Salen Celandio, y Lisipo, que sacan a García vestido de peregrino, ensangrentado, como muerto.
CELANDIO
Démosle sepultura
en las entrañas desta peña dura,
y con funestos ramos
el pálido cadáver encubramos,
a cuyo horror sangriento,
será el monte sepulcro y monumento.
LISARDO
Montañas de Galicia,
en vuestro centro deja la malicia
del que mandar desea
hoy muerto a su señor, porque le vea
cuanto la envidia pudo,
monstruo de fe y de piedad desnudo.
Vanse, dejando cubierto con ramos el cuerpo junto al paño, y suena dentro ruido de música de labradores, y salen cantando Dominga, Belardo, Mendo, y doña Sol vestida de caza.
MÚSICA
A la sombra de los sauces
reposaba doña Sol,
porque con sola una luz
fuesen los planetas dos.
DOMINGA
Las hebras de sus cabellos
hermosa alegre extendió,
porque con sola una luz
fuesen los planetas dos.
DOÑA SOL
No cantéis más; las voces,
que suspendieron dulces y veloces
con acentos süaves
los vientos, los cristales y las aves,
suspended, porque quiero
al margen deste arroyo lisonjero
llorar desdichas mías,
y no es bien celebrar con alegrías
tristezas que yo ignoro,
y vosotros cantéis cuando yo lloro.
DOMINGA
Triste está nuesa ama,
Belardo. ¿Qué tendrá?
BELARDO
No fuera dama
si no estuviera triste.
DOMINGA
Pues la tristeza, dime, ¿en qué consiste?
BELARDO
En verse tan hermosa,
tan linda, tan discreta, tan airosa,
viviendo una montaña
tan rústica, tan pobre y tan extraña
como esta de Galicia.
MENDO
De poca causa esa razón se indicia
para llantos tan ciegos.
BELARDO
¿Poca causa es vivir entre Gallegos?
DOÑA SOL
¡Ay, fuentecilla fría!,
¿quién me trajo a vivir en compañía
tan rústica y grosera,
de rústicos vecinos compañera,
de bárbaros desiertos cortesana,
y de pobres albergues ciudadana?
Mas tarde lloro y me consuelo tarde.
Sale Jaques de peregrino gracioso.
JAQUES
Decidme, Galicianos, que Dios guarde,
si llegó a este camino
un bizarro gallardo peregrino,
si por aquí ha pasado,
de otros dos hombres hoy acompañado.
DOMINGA
Por aquí no hemos visto
pelegrino ninguno.
JAQUES
Mal resisto
el cansancio y fatiga,
mas a seguirle la lealtad me obliga.
MENDO
Démosle a aqueste baya,
que es holgura.
DOMINGA
De baya vaya.
BELARDO
A él, digo, el pelegrino:
¿quién le lleva su hato?
JAQUES
Ese pollino
que junto a esotro pasa.
MENDO
¿Dónde la moza dejas?
JAQUES
En tu casa.
DOMINGA
¿Dónde vais de ese modo,
espantajo?
JAQUES
A la vuestra voy por todo.
BELARDO
¿Quién te piensa la mula, picarillo?
JAQUES
Tú me [la] piensas; pero yo la ensillo.
[Vase.]
DOÑA SOL
¿Qué excesos y qué fiestas
para mis vanidades fueron estas?
¿Dónde tendré consuelo
de tanta soledad?
Dentro García.
DON GARCÍA
¡Válgame el cielo!
DOÑA SOL
¡Mal el alma resiste
el horror desta voz!
DON GARCÍA
¡Ay de mí triste!
DOÑA SOL
¿Qué acentos lastimosos
sentí?
DON GARCÍA
¡Piedad, piedad, cielos piadosos!
DOÑA SOL
¡Belardo, Silvio, Mendo!
BELARDO
Temblando estó.
DOMINGA
De miedo estó muriendo.
DOÑA SOL
¿Oísteis tristes voces,
de acentos lastimosos y veloces?
¿O la tristeza mía
ideas me formó en la fantasía?
DOMINGA
De días yo no entiendo,
ni de fantasmerías; pero Mendo,
Belardo y yo escuchamos
que se quejaba un hombre allí.
DOÑA SOL
Vamos,
pues, que estas señas
nos llevarán allá, porque las peñas,
en vez de sus cristales,
se quiebran hoy en líquidos corales,
cuando sembrando horrores,
de púrpura salpican estas flores,
cuyas marchitas hojas,
verdes nacieron y murieron rojas.
BELARDO
Aquí entre aquestos ramos
cubierto está.
Descúbrenle como dicen los versos.
MENDO
Su forma descubramos.
DOÑA SOL
¡Válgame Dios! ¿Qué veo?
Grande debe de ser (¡ay cielo santo!)
desdicha que por grande no la creo.
En tanta confusión ciégueme el llanto,
porque no llegue a ver esta espantosa
miseria, esta tragedia lastimosa,
que sin piedad ninguna,
hoy representa el grande autor Fortuna,
siendo en este horizonte,
teatro de desdichas todo el monte.
Mirad si ya ha expirado.
BELARDO
Yerto, mudo y helado
aun está todavía,
agonizando entre su sangre fría.
DOÑA SOL
Pues llevadle entre todos, levantado
aquese cuerpo helado
en hombros, al aldea,
donde siquiera con sus dichas vea
que habita gente humana;
goce este bien de la piedad cristiana,
ya que nos ha traído
nuestro destino aquí, si ya no ha sido
su dicha. ¡Oh qué temor triste y funesto!
Cógenle entre todos, y llévanle.
Qué presto (¡oh confusión mortal!), qué presto
a la tristeza mía
diste consuelo con decir que había
otro más desdichado;
ninguno desconfíe de su estado,
pues si posible fuera
trocar uno desdichas, cuando viera
lo que en el mundo pasa,
las suyas propias se volviera a casa.
Sale don Vela con gabán y montera.
DON VELA
Sol, ¿de qué lloras?
DOÑA SOL
Señor,
aunque con facilidad
siempre lloró la piedad,
esta vez llora el valor.
Estas lágrimas y enojos
que miras, afectos son
que remata el corazón
desde el pecho hasta los ojos.
Cazando vine hasta aquí,
a estas montañas llegué
donde una desdicha hallé,
donde una tragedia vi.
Estaba medio muriendo
un hombre, aquí agonizando,
peregrino, derramando
su misma sangre y bebiendo,
y como el alma salía
envuelta en la que arrojaba,
y él a bebella tornaba,
con ella otra vez vivía,
o como le llegó a abrir
tantas bocas el cruel
homicida, el alma fiel,
por cuál había de salir
ignoraba, y desta suerte,
el alma, al dolor rendida,
estaba muerta en la vida,
y estaba viva en la muerte.
DON VELA
¿Qué hicieron dél?
DOÑA SOL
Al aldea
los criados le llevaron
DON VELA
Bandoleros le robaron.
sin duda.
DOÑA SOL
No habrá quien crea
que a un mísero peregrino
le tuvieron que robar.
DON VELA
Como estos suelen pasar,
Sol, por aqueste camino,
que príncipes y señores
son y van en romería
a nuestro patrón.
DOÑA SOL
Sería
posible que mis favores
le hiciesen falta: señor,
dame licencia.
DON VELA
Ve, pues,
que piedad la tuya es
tan hija de tu valor.
Ruido dentro y salen Ramiro y Nuño.
RAMIRO
Ata, Nuño, esos caballos
a un tronco, y en la espesura
de esa fuente hermosa y pura,
puedes un rato dejallos,
donde, si en yerbas ofrecen
esmeraldas estos prados,
ellos, de espuma bañados,
en cristales agradecen
el beneficio; y los dos
resistamos los desmayos
del Sol, que deshecho en rayos
nos amenaza.
DON VELA
¡Por Dios,
que es él: Ramiro! Dichoso
he sido en hallarme aquí;
dadme los brazos.
RAMIRO
Si así,
con lazo tan venturoso,
hoy Galicia me recibe,
con justa causa diré
que las Cortes no dejé.
DON VELA
A vuestro servicio vive
hoy en Galicia don Vela;
y aunque de paso, por Dios,
decidme qué os trae a vos
a estos montes; que recela
el alma, ya que no ha sido
gusto vuestro, en lo que ve.
Aparte
(Este piensa que no sé
el intento que ha traído.)
RAMIRO
Aun bien que los dos podremos
pagarnos las relaciones,
pues que todos ocasiones,
y novedades tenemos
que contar: decidme vos
qué hay en Galicia de nuevo,
mientras yo a contar me atrevo
qué hay en Castilla, y los dos
nos pagaremos ansí
nuevas con nuevas.
DON VELA
Consiento
el partido; estadme atento,
que esto es cuanto pasa aquí.
Después que murió el buen Rey
don Fernando y que se abrió
el testamento y se halló,
por justa y divina ley,
en sus hijos repartido
el reino, Sancho el Mayor,
lleno de rabia y furor,
no quiso ver dividido
su poder; ya esto sabéis,
mas hoy, para encadenar
lo que os tengo de contar,
os suplico me escuchéis.
Sancho, en fin, lleno de ira,
que ha de quitar, jura ahora,
a doña Urraca a Zamora,
como a Toro a doña Elvira.
Viendo Alfonso su rigor,
o por respeto, o por miedo,
se pasó huyendo a Toledo,
y halló en el moro favor.
Vino a Galicia García,
que es lo que me toca a mí
contaros ahora aquí,
donde contento vivía
en la humildad desta tierra;
pero receloso en vano,
que el Rey don Sancho, su hermano,
aquí le vino a hacer guerra.
Rindióle, y en la ocasión
–¡oh ley tirana y cruel!–
hizo, Ramiro, con él
la más rigurosa acción
del mundo, contra las leyes
de Dios, divinas y humanas...
pero no es dado a mis canas
el murmurar de los Reyes;
sólo os diré, sin decir
que hizo mal ni que hizo bien,
que a quien quitó el Reino, a quien
le dio tanto que sentir,
porque sin ver sus enojos
viviese más consolado,
en la prisión ha mandado...
RAMIRO
¿Qué?
DON VELA
...que le cieguen los ojos
con una barra de fuego.
¡Qué pena, qué confusión,
ver un Infante en prisión,
abatido, pobre y ciego!
No puedo pasar de aquí;
¡qué ahogo!, ¡qué pena tan rara!,
creo que más que a él la barra,
me cegará el llanto a mí.
RAMIRO
Rigor, por cierto, que admira;
pero otro mayor previene
su condición, pues hoy tiene
presa en Toro a doña Elvira.
Envió a decir con Rodrigo,
–a quien llaman, y no en vano,
el soberbio castellano–
que como hermano y amigo
le pedía que le diese
aquella hermosa ciudad,
y que hiciese la amistad
lo que la guerra no hiciese.
Cuando eso decir desea
el Cid, asombro del Moro,
por las almenas de Toro
doña Elvira se pasea.
Desde allí a Rodrigo habló,
que no quiso que la puerta
a nadie estuviese abierta,
y desde allí respondió,
diciendo: “Decid, Rodrigo,
al Rey mi señor y hermano,
que intenta y pretende en vano,
como amigo, o enemigo,
entrar en Toro, porqué
como amigo yo no quiero,
y como enemigo espero
que él no podrá.” Y esta fue
la respuesta que le dio.
De lo cual el Rey airado,
con el ejercito armado,
a Toro al punto sitió.
Él, temerario, pretende
aquella ciudad famosa,
y ella, altiva y valerosa,
la resiste y la defiende.
En este estado dejé
a Castilla, cuando vengo
a unos negocios que tengo
en Galicia, así no sé
en qué el sitio habrá parado.
DON VELA
Así estará, que no ha habido
tiempo.
RAMIRO
Despacio he venido,
ya puede estar acabado.
DON VELA
¿Tan altiva es doña Elvira?
RAMIRO
Es muy varonil mujer;
su cordura y proceder,
propios y extraños admira.
DON VELA
¿Y es hermosa?
RAMIRO
No la vi
en mi vida.
DON VELA
Ya sé yo
que encerrada se crió
en un convento...
RAMIRO
Es así.
DON VELA
...pero pudierais después
haberla visto.
RAMIRO
Pues no,
nunca a Elvira he visto yo.
DON VELA
Ya el sol declina, hora es
–pues que del Oriente pasa
su luz en dorado giro–
de recogernos, Ramiro,
venid y honraréis mi casa
esta noche.
RAMIRO
Guárdeos Dios;
pero el enfado excusad.
DON VELA
Esto pide el amistad,
y deudo que hay en los dos.
Vanse.
Sale doña Elvira con vaquero, y espada.
DOÑA ELVIRA
Al pie destos montes altos
rendido el caballo dejo,
tan liberal de su sangre
como avaro de su aliento;
y en sus espumas bañado,
por los ijares abierto,
matices blancos y rojos
está derramando al suelo;
y como, al verle correr,
estos montes le tuvieron
por nube que, desatada,
bajó desde su elemento,
al verle nevar espumas
con más razón lo creyeron,
siendo diluvio de sangre,
por ser prodigio del tiempo.
Quédate, noble animal,
y recobrado en ti mesmo,
con ánimo generoso,
vuelve a respirar sin miedo,
si ya no por desdichado
te llega a faltar el viento;
que suele heredar un bruto
la desdicha de su dueño.
Quédate, pues, que me niega
aun esta piedad el cielo
de tu noble compañía,
porque a un desdichado pienso
que el ver otro desdichado
a sus fortunas sujeto,
aunque fuese un animal,
le servirá de consuelo.
Mas, ¿dónde voy por aquí?
¿Qué ásperos montes son estos,
en cuyos hombros estriba
el octavo firmamento?
¿Qué tierra es esta que piso?
¡Ay de mí!, ¿de quién espero
respuesta, si el aire mesmo,
por no responder, suspenso
se ha quedado entre las ramas
destos árboles y en ellos
aun no responden las hojas,
que son las lenguas del eco?
¿Qué haré en esta soledad,
y más cuando considero
que agonizando entre sombras
el día se está muriendo?
Y el sol con tan poca fuerza
hiere el horizonte nuestro,
que se le atreven estrellas
antes de mirarle puesto:
que al que se vio respetado,
y empieza a caer, los mesmos
que dél recibieron luz,
se le atreven los primeros.
Dígalo aquí mi fortuna,
pues yo..., mas no, que el secreto
me conviene, y ha de ser
en mí con tan grande extremo,
que aun yo he de dudar quién soy;
porque es sepulcro mi pecho
donde en prisiones de nieve
yace caduco el silencio.
Sale Jaques.
JAQUES
¿Dónde desta suerte voy,
sin cordura y sin consejo,
cual dicen de ceca en meca,
por aquestos vericuetos?
No puedo dar con mi amo,
ni sé por dónde pudieron
irse, un día solamente
que me he quedado durmiendo,
sin otros de quien no trato,
los perdí; no sé qué puedo
hacer.
D. ELVIRA
Gente viene aquí,
recelo de todos tengo.
¡Válgame Dios! ¿Qué he de hacer?
JAQUES
Ninfa de todos aquestos
montes, diosa destas selvas,
dríade destos desiertos,
náyade destos arroyos,
semidea destos cerros,
Venus gallega, si acaso
ha habido gallega Venus
desde Adán acá: decidme,
de rodillas os lo ruego,
¿vistes pasar por aquí
un peregrino mancebo,
a quien dos acompañaban,
gualdraperos escuderos?
D. ELVIRA
Aparte
(Si le respondo que soy
forastera, pongo a riesgo
mi vida en tal soledad;
en todo fingirme quiero
ciudadana destos montes.)
Peregrino, a quien el cielo
guarde, en este propio instante
que yo estaba sola, viendo
la compañía que traje
de perros y de monteros
que en ese bosque dejé,
por aquí pasaron esos
tres hombres y preguntaron
por un hombre, que ahora creo
que érades vos, por las señas.
JAQUES
Decidme por dónde fueron.
D. ELVIRA
Por ahí abajo.
JAQUES
¿Y ha mucho?
D. ELVIRA
Un instante: si vais presto
los alcanzaréis.
JAQUES
A Dios,
que os guarde y dé todo aquello
que buscareis, si no es
puntos en medias y en celos
desengaños, que son cosa
que se buscan sin deseo
de hallarse.
Vase.
D. ELVIRA
Di en un engaño
a mis temores remedio;
pero, ¿qué ruido es aquél?
Pasos en el bosque siento;
¡oh, si fuese gente en quien
hallasen algún consuelo
mis desdichas! Pero, ¿dónde
con estos vestidos puedo
llegar, que no me descubran?
Abran piadosos los cielos
camino en tantas fatigas.
Sale Dominga.
DOMINGA
Que el diabro mos trujo, pienso,
este peregrino a casa,
que a todos nos trae revueltos:
si acabase de ganar
este demonio, que pienso,
así el albéitar lo dice,
que ha de levantarse presto.
D. ELVIRA
Una mujer sola es,
muy bien atreverme puedo
a hablarla, pues es forzoso
que halle, aunque en rústico pecho,
piedad en él. Aldeana,
si te obligan los sucesos
de Fortuna a ser piadosa,
rendida a tus pies te ruego
favorezcas una vida
que hoy en tus manos se ha puesto.
DOMINGA
Vuesas lágrimas, pardiez,
hermosa dueña, me han hecho
cosquillas dentro del alma;
¿qué queréis? Que yo os prometo
serviros en cuanto pueda:
que un día escuché a un discreto
decir, que de una mujer
que llora con rostro bello
aun las mujeres habían
de ser amantes, y es cierto,
porque una mujer llorando
puede dar envidia al cielo,
y más si llora de amor.
D. ELVIRA
No es de amor, no sentimiento,
pero en fin, zagala hermosa,
por estos vestidos temo
ser conocida y venir
a gran desdicha por ellos.
Truecámelos a un sayal
tuyo, y encima del trueco,
no quiero más interés,
que solamente el secreto.
DOMINGA
¿Yo vestido de tanto oro?
Que os estáis burlando creo.
D. ELVIRA
No burlo, pues que podré
en traje humilde y grosero
pasar donde me llevare
mi destino
DOMINGA
¿Qué?, ¿es de cierto
que me pondré ese vestido?
D. ELVIRA
Sí.
DOMINGA
Aunque pudiera traeros
con solo llegarme a casa
otra vasquiña y sayuelo,
temo que se me despinte
el lance y así no quiero
sino daros este mismo.
D. ELVIRA
Pues entra a lo más secreto
del monte, donde podamos
trocar los vestidos nuestros.
DOMINGA
Pardiez, que he de parecer
maya o novia, si me veo
con tanta seda.
D. ELVIRA
¡Ay Fortuna,
en qué desdicha me has puesto!
Vanse, y salen don Vela, Ramiro, y Nuño.
DON VELA
Déjame llegar a mí,
que avisar a Sol conviene
de que tan gran huésped tiene,
y ella vendrá luego aquí
a serviros.
RAMIRO
Advertido,
tanta dicha esperaré.
DON VELA
[Aparte]
(No sé qué espera, o por qué
no se da por entendido.)
Vase.
RAMIRO
Ya que a Galicia llegamos,
Nuño, te quiero contar,
qué causa pudo obligar
a venir a donde estamos.
Desengañado de ver
sucesos de guerra y Corte,
dando a mi vida otro norte,
quiero retirarme a ser
cortesano desta tierra,
ya que me han desengañado
pretensiones de soldado
en la Corte y en la guerra,
y a Galicia vengo, adonde
tengo hacienda y donde espero
gozar el más lisonjero
bien que al amor corresponde.
Tiene una hija don Vela,
Sol en nombre y hermosura,
que, aunque no la vi, asegura
la fama, que siempre vuela,
esta opinión. Con intento
vengo, si es después tan bella,
de casar, Nuño, con ella.
Ayuda a mi pensamiento
Arias, de don Vela hermano;
ya tú sabes que es mi amigo,
quiéreme bien y conmigo
escribe al padre, y es llano
que se efetuará la boda
si me descubro, mas quiero
ver a doña Sol primero;
porque si no se acomoda
el gusto pueda volverme
sin declararme.
NUÑO
Haces bien,
porque yerra mucho quien
casa a ciegas.
RAMIRO
Resolverme
puedo despacio.
Sale Dominga con el vestido mal aliñado.
DOMINGA
¿Quién vido,
mejorando su fortuna,
jamás Dominga nenguna
con tan brillante vestido?
¿Dominga con tanto olor?
¿Oro y con nombre tan vil?
Si aparador, ¿para qué candil?
si candil, ¿para qué aparador?
NUÑO
Una dama viene aquí.
RAMIRO
¿Si es esta Sol?
NUÑO
No se vistiera
tan costoso a quien no fuera
señora en casa.
RAMIRO
Es así.
NUÑO
¡Por Dios, que es muy desaseada
en el andar y el vestir!
RAMIRO
Muy bueno es para venir
a vistas de desposada.
NUÑO
Llégala a hablar.
RAMIRO
(¡Qué fea es!
Llegaré con turbación.)
DOMINGA
Estos me piden perdón;
engañarlos tengo, pues.
RAMIRO
Señora, si favor tal
mi humildad ha merecido,
que me concedáis os pido
ese animado cristal,
para confirmar con él
mi dicha.
DOMINGA
¿A quién heis llamado,
decid, «animal cristado»?
RAMIRO
A esa nieve, a ese papel,
en quien escribe el deseo
un favor tan soberano.
DOMINGA
¿Para pedir una mano
andáis con tanto rodeo?
Catalda aquí.
RAMIRO
(Nuño, di,
¿has visto simpleza igual?)
NUÑO
(Lo de animado cristal
la dejó fuera de sí.)
DOMINGA
Por acá hablamos cristiano;
de esos lenguajes no sé.
Aquí el pie se llama pie,
la mano se llama mano.
RAMIRO
Porque no halle en qué dudar,
¿sois vos Sol?
DOMINGA
Si yo Sol fuera,
más de mil años tuviera:
mas Sol me suelen llamar...
RAMIRO
(¿Y a qué espero?)
DOMINGA
...los villanos,
que no les falta a ninguna
resquiebro de Sol y Luna.
RAMIRO
(Ay Nuño, ¡no fueron vanos
mis recelos! Si le hubiera
a don Vela descubierto
la intención de mi concierto,
¿cómo ahora me pudiera
salir de lo concertado?
¿Esta es Sol, de quien yo oí
tantas alabanzas?)
NUÑO
(Sí,
pues ella lo ha confesado,
y el vestido no lo niega.)
RAMIRO
(Ea, no hay sino volver
a Castilla y a romper
el papel, que amor entrega
la memoria. A despedir
nos vamos.)
NUÑO
(¿Con qué ocasión?)
RAMIRO
(¿Faltará alguna invención
que con don Vela fingir?
Vámonos de aquí los dos
presto, Nuño, que no excuso
la prisa.)
NUÑO
(El Sol se nos puso.)
Vanse los dos.
DOMINGA
¡Buenas noches nos dé Dios!
Quien me hubiere visto ahora,
tan aseada y bien vestida,
y luego habrar entendida,
pensará que so señora.
Yo apuesto que el cortesano,
de verme y oírme aquí,
se va muriendo por mí.
Sale Jaques.
JAQUES
(El trabajo pierdo en vano.
¿Posible es que yo me entrase
adonde no halle salida?
Mas ¿qué mucho, si en mi vida
hallé cosa que buscase?
Una vez en mi lugar
– para que esto me convenza–
perdí el juicio y la vergüenza,
y nunca las pude hallar;...
pero la dama está aquí
que endenantes me burló,
y ya me presumo yo,
en el traje hermoso, así
engañando pobres anda,
tristes y desconsolados.)
Dama andante destos prados,
¿no me responde?
DOMINGA
¿Qué manda?
JAQUES
Pues, ¿cómo es aquesto ahora?
¿Rustiquezas semejantes
y engañarme aquí denantes?
DOMINGA
Basta ser que por señora
me tienen todos; en fin,
con las galas lo asegura
la discreción y hermosura.
¿Adónde va el pelegrín?
JAQUES
Bueno es esto, ¡qué sé yo!
DOMINGA
¿Qué busca?
JAQUES
[Aparte]
(Ella está burlando
de mí.)
DOMINGA
Diga.
JAQUES
Voy buscando
la perra que me parió.
Sale Belardo.
BELARDO
Señora..., pero ¿qué miro?
¡Que eras señora creí!
¿Quién diabros os puso así?,
que ya de verte me admiro.
¿Tú con tanta bizarría?
Dominga, di...
DOMINGA
Bueno está,
habrad mejor, porque ya
no es el tiempo que solía,
Belardo.
BELARDO
¿Quién hay que pueda
estas fábulas creer?
¿Tú con tanta jerga ayer,
y tú hoy con tanta seda?
Pues no te ensanches así
por verte en mejor fortuna;
si no, acordarte de una
copra que se canta así:
aunque la mona se vista de seda,
mona se queda.
DOMINGA
Habra como habéis de habrar,
que sos un grande pollino:
que so señora y de un pino
os mandaré yo ahorcar.
Vase muy grave y salen don Vela, Ramiro y Nuño.
DON VELA
¿Con tanta prisa, señor,
importa el volveros?
RAMIRO
Sí,
alcanzóme un propio aquí,
y es forzoso que al favor
me niegue de vuestra casa.
DON VELA
Pésame de que mi estrella
me niegue que os sirva en ella,
mas si a tanto extremo pasa
la nueva que os han traído,
solo os quiero suplicar
de que a Sol le deis lugar
–ya que hasta aquí habéis venido–
para que os bese las manos.
RAMIRO
No me fuera yo, señor,
sin merecer el favor
de bienes tan soberanos,
pero en este puesto ahora
a su servicio ofrecí
alma y vida, ya que vi
a doña Sol mi señora;
porque no me fuera hoy
–que descortés no nací–
sin verla, señor, y así,
porque la he visto me voy.
DON VELA
¿Cómo puede ser, si yo
en su cuarto la dejé?
RAMIRO
Si digo que yo la hablé,
y ahora me confesó,
que era ella misma, ¿a qué efeto
yo lo había de inventar?
DON VELA
Pues con eso os doy lugar
a la partida y prometo
que siento mucho no haber
servídoos, señor, un día
que huésped os merecía.
Sale Jaques.
JAQUES
[Aparte]
(De tantos, ¿no ha de saber
uno siquiera por dónde
fue? Este el primero sea.)
Mi señor...
BELARDO
Dios os provea.
Vase.
JAQUES
[Aparte]
(A propósito responde:
él pensó y tuvo por llano
que limosna iba a pedir.
Este lo habrá de decir.)
¿Sabéis...?
NUÑO
Perdonad, hermano.
Vase.
DON VELA
Los brazos me vuelve a dar.
RAMIRO
Y en ellos el alma. Adiós.
JAQUES
[Aparte]
(Quiero llegarme a estos dos.)
Yo soy...
RAMIRO
Dios nos dé qué dar.
Vase.
JAQUES
[Aparte]
(No hay en mis fortunas medio.
A este llego temeroso;
quizá por viejo es piadoso.)
Oíd...
DON VELA
Dios os dé remedio.
JAQUES
[Aparte]
(¡Que no haya de tantos uno
que al verme desta manera
quiera escucharme siquiera!)
DON VELA
No seáis, pobre, importuno.
JAQUES
¿Eso cómo puede ser
si en el mundo no hay ninguno
que no sea pobre importuno?
DON VELA
¿Qué? ¿También sois bachiller?
Id con Dios.
JAQUES
Yo gano en ello.
Pobres, ahora conocí
qué será sello, si así
me tratan por parecello.
Vase.
Sale doña Sol muy vestida de dama.
DOÑA SOL
De la suerte que mandaste
vuelvo ya, señor, a verte.
DON VELA
Pues las galas y el cuidado
importan poco, ya puedes
volverte a vestir de monte,
si en eso más gusto tienes;
que yo, porque no te viera
aquel caballero huésped
sin ese traje, mandé
que bizarra te pusieses.
Mas ya que te vio del modo
que estabas, impertinente
fue tu cuidado.
DOÑA SOL
¿Qué dices?
¿Quién me ha visto de otra suerte?
¿Qué huésped, qué caballero
que me vio, señor, es este?
DON VELA
¿No estuvo contigo aquí
un hombre, que con corteses
ofrecimientos te habló
–ya no hay para qué lo niegues–,
a quien tú misma dijiste
que eras Sol?
DOÑA SOL
No solamente
no le hablé, mas no le vi.
DON VELA
¿Qué dices?
DOÑA SOL
Pues ¿por qué temes
que pueda mentirte en esto?
DON VELA
¿Qué engaño pudo ser este?
Que decirme a mí Ramiro
que habló con Sol y volverse
con tanta priesa, viniendo
a los conciertos que tiene
efetuados con mi hermano,
notables dudas me ofrece.
¿Qué será? ¡Belardo! ¡Mendo!
¡Dominga!
Salen los Villanos.
DOMINGA
Señor, ¿qué quieres?
DON VELA
Pues, ¿qué es aquesto, Dominga?
Dime, ¿qué vestido es ese?
DOMINGA
Un vestido que me hallé.
[Aparte]
(Callaré que me le diese
la mujer, porque señor
no me obligase a volvelle.)
DON VELA
¿Dónde le hallaste?
DOMINGA
En el monte,
cubierto con ramos verdes;
vile relucir, llegué,
quité las ramas, saquéle.
y plantémele.
DON VELA
Al momento
te le quita.
DOMINGA
Pues socede
otro cuento que es mijor;
que aquel hidalgote huésped
me tuvo por dama aquí.
DON VELA
¿Mas que fuera que creyese
que era Sol?
DOMINGA
Sol me llamó,
pero yo entendí que fuese
resquiebro.
DON VELA
¡Bien hizo en irse,
huyendo de hablarte y verte!
Pero con aqueste engaño
no han de ausentarse. Traedme
una yegua, que me importa
alcanzarle diligente.
En sus alcances iré,
y pues industrias ofrece
el ingenio, con alguna
a mi casa he de volverle,
adonde se desengañe,
que no es Sol quien le parece.
Vase.
DOÑA SOL
¿Qué secretos, qué cuidados
son estos que no se entienden?
Pero ¿quién me mete a mí
con errados pareceres
en averiguar intentos?
Belardo.
BELARDO
¿Qué es lo que quieres?
DOÑA SOL
¿Cómo está aquel peregrino
de quien tú a tu cargo tienes
la salud?
BELARDO
Está tan bueno
que hoy se ha levantado; a verte
llega. Yo me voy, señora.
Adiós.
Sale García.
DON GARCÍA
Y ¿quién no merece
besar la tierra que pisas?,
porque es una esfera breve
de luz que, alumbrando al mundo
día y noche, de una suerte
vence el horror de las sombras.
¿Quién vio todo un Sol de nieve?
Día llaman a la vida,
noche llaman a la muerte,
y viéndome yo expirando
entre las sombras crueles
de la noche, nuevo día
en otro sol me amanece.
Pero no sé si es piedad
que des tan injustamente
muerte y vida, pues hoy quitas
una vida que concedes;
y así es mucha tiranía
tener imperio tan fuerte
que hagas que muera quien vive
y hagas que viva quien muere.
DOÑA SOL
Aparte
(Entre rústica corteza,
¿es posible que se encierre
alma tan noble? Secretos
hay aquí que no se entienden.)
¿Cómo, con tanto peligro,
apenas convaleciente,
agraviando los deseos
de la posada, te atreves
a levantarte?
DON GARCÍA
No fueron,
señora, tan inclementes
las heridas, tanto como
mucha la sangre que vierten;
y así, viéndome mejor,
es forzoso que me ausente,
que basta haber recibido
tantas honrosas mercedes
en tu casa, Sol hermosa,
sin que dellas me aproveche
tan mal que quiera llevar
hasta el fin sus intereses.
Sólo te pido, señora,
recibas de un pobre aqueste
rayo de piedra, que fue
Dale una sortija.
hijo del Sol, que no puede
negarlo, pues de limpieza
hechas ya las pruebas tiene.
Diamante es, que en este dedo
se quedó porque tuviese
más esmaltes con mi sangre
el oro que le guarnece.
Perdonad mi atrevimiento,
y no excuséis el ponerle
en esas manos por mío,
pues por suyo lo merece.
DOÑA SOL
El don estimo y quisiera
con el alma agradecerte;
pero quejosa de ti...
DON GARCÍA
Pues, señora, ¿de qué suerte
de mí te quejas?
DOÑA SOL
¿Pensaste
que aquesta casa no tiene
dueño que podrá hospedarte,
que apenas convaleciente
quieres pagar la posada
antes de irte?
DON GARCÍA
No merece
costaros a vos cuidado
mi vida.
DOÑA SOL
Cuando le cueste,
no será a mí; porque en casa
hay criadas que le tienen.
Fuera de que miro en vos,
ya en los discursos corteses,
ya en las acciones altivas,
ya en los alientos valientes
más fondo que en un diamante,
con ser mucho.
DON GARCÍA
Pues no pienses
eso de mí, porque soy
hombre humilde.
DOÑA SOL
Pues, ¿quién eres?
DON GARCÍA
Un mercader soy de piedras,
en que verás que convienen
el diamante y el lenguaje;
el diamante por tenerle
para vender; el estilo,
porque los plateros tienen
entrada con los señores,
y así en las casas aprenden
políticas cortesías;
y yo particularmente
estoy muy hecho a tratar
con los príncipes y reyes.
DOÑA SOL
¿Dónde ibas?
DON GARCÍA
A Santiago,
por un voto, donde, aleves,
por robarme algunas joyas
–y en una, principalmente,
el valor de una ciudad–,
dos amigos y parientes
me dejaron, como viste.
DOÑA SOL
Y ahora cuando te ausentes,
¿dónde irás?
DON GARCÍA
A donde pueda
vivir pobre y tristemente,
no conocido de nadie.
Porque hombre que no puede
llegar a tener caudal
tan grande como el que pierde,
adonde no es conocido
vive mejor, porque suele
ser verdugo la memoria,
cuando los testigos tiene
de las dichas que perdió,
a todas horas presentes.
DOÑA SOL
Pues para vivir así
en casa quedarte puedes,
pues entre estos labradores
podrás vivir de la suerte
que deseas; y mi padre
se holgará, porque le mueven
desdichas de la fortuna.
DON GARCÍA
Déjame que humilde bese
la tierra que pisas: hoy
comprado un esclavo tienes.
DOÑA SOL
[Aparte]
(Ay curiosidad, ¿qué es esto?
¿Qué buscas en mí? ¿Qué quieres
de mí, que tantos discursos
hoy a la memoria ofreces?)
DON GARCÍA
[Aparte]
(Hoy, Fortuna, ¿a qué desdichas
mayores podrás traerme
que a vivir entre villanos,
de ásperas montañas huésped?)
DOÑA SOL
¿Cómo te llamas?
DON GARCÍA
Fortuna.
DOÑA SOL
Nombre a propósito tienes
a tus sucesos.
DON GARCÍA
Los nombres
tomar, señora, se suelen
de las casas en que nacen,
y el mío es de las que mueren.
DOÑA SOL
[Aparte]
(Ay cielos, ¡qué peregrino
tan peregrino es aqueste!)
DON GARCÍA
[Aparte]
(¿Qué Sol es aqueste, cielos,
que a mis dichas amanece?)
DOÑA SOL
[Aparte]
(¡Qué desdicha!)
DON GARCÍA
[Aparte]
(¡Qué pesar!)
DOÑA SOL
[Aparte]
(¡Qué pena!)
DON GARCÍA
[Aparte]
(¡Qué mal tan fuerte!)
DOÑA SOL
[Aparte]
(Déjame, memoria mía.)
DON GARCÍA
[Aparte]
(Déjame, estrella imprudente.)
DOÑA SOL
[Aparte]
(No me obligues...)
DON GARCÍA
[Aparte]
(No me traigas...)
DOÑA SOL
[Aparte]
( ...a que diga...)
DON GARCÍA
[Aparte]
(...a que a ver llegue...)
DOÑA SOL
[Aparte]
(...que de amor...)
DON GARCÍA
[Aparte]
(...perdido el bien...)
DOÑA SOL
[Aparte]
(...muero.)
DON GARCÍA
[Aparte]
(...que el amor me ofrece.)
DOÑA SOL
[Aparte]
(¡Mal haya tanto callar!)
DON GARCÍA
[Aparte]
(¡Paciencia el cielo me preste!)
Salen Ramiro, Nuño y Elvira.
RAMIRO
Gracias a Dios que ya estamos
seguros, que no veremos
otra vez mi novia.
NUÑO
Extremos
haces con razón.
RAMIRO
Huyamos
desta tierra; que hay en ella,
con no poca novedad,
peligros en la fealdad.
NUÑO
De una causa hermosa y bella
huir el peligro vi yo,
cuando dar muerte procura
con veneno la hermosura.
RAMIRO
Es la verdad; pero no
viste tú que pretendiese
matar con necios engaños
la fealdad.
NUÑO
Huye los daños
que te siguen.
RAMIRO
¡Que quisiese
Arias engañarme así,
diciéndome que Sol era
maravilla lisonjera
de la hermosura!
D. ELVIRA
¡Ay de mí!
RAMIRO
¿Quién tristemente se queja,
y con lastimosas voces,
que los aires veloces...?
NUÑO
La duda a los ojos deja,
pues en soledad penosa
puedes ver una mujer,
tan humilde al parecer
cuanto al parecer hermosa.
RAMIRO
Mirémosla desde aquí,
que su beldad maravilla.
NUÑO
En la mano la mejilla
se puso ahora.
RAMIRO
Es así,
mas no digas, Nuño, tal;
que entre el clavel y jazmín,
parece un sol de carmín
sobre un monte de cristal;
cuando a sustentar se atreve
tal peso la mano ufana,
parece un globo de grana
sobre un Atlante de nieve;
por la mano se dilata
de su cabello el tesoro:
parece una esfera de oro
sobre una brasa de plata.
Llorando está: nieve y rosa
con tiernas lágrimas lava;
¡sólo el llorar le faltaba
para estar del todo hermosa!
Ya mira al cielo y los ojos
enjuga para mostrar
que con ellos puede dar
al Sol envidias y enojos.
Las manos tuerce que había
en sus lágrimas bañado,
y como el cristal helado,
sale de la nieve fría.
Con la azucena compite
que al alba candores bebe,
o con el copo de nieve
que a pedazos se derrite.
Ya se levanta. Hacia aquí,
sin habernos visto, viene.
Retirarnos nos conviene;
escuchemos desde allí.
Escónde[n]se y sale Elvira.
D. ELVIRA
¿Qué es lo que quieres, Fortuna,
de una mujer desdichada
que, a tu honor sacrificada,
no espera piedad ninguna?
RAMIRO
Sin duda se encierra aquí
más que el traje manifiesta;
no es mujer humilde esta,
pues sabe quejarse así.
D. ELVIRA
¿Yo, tan pobre y abatida,
tan triste y desconsolada,
deste sayal adornada
y destos troncos servida,
siendo...
RAMIRO
Escucha.
D. ELVIRA
...quien pudiera
a par del Sol...? Pero no,
que aún a mí no quiero yo,
cuando estoy desta manera,
fiar secreto que tanto
importa.
RAMIRO
Grande ocasión
perdió nuestra confusión
para salir deste encanto.
Dentro don Vela.
DON VELA
Ten esa yegua, Belardo,
que aquí me quiero apear,
y llegar a preguntar
por lo que busco.
BELARDO
Aquí aguardo.
RAMIRO
Don Vela es el que llegó:
por la voz le conocí.
Retirémonos aquí.
NUÑO
¿No quieres que te vea?
RAMIRO
No.
D. ELVIRA
¡Gente viene! ¡Oh, si alguien fuese
a quien mis penas fiase,
que mi llanto le apiadase,
que mi dolor le moviese!
Que ya no puedo sufrir
en un monte despoblado
el vivir, sin haber dado
alivio en tanto morir
a mis desdichas!
DON VELA
Serrana,
dime, así el cielo te guarde.
¿viste pasar esta tarde
por aquesta vega ufana...
RAMIRO
Escondámonos mejor.
DON VELA
...un bizarro caballero,
a quien sólo un escudero
acompañaba?
D. ELVIRA
Señor,
no le vi, y aunque no pueda
serviros en eso a vos,
una gran merced, por Dios,
vuestro valor me conceda,
que al honor de vuestras canas
a descubrir he llegado
lo que aún a mí me he negado.
Bien pienso que no son vanas
mis esperanzas; que el pecho,
sin conoceros, señor,
de vuestro grande valor
se asegura satisfecho.
DON VELA
Serrana, tan dulce llanto
abone vuestra fatiga.
¿Qué queréis? ¿A qué os obliga
sentimiento y dolor tanto?
Decid, ¿qué habéis menester?
Hablad, ¿qué pedís?
D. ELVIRA
Si acaso
queréis escuchar de paso
desdichas de una mujer,
yo sé que os obliguen ellas
hoy a doleros de mí.
DON VELA
No habéis menester aquí
intercesoras más bellas
que esas lágrimas: no quiero
saber más de que lloráis.
Decid presto, ¿qué mandáis?
D. ELVIRA
De vuestras manos espero
favor a las penas mías.
Ved lo que habrá menester
una infelice mujer,
que tres noches y tres días
ha vivido este desierto,
sin fiar su desventura
más que de una peña dura.
DON VELA
Ya vuestras penas advierto.
Seguid aquella vereda,
que deste monte a la espalda
hay una aldea en su falda,
que no dudo yo que pueda
consolaros. Cerca está,
por eso no vuelvo yo
con vos misma; pero no
hará falta, porque allá
está Sol, una hija mía,
en quien favor hallaréis,
y más cuando declaréis
cómo su padre os envía,
que yo es forzoso seguir
este alcance, porque quiero
hablar a este caballero
por quien pregunté.
D. ELVIRA
Decir
puedo, señor, que hallé en vos,
amparo, padre y consuelo.
Mil años os guarde el cielo.
DON VELA
Preguntad por Sol; y adiós.
Vase Elvira y sale Nuño.
NUÑO
A su casa la ha enviado.
RAMIRO
¿Quién, pues tan felice ha sido,
no se hubiera despedido
della? Que un nuevo cuidado
aquella mujer me da.
NUÑO
Pues sal y di que volvías,
porque despachado habías
el propio que vino ya,
o que un accidente fue
causa de no aventurar
la salud con caminar
tan aprisa.
RAMIRO
Así lo haré,
porque un curioso deseo
me obliga a saber quién es
esta mujer.
NUÑO
Llega pues.
RAMIRO
¡Venturoso yo que os veo
segunda vez!
DON VELA
¡Oh, Ramiro!
Aparte
(Si él vuelve, no diré, no,
que le iba buscando yo.)
Con admiración os miro.
¿Qué buena venida es esta?
Ya muy lejos os juzgué
desta tierra.
RAMIRO
Causa fue
una novedad molesta;
mas no era cosa de tanto
cuidado como pensé.
Fuera desto, aquí me hallé
rendido a una fiebre, tanto
que no pude proseguir
el camino. He despachado
el propio y vuelvo informado
otra vez a recibir
honores de vuestra casa.
DON VELA
Aparte
(Sin duda que alguien halló
hoy que le desengañó
de que Sol es sol que abrasa,
y así callaré.) Volvamos
a casa y allá veréis,
para que os desengañéis,
Ramiro, que deseamos
serviros y la amistad
de mi vida y de mi pecho.
RAMIRO
De todo estoy satisfecho,
vos el camino guiad
Aparte
(que ya sigo el arrebol
de una divina hermosura.
¿Quién vio que otra vez más pura
busque experiencia del Sol?
Pero si a Sol te prefieres,
más hermosa y más ufana,
¡viven los cielos, villana,
que he de averiguar quién eres!)
Vanse y sale García.
DON GARCÍA
Fortuna, madrastra injusta,
pues ya tu nombre es tan mío
que, mejorando en desdichas,
soy tu legítimo hijo;
si eres diosa como dicen,
tantas horas que he tenido
tu sangre –porque al fin son
de sangre tus sacrificios–,
dime, ¿qué quieres de mí?,
¿a qué puedo haber venido
de más desdicha o bajeza,
que a labrar la tierra, oficio
de algún rústico villano,
entre peñas y entre riscos?
Sale Jaques.
JAQUES
Si desta vez no le hallo,
pienso tomar el camino
de Alemania, porque yo
desesperado te sigo.
Aquí está un labrador solo;
a este por último digo
que he de preguntar por él.
La postrera suerte envido:
llegaré con prevención.
Di, labrador –con aviso
de no pedirte limosna,
porque oigas lo que te digo–,
¿has visto...? ¡Válgame el cielo!
DON GARCÍA
Jaques.
JAQUES
No digas si has visto,
pues ya he visto yo la dicha
qu[e] ando buscando perdido...
DON GARCÍA
Dame los brazos.
JAQUES
La tierra
que pisas beso y bendigo.
¿Es posible que te hallé?
¿Es posible que te miro?
DON GARCÍA
Hay muchas cosas que sepas.
JAQUES
Ya, señor, las imagino
de verte en aqueste traje.
¿Qué transformación de Ovidio
es esta?
DON GARCÍA
Sucesos son
de la Fortuna.
JAQUES
¿Y Lisipo
y Celandio?
DON GARCÍA
No hay lugar
de contarte lo que ha habido,
porque hay muchas novedades.
Sólo de paso te digo
que me dejaron por muerto.
JAQUES
¡Ah, traidores mal nacidos!
Mas, bien echaron de ver
que no estaba yo contigo.
DON GARCÍA
Al fin, en aqueste traje,
estando de mi peligro
apenas convaleciente,
en casa de un hombre vivo,
el más rico desta tierra,
y en ella en efeto sirvo,
como ves, de labrador.
JAQUES
¿Pues tu valor ha podido
sujetarse a tanto?
DON GARCÍA
Sí,
que es de la fortuna oficio
rendir lo más eminente.
JAQUES
Ahora bien, yo no averiguo
si es bien hecho u es mal hecho;
pero solamente digo,
que en bien o mal, vida o muerte,
tengo de hallarme contigo:
desde hoy seré labrador.
DON GARCÍA
Eres de mis brazos digno,
mas hay un inconveniente
para haber de estar conmigo.
JAQUES
¿Inconveniente, señor?
DON GARCÍA
Yo por encubrirme he dicho
que soy hombre humilde y pobre,
que a Santiago peregrino
venía y que me robaron
ladrones en el camino.
Si ahora digo que tú eres
mi criado, será indicio
que descubra que soy hombre
aún más para ser servido
que para servir.
JAQUES
¿Y faltan
jamás al ingenio arbitrios?
No decir que soy criado,
sino un camarada amigo.
DON GARCÍA
¿Y creerán que por mí quieres
dejar tu casa y oficio
y servir humildemente?
Pero una cosa imagino
más verisímil.
JAQUES
¿Cuál es?
DON GARCÍA
Don Vela es un hombre rico,
que apenas sabe qué tantos
hombres tiene entretenidos
en ganados y labranzas,
y ahora que empieza el estío
vienen bajando a su casa
segadores infinitos.
Si te disfrazas entre ellos,
oculto y desconocido
podrás en casa servir,
donde, haciéndonos amigos
los dos, podremos hablar
como que acaso lo fuimos;
estaremos sin sospecha
juntos siempre.
JAQUES
Ahora digo
que tienes sutil ingenio:
a mudar voy el vestido,
y a vestirme de villano,
verás con cuánto artificio
disimulo el conocerte,
y con cuánta industria finjo
ser villano, simple y tonto.
DON GARCÍA
Serás de mi pena alivio,
pero dime, aunque de paso:
las joyas, ¿hanse perdido
en fortunas y desgracias?
JAQUES
No, todas vienen conmigo.
DON GARCÍA
Dígolo, porque tengamos
con qué volver, si benigno
nos mira el cielo, a la patria.
JAQUES
Pues todas las he traído,
y están en este fardel
el tiempo que ha que te sigo,
porque conozcas en esto
la lealtad con que te sirvo.
Vase, y sale Elvira.
D. ELVIRA
Decidme por cortesía,
labrador, os lo suplico,
¿es esta de Sol la casa?
DON GARCÍA
[Aparte]
(La primera vez ha sido
que por la casa del Sol
preguntó tan bello signo;
no vi zagala más bella
en mi vida.)
D. ELVIRA
[Aparte]
(Yo no he visto
villano más cortesano.)
Respondedme a lo que os digo,
por vuestra vida, señor.
DON GARCÍA
Errado habéis el camino,
que entrar en casa de Venus
el Sol mil veces he oído,
mas Venus en la del Sol
novedad me ha parecido.
D. ELVIRA
Aparte
(Si advertida correspondo,
será dar algún indicio
de quién soy; disimulemos.)
Par Dios, esos tetulillos
no entiendo, lo que os pescudo
me decid.
DON GARCÍA
Aparte
(Inadvertido
anduve en hablarla así,
mas ya disimulo y finjo.)
Serrana, vuestra belleza
me ha arrebatado el sentido,
¡pardiez!, y os hablé turbado,
sin saber lo que me digo.
Ocasión me dio el miraros,
para pretender deciros
alguna bachillería,
y así turbado os he dicho
que juntos el Sol y Venus,
si han de mirarse benignos
será amor cuanto influyeren.
Dichoso quien ha nacido
en su horóscopo felice,
pues siempre amor ha rendido...
D. ELVIRA
¡Oh qué presto os descuidasteis,
y volvisteis al estilo
cortesano y lisonjero!
DON GARCÍA
Vos la culpa habéis tenido,
que me disteis la ocasión
con vuestra hermosura y brío.
D. ELVIRA
No astrólogo divirtáis
pensamientos discursivos,
porque desdichas influyen
planetas, aunque benignos
se miren cuando a sus casas
llegan con fatal destino.
DON GARCÍA
Mirad que os vais descuidando
vos también, y de atrevido
se remonta el pensamiento;
humillad el vuelo altivo.
D. ELVIRA
Si vos me dais la ocasión,
vos la culpa habéis tenido.
Decidme si esta es la casa.
DON GARCÍA
Bien lo dice el edificio,
pues ambicioso se atreve
a competir al Olimpo;
y cuando del Sol no fuera
esfera, hoy lo hubiera sido
de Venus, pues hermosean
tantas luces sus zafiros.
D. ELVIRA
Si dijerais de la Luna,
aún lo hubiera concedido,
que hay otro que viene a menos,
corriendo campos de vidro.
Dejadme pasar.
DON GARCÍA
Teneos
un instante, mientras digo
que, si sois Luna, venís
errando nuevos caminos,
a buscar al Sol eclipses,
si esperan en este sitio;
y aun mirando los efectos
tan presto en mí, que rendido
a su poder ya estoy muerto,
no más que de haberos visto.
D. ELVIRA
Retórico labrador,
si por dicha ese vestido
disimula al cuerpo, al alma
le disimule el estilo,
porque no convienen bien
sayales tan mal vestidos
y discursos tan bien hechos.
DON GARCÍA
Y vos, si es que habéis querido
disimularos el cuerpo
con rústicos artificios,
el alma disimulad
sin hermosura y sin brío,
porque no conviene[n] bien
esas manos en quien miro
tal blancura y ese traje
tan rústico y mal prendido.
D. ELVIRA
Esto, como no se adquiere
con cuidado ni artificio,
puede la naturaleza
darla señor, a quien quiso.
DON GARCÍA
También, como es el ingenio
de los cielos donativo,
pudo un rústico villano
discurrir tal vez altivo.
D. ELVIRA
Bien os disculpáis.
DON GARCÍA
Con vos.
D. ELVIRA
¡Válgate Dios por fingido
villano!
DON GARCÍA
¡Válgate Dios
por serrana, por hechizo!
Sale Sol.
DOÑA SOL
Aparte
¡Válgame el cielo! ¿Qué es esto
que vive en el pecho mío?
¡Un hombre que a mis umbrales,
desnudo, pobre y herido
llegó! (Mas disimulemos,
alma, ¿qué es el que hemos visto?)
DON GARCÍA
Sol es esta.
D. ELVIRA
A vuestras plantas,
señora, la mano os pido.
DOÑA SOL
¡Fortuna!
DON GARCÍA
Señora.
DOÑA SOL
¿Quién
es la serrana?
DON GARCÍA
Aquí vino
preguntando por vos; yo
no sé más.
DOÑA SOL
[Aparte]
(¡Oh qué mal finjo
mi pesar y mis desdichas!
Tened las riendas, suspiros,
y no descubran los celos
lo que el amor no ha podido.)
¿Qué queréis, bella serrana?
D. ELVIRA
Vuestro padre y dueño mío
aquí me envió, señora,
para que fueseis alivio
de una mujer desdichada.
Yo lo soy y así os suplico
me amparéis, por bien nacida
–que esto solamente afirmo–,
de la envidia de un hermano,
tirano de mi albedrío
que quiso forzarme el alma
y aun darme la muerte quiso.
De mi patria me destierra
a vuestros pies.
DON GARCÍA
Aunque ha sido
necedad gastar un hombre
favor que para sí mismo
ha menester, la belleza
desta serrana ha podido
mover montes de diamantes.
Que la amparéis os suplico
de mi parte.
DOÑA SOL
¡Qué piedad!
DON GARCÍA
Los que infelices nacimos
dolémonos fácilmente
unos de otros.
DOÑA SOL
Y es muy digno
sentimiento.
DON GARCÍA
El que no sabe
de un dolor nunca ha tenido
piedad del que le padece.
DOÑA SOL
Aparte
(¡Paciencia, cielos divinos!)
Ya, serrana, estáis en casa.
D. ELVIRA
Hable el pecho agradecido.
DOÑA SOL
¿Cómo te llamas?
D. ELVIRA
Aurora.
DOÑA SOL
Muy bien el nombre convino
a tu belleza.
D. ELVIRA
No es
sino por ver que al Sol sirvo.
DON GARCÍA
¡Que digna acción de tu pecho!
¡Vivas dilatados siglos!
DOÑA SOL
¿Quién os mete en eso a vos?
DON GARCÍA
Mi agradecimiento mismo.
DOÑA SOL
Pues agradeced, Fortuna,
lo que con vos mi albedrío
hiciere y no agradezcáis
los ajenos beneficios,
porque agradecido os quiero,
mas no tan agradecido.
Aparte
(Así quiero averiguar
si es verdad lo que imagino
desta fingida villana
y este mercader fingido.
Pues presumo, y con razón,
que a mi casa la ha traído
con esta industria y que es
dama suya. Si los miro,
temo que rompan la presa
mis lágrimas y suspiros.)
Dejadme sola.
DON GARCÍA
Sí haremos.
Aurora, venid conmigo.
DOÑA SOL
No vais, Aurora, con él;
Fortuna, vuestro camino
es ese: id al campo vos
a entender en vuestro oficio,
y vos por esotra parte
entrad, donde os den alivio;
y mirad que siempre en casa
habéis de asistir conmigo.
D. ELVIRA
A servirte voy, confusa
de haberte escuchado y visto.
DON GARCÍA
No te entiendo. ¡Amor me saque
de tan ciego laberinto!
Vanse los dos y sale don Vela.
DON VELA
Corrí por llegar a hablarte,
Sol, que tengo que decirte;
que no es tiempo de encubrirte
lo que es fuerza declararte.
Yo te trato de casar,
o yo lo tengo tratado
ya, que a tan justo cuidado
le he concedido lugar
que en mi pecho mereció
el amor que te ha tenido,
y mi edad ha pretendido.
Aquí tu esposo llegó
ayer, y llegando a hablar
a esa villana por ti
–que un rico vestido así
suele en el mundo engañar–
se volvió sin declararse;
busquele y hele traído
porque desto del vestido
volviese a desengañarse;
adelanteme a tenerte
ya de todo prevenida.
DOÑA SOL
Ya tú sabes que mi vida
es tuya y que responderte
no puedo más de que soy,
no hija tuya, sino esclava.
Aparte
(Esto solo me faltaba,
¡ay Fortuna, muerta estoy!)
Ruido de villanos, y sale Dominga.
DON VELA
¿Qué ruido es ese?
DOMINGA
Señor
los zagales de la siega,
como ya el tiempo se llega
de acudir a la labor,
vienen aquí, como hormigas,
de los pueblos comarcanos
a hacer cosecha en los granos
de sus doradas espigas,
y como es tiempo de irse,
los zagales, de mil modos,
muy alegres vienen todos
con bailes a despedirse.
Salen todos bailando de villanos; y Jaques de villano y Ramiro.
BELARDO
Llegad, pues vos habéis sido,
forastero labrador,
tan dichoso segador
que la suerte os ha cabido,
y habrad los amos.
JAQUES
¿Yo?
UNO
Sí,
vos le habéis de habrar.
JAQUES
¿Yo?
UNO
Vos.
JAQUES
Llegue él [a] habrarme, par Dios.
Entra García por otra puerta.
DON GARCÍA
¿Qué es esto que miro aquí?
¡Jaques es aquel! De suerte
viene en villano mudado
que a mí me hubiera engañado.
UNO
Llega, pues.
JAQUES
Estrago güerte
haber yo de habrar ahora
sin más ni más.
UNO
Eso fuera
que la suerte a otro le diera.
JAQUES
Eso ninguno lo ignora,
que mil por habrar se holgaran.
BELARDO
Vos el más dichoso fuisteis
de todos, pues vos tuvisteis
lo que todos desearan.
JAQUES
Pues tomadlo vos al precio,
que no es ventaja, advertí,
pues si más dichoso fui,
debo de ser el más necio;
pero ya llego.
[Aparte]
(¡Que crean
estos que tan simple soy!)
¡Vive Cristo!, que ya estoy
por cansarme, y porque vean...
UNO
Dejad prolijas molestias.
BELARDO
Llegad norabuena vos.
JAQUES
Válgamos ahora Dios;
llegarán, que no son bestias;
porque al fin, si me entorbiare,
algunos me acrararán,
que siempre atentos están.
para apuntar al que errare.
—Señor, con buenos deseos,
y salga lo que saliere,
habro adefesios, que quiere
decir que abro con los feos.
En eflente acá venimos
por su bendición, que vamos
todos juntos como estamos,
porque todos le servimos,
al campo a la siega, y bien
todos comemos el pan
que aquesas manos mos dan.
Por siempre jamás, amén.
DON VELA
Esta rústica simpleza,
¿no te ha divertido hoy?
DOÑA SOL
Temo, señor, tal estoy,
que me mate la tristeza.
DON VELA
El villano me ha agradado.
¿De dónde sois?
JAQUES
Del País
de Brandemburg.
DON VELA
¿Qué decís?
JAQUES
No se espante: estó turbado
del baile; decir quijera
de Limias.
DON VELA
Ya os entendí.
¿Del Valle de Limia?
JAQUES
Sí.
DON VELA
¿Y el nombre?
JAQUES
Jaques,... espera,
que Mengo mi nombre hue,
sino que Jaques decía,
porque a Santiago tenía
encaminado; no sé
lo que digo.
DON VELA
Él se turbó.
JAQUES
Turbiado estó, si, a la fe,
que só un tonto ya se ve.
DOMINGA
[Aparte]
(En mi vida he visto yo
en este valle zagal
más galán ni más erguido,
más calletrudo y sabido.)
DON GARCÍA
(¿Quién de ti creyera tal?)
D. ELVIRA
(A ver si llegó Fortuna
con los villanos aquí;
cuidadosa vengo, sí;
déjame, estrella importuna.)
[Salen Ramiro y Nuño.]
RAMIRO
(Vuelvo, en fin, segunda vez,
a vistas de desposado.)
NUÑO
(No me diera eso cuidado,
si ha de ser la novia el juez.)
DOMINGA
Aparte
(¿Esta no es la que me dio,
cuando en el monte la vi,
su vestido y yo la di
el que puesto tenía yo?
Sí, ella es. Quiero callar
y hacerme desentendida,
porque, aunque ella me le pida,
no se le pienso tornar.)
Belardo, Sol está triste.
BELARDO
Vámonos luego de aquí.
JAQUES
[Aparte]
(García me ha dicho a mí
en lo cual su mal consiste.)
BELARDO
Vámonos a la labor,
no andemos en cumprimiento.
D. ELVIRA
[Aparte]
(Mucho hace mi sufrimiento
en no decirle mi amor.)
JAQUES
(¿No vienes tú?)
DON GARCÍA
(Yo me quedo.
Déjame, Jaques, agora,
que en viendo tan bella Aurora,
faltar de su luz no puedo.)
RAMIRO
Aparte
(Allí está la que causó
que yo a Galicia volviera,
que si por ella no fuera...)
DON VELA
Ya don Ramiro llegó;
¿qué tienes?
DOÑA SOL
Nada
[Aparte]
(¡ay de mí!).
DON VELA
Es la vergüenza forzosa.
Ya, señor, mi Sol hermosa,
a quien hablasteis aquí
otra vez, si os acordáis,
a hablaros llega.
RAMIRO
[Aparte]
(¿Qué veo?)
DON VELA
Ya su desengaño creo.
¿De qué, señor, os turbáis?
RAMIRO
Los eminentes sujetos
tienen todos los sentidos
a su admiración rendidos
con poderosos efectos:
el aroma más subido
más el olfato entorpece;
el panal dulce parece
que estraga al gusto el sentido;
los que miran al Sol ciegan
con el mucho resplandor;
y así es forzoso, señor,
cuando mi[s] sentido[s] llega[n]
desta experiencia al crisol,
mueran con efecto igual,
teniendo juntos panal,
suave aroma y claro Sol.
DON VELA
Muy bien, señor don Ramiro,
esa admiración viniera,
si fuera la vez primera
que la visteis.
RAMIRO
Ya me admiro
de mi ignorancia.
DOÑA SOL
Eso no,
que antes fue acción acertada
el tener a una criada
por mí, pues siéndole yo,
como mi humildad lo muestra,
no fue mucho yerro ese,
que criada hoy pareciese
quien es tan criada vuestra.
RAMIRO
Mi necia descortesía
disculpe esa acción turbada;
basta ser vuestra criada,
para ser señora mía.
Y no os ofendí, que yo,
señora, para adoraros,
no había menester miraros,
porque la fe os dibujó
de suerte en mi pensamiento
que, aunque otro sujeto vi,
como por la fe os creí,
os adoré.
DOÑA SOL
¡Qué argumento
tan sofistico!, pues, ¿quién
se fue huyendo de mí y della?
RAMIRO
En la rigurosa estrella
vuestros engaños se ven,
pues puedo jurar, señora,
me traen con más brevedad
solamente una deidad
que estoy adorando agora;
y es todo el bien que deseo,
toda la gloria a que aspiro,
una belleza que miro,
una hermosura que veo.
D. ELVIRA
[Aparte]
(Con equívoco sentido
habló mirándome a mí;
sin duda que quiso así
dárseme por entendido.)
DOÑA SOL
No estáis en eso engañado,
pues también puedo decir
que cuanto bien a elegir
llegó mi altivo cuidado,
sin exceptar cosa alguna
para el más fácil empleo,
desde aquí, señor, le veo
en manos de mi Fortuna.
DON GARCÍA
[Aparte]
(Sol, en su pasión, no puede
reprimirse, loca y ciega,
pues con el semblante niega
lo que con la voz concede.)
RAMIRO
[Aparte]
(¡Dichoso mil veces yo,
que así lo llega a entender!)
DOÑA SOL
[Aparte]
(Ay necio, ¿no echas de ver
que no lo digo por ti?)
Sale Dominga.
DOMINGA
Ya con las mesas espero:
entrad presto.
Vase.
DOÑA SOL
¡Qué tristeza!
¿Esta es, señor, la belleza
que enamorasteis primero?
DOMINGA
Pues ¿por qué así me has hablado?
[Aparte]
(Ay, ¿no es este el caballero
que Sol me llamó? ¿Qué espero?)
Seáis, señor, bien llegado,
que ya sentía la ausencia
de vuestro pecho traidor.
DON VELA
¿Qué es eso?
DOMINGA
Tener amor.
DON VELA
Quitadla de mi presencia.
DOMINGA
Pues, ¿por qué, señor, se enfada?
RAMIRO
¿Qué es esto que me sucede?
DOMINGA
¿Por esto solo no puede
estar una enamorada?
Si adorando mi belleza
me viene a buscar aquí,
¿qué quiere que haga?
D. ELVIRA
¡Ay de mí!
DON GARCÍA
¿Hay tan rústica simpleza?
DON VELA
Vete, villana, ¡por Dios!
DOMINGA
Aguarde, que ya nos vamos
a cenar; mucho llevamos
que habrar a solas los dos.
DOÑA SOL
No seáis tan descortés
que a una dama, requebrada
una vez, dejéis burlada.
RAMIRO
Debido castigo es
la burla que hacéis de mí,
pero no será muy vana,
que también a la villana
pienso querer desde aquí.
DON VELA
Vamos, que después habrá
lugar de que os disculpéis.
RAMIRO
Bien en poner paz hacéis.
DOÑA SOL
[Aparte]
(Llegó de mi vida ya
el fin, y más si Fortuna
se queda aquí con Aurora,
cuando mi amor siente y llora
sin esperanza ninguna.)
[Vanse don Vela, doña Sol, Dominga y Ramiro.]
DON GARCÍA
(Ya, Amor, en el campo estamos;
esta ha sido la ocasión
que esperasteis. ¿Quién creyera
que, sabiendo yo quien soy,
una rústica villana
me dé respecto y temor?)
D. ELVIRA
(¿Quién creerá que tan postrada
yace aquí mi presunción
que me holgaré que se atreva
este humilde labrador
a mí, sabiendo de mí
quien fui en fin, si no quien soy?)
DON GARCÍA
Bella Aurora, a quien el Cielo
guarda para admiración
del mundo, bella zagala,
a cuya planta veloz
el campo florece ufano,
pues adonde le estampó
su nieve hace maridajes
el verde y blanco color:
dad licencia a un pobre amante,
si bien pobre labrador,
para que diga rendido
a vuestra belleza hoy,
que en vuestros ojos, serrana,
madrugaba el claro Sol.
D. ELVIRA
Labrador el más bizarro
que todo este campo vio,
a vueso cortés deseo
licencia de habrar le doy.
No soy tan necia zagala
que también no sepa yo
el lugar que se le debe
a una amorosa pasión.
Solo os advierto al principio
que villana honrada soy,
y que tengo que mirar
por algún poco de honor.
Dos son él y mi respecto,
y así os digo desde hoy
de parte de mi deseo
–que ese está en mi corazón–
que, como estos dos guardéis,
saldrá a la lengua la voz
que no se atrevió a salir
sin licencia destos dos.
DON GARCÍA
Con amor tan cortesano
aficionado os estoy,
que me pesara, zagala,
de mereceros, por Dios;
porque el amor verdadero
no es interesado amor,
y no quiero ser dichoso
porque seáis honrada vos.
Tanto respeto en mi pecho
vuestra hermosura causó,
que más que a vos, ¡vive el Cielo!,
he de querer vuestro honor.
Aurora sois y dais luz
de un secreto resplandor
que despertó en mi deseo
alguna imaginación
de que aquesa Aurora encubre
algún Sol. Decid quién sois,
que este respeto que en mí
tan poderoso se vio,
no le despertó el Aurora,
que otro Sol le despertó.
D. ELVIRA
Si otro Sol le ha despertado
será cierto mi temor
que hay Sol en estas montañas
enamorado de vos;
no me engañaron los celos
que en este campo mostró,
cuando por mí intercedisteis;
mas, paciencia, si llegó
primero que yo a alumbraros,
y por la mano ganó
cuando vos tan atrevido
desafiáis a los dos.
Mi resplandor morirá,
pues hay otro resplandor
que salió primero al campo,
y antes que él amaneció.
DON GARCÍA
De que me debe el Aurora
más que ese Sol me debió,
estas fuentes y estas flores
aquí por testigo doy,
pues le deben a mi llanto
más cristales que le dio
en patrimonio esa peña,
más suspiros a mi voz
que al céfiro, pues con ella
movía el viento veloz
los aromas de sus flores;
y así mis testigos son
las fuentecillas risueñas
y el prado lleno de olor.
D. ELVIRA
Pues yo estoy muy engañada,
porque antes presumo yo
que, cuando al campo salía,
a solo veros a vos,
las flores enamoradas
de escucharnos a los dos,
las fuentecillas risueñas
de murmurar vuestro amor,
de manera se alegraban
que con dulce oposición
le daban la bienvenida,
perla a perla y flor a flor.
DON GARCÍA
Aunque más disimuléis
vuestro estilo, ¡vive Dios
que hay más en vos que parece!
Declarémonos los dos,
quitémonos los embozos;
decidme, Aurora, quién sois,
y os pagaré con deciros
más que podéis...
D. ELVIRA
Eso no,
no puedo yo declararme;
baste deciros que soy
villana que mereceros
puede alguna estimación.
Si con esta me servís,
palabra, señor, os doy
de oíros; bien os está
aqueste partido a vos,
porque quizá, si os dijera
quien soy claramente, no
os escuchara después.
DON GARCÍA
Enigma somos de amor,
pero en casos de Fortuna,
como yo sé lo que son
no era mucho. En fin, ¿me dais
licencia para que yo
os sirva?
D. ELVIRA
Sí, mas pensando
que ha de ser...
DON GARCÍA
Tened la voz,
que, aunque con rústico traje,
será tan cortés mi amor
que amaré sin esperanza,
como los amores son
de palacio: solamente
una humana admiración
a lo hermoso, sin deseo
de la victoria mayor.
D. ELVIRA
Pues a vuestro amor licencia
doy, con esa condición.
DON GARCÍA
Yo con la misma la aceto.
D. ELVIRA
[Aparte]
(Veré así, si este es, señor,
como lo presume en mí
mi astrólogo corazón,
porque hombre que supo amar
sin duda noble nació.
DON GARCÍA
[Aparte]
(Así tengo de saber
hoy si mi imaginación
miente.)
D. ELVIRA
[Aparte]
(¡Oh si fueseis mi igual,
cortesano labrador!)
DON GARCÍA
[Aparte]
(¡Oh labradora fingida,
si fuésedeis mi igual vos!)
D. ELVIRA
[Aparte]
(¿Hay tormento tan extraño?)
DON GARCÍA
[Aparte]
(¿Hay tan rara confusión?)
D. ELVIRA
Fortuna, yo me despido.
DON GARCÍA
Aurora, quedad con Dios.
¿Dónde os veré?
D. ELVIRA
En el jardín.
DON GARCÍA
Pues hasta el jardín, adiós.
Salen García y Jaques, con espada debajo de los gabanes.
JAQUES
Ya estamos en el jardín,
cuando con funestas sombras
la noche cubre de horror
estas estancias. Ahora,
dime, señor, ¿qué pretendes,
viniendo de aquesta forma
a este jardín?, ¿qué novela,
o trágica o amorosa,
es ésta?, ¿qué es lo que intentas?
DON GARCÍA
Sólo, Jaques, que me oigas.
Sucesos de la fortuna
ni me admiran ni me asombran,
por tener tanto ejemplar
dentro de mi vida propia,
así que, cuando presuma
que una belleza que ahora
vive pobre, humilde muere,
disfrazada en galas toscas,
sea eminente sujeto
de una principal señora,
no erraré mucho, pues veo
hoy en mi persona propia
a lo que vienen sujetos
de sangre tan generosa.
Yo, pues, aquí enamorado
de una mujer prodigiosa,
creo que el sayal encubre
majestad noble y heroica.
Diome licencia de amarla,
mas para amarla de forma
que ha de imitar nuestro amor
las finezas amorosas
del palacio, donde vive
tan recatada la gloria
que la esperanza al deseo
no le deja una lisonja.
Alguna noche la hablé,
pero pudo ser a costa
de mi vida, estando solo;
por eso te traigo ahora
conmigo, porque hoy espero
declararla mi persona,
por obligarla a que ella,
liberalmente piadosa,
hoy conmigo se declare.
Esta, Jaques, es la gloria
que en estas montañas tiene
divertida mi memoria.
JAQUES
Gracias a Dios que llegó
a mi noticia una cosa
que mil veces deseé
y nunca vi.
DON GARCÍA
¿Qué es?
JAQUES
Tramoyas
de andantes caballerías,
que el vulgo a voces pregona.
¡Oh, si esta fuese una infanta,
a quien ofende y enoja
algún malandrín follón
de mesurada persona,
de baja y débil ralea,
y viniésemos ahora
a sacarla deste encanto!
Ya me parece que asoma
allí, que una dueña viene
amortajada en sus tocas;
un enano es quien la alumbra,
y ambos de hinojos se postran;
ya dice la dueña: «Oh tú,
caballero, que a estas horas
el encantado jardín
del dragón a pisar osas:
si pavor no te suspende,
sigue con planta animosa
mis pasos, que Francelisa
te espera, porque socorras
tuertos que la fizo aquel
bárbaro de Trapizonda.»
Aquí nos vendan los ojos,
vamos a tontas y a locas,
hasta que nos desmesuren
dos Gigantes con dos porras,
y nosotros...
DON GARCÍA
No prosigas;
necias locuras acorta,
que siento gente.
JAQUES
Qué bien
anduviste en irme agora
a la mano, o a la lengua,
porque pienso que en dos horas
no acabara, que faltaban
de pasar notables cosas.
Sale Elvira.
D. ELVIRA
Bien fue menester, Amor,
hallarme en tan rigurosa
suerte para disculparte
de una acción soberbia y loca,
tanto como es derribar
este pecho, donde mora
tan recatado el amor
y tan oculta la honra.
¿Qué estrella, cielos, de cuantas
tiene esa fábrica hermosa,
es la que tanto sujeto
tan humildemente postra?
DON GARCÍA
¿Sois vos, bellísimo dueño?
Aunque la ignorancia sobra,
que dar luz a estos jardines
¿quién pudo sino la Aurora?
D. ELVIRA
¿Quién es?
DON GARCÍA
¿No me conocéis?
(La queja será forzosa;
declararme quiero así
con una industria ingeniosa.)
Para que no lo dudéis
otra vez y sienta otra
tal descuido: soy García,
Conde de Cabra, señora.
JAQUES
Zas, de una vez dijo cuanto
pudiera al fin de dos horas,
pues en sabiendo quién somos,
acabada está la trova.
D. ELVIRA
Válgame el cielo, ¿qué escucho?
¿Quién decís que sois?
DON GARCÍA
Señora,
no os turbéis de haberme oído,
pues, ¿no se os acuerda agora,
que entre los dos concertamos
disfrazar nuestras personas
debajo de ilustres nombres?
Pues este la industria toma
para sí, que yo no soy
sino un villano que borda
estos jardines, que deben
a vuestras plantas sus rosas.
D. ELVIRA
No me acordé del concierto.
Vaya adelante la historia
fingida (¡ojalá que fuera
verdadera, aunque yo a costa
de mi vida la comprara).
En fin, señor, ¿cómo agora
vueseñoría aquí vive
entre peñascos y rocas
de Galicia, patria en fin
de la suya tan remota?
DON GARCÍA
La fortuna es rayo, así
lo más eminente postra.
A Santiago de Galicia
peregrinaba con sola
la compañía de un deudo;
éste, desleal, provoca
dos criados, que traidores
injustas venganzas logran,
pues muerto aquí me dejaron
al pie de una inculta roca.
D. ELVIRA
¿Eso es mentira, o verdad?
DON GARCÍA
Todo es mentira, señora.
D. ELVIRA
[Aparte]
(¡Pluguiera a Dios no lo fuera!)
Proseguid, que es bien que oiga
mentira tan bien fingida.
DON GARCÍA
Donde las verdades sobran,
¿de qué las mentiras sirven?
Hablemos verdad agora,
pues para adoraros yo
no hay causa más poderosa
que una estrella que redujo
a imposibles tan remotas
acciones como amenazan
a Castilla, patria heroica,
hacer voto a Santiago,
llegar con pequeña tropa
a Galicia, darme muerte
los que algún traidor provoca,
hallarme muerto y vivir,
venir vos por más forzosa
desdicha, veros y amaros:
porque veáis de qué forma
los hados se comunican,
las estrellas se conforman.
D. ELVIRA
Callad, callad, que pintáis
vuestra fortuna de forma
que me parecen verdades.
DON GARCÍA
Decid vos quién sois agora,
que yo os diré si lo son.
D. ELVIRA
Yo soy, escuchad mi historia,...
JAQUES
[Aparte]
(¡Plegue a Dios que diga Infanta
de Manuela u de Polonia!)
D. ELVIRA
...la verdad no ha de encubrirse,...
DON GARCÍA
Ya el alma escucha dudosa.
D. ELVIRA
...Elvira, Reina de Toro...
JAQUES
[Aparte]
(¡Alto pica la señora:
Reina dijo, por lo menos!)
D. ELVIRA
...y de Sancho, Rey de toda
Castilla, hermana.
DON GARCÍA
¿Qué escucho?
D. ELVIRA
¿Qué os suspende? ¿Qué os asombra?
DON GARCÍA
El oíros.
D. ELVIRA
Pues, ¿no veis
que es nombre que también toma
mi industria?
DON GARCÍA
¡Pluguiera a Dios
verdadera fuera, a costa
de mi vida!
D. ELVIRA
¿Qué decís?
DON GARCÍA
Que me olvidaba, señora,
del concierto proseguido.
D. ELVIRA
Mi hermano..., pero las hojas
destos árboles se mueven.
DON GARCÍA
Es verdad, y una persona
viene a nosotros.
D. ELVIRA
Pues vos
os retirad, que si sola
me hallan aquí, la sospecha
se desmiente y nada importa.
DON GARCÍA
La vuelta daré a estos cuadros,
y volveré donde oiga
vuestras fortunas. ¡Ay Dios,
si fueran verdades todas!
D. ELVIRA
¿Sonlo las vuestras?
DON GARCÍA
No sé.
D. ELVIRA
Ni yo tampoco hasta otra
ocasión.
DON GARCÍA
Jaques.
JAQUES
Señor,
que hay gigantes en la costa.
DON GARCÍA
Sígueme.
JAQUES
Jardín, infanta
y príncipes a deshora:
¡plegue al cielo que no pare!
DON GARCÍA
¿Temor tienes?
JAQUES
¿Quién lo ignora?
En que nos maten a palos
primero que nos conozcan.
Vanse los dos, y sale Sol.
DOÑA SOL
¡Qué mal un triste sosiega!
Denme, jardín, vuestras flores
alivio a tantos rigores!
D. ELVIRA
Hacia mí la sombra llega.
¿Quién es?
DOÑA SOL
¿Es Aurora?
D. ELVIRA
Sí.
Mi señora, ¿desvelada
a estas horas?
DOÑA SOL
Una airada
aprehensión me trae así.
Déjame sola, que quiero
conmigo sola aliviar
mi tristeza y mi pesar.
D. ELVIRA
Sólo obedecerte espero,
aunque me holgara de ser
a quien tus penas fiaras.
DOÑA SOL
Tú, Aurora, las escucharas
si alguna hubiera de ser.
Vete pues.
D. ELVIRA
Servirte intento.
Vase.
DOÑA SOL
Sola estoy: lágrimas, voces,
romped los vientos veloces;
esferas de mi tormento,
publicad mis desconsuelos;
preguntad qué es un rigor
que es amor y no es amor,
son celos y no son celos.
¿Qué encanto, ay de mí, qué hechizo,
qué tosigo, qué veneno,
dejándome el pecho lleno
de mil confusiones, hizo
tal efecto que, rendida,
tal efecto que, postrada,
vivo en suerte tan airada,
de mí misma aborrecida?
¿Yo a un hombre humilde. ¡ay de mí!,
otra vez le di lugar,
para que pueda turbar
la paz de mi vida así?
¿Qué es esto?
Sale[n] Jaques y García.
DON GARCÍA
(Sola quedó
otra vez, pues según creo,
solamente un bulto veo.)
JAQUES
(Y es de mujer; porque yo
puedo, aunque mal, distinguir
la forma.)
DON GARCÍA
Aparte
(Pues llegar quiero
con la industria que primero;
porque tengo de seguir
hasta el fin el fingimiento.)
¿Es, señora, Vuestra Alteza?,
aunque aquí tanta belleza
acuse mi pensamiento,
pues otra no puede haber,
que a la noche helada y fría,
haga hermoso y claro día.
DOÑA SOL
Aparte
(Ay, ¡cielos!, ¿quién puede ser
a quien habla desta suerte
Fortuna? ¿Altezas, aquí?
Pero ha de saberlo así.)
Antes de hablaros me advierte
mi temor, el preguntaros
quién sois.
DON GARCÍA
Pues, ¿ya os olvidáis,
Elvira, y no os acordáis
de quien puede aquí nombraros?
DOÑA SOL
[Aparte]
(Elvira dijo) ¿Y quién es
quien os acompaña?
DON GARCÍA
El brío
de un amigo y deudo mío.
DOÑA SOL
Decid vuestro nombre, pues.
DON GARCÍA
¿Dijisteis vos vuestro nombre
a otra persona que a mí,
Infanta, para que así
mi voz y estilo os asombre?
¿A quién habéis dicho vos
el suceso y maravilla
de una Infanta de Castilla?
¿Sábenlo más que los dos?
Mas porque no preguntéis,
Elvira, otra vez quién soy,
otra vez noticia os doy
de lo mismo que sabéis.
¿Don García ya no os dije
que soy a quien sangre y fama
el Conde de Cabra llama,
y a quien la fortuna aflige
tanto que humilde se ve
destos jardines cultor,
y que un aleve traidor
causa de mis penas fue,
dejándome muerto aquí
donde piadosa llegó
Sol?
DOÑA SOL
Pues si ahora llego yo,
dejadme quejar a mí.
DON GARCÍA
¡Válgame el cielo!
DOÑA SOL
¡Villano
–porque noble no ha nacido
quien es desagradecido–!
¡Mal caballero! ¡Tirano!
Con causa estoy ofendida
de vos, pues tan falso andáis
que vuestro nombre negáis
a quien le debéis la vida.
¿No tuviera valor yo
para saber un secreto,
tratado con el respeto
que ese valor mereció?
DON GARCÍA
Señora,...
DOÑA SOL
No os disculpéis.
DON GARCÍA
...advertid...
DOÑA SOL
¿Qué he [de] advertir?
DON GARCÍA
...que causa para sentir
este agravio no tenéis,
ni yo sé quién es Aurora,
ni aun sé quién yo mismo soy.
Un concierto hicimos hoy
de hablarnos [a] aquesta hora,
y para disimular
nuestros nombres, nos fingimos
estos, porque no supimos
de qué manera engañar
nuestras fortunas los dos,
porque con esto pasamos
las desdichas en que estamos.
DOÑA SOL
¿Quién es quien viene con vos?
DON GARCÍA
Un rústico labrador
que en casa habéis recebido.
Mirad como engaño ha sido
todo: ¿hay disculpa mejor?
Llega Mengo, habla a señora.
JAQUES
¿Es, señora, su mesté?
La pata a besar me dé,
que, ¡pardiez!, que como agora
el calor nos amancilla,
y sin ser de rama en rama,
sino antes de cama en cama
anda el capitán chinchilla,
no podemos reposar,
salímonos al jardín,
y sólo con este fin
por aquí nos mira andar.
DOÑA SOL
¡Viven los cielos, villanos,
que sois villanos fingidos!
Los dos estáis conocidos,
vuestros intentos son vanos.
A Elvira os habéis traído
robada a vivir aquí:
desde el punto que yo os vi
ser por ella agradecido
lo vi. Mi padre, ¡por Dios!,
ha de saber lo que pasa,
y que dentro de su casa
os disimuláis los dos.
Sépase la maravilla
de ver abatido así
un conde ilustre, ¡ay de mí!,
y una infanta de Castilla.
DON GARCÍA
Mira...
DOÑA SOL
Ya no hay qué mirar,
porque no he de ser tercera
yo de mi desdicha fiera;
que no importa declarar,
cuando con mi muerte lucho,
que con los celos que toco
te perdí una vez por poco,
y ya te pierdo por mucho.
Vase.
JAQUES
Buena hacienda habemos hecho.
DON GARCÍA
No me pesará por mí
que venga a saberse aquí
la nobleza de mi pecho;
sólo lo siento por esa
Aurora fingida, Elvira,
que ha de cogerla en mentira,
y así por ella me pesa.
JAQUES
Y ¿qué harás después aquí?
DON GARCÍA
Que hoy a don Vela diré
mi nombre, Jaques, porqué
le sepa él mismo de mí.
Del tiempo que le he callado
me disculparé, y diré
que causa forzosa fue
excusarle del cuidado
que mi persona pudiera
darle, siendo huésped suyo.
Y así con irme concluyo
mis penas desta manera:
del Sol el fiero rigor,
pues seguirme no podrá;
de Aurora el temor, pues ya
tendrá amparo en mi valor;
de ti el peligro, que dio
tan grande escándalo aquí;
quedaremos bien ansí,
tú y Aurora, Sol y yo.
JAQUES
Ello está muy bien trazado:
quiera Dios que pare en bien,
y dice mi miedo: amén.
DON GARCÍA
Oye, a las voces que ha dado
Sol, el vulgo jardinero
de sus casas ha salido.
En gran riesgo estoy metido;
que me conozcan no quiero,
que más sospecha ha de dar
el reconocerme hoy
en este traje que estoy;
pensemos cómo escapar.
Salen los Villanos.
BELARDO
Digo que gente he sentido
en el jardín.
MENDO
Y yo oí
voces de Sol.
DOMINGA
¿De Sol?
BELARDO
DOMINGA
Pues busquemos quién ha sido
quien hasta el jardín ha entrado,
y a palos al punto muera.
JAQUES
(¿A palos? ¿Quién me dijera
que yo me viera empalado?
Pero salga bien o mal,
válgame el ingenio aquí.)
BELARDO
¿Has oído ruido?
DOMINGA
Sí.
JAQUES
«Detrás de aqueste rosal
todos os tened. ¡Chitón!»
MENDO
Belardo, ¿qué habéis oido?
BELARDO
Y allí ¿quién se ha escondido?
DOMINGA
Mejor dijeras quién son,
porque la voz que yo oí,
«Todos», dijo, «os esconded»;
que son más de mil creed.
BELARDO
Pues oigamos desde aquí.
JAQUES
«Tú, negro, si ves llegar
alguien y que a ti acomete,
dispara ese pistolete.»
«Déjele usanced andar,
que, ¡viven Diosa!, si llega,
que ha de caer a mis pies.»
BELARDO
Demonio el negrillo es.
JAQUES
«Tú, Moro, si alguien se entrega
a tu furor con la espada...»
«Dejalde llegar, dejalde,
que en el cabeza llevalde
si venir, un cuchillada,
que le tenga que lamer.»
BELARDO
¡Lámale el perro traidor
o tu padre!
JAQUES
«Ca, mi señor
no tienes que proponer.
Antón tu valor socorra,
que importa en esta ocasión:
más ha de hacer solo Antón,
si una vez toma la porra,
que Muley, ni que Tomé,
ni tú, ni cuantos están
aquí.»
BELARDO
¿Cuántos serán?
DOMINGA
¿Dos mil hombres no se ve
en el bulto?
JAQUES
«¿Más que yo
hace tú? Ah, ¡por Mohama!
colica vuesan se toma,
dejar que tomase yo.»
«¿Qué es esto? Cuando esperamos
a quien hemos de matar,
¿en bandos hemos de estar?»
«Yo, aunque negra, non tiznamos.»
«Yo, aunque Moro, no mordelde.»
«Pues, ojo alerta, que ya
el que buscamos está
en el campo.» «¡Acometelde!»
BELARDO
No se dirá eso por mí,
porque aunque en el campo estoy,
desde aquí [a] acostar me voy.
MENDO
Vamosnos todos de aquí,
que no quedará presona.
DOMINGA
Más lenguas aquestas son
que hubo cuando hizo el Nenbrón
la torre de Babilona.
Huyen los Villanos.
JAQUES
Ya se fueron. Vete ahora
sin temer ni dudar nada,
que una vela retirada
a tota la vita honora.
Vanse y sale don Vela, Ramiro y Nuño.
RAMIRO
De su tristeza, señor,
desde que yo vine aquí
pienso que he sido la causa.
DON VELA
Don Ramiro, ¿eso decís?
¿Eso pensáis? Agraviáis
la voluntad que hay en mí
y en Sol de serviros.
RAMIRO
Yo
desconfiado nací,
y como sé que no puedo
tanta dicha conseguir,
las desdichas me atribuyo:
apenas la veis salir
de día de su aposento,
y de noche a ese jardín
baja Sol, adonde da
suspiros de mil en mil.
¿Qué extremos pueden ser estos?
DON VELA
Yo os prometo que a sentir
llego mucho sus tristezas;
porque, como le advertí
a mi hermano que las bodas
vuestras he ajustado, aquí
ya le aguardo por momentos;
pues desde que le escribí
no he tenido carta suya,
con que es fácil de inferir
que ya vendrá a hallarse en ellas.
Sale Elvira.
D. ELVIRA
Ya mi persona, ¡ay de mí!
descubierta está, que Sol,
llegándola ahora a servir,
Alteza me llamó y dio
grandes quejas de que aquí
oculté mi nombre. Cielos,
¿cómo podré prevenir
con un engaño que nadie
la crea, cuando a decir
venga a don Vela quién soy?
Que aunque no importa por mí
–que con descubrirme, entonces
su casa será feliz
por haber yo estado en ella–,
solamente he de sentir
la mentira de Fortuna,
y que ha de perder así
el amparo desta casa;…
mas los dos están aquí
con quien importa entablar
la industria que he de fingir.
Ingenio, tu favor pido:
dame tu aliento sutil.
—Señor, aunque no quisiera
ser la primera en venir
a darte pesar, mejor
es que lo sepas de mí,
y al principio lo remedias,
que por callar y encubrir
la causa, llegan a ver
dificultoso su fin.
DON VELA
Aurora, di una vez
cuanto me quieres decir,
que la pena y el veneno
no se han de tomar ansi.
¿Qué sucedió?
D. ELVIRA
Sol, [que], hermosa
más que el Sol en el Zenit,
es mar de rayos, lucero
del estrellado zafir,
con la gran melancolía
que siempre la ves vivir,
ha dado en una locura,
la más notable...
DON VELA
¡Ay de mí!
D. ELVIRA
...del mundo.
DON VELA
¿En eso paró
su llorar y su gemir?
D. ELVIRA
Es su tema que no ve
hombre rústico ni vil
a quien «Alteza» no llame,
y con este frenesí
a todos aplica nombres
a propósito. Ahora a mí
me llamó prima y Elvira,
de Castilla Infanta; en fin,
a nadie ve que no diga
que es un príncipe que aquí
está por algún suceso
disfrazado, porque así
su tristeza, arrebatado
el obrar y el discurrir...
DON VELA
¿Que ha dado en esta locura?
¿Hay hombre más infeliz?
RAMIRO
[Aparte]
(¿Hay hombre más venturoso?)
D. ELVIRA
Ella, señor, viene allí.
Sale Sol.
DOÑA SOL
Ya habrás sabido, señor,
pues antes pudo venir
que yo Elvira a tu presencia,
cuanto es tu casa feliz
con tal huéspeda. Tu Alteza,
no es bien, señora, que así
viva estando conocida
ya.
DON VELA
¡Qué lástima!
DOÑA SOL
Si aquí
no la servimos el tiempo
que al fin pudimos vivir
ignorantes desta dicha,
tan grandes yerros suplid,
y dadnos perdón a todos
de las culpas que advertís.
DON VELA
(El corazón me ha quebrado
escucharla hablar así.
¿Habéis visto, don Ramiro,
belleza más infeliz?)
RAMIRO
(¡Qué lastima!)
NUÑO
(¡Qué dolor!)
DOÑA SOL
Pues, ¿cómo, señor, vivís
tan descuidado, escuchando
tan grande suceso aquí?
DON VELA
Hija, si son tus tristezas,
parte, parte para divertir
tu ingenio, que este es delirio.
Vuelve por tu vida en ti.
DOÑA SOL
¿Estoy yo loca, señor,
que te llegara a decir
lo que ignorara?
RAMIRO
(La pena
sucede a personas mil
enajenar de sentido.)
Sale Jaques.
JAQUES
Un mayoral está aquí,
que ha venido pescudando
desde el ganado por ti.
DOÑA SOL
¿De qué sirve ya, señor,
que nos engañéis ansí,
si trato y vestido mal
lo han de poder encubrir?
JAQUES
Señora, ¿a mí qué me dices?
DON VELA
Hija, advierte que es un vil
labrador, villano y tosco,
y advierte...
DOÑA SOL
No hay que advertir,
que este es criado, señor,
–¿pudiéralo yo fingir?–
del Conde de Cabra, y nunca fuera
García, que es el que aquí
vive en traje de villano.
DON VELA
Yo hasta ahora no creí
mis desdichas, hasta ver
que a un rústico trata así;
ahora creo que es cierto
su locura y frenesí.
DOÑA SOL
¿Cómo, señor, no te admiras
en este instante, de oír
tantas cosas tan extrañas?
JAQUES
¿Quién te ha de creer, si a mí
me tratas desta manera?
¿Yo soy caballero?
DOÑA SOL
Sí,
traidor, y vive el cielo,
que todos burláis de mí,
y tú solo has de pagarme
las afrentas que sentís.
JAQUES
Téngala, señor.
DON VELA
Ah, sí.
RAMIRO
¡Señora!
JAQUES
¡Sol de jazmín,
para todos Sol hermosa,
Sol con uñas para mí!
DON VELA
Hija mía, que es locura,
porque es un villano.
DOÑA SOL
En fin,
¿todos contra mí os juntáis?
RAMIRO
(Mil veces, don Vela, oí,
que se cura una locura
con aprobar y decir
todos que es verdad aquello
que ellos piensan; porque así
se sosiegan, que el negarlo
es causa, si lo advertís,
para que más se enfurezca,
y esto ha de curarse así.
Avisad que todos digan
que es verdad cuanto a decir
llegare Sol; y yo empiezo
hoy el primero.) Advertid,
no es doña Sol solamente
la engañada. Yo que os vi,
bellísima Elvira, en Toro
cuando a don Sancho serví,
no puedo engañarