!
LOS DOS
¿Qué desdicha es esta?
PIZARRO
Nada.
TUCAPEL
Pues no enterréis al mozo, Luis Quijada.
Esta fue una bagatela,
volvamos a la importancia.
CANDÍA
¿Cómo es posible que el golpe
de la peña y la distancia
del precipicio te deje
con la vida?
PIZARRO
¿Qué os espanta,
si quien invoca a María
aun de más riesgos se valga,
mostrando su piedad (puesto
que en el Perú nos ampara,
repitiendo los favores
que nos hizo en Nueva España)
cuánto de aquestas conquistas
se da por servida, a causa
de que mejor sol se adore
en brazos de mejor alba?
Y pues conserva mi vida
para que vuelva a emplearla
en su servicio; ea, amigos,
volvamos a las escalas,
que hoy en la corte del Cuzco
hemos de entrar, si esa valla
primera rompemos, antes
que a socorrerla mañana,
según dicen las espías,
en persona llegue el Guáscar
con inmensas gentes.
ALMAGRO
¿Quién
lo duda, si en esperanza
de propagación de fe
y honor de María, se ensalzan
la invocación de su nombre
en ti, y en Pedro de Candía
la exaltación de la Cruz,
pues vemos que en las montañas
como a árbol prodigioso
que vence fieras, la exaltan
ya infinitos indios?
PIZARRO
Pues
con estas dos confïanzas,
¿qué hay que temer? Ea, españoles,
al arma otra vez.
Vanse los tres, y tocan las cajas.
[UNOS]
Dentro.
¡Al arma
otra vez, fuertes caciques!
UNOS
¡Viva el Perú!
OTROS
¡Viva España!
TODOS
¡Arma, arma, guerra, guerra!
TUCAPEL
Pues nunca en estas andanzas
están bien los coronistas
donde las flechas alcanzan.
¿Qué haré yo de mí, y más viendo
que embisten con furia tanta
que habré de llorar mi ruina
si ellos su vitoria cantan?
Pues en venciendo me quedo
en mi patria sin mi patria,
y si quiero irme, a peligro
es de la vida. ¡Oh, mal haya
aquella sacerdotisa,
pues por volver a buscarla
con Yupanguí, a mí me toca
todo el daño! Y pues de nada
ella se duele, ¡oh, si hallase
de cuantos demonios hablan
en nuestros ídolos, uno
que a costa de vida y alma
me diga lo que he de hacer!
Sale la IDOLATRÍA.
IDOLATRÍA
Sí habrá, pues que tú le llamas,
que esa es la razón con que
Dios la cadena te alarga.
Vente, Tucapel, conmigo,
que yo te pondré en tu casa.
Aparte.
Por lo que en ella me importas
para que vuelva a sus aras
la hurtada víctima al Sol.
TUCAPEL
¿Quién eres tú que me agarras
sin que te vea?
IDOLATRÍA
Quien puede,
abreviando las distancias
que hay desde el Cuzco a tu tierra,
valle de Copacabana,
llevarte sin que te vean
las más vigilantes guardas,
solo a precio de que tú
por mí en el camino hagas
primero la diligencia
que te dictaren mis ansias.
TUCAPEL
Si tienes tanto poder,
¿cómo no la haces tú, y tratas
de que un hombre la haga?
IDOLATRÍA
Como
no puedo yo cara a cara
oponerme a quien me opongo,
y así, es fuerza que me valga
del hombre. Que él poseído
de mí, dándome él la entrada,
basta a cometer delitos,
a que el demonio no basta.
TUCAPEL
¿Y cómo ha de ser el irme?
IDOLATRÍA
Prestándote yo mis alas.
TUCAPEL
¿De qué suerte?
IDOLATRÍA
Desta suerte.
En un pescante desaparece TUCAPEL.
Ministros en quien entabla
su imperio la Idolatría,
dad al viento mi esperanza.
TUCAPEL
¿Pues soy tu esperanza yo?
IDOLATRÍA
Eres quien ha de lograrla,
pues revestido en ti el fiero
espíritu de mi rabia,
tuyas han de ser las voces,
pero mías las palabras,
cuando diciendo su afecto
el trance desta batalla,
digan el suyo mis iras;
y hasta entonces en dos varias
partes suene el eco, aquí
diciendo unos...
Las cajas a rebato.
[UNOS]
Dentro.
¡Arma, arma!
IDOLATRÍA
Y allí repitiendo otros...
Otra caja a lo lejos a marchar.
OTROS
Alto, y pase la palabra.
IDOLATRÍA
Con que a un mismo tiempo yo,
entre horrores y venganzas,
entre escándalos y estruendos,
diré influyendo en entrambas...
TODOS
¡Arma, arma, guerra, guerra!
OTROS
Alto, y pase la palabra.
Con esta repetición, sonando a una parte el rebato y en otra la marcha, sale INGA con los INDIOS que pueda, armados a su modo y el SACERDOTE.
INGA
Supuesto que ya la noche
cubierta de sombras pardas
nos va retirando el día,
de aqueste monte en la falda
podrá restaurar la gente
las fatigas de la marcha,
para que con nuevo aliento
al amanecer mañana
demos vista a la ciudad,
llamando a campal batalla
a sus sitiadores, ya
que el socorrerla y librarla
a que yo en persona venga
me obliga.
Sale YUPANGUÍ.
YUPANGUÍ
Dame tus plantas.
INGA
¡Oh Yupanguí, bien venido
seas!
YUPANGUÍ
Quien llega a besarlas
fuerza es serlo.
INGA
¿Qué responde
Atabaliba?
YUPANGUÍ
La fama
le tenía ya informado
desta prodigiosa entrada
que han hecho los españoles,
y antes de oír tu embajada
dijo que él mismo vendría
a darte auxiliares armas.
INGA
¡Con qué vergüenza lo escucho,
ofendido de que hayan
cuatro desnudos, descalzos
y hambrientos hombres, en tanta
confusión puesto mis gentes,
que sea fuerza que me valga
de mi hermano y mi enemigo,
solo en fe de la ventaja
que artificiales sus rayos
llevan a nuestras aljabas!
En llegando a ponderar
que en una y otra campaña,
si se contara la gente,
más de mil indios se hallaran
para cada español, pierdo
el juicio, la vida, el alma,
y no sé... Dejadme solo,
idos todos, que se arranca
el corazón, y no quiero
que nadie me vea en la cara
el semblante de la ira
sin ver el de la venganza.
YUPANGUÍ
¿Qué extraño furor es este
que su sentido arrebata?
SACERDOTE
No sé más de que estos días
le aflige.
Vanse los SOLDADOS.
INGA
Tú no te vayas,
Yupanguí.
YUPANGUÍ
Siempre yo estoy
atento a ver qué mandas.
INGA
Oye, pues solo contigo
pueden descansar mis ansias.
Desde el día, ¡ay infelice!,
que te mandé que libraras
aquella sacerdotisa,
todo es para mí desgracias,
sin que el mandarte después
que en su suerte la dejaras,
baste a que el Sol me remita
de aquella primera instancia
la culpa, pues en castigo
trae contra mí tan extrañas
gentes, como si el faltar
después fuese por mi causa.
YUPANGUÍ
Ya que el querer impedir
un sacrificio le agravia,
¿por qué no mandas que otro
igual a aquel satisfaga
sus sentimientos?
INGA
Porque
cuando lo intento, declaran
los sacerdotes del Sol
que sus sacros ritos mandan
que en echándose una vez
la suerte, porque no haya
favor o pasión que excuse
aquella sobre quien caiga,
no pueda hasta que ella mesma
sea la sacrificada,
echarse otra suerte. Y esto
dejado a sus observancias,
¿cómo pudo una mujer
intentar fuga tan ardua?
YUPANGUÍ
Si es fácil amar, señor,
dos a una hermosura rara,
y fácil dar un mismo
pensamiento dos que aman,
¿qué admiras que otro intentase
lo mismo, y que...?
INGA
Calla, calla;
que son mucho mal los celos,
para que el desdén les hagas
de acuadrillarlos con otros,
cuando ellos a matar bastan...
Mas no a mí, que en mí no hay celos.
YUPANGUÍ
¿Por qué?
INGA
Por la confïanza
de que aquí no hubo segundo
amante.
YUPANGUÍ
¿De qué lo sacas?
INGA
Si soberana deidad
tanto mi vida amenaza,
que no menos que de siglos
[alimentó mi mudanza,
¿cómo había de dejar,
siendo deidad soberana,
sin temor a otro?
YUPANGUÍ
Bien dices.
Aparte.
Quédese con su ignorancia;
que a mí me está bien que nunca
en que hubo otro amante caiga.)
Es sin duda que ella, o mal
conforme o desesperada,
del templo se huyó.
INGA
El asombro
no es ese, sino que haya
ocultádose de suerte
que diligencias tan varias
no la hayan hallado. ¿Cuál
será el centro que la guarda?
YUPANGUÍ
Eso es lo que yo no puedo
decir.
[Aparte.]
¡Ay Guacolda amada!
¡Y cómo que es verdad!, pues
no puede decir quien te ama
ni el villaje que te esconde,
ni el traje que te disfraza.
INGA
Supuesto que en que parezca
estriban las esperanzas
de que el Sol se desenoje
para que venzan mis armas,
ya que todos por vencidos
se dan de que no la hallan,
haz tú por mí la fineza
de ser quien ponga en buscarla
desde hoy nuevos medios.
YUPANGUÍ
Yo
te doy, señor, la palabra,
en habiéndote asistido
en la facción de mañana
(que no es bien desparecerme
víspera de una batalla),
de ir a buscarla con tal
deseo, cuidado y ansia,
que ni descanse ni duerma,
ni sosiegue hasta encontrarla.
Y así, si me echares menos,
no preguntes por mí, a causa
de que en busca de Guacolda
estoy.
INGA
Otra vez me abraza;
que bien de ti esa fineza
fío.
YUPANGUÍ
Creo que he de hallarla,
aunque sus recatos digan...
INDIOS
Dentro.
Sepúltennos las entrañas
de los montes, pues nos echa
de las suyas nuestra patria.
INGA
¿Qué confusas voces son
las que parece que hablan
en nombre suyo? Pues dicen...
INDIOS
Dentro.
Sean tumbas las montañas,
que antes nos entierren vivos
que esclavos.
INGA
¡Ah de la guardia!
¿Qué voces aquestas son?
Salen el SACERDOTE e INDIOS.
SACERDOTE
De tropas que desmandadas
con sus mujeres e hijos
y ancianos, en mil escuadras
huyendo a ampararse vienen
de los montes.
INGA
Pues ¿qué causa
puede obligarles a tanto
desorden?
Sale TUCAPEL.
TUCAPEL
Oye y sabrasla.
INGA
Sin duda traes malas nuevas
pues a todos te adelantas.
¿Quién eres?
TUCAPEL
El indio soy
que cautivó en esa playa
aquel primer español
que en ella puso las plantas;
con él fui, y volví con él,
sin poderme librar hasta
que la confusión de hoy
me ha dado la puerta franca:
pues habiendo la ciudad
entrado a fuerzas de armas
los españoles, en tanto
que hidrópicamente apagan
en su saco las dos sedes
de riquezas y vïandas,
en tanto que por salvar
las vidas, la desamparan
sus naturales, dejando
bienes, familias y casas,
sin poner en más la mira
que en el celo con que sacan
los ídolos de los templos,
a fin de que sus estatuas
sin ultraje se retiren
en la custodia y la guarda
del mayor adoratorio
del Sol, que es Copacabana;
en fin, en la confusión
de hoy, logrando mi esperanza
vengo sin que lo veloz
sea en fe de traer las malas
nuevas, que quizás podrá
hacer buenas una traza,
conque pérdida tan grande
se trueque en mayor ganancia.
Los más principales cabos
de esa española canalla
con los más soldados suyos
se alojan en ese alcázar
de los Ingas; este tiene
al reparo de las aguas
que suelen de la ciudad
inundar calles y plazas,
entre otras muchas surtidas
una mina que desagua
cerca de aquí, cuya boca
es preciso que ignorada
de hombres tan recién venidos,
esté a estas horas sin guardas;
y si por ella eligiendo
el cabo de mayor fama,
hicieses que con la gente
también de más importancia,
la mina entrase llevando
seca fajina a la espalda
y oculto fuego, no dudes
que si por el pie la llama
prende una vez, vuele todo,
pues su arquitectura rara
toda es preciosas maderas;
y más si a este tiempo mandas
que se inficionen las flechas,
en vez de nocivas plantas,
de embreadas cuerdas que
entre piedra y pluma, al asta
pendientes, el aire corten,
y medida la distancia
por elevación, hicieses
darlas fuego al dispararlas;
siendo como son los techos
solamente de enea y paja,
será fuerza que volando
en cada saeta una ascua,
sean también rayos nuevos
adondequiera que caigan.
