Personas que hablan en ella:

  • DON JUAN ROCA.
  • JUANETE, su criado.
  • DON LUIS, viejo.
  • PORCIA, su hija.
  • DON ÁLVARO, su hermano.
  • DON PEDRO, viejo.
  • SERAFINA, su hija.
  • EL PRÍNCIPE DE URSINO.
  • FLORA, criada.
  • JULIA, criada.
  • CELIO.
  • FABIO.
  • [BELARDO, vejete.]

Jornada I

Sale DON JUAN vestido de camino por una puerta y DON LUIS por otra.
DON LUIS
Otra vez, don Juan, me dad,
y otras mil veces los brazos.
DON JUAN
Otra y otras mil sean lazos
de nuestra antigua amistad.
DON LUIS
¿Cómo venís?
DON JUAN
Yo me siento
tan alegre, tan ufano,
tan venturoso, tan vano,
que no podrá el pensamiento
encareceros jamás
las venturas que poseo,
porque el pensamiento creo
que aun ha de quedarse atrás.
DON LUIS
Mucho me huelgo de que
os haya en Nápoles ido
tan bien.
DON JUAN
Más dichoso he sido
de lo que yo imaginé.
DON LUIS
¿Cómo?
DON JUAN
Ya os dije, señor
don Luis, cuando por aquí
pasé, que aunque siempre fui
poco inclinado al amor,
de mis deudos persuadido,
de mis amigos forzado,
traté de tomar estado;
siendo así que divertido
en varias curiosidades,
dejé pasar la primera
edad de mi primavera.
DON LUIS
Ya sé las dificultades
que hubo en vuestra condición
para esa plática; y que
siempre que en ella os hablé,
hallé vuestra inclinación
muy contraria, habiendo sido
de vuestro divertimiento
lo postrero el casamiento,
pues en libros suspendido
gastabais noches y días.
Y si para entretener
tal vez fatigas del leer,
con vuestras melancolías
treguas tratábades, era
lo prolijo del pincel
su alivio, porque aun en él
parte el ingenio tuviera;
de cuyo noble ejercicio,
que en vós es habilidad,
o gala, o curiosidad,
pudiera otro hacer oficio.
Pues es tanta la destreza
con que sus líneas formáis,
que parece que le dais
ser a la naturaleza;
cuando vuestro huésped fui,
y en esto ocupado os vía,
me acuerdo lo que os reñía.
DON JUAN
Pues siendo todo eso así,
ya rendido a la atención
de mis deudos, o a que fuera
lástima que se perdiera,
faltándome sucesión,
un mayorazgo que creo
que es ilustre y principal
y no de poco caudal,
correspondí a su deseo;
y dando, lo que no había
hecho en mi menor edad,
lugar a la voluntad
que hasta entonces no tenía,
tomar estado traté
dando a mi prima la mano,
que es hija del castellano
de Santelmo.
DON LUIS
Ya lo sé;
y ya os dije, cuando aquí
al pasar mi huésped fuisteis,
la buena elección que hicisteis.
DON JUAN
Pues más lo es hoy.
DON LUIS
¿Cómo así?
DON JUAN
Como aunque mi pecho ingrato,
por las noticias que tuvo
desde allá, inclinada estuvo
de Serafina al retrato,
después que vio a Serafina,
tan del todo se rindió
que aun yo no sé si soy yo.
DON LUIS
Es su hermosura divina,
es su ingenio singular:
de uno y otro soy testigo.
DON JUAN
Hoy, en fin, viene conmigo
a ser Venus deste mar
o Flora de sus riberas,
por no perder la ocasión
para nuestra embarcación,
en llegando las galeras.
Su padre con ella viene,
que hasta Gaeta ha querido
acompañarla. Esta ha sido
la causa porque previene
mi amistad adelantarme;
porque, como os ofrecí
ser vuestro huésped aquí
cuando volviese a embarcarme,
he querido prevenirlos
del forzoso inconveniente
de venir con tanta gente;
y así, me atrevo a pediros...
DON LUIS
¿Qué?
DON JUAN
Que licencia me deis
para ir a mi posada,
que estará ya aderezada.
DON LUIS
Notable agravio me hacéis.
¿Soy hombre yo que pudiera,
igual dicha deseando,
nada embarazarme1, cuando
todo Nápoles viniera
con vós?
DON JUAN
Ya sé lo que os debo
pero...
DON LUIS
No hay qué responder:
o a mi casa o a no ser
más amigos.
DON JUAN
No me atrevo
a aventurar amistad
tan segura y verdadera.
DON LUIS
¿Tan gran desaire pudiera
hacerse a mi voluntad?
Más y más, cuando por solo esto,
si os digo verdad, estoy
en el gobierno hasta hoy.
DON JUAN
¿Cómo?
DON LUIS
Como había dispuesto
retirarme a mi hacenduela,
postrado a los desengaños
de mis ya prolijos años;
que como no me desvela
en adquirir, desde el día
que a don Álvaro perdí,
estoy ya violento aquí.
DON JUAN
Confieso que no querría
hablaros en esto, pero
ya la plática salió:
¿nunca dél supisteis?
DON LUIS
No,
sino el aviso primero,
que fue, habiéndose embarcado
a negocios que en España
tuvo, que esa azul campaña
le sepultó derrotado
del bajel. Desto tuvimos
aviso porque una nave,
que de la tormenta grave
venir a abrigarse vimos,
contó cómo a pique había
visto irse su bajel.
DON JUAN
¿Y cómo supo ser él?
DON LUIS
Como era desdicha mía.
Venía de Barcelona,
donde el viaje había de hacer,
y lo confirma el no haber
noticia de su persona;
mas no hablemos más en esto.
¿Cuándo decís que vendrá
vuestra esposa?
DON JUAN
Ya estará
cerca de aquí.
DON LUIS
Pues id presto
a esperarla y a decirla
de mi parte que ir no puedo
a servirla, porque quedo
ocupado acá en servirla.
DON JUAN
De esa suerte lo diré,
pues vós...
DON LUIS
No me digáis más.
¿Porcia?
Vase, y sale PORCIA.
PORCIA
¿Señor?
DON LUIS
Ya sabrás
(mil veces te lo conté)
las grandes obligaciones
que a don Juan Roca he tenido.
PORCIA
Que eres su amigo te he oído
decir en mil ocasiones.
DON LUIS
Pues has de saber, que ya
con su esposa por aquí
vuelve.
PORCIA
¿Serafina?
DON LUIS
Sí,
y hasta embarcarse, será
mi huésped.
PORCIA
Yo lo agradezco
de mi parte.
DON LUIS
¿Qué te obliga?
PORCIA
Ser Serafina mi amiga,
y pensará que la ofrezco
el hospedaje.
DON JUAN
Está bien;
y supuesto, siendo así,
que por ti, Porcia, y por mí
agasajarlos es bien,
te ruego que a tus crïadas
las mandes aderezar
ese cuarto en que han de estar.
PORCIA
Prevenciones excusadas
son: ¿cuándo no está, señor,
uno y otro apercebido
para huéspedes, si has sido
aun más que gobernador,
hostelero?
DON JUAN
Mi contento
es festejar a quien pasa.
Sale JUANETE de camino.
JUANETE
Paz sea en aquesta casa,
y a ese propósito un cuento.
«Llegando una compañía
de soldados a un lugar,
empezó un villano a dar
mil voces en que decía:
'¡Dos soldados para mí!'.
'Lo que excusar quieren todos
-dijo uno-, ¿con tales modos
pides?'. Y él respondió: 'Sí,
que aunque molestias me dan
cuando vienen, es muy justo
admitirlos por el gusto
que me hacen cuando se van'».
Con esto, pues, y con que
mi amo aquí manda esperar,
dadme los dos a besar,
vós la mano y vós el pie.
DON LUIS
Juanete, seas bien venido,
que ya te echaba mi amor
menos viendo a tu señor.
PORCIA
¿Cómo de boda te ha ido?
JUANETE
«Convidole a merendar
un cortesano en el río
a un forastero, y muy frío
le dio un pollo al empezar.
Pidió de beber y estaba
tan caliente la bebida
como fría la comida.
Viendo, pues, que nada hallaba
a propósito, cogió
el pollo, y con sutil traza,
le echó dentro de la taza.
El amigo que tal vio,
'¿Qué hacéis?' dijo. Él impaciente
respondió: 'Así determino
hacer que el pollo enfríe el vino
o el vino al pollo caliente'».
Lo mismo me ha sucedido
en la boda, pues me han dado
moza novia y desposado
no mozo; con que habrá sido
fuerza juntarlos fïel,
porque él con ella doncella,
o él la refresque a ella
o ella le caliente a él.
PORCIA
Deja locuras y di:
¿cómo Serafina viene?
JUANETE
En coche.
PORCIA
Y eso, ¿qué tiene
que ver con lo que yo aquí
te pregunto?
JUANETE
Mucho, puesto
que quien dice en coche, dice
contenta, ufana y felice.
DON LUIS
¿Por qué lo dices?
JUANETE
Por esto:
«Murió una dama una noche,
y porque pobre murió,
licencia el vicario dio
para enterrarla en un coche.
Apenas en él la entraban,
cuando empezó a rebullir;
y más cuando oyó decir
a los que la acompañaban
'Cochero, a San Sebastián'.
Pues dijo a voces: 'No quiero;
da vuelta al Prado, cochero,
que después me enterrarán'».
DON LUIS
¿A quién tu lengua perdona
con aquesos cuentecillos?
JUANETE
«A cuatro o cinco chiquillos
daba un día en Barcelona
de comer su padre...»
[VOCES]
Dentro.
¡Para!
PORCIA
Ya parece que han llegado.
JUANETE
[Aparte.]
De la boca me han quitado
el cuento.
Sale JULIA.
[JULIA]
Señor, repara
en que ya el huésped que esperas
llega.
DON LUIS
A recibirle vamos.
JUANETE
En los chiquillos quedamos.
PORCIA
Ya suben las escaleras
y llegan hacia esta parte.
Sale DON JUAN, que trae de la mano a SERAFINA vestida de camino, DON PEDRO y FLORA.
DON LUIS
Dadme, ¡oh bella Serafina,
cuya hermosura divina
rayos con el sol reparte!,
a besar la mano, en muestra
del contento y alegría
que hoy tiene esta casa mía
en solo parecer vuestra.
Y perdonad, si no es
capaz esfera, señora,
de las luces del aurora.
PORCIA
Eso a mí me toca, pues...
pues mía la obligación
y la vergüenza de ver
que no pueda merecer
dichas que tan grandes son:
tú seas muy bien venida.
SERAFINA
Habiendo de responder
a los dos, bien menester
será que partido os pida;
que a dos favores, ¡ay Dios!,
estilo no hallo oportuno;
y así, no respondo al uno
por no agraviar a los dos.
DON PEDRO
Mucho me pesa de que
don Juan no os haya excusado,
señor don Luis, este enfado.
DON LUIS
No me corráis; pues en fe,
señor don Pedro, de ser
yo tan vuestro servidor,
me hace don Juan este honor.
JUANETE
¿Hay paciencia para ver
una plática molesta
de cumplimientos?
FLORA
¿Peor
no es oír a un preguntador?
Disparan dentro.
DON JUAN
Vamos. Mas, ¿qué salva es esta?
Sale FABIO.
FABIO
La atalaya ha descubierto
de Nápoles dos galeras
que costeando sus riberas
vienen ya tomando el puerto.
DON LUIS
¡Qué placer me da el oír
que vienen!
JUANETE
Es gran placer
al ver los huéspedes, ver
la recua en que se han de ir.
DON LUIS
Junto viene todo el bien,
pues en ellas imagino
que el Gran Príncipe de Ursino
vuelve a Nápoles, a quien
es forzoso que reciba,
y aun que en mi casa le hospede,
si quien no es su dueño puede
disponer della.
DON JUAN
Así viva
que me hagáis merced de darme
licencia.
DON LUIS
No hay para qué
volver a esto, que yo sé
que sabré desempeñarme:
Porcia, lleva a Serafina
bella a su cuarto, y los dos
esperadme en él.
DON PEDRO
Con vós
saldremos a la marina.
DON LUIS
Yo lo permito porque
de los dos acompañado
llegue, si es él, más honrado.
JUANETE
Y yo entre todos iré,
por ver si entre los corrillos
de la bulla hallo lugar.
DON JUAN
¿Para qué?
JUANETE
Para acabar
el cuento de los chiquillos.
Vanse, y quedan PORCIA, SERAFINA y las criadas.
SERAFINA
¿Fuéronse?
PORCIA
Sí, ya se fueron.
SERAFINA
¿Pues qué aguarda mi pasión?
PORCIA
¿Qué lágrimas esas son?
SERAFINA
Son, amiga, las que fueron,
y pues tú no las ignoras,
no será facilidad
fïarlas a tu amistad.
PORCIA
No sé más de ver que lloras.
SERAFINA
Sí sabes, si ya no es
que, de mi olvido ofendida,
te das por desentendida.
PORCIA
No sé qué te diga.
SERAFINA
Pues
quedemos solas ahora,
verás si soy la que era.
PORCIA
Julia, salte tú allá fuera.
SERAFINA
Vete tú con ella, Flora.
JULIA
Ven, si desde el mirador
ver las galeras quisieras.
FLORA
Eso es echarme a galeras,
y a dormir fuera mejor.
Vanse las criadas.
SERAFINA
¿Estamos ya solas?
PORCIA
Sí.
SERAFINA
¿No nos oye nadie?
PORCIA
No.
SERAFINA
¿Quién supo mis dichas?
PORCIA
Yo.
SERAFINA
Pues oye mis penas.
PORCIA
Di.
SERAFINA
Ya te acuerdas, Porcia mía,
de aquel venturoso tiempo
que en Nápoles las dos fuimos
tan amigas, que pudieron
juzgar nuestros corazones,
regidos de un movimiento,
que había en un cuerpo dos almas
o estaba un alma en dos cuerpos.
Ya te acuerdas, no te extrañe
el ver que desde aquí empiezo
las fortunas de un amor
que sabes tú y yo padezco;
porque habiendo de ser este
el vale último, el postrero
trance de mi vida, es bien,
pues las exequias celebro
a una difunta esperanza,
que nada te calle, puesto
que cuanto diga de más,
tendré que sentir de menos.
En fin, ya te acuerdas, digo,
de cuánta ocasión tuvieron
nuestras continuas visitas
para hablarnos, para vernos
yo y don Álvaro, tu hermano.
¿Cómo, ¡ay infeliz!, refiero
su nombre, sin que el dolor,
áspid que abrigué al4 pecho,
pisado de la memoria
que le alimenta acá dentro,
no reviente, inficionando
el aire con mis alientos?
Mas, ¡ay de mí!, que no fuera
tan mortal, tan cruel, tan fiero
veneno que me matara
de una vez, como veneno
que obstinadamente tibio
y porfiadamente lento,
a todas horas está
atormentando y no hiriendo.
De aquellas, pues, continuadas
visitas, Porcia, nacieron
su atención y mi cuidado,
su inclinación y mi afecto;
que aunque es verdad que al principio
le respondí con despegos,
acá en el alma quedaba,
si ahora la verdad confieso,
cierto género de agrado,
cierta especie de contento,
que ni bien era cariño
ni bien dejaba de serlo;
porque a media luz no más
andaba mi pensamiento
en crepúsculos de amor,
si agradezco o no agradezco.
Muy pocas mujeres, Porcia,
o ninguna, se ofendieron
de ser amadas: quien más
llore su aborrecimiento,
a los desaires atienda
de su dama, y verá en ellos
que, aunque el valor los anima,
andan en visos y lejos
rebozados los favores
a sombra de los desprecios.
Dígalo yo, y aun tú puedes
decirlo también, supuesto
que tantas veces me viste
culpar sus atrevimientos.
Escribiome, ya lo sabes;
rompí el papel, no fue exceso;
quiso hablar, no le di oídos;
volvió a escribir, hice extremos;
valiose de ti fïado
de tu amistad, culpé el medio;
persuadísteme, enojeme;
porfió, hice sentimientos;
vile llorar y reíme;
siendo así que a todo esto,
quien me viera el corazón,
viera con cuánto tormento
hace el honor repugnancias
cuando hace el amor esfuerzos.
Una noche que yo acaso
estaba tomando el fresco
a una reja que caía
sobre el mar, pudo encubierto
llegar a hablarme; y después
de los usados afectos
de un rendido, que por ser
lugares comunes, dejo,
palabra me dio de esposo,
con cuyo honestado medio,
si no mejoró su dicha,
mejoró su fingimiento;
pues corriendo desde entonces,
más licencioso el respeto,
fue el desdén el embozado
y el favor el descubierto.
Esto he dicho, por si acaso
lo ignoras; que el más pequeño
escrúpulo no se quede
contra mi honor. En efecto,
desde aquella noche, ¡ay triste!,
hablándonos en secreto,
creció amor correspondido,
aunque vulgares conceptos
dicen que el amor sin trato
ni es amor ni puede serlo.
En este medio, mi padre
trataba mi casamiento
con don Juan Roca, mi primo;
y el tuyo, en aqueste medio,
también trató de ausentarse
por venir a este gobierno,
desde donde le envïó
a España a no sé qué pleitos;
y confiriendo los dos
si sería buen acuerdo
que entre mi boda y su ausencia
nos declarásemos, viendo
que no era justo enojar
a entrambos padres a un tiempo,
sin reservar al delito
sagrado en que retraernos,
hasta la vuelta ajustamos
callar. ¿Cuándo, cuándo, ¡cielos!,
le estuvo mal al amor
el valerse del silencio?
Despedímonos, fïando
él de mi parte el ingenio
con que había de apartar
de mi padre los intentos;
yo fïando de la priesa
en que habían sus deseos
de dar la vuelta a mis brazos.
Mas, ¡oh qué necios!, ¡qué necios
son los que no tienen más
que una esperanza, y sabiendo
que al viento se la quitaron,
vuelven a dársela al viento!
Mi padre, pues, deseaba
ejecutar los conciertos
tratados... ¡Jesús mil veces!
PORCIA
¿Qué tienes?
SERAFINA
No sé qué tengo:
no será nada... Y yo atenta
a mi amor y a su respeto,
me valía de razones
contra la razón, diciendo
que el haber de irme sin él
a España... Otra vez ha vuelto
a afligirme la congoja.
¡Válgame Dios! Yo me muero.
PORCIA
Sosiégate, y no prosigas,
si te aflige hablar en esto.
SERAFINA
Claro está, pues entra ahora
el decir que en este tiempo
llegó la nueva de que
había don Álvaro muerto,
derrotado de esos mares,
donde ahora, ¡válgame el cielo!,
con la muerte agonizando
parece que le estoy viendo.
Desmáyase.
PORCIA
¿Serafina? ¿Amiga?
[Aparte.]
(Extraño
accidente la ha cubierto
el corazón.) ¿Julia? ¿Flora?
Nadie oye, todas subieron
a ver desde el mirador
las galeras en el puerto.
¿Flora? ¿Julia?
Sale JUANETE.
JUANETE
Aunque no soy
Flora ni Julia, me atrevo
a entrar hasta aquí, porque
a pedir albricias vengo.
PORCIA
¿De qué has de pedirme albricias,
si buena nueva no espero?
JUANETE
Por eso será mejor;
y por decirla de presto:
tu hermano, señora, ¡vive!
PORCIA
¿Qué? ¿Qué dices?
JUANETE
Lo que es cierto,
con el Príncipe de Ursino
en las galeras ha vuelto.
PORCIA
¿Pues cómo?
JUANETE
No sé de cómos;
que yo decirte no puedo
más de que así como vi
que el aviso no fue cierto,
y vi a tu padre abrazarle,
me he adelantado, creyendo
que cuando nada me valga
me valdrá contar un cuento.
PORCIA
Aunque las albricias mando,
y aunque la nueva agradezco,
tengo mucho que sentir,
más quizá de lo que siento;
que este desmayo me quita
grande parte del consuelo.
JUANETE
¿Desmayo? ¡Cuerpo de Dios!
Que yo pensé que era sueño,
por eso no me asustaba:
asústome ahora y vuelvo
a decirlo a mi señor.
Vase.
PORCIA
¡Oye!
Aparte.
(Él se va y yo me quedo
con dos gustos y una pena,
tan sola como primero.
Iré a llamar quien me ayude,
pues Serafina no ha vuelto.)
¡Hola! ¿No hay quien me responda?
Deja a SERAFINA en una silla desmayada, vase, y sale DON ÁLVARO por otro lado.
DON ÁLVARO
No me ha sufrido el deseo
de ver a mi hermana hacer
que asista a los cumplimientos
del Príncipe. Y así, a verla
primero que todos, vengo.
Fuera de que el haber visto
con mi padre allá a don Pedro,
el padre de Serafina,
me trae con mejor afecto
a saber si tiene nuevas
della; mas, ¿qué es lo que veo?
¿En mi casa Serafina
tan sola y rendida al sueño?
Poca dicha es de un ausente
hallar su dama durmiendo.
¿Serafina? ¿Dueño mío?
Habla entre sueños y despierta luego.
SERAFINA
Déjame. Por Dios te ruego,
don Álvaro, no me mates.
DON ÁLVARO
Sosiégate.
SERAFINA
¿Cómo puedo,
si estoy mirando, ¡ay de mí!,
mi fantasía con cuerpo,
con voz mi imaginación,
con alma mi pensamiento?
DON ÁLVARO
Mi bien, mi dueño, mi esposa,
si el verme, por dicha, ha hecho
horror a tus ojos, mira
que vivo estoy.
SERAFINA
Ya te entiendo;
y si en venganza me buscas
de que tu fineza ofendo,
de que mi palabra rompo,
bastante disculpa tengo:
contando a tu hermana estaba
que hasta saber que habías muerto,
no me persuadió mi padre
a haber elegido dueño;
viuda de ti me he casado.
DON ÁLVARO
Ahora conozco, ahora advierto
que debe de ser verdad
el asombro tuyo, puesto
que no es posible estar tú
casada y no estar yo muerto.
¡Vuelve, vuelve, y no el espanto
te haga decir desaciertos!
Vivo estoy, y aunque corrí
la tormenta que dijeron
y se fue el bajel a pique,
pude sobre sus fragmentos
sustentarme hasta llegar
las galeras que acudieron,
por ser a vista de tierra,
a socorrerme; si tengo
culpa en no escribirlo, ha sido
no haber ocasión de hacerlo.
¡Dame los brazos!
SERAFINA
También
ahora conozco, ahora veo
que debe de ser verdad
que vives, Álvaro, puesto
que soy yo tan desdichada,
que aun una dicha que tengo,
no lo es ya, pues muerto o vivo,
de cualquier modo te pierdo.
DON ÁLVARO
Luego...
SERAFINA
¡Qué pena!
DON ÁLVARO
...¿es verdad...
SERAFINA
¡Qué ansia!
DON ÁLVARO
...que tú...
SERAFINA
¡Qué veneno!
DON ÁLVARO
...Serafina...
SERAFINA
¡Qué dolor!
DON ÁLVARO
...como has dicho...
SERAFINA
¡Qué tormento!
DON ÁLVARO
...estás...
SERAFINA
¡Qué rigor!
DON ÁLVARO
...casada?
SERAFINA
¿Cómo puedo, cómo puedo
decir que sí, si estás vivo,
ni decir que no, si miento?
DON ÁLVARO
¡Pues cómo, ingrata, pues cómo!
Salen PORCIA, FLORA y JULIA.
PORCIA
Llegad las dos. Mas, ¡qué veo!
FLORA
Buena mi ama.
JULIA
¿Mi amo vivo?
PORCIA
Pues cesen mis sentimientos,
y dame, Álvaro, los brazos.
DON ÁLVARO
¡Ay Porcia!, si esos extremos
son porque me ves con vida,
te engañas, que no la tengo.
Dime Porcia, dime Flora,
y dime tú, Julia, presto,
si es cierto que se ha casado
Serafina.
Apártanse a un lado y salen DON JUAN, DON PEDRO y JUANETE.
DON JUAN
¿Qué ha sido esto,
mi bien, mi dueño, mi esposa?
DON ÁLVARO
Ya no os pregunto si es cierto.
DON PEDRO
A los dos ese crïado
dijo tu desmayo.
SERAFINA
Un yelo
el corazón me cubrió.
PORCIA
Y tanto, que te prometo
que por muerto le ha tenido
gran rato dentro del pecho.
SERAFINA
Aparte.
Y es verdad, todo mi mal
fue que le tuve por muerto.
DON JUAN
¿Y cómo, mi bien, te sientes?
SERAFINA
Aunque rendida me siento
al dolor, sabré al dolor
ponerle tantos esfuerzos
que no te dé otro cuidado.
JUANETE
Aquí viene bien mi cuento:
«A cuatro o cinco chiquillos...»
DON JUAN
Quita, loco.
DON PEDRO
Aparta, necio.
JUANETE
Ello, hay cuentos desgraciados.
PORCIA
Retírate a tu aposento.
DON PEDRO
Ven, repararás el susto.
DON JUAN
Ven, mi amor, mi bien, mi cielo.
DON ÁLVARO
[Aparte.]
¿Que esto escuche? ¿Que esto vea?
SERAFINA
[Aparte.]
¡Oh si fueran los postreros
pasos que diera en mi vida!
PORCIA
Ya ves que dejar no puedo
de ir con ella. Aguarda aquí,
Álvaro, que al punto vuelvo.
Vanse, quedando DON ÁLVARO a una parte y JUANETE a otra.
JUANETE
Pues yo no he de reventar.
Alguien lo ha de oír: sobre eso
haré que me oigan los sordos.
DON ÁLVARO
¡Qué es esto que miro, cielos!
Serafina se ha casado,
y viéndola yo en ajenos
brazos, ¿no pierdo la vida?
Salen EL PRÍNCIPE, DON LUIS, CELIO y acompañamiento.
PRÍNCIPE
Cada día que aquí llego,
os debo nuevas finezas.
DON LUIS
Yo soy, señor, el que os debo
nuevas honras cada día,
y nunca os las agradezco;
y esta de haberme traído
hoy a don Álvaro, creo
que no pagaré en mi vida.
PRÍNCIPE
Fue notable su suceso,
a vista de tierra estaba,
tormenta, el bajel corriendo
como ya dije; y pasando
las galeras, recogieron
los desperdicios del mar
y a don Álvaro con ellos.
Estaba yo en Barcelona
esperando viaje y, viendo
que llegaba derrotado,
procuré albergarle, siendo
desde allí mi camarada.
DON ÁLVARO
No sino crïado vuestro.
DON LUIS
¿Has visto a tu hermana?
DON ÁLVARO
Sí,
señor.
DON LUIS
¡Oh cuánto me huelgo!
PRÍNCIPE
¡Qué buen día habrá tenido!
DON ÁLVARO
No mucho, porque sospecho
que un accidente que ha dado
aquí a una amiga, la ha puesto
en cuidado de asistirla.
DON LUIS
¿Accidente? Dadme, os ruego,
licencia para saber,
gran señor, qué ha sido esto.
DON ÁLVARO
A mí para ir a buscar
un grande amigo que tengo.
[Aparte.]
No es sino enemigo, pues
voy a buscarme a mí mesmo.
Vase.
PRÍNCIPE
Celio, que hemos malogrado
toda la fineza creo.
CELIO
¿Por qué?
PRÍNCIPE
Porque si no veo
a Porcia, ¿de qué el cuidado
ni la prisa me ha servido?
CELIO
Si su padre te previene
de que otros huéspedes tiene,
no te des ya por sentido
del descuido.
PRÍNCIPE
¿Cómo no,
si son siglos los instantes?
CELIO
Notables sois los amantes.
PRÍNCIPE
¿Nunca tú has amado?
CELIO
Yo
mirón del amor he sido;
y a pagar de mi dinero,
a la que me quiere quiero
y a la que me olvida olvido.
PRÍNCIPE
Pues ya no extraño que aquí
me culpes; que quien no tiene
amor, juzgo que se aviene
con quien ama.
CELIO
¿Cómo?
PRÍNCIPE
Así.
Quien ve de lejos danzar
al que más airoso ha sido,
como no oye el dulce ruido
de la música, en juzgar
que está loco, juzga bien;
pues sin compás las acciones
parecen desatenciones,
lo que no sucede a quien
de cerca oye la armonía,
que es alma de su primor.
Así, el que ignora de amor
una y otra fantasía,
a cuyo compás quien ama
se mueve, estar loco puede
juzgar, lo que no sucede
a quien la dulzura inflama
que le negó la distancia;
pues atento al blando son,
no oye voz, no mira acción,
que no le haga consonancia.
Acércate, pues, un poco
al ruido de amor: verás
que está danzando a compás
el que piensas que está loco.
CELIO
Bien pudiera replicar
que en quien se acerca o se aleja,
aun siendo a compás, no deja
de ser locura el danzar.
Pero no es tiempo, pues vi
que a verte Porcia salió.
Sale PORCIA.
PORCIA
Aquí mi hermano quedó.
PRÍNCIPE
Pues ya, Porcia, no está aquí;
y si en esto habéis querido
decir que, en dejaros ver,
no tengo que agradecer,
no me doy por entendido
del disfavor.
PORCIA
Son errores;
que cuando tan feliz fuera
que esa atención os debiera,
en quejas, no en disfavores,
la lograra.
PRÍNCIPE
¿En quejas?
PORCIA
Sí.
PRÍNCIPE
¿De quién tenerlas podéis,
sabiendo yo que sabéis
las finezas que hubo en mí
desde el venturoso día
que en Nápoles os amé?
PORCIA
De vós, pues de vós no fue
estimada la fe mía
en esta prolija ausencia.
PRÍNCIPE
Yo sé que me disculpara,
si gente, Porcia, no entrara.
PORCIA
¿Cuánto diera Vuexcelencia
por el estorbo?
Sale SERAFINA.
SERAFINA
No puedo,
¡ay amiga!, sosegar;
y a ti te vuelvo a buscar,
perdido a mi muerte el miedo.
Mas, ¡ay Dios!, ¿quién está aquí?
PORCIA
El Príncipe.
SERAFINA
Vuexcelencia
perdone mi inadvertencia.
Confieso que no le vi,
cómo turbada venía.
PRÍNCIPE
Yo os agradezco la acción,
porque en vuestra turbación
pueda disculpar la mía.
SERAFINA
Pues si turbados los dos
reconocemos estar,
poco tenemos que hablar:
¡mil años os guarde Dios!
Vase.
PRÍNCIPE
En toda mi vida vi
cortesanía más bella.
PORCIA
Fuerza es, señor, ir con ella.
¿Vereisme esta noche?
PRÍNCIPE
Sí.
¿Has visto, Celio, en tu vida
plática más bien cortada?
Vase PORCIA.
CELIO
Si tan en sí está turbada,
¿cómo estará prevenida?
PRÍNCIPE
¿Quién aquesta dama es?
CELIO
¿Yo, cómo lo he de decir,
si ahora acabo de venir?
PRÍNCIPE
Álvaro lo dirá, pues
a tan buena ocasión viene.
CELIO
¿Qué te va en esto?
PRÍNCIPE
Saber,
no más, quién será mujer
que tanta hermosura tiene.
Sale DON ÁLVARO.
DON ÁLVARO
¡Qué mal descansa un dolor!
Apenas de aquí me fui
cuando ya me vuelvo aquí.
PRÍNCIPE
¿Don Álvaro?
DON ÁLVARO
¿Gran señor?
PRÍNCIPE
¿Quién es una hermosa aurora,
huéspeda de Porcia bella,
con quien el sol es estrella?
DON ÁLVARO
(Aparte. Esto me faltaba ahora.)
Esta es, señor, Serafina,
hija de aquel noble anciano
de Santelmo castellano.
PRÍNCIPE
Es su hermosura divina.
DON ÁLVARO
¿Nunca la habíais visto?
PRÍNCIPE
No,
hasta ahora.
DON ÁLVARO
Pues yo sí.
PRÍNCIPE
Y en lo poco que la oí,
discreta me pareció.
DON ÁLVARO
Es su ingenio singular.
Aparte.
¡Hay confusión más extraña!
PRÍNCIPE
¿Y qué hace aquí?
DON ÁLVARO
Pasa a España.
PRÍNCIPE
¿A qué?
DON ÁLVARO
Aparte.
Es que va a casarla a ella.
PRÍNCIPE
¿Con quién?
DON ÁLVARO
Con un deudo.
PRÍNCIPE
Y pues,
¿quién aquese deudo es
tan feliz que merecella
pudo?
DON ÁLVARO
Don Juan Roca, aquel
caballero que llegó
con mi padre a hablarte.
PRÍNCIPE
No
reparé entonces en él,
como no le conocía;
y aun si otra vez le viera,
no sé si le conociera.
Sale DON LUIS.
DON LUIS
Si pudo la amistad mía
mereceros, gran señor,
una fineza, por mí
la habéis de hacer.
PRÍNCIPE
Cuanto aquí
tarda vuestra voz, mi amor
tardará en obedeceros.
DON ÁLVARO
[Aparte.]
(¿Hay confusiones más fieras?)
DON LUIS
El patrón de las galeras
dice que solo a traeros
hasta aqueste puerto viene,
y que trae orden de que
en él un hora no esté.
PRÍNCIPE
Es verdad, ese orden tiene.
DON LUIS
Ya os dije que tengo aquí
un huésped a quien quisiera
festejar solos dos días;
ha de ir en ellas y, así,
el dilatarlas...
PRÍNCIPE
No puedo,
que está empeñado mi honor
con palabra que al señor
don García de Toledo
le di de no detenellas;
harto lo siento por vós.
[Aparte.]
(Y porque imagino, ¡ay Dios!,
que se me va un bien en ellas,
que... Mas no imagino nada,
que es necedad, que es locura,
idolatrar hermosura
antes perdida que hallada.)
Vase con CELIO.
DON LUIS
Pues si eso no puede ser,
bien es que no se dilate
su partida y della trate.
DON ÁLVARO
Aunque hoy el Príncipe hacer
no ha querido, o no ha podido,
esta fineza por ti,
tú has de hacer, señor, por mí
otra que humilde te pido.
DON LUIS
¿Qué es?
DON ÁLVARO
A España me envïaste,
y en el riesgo que me vi
toda la hacienda perdí,
que al partirme me entregaste.
Hallándome en Barcelona
pobre y desnudo, me fue
forzoso volver, porque
mal pudiera mi persona
ir a la corte a pleitear
sin lucimiento y dineros;
y es lo que pedirte quiero,
que me vuelvas a envïar,
pues hay hoy embarcación.
DON LUIS
No es el riesgo a que te ofreces,
Álvaro, para dos veces.
DON ÁLVARO
Por esa misma razón
te lo suplico, porque
no se presuma de mí
que a la fortuna rendí
valor que de ti heredé.
DON LUIS
Aunque agradezco el deseo,
no has de ir...
DON ÁLVARO
[Aparte.]
¿Quién mi muerte ignora?
DON LUIS
...por lo menos, por ahora.
Vase.
DON ÁLVARO
¡En qué confusión me veo!
¿Posible, ¡ay de mí!, posible
es que Serafina, a cuya
deidad, idólatra el alma,
sacrificó la más pura
fe que en profanos altares
sacrílegamente injusta
el ara sin sangre mancha,
la imagen sin luz alumbra,
se ha casado? Pero, ¿quién
a un infeliz, desventuras
que padece como proprias,
como ajenas las pregunta?
Cierta es mi muerte, pues es
cierta la mudanza suya.
Creámosla de una vez:
¿de qué sirve andar en busca
de alivio? Que lo peor
no debe dudarse nunca;
y es echar a mal la queja
lisonjear con la duda.
Y aun para que no me quede
en tanta queja ninguna
esperanza de consuelo,
tanto el tiempo me apresura
los términos, que no deja
lugar de quejarme, dura
desdicha; pero no tanto
que ya el dolor no lo supla.
Con mi hermana viene: ¿quién
creerá que cuando más busca
ocasión de hablar la voz
es cuando queda más muda?
¡Oh qué de cosas tenía,
antes de ver su hermosura,
que decir! Pero al mirarla
ya no encuentro con ninguna.
Salen PORCIA y SERAFINA.
PORCIA
En fin, ¿es fuerza con tanta
prisa partir?
SERAFINA
¿Cuándo dura
más que un instante la dicha,
más que un punto el placer?
DON ÁLVARO
Nunca.
Y estando yo aquí, ¿por qué
a Porcia se lo preguntas?
Pues nadie mejor que yo,
aleve, falsa5, perjura,
te podrá decir cuán breve
es la edad de la ventura.
SERAFINA
Señor don Álvaro, puesto
que satisfagáis la duda
que acaso tuve, os suplico,
no prosigáis, que es injusta
penalidad oír la queja
quien no ha de dar la disculpa.
DON ÁLVARO
¿Por qué, ingrata, no has de darla?
SERAFINA
Porque no tengo más que una;
y esta muchas veces ya
la he dicho.
DON ÁLVARO
Es error; que nunca
son para quien las estima
las satisfaciones muchas;
y una palabra en amor
tanto los sentidos muda,
que, aunque es una en quien la dice,
siempre es otra en quien la escucha.
Vuelve, pues, vuelve a decir
esa razón en que fundas
tu sinrazón.
SERAFINA
Ya no puedo,
porque decir que vïuda
de ti me casé, fue bien
cuando tu vista me turba
tanto, que es disculpa ahora
el dar entonces disculpa.
DON ÁLVARO
Según eso, ¿mejor fuera
ser hoy, en la opinión tuya,
muerto que vivo?
SERAFINA
No sé;
pues pudiera yo, segura
de quien soy, llorarte muerto;
y vivo fuera locura
llorarte, pues la que entonces
era lástima tan justa,
sería liviandad agora,
trocando mi fama augusta,
lástima que fue virtud,
por satisfación que es culpa.
Quiere irse y detiénela.
DON ÁLVARO
Pues aunque muerto me llores,
o me olvides vivo, escucha,
que has de llevarte mis quejas,
pues me dejas tus injurias.
SERAFINA
No he de escucharte.
DON ÁLVARO
Escucharme
tienes.
SERAFINA
Porcia, ¿no me ayudas
a defender de un peligro
en que ves que se aventura
honor, ser y vida?
DON ÁLVARO
Porcia,
¿tú ese peligro no excusas
con mirar quién viene?
PORCIA
Sí,
que yo entre los dos confusa,
ni quito ni pongo amor;
pero hago en esta duda
lo que debo a ser hermana.
Mi cuidado te asegura;
quéjate, suspira, llora,
pues no tienes más fortuna.
Vase.
SERAFINA
Pues si he de escuchar por fuerza,
antes que empieces, escucha:
don Álvaro, yo te amé
cuando imaginé ser tuya;
y pasando mi esperanza
desde perdida a difunta,
me casé. Ahora soy quien soy,
sobre esto tus quejas funda.
DON ÁLVARO
¿Qué he de decir si tú lloras?
SERAFINA
Engáñaste, si lo juzgas;
si lloran, mienten mis ojos.
DON ÁLVARO
¿Es posible que reduzgas
tan fácilmente a ser iras
ya las ternezas? ¿Tan tuyas
son tus pasiones que puedes,
cuando de un rendido triunfas,
llorar y no llorar? ¿Son
las lágrimas, por ventura,
tan bien mandadas que saben
obedecer? Pues si alguna
fineza has de hacer por mí,
sea enseñarme cómo usas
de las lágrimas, si a tiempo
las viertes y las enjugas.
SERAFINA
Cuando me acuerdo quién fui,
el corazón las tributa,
cuando me acuerdo quién soy,
él mismo me las rehúsa;
y así, entre estos dos afectos,
como el uno a otro repugna,
las vierte al dolor, y al mismo
tiempo el honor me las hurta,
porque no pueda el dolor
decir que del honor triunfa.
DON ÁLVARO
En fin, ¿sientes...
SERAFINA
No lo niego.
DON ÁLVARO
...ser ajena?
SERAFINA
¿Quién lo duda?
DON ÁLVARO
Luego...
SERAFINA
No hagas consecuencias.
DON ÁLVARO
...podré desde hoy...
SERAFINA
No arguyas.
DON ÁLVARO
...fiado en tu llanto...
SERAFINA
¿En qué llanto?
DON ÁLVARO
...esperar...
SERAFINA
Será locura.
DON ÁLVARO
...que algún día...
SERAFINA
No es posible.
DON ÁLVARO
...se enmiende...
SERAFINA
No ha de ser nunca.
DON ÁLVARO
...mi desdicha...
SERAFINA
Soy quien soy.
DON ÁLVARO
...restituyendo...
SERAFINA
¡Qué injuria!
DON ÁLVARO
...mi perdido bien...
SERAFINA
¡Qué engaño!
DON ÁLVARO
...a mis brazos?
SERAFINA
¿Tal pronuncias?
DON ÁLVARO
Sí; y a este efecto...
SERAFINA
¡Qué pena!
DON ÁLVARO
...tras ti...
SERAFINA
Tu peligro buscas.
DON ÁLVARO
...tengo de ir...
SERAFINA
Mi muerte intentas.
DON ÁLVARO
...a España.
SERAFINA
Mucho aventuras.
DON ÁLVARO
...donde...
SERAFINA
Me hallarás ajena.
DON ÁLVARO
Serás mía.
SERAFINA
¿Yo ser tuya?
Disparan dentro.
¡Un rayo! ¡Válgame el cielo!
DON ÁLVARO
¡Ay de mí! ¡Cuánto me asusta
que el aire ejecute el trueno
cuando tú el rayo pronuncias!
Sale PORCIA.
PORCIA
Mirad que la pieza ya
de leva el partir anuncia;
y viene por ti tu padre
y tu esposo.
DON ÁLVARO
¡Suerte dura!
SERAFINA
¡Grave pena!
PORCIA
No te vean
con las dos.
DON ÁLVARO
¡Sentencia injusta!
Adiós, Serafina.
SERAFINA
Adiós,
don Álvaro.
DON ÁLVARO
Piensa...
SERAFINA
Juzga...
DON ÁLVARO
...que yo he de adorarte mucho.
SERAFINA
...que yo no he de amarte nunca.

Jornada II

Córrese una cortina, y véese SERAFINA sentada en una silla y DON JUAN retratándola.
DON JUAN
¿Cánsaste de estar así?
SERAFINA
Si es tu gusto el retratarme,
¿cómo puedo yo cansarme
de lo que te agrada a ti?
DON JUAN
Muchas veces te pedí,
si bien loco, altivo y vano,
que por mí tu soberano
cielo hiciera esta fineza
de tener de tu belleza
un retrato de mi mano.
Y aunque estoy agradecido
al haberlo tú otorgado,
no sé si me hubiera holgado
de no haberlo yo pedido.
SERAFINA
¿Cómo así?
DON JUAN
Como rendido
a tanto empeño, no sé
si dél airoso saldré.
SERAFINA
Tú, que a ti solo excedías,
¿tanto de ti desconfías?
DON JUAN
Sí.
SERAFINA
¿Por qué?
DON JUAN
Escucha por qué:
de la gran naturaleza
son no más que imitadores
-vuelve un poco- los pintores;
y así, cuando su destreza
forma una rara belleza
de perfección singular,
no es fácil de retratar,
porque como su poder
tuvo en ella más que hacer,
da en ella más que imitar.
Demás, que en una atención
imprime cualquier objeto
con más señas un defeto,
mi bien, que una perfección.
Y como sus partes son
más tratables, se asegura
la fealdad en la pintura;
y así, con facilidad
se retrata una fealdad
primero que una hermosura.
SERAFINA
Confieso, esposo, que eso
será en lo perfecto así;
pero no conviene en mí
la razón.
DON JUAN
Yo lo confieso
también; que es tanto el exceso
de tu hermosura, que aun esta
disculpa no lo es.
SERAFINA
Dispuesta
a oír la razón estoy, ya
que dicho el desaire está.
DON JUAN
No está, si oyes la respuesta.
Deste arte la obligación
-mírame ahora y no te rías-
es sacar las simetrías
que medida, proporción
y correspondencia son
de la facción; y aunque ha sido
mi estudio, he reconocido
que no puedo, desvelado,
haberlas yo imaginado
como haberlas tú tenido.
Luego si en su perfección
la imaginación exceden,
mal hoy los pinceles pueden
seguir la imaginación.
Y otra razón...
SERAFINA
¿Qué razón?
DON JUAN
Fuego, luz, aire y sol niego
que pintarse puedan; luego
retratarse no podrá
beldad que compuesta está
de sol, aire, luz y fuego.
Levántase arrojando los pinceles.
Y así, me doy por vencido,
y te pido, si mi amor
volver quisiere a este error,
no lo permitas, corrido
de ver que no he conseguido
retratarte parecida.
SERAFINA
Aunque quedo agradecida
a las razones que das,
ofrezco no volver más,
si me costase la vida,
a dejarme retratar
de ti, porque disgustado
no he de verte.
DON JUAN
Que me ha dado
disgusto, enfado y pesar,
no te lo puedo negar,
al ver que solo a este intento
me falta el conocimiento
que tengo de la pintura;
mas culpa es de tu hermosura.
Sale JUANETE.
JUANETE
Aquí viene.
DON JUAN
¿Quién?
JUANETE
Un cuento.
«Sordo un hombre amaneció;
y viendo que nada oía
de cuanto hablaban, decía:
'¿qué diablos os obligó
a hablar hoy de aquesos modos?'
Volvían a hablarle bien
y él decía: '¿hay tal que den
hoy en hablar quedo todos?',
sin persuadirse a que fuese
suyo el defecto». Tú así
presumes que no está en ti
la culpa; y aunque te pese
es tuya y no la conoces,
pues das, sordo, en la locura
de no entender la hermosura
que el mundo la dice a voces.
DON JUAN
¡Qué locura! Ven conmigo.
SERAFINA
¿Adónde, mi señor, vas?
DON JUAN
Hasta el muelle iré no más,
porque si verdad te digo,
divertirme será bien
deste necio sentimiento.
SERAFINA
Pues, ¿es tu divertimiento
el no verme?
DON JUAN
Sí, mi bien;
porque solo de esa suerte
que yo me divierta es justo;
pues con no verte, es el gusto
mayor de volver a verte.
SERAFINA
No cortesano, señor,
con esas galanterías,
las desconfïanzas mías
quiera divertir tu amor;
ya sé que te llevará
el aplauso que pregona
la fama de Barcelona,
viendo publicadas ya
sus carnestolendas, pues
mil disfrazadas bellezas
merecerán tus finezas.
DON JUAN
No desconfïada des
agora en pedirme celos,
que a ti en el mundo no hay quien
darlos pueda.
SERAFINA
Yo sé bien,
mejor que tú, tus desvelos.
DON JUAN
¿Mejor que yo?
SERAFINA
¿Qué mujer
propria más de su marido
que aun él mismo, no ha sabido?
DON JUAN
¿Eso cómo puede ser?
JUANETE
Cierto cura de un lugar
con un vecino reñía
donde su mujer lo oía;
y entre uno y otro pesar,
airado el cura y sañudo,
dijo aquel nombre inhumano
que empezando en 'cor-tesano',
viene a acabar en 'des-nudo'.
Su mujer, a esta ocasión,
dijo con desenvoltura:
«Testigos me sean que el cura
revela mi confesión».
Mira pues si habrá sabido
la mujer en sus defetos
de su marido secretos,
que no sabe su marido.
DON JUAN
¡Oh, qué tema tan cansado!
JUANETE
Aunque te enfades de oíllos:
«A cuatro o cinco chiquillos...»
DON JUAN
Calla.
JUANETE
¡Oh, cuento desdichado!
DON JUAN
Quédate, mi bien, adiós,
que al instante volveré.
Vanse.
SERAFINA
Dios te guarde. ¡Oh cuánto fue,
vendado y desnudo Dios,
el imperio tuyo! ¡Oh cuánto
supo rendir y vencer
de tus flechas el poder!
Dígalo yo, pues el llanto
que jamás imaginé
que ver enjuto podría,
tanto a un día y a otro día
domesticado se ve
que no es posible...
Sale FLORA alborotada.
FLORA
¿Señora?
SERAFINA
¿Qué tienes? ¿Qué ha sucedido?
FLORA
Llamando a la puerta...
SERAFINA
Di.
FLORA
Vi que era un hombre vestido
de marinero.
SERAFINA
Pues bien,
¿qué quiere?
FLORA
Tiemblo el decirlo;
darte...
SERAFINA
¿Qué?
FLORA
Una carta.
SERAFINA
¿Cúya?
FLORA
De Porcia.
SERAFINA
¿Y eso ha podido
turbarte?
FLORA
¿Pues no, si es,
ya que la verdad te digo,
don Álvaro el marinero?
SERAFINA
¿Le has visto tú?
FLORA
Yo le he visto.
SERAFINA
¿Dístete por entendida
de que él fuese?
FLORA
Fue preciso.
SERAFINA
¿Y qué te dijo?
FLORA
Que a ti
te lo dijese, me dijo.
SERAFINA
Pues di que no te atreviste,
medrosa de mi castigo;
y, como que de ti sale,
añade de cuánto es digno
el disfraz, y haz de manera
que sin verme (¡estoy sin juicio!)
ni que sepa que lo sé,
se vuelva al instante mismo.
FLORA
Yo lo haré así.
Sale DON ÁLVARO de marinero.
DON ÁLVARO
¿Para qué?
Que habiendo entrado atrevido
yo hasta aquí, porque de casa
salir a don Juan he visto,
ya es excusado que Flora
me diga lo que yo he oído.
SERAFINA
Antes parece que no
lo oísteis, pues habiendo sido
lo que os dije, que os volvieseis
sin verme, más es indicio
el atreveros a verme
de no oírlo, que de oírlo.
DON ÁLVARO
Es verdad; pero eso fuera,
hermoso imposible mío,
si de un delito no fuese
consecuencia otro delito.
Y pues a verte, no más,
en este traje he venido,
atento solo al recato
con que tu belleza estimo,
con que tu respeto adoro
y con que tu opinión miro;
no tanto extrañes el verme
que, disgustada conmigo,
sea ofensa la fineza
y desmérito el servicio.
SERAFINA
Señor don Álvaro, no
penséis que el pararme a oíros
es consentida licencia
que para hablar os permito;
que no es sino turbación
de que, cobrada, os suplico
me hagáis merced de dejar
la plática en los principios.
Y si es verdad que esto puede
ser que sea fineza, os pido
la ilustréis con una acción
digna de vós.
DON ÁLVARO
¿Cuál es?
SERAFINA
Iros
tan presto que pueda yo
veros a vós persuadido
a que el amor de mi esposo,
la paz del estado mío,
la obligación de mi sangre,
el trato, el gusto, el cariño,
me han trocado de manera
que, robusta encina, fijo
escollo, será más fácil
a los embates continuos
del mar, o a los destemplados
soplos del ábrego frío
moverse, que mi fineza,
si contrastase mi brío
todo el mar lágrimas hecho,
todo el aire hecho suspiros.
DON ÁLVARO
¿Qué importará que blasonen
tus altiveces conmigo
de ser al agua y al viento
dura encina, escollo altivo,
si antes que rebelde tronco
fuiste girasol que, al vivo
rayo de amor abrasado,
enamoraste sus visos,
y edificio antes que escollo,
en cuyo apacible sitio
vive amor idolatrado
deste humano sacrificio?
Pues siendo así, ¿cómo puedo
acobardar mis disignios,
si antes de haber sido armada
encina de hojas, yo mismo
reconocí amante flor,
y antes también de haber sido
escollo armado de yedra,
yo te conocí edificio?
SERAFINA
No lo niego. Mas también,
si me valgo de ese indigno
concepto que contra mí
hallaron tus desvaríos,
de esa humilde fácil flor
hacer el tiempo ha podido,
con las raíces que ha echado
dentro de mi pecho invicto,
inmortal tronco; y también,
de ese amoroso edificio,
caduca ruina. De suerte
que, uno atento al precipicio
y otro a la raíz atento,
olvidaron sus principios
tanto que, aun no conservando
la memoria del olvido,
han sido, son y han de ser,
en6 fuerza y en desperdicios,
ejemplo de lo que acaba
la carrera de los siglos.
DON ÁLVARO
¿Qué siglos? Si aun por instantes
cuentan hoy mis desatinos
la recién nacida edad
de tus rigores esquivos.
Ayer fue cuando me amaste:
no, pues, con tirano estilo
te valgas del tiempo ya,
que ni es ni ha de ser ni ha sido
posible que de un instante
a otro, de uno a otro improviso,
confesando tú que fuiste
primero flor y edificio,
crea yo que tan mudado,
¡oh hermoso, oh bello prodigio,
de lo que fuiste primero
estás tan desconocido.
SERAFINA
No la culpa de ese error
quieras partirla conmigo,
don Álvaro, que no es bien
dudar tú lo que yo afirmo.
Demás de que yo, a este efecto,
de ti mismo solicito
valerme; tú mismo sabes
mi honor, mi altivez, mi brío.
Y pues nadie como tú
examinó en los principios
lo ilustre de mis respetos,
lo honrado de mis desvíos,
lo atento de mis decoros,
lo noble de mis disignios,
a ti mismo te examina
en mi favor por testigo;
porque si a ti mismo tú
no te vences, será indicio
que de ti mismo olvidado,
no te acuerdas de ti mismo.
DON ÁLVARO
Sí me acuerdo, sí me acuerdo.
DON JUAN
Dentro.
¿Cómo, habiendo anochecido,
no hay aquí luz?
FLORA
¡Mi señor!
SERAFINA
¡Muerta estoy!
DON ÁLVARO
¡Estoy perdido!
FLORA
[Aparte.]
¡Que nunca falte a este paso
galán, hermano o marido!
DON ÁLVARO
¿Qué he de hacer?
SERAFINA
No sé.
FLORA
Yo sí.
DON ÁLVARO
¿Qué es?
FLORA
Esperar escondido
en este cancel, que él
entre en su cuarto.
DON ÁLVARO
Eso elijo,
no por mi peligro tanto,
como, ¡ay Dios!, por tu peligro.
Escóndese, y sale DON JUAN.
SERAFINA
¡Que esto sin mi culpa pueda
suceder, cielos divinos!
DON JUAN
¿Cómo no hay aquí una luz?
SERAFINA
Descuido, señor, ha sido
de las crïadas.
Sale FLORA con luces.
FLORA
Aquí
están ya.
SERAFINA
Mucho te estimo
[Aparte.]
(Esforcemos, corazón,
la pena que no resisto.)
el haber vuelto tan presto.
DON JUAN
Unos parientes y amigos
me obligaron a volver
a casa, habiéndome dicho
que importaba que viniese
a ella...
SERAFINA
[Aparte.]
¡Ay de mí!
DON JUAN
...a darte aviso
de que han trazado una fiesta...
SERAFINA
[Aparte.]
¡Vivamos, alma!
DON ÁLVARO
[Aparte.]
De un hilo
pendiente estuve.
DON JUAN
...en que salen
mañana a los regocijos
de Barcelona, embozadas
sus familias, permitido
uso entre nosotros, pues
lo mejor y más lucido,
con sus mujeres, hermanas
y hijas, tienen por estilo
gozar así los disfraces,
juegos y otros artificios.
Y como este es el primero
año que no los has visto,
han querido festejarte;
y aun a la vuelta imagino
que en la quinta de don Diego
de Cardona, que es el sitio
más deleitoso porque es
sobre el mar, han prevenido
un banquete. De su parte
y de la mía te pido
que te disfraces y salgas
con ellas, que yo el vestido
o traje que tu eligieres,
de aquí a mañana me obligo
a traerte: ¿qué respondes?
SERAFINA
¿Tengo yo elección ni arbitrio
más que tu gusto? Él es solo
alma y ley de mi albedrío;
y porque veas, señor,
con cuánto gusto te sirvo,
ven a mi cuarto, que quiero,
ya que este favor recibo
de ti, enseñarte unas muestras
de tela que había traído
a otro propósito, y quiero
que veas la que yo elijo.
DON JUAN
¡Quién pudiera de diamantes
no solo hacerte el vestido,
mas para que le pisaras,
irte empedrando el camino!
SERAFINA
Aunque yo no te merezca
esas finezas, te afirmo
que las merece mi amor:
ven, pues.
Toma ella la luz.
DON JUAN
¿Qué haces?
SERAFINA
¿Qué? Mi oficio,
que es servirte.
DON JUAN
Toma, Flora,
tú esa luz.
SERAFINA
Es desatino,
que Flora no ha de hacer más
de aquello que yo la digo;
pues ella me sirve a mí
Hace SERAFINA señas a FLORA.
en ver cómo yo te sirvo.
Vanse los dos.
FLORA
Señor don Álvaro, ya
que está seguro el camino,
seguidme. 7
Toma la otra luz.
DON ÁLVARO
Sí haré con harto
temor.
FLORA
¿De qué?
DON ÁLVARO
De haber visto
la verdad de cuán valiente
es en su casa un marido.
Al ir tras ella, suena ruido.
FLORA
Vamos de aquí. Mas... no salgas,
espera.
DON ÁLVARO
¿Qué ha sucedido?
FLORA
Que viene Juanete.
DON ÁLVARO
Mata
la luz haciendo algún ruido,
que yo tomaré la puerta
sin que me vea.
Cae FLORA, mata la luz y sale JUANETE.
FLORA
Hecho y dicho.
¡Jesús mil veces!
JUANETE
¿Qué es esto,
Flora?
FLORA
Esto es haber caído,
Juanete.
JUANETE
¿En la tentación
o en qué?
FLORA
Qué sé yo en qué ha sido;
toma esta vela y volando
ve a encenderla.
Al ir a tomar la vela, tropieza con DON ÁLVARO.
JUANETE
¡Jesucristo!
FLORA
¿Qué es eso?
JUANETE
Ver, aunque a obscuras,
cuán grande espanto has tenido,
pues has barbado de espanto.
DON ÁLVARO
[Aparte.]
¡Que hubiese de dar conmigo!
Pero ya hallé con la puerta.
Vase.8
FLORA
¿Estás loco?
JUANETE
Lo que digo
es cierto, aquí anda más gente.
¿Señor?
Sale DON JUAN con luz.
DON JUAN
¿Qué voces, qué ruido
es este?
FLORA
No es nada.
JUANETE
¿Cómo
que no es nada? Es muchísimo.
FLORA
Yendo a cerrar esa puerta
tropecé: esto solo ha sido.
JUANETE
Más ha sido que eso solo,
pues yo también...
DON JUAN
Dilo, dilo.
JUANETE
...tropecé aquí con un hombre
que de tu cuarto escondido
salía.
DON JUAN
¡Válgame el cielo!
¿Hombre aquí?
JUANETE
Y nada lampiño.
FLORA
Yo era, señor, con quien él
dio.
JUANETE
No era, ¡vive Cristo!
Miente, señor, por la barba.
DON JUAN
¿Estás loco? ¿Estás sin juicio?
Aparte.
(Mas, ¡ay cielos!, yo lo estoy
si en un instante colijo
que el llevarme Serafina
de aquí, y con traidor aviso
dejar aquí a Flora... Pero,
¿qué es esto? ¡Ay de mí! Yo mismo
miento si lo digo, y miento,
¡ay de mí!, si no lo digo.)
Toma, toma aquesta luz,
que quiero, aunque no imagino
que digas verdad, mirar
la casa; entra, pues, conmigo.
[Aparte.]
Apuremos, corazón,
todo el veneno al peligro.
JUANETE
Eso, bien podrás no hallarlo;
mas, señor, lo dicho, dicho.
Saca la espada, y éntrase DON JUAN y JUANETE con luz, y sale SERAFINA.
SERAFINA
Flora, ¿qué ha sido esto?
FLORA
Apenas
sabré, señora, decirlo.
Don Álvaro iba a salir;
Juanete a este tiempo vino;
maté la luz; encontrole;
dio voces; don Juan al ruido
salió, y va mirar la casa.
SERAFINA
¿Sabes si él ya9 habrá salido?
Sale DON JUAN.
DON JUAN
La casa miré y no hay nadie.
Serafina, ven conmigo
a mi cuarto, escogerás
qué joyas y qué vestido
has de llevar a la fiesta.
SERAFINA
Tu gusto solo es el mío;
[Aparte.]
¡Válgame Dios! ¡Qué de asombros
en solo un instante he visto!
DON JUAN
[Aparte.]
¡Válgame Dios! ¡Qué de cosas
llevo que pensar conmigo!
FLORA
Tú tienes culpa de todo.
JUANETE
Pícara, lo dicho, dicho.
Vanse todos.
Salen EL PRÍNCIPE y CELIO de noche.
CELIO
¡Notable es tu tristeza!
PRÍNCIPE
¡Ay, Celio! Tan rebelde la extrañeza
es de mi pensamiento
que solo siento el bien del mal que siento.
CELIO
Yo juzgaba estos días
pasados que eran tus melancolías
vivir de Porcia ausente;
mas después que su padre cuerdamente
dejó el Gobierno y vino
a Nápoles, ni creo ni imagino
qué, pues favorecido de tu estrella,
con la seña que tienes,
a aquestas rejas cada noche vienes
y tu mal no mejora;
y mas, señor, ahora
que don Álvaro ausente
aun te ha quitado aquese inconveniente.
PRÍNCIPE
¿Qué importa, Celio, ver a Porcia bella,
si de mi pena no es la causa ella?
Este divirtimiento
es no más que engañar el pensamiento.
CELIO
Pues, ¿qué causa has tenido
para que no sea amor este, ni olvido?
PRÍNCIPE
Yo la causa dijera
si al hablar no temiera
que ha de calificarse por locura.
CELIO
Ya que eso se asegura
de la objeción explica tu tristeza.
PRÍNCIPE
¿Acuérdaste de ver una belleza
que, huéspeda de Porcia el mismo día
que de España venía,
fue a mis ojos, en espacio breve,
monstruosa exhalación de fuego y nieve?
CELIO
Bien me acuerdo por señas, que ese día
se fue también; y novedad sería
que en la ausencia empezase tu violencia
cuando se acaban otras en la ausencia.
PRÍNCIPE
No porque al primer paso,
antes de ver las sombras del ocaso,
tal vez el sol en nubes se obscurece,
podremos decir dél que no amanece;
no porque al primer susto
del relámpago y trueno
tal vez se desvanezca el rayo, es justo
decir que no fue rayo de iras lleno;
no porque de su seno
nazca tal vez, orilla
del mar, a breve edad la fuentecilla,
donde su cuna en su sepulcro vea,
dirán que su cristal, cristal no sea;
no porque ardiente llama
al primer resplandor con que se inflama
expirase tal vez de un soplo herida,
se dirá que no tuvo ser ni vida;
y no porque, tal vez en el primero
albor, la flor examinase el fiero
yelo que su esplendor adormeciese,
se dirá de la flor que flor no fuese.
Luego no porque hallase en un momento
la nube, el mar, el soplo, el yelo, el viento,
mi amor recién nacido,
sol, rayo, fuente, llama y flor no ha sido.
CELIO
Bien argüir pudiera
contra aquesa razón, si ya no oyera
en el jardín sonoro el instrumento,
que es la seña de Porcia.
PRÍNCIPE
Escucha atento,
que el tono ha de decirme
si llegaré a la reja, o si he de irme;
pues de concierto están nuestros desvelos;
que llegue si es amor, que huya si es celos.
Dentro canta PORCIA.
PORCIA
¿Para qué es, amor tirano,
tanta flecha y tanto sol,
tanta munición de rayos
y tanto severo arpón?
Sale PORCIA a la reja cantando.
PRÍNCIPE
Esperando, Porcia bella,
estuve a ver si tu voz
me despedía con celos
o llamaba con amor.
PORCIA
Este es afecto que aunque
no fuera seña en los dos
siempre sucediera; pues
cualquiera dama, señor,
con el amor o los celos
despide o llama.
PRÍNCIPE
Es error,
que yo sé alguna que, estando
al revés de esa opinión,
suele llamar con los celos
y con los amores no.
PORCIA
Muy necio será el amante
que, viendo agravio y favor,
haga del uno desprecio
y del otro estimación.
PRÍNCIPE
No digo yo que será
cuerdo; solo digo yo
que lo rebelde tal vez
hace su efecto mayor.
PORCIA
Bien mi firmeza amparara
la opinión de esa opinión
si esta noche, como otras,
tuviésemos ocasión
de hablar despacio.
PRÍNCIPE
Pues, ¿qué
nos lo embaraza?
PORCIA
El temor
de no estar ya recogido
mi padre, pues le obligó
el disgusto de la ausencia
de mi hermano a la atención
de unos despachos; y así,
lo que haya de hablar con vós
es fuerza que este instrumento
lo acompañe porque no
pregunte por mí escuchando
que aquí divertida estoy,
y pueda también, el ruido
de la música, el rumor
desmentir de nuestras voces.
PRÍNCIPE
No será esta la ocasión
primera que hablado haya
en cláusulas el amor,
y fantasías; que todas
compuesta música son.
PORCIA
Pues escuchadme, que tengo
mil cosas que hablar con vós;
y aunque sea desta suerte
importa decirlas hoy.
Toca y representa.
Mi padre dejó el gobierno,
ya lo sabéis, por razón
de retirarse a vivir
a la aldea de Belflor.
Mi hermano, que embarazaba
aquesta resolución
con haber sin su licencia
ídose sin que él ni yo
sepamos dónde, le ha dado
de apresurar la ocasión
de suerte que irse mañana
intenta de aquí. El dolor
me enmudece, porque haya
en mí tan nueva pasión
que todos canten tañendo
y llorando sola yo.
PRÍNCIPE
Bien es menester, ¡oh Porcia!,
disfrazar al dulce son
de ese instrumento esa nueva,
bien como para el dolor
suele dorarse lo amargo
del remedio; aunque mejor
pudiera decir que es
cierta especie de traición
halagar con la dulzura
y matar con el rigor.
PORCIA
¿Quién más que yo deseara...?
Sale JULIA.
JULIA
Que ha bajado mi señor
al jardín; sus pasos siento.
PORCIA
Esto es cumplir con los dos.
Canta.
Si celos han de vencerme,
aunque blasones de Dios,
¿para qué es, amor tirano,
tanta flecha y tanto sol?
PRÍNCIPE
De celos canta, señal
cierta que al jardín entró.
Retírase; y por dentro llega DON LUIS a la reja.
CELIO
¿Quién, sino tú, tuvo puesta
en música su pasión?
FLORA
¿Quién va?
PORCIA
¿Quién es?
DON LUIS
Yo soy, Porcia;
que tanto me divirtió
tu voz estando escribiendo,
que su dulce suspensión
me hizo bajar al jardín,
bien que a pesar del dolor
de la ausencia de tu hermano.
PORCIA
En estas rejas estoy,
gozando en ellas el blando
viento que corre veloz,
con mi voz y este instrumento
divertida.
DON LUIS
¿Qué mejor?
Y mientras yo me paseo
por él, te ruega mi amor
vuelvas a cantar.
PORCIA
Sí haré,
si en eso gusto te doy;
y mas si te alejas. Pues
volverá a ser la canción...
[Canta.]
Amor, si de tus rigores
te vences, ¿para qué son
tanta munición de rayos
y tanto severo arpón?
CELIO
Ya dice que volver puedes,
pues vuelve a cantar de amor.
PRÍNCIPE
¿Puedo llegar, Porcia?
PORCIA
Sí,
que aunque mi padre bajó
al jardín, podrás oírme
el aviso que te doy.
Tañendo.
Mañana se va a su aldea,
en ella tiene, señor,
un castillo que del bosque
es rústica población.
Si en achaque de la caza
a él quisieres ir, mejor
en él tendremos mil veces
para hablarnos ocasión.
PRÍNCIPE
Digo que iré, Porcia mía,
a verte.
DON LUIS
[Dentro.]
¿Porcia?
PORCIA
¿Señor?
DON LUIS
[Dentro.]
Ya es hora de recogerte.
PORCIA
Fuerza es irme.
PRÍNCIPE
Adiós.
PORCIA
Adiós,
y ya que el tiempo me quita
aun esta breve ocasión,
hablando contigo iré,
si no de celos, de amor,
en otro sentido.
PRÍNCIPE
¿Cuál?
PORCIA
Eso lo dirá mi voz.
¡Ay mortal ausencia!
¡Ay partida unión!
¡Ay noche sin día!
¡Ay día sin sol!
[Vase y canta dentro.]
PRÍNCIPE
Ya que de amor y de celos
variar hubo la canción,
fue de ausencia, pues así
también convenga a los dos;
mas con una diferencia:
que ella habla conmigo y yo
con aquel bello imposible,
diciendo de ambos la voz.
Ella, dentro, canta y él representa.
LOS DOS
¡Ay mortal ausencia!
¡Ay partida unión!
¡Ay noche sin día!
¡Ay día sin sol!
Vanse los dos.
Sale DON ÁLVARO y FABIO de gala, con máscaras.
DON ÁLVARO
Aquesta la puerta es
de palacio, a quien la fama
de catalán nombre llama
la plaza del Clos; y pues
es aquí donde a parar
todas las máscaras vienen,
donde los músicos tienen
tablado para danzar,
aquí es donde esperaré
ver aquella disfrazada
que, de Flora acompañada,
salió de casa; pues fue
fuerza no haberla seguido
hasta que, desta manera,
de máscara me vistiera
para no ser conocido.
FABIO
No dudes que aquí, señor,
ocasión de hablar tendrás,
pues al máscara jamás
se le ha negado el favor
de hablar todo el tiempo que
el rostro tenga cubierto,
como no sea descubierto
quién sea.
DON ÁLVARO
Notable fue
la introdución destos días,
pues, aunque padre o marido
las acompañen, han sido,
Fabio, las galanterías
permitidas.
FABIO
Y es de suerte
que, con ser tan belicosa
nación esta y tan celosa,
no ha sucedido una muerte.
DON ÁLVARO
Ea, ya en la plaza entrando
diversos disfraces vi.
FABIO
Verlos podrás desde aquí
pasar tañendo y cantando.
Dentro suena grita, córrese una cortina y están en un tabladillo los músicos, y salen las mujeres que pudieren por una parte bailando con máscaras, y por otra los hombres con trajes diferentes.
MUJER 1.ª
Veniu las miñonas,
a bailar al Clos,
tararera,
que en las Carnestoltas
se disfraz Amor,
taratera.
HOMBRE1.º
Veniu los fadrines
al Clos a bailar,
tarareta,
que en las Carnestoltas
Amor se disfraz,
tararera.
DON JUAN
¿Qué, bien mío, te parece
desta común alegría?
SERAFINA
Que no tuve mejor día
en mi vida, y te agradece
mi amor el haberme hecho
tal festejo.
DON JUAN
Para mí
lo fuera también si aquí
la confusión de mi pecho
me le dejara gozar,
aunque en vano me atormento
con mi mismo pensamiento.
JUANETE
Volver quieren a bailar.
MUJER 1.ª
Sonau, músicos, sonau.
HOMBRE 1.º
Prevenid las castañetas.
MÚSICOS
Què voleu?
TODOS
Las paraletas
digan tots10.
MÚSICOS
Que me pleu.
Bailan todos juntos, los unos quedan a una parte, y DON ÁLVARO y FABIO a otra.
HOMBRE 1.º
Aven per tot el llogar.
MUJER 1.ª
Veniu vosaltres con mí.
JUANETE
Aven, fadrines, de axí
a altre carrer a bailar.
FABIO
¿Hasla conocido?
DON ÁLVARO
Sí;
y el alma me lo dijera
aun cuando yo no supiera
que era ella.
FABIO
Pues aquí
seguro puedes hablar
mientras embozado estés.
DON ÁLVARO
Gozaré la ocasión, pues.
Máscara, ¿queréis danzar
conmigo?
SERAFINA
Vuestra esperanza
tarde pienso que llegó.
DON ÁLVARO
¿Por qué tarde?
SERAFINA
Porque
no estoy para hacer mudanza;
y es vana la pretensión
vuestra.
DON ÁLVARO
Pues yo presumía
que una mudanza podría
por mí hacerse.
SERAFINA
Es ilusión.
DON ÁLVARO
Alguna vez la habréis hecho.
SERAFINA
Quizá que por eso estoy
dispuesta a no hacerla hoy
porque la hice ya.
DON ÁLVARO
Mi pecho
no debe desconfïar.
DON JUAN
El máscara te ha pedido
danza; si te ha conocido
o no ya es fuerza el danzar:
si te conoce, porque
sería descortesía;
y si no, porque sería
cuidado.
SERAFINA
Yo danzaré
si tú licencia me das;
que yo por ti me excusaba.
DON JUAN
¿Por qué por mí?
SERAFINA
Porque estaba
atenta a tu voz no más.
DON JUAN
Esto es permitido aquí.
Aparte.
¿Quién será el que a Serafina
más que a las demás se inclina?
DON ÁLVARO
En fin, ¿no respondéis?
SERAFINA
Sí.
¿Qué es lo que danzar queréis,
máscara? Que ser no quiero
grosera...
DON ÁLVARO
Toca el Rugero.
SERAFINA
¿Por qué el Rugero escogéis?
DON ÁLVARO
Porque, a vuestra vista atento,
decir pueda en esta calma...
Tocan, y mientras danzan, representan, y la música responde, todo a compás, sin pararse nunca los instrumentos.
MÚSICA
Reverencia os hace el alma,
reina de mi pensamiento.
DON ÁLVARO
Y más cuando en vós contemplo
que Amor os debe adorar...
MÚSICA
...por ídolo de su altar,
por imagen de su templo.
SERAFINA
De nada ofenderme quiero,
que quejarse de un rigor...
MÚSICA
...licencia daba el amor
a que pueda un caballero.
SERAFINA
Mas lo que excusar intento
es que pueda vuestra llama...
MÚSICA
...en el sarao a su dama
decirla su pensamiento.
SERAFINA
Y así, para cortesía,
esto basta; perdonad.
DON ÁLVARO
Bien dice en su brevedad
esa dicha que era mía.
SERAFINA
Mejor lo dirá adelante,
avisándoos ofendida.
DON ÁLVARO
¿Qué?
SERAFINA
Que me importa la vida;
que os volváis luego al instante.
Vamos, amigas, de aquí.
Cesan los instrumentos y quedan todos suspensos.
DAMA 1.ª
¿Con tanta priesa? ¿Por qué
irte quieres?
SERAFINA
No lo sé.
FLORA
¿No te agrada el puesto?
SERAFINA
Sí,
pero ya parece que es
hora que nos recojamos.
HOMBRE 1.º
Por la Tarazona vamos
a mi quinta.
DON JUAN
Mejor es;
que allá, sin publicidad,
nos podremos divertir.
Vanse.
MÚSICO 1.º
Pues deja ya de venir
gente, los puestos dejad.
DON JUAN
Juanete: saber procura,
siguiéndole hasta después,
ese máscara quién es.
Vase.
JUANETE
Mi cuidado te asegura
de vista, aunque al cabo vaya
del mundo.
FABIO
¿De qué has quedado
tan triste?
DON ÁLVARO
De ver cuán vanas
para mi imposible amor
son todas mis esperanzas.
Presumiendo hallar, ¡ay triste!,
algún alivio a mis ansias,
fleté aquese bergantín
que surto en el mar me aguarda,
y sin despedirme,¡ay cielos!,
de mi padre y de mi hermana,
vine a ver a Serafina,
mal dije, a esa fiera ingrata,
esa esfinge, esa sirena,
ese veneno, esa rabia.
JUANETE
[Aparte.]
Sin duda es fraile y está
convidado en otra casa,
pues que va con tanta priesa.
DON ÁLVARO
Y pues que finezas tantas
merecerla, al verme Fabio,
no han podido una palabra
de agrado, y la última fue
decirme que el que me vaya
su vida importa: ¿qué espero?
Crean mis desconfïanzas
de una vez que ya este bien
se perdió; y pues siempre se halla
el principio del consuelo
con el fin de la desgracia,
tratemos de vivir; toma
estos trajes y estas galas.
Quítase el capote y la máscara, y queda de marinero.
Vuélvelos a quien los dio,
que yo, mientras de aquí faltas,
la gente de mar haré
que se junte, porque vayan
por agua y viento mis dichas
a buscar sus esperanzas.
JUANETE
[Aparte.]
¡Oigan qué transformación!
Aunque no le veo la cara,
que es marinero sé ya,
pues es el traje en que anda.
FABIO
La resolución más cuerda
es esa.
DON ÁLVARO
Porque no haga
mi pena, entrando en consejo
conmigo, alguna mudanza,
ya me hallarás embarcado
cuando vuelvas; porque es tanta
la fe con que a Serafina
ha querido y quiere el alma,
que si a su vida le importa
mi muerte, es justo buscarla.
JUANETE
Voy tras él porque no puedo
verle, mas seguirle basta.
DON ÁLVARO
¡Ha del mar!
Salen algunos marineros.
MARINERO 1.º
¿Señor?
DON ÁLVARO
¿Es tiempo
para partir, camaradas?
MARINERO 2.º
El mejor tiempo es del mundo,
el mar se mira en bonanza.
DON ÁLVARO
Pues, ¡alto! ¡A embarcar, amigos!
¡Adiós, adiós esperanzas!
¡Adiós, Serafina!
[GENTE]
Dentro.
¡Fuego,
fuego!
DON ÁLVARO
¿Qué voces son varias
las que oigo?
MARINERO [1.º]
A lo que se ve,
toda la quinta se abrasa
de don Diego de Cardona.
DON ÁLVARO
Aparte.
(¡Ay de mí! ¡Que en ella estaba
Serafina.! Sentimientos,
no acudáis a la venganza,
sino al reparo.) Venid
conmigo.
Aparte.
(Que fuera extraña
fortuna de mis desdichas
si hubiese venido a darla
la vida cuando ella piensa
que la muerte.)
JUANETE
¡Cielos! Tanta
la violencia es del incendio,
que en un instante a ser pasa
volcán del mar.
[GENTE]
Dentro.
¡Fuego, fuego!
DON ÁLVARO
¡Entre pavesas y llamas,
monstruo de fuego, humo y polvo,
un caballero a una dama
saca en los brazos!
Sale DON JUAN con SERAFINA.
DON JUAN
Amigos:
si esta ruina, esta desgracia,
piadosos os ha traído
para socorrer a tanta
gente como aquí perece,
la más noble, la más alta
será que aquesta hermosura
tengáis un instante en guarda,
en tanto que vuelvo yo
a costa de vida y alma
a su socorro; que son
los que mi favor aguardan
deudos, parientes y amigos.
DON ÁLVARO
Bien podéis, señor, dejarla.
DON JUAN
Y adiós, que el valor me lleva
y obligaciones me llaman
a su empeño.
[GENTE]
Dentro.
¡Fuego, fuego!
JUANETE
¡Señor! ¡Oye! ¡Espera! ¡Aguarda!
[Aparte.]
Otra vez se arroja allá,
el diablo que tras él vaya.
DON ÁLVARO
Aparte.
(¿Quién en el mundo habrá visto
jamás dicha tan extraña?
¿En mis brazos Serafina
no está ya? ¿No está en la playa
aguardando un bergantín?
Pues, ¿qué espera? Pues, ¿qué aguarda
mi amor?) ¡Amigos, al mar!
MARINERO 1.º
¿Qué es lo que intentas?
MARINERO 2.º
¿Qué trazas?
FABIO
¿Qué es esto, señor?
DON ÁLVARO
Después
lo sabréis. Diga la fama
que siempre la propria dicha
está en la ajena desgracia.
Vanse llevándola.
JUANETE
¿Oyen ustedes? ¿Qué digo?
Miren, que aquesa es mi ama.
Dentro uno.
CABALLERO
Como la gente se salve,
la hacienda no importa nada.
[OTRO]
De todos no ha perecido
sino sola una crïada
de Serafina.
Sale DON JUAN.
DON JUAN
¡Esperad
que allá con vosotros vaya!
Amigos, esa hermosura
que os entregué desmayada,
restitüid a mis brazos,
que ya...
JUANETE
Señor, ¿con quién hablas?
DON JUAN
Con unos hombres del mar,
a quien dejé vida y alma
en Serafina. ¿Haslos visto?
Que debieron de llevarla,
sin duda, a albergar a alguna
de aquesas pobres barracas.
JUANETE
No la llevan sino al mar,
pues aquel bergantín, que alas
le da viento y pies los remos,
lleva a Serafina.
DON JUAN
Calla
si no quieres que mi aliento
te abrase.
JUANETE
Gentil venganza;
llévate tu esposa quien
de máscara se disfraza,
siendo un pobre marinero,
y ¿he de pagarlo yo?
DON JUAN
Aguarda,
¿el máscara era, ¡ay de mí!,
el marinero que estaba
ahora aquí?
JUANETE
Sí, señor.
DON JUAN
Matome mi confïanza.
Pero, ¿qué aguardo que no
me arrojo al mar en venganza
de mi honor?
Salen todos los de la máscara.
TODOS
¿Qué es esto?
DON JUAN
Es
una desdicha, una rabia,
una afrenta, una deshonra,
tan grande, ¡ay de mí!, tan rara,
que no me atrevo a decirla
hasta después de vengarla;
y ha de ser desta manera.
¡Espera, ladrón, pirata
destos piélagos! Que yo,
contra el fuego y contra el agua,
lidiaré igualmente. Dadme,
¡cielos!, o muerte o venganza.
Éntrase, arrojándose al mar.
JUANETE
Por aqueste «¡hombre a la mar!»
se dijo ya.
TODOS
Dentro.
¡Al agua, al agua!
JUANETE
A remo y vela el bajel
huye; y él, racional barca,
en vano seguirle intenta.
DON JUAN
Dentro.
¡Amparo, cielo!
TODOS
Él te valga.

Jornada III

Sale DON LUIS, leyendo una carta.
DON LUIS
«Mandaisme que os avise de qué causa pudo tener a don Juan Roca tantos días sin escribiros. Y aunque quisiera excusarme de hablar en esto, no puedo dejar de obedeceros. Las carnestolendas pasadas, estando en la quinta de don Diego de Cardona, se prendió en ella tan grande fuego que, no sin peligro, pudieron escapar la vida. Don Juan sacó a su esposa desmayada y dejándola, por acudir a las demás, en poder de unos marineros, que no falta quien diga que eran cosarios disfrazados, se hicieron a la mar con ella, arrojándose don Juan desesperado al agua, de donde le sacaron casi muerto algunos que acudieron a favorecerle; y apenas se hubo reparado cuando faltó de su casa sin llevar consigo más que un criado; y hasta hoy no se ha sabido dél ni de su esposa».
No leo más, que no es posible
que rendido, que postrado
el corazón, a los ojos
no salga deshecho en llanto.
¡Oh, válgame Dios, a cuántas
desdichas y sobresaltos
nace sujeto el honor
del más noble, el más honrado!
Aquí el serlo lo disculpe,
pues a los ojos humanos,
por más que esta sea desdicha
no deja de ser agravio.
Diera por saber adónde
don Juan está, y a su lado
correr su misma fortuna,
cuanto soy y cuanto valgo,
para que, juntos los dos,
no dejásemos espacio
escondido de la tierra
que no inquiriésemos, dando,
con la muerte del ladrón
pirata, asombros y espantos
al mundo.
Sale PORCIA y JULIA.
PORCIA
¿Señor?
DON LUIS
¿Qué hay, Porcia?
PORCIA
¿Qué es lo que tienes, que hablando
contigo a solas estás,
colérico y enojado?
DON LUIS
No sé, Porcia, lo que tengo.
Aparte.
ya que me debe el sentirlo,
también, don Juan, el callarlo.)
Una carta recibí
acerca de los pasados
pleitos de mi residencia.
PORCIA
Pésame de haberte hallado
sin gusto, porque venía
a pedirte mi cuidado,
que me hicieras un favor.
DON LUIS
¿Y en qué reparas?
PORCIA
Reparo
en que quien sin tiempo pide,
es fuerza que desairado
quede.
DON LUIS
Para ti no hay tiempo:
unos siempre mis halagos
son contigo.
PORCIA
Pues en esa
confïanza a hablarte aguardo,
don Álvaro...
DON LUIS
No prosigas.
PORCIA
¿Ves si hay tiempo o no?
DON LUIS
Es engaño,
pues en cualquiera diré
que no me hable en él tu labio;
hartas veces te lo he dicho.
PORCIA
¿Qué es lo que ha hecho mi hermano,
señor, para que con él
te dure el enojo tanto?
DON LUIS
¿Qué más que, sin mi licencia,
sin saber cómo ni cuándo
ni dónde, faltar de casa
y venir luego muy falso,
con presumir que ha de hallar
la puerta abierta y los brazos?
PORCIA
De todo eso le disculpa
la libertad de los años,
fuera de que ¿qué delito
es, señor, si lo miramos
sin pasión, que un hombre mozo,
viendo que has determinado
querer vivir en la aldea
entre dos rudos villanos,
neciamente se despeche,
y que, mal aconsejado,
falte de tu vista un mes?
Que desde que vino ha estado
temeroso de tus iras,
en la casa retirado
del monte, sin salir della;
merézcate, pues, mi llanto,
que vuelva a casa.
DON LUIS
Ahora bien,
por ti, en fin, se ha de hacer algo;
avísale de que venga.
PORCIA
Guárdete el cielo mil años;
y el aviso seré yo
que aquesta tarde cazando
iré al monte y le diré
que venga a besar tu mano.
DON LUIS
Haz tú allá lo que quisieres.
Aparte.
¿Qué hiciera yo, ¡cielo santo!,
por saber dónde don Juan
está y dónde su contrario?
Que, ¡vive Dios!, que se viera
en mí el ejemplo más raro
de amistad que ha visto el mundo.
Vase DON LUIS.
JULIA
Bien, señora, se ha logrado
la intención.
PORCIA
Es cierto, pues
no es cuanto dispongo y trazo
amor de mi hermano solo,
sino mío, procurando
que la casa desocupe
del monte porque sin tantos
riesgos el Príncipe pueda
ir allá tal vez, logrando
mi amor la ocasión de verle.
Y así, Julia, a ese crïado
que trajo el papel, dirás
que a caza esta tarde salgo;
que bien puede en el castillo,
pues ya conoce a Belardo
su casero, entrar, que yo,
en diciéndole a mi hermano
como mi padre le espera,
podré hablarle en él.
JULIA
No en vano,
como es pobre amor, es todo
trazas, cautelas y engaños.
PORCIA
Dame un arcabuz, que quiero
por el camino ir tirando;
y venga atrás la carroza.
JULIA
Aquí está.
Dala el arcabuz.
PORCIA
¿Para qué me armo,
Amor, con armas de fuego,
si cuando a campaña salgo
contra ti, me vences solo
con una flecha y un arco?
Vanse.
Salen DON ÁLVARO y FABIO.
DON ÁLVARO
¿Qué hace Serafina?
FABIO
¿Ya
no sabes que es excusado
el preguntarlo?
DON ÁLVARO
Eso es
decirme que está llorando.
FABIO
Es verdad.
DON ÁLVARO
Desde el instante
que desmayada en mis brazos
pasó del golfo del fuego
a incendios de agua, trocando
del un extremo a otro extremo
dos elementos contrarios,
no se enjugaron sus ojos;
pues apenas en el barco
se vio en mi poder, cobrada
de aquel pálido desmayo,
cuando a llorar empezó,
de suerte que un breve espacio
no han podido mis caricias
hasta hoy suspender su llanto.
Pensé yo, mas no pensé,
que aun tiempo para pensarlo
no tuve, que Serafina...
Sale SERAFINA.
SERAFINA
Espérate fuera, Fabio.
Y tú, escuchame, porque
mi nombre oyendo en tus labios,
y oyendo mi mal, del nombre
también el intento, trato
de aprovechar la ocasión
porque de una vez salgamos
tú de dudas, yo de penas
y de confusiones ambos.
¿Pensaste, ¡ay de mí!, que fuera
mi decoro tan liviano,
tan fácil mi estimación,
mi sentimiento tan vano,
mi vanidad tan humilde,
mi tormento tan villano
y mi proceder tan otro,
que me hubiera consolado
de haber en un día perdido
esposo, casa y estado,
honor y reputación,
con solo hallarme en tus brazos
vencida de tus traiciones,
forzada de tus agravios?
Vase FABIO.
DON ÁLVARO
No pensé, pero pensé...
SERAFINA
¿Qué?
DON ÁLVARO
Que por el mismo paso
que fue tan desesperada
mi acción, fueran tus agrados
menos crüeles, pues vemos
que amor en lo temerario
vive, y disculpa no tiene
un error enamorado,
como no tener disculpa:
tanto ama el que yerra tanto.
SERAFINA
Esa razón, tan sin ella
para mí está, que antes saco
que quien lo destruye todo
nada estima; y así, ingrato,
y así, aleve, y así, fiero,
traidor, injusto, tirano...
Pero no, no digo bien,
ya de otro estilo me valgo:
don Álvaro, mi señor,
supuesto que ya este caso
ha sucedido y no tiene
remedio, ¿para qué andamos
arguyendo en lo que hubiera
sido mejor? Ya los astros
lo dispusieron así,
ya lo quisieron los hados,
ya lo admitieron los cielos;
pues bien, al remedio vamos,
y débate yo el oírme,
si es que he de deberte algo.
Yo, don Álvaro, no aliento,
sin temer que, inficionado
el aire de los suspiros
de don Juan, me encuentre; paso
no doy que, creyendo verle,
de mi sombra no me espanto,
siendo a aquestas ilusiones
aquesta casa de campo
adonde tú me has traído,
sepultura de mis años.
Tú, conseguida, no puedes
conseguirme, pues es claro
que no consigue quien no
consigue el alma; y es llano
que una hermosura sin ella
es como estatua de mármol,
en quien está la hermosura
sin el color del halago;
vencida, mas no gozada.
¡Oh, mal haya amor villano,
que la fuerza del cariño
la funda en la de los brazos!
Don Juan es noble ofendido:
solo en esto digo harto.
Que sepa de ti es forzoso,
pues, habiéndose quedado
Flora en Barcelona, ella
lo habrá dicho. Pues pongamos
a este miedo, a este peligro
y a esta desdicha un reparo;
este solo puede ser
que tu amor desesperado
de que en mí ha de hallar consuelo,
se resuelva en rigor tanto
a perderme de una vez:
sea mi sepulcro el claustro
de un convento en que ignorada
mi vida...
DON ÁLVARO
Suspende el labio,
no prosigas, que primero
que yo viva sin ti, un rayo
me mate, ¡válgame el cielo!
Disparan dentro un arcabuz.
SERAFINA
¡Ay de mí!, que ya este acaso
segunda vez sucedió:
mi muerte está pronunciando.
DON ÁLVARO
No, no temas, que yo, aunque
me asusto, no me acobardo.
¡Hola! ¿Qué es eso?
Sale BELARDO, vejete.
BELARDO
Que Porcia,
tu hermana, viene cazando
por el bosque y a las puertas
llega del castillo.
DON ÁLVARO
En tanto
que yo voy a recibirla,
por si entrar quiere a este cuarto,
Serafina, al aposento
te retira de Belardo.
BELARDO
¿Cómo ha de salir de aquí,
si ya Porcia ocupa el paso?
DON ÁLVARO
Pues éntrate en esa cuadra.
SERAFINA
¡Cielo, tu favor aguardo!
Escóndese, y sale PORCIA de caza.
DON ÁLVARO
Hermana, Porcia, ¿qué es esto?
PORCIA
Llegar, Álvaro, a tus brazos
con dos gustos; uno es
decirte que, más humano,
mi padre me envía por ti;
y otro, haber hecho, llegando
a las puertas de la torre,
el tiro más acertado
que hice en mi vida, porque
tan veloz pasaba un gamo
que con matarle corriendo,
puedo decir que volando.
DON ÁLVARO
Que vengas gustosa estimo.
PORCIA
Tan ufana me ha dejado
el tiro que no quisiera
esta tarde tan temprano
dejar el monte; y así,
mientras yo quedo cazando,
ve tú a la aldea; porque
mi padre, que has estimado,
el perdón vea en la priesa
con que le besas la mano.
DON ÁLVARO
Dices bien, mas no te quedes
tú aquí.
PORCIA
Tras ti al monte salgo.
DON ÁLVARO
Pues en él te dejaré.
PORCIA
Norabuena.
[Aparte a BELARDO.]
¿Oyes, Belardo?
Di al Príncipe que me espere
aquí si viniere acaso
esta tarde.
BELARDO
Así lo haré.
DON ÁLVARO
[Aparte a BELARDO.]
Belardo, oyes, en sacando
yo de aquí a Porcia, retira
a esa dama de ese cuarto.
Vanse los dos hermanos.
BELARDO
¿Que haya quien diga, señores,
que es oficio aprovechado
el de alcahuete y a mí
no sepa valerme un cuarto?
Ve aquí a don Álvaro y Porcia,
que me hacen su secretario
y al cabo del año no
me dan sino sobresaltos.
Sale SERAFINA.
SERAFINA
¿Fuese Porcia?
BELARDO
Ya se fue.
SERAFINA
Y lo estuve deseando,
porque si quisiera entrar
no pudiera embarazarlo;
que no tiene por de dentro,
aunque la anduve buscando,
llave ni aldaba esta puerta;
pero ya segura salgo.
BELARDO
No muy segura.
SERAFINA
¿Por qué?
BELARDO
Porque hasta aquí viene entrando
un hombre.
Sale EL PRÍNCIPE.
SERAFINA
Vuelvo a esconderme.
BELARDO
Y yo a temblar.
PRÍNCIPE
¿Qué hay, Belardo?
BELARDO
Seas, señor, bien venido.
PRÍNCIPE
Habiendo, Porcia, avisado
de que hoy aquí la vería,
faltando de aquí su hermano,
vengo a verla. ¿Dónde está?
BELARDO
Con él salió ahora al campo,
mas dijo que aquí la esperes.
Sale PORCIA.
PORCIA
No será mucho el espacio,
porque apenas el camino
del aldea tomé, cuando
vuelvo a verte.
PRÍNCIPE
¿Era hora
de merecer favor tanto?
BELARDO
[Aparte.]
¿Cómo podré remediar,
que la otra no esté escuchando?
SERAFINA
[Aparte, al paño.]
Porcia y el Príncipe son.
PORCIA
El estar aquí mi hermano
ha sido causa de que
aquesta ocasión perdamos;
pero ya este inconveniente
mi ingenio lo ha remediado.
PRÍNCIPE
¿Cómo?
PORCIA
Haciendo con mi padre
que a casa le vuelva, dando
fin a su enojo.
PRÍNCIPE
Yo estimo,
como es justo, ese cuidado.
Aparte.
Miento, que aún dura en mi pecho
aquel incendio pasado.
Pero así, loca memoria,
sino te venzo, te engaño.
BELARDO
[Aparte.]
Ella oye cuanto se dicen.
SERAFINA
[Aparte, al paño.]
¿A qué parte, amor tirano,
iré donde tú no reines?
PORCIA
Siempre yo quejarme trato.
PRÍNCIPE
¿Por qué ahora?
PORCIA
Porque sé
que os tiene un hermoso encanto
en Nápoles divertido.
PRÍNCIPE
¿Quieres ver cuánto eso es falso?
Pues ha muchos días que yo
de Nápoles también falto,
porque una grande tristeza
me tiene tan retirado
que en esta vecina quinta
lloro tu ausencia; y es tanto
el gusto de vivir solo,
que aquestos días he dado
en no salir della, y tengo
puesto el gusto en unos cuadros
que para una galería
me hacen los más celebrados
pintores de toda Italia,
y aun de España, pues yo he hallado
alguno que a Apeles puede
competir; y tan pagado
desto estoy, que todo el día
solo en verles pintar gasto.
PORCIA
A mí mi desconfïanza
me había dicho...
BELARDO
Esto va malo.
PRÍNCIPE
¿Qué tienes?
PORCIA
¿Qué ha sucedido?
BELARDO
Aunque no es nada, tu hermano
vuelve.
PORCIA
Pues en esa cuadra
te esconde.
PRÍNCIPE
Por ti lo hago
más que por mí.
SERAFINA
Aparte, al paño.
Mal podré
resistirlo.
BELARDO
Aparte.
¡San Hilario!
¡Zas, entrose ya!
Éntrase donde está SERAFINA y sale DON ÁLVARO.
DON ÁLVARO
No puedo
asegurar el cuidado
de que Porcia a Serafina
no vea; y así, tomando
la vuelta, vengo a saber
si la ha escondido Belardo.
PORCIA
[Aparte.]
¡Ay de mí! Sin duda viene
de algún aviso informado.
DON ÁLVARO
[Aparte.]
¡Aquí Porcia! ¿A qué habrá vuelto?
PORCIA
[Aparte.]
Él llega. ¿Si sabe algo?
DON ÁLVARO
¿Porcia?
PORCIA
¿Hermano?
DON ÁLVARO
¿Cómo el monte
dejas tan presto?
PORCIA
El cansancio
me rindió, y vuelvo a buscar
en este sitio el descanso.
DON ÁLVARO
[Aparte.]
Eso sí.
PORCIA
Mas tú, ¿a qué vuelves?
DON ÁLVARO
A que, habiendo reparado
la condición de mi padre,
advierto lo mal que hago
en ir sin ti...
PORCIA
[Aparte.]
Aun eso, bien.
DON ÁLVARO
...porque, si vuelve a su enfado,
tú le reportes.
PORCIA
Pues, ¿hay
más de que juntos volvamos?
DON ÁLVARO
Eso quiero yo.
PORCIA
Yo y todo.
BELARDO
[Aparte.]
¡Quién no os entendiera a entrambos!
DON ÁLVARO
Aparte.
Así excuso que no vea
a Serafina.
PORCIA
Aparte.
Así trato
de que al Príncipe no vea.
DON ÁLVARO
¿No vienes?
PORCIA
Sí.
DON ÁLVARO
Vamos.
PORCIA
Vamos.
DON ÁLVARO
Aparte.
Lindamente se ha dispuesto.
PORCIA
Aparte.
Lindamente se ha trazado.
DON ÁLVARO
[Aparte.]
Pues mi hermana no la ha visto.
PORCIA
[Aparte.]
Pues no le ha visto mi hermano.
Vanse los dos.
BELARDO
¡Si bien lo supieras! Pero
al fin, de mayores daños,
aqueste ha sido el menor.
¡Ha, señores encerrados,
si no estorbo, salir pueden!
Sale EL PRÍNCIPE y SERAFINA, puesta la mano en el rostro.
SERAFINA
En vano intentáis osaros
a conocerme.
PRÍNCIPE
Y aun vós
también lo intentáis en vano,
no ser de mí conocida.
SERAFINA
Advertid...
PRÍNCIPE
Quitad la mano
del rostro, que es poca nube
para esconder cielo tanto.
Ya sé quién sois, y ya sé
que ha sido de Amor milagro
el traeros donde os vea;
y aunque imposibles acasos
lo hayan dispuesto, no quiero
saberlos ni averiguarlos,
porque no me estará bien
el perderos, al hallaros
en esta casa; y así,
porque me dure el engaño
de la duda, elijo el medio
de estar creyendo y dudando.
BELARDO
[Aparte.]
Solo esto faltaba ahora;
que estuviese enamorado
el amante de la hermana
de la dama del hermano.
SERAFINA
Generoso Federico
de Ursino, si intento en vano,
como decís, ocultarme
de vós, ¡oh infelice!, en cuanto
al ser de vós conocida,
no en cuanto al segundo caso,
pues yo tan bien contra vós
de dos razones me valgo:
la primera es el secreto
que de mi vista os encargo,
y la segunda es pediros
que os vais, para que llorando
a mis solas, mis desdichas
pueda aliviarlas en algo.
PRÍNCIPE
Una y otra razón vuestra
ya conmigo han alcanzado
su pretensión. Vuestro nombre
jamás saldrá de mi labio;
y apartándome de vós,
bien que a mi pesar me aparto,
daré esta penosa ausencia
en albricias deste hallazgo.
Quedad con Dios, advirtiendo16
que me debéis más cuidados
que pensáis.
SERAFINA
Reconocerlos
ofrezco, si no pagarlos.
Id con Dios.
PRÍNCIPE
Guárdeos el cielo.
BELARDO
Oís, ¿sabéis aquel adagio,
los dos, «cállate y callemos»?
PRÍNCIPE
Yo os lo ofrezco.
SERAFINA
Yo os lo encargo.
PRÍNCIPE
[Aparte.]
¡Qué ventura!
SERAFINA
[Aparte.]
¡Qué desdicha!
PRÍNCIPE
[Aparte.]
¡Favor, cielos!
SERAFINA
[Aparte.]
¡Piedad, hados!
PRÍNCIPE
[Aparte.]
Que ya, viendo a Serafina,
espero vivir amando.
SERAFINA
[Aparte.]
Que ya, sabiendo quién soy,
por puntos mi muerte aguardo.
Vanse, y salen DON JUAN, con vestido de pobre, y CELIO.
CELIO
¿Qué es lo que queréis?
DON JUAN
Hablar
con el Príncipe quisiera,
para que ese cuadro viera
que acabo de retocar.
CELIO
Pues ahora no está aquí,
que a caza esta tarde fue.
DON JUAN
¿Vendrá presto?
CELIO
No lo sé.
Vase.
DON JUAN
¿Qué es lo que pasa por mí,
fortuna deshecha mía?
Pero no lo digas, no,
que aun de ti no quiero yo
oírlo, porque sería
conmigo estar desairada
mi pena, al ver que una vida
que perdonó acontecida
no perdona pronunciada.
¡Válgame Dios! ¡Qué de cosas
debe en el mundo de haber
fáciles de suceder
y de creer dificultosas!
Porque, ¿quién creerá de mí,
que siendo, ¡ay de mí!, quien soy
en aqueste estado estoy?
Mas, ¿quién no lo creerá así?
Pues todos la escrupulosa
condición del honor ven:
¡mal haya el primero, amén,
que hizo ley tan rigurosa!
Poco del honor sabía
el legislador tirano
que puso en ajena mano
mi opinión, y no en la mía.
Que a otro mi honor se sujete
y sea, ¡oh injusta ley traidora!,
la afrenta de quien la llora
y no de quien la comete.
¿Mi fama ha de ser honrosa
cómplice al mal y no al bien?
Mal haya el primero, amén,
que hizo ley tan rigurosa.
¿El honor que nace mío,
esclavo de otro? Eso no.
¿Y que me condene yo
por el ajeno albedrío?
¿Cómo bárbaro consiente
el mundo este infame rito?
Donde no hay culpa, ¿hay delito,
siendo otro el delincuente?
De su malicia afrentosa,
¡que a mí el castigo me den!
Mal haya el primero, amén,
que hizo ley tan rigurosa.
De cuantos el mundo advierte
infelices, ¡ay de mí!,
¿habrá otro más que yo?
Sale JUANETE, mal vestido.
JUANETE
Sí,
pues cómplice de tu suerte,
tu misma vereda sigo;
luego otro hay más desdichado.
DON JUAN
Pues a este tiempo has llegado,
ven discurriendo conmigo.
En busca de mi enemigo,
patria y hacienda dejé...
JUANETE
¿Y no hallaste rastro aunque
ya le llevabas contigo?
DON JUAN
...no hallando huella en el mar,
disfrazado, solo y triste...
JUANETE
A Nápoles te veniste.
DON JUAN
La causa fue imaginar
que si aquí fue amor primero,
aquí sin duda vendría.
JUANETE
Y aquí de un día a otro día
nos hallamos sin dinero.
DON JUAN
A nadie quise llegar
sin honra a decir quién era.
JUANETE
Yo, juro a Dios, lo dijera,
con hambre, a todo el lugar.
¿Don Luis no es tu amigo?
DON JUAN
pero, ¿a qué amigo llegara
yo a fïarme, en quien no hallara
un testigo contra mí?
¡Yo, a que ninguno supiera
mi desdicha cara a cara,
que con cuidado me hablara
y con lástima me viera!
No ha de saberse quién soy,
pues no soy, mientras vengado
no esté; y así, me he aplicado
en cuanto inquiriendo voy,
a que la curiosidad
nombre de oficio me dé.
JUANETE
No eres el primero que
sustenta su habilidad.
DON JUAN
Y así, viendo que se hacía
esta obra de pintura,
como oficial, (¡qué locura!,
pero honrada como mía),
en ella me acomodé,
y si cúya era supiera,
antes de hambre me muriera.
JUANETE
Hicieras mal, mas, ¿por qué?
DON JUAN
Porque ya una vez me vio
el Príncipe, y recelara
el conocerme.
JUANETE
Repara
en que tanto te trocó
la fortuna, que temer
no tienes, y estás de modo
que te has demudado en todo
cuanto no es enflaquecer.
Fuera de que en este estado
y en este traje, señor,
fuera el presumirlo error;
y más de quien sin cuidado
una vez sola te vio.
Pero este el Príncipe es.
Sale EL PRÍNCIPE.
DON JUAN
Dame, gran señor, tus pies.
PRÍNCIPE
Español, ¿qué te obligó
a esperarme aquí?
DON JUAN
Creyendo
el gusto que has de tener,
Príncipe invicto, en saber
que el cuadro que estaba haciendo
está acabado, he querido
ser yo el que antes te lo diga.
PRÍNCIPE
Mucho tu atención me obliga.
Pero, ¿qué fábula ha sido
la que acabaste primero?
DON JUAN
La de Hércules, señor;
en quien pienso que el primor
unió lo hermoso y lo fiero.
PRÍNCIPE
¿Cómo?
DON JUAN
Como está la ira
en su entereza pintada,
al ver que se lleva hurtada
el centauro a Deyanira,
y con tan vivos anhelos
tras él va, que juzgo yo
que nadie le vea que no
diga: «este hombre tiene celos».
Fuera de la tabla está,
y aun estuviera más fuera
si en la tabla no estuviera
el centauro tras quien va.
Este es el cuerpo mayor
del lienzo, y en los bosquejos
de las sombras y los lejos,
en perspectiva menor,
se ve abrasándose; y es
el mote que darle quiero:
«Quien tuvo celos primero,
muera abrasado después».
PRÍNCIPE
No solo en esta ocasión,
que el cuadro agradezca es bien;
pero el concepto también
te agradece mi pasión;
y pues a tiempo has llegado
que, trayendo mis desvelos
celos, me has hablado en celos,
te he de feriar un cuidado
a precio de una fineza
que quiero que hagas por mí.
DON JUAN
Para servirte nací.
PRÍNCIPE
Sabrás que de una belleza
que una vez vi solamente,
tan rendido llegué a estar,
que no la pude olvidar
con haber vivido ausente.
Hoy, bien acaso, he sabido
dónde retirada vive;
y en tanto que Amor percibe
modo en que pueda rendido
solicitar sus favores,
imagino que no hubiera
cosa que más divirtiera
mis penas y mis rigores
que tener suyo un retrato;
tú, al fin, como forastero,
no la conoces, y quiero
fiarle de ti.
DON JUAN
Solo trato
servirte con alma y vida,
mas no me atrevo, señor,
si es beldad tan superior,
sacarla tan parecida.
PRÍNCIPE
¿Por qué?
DON JUAN
Porque lo intenté
alguna vez, y advertí
que la hermosura, ¡ay de mí!,
no se pinta bien.
PRÍNCIPE
Ya sé
que es difícil de pintar
si es perfecta la belleza;
pero de tu gran destreza
puedo el acierto fïar;
y cuando por el acierto,
español, no te eligiera,
por el secreto lo hiciera.
DON JUAN
Que te he de servir, es cierto.
PRÍNCIPE
Pues ven conmigo, advertido
de que, si nos dan lugar,
a hurto la has de pintar.
Yo a la puerta prevenido
a todo trance estaré
por lo que allí sucediere,
de que he de librarte infiere.
DON JUAN
Digo, gran señor, que iré
en tu palabra fiado,
y después en mi valor;
que aunque un humilde pintor
soy, quizá por ser honrado
vivo así.
PRÍNCIPE
De ti lo creo;
cree de mí que, agradecido,
verás tu deseo cumplido.
Vase.
DON JUAN
No sabes tú mi deseo.
JUANETE
Señor, ¿qué es esto?
DON JUAN
En aquella
caja pequeña pondrás
colores y los demás
pinceles, y trae con ella
una pistola.
JUANETE
¿Qué nueva
aventura aquesta fue?
¿Dónde vas?
DON JUAN
Yo no lo sé
donde el Príncipe me lleva;
ya que ultrajes de mi honra
quieren que pintor me vea
hasta que con sangre sea
el pintor de mi deshonra.
Vanse, y salen DON ÁLVARO y DON LUIS.
DON ÁLVARO
Ya, señor, que he merecido
que más humano me hables,
habiendo debido a Porcia
hacer estas amistades
segundo honor te merezca.
¿Qué es lo que tienes? ¿Qué traes,
que las pasiones del pecho
se te ven en el semblante?
Mira que, como yo soy
la causa de tus pesares,
me tiene desconfïado
tu tristeza, viendo que haces,
como en las farsas, extremos
disimulados aparte.
DON LUIS
Don Álvaro, mi tristeza
de causa distinta nace;
no tienes la culpa tú,
esto que te digo baste
por ahora.
DON ÁLVARO
Poco fías
de mí.
DON LUIS
¿Quieres no apurarme?
No me obligues que te diga
que don Juan Roca me trae
con esta pena.
DON ÁLVARO
¿Don Juan?
DON LUIS
Sí.
DON ÁLVARO
Pues dime: dél, ¿qué sabes?
Aparte.
Apuremos, corazón,
toda la malicia al lance.
DON LUIS
Que es desdichado por ser
mi amigo.
DON ÁLVARO
Aparte.
(¡Duda notable!)
Pues, ¿qué es lo que ha sucedido?
DON LUIS
¿Qué más que haberle, un infame,
aleve, traidor, robado...
(aquí el aliento me falte,
porque no es bien que contigo
ni aun conmigo me declare;
mas, ya lo dije) ...a su esposa,
sin ser posible ayudarle
yo a vengar de su enemigo?
DON ÁLVARO
Aparte.
(¡Ay de mí! Todo lo sabe,
pues dice que no es posible
de su enemigo vengarle.
No sin mucha ocasión, ¡cielos!,
conmigo llegó a enojarse.
Desdichas, no me matéis...
Pues ya, ¡ay Dios!, que llega a hablarme
hoy tan claro, bien será
que yo de mano le gane
y cuente todo el suceso
tratando de disculparme.)
Señor, si...
DON LUIS
Nada me digas,
que es en vano consolarme;
ya sé que querrás decirme
que es necia fineza darme
por entendido en desdicha
en que no puedo ampararle,
pues dél ni de su enemigo
ni de su esposa se sabe
desde el día que robada
faltó.
DON ÁLVARO
[Aparte.]
Mejorose el lance:
alentemos, corazón,
que ya es el recelo en balde.
¡Qué desdicha! Si supiera
yo del agresor cobarde,
de su afrenta, le buscara,
¡vive Dios!, para matarle
solo en fe de ser tu amigo.
DON LUIS
¡Oh, cuánto estimo escucharte!
DON ÁLVARO
Pues señor, si tú no puedes,
como dices, ayudarle,
divierte tu pena.
DON LUIS
Mal
se divierten penas tales;
pero, con todo, porque
no presumas que me falte
lugar para tu consejo,
al monte saldré esta tarde
ya que todos estos días
deste gusto me privaste.
Manda poner la carroza,
que quiero, ya que las paces
hicimos, dar por allá
la vuelta.
DON ÁLVARO
Yo, pues, delante
iré, para que Belardo
de casa, señor, no falte.
Aparte.
No es sino por prevenir
que Serafina se guarde.
Vase.
DON LUIS
Paréceme bien.
Sale JULIA.
JULIA
Aquí
don Pedro, señor, el padre
de Serafina, te busca.
DON LUIS
Pues dile que entre, no aguarde;
sin duda, el mismo cuidado
que tengo es el que le trae.
Sale DON PEDRO.
DON PEDRO
Señor don Luis, vuestros brazos
me dad.
DON LUIS
¿Ventura tan grande,
señor don Pedro, merecen
retiradas soledades?
DON PEDRO
Un cuidado me ha traído:
yo, señor don Luis
[Aparte.]
(Pesares,
pues me afligís atrevidos,
no me consoléis cobardes.)
traigo una pena estos días
que de los olvidos nace
de mi hija y de don Juan,
pues no me escriben; y nadie
a quien yo escribo responde
a propósito. Pues sabe
el mundo que la amistad
vuestra ejemplo es de amistades;
merced me haced de decirme
qué sabéis dél.
DON LUIS
[Aparte.]
¡Duda grave!
Pues decirlo y no decirlo
es a su honor importante.
Mas menor inconveniente
es que lo dude y lo calle;
que en materias del honor
hablar sin pensado examen
es muy difícil, aunque
a muchos parece fácil.
DON PEDRO
¿Qué me respondéis?
DON LUIS
Que ya
no extraño que a mí me falten
cartas, faltándoos a vós.
DON PEDRO
Pues paso más adelante,
pero dándome palabra
de que lo que os diga a nadie
lo diréis.
DON LUIS
Sí doy.
DON PEDRO
Pues yo...
Sale PORCIA.
PORCIA
Si vas al monte esta tarde,
señor... Mas, ¿quién está aquí?
DON PEDRO
Quien a vuestras plantas yace
tendido siempre.
PORCIA
Los brazos,
señor, esta deuda paguen.
DON LUIS
Perdona, Porcia, que yo
los cumplimientos ataje.
Señor don Pedro, venid
conmigo; y puesto que parte
el camino de la corte
el monte, que os acompañe
hasta él es justo; hablaremos
sin estas dificultades.
DON PEDRO
Obedeceros me toca.
Quedad con Dios.
PORCIA
Él os guarde.
DON LUIS
Ven tú en la carroza, pues
ya va tu hermano delante.
Vanse.
PORCIA
Con más gusto fuera sola,
si fuera a ver a mi amante.
Vase, y sale EL PRÍNCIPE y DON JUAN, JUANETE y BELARDO.
PRÍNCIPE
Aquesto has de hacer por mí;
y en prendas de que premiarte
sabré, este diamante toma.
BELARDO
Poco entiendo de diamantes,
que no valen si se venden
lo que si se compran valen.
Pero volvamos al caso:
mayores dificultades
venceré por ti.
[A DON JUAN.]
Venid
conmigo vós, que yo en parte
os pondré que podáis verla,
sin ser sentido de nadie.
DON JUAN
Guiad vós, que obedecer
nos toca, no hacer examen.
PRÍNCIPE
Piensa, español, que por mí
aquestas finezas haces.
DON JUAN
Servirte, señor, deseo.
PRÍNCIPE
Ningún temor te acobarde,
que yo quedo aquí.
DON JUAN
¿Temor?
Mal, señor, mi valor, sabes;
que no acobardan peligros
a quien no matan pesares.
Vase.
BELARDO
Adiós; y para otra vez
doblones y no diamantes.
Vase.
JUANETE
¿De qué se queja el vejete?
Pues que yo he callado, calle.
PRÍNCIPE
¿Qué tienes tú que decir?
JUANETE
Un cuento lo diga antes,
si no es que llega primero
alguno que me le ataje:
«A cuatro o cinco chiquillos
daba de comer su padre
cada día, y como eran
tantas porciones iguales,
un día se olvidó de uno.
Él por no pedir, que es grave
desacato de los niños,
estábase muerto de hambre.
Un gato maullaba entonces;
y dijo el chiquillo: 'Zape,
¿de qué me pides los huesos
si aun no me han dado la carne?'».
A este propósito dije
al viejo no me maullase
al oído, pues hasta ahora
aún no me han dado qué darle.
PRÍNCIPE
Ya te he entendido, y aquesta
cadena el descuido salve.
JUANETE
Y a ti te salve y regine,
deseslabonada a partes,
la cadena del demonio
en la vida perdurable;
aunque solo oír el cuento
para mí es paga bastante.
Vanse los dos, y salen por otra puerta DON JUAN y BELARDO.
DON JUAN
Quitémonos de la puerta,
y esperemos a esta parte
retirados.
BELARDO
Desta cuadra
al jardín la reja sale
donde ella suele venir
a divertirse las tardes;
entrad dentro y no hagáis ruido.
Abre una puerta, entra DON JUAN por ella, y BELARDO cierra con llave, y él se asoma a una reja.
DON JUAN
No haré; mas, ¿qué es lo que haces?
BELARDO
Por más seguridad, echo
por acá fuera la llave.
DON JUAN
No, no cierres. ¿No es mejor
que yo tenga a todo trance
la puerta abierta?
BELARDO
No es.
DON JUAN
Advierte...
BELARDO
Calla, no hables,
que es la que viene hacia aquí.
DON JUAN
Pues ya es tiempo de que saque
la lámina y los matices.
Sale SERAFINA.
SERAFINA
¡Oh cuántas veces, pesares,
os saco a campaña a solas,
sin que en tan duro combate,
por vuestra parte o la mía,
la vitoria se declare!
DON JUAN
[Aparte.]
Aún no puedo verla el rostro,
que está el villano delante.
BELARDO
¿Pues todo ha de ser, señora,
llorar?
SERAFINA
No, amigo, te espantes,
si ya no es de ver que el llanto
no haga la pena süave.
BELARDO
Advierte...
SERAFINA
Nada me digas,
y si quieres consolarme
sea con dejarme sola;
que quiero a la sombra que hacen
estos emparrados, ver,
tal el desvelo me trae,
si con el sueño firmar
puedo treguas si no paces.
Siéntase de espaldas a la reja.
DON JUAN
[Aparte.]
De espaldas se ha puesto; no es
posible que la retrate.
BELARDO
Pues no te sientes así,
mejor será hacia esta parte,
porque de esas rejas corre
más templadamente el aire.
SERAFINA
Dices bien. ¡Oh sueño, ven
a dar alivio a mis males!
Vuélvese de cara a la reja y quédase dormida. Vase BELARDO, dejándola descubierta, y DON JUAN, al verla, se suspende.18
BELARDO
¡Ce, la dama es esta!
DON JUAN
Ya
aplico el pincel al naipe.
Mas, ¡ay de mí!, que su sueño
es de dos muertes imagen.
¿Qué miro? ¡Valedme cielos!
Que quiere hacer el dolor
que el retrato que el amor
erró, le acierten los celos.
Todo horrores, todo yelos
soy, sin ser ni luz ni trato;
que de mi valor ingrato
mudarme el arte procura,
pues ha hecho una escritura
viniendo a hacer un retrato.
Tan fuera de mí he quedado,
sin aliento y sin acción,
que pienso que el corazón
a otro pecho se ha mudado,
si ya no es que me ha dejado
por irla a reconocer
dudando que puede ser
que sin ver, hablar ni oír,
se haya atrevido a dormir
quien se ha atrevido a ofender.
¿Cómo en tan dura batalla
tengo, a pesar de mi estrella,
valor para conocella
y temor para matalla?
Mas, si encerrado me halla
el lance, ¿qué he de intentar?
¡Que haya sabido el pesar
hacer que esté preso yo
donde pueda verle y no
donde le pueda vengar!
Venganza ha de ser segura
la que ha de hacer el honor,
que es la sobra de valor
tal vez falta de cordura.
Fuera de que, si se apura
su venganza a mi esperanza,
la media parte me alcanza;
pues sufrir, temer, penar,
corazón hasta tomar
por entero la venganza...
Despierta asustada y levántase.
[SERAFINA]
¡Aguarda, espera! ¡No manches
tu noble acero en mi vida!
¡No me mates! ¡No me mates!
Sale DON ÁLVARO.
DON ÁLVARO
¿Qué es esto, mi bien?
SERAFINA
Haber
visto entre sueños la imagen
de mi muerte, nunca fueron
tus brazos más agradables.
DON ÁLVARO
La dicha de un desdichado
siempre de un acaso nace.
DON JUAN
[Aparte.]
Don Álvaro es, ¡vive el cielo!,
hijo de don Luis, su amante.
DON ÁLVARO
Repórtate, que a decirte
que viene hoy aquí mi padre
me he adelantado.
DON JUAN
Aparte.
(¡Ya, cielos,
no hay sufrimiento que baste!
Cuantas razones propuse
aquí para reportarme,
al verla en sus brazos, todas
es forzoso que me falten.)
¡Muere traidor! ¡Y contigo
muera esa hermosura infame!
Dispara una pistola a él y otra a ella; y cayendo los dos, vienen a parar, ella en los brazos de DON PEDRO, y él en los de DON LUIS, que salen al ruido, y PORCIA.
DON ÁLVARO
¡Ay de mí!
SERAFINA
¡Válgame el cielo!
DON JUAN
Ahora, más que me maten;
que ya no estimo la vida.
TODOS
¡El ruido se oyó a esta parte!
DON LUIS
¡Entrad todos!
DON PEDRO
¿Qué ha sido esto?
SERAFINA
Llegar, infelice padre,
muerta a tus brazos porque
no tengas tú que matarme.
DON ÁLVARO
Yo a tus plantas porque en ellas
mi vida infeliz acabe.
DON PEDRO
¿Serafina?
DON LUIS
¿Álvaro?
PORCIA
¡Cielos!
¿Quién vio tragedia tan grande?
Sale EL PRÍNCIPE y JUANETE.
JUANETE
Sin duda le han descubierto.
PRÍNCIPE
Al que pretenda injuriarle
le quitaré yo mil vidas,
puesto que está en esta parte
en mi confïanza. Pero,
¿qué espectáculo notable
es aqueste?
DON JUAN
Un cuadro es
que ha dibujado con sangre
el pintor de su deshonra.
Don Juan Roca soy: matadme
todos, pues todos tenéis
vuestras injurias delante.
Tú, don Pedro, pues te vuelvo
triste y sangriento cadáver
una beldad que me diste;
tú, don Luis, pues muerto yace
tu hijo a mis manos; y tú,
Príncipe, pues me mandaste
hacer un retrato que
pinté con su rojo esmalte.
¿Qué esperáis? Matadme todos.
PRÍNCIPE
Ninguno intente injuriarle,
que empeñado en defenderle
estoy. Esas puertas abre.
Abre la puerta que cerró BELARDO, y sale DON JUAN.
Ponte en un caballo ahora
y escapa bebiendo el aire.
DON PEDRO
¿De quién ha de hüir? Que a mí,
aunque mi sangre derrame,
más que ofendido, obligado
me deja, y he de ampararle.
DON LUIS
Lo mismo digo yo, puesto
que aunque a mi hijo me mate,
quien venga su honor, no ofende.
DON JUAN
Yo estimo valor tan grande;
mas, por no irritar la ira,
me quitaré de delante.
PRÍNCIPE
Honrados proceden todos;
y para que en mí no falte
también otra ilustre acción,
la mano a Porcia he de darle
de esposo.
PORCIA
Dichosa he sido.
JUANETE
Porque en boda y muerte acabe
el pintor de su deshonra,
perdonad yerros tan grandes.
FIN

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Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

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TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. El pintor de su deshonra. El pintor de su deshonra. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbz7.0