Y, pues a darte este aviso
y este arbitrio me adelanta
quizá alto espíritu que
la voz mueve, el pecho inflama,
no lo desdeñes, creyendo
que no te habla quien habla,
pues aunque son mías las voces,
no son mías las palabras.
Vase.
INGA
Oye, espera. Detenedle.
SACERDOTE
Si aun el viento no le alcanza,
no es posible.
INGA
Yupanguí,
bien este aviso declara,
pues por sendas nos le envía
tan nuevas y tan extrañas,
que ya el Sol se desenoja.
Y pues empresa tan alta
parece que para ti
la tuvo el cielo guardada,
pues esperó a que vinieses
para haber de ejecutarla,
de toda esa gente escoge
la de mayor confïanza,
y a ejecutar la sorpresa
parte; que en tu retaguardia
porque en todo trance tengas
segura la retirada,
con todo el grueso iré yo
guardándote las espaldas.
YUPANGUÍ
Por tanto honor tus pies beso,
que en la guerra cosa es clara
que no sirve el que obedece
tanto como honra el que manda.
A obedecerte voy.
Aparte.
Bien
que con temor de que vaya
Tucapel donde Guacolda
está en la choza de Glauca.
¡Oh, quiera amor que sin verla
se oculte!
Vase.
INGA
Sin tocar arma
marche el ejército en mudo
silencio. No, deidad sacra,
pues no proseguí en mi afecto
prosigas en tu venganza;
que cuando me desengañen
ilusiones y fantasmas
no ser mi natural padre,
al fin no me desengañan
no ser mi natural dios;
y de un dios ser hijo basta
adoptivo, para ser
del mundo el mayor monarca.
Marche el campo en tal silencio
que aun a sordina bastarda
no dé el orden.
Vanse.
[Sala en un palacio del Cuzco.]
Salen PIZARRO, ALMAGRO, CANDÍA y SOLDADOS.
ALMAGRO
Pues ya quedan
las centinelas dobladas,
bien puedes, lo que a la noche
resta, dormir.
PIZARRO
Vigilancias
de un heroico pecho, mientras
menos duermen, más descansan.
No solo al sueño he de dar
el tributo de esta humana
propensión, pero escribiendo
lo que de la noche falta
he de estar, porque es forzoso
que de tan gloriosa hazaña
como hoy hemos conseguido
lleguen las nuevas a España,
y sepan dos majestades,
Carlos que en Yuste descansa,
y Felipe, que en su nombre
reina, que es ya bien que añadan
a los coronados timbres
de sus católicas armas
las columnas del Perú,
que fijas sobre las aguas,
como el al
las de Hércules aventajan.
CANDÍA
En tanto que desvelado
tú en eso la noche pasas,
Almagro y yo rondaremos
con divididas escuadras
el palacio.
ALMAGRO
Y no será
fineza; que su dorada
riqueza y sumas grandezas
aun más deleitan que cansan.
Vase cada uno por su puerta.
PIZARRO
[Llamando.]
Traedme aquí la escribanía
y el bufete. Esté la carta
escrita, porque con ella
Fernando, mi hermano, parta
al punto que...
VOCES
Dentro.
¡Fuego, fuego!
PIZARRO
Mas ¿quién en confusión tanta
ciudad y palacio pone?
Iré a ver de qué se causa.
Sale CANDÍA.
CANDÍA
¿De qué ha de causarse, si es
un volcán todo el alcázar,
que del centro de la tierra
humo aborta y fuego exhala?
De sus bóvedas empieza,
y es que, sin duda, minadas
los bárbaros las tenían.
PIZARRO
Acudamos a atajarlas.
CANDÍA
Por aquí será imposible,
porque el incendio tomadas
tiene esas puertas.
PIZARRO
Pues vamos
por estotra parte.
Sale ALMAGRO.
ALMAGRO
Aguarda;
que no solo...
VOCES
[Dentro.]
¡Fuego, fuego!
ALMAGRO
...la salida el fuego ataja,
pero de un incendio en otro
irás a dar cuando salgas.
Encendidas flechas tanto
del aire la esfera abrasan,
que vagas exhalaciones,
puntas haciendo en su estancia,
neblíes de fuego suben
y sacres de fuego bajan
a hacer la presa.
CANDÍA
Perdidos
somos, pues no hay quien nos valga,
cuando en toda la ciudad
común el incendio clama...
UNOS
[Dentro.]
¡Que me abraso!
OTROS
[Dentro.]
¡Que me quemo!
UNOS
[Dentro.]
¡Virgen pura...
OTROS
[Dentro.]
Madre intacta...
UNOS
[Dentro.]
Inmaculada María...
OTROS
[Dentro.]
María llena de gracia!
TODOS
[Dentro.]
¡Favor, piedad!
PIZARRO
¡Oh españoles!
¡Qué bien vuestra fe declara
que ella es sola en las tormentas
cabo de Buena Esperanza!
A morir iré con todos,
porque con todos añadan
mis voces la aclamación.
CANDÍA
Ya que la muerte nos halla,
sea con su dulce nombre
en los labios.
Yéndose.
LOS TRES y OTROS
Dentro.
Madre intacta,
Inmaculada María,
¡favor, piedad!
Vanse.
[Vista exterior del Cuzco.]
Salen el INGA, YUPANGUÍ, [el SACERDOTE] y todos los INDIOS.
INGA
Pues lograda
tan felizmente la acción
dejas, para que no haya
tan generosa osadía,
que española salamandra
se atreve a salir del fuego,
toda la ciudad sitiada
tened, y dé en nuestras flechas
quien saliere de sus llamas.
YUPANGUÍ
¿Quién ha de salir, no habiendo
átomo que no sea brasa,
y ya los gemidos suenan
en voces tan desmayadas,
que apenas se oyen o escuchan?
Dentro a lo lejos, bajas todas estas voces.
PIZARRO
[Dentro.]
Hija elegida sin mancha,
del Padre...
CANDÍA
[Dentro.]
Madre del Hijo,
doncella y fecunda...
ALMAGRO
[Dentro.]
Casta
Virgen, esposa de Santo
Espíritu...
PIZARRO
[Dentro.]
Tú nos salva.
CANDÍA
[Dentro.]
Tú nos favorece.
ESPAÑOLES
[Dentro.]
nos socorre y nos ampara.
INGA
¿Quién será esta a quien invocan?
YUPANGUÍ
Quien no les responde.
INGA
Calla,
y volvamos a escuchar,
pues tan bien suenan sus ansias.
La MÚSICA en lo alto.
MÚSICA
El que pone en María las esperanzas,
de mayores incendios no solo salva
rïesgos de la vida, pero del alma.
YUPANGUÍ
¿Qué es esto? Tristes lamentos
de un instante en otro pasan
a ser dulces armonías
de sonoras voces blandas.]
Tocan las chirimías, y baja de la alto, donde estará la música, una nube hecha trono, pintado de serafínes, y en ella dos ángeles, que traen la imagen de Nuestra Señora de Copacabana, con el Niño en las manos. Y al tiempo que empieza a descubrirse, y todo lo que dura el paso, hasta desaparecerse, estará nevando la nube, y todo lo alto del tablado.
INGA
No es eso, no es eso solo
lo que admira y lo que pasma,
pues del oído a la vista
el prodigio se adelanta.
¿No ves, no ves que los cielos
sus azules velos rasgan,
y dellos luciente nube
sobre todo el fuego baja
lloviendo copos de nieve
y rocío, con que apaga
su actividad?
YUPANGUÍ
Y aún más veo,
pues veo que la nube, basa
(guarnecida a listas de oro
y tornasoles de nácar)
es de una hermosa mujer,
que de estrellas coronada
trae el sol sobre sus hombros,
y trae la luna a sus plantas;
hermoso niño en sus brazos
trae también. ¿Quién vio que nazca
mejor sol a media noche,
a quien con voces más claras
hijo de mejor aurora
mejores pájaros cantan?
MÚSICA
El que pone en María las esperanzas,
de mayores incendios no solo salva
riesgos de la vida, pero del alma.
INGA
Verla intento, pero apenas
a ella los ojos levanta
la vista, cuando un rocío
me ciega.
SACERDOTE
A todos nos pasa
lo mismo, que un suave polvo
de menuda arena blanda
ciegos nos deja.
UNOS
¡Qué asombro!
OTRA
¡Qué maravilla!
Tropiezan todos como ciegos.
INGA
¡Qué magia
diréis mejor! Y pues no
hay contra ella fuerza humana,
acudid a la divina.
SACERDOTE
Pues todas nuestras estatuas
ya en Copacabana están,
todos a Copacabana
vamos a pedir en todas
clemencia.
INGA
Fuerza es buscarla
contra quien apaga un fuego,
y con otro nos abrasa.
Vanse.
YUPANGUÍ
Con todos huiré; mas no
por el temor que me causa,
sino porque en mí conozco
que no merezco mirarla.
Pero aunque ya no la mire,
tan fija llevo su estampa
en mi idea, que ha de ser
vivo carácter del alma.
Vase.
Ahora va pasando, y salen los ESPAÑOLES oyendo como elevados las voces.
ÁNGEL 1.º
Católicos españoles,
ya María el fuego aplaca,
porque perdió su violencia
en ella desde la zarza.
ÁNGEL 2.º
Vivid, venced, pues ya
es tiempo que a estas montañas
amanezca mejor sol
en brazos de mejor alba.
LOS DOS
Y América sepa
con la fe de España.
MÚSICA
Que el que pone en María las esperanzas,
de mayores incendios no solo salva
riesgos de la vida, pero del alma.
Desaparece.
PIZARRO
Pues tan milagrosamente
vemos que el fuego se apaga,
debiendo a la invocación
de María dicha tanta;
en nombre suyo, pues va
de su vista huyendo Guáscar,
sigamos su alcance, y diga
el hacimiento de gracias;
si María es con nosotros,
¿quién contra nosotros basta?
TODOS
¡Arma, arma, guerra, guerra!
UNOS
Vea América.
OTROS
Y vea España.
MÚSICA y TODOS
Que el que pone en María las esperanzas,
de mayores incendios no solo salva
riesgos de la vida, pero del alma.
TODOS
¡Guerra, guerra, arma, arma!
Con esta repetición han de sonar a un tiempo las cajas y trompetas, la MÚSICA y la representación y sale la IDOLATRÍA como oyendo a lo lejos, y repitiendo con todos las voces.
IDOLATRÍA
¿Que el que pone en María las esperanzas
de mayores incendios no solo salva
riesgos de la vida, pero del alma?
Bien se deja conocer,
pues cuando pensé que había
logrado la industria mía
en ver la ciudad arder,
no solo para acabar
con los españoles fue,
mas para aumentar su fe
y destruir y turbar
la de los indios, pues ciegos,
en ellos crece el temor
y en los otros el valor,
viendo aceptados sus ruegos;
con que ya mi monarquía
se va estrechando tirana,
pues solo hoy Copacabana
corte es de la Idolatría.
En ella me han retirado
con mis ídolos; mas no
por eso he de darme yo
por vencida, que obstinado
mi espíritu, que no ha sido
capaz nunca de enmendarse,
vencido puede mirarse,
mas no darse por vencido.
A cuyo efecto, pues cuantas
estatuas culto me dan
ya en Copacabana están,
en ellas influirán tantas
sañas, iras y venganzas
mis respuestas, que me atrevo
a hacer que vuelvan de nuevo
a vivir mis esperanzas.
Y así, siguiendo el intento
de que una amante pasión
no quite a mi adoración
lo horroroso y lo sangriento
de mis sacrificios, hoy
el Guáscar ha de saber
de Guacolda, para hacer
si al Sol este obsequio doy,
mayor la vitoria mía;
que si fue odio de la Cruz,
ya lo es della y de la luz
que trajo tras sí María.
Salen GUACOLDA y GLAUCA, como hablando entre sí.
Esté Guacolda segura
en el oculto villaje
que la veo, y fío el traje
rústico y vil la ventura
de verse libre de mí;
que aunque la desdicha no
ha menester medios, yo
sabré hacer que la halle allí.
Vase.
GLAUCA
Notable melancolía
es la tuya.
GUACOLDA
¿Cómo puedo
perder, Glauca amiga, el miedo
a la triste suerte mía?
GLAUCA
Viendo cuán segura estás,
de villana disfrazada,
y demás de eso encerrada
donde no ha entrado jamás
nadie que a buscarme viene,
y no dejándote ver,
ni pudiendo otro saber
quién eres ni quién te tiene
aquí, sino yo, parece
que es desconfïar de mí.
GUACOLDA
No lo creas, que ya vi
cuánto tu lealtad merece.
Si sé que en casa naciste,
hija de antiguos crïados
de Yupanguí, y que en tus hados
primeros con él creciste.
Si sé que con Tucapel,
criado también, te casó,
y que esta alquería te dio,
para pasarlo con él
si no rica, acomodada;
si sé que el día que hubo
de fiarse de alguien, no tuvo
satisfación más fundada
que en ti por tu obligación,
y porque sola vivías,
pues tan ausente tenías
a tu esposo, ¿qué razón
pudo haber para pensar
que desconfíe de ti?
Y porque creas que aquí
no me aflige ese pesar,
sabe que mi desconsuelo
no es sino que un bien que hubiera
solo para mí en que viera
a Yupanguí, aun ese el cielo
le niega a mi suerte esquiva;
pues apenas me dejó
aquí, cuando le envió
el Guáscar a Atabaliba.
Dél no he sabido, con ser
la ausencia ruina de amor,
aun no es ese mi mayor
cuidado, sino temer
no haya muerto en tanto estruendo,
como noticias nos dan
cuantos desde el Cuzco van
a Copacabana huyendo
por todo aqueste distrito,
donde en fe estoy solamente
de que nadie al delincuente
busca donde hizo el delito.
GLAUCA
De dos extremos no sé
cuál venga a ser el mayor,
tu temor o mi temor.
GUACOLDA
¿Cómo?
GLAUCA
Como en ambas fue
una la pena crüel
y contraria, pues si no
sabes de Yupanguí, yo
tampoco de Tucapel.
Y en tormento tan esquivo,
que el mío es mayor es cierto,
pues tú temes que esté muerto
y yo temo que esté vivo.
GUACOLDA
¿Eso dices?
GLAUCA
Si supieras
tú lo que un marido ha sido
a todas horas marido,
eso y mucho más dijeras.
¡Qué es verle entrar muy hinchado,
diciendo...!
Sale TUCAPEL.
TUCAPEL
Glauca, la mesa,
y trae la comida apriesa,
que aunque no vengo cansado,
porque en diablos de alquiler
es gran cosa caminar;
con todo, ya que el no andar
canse, cansa el no comer.
GLAUCA
¿Qué miro?
GUACOLDA
[Aparte.]
Desdichas mías
que han de descubrirme, pues
posible esconderme no es.
GLAUCA
Al cabo de tantos días,
¿es ese modo de entrar
en tu casa?
TUCAPEL
Dices bien,
abrázame en parabién,
mas no sirva de ejemplar,
que abrazo recién venido
no es abrazo propietario,
sino supernumerario
con gajes de entretenido.
GLAUCA
De cualquier suerte que sea,
agradece mi deseo
el verte vivo.
TUCAPEL
¿Qué veo?
Vuelva a inflamarse mi idea,
hermosa sacerdotisa,
que por más que te disfraces,
no pueden obstar al sol
nubes de villano traje;
ahora veo que eres
la deidad cuyas piedades
(compadecidas de ver
que por volver a buscarte
con Yupanguí a la marina,
ocasionaron mis males)
me han buscado y me han librado
del cautivo vasallaje
en que estaba, y pues a precio
de ejecutar el dictamen
que en mi inspiración tus voces
favor a favor añades;
pues no contenta con que
libre en mi casa me halle,
también la palabra cumples
de que cuando a ella llegase
había de saber quién eras,
ya que lo sé, y sé que sabes
favorecida del Sol
obrar prodigios tan grandes,
permite que a tus pies, ya
que tanta deuda no pague,
la reconozca a lo menos.
GUACOLDA
Hombre, ¿qué dices?, ¿qué haces?
GLAUCA
Él fue simple y vuelve loco.
GUACOLDA
¿Cuándo yo he podido hablarte?
¿Cuándo dictar en tus voces
que nada en mi nombre entables,
ni cuándo darte palabra
de que en tu casa me hallases?
TUCAPEL
No disimules conmigo,
que ya sé que las deidades
hacen el bien y no quieren
blasonar de que le hacen.
Glauca, este hermoso milagro,
que sin querer desdeñarse
de pisar de nuestro albergue
los siempre humildes umbrales,
se desdeña de que cuente
yo sus liberalidades;
es a quien la vida debo.
Llega, pues, llega a postrarte
a sus pies, agradecida
de que a tus ojos me trae.
GLAUCA
Tucapel, no una aprehensión
tanto tu discurso engañe,
que aquesa aldeana es
mi hermana, que a acompañarme
vino en tu ausencia.
TUCAPEL
¡Qué presto,
lisonjeramente afable,
viendo que su gusto es ese,
te pones tú de su parte!
Pero una cosa es que ella
modestamente recate
sus prodigios, y que tú
complacer con ella trates,
y ahora obligarme las dos
a que yo ingrato los calle.
Sepa el mundo sus venturas:
¡moradores destos valles,
vecinos de aquestas selvas!
GUACOLDA
No los nombres.
GLAUCA
No los llames.
TUCAPEL
¿Cómo no? De igual bien todos
han de ser participantes.
Vuestro antiguo compañero
Tucapel os llama; a darle
venid todos de sus dichas
el parabién.
UNO
Dentro.
¿No escuchasteis
sus voces?
TODOS
Sí.
UNO
Pues lleguemos
todos a verle y hablarle.
GUACOLDA
¡Ay de mí! Forzoso es verme.
GLAUCA
Retírate a aquesta parte.
Salen algunos INDIOS.
TODOS
Tucapel, muy bien venido
seas.
TUCAPEL
Que a todos abrace
es mi mejor bienvenida.
UNO
Desde el día que faltaste
de la marina, por muerto
te tuvimos.
TUCAPEL
Dios os guarde
por la merced.
OTRO
¿Es posible
que te vemos?
TUCAPEL
¿Veis cuán tarde
os parezca que he venido?
Pues ha sido por el aire,
gracias a aquesa deidad.
No te escondas, no te apartes,
que es bien que sepan la mucha
piedad que conmigo usaste.
Ella es la que prodigiosa
ha tratado mi rescate:
llegad, llegad, porque todos
la deis gracias de mi parte.
TODOS
Todos a tus pies rendidos
te estimamos que le ampares
y nos le traigas.
GUACOLDA
¿Quién, ¡cielos!,
pudo nunca semejante
acaso prevenir?
GLAUCA
Dimos
con todo el secreto al traste,
si la conocen.
Aparte los villanos.
[INDIO] 1.º
¿No es esta,
si no es que el deseo me engañe,
aquella sacerdotisa
que por no sacrificarse
del templo huyó?
[INDIO] 2.º
Sí, y por quien
tantas diligencias hace
Guáscar, que a quien diga della
ofrece tesoros grandes.
[INDIO] 3.º
Famosa ocasión tenemos
de enriquecer, con contarle
que está aquí. Pues según dice
la gente que va delante,
a Copacabana viene
a que el Sol su enojo aplaque,
para volver a la lid.
[INDIO] 1.º
Supuesto que estos villajes
el paso son, al camino
le salgamos para darle
la nueva.
[INDIO] 2.º
Disimulemos.
[INDIO] 3.º
Tucapel, justo es descanses.
Después de espacio hablaremos.
TUCAPEL
Sabréis sucesos notables.
Id ahora con Dios.
TODOS
Adiós.
Vanse los villanos.
TUCAPEL
Glauca, ¿qué hay con que regales
a tal huéspeda?
GLAUCA
Bien digo
yo, oyendo tus disparates,
que fuiste simple y que vienes
loco. ¿Qué es, no me escuchaste,
mi hermana?
TUCAPEL
También a mí
me escuchaste tú que en balde
por complacerla, a que no
es quien yo sé me persuades;
y cuanto tú, por llevar
tus lisonjas adelante,
no la agasajes, sabré
traer yo con que la agasaje,
pues por lo menos estamos
en tan goloso paraje
que no faltarán tortillas
de maíz y chocolate.
GUACOLDA
¿A qué más pudo llegar
mi desdicha? Ya quedarme
aquí no es posible, ni irme;
quedarme por si se esparce
quién soy; ni irme, pues no sé
donde Yupanguí me halle.
GLAUCA
Solo un medio se me ofrece.
GUACOLDA
¿Qué es?
GLAUCA
Por si vuelve, oye aparte.
Hablan las dos y sale YUPANGUÍ.
YUPANGUÍ
Vehemente aprehensión que siempre
me estás poniendo delante
aquella hermosa deidad
que vi iluminando el aire;
deja, deja de seguirme
siquiera un rato, en que allane
que el vivir absorto no es
dejar de vivir amante.
Hermosa Guacolda mía,
si otros hicieron constantes
los instantes de la ausencia
siglos, no, ¡ay de mí!, te espantes
que hallándolos yo hechos siglos,
los haya hecho eternidades.
Dame los brazos mil veces.
GUACOLDA
Es tan inmenso, es tan grande
el bien, Yupanguí, de verte,
que es forzoso que le extrañe,
porque persuadirse un triste
a que hay contento, no es fácil.
En hora dichosa vengas,
que aunque siempre fuera amable
tu presencia para mí,
pues con afectos iguales
también para mí eran siglos
las vidas de los instantes,
nunca en mejor ocasión
verte pude.
YUPANGUÍ
¿Cómo?
GUACOLDA
Sabe
que Tucapel ha venido,
y no sé con qué dictamen,
empeorado de talento,
mejorado de lenguaje,
se ha persuadido a que soy
yo la que pude sacarle
de su esclavitud; con que
solicitando mostrarse
agradecido, me ha muerto;
culpa de amigo ignorante,
matar con buena intención.
De suerte que ya ocultarme
aquí no es posible: mira
a donde podrás llevarme,
pues ya, a no haber tú venido,
me iba yo a las soledades
de los montes más incultos,
en cuyos páramos, antes
que los ministros del Guáscar,
o los del Sol, me encontrasen
o las señas del león
o las astucias del áspid.
YUPANGUÍ
No dudes que cuidadoso
solicite yo ausentarte
adonde nuestro amor pueda,
sin que el rencor nos alcance,
celebrar de nuestras bodas
las más amorosas paces.
¡Oh bello divino asunto!
No tanto tras ti me arrastres;
yo iré tras ti.
GUACOLDA
No prosigas.
YUPANGUÍ
Sí, mi bien. Vuelva a cobrarme.
GLAUCA
Cuantos vienen no parece
que traen los juicios cabales.
YUPANGUÍ
Por poder celebrar, digo,
de nuestras bodas las paces,
me valí de Atabaliba,
a quien di de todo parte.
Él, por hija de quien tanto
siguió sus parcialidades,
tomándome la palabra
de que yo en su vasallaje
haya de vivir, me ofrece
dichosas seguridades.
Jurado lo dejé, en cuya
fe, prevenido el viaje
tengo; vente, pues, conmigo,
si no es que el ir me embarace
contigo yo, otra hermosura.
GUACOLDA
¡Qué ventura! Glauca, dame
los brazos, y adiós.
GLAUCA
Los cielos
con bien te lleven.
Vase.
GUACOLDA
Cobarde
tus pasos sigo.
YUPANGUÍ
¿Qué temes?
Que cuando el asegurarte
no fuera en mí obligación,
me obligara el homenaje
de haber dado a quien la di
la palabra de llevarte
a su presencia.
Al entrarse diciendo estos versos, sale oyéndolos GUÁSCAR, el SACERDOTE, los villanos y todos los INDIOS que pudieren.
INGA
No era
menester que yo escuchase,
para saber tus finezas
y acrisolar tus lealtades;
que cumpliendo, Yupanguí...
GUACOLDA
¡Triste pena!
YUPANGUÍ
¡Extraño lance!
INGA
Con la palabra que a mí
me diste, seas quien trate
de llevar a mi presencia
esa infeliz; y no en balde,
al decirme esos villanos
de ese camino en el margen
que aquí quedaba, previne
que fueses tú quien la hallases
a cuya causa la nueva
me movió a que me adelante
a ser el primero yo
que a ella admire y a ti abrace.
GUACOLDA
¡Qué dolor!
YUPANGUÍ
Ya aquí no hay más
que morir a todo trance.
INGA
Infausta, triste hermosura,
que tímida e inconstante
desdeñas en ser esposa
del Sol la dicha más grande;
él sabe que cuanto hubiera
dado por hallarte antes
de verte, diera después
por no haber llegado a hallarte.
Superior causa, que tú
no puedes saber ni nadie
saber puede, es quien me obliga
a que a mi pesar restaure
su sacrificio a las aras,
su víctima a los altares.
Llevadla al templo, que hoy,
sin esperar días legales,
ha de morir: ¿qué esperáis?
Quitádmela de delante,
que temo que me enternezcan
los desatados cristales,
que aun suelen ser vivo afeite
de menos bello semblante.
GUACOLDA
Primero...
YUPANGUÍ
¡Ay de mí!
GUACOLDA
Que llegue
a morir, has de escucharme.
INGA
¿Qué podrás decirme, cuando
apóstatamente fácil,
contra el Sol has cometido
el más sacrílego ultraje?
GUACOLDA
Aunque pudiera valerme
de la repugnancia que hace
a toda ley natural
que un dios beba humana sangre,
y dentro de una ley misma
el fiel muera y el fiel mate,
no lo he de hacer; que no quiero
(aunque en mí esta razón cabe)
escandalizar, y así
para otra apelo. Mi padre,
a quien desterrado tienes
desde las enemistades
tuyas y de Atabaliba,
sabiendo que me inclinase
amor a un cacique noble,
por ser de opuesto linaje,
forzada me trajo al templo,
donde mientras él no falte
he vivido, con estar
casada en secreto antes;
y así, no pudiendo ser
sacerdotisa, tocarme
no pudo la suerte, y pudo
aquel natural ditamen
ausentarme sin delito.
INGA
Contra que esas sean verdades
y no inventadas disculpas,
una sola razón baste.
¿Quién fuera noble y felice,
tanto que esposo y amante
mereciera entrambas dichas,
y en tantas penalidades
morir te dejara aleve?
Y así, mientras no declares
quién es, y él muera en castigo
de robarte y de ocultarte,
rompiendo el templo en lo uno,
y en lo otro mis bandos reales,
será en balde que te admita
la apelación.
GUACOLDA
Más en balde
será, advertida en su riesgo,
decirlo yo, pues librarle
a él de su afrentosa muerte
hará la mía süave.
INGA
¿A eso te resuelves?
GUACOLDA
Sí.
INGA
Yupanguí, ella no sabe
la lástima que se quita
con los celos que se añade.
Persuádela tú a que diga
quién es, pues con eso hace
menos grave su delito,
y podrá ser que la salve
la apelación.
YUPANGUÍ
¿Para qué
queréis, señor, que me canse
en persuadírselo a ella,
si el decirlo yo es más fácil
a precio de que ella viva?
INGA
¿Luego tú el cómplice sabes?
YUPANGUÍ
Sí, señor.
INGA
Por ti me vienen
todas las felicidades,
y hoy la mayor es saber
de un agresor tan cobarde,
de quien no estaré vengado,
sin que el corazón le arranque.
¿Qué aguardas, pues? ¿Quién es?
YUPANGUÍ
Yo.
INGA
¿Qué dices?
YUPANGUÍ
Que no te espantes,
pues de ocultación y hurto
fuiste tú quien me enseñaste
el modo, cuando dijiste
que para ti la robase.
INGA
Pues ¿cómo, traidor vasallo,
falso amigo, siendo infame
la confïanza ofendiste
que hiciste de ti?
GUACOLDA
No le ultrajes,
que no es él.
YUPANGUÍ
Sí soy.
GUACOLDA
No es,
que yo, pensando librarme,
fingí esposo que no tengo,
y él, por pensar que templases,
siendo él tu enojo, eso ha dicho
y así, ¿qué esperáis? Llevadme
donde a precio de que él viva,
con roja púrpura bañe
las aras.
YUPANGUÍ
Yo soy, a mí
me llevad donde derrame
deshecho coral que ilustre
más el altar que le manche,
a precio de que ella viva.
INGA
Si ambos lo desean constantes,
ya que por sacerdotisa
el castigo no le alcance,
alcáncela por haber
profanado el templo. Iguales
mueran los dos; ¿qué esperáis?
Llevadlos, pues, de aquí.
Al llevarlos se desasen y se abrazan.
YUPANGUÍ
Antes,
dulce esposa...
GUACOLDA
Amado dueño.
YUPANGUÍ
...que yo expire...,
GUACOLDA
...que yo acabe...,
YUPANGUÍ
...feliz con mirarte muera.
GUACOLDA
...feliz yo con abrazarte.
INGA
Apartadlos, divididlos.
Apártanlos y volviéndose a desasir se buscan.
YUPANGUÍ
¡Triste pena!
GUACOLDA
¡Dolor grave!
YUPANGUÍ
Mas aunque todos me fuercen...
GUACOLDA
Mas aunque todos me arrastren...
YUPANGUÍ
...volver podré...
GUACOLDA
...podré ir...
LOS DOS
...a darle el último vale.
GUACOLDA
¡Noble dueño!
YUPANGUÍ
¡Esposa mía!
INGA
¡Que esto sufran mis pesares!
Llevadlos, digo otra vez,
donde ni se vean ni hablen.
GUACOLDA
Hasta perderle de vista
a aqueste tronco me enlace.
Abrázase a una cruz.
YUPANGUÍ
En aqueste árbol me enrede
hasta que a verla no alcance.
Abrázase a otro árbol.
GUACOLDA
Y pues que no acaso fuiste
el que vencer fieras sabe,
a cuya causa te han puesto
colocado en tantas partes.
YUPANGUÍ
Y pues plátano no acaso
eres, en quien veo la imagen
que desde que la vi la tuve
en el alma por carácter.
Quieren desasirlos y no pueden.
GUACOLDA
Tú me favorece, puesto
que tienes poder tan grande
en fieras, y fieras son
los hombres que usan crueldades.
YUPANGUÍ
Tú me ampara, pues en ti
me ocurre su luz radiante.
GUACOLDA
Infeliz amante esposo.
YUPANGUÍ
Infeliz esposa amante.
GUACOLDA
Adiós.
YUPANGUÍ
Adiós.
INGA
¿Cómo así
permitís verse ni hablarse?
UNOS
Como a apartarla del tronco
no hay fuerza, señor, que baste.
OTROS
Como no hay para moverle
fortaleza que le arranque.
INGA
¿Todo, ¡cielos!, ha de ser
prodigios en estos valles
de Copacabana, siempre
que a pisar llego su margen?
¿Con qué, oh soberano Sol
que adoro, no digo padre,
desenojarte podré,
si traerte no es bastante
por una víctima dos?
Respóndeme: ¿qué te aplace
de mí, para que ejecute
tus órdenes?
Sale la IDOLATRÍA.
IDOLATRÍA
Que los mate
le diré.
INGA
Si en una estatua
mil respuestas solías darme,
¿cómo en mil estatuas hoy
que a tu templo se retraen,
aun no das una respuesta?
IDOLATRÍA
Sí daré.
INGA
¡Dicha notable,
pues que ya desenojado
responde! ¿Qué haré, di?
IDOLATRÍA
Darle...
[Aparte.]
Muerte iba a decir, y no
puedo pronunciar.
INGA
No calles
tu decreto, pues me ves
obediente a ejecutarle.
IDOLATRÍA
Si deseas...
[Aparte.]
(Proseguir
no puedo, que al declararme
tengo un dogal en el cuello
y en el corazón un áspid.)
Si pretendes...
[Aparte.]
No es posible
que ya en mis ídolos hable,
siendo para mí dos veces
bronce el bronce y jaspe el jaspe,
con que en más estatua que ellos
todos mis sentidos yacen.
INGA
Si a hablarme empiezas, ¿por qué
no prosigues? Y si es darme
a entender que hasta que mueran
no merezco que me ampares,
ya que apartar a los dos
de los dos troncos no es fácil,
flechados en ellos mueran
por sacrílegos amantes.
Disparad contra sus pechos.
GUACOLDA
Árbol, pues tal poder traes...
YUPANGUÍ
Deidad, pues tal poder tienes...
GUACOLDA
...tú me ampara.
YUPANGUÍ
...tú me vale.
Desaparecen los dos en los dos árboles, y suenan truenos y ruido de terremoto.
INGA
¿Qué aguardáis? Disparad, digo.
UNO
¿Contra quién, si ciego el aire,
el mismo polvo, la misma
arena nos ciega que antes?
Terremoto y cajas a un tiempo.
[ESPAÑOLES]
Dentro.
¡Arma, arma, guerra, guerra!
INGA
Si el español en mi alcance
viene, ¿quién duda que venga
con él quien al viento esparce
nieblas que la vista cieguen,
nieves que el incendio abrasen?
No doy paso que hoy no sea
tropezando en mi cadáver;
y pues contra sus encantos
no hay fuerza o poder que baste,
¡al templo!
UNOS
¡Al monte!
OTROS
¡A la selva!
TODOS
Sin duda, ¡cielos!, es grande
este Dios de los cristianos,
pues tantos portentos hace.
PIZARRO
¡A ellos, españoles!
TODOS
¡A ellos!
PIZARRO
Mueran antes que se amparen
de las breñas.
IDOLATRÍA
¿Cielos, luna,
sol, estrellas, montes, mares,
no bastaba enmudecerme,
sino a mí de mí privarme?
Pero ¿qué mucho que vea
contra mí prodigios tales
el día que ella se ampara
de la Cruz y que él se vale
del plátano, que atributo
de María es, cuya imagen
tan fija en el alma lleva?
Mas no por eso desmayen
mis rencores; y pues soy
genio de las tempestades,
mi aliento el aire inficione,
mi fuego los campos tale,
mi rabia los frutos yele,
mi ira las mieses abrase,
para que muriendo todos,
primero que a Cristo aclamen
a los embotados filos
de pestes, sedes y hambres,
ninguno pueda lograr
en las siguientes edades
ver que mejor sol en brazos
de mejor aurora nace.
Tocan las chirimías y sale por una parte DON LORENZO DE MENDOZA, conde de Coruña, con acompañamiento; y por otra DON JERÓNIMO MARAÑÓN, gobernador de Copacabana.
GOBERNADOR
¡Feliz, oh gran don Lorenzo
de Mendoza, ramainvicta
del Infantado, yglorioso
blasón de Coruña, eldía
que del Segundo Felipe,
que eternas edadesviva,
virrey, señor, osmerecen
estas conquistadasIndias!
CONDE
Su Majestad, que Diosguarde,
sin propios méritos,fía
de mí su gobierno, enfe
de que en la obligaciónmía
le sirva el afecto, ya
que el mérito no lesirva.
Y pues para el quedesea
acertar, tomar noticias
el primer paso es, ¿dequién
pudo mejor adquirirlas
que de quien, pormontañés
Marañón, es en Castilla
tan ilustre, y por sucargo
es en aquestasprovincias
gobernador de tan grave
puesto, como él mismoexplica,
pues al de Copacabana
pocos hay que lecompitan?
GOBERNADOR
¿Qué noticia podrédaros
que vós no traigáissabidas,
pues todas han ido aEspaña
ya contadas o yaescritas?
Fuera de que son tangrandes
las inmensas maravillas
que obró Dios y obró supura
Virgen Madre, sinmancilla
desde el día que enPerú
la Cruz entró, y desde eldía
que la invocación delnombre
dulcísimo de María
se oyó en él, que meparece
que un casi agraviosería,
presumiendo no saberlas
vós, el osar yo adecirlas.
Y así os suplico,señor,
me excuséis de que osrepita
que la Cruz domeñófieras,
vitoria muy suyaantigua;
que María apagóincendios,
nevando sus manosmismas
blancos copos; que conlluvias
de arena y polvo lavista
al idólatra dos veces
cegó; y que tanperegrinas
obras (viendo que susvanos
ídolos enmudecían
al sonido de aquelnombre
y de aquel tronco a laslíneas)
introdujeron la fe;
que entre los que sebautizan
y los que idólatrasquedan
hubo bandos, hubocismas
y disensiones; y, enfin,
que siguiendo lasconquistas,
después que seredujeron
Cuzco, Chucüito y Lima,
de cuyos conquistadores
apenas uno hay queviva,
murió Guáscarprisionero
y su hermano Atabaliba
no sé cómo; y pues noson
estas cosas para dichas
tan de paso, remitamos
a la historia que loescriba,
y vamos a lo que hoy
toca a la obligaciónmía,
y en Copacabanahablemos
no más, pues cosa essabida
que a un gobernador notoca
hablar como coronista.
Es Copacabana un pueblo
que casi igualmentedista
en la provincia quellaman
Chucüito, pocas millas
de la ciudad de la Paz
y Potosí. Sus campiñas
son fértiles, susganados
muchos y sus alquerías
de frutas, pescas ycazas
abundantes siempre yricas:
cuya opulencia, en sulengua,
a la nuestra traducida,
Copacabana lo mismo
que piedra preciosaexplica.
Pero aunque pudiera ser
por esto grande suestima,
la hizo mayor que en susmontes
yace aquella peñaaltiva
que adoratorio del Sol
fue un tiempo, por ser sucima
donde diabólico impulso
hizo creer que el Solpodía
dar a su hijo para que
los mande, gobierne yrija.
A esta causa, entre lapeña
y la procelosa orilla
de una gran laguna, quehace
el medio contorno isla,
se construyó templo alSol,
en cuyas aras impías
Faubro al ídolollamaron
superior, que significa
mes santo; y mientras elcielo
no nos revele el enigma
en él, por losreservados
juicios suyos, lasinsidias
del antiguo áspid, y enotros
oráculos respondía
inspirando abominables
ritos, cuya hidropesía
de sangre, mal apagada
con la de las brutasvidas,
pasó a beberla dehumanas
vírgenes sacerdotisas.
En fin, siendo como era
Copacabana la hidra,
principalmente después
que a su temploretraídas
trajo la guerra enestatuas
todas sus falsasreliquias.
En fin, siendo (a decirvuelvo)
Copacabana la hidra
de tantas cabezascuantas
el padre de la mentira
en cada anhélitoinspira,
fue la primera en quienDios
logró la feliz semilla
de su fe, siendoprimeros
obreros de su doctrina,
de Domingo y de Agustín
las dos sagradasfamilias.
Roma de América hay
quien piadoso lapublica;
pues bien, como Roma,siendo
donde más vana tenía
la gentilidad su trono,
fue donde puso su silla
triunfante la Iglesia,así
donde más la Idolatría
reinaba puso la Fe
su española monarquía,
mostrando cuán doctasiempre
la eterna sabiduría,
donde ocurre el mayordaño,
el mayor remedioaplica.
Tan fecundas susprimeras
raíces prendieron, tanfijas,
que a marchitar nobastaron
sus flores todas lasiras
del tiempo; puespadeciendo
destemplado todo elclima,
hambre, peste ymortandad,
no por eso desconfían,
atribuyendo a que sean
sus dioses quien loscastiga.
Pues antes atribuyendo
a Cristo y su Madre pía
que sus pasados errores
trata con blandajusticia,
para aplacarla trataron
hacerla una cofradía,
porque, al fin, en voz demuchos
suenan más lasrogativas.
Mas como siempre eldemonio
obstinadamente lidia
en estorbar devociones,
bandos introdujo yriñas
entre dos nobleslinajes
sobre qué patrónelijan.
Los Urisayas, de quien
cabeza es de Andrés Jaíra,
anciano cacique noble,
que allá en sus ritossolía
ser sacerdote del Sol,
sabiendo cuánto domina
sobre las pestes susanta
intercesión, solicita
que sea San Sebastián
titular de la obra pía.
Otro, de los Anasayas
cabeza, que hoy seapellida,
por ser de aquella realsangre,
Francisco YupanguíInga,
en que María ha de ser
la patrona, y no otro,insta.
Estas, pues, dosopiniones,
excusando que arencillas
pasasen, convine en que
a los votos reducidas
la mayor partevenciese;
pero la noche del día
en que habían dejuntarse
a resolver la porfía,
con estar las heredades
de unos y otros tanvecinas,
que en todos aquellospagos
unos con otros alindan.
Amanecieron las mieses
de aquellos quedefendían
que María había de ser
la patrona, tanfloridas
con el riego de unanube
celestial, que dabagrima
dando consuelo mirar
tan juntos triunfos yruinas,
y que en un espaciomismo
hubiese unión tandistinta,
como ser todo estoflores,
siendo todo aquelloaristas.
Por algunos días duró
la adoración, repetida
la lluvia desde lanoche
al alba, y desde surisa
hasta otra noche tanclaro
sol, que brotabanopimas,
a vista de sequedades
mustias, yertas ymarchitas,
las mazorcas del maíz
y del trigo lasespigas.
Con este prodigio,¿quién
dudará que, reducidas
las opiniones, quedase
por su Patrona Divina
la siempre llena degracia,
siempre intacta y siemprelimpia?
¿Ni quién dudarátampoco,
que, ya una vezelegida,
fuese todo frutos, todo
salud, abundancia ydicha?
Pero entre tantosfavores
no faltan penas queaflijan,
bien que tales penas,ellas
se padecen y sealivian,
siendo ellas mismasremedio
del achaque de símismas.
Es, pues, el grandesconsuelo
de los que mássolicitan
su culto, no tener para
colocar en la capilla
que labra laesclavitud,
una imagen de María.
Mil diligencias se hanhecho,
pero como a estasprovincias
aún no han pasado losnobles
artes de España, esprecisa
cosa que supla la fe
lo que no alcanza lavista.
Dirá la objección quecómo
no había arte dondehabía
estatuas de tantosdioses.
Y hallárase respondida
con saber que eranestatuas
tan toscas, tan malpulidas,
tan informes y tanfeas,
como una experienciadiga;
pues el cristianocacique
que dije que defendía
de María el patrocinio,
viendo la genteafligida
y ansiosa por unaimagen,
se ofreció a que él ladaría
como la tenía en sumente,
hecha por sus manosmismas.
Bien creímos todos,viendo
entrar con tanta osadía
en su fábrica gloriosa,
que por lo menos sería
una que supliese, ya
que no primorosa ylinda.
Pero con ser la materia
de que intentóconstruirla
tan dócil como es elbarro,
pues no hay, sin que seresista,
cincel a quien noobedezca,
buril a quien no serinda,
muy pagado de suhechura,
la trajo tan deslucida,
tan tosca y tan mallabrada,
sin proporción en suslíneas
ni primor en sus facciones,
que, irreverente,movía,
más que a adoración, aescarnio,
más que a devoción, arisa;
de que se infiere cuánbrutos
sus simulacros serían
pues este juzgó bastar
hechura tan poco digna.
Tan corrido de baldones
se vio, de vayas ygritas,
que desde allí no hasalido
de un aposento en quehabita,
donde apenas deja verse
de su esposa y sufamilia,
con qué intento no sé;pero
sé que, durando en lavilla
el desconsuelo de verse
las esperanzas perdidas
de hallar imagen,dilatan
el formar la cofradía,
a que pienso que hagofalta
si mi fe no los anima.
Y así, que me deislicencia
mi rendimiento ossuplica,
por pensar que en estomás
a Dios, al Rey y a vóssirva.
CONDE
De vuestras noticiasquedo,
por más que excuséisdecirlas,
bastantementeinformado;
y pues no es justo queimpida
mi detención vuestrocelo,
id, donde de parte mía
a la Esclavitud diréis
que la ruego que meadmita
por su hermano, y en minombre
la ofreceréis para eldía
que haya imagen, lascoronas
de Hijo y Madre, y seaprecisa
ley que me hayáis deavisar
de cuanto logre yconsiga
tan piadoso afecto.
GOBERNADOR
En eso
y en todo es justo que ossirva
mi obediencia.
CONDE
El cielo os lleve
con bien.
Vase.
GOBERNADOR
Guarde él vuestra vida.
Vamos deseosos, no haga
falta la persona mía,
porque primerosfervores
que la necesidad dicta,
en viéndola remediada,
con poca causa seentibian.
Vase.
Córrese una cortina, y véase a YUPANGUÍ en traje humilde de español, con taller, herramientas y demás instrumentos de escultor, como labrando una estatua tosca de madera, cuya estatura ha de ser de una vara, poco más o menos, y mientras dice los versos esté siempre haciendo que trabaja en ella.
YUPANGUÍ
Ya, purísima María,
que mejorando de suerte
te adoró sin conocerte
la ciega ignoranciamía;
y ya que el felice día
de conocerte llegó,
llegue el de que logreyo
esta aprehensión, quevehemente
insta en que copiarteintente,
y en que lo consiga no.
Bien sé que nuncaaprendí
esta arte; pero no sé
qué interior carácterfue
el que en el almaimprimí
desde el punto que tevi,
que aunque tan ruda sehalla
al desbastar destatalla
la agilidad de miestrella,
siendo imposible el tenella,
es imposible eldejalla.
Si cuando al barro fié
el primer diseño mío
te hallaste de mialbedrío
no bien servida porque
masa quebradiza fue
del primer Adán, encuyo
daño original arguyo,
no comprehendida, cuánmal
pudiera en su original
copiarse retrato tuyo;
ya en mejor materiafundo
este segundo diseño,
pues te fabrico de unleño
a honor del Adánsegundo.
Permite, pues, que vea elmundo
que en esta fábricamía,
pues a un madero sefía,
se aúnen a mejor luz
la materia de la Cruz
y el retrato de María;
y vós, Niño Dios, queaquí
gozando los tiernoslazos
de sus amorosos brazos
significar pretendí,
pues no hay facultad enmí
ni para dejar la acción
ni para su perfeción,
usad de vuestra piedad,
u dadme la habilidad,
o quitadme laaprehensión.
Sale GUACOLDA vestida a la española.
GUACOLDA
Aunque te enojes,Francisco,
de que entre dondedeseas
tanto estar solo, nopuedo
excusarlo.
YUPANGUÍ
María bella,
dulce amada esposa mía,
¿contigo enojarme?Ofensa
haces a mi amor.
GUACOLDA
Si veo
que a todos, señor,ordenas
que no entren aquí, ¿quémucho
que yo disgustartesienta?
YUPANGUÍ
La ley de todos, María,
no es bien contigo seentienda
fuera de que tú nohaces
compañía, con que esfuerza
que la soledad tampoco
estorbes.
GUACOLDA
De qué manera
ni estorbar la soledad
yo, ni hacer compañíapueda
no sé; que al parecerson
proposiciones opuestas.
YUPANGUÍ
No son, que el que ama y loamado
son sola una cosamesma,
y así, viviendo yo enti
y tú en mí, laconsecuencia
es fácil de que noañades
nuevo número a lacuenta,
con que alma del alma yvida
de la vida, cosa escierta
que ni acompañas niestorbas,
pues de la misma manera
que en presencia estásconmigo,
estás conmigo enausencia.
GUACOLDA
Solo puedo responder
a tan hidalga fineza
que el no entrar a todashoras
aquí, no es enconsecuencia
de que otros no entren,sino
porque nada te divierta
la ocupación, pues pormucho
que te desveles enella,
más la debemos a quien
hacer el obsequiointentas,
pues debemos a María,
después de tantastragedias
como pasamos huyendo
de Guáscar, tantasmiserias
como después padecimos
acosados de la guerra,
hasta venir a tomar
puerto en nuestra mismatierra,
la suma felicidad
de llegar a conocerla,
y admitir la ley de unDios
de tan divina clemencia
y tan humana piedad,
que primero que yomuera
por él, ha muerto pormí,
que fue el dictamen deaquella
natural luz, que a noverme
sacrificada hizofuerza.
Y así, dándole lasgracias,
libres de tantastormentas,
pasemos a la disculpa
de que a embarazartevenga.
Los Urisayas, movidos
de Andrés Jaíra, sucabeza,
la ocasión aprovechando
de tu retiro y laausencia
del gobernador, hanhecho
hoy junta, y resuelto enella
que no se hagacofradía,
pues no hay para quiénhacerla,
el día que no hayimagen.
Los Anasayas, con esta
novedad, viendo que tú
en el empeño los dejas
y no pareces, se handado
por vencidos; de manera
que a estas horas estántodas
tus pretensionesdeshechas,
tus diligenciasfrustradas
y tus esperanzasmuertas.
YUPANGUÍ
No están; y pues tan a untiempo
de unos la acción y laqueja
de otros llega quepodré
a entrambassatisfacerlas:
a los unos con quetienen
imagen, pues ya estáhecha,
y a los otros con queno
me ausentó menor tarea
que la de estarlalabrando,
no dudes que seconvenzan.
Cierra este taller, ynadie
entre en él hasta quevuelva.
Vase.
GUACOLDA
Inés.
Sale GLAUCA.
GLAUCA
¿Qué mandas?
GUACOLDA
Que cierres
de ese aposento lapuerta
y traigas la llave.Virgen
Soberana, Madre y Reina
de hombres y de ángeles,llegue
día en que nos amanezca
tu aurora enCopacabana.
Vase.
GLAUCA
La llave no da lavuelta,
y temo que he dequebrarla,
si porfío: quede puesta
en la cerradura, pues
aquí nadie salemientras.
Al irse por una parte sale por otra TUCAPEL.
TUCAPEL
Ze, Clauca, Clauca.
GLAUCA
¿Quién es
quien de ese nombre seacuerda?
TUCAPEL
El menor marido tuyo,
que humilde tus plantasbesa.
GLAUCA
Mejor dirás mi mayor
quebradero de cabeza.
Ven acá, bestia en dospies,
que son las peoresbestias,
si sabes que nuestro amo,
obligado a la fineza
con que a su esposa letuve
disfrazada y encubierta,
apenas se vio en sucasa
cuando nos redujo aella,
en tiempo de tantashambres,
ansias, pestes ymiserias.
Si sabes que noqueriendo
admitir la verdadera
ley que ellos y yoadmitimos,
durando siempre aqueltema
de los pasados furores,
fantasías y quimeras
que ha tiempos de ti teprivan,
te echó de casa, conpena
de que si volvías aentrar
idólatra por suspuertas,
te había de moler apalos;
¿cómo con taldesvergüenza
osas llegar hasta aquí,
sin que su castigotemas?
TUCAPEL
Como la necesidad
tiene cara de hereja,
tan mala que es menordaño
el ver la tuya que elverla,
desacomodado y pobre
perezco, y viéndole hoyfuera
de casa, me atreví aentrar
a pedirte que te duelas
en este estado de mí;
porque esperar a quesea
cristiano, seráimposible,
que hay otro yo que en míreina,
a quien ofrecí alma yvida
cuando presumí quefuera
la sacerdotisa quien
me había traído a tupresencia.
GLAUCA
Pues dile a este señordiablo
que tus accionesgobierna
que digo yo que estonto,
pues ya que a pedir tefuerza,
pedir diciendo pesares
es política muy necia.
Con esto, y con que en tuvida
ni me hables ni meveas,
vete o no te vayas,pues
podrá ser que el amovenga,
y a los susodichospalos
ejecute la sentencia.
Vase.
TUCAPEL
Oye, aguarda. No esposible
seguirla sin que me vea
la demás gente de casa,
y ya que solo me deja
en este zaguán, adonde
hay a un aposentopuerta,
y está en él la llave,tengo
de ver si hay algo quepueda
llevarme hacia allá, conque
repase alguna pequeña
parte a mi necesidad.
Mira por la cortina sin correrla.
Mas ¡qué inútildiligencia!
Pues todo cuanto hayaquí,
son solo cuatroherramientas
y una mal formadaestatua.
¿Quién creerá tanadversa
la infame de mifortuna,
que ya que a hurtar meresuelva,
cuando me da la ocasión
me quita laconveniencia?
Pero por poco quevalgan
cepillos, cinceles,sierras
y escoplos, algovaldrán:
con todos cargarpretenda.
Vase sin abrir la cortina.
IDOLATRÍA
Dentro.
¡Ladrones, ladrones!
TUCAPEL
¡Cielos!,
muerto soy si aquí meencuentran,
quiera mi suerte...
VOZ
¡Ladrones!
TUCAPEL
...que acierte a dar con lapuerta.
Suena dentro ruido, como que tropezando derriba el taller y sale huyendo, y al irse él, sale la IDOLATRÍA.
IDOLATRÍA
Sí darás, porque estasvoces
solo en tus oídossuenan,
articuladas de mí
porque al ir huyendodellas
te haya hecho el temor queen todo
tropieces comotropiezas,
para que, sin que hayamano
tan sacrílega, tanfiera,
tan bárbara, tanenorme,
que ejecute laviolencia
de derribar esaestatua,
la halle quebrada ydeshecha
su artífice; que aunqueyo
por mano del hombrepueda
(ya lo dije) obrarinsultos,
no sé qué se tiene esta
aún no imagen de María,
que su respeto mefuerza
a haber hecho en elacaso
tolerable laindecencia.
Diga la historia quehallé
su fábricadescompuesta,
mas no diga que huboquien
osase descomponerla.
¿Quién creerá que cuandoestoy
huida, arrojada ydepuesta
de tan alta monarquía,
de majestad tan suprema
como en esta mayorparte
del mundo tuve sujetas
a mi imperio tantasgentes,
tantos mares, tantastierras
y tantas adoraciones,
solo gima, llore ysienta
pensar que enCopacabana,
que el adoratorio era
del gran ídolo deFaubro,
cuerpo que con trescabezas
equivocaba lejanas
noticias de que Diossea
Uno y Trino, se ha dever,
¡ay de mí!, la imagenpuesta
de María, porque es
cerrarme todas laspuertas
a la esperanza de que
jamás a cobrarsevuelvan
imperios, aras nialtares;
que ya sé que dondellega
la devoción de María,
para siempre vive yreina?
¿Pues qué, si a aquestedolor
se añade (que no hay pequeña
circunstancia que noaflija,
si entre las grandes seencuentra)
el ver que un indiobozal,
sin más arte ni másciencia
que un rasgo, un viso, unbosquejo
que él se dibujó en suidea,
le persuade a que ha dehacer
escultura tan perfecta,
que, retrato de María,
ser colocada merezca?
Bien sé cuánto esimposible
conseguirlo su torpeza;
mas la fe con que lalabra
me ofende de talmanera,
que por vengarme en lafe
aun más que en lasuficiencia,
no ha de haber medios queno
ponga astucias y cautelas,
no solo en desvanecer
el afán de sus tareas,
pero el efecto a queaspira,
haciendo que no letenga
la Congregación, a cuya
causa moverépendencias,
rencillas y disensiones
entre aquesas dosopuestas
familias; de suerte que
tan desde luego seenciendan,
que desde luego seescuche
decir a espadas ylenguas...
ELLA y UNOS
¡Mueran hoy losAnasayas!
ELLA y OTROS
¡Hoy los Urisayasmueran!
Vase la IDOLATRÍA y salen acuchillándose de una parte ANDRÉS y de otra YUPANGUÍ, y en dos bandos todos los que puedan y TUCAPEL.
ANDRÉS
¡Aquí, deudos!
YUPANGUÍ
¡Aquí, amigos!
TUCAPEL
¿Ver de lejos, no es granfiesta,
cuchilladas?
[VOCES]
Dentro.
Para, para.
Sale el GOBERNADOR.
GOBERNADOR
Acudid todos apriesa.
Tened, apartad; ¿qué es esto?
¿En cuatro días de ausencia
hace mi persona falta,
de suerte que lo queencuentra
primero es un alboroto
tan grande?
YUPANGUÍ
Que me detenga
tu respeto, es justo.
ANDRÉS
Solo
él mi cólera pudiera
suspender.
GOBERNADOR
Esa atención
por ahora os agradezca
el no enviaros a unacárcel
hasta que la causasepa,
por si antes deescribirla
es capaz de componerla.
¿Qué ha sido esto?
YUPANGUÍ
Andrés Jaíra
lo dirá, que es bienprefiera
la autoridad de suscanas,
y fío de su nobleza
que no dirá cosa que
no esté en toda razónpuesta.
ANDRÉS
En fe de esa confïanza
usaré de la licencia.
Yo, señor, que un tiempofui
(bien como todos) deaquella
idólatra ceguedad
que creyó que el Solpudiera,
siendo sin alma y sinvida
solo un materialplaneta,
habernos dado a suhijo;
oyendo la diferencia
que hay de Criador acriatura,
y viendo lasexcelencias
de ley tan en natural
razón que para creerla
sin sus milagros,bastara
la suavidad de símesma.
Convencido en mi pasado
error, la admití, y conella
la piadosa Esclavitud
de la gran patronanuestra.
He asentado esteprincipio
para que nunca se crea
que es relajación en mí
haber hecho resistencia
a que mientras que nohaya
decente imagen quepueda
colocarse, esté la obra
y la Esclavitudsuspensas.
En esto yo y misparciales
hablamos, y como llegan
las voces de un barrio aotro
tan otras que no sonellas,
quejoso Francisco Inga
de que yo hiciese en tuausencia
junta sin él, llegó ahablarme
con más pasión quepaciencia.
Yo también (no medisculpo)
debí de dar larespuesta
sin paciencia y conpasión;
de suerte que a lasprimeras
razones, viendo él y yo
cuánto mejor se remedia
una injuria de laespada
que una herida de lalengua,
llegamos a lo que hasvisto:
diga él si hay más causa queesta.
YUPANGUÍ
¿Cómo puedo yo negar
que esa es la verdad, si esvuestra?
Solo añadiré, señor,
que reñimos tanapriesa,
que no hubo lugar deque
lo que iba a decirlesepa;
y así, permitid queaquí
diga lo que alládijera.
GOBERNADOR
Decid.
YUPANGUÍ
Concedo que erré
en la escultura primera
la materia de la imagen
que ofrecí, y enconsecuencia
de que no hay humanoyerro
que no le dote laenmienda,
de las varas delmaguey,
por ser preciosa madera
e incorruptible, otraimagen,
desbastadas lascortezas,
del corazón he labrado,
por parecerme que sea
corazón eincorruptible,
de ambos decentemateria.
A satisfacer con esto
a unos de que imagentengan
y a otros de que miretiro
no de otra causaproceda,
iba cuando (ya lo dijo
Andrés) la cóleranuestra
no dio a pláticaslugar,
y puesto que tupresencia
le da, y que lo que ahoradigo
es lo que entoncesdijera,
quien quierasatisfacerse
de verdad tanmanifiesta,
en buen paraje sehalla,
pues está mi casacerca.
GOBERNADOR
Yo, no porsatisfacerme,
que fuera el dudarloofensa;
la hechura iré ver, porsolo
la curiosidad verla.
TODOS
Todos sirviéndoteiremos.
Entran por una puerta y salen por otra.
YUPANGUÍ
Venid, pues.
TUCAPEL
[Aparte.]
Porque no tenga
sospecha de que yo fui
el que dio con todo entierra,
con ellos iré, que no
hay mejor quitasospechas,
que no huir el agresor.
YUPANGUÍ
Antes que os abra lapuerta
donde la imagen está,
habéis de oírme unaadvertencia.
GOBERNADOR
¿Qué es?
YUPANGUÍ
Que estando solo en blanco
haber de suplir es fuerza
ahora en lo que no es
lo que será cuandotenga
la encarnación de losrostros
y manos, y la viveza
de la estofa delropaje,
que es lo que no he deponerla
yo, sino un pintor quedora
el retablo de laiglesia,
que en la ciudad de LaPaz
la orden de Franciscoostenta.
GOBERNADOR
Claro está que en blanco,solo
da de lo que ha de sermuestra.
YUPANGUÍ
Pues con estaprevención,
la imagen que labré esesta.
Corre la cortina y vese el taller derribado, la estatua deshecha y los instrumentos esparcidos.
TODOS
¿Qué imagen?
YUPANGUÍ
¡Cielos!, ¿qué miro?
GOBERNADOR
Que aquí solo a versellegan
mal desunidos pedazos
que esparcidos por latierra,
no solo imagen son,pero
aun de serlo no danseñas.
ANDRÉS
¿Esto es lo que nostraéis
a ver con tansatisfecha
presunción?
GOBERNADOR
¿Cómo en disculpa
no habláis destainadvertencia?
YUPANGUÍ
Como un dolor, que enmenores
pedazos que esos mequiebra
el corazón en el pecho,
ha embarazado a lalengua
la voz, y tras ella eluso
de sentidos ypotencias.
ANDRÉS
Bien se ve que esto no esmás
que un imaginario tema
de manía, y pues quetengo
tan a vista laevidencia
de lo poco que estopuede
venir a ser, no osparezca
rebeldía el mantener
que hasta que haya imagenbella
no ha de haberCongregación;
y ansí, vós, por vidavuestra,
que esto de labrarestatuas
lo dejéis a quien loentienda.
GOBERNADOR
¿Quién os persuadió a quepudo
haber sin estudiociencia?
TUCAPEL y UNOS
¡Qué delirio!
OTROS
¡Qué locura!
Vanse.
YUPANGUÍ
Por más que todos meafrentan,
perdido desvelo mío,
me aflige y medesconsuela
más el mirar vuestroultraje
que el padecer mivergüenza.
Si es, Señora, esto encastigo
de que un bruto indio seatreva
a copiar vuestrahermosura,
humildemente sobreestas
antes que fábricasruinas,
os ruego, pecho portierra,
que me quitéis laaprehensión
o me deis lasuficiencia;
porque mientras que devós,
o el olvido no me venga
o no me venga el favor,
por mí no ha de quedaresta
viva fe de que de veros
en Copacabana puesta
en alto solio, y...
Sale GUACOLDA.
GUACOLDA
Francisco,
¿qué es esto, que lapendencia
antes, después elconcurso
de gente, absorta ysuspensa
me tuvo? Sepa qué hasido.
YUPANGUÍ
¿Qué quieres, María, quesea
sino poca suerte mía?
Corre la cortina.
Mira..., pero no loveas,
no te quiebre elcorazón
ver mi dicha en polvoenvuelta.
¿Quién aquí cuando salí
entró?
GUACOLDA
Nadie, que yo sepa.
YUPANGUÍ
Pues sabrás...
GLAUCA
Dentro.
¿Qué atrevimiento
es este?
YUPANGUÍ
Mas oye, espera.
¿Qué es eso, Inés?
Sale GLAUCA y TUCAPEL.
GLAUCA
Que no solo
aquí Tucapel se entra,
pero que no hay cómoecharle
de casa.
TUCAPEL
Mi muerte es cierta.
YUPANGUÍ
Ven acá, ¿no te hemandado
que no entres por esaspuertas?
TUCAPEL
La novedad de entrartodos
me permitió lalicencia.
YUPANGUÍ
Y cuando todos se van,
¿cómo tú solo tequedas?
TUCAPEL
Como aunque más lo procuro
nunca encuentro con la puerta.
YUPANGUÍ
¡Qué necia disculpa! Pero
aunque castigar debiera
de otra suerte tu osadía,
no ha de ser sino de aquesta.
Entra a esa cuadra.
TUCAPEL
Los palos
llegaron, pues quiere vea
el daño que hice.
YUPANGUÍ
Y en una
caja que hallarás en ella,
pon cuanto hallares allí
de instrumentos y herramientas,
y carga con ello, y ven
conmigo, porque tú a cuestas
lo has de llevar donde yo
te mandaré.
TUCAPEL
Considera...
YUPANGUÍ
¿Qué?
TUCAPEL
Que no podré llevarlo.
YUPANGUÍ
¿Por qué?
TUCAPEL
Porque ya experiencia
tengo de que para eso
no alcanzan, señor, mis fuerzas.
YUPANGUÍ
No repliques, que ha de ser.
TUCAPEL
No ha de ser.
YUPANGUÍ
Sí ha de ser, entra,
que es servicio de María.
TUCAPEL
Ya el obedecerte es fuerza.
YUPANGUÍ
Tú, querida esposa mía,
dame a una ausencia licencia,
que nadie ha de verme hasta
que con la escultura vuelva
hecha toda una ascua de oro,
por si suple la riqueza
lo que al arte le ha faltado.
GUACOLDA
¿Para estos pides licencia,
cuando para eso aun mi amor
te rogara que te fueras?
Solo me pesa que esté,
de pestes, hambres y guerras
tan en necesidad suma
nuestro caudal que cubierta
no la puedas traer, Francisco,
de oro, diamantes y perlas.
Pero ya que no es posible,
débate yo una fineza.
YUPANGUÍ
¿Qué es?
GUACOLDA
Que te lleves contigo
las pocas pobres joyuelas
que me han quedado, y si no
te bastare el precio dellas
para pagar el dorado,
con una S y clavo sella
mi rostro; que, pues, esclava
dos veces, de María bella
una, y otra tuya soy,
a ninguno hará extrañeza
ver que esclava de dos dueños,
uno para otro me venda.
YUPANGUÍ
¿Qué quieres que te responda,
sino que no me enternezcas?
Yo llevo con qué pagar.
GUACOLDA
Pues ya está la caja puesta,
y con ella Tucapel
esperándote a la puerta.
YUPANGUÍ
Dame los brazos y adiós.
GUACOLDA
Él con bien a ellos te vuelva.
YUPANGUÍ
¡Quién no sintiera el dejarte!
GUACOLDA
¡Quién el verte ir no sintiera!
YUPANGUÍ
¡Qué pena!
GUACOLDA
¡Qué dolor!
Vanse cada uno por su parte, y sale por el medio la IDOLATRÍA.
IDOLATRÍA
¿Qué
dolor puede ser, qué pena
la que empezando un ultraje
camina a ser excelencia?
¿Qué es esto, ¡cielos!? Tan firmes
raíces prende, flores echa
y frutos brota una planta
de té en tan árida tierra
como el corazón de un indio,
que no impidan a que crezca
ni el ábrego de mis iras
ni el cierzo de mis violencias.
¿De qué me ha servido, ¡ay triste!,
que en la escultura primera
oyese tantos baldones,
ni que en la segunda vuelva
con nuevo escarnio de todos
a ver ruinas y oír afrentas,
si nada le desconfía,
si nada le desespera,
y antes de los mismos medios
que usé yo para romperla,
usa él para fabricarla,
pues me obliga, pues me fuerza
en aquel indio a quien yo
asisto, a que le obedezca,
siendo yo misma en mi agravio
cómplice contra mí mesma,
pues puse a servir un noble
espíritu de soberbia?
Y aún no para aquí el prodigio
de su fe, sino en que quiera
mi cólera adelantarme,
mal valida de mis ciencias,
todo su triunfo, porque
aun antes de ser le sienta.
Dígalo el que sincopando
el tiempo, le veo que llega
ya al dorador, a quien oigo
que le dice...
Salen a una parte del tablado YUPANGUÍ y un DORADOR.
YUPANGUÍ
Yo quisiera,
pues ya habéis visto la imagen,
que lo que yo en componerla
tarde, tardéis en dorarla;
porque de aquesta manera
no perdamos tiempo.
DORADOR
Amigo,
lo que he sacado de verla
es que vuestro celo es bueno,
mas la habilidad no es buena.
Cuanto gastéis en dorarla
perderéis, pues imperfecta
siempre ha de quedar, supuesto
que está tan sin arte hecha,
tosca y mal pulida.
YUPANGUÍ
Eso
no corre por vuestra cuenta.
DORADOR
Sí corre. ¿He de poner yo
mano en cosa que no sea
después de provecho?
YUPANGUÍ
No
deis tan áspera respuesta
a quien humilde os suplica,
y lo que ha de pagar ruega;
pues cuanto al precio, si no
bastaren estas monedas
de oro, que es cuanto ha podido
dar de sí mi corta hacienda,
yo me quedaré a serviros
hasta quedar satisfecha
la paga y un año más
de balde sobre la deuda.
DORADOR
No sé que os diga. Ese afecto
me ha trocado de manera,
que no solo he de doraros
la imagen, pero ni aun esas
monedas he de tomar;
guardadlas para la vuelta,
y venid conmigo, no
a servir, sino a que sea
vuestro hospedaje mi casa
el tiempo que aquí estéis.
YUPANGUÍ
Si era
mi obligación ser crïado,
ya me hace esclavo la vuestra.
DORADOR
Venid conmigo.
YUPANGUÍ
Los cielos
la piedad os agradezcan.
Vanse.
IDOLATRÍA
Sí harán, pues es obra suya
el que un corazón se mueva
tan de un instante a otro. ¡Cielos!,
baste, baste la experiencia,
sin que queráis que mis ansias
a más tormento transciendan
anteviendo que dorada
la imagen, vuelve con ella
a Copacabana, adonde,
porque en su casa no tenga
otro riesgo, fray Francisco
de Navarrete, en la aldea
de San Pedro, que es doctrina
suya, la guarda en su celda.
¡Qué luces, qué de sombras
en ella alumbran y suenan
todas las noches! De cuyo
divino pasmo da cuenta
a los de Copacabana,
para que viniendo a verla,
della agradados, la lleven
en procesión a su iglesia.
Conque una sola esperanza
a mis sentimientos queda,
y es que haya quien todavía,
por dorada que la vea,
dure en la opinión de que
no ha de colocarse, mientras
no se halle otra más hermosa.
¡Oh, si en esta conferencia
venciese Jaíra, pues viene
diciendo después de verla...!
Sale ANDRÉS JAÍRA.
ANDRÉS
Por más dorada que esté
de estar informe no deja.
YUPANGUÍ
Para suplirme algo, hay una
fuerte razón.
ANDRÉS
¿Cuál es?
YUPANGUÍ
Esta.
Si en lo inmenso no se da
medida, y no está más cerca
del sol el que está en la cumbre
que el que en el valle se asienta,
claro está, pues de María
es la perfección inmensa,
que el mejor retrato suyo
no se acerque a su belleza
más que se acerque el que menos
hermosa la manifiesta.
Pues siendo así que hay en todos
que suplir, suplid en esta
copia aquello más que hoy
la necesidad dispensa.
GOBERNADOR
Dice bien.
ANDRÉS
Yo lo concedo
en cuanto a que nadie pueda
hacer perfecto retrato;
mas no ha de ser de manera
que al verle, la devoción
peligre en la irreverencia.
Y así, en tanto que no haya
mejor hechura que esa,
no ha de entrar en la capilla.
GOBERNADOR
Sí ha de entrar, que la fe es ciega
y no mira a que lo es,
sino a lo que representa.
ANDRÉS
Aquesto es querer que el mando
a la razón haga fuerza.
GOBERNADOR
No es sino querer que el celo
con el tiempo no se pierda,
mayormente cuando hoy
tenemos tres concurrencias
que en ningún día del año
habrá.
TODOS
¿Qué son?
GOBERNADOR
La primera,
que aquel ídolo de Faubro,
que mes santo se interpreta,
simboliza al de febrero,
que es el que mañana empieza.
La segunda es que al segundo
día suyo se celebra
la gran Purificación
de María; y la tercera
que aquesta festividad
se llama de las Candelas.
Luego si el ídolo Faubro
en febrero se destierra,
y el lugar que estuvo inmundo
se purifica con bella
luz de fe, ¿qué día tendremos
para celebrar la fiesta,
en que Purificación
haya, mes santo y luz nueva?
ANDRÉS
¿Veis todas esas razones?
Pues a mí no me convenzan.
TODOS
Ni a nadie, mientras no haya
escultura más perfecta.
Vanse y queda el GOBERNADOR y YUPANGUÍ.
GOBERNADOR
Francisco, ¿veis esto?, pues
nuestra fe no descaezca.
Yo tengo al virrey escrito
cuanto nos pasa, y que tenga
memoria de las coronas
que ofreció, con que con ellas
más adornada la imagen,
no dudo mejor parezca.
Cuidad della vós, en tanto
que yo andas y altar prevenga,
coro y música, que vós
y yo hemos de hacer la fiesta
solos, aunque nadie acuda.
Vase.
YUPANGUÍ
María divina y bella,
yo no supe más, ni pudo
extenderse a más mi idea.
Perdonadme, y si por mí
el pueblo no os reverencia,
no corra eso a cuenta mía.
Volved vós por la honra vuestra.
Vase.
IDOLATRÍA
¡Quién no fuera inmortal para
matarse antes que lo viera!
Mas, ¡ay!, que no solo tengo
de verlo cuando suceda;
pero aun desde ahora, pues
en la aprehensión de mis ciencias
estoy (¡oh ansia, lo que corres!)
viendo (¡oh dolor, lo que vuelas!)
que el generoso Mendoza,
que hoy estos reinos gobierna
como quien tiene a María
en el corazón impresa,
pues el esAve María
el timbre de su nobleza,
avisado (¡ay infelice!)
del gobernador, en muestra
de su devoción, trayendo
las coronas de la ofrenda,
a hallarse en su translación
viene, conque unirse es fuerza
para su recibimiento,
ambos bandos, de manera
que saliéndole al camino
veo que a decirle llegan...
Salen todos, el VIRREY, el GOBERNADOR, ANDRÉS y YUPANGUÍ.
TODOS
¡Viva el ínclito Mendoza,
que en justicia y paz gobierna!
GOBERNADOR
¡Vuexcelencia, gran señor
en estos valles!
CONDE
Habiendo
sabido por vuestro aviso
que está ya todo dispuesto
para ir a Copacabana
desde el lugar de San Pedro
la imagen que labró el indio,
a hallarme en la fiesta vengo,
como congregante suyo,
y a cumplir mi ofrecimiento
trayendo las dos coronas,
bien que humilde corto obsequio
mas no todas veces puede
seguir el don al deseo.
GOBERNADOR
Vós seáis muy bien venido
que bien menester habemos
este honor para que sea
grande su acompañamiento,
que sin vós fuera muy solo.
CONDE
Pues ¿no están todos los pueblos
convocados?
GOBERNADOR
Hay, señor,
mucho que decir en esto.
CONDE
¿Qué hay que decir?
ANDRÉS
Si me dais
licencia, yo, pues que tengo
la culpa, daré, señor,
la disculpa. Yo me he opuesto
a que no es decente imagen
la que hasta ahora tenemos,
porque es labrada de un hombre
sin arte, ciencia ni ingenio;
y por no ver deslucido
su culto en el desaseo,
han seguido mi opinión
muchos, que no quieren, cuerdos
colocar una escultura
que hace indevoto el afecto.
CONDE
¿Quién la labró?
YUPANGUÍ
Yo, señor.
CONDE
Pues ¿qué os movió, no teniendo
ciencia ni experiencia, a ser
escultor?
YUPANGUÍ
Un pensamiento
en que fue más imposible
que el serlo el dejar de serlo.
CONDE
Yo la he de ver, y veré
de ambos la razón.
YUPANGUÍ
Bien presto
podréis.
CONDE
¿Cómo?
YUPANGUÍ
Como está
en ese cercano pueblo,
por no tenerla en mi casa
sin el debido respeto,
que está en la de un religioso.
CONDE
Pues vamos allá, que quiero
desengañarme yo a mí
y componer este duelo
como más convenga a gloria
y honra suya.
Vase.
ANDRÉS
[Aparte.]
Yo me huelgo
de que vaya a verla, pues
es fuerza ofenderse en viendo
su deformidad.
YUPANGUÍ
Señora,
en vista está vuestro pleito,
pues de todos abogada
sois, hoy sedlo vuestra.
Vase.
IDOLATRÍA
¡Cielos!
Las chirimías.
¿Qué fe es esta deste indio,
que penetrando los cielos,
logra, ¡ay de mí!, que las nubes
rasguen sus azules velos
y que alados querubines,
iluminando los vientos,
desciendan sobre la imagen?
A tan alta fe, a misterio
tan grande, a favor tan sumo,
ni hay ciencia ni hay sufrimiento.
Canten ellos, mientras yo
sufro, lloro, gimo y peno.
Tocan chirimías, córrese la cortina y vase en un altar adornado de luces y flores la imagen dorada, y al mismo tiempo en dos apariencias, que llaman sacabuches, bajan dos ángeles con tablillas, pinceles y matices de pintor en las manos; y mientras ellos cantan y toda la MÚSICA responde dentro, van retocando los ángeles la imagen, y ella se va convirtiendo, como mejor pueda ejecutarse, en una imagen de nuestra Señora con el Niño Jesús en los brazos, la más hermosa, adornada y vestida que se pueda, que será aquella misma que se vio en la apariencia del incendio y de la nieve.
ÁNGEL 1.º
Venid, corred, volad,
y al terreno pensil
trocad, ángeles, hoy
el trono de zafir.
MÚSICA
Dentro.
Volad, corred, venid.
ÁNGEL 2.º
Venid, corred, volad,
pues es la causa a fin
de hermosear el retrato
de vuestra Emperatriz.
MÚSICA
Volad, corred, venid.
ÁNGEL 1.º
Venid, corred, volad,
donde puedan suplir
aciertos del pincel
errores del buril.
MÚSICA
Volad, corred, venid.
ÁNGEL 2.º
Venid, corred, volad
que hay quien quiera argüir
mancha en copia de quien
nunca la tuvo en sí.
MÚSICA
Volad, corred, venid.
ÁNGEL 1.º
Venid, corred, volad
veréis que al esparcir
al aire su cabello,
tremola toda Ofir.
MÚSICA
Corred, volad, venid.
ÁNGEL 2.º
Venid, corred, volad,
y en el blanco matiz
de su frente hallareis
deshojado el jazmín.
MÚSICA
Volad, corred, venid.
ÁNGEL 1.º
Venid, volad, veréis
en sus ojos lucir
luceros ciento a ciento,
estrellas mil a mil.
MÚSICA
Volad, corred, venid.
ÁNGEL 2.º
Venid, corred, que en dos
mitades da a un rubí
su púrpura el clavel,
la rosa su carmín.
MÚSICA
Corred, volad, venid.
ÁNGEL 1.º
Venid, corred, volad,
que en su mano a bruñir
de torneado alabastro
liciones al marfil.
MÚSICA
Corred, volad, venid.
ÁNGEL 2.º
Venid, corred, volad,
que de uno a otro perfil
hoy lucen en febrero
las flores del abril.
MÚSICA
Corred, volad, venid.
ÁNGEL 1.º
Y vosotros, mortales,
a admirar, a advertir.
ÁNGEL 2.º
Que los yerros del hombre
enmienda el serafín.
LOS DOS y MÚSICA
Corred, volad, venid,
veréis cuanto mejoran
en vuestra Emperatriz
aciertos del pincel
errores del buril.
Corred, volad, venid.
Tocan las chirimías, y desaparecen los ángeles, quedando en las andas la imagen vestida, y sale YUPANGUÍ y GUACOLDA.
YUPANGUÍ y GUACOLDA
Corred, volad, venid,
veréis cuanto mejoran
en vuestra Emperatriz
aciertos del pincel
errores del buril.
YUPANGUÍ
¿Qué salva, cielo, es
la que en el viento oí?
GUACOLDA
Sin duda es nueva aurora
a quien se canta así.
YUPANGUÍ
A aquella parte suena.
GUACOLDA
Pues se escucha hacia allí.
YUPANGUÍ
Seguiré su armonía.
GUACOLDA
Su acento he de seguir.
YUPANGUÍ
Pero ¿qué es lo que veo,
tú, bella esposa, aquí?
GUACOLDA
Si estás tú aquí, ¿qué extrañas
el que venga tras ti?
YUPANGUÍ
La fineza agradezco,
mas déjame sentir
que día que en el valle
tanto concurso vi,
que aun el mismo virrey
corona su confín,
tan desacompañada
vengas a deslucir,
sin más fausto, la heroica
real sangre que hay en ti.
GUACOLDA
No eso te desconfíe,
que si vengo a asistir
al culto de María,
de quien humilde y vil
esclava soy.
YUPANGUÍ
Espera,
que según advertí,
viene el virrey.
GUACOLDA
Sí haré,
volviendo a discurrir.
YUPANGUÍ
Y vuelva yo a pensar.
LOS DOS
¿Qué quisieron decir,
que mejorar veremos
en nuestra Emperatriz
aciertos del pincel
errores del buril?
Sale el VIRREY y todos.
YUPANGUÍ
Esta, señor, es la breve
esfera donde ahí la tengo
depositada, hasta ver
si tanta dicha merezco
como verla colocada.
ANDRÉS
[Aparte.]
Ahora es cuando al verla, es cierto
que se ha de desagradar.
CONDE
¡En mi vida vi más bello
simulacro de María!
YUPANGUÍ
¿Qué es esto, ¡cielos!, que veo?
GOBERNADOR
¿Cielos, qué es esto que miro?
ANDRÉS
¿Quién retocó aquel bosquejo
que tan inculto dejamos?
YUPANGUÍ
Pasose de extremo a extremo
a ser alcázar mi reina
pues la que allá en un momento
encontré deshecha, aquí
tan adornada la veo,
siendo la misma que yo
vi nevar sobre el incendio.
CONDE
¿Cómo vós tan atrevido,
tan rara perfección viendo,
a decir os atrevisteis
que era retrato imperfecto?
ANDRÉS
Como no está la estatua
que aquí dejamos.
GOBERNADOR
Sí es, puesto
que nadie aquí entró, ni ha habido
por diligencias que ha hecho
nuestro cuidado en buscarla,
otra en todos estos reinos.
ANDRÉS
Pues si es ella, aquí han andado
más celestiales obreros.
CONDE
Es, sin duda, porque no
pudo el humano desvelo,
sin divino auxilio, haber
tal hermosura compuesto.
Ampos y copos parece
de su rostro y de su cuello
la blancura.
GOBERNADOR
Yo diría
que agraciado lo trigueño,
en ella hicieron unión
nieve y azabache a un tiempo.
UNOS
Ninguno dijera bien,
que en sonrosados reflejos,
rosas y claveles son
sus tornasoles.
YUPANGUÍ
Yo ciego
a sus rayos, de colores
no puedo hacer juicio, atento
a la risa con que mira.
ANDRÉS
¿Qué risa, si lo severo
de su semblante está dando
igual temor y respeto,
si no es que sea a mí, por más
que de mi error me arrepiento?
TODOS
A todos ha parecido
diferente.
CONDE
Fuerza es, puesto
que a lo divino no alcanzan
los humanos ojos nuestros.
YUPANGUÍ
Dichosa mi insuficiencia
fue, pues si docto maestro
la hubiera labrado, a él
se atribuyera el acierto,
y no pasara de allí
la admiración a portento.
CONDE
Dadme los brazos, que bien
se ven los merecimientos
de vuestra fe, y pues tenéis
vós tratado su respeto
de más cerca, poned vós
las coronas a sus dueños.
Toma las coronas, sube la grada, y mientras las pone, el GOBERNADOR va repartiendo velas, que traerá uno a todos.
YUPANGUÍ
Ya no como a hechura mía,
como a reina os reverencio,
pues os entrego coronas.
GOBERNADOR
En tanto, iré repartiendo
las velas que ha de llevar
todo el acompañamiento.
Vós, pues venisteis a honrarnos,
habéis de ser el primero.
Id ahora tomando todos.
CONDE
Apartaos todos, que quiero
ver si las coronas vienen
a medida. ¡Oh, cuánto siento
que la del Hijo a la Madre
cubra el rostro! ¿Podrá esto,
decid, pues vós la labrasteis,
tener ahora remedio,
con que bajando las manos
deje el rostro descubierto?
YUPANGUÍ
Mal podré atreverme yo
a retocarla, teniendo
oficiales que sabrán
mucho mejor que yo hacerlo.
Aparta la imagen, dejando en el brazo izquierdo el Niño que tenía en entrambas manos, con que viene la derecha a quedar en el aire desocupada.
CONDE
Pues desconsuelo es bien grande.
YUPANGUÍ
No es muy grande el desconsuelo.
CONDE
¿Cómo?
YUPANGUÍ
Volved a mirarla,
veréis que aparta de enmedio
del pecho, donde tenía
a su Hijo, el brazo izquierdo,
y recostándole al lado
del corazón, el derecho
también desviado deja
todo el rostro descubierto.
UNO
¡Qué maravilla!
OTRO
¡Qué asombro!
UNO
¡Qué prodigio!
OTRO
¡Qué portento!
CONDE
No solo portento, asombre
es, y maravilla, pero
aun todo eso incluye en sí
más reservado misterio:
haber reclinado al Hijo
al abrigo de su pecho,
dejando la mano diestra
desocupada; ¿no es cierto
que es para que yo esta vela
ponga en ella, conociendo
que es la Purificación
su principal ministerio?
Pone la vela en la mano.
Mirad cómo representa
de la suerte que fue al templo,
mostrando que al templo hoy
van también, y si allí vemos
que fue Purificación
su festividad, lo mesmo
vemos aquí, pues el ara
sacrílega tanto tiempo
purifica de su antorcha
la luz, a cuyos reflejos
se van de la idolatría
las sombras desvaneciendo.
Dentro terremotos.
IDOLATRÍA
Dentro.
Y para confirmación
de que es verdad que me ausento
para siempre, resignando
en María mis imperios,
cuantos espíritus tuve
en los idólatras pechos
aposentados, conmigo
irán de su vista huyendo.
TODOS
¿Qué nuevo prodigio es este?
Sale GUACOLDA.
GUACOLDA
Yo lo diré, pues viniendo
a lograr hoy en mi esposo
el triunfo de sus desvelos,
he hallado por el camino
sanos a muchos enfermos,
con pies a muchos tullidos
y con vista a muchos ciegos,
y lo que es más, muchos indios,
que, poseídos de fieros
espíritus, han quedado
libres, a voces diciendo...
TODOS
Dentro.
¡María es la Virgen Madre
y Cristo el Dios verdadero!
Sale TUCAPEL.
TUCAPEL
Dígalo yo, pues cobrado
en mi natural acuerdo,
a voces pido el Bautismo.
UNOS
Todos decimos lo mesmo.
TODOS
¡María es la Virgen Madre,
Cristo es el Dios verdadero!
YUPANGUÍ
¡Feliz el día que logra
tantas dichas mi deseo!
GUACOLDA
¡Felice el que yo en tu busca
vine a merecer el verlo!
ANDRÉS
¡Feliz para mí el que miro
tan mejorados mis yerros!
GOBERNADOR
¡Feliz el que en mí ha logrado
la devoción de mi afecto!
CONDE
¡Y más feliz para mí,
que descubrí en mi gobierno
tan alto tesoro! Y pues
más que esperar no tenemos,
empiece la procesión,
que yo he de ser el primero
que aplique el hombro a las andas.
GOBERNADOR
Intentarlo para ejemplo
de todos, basta. Llegad
los nombrados para eso,
y los músicos entonen
dulces cánticos.
Salen los músicos y las mujeres vestidas de estudiantes, como seises, con sobrepellices y bonetes.
MÚSICA
Sí haremos.
Cantan.
Venturosa la mañana
que en duplicado arrebol
nos nace con mejor sol
la aurora en Copacabana.
VOZ 1.ª
Piedra preciosa solía
llamarse su esfera hermosa,
pero hoy la piedra preciosa
es la imagen de María.
VOZ 2.ª
Del Faubro la Idolatría,
que la poseyó tirana,
mas luz en febrero gana,
pues de nuestra fe crisol...
MÚSICA
Nos nace con mejor sol
la aurora en Copacabana.
TUCAPEL
Yo, pues de mi esclavitud
libre por ella me veo,
por mí y por todos, es bien
pida el perdón de los yerros.
YUPANGUÍ
No es, pues de todos la ufana
voz dirá al reino español
que en su imagen soberana...
MÚSICA y TODOS
Hoy nace con mejor sol
la aurora en Copacabana.
Con esta repetición, encendidas las luces de todos y en forma de Capilla, cantando delante los músicos, dará vuelta en hombros al tablado la Imagen, y porque no se embarace en entrar, caerá una cortina que cubra todo el tablado.

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TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. La aurora en Copacabana. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbz3.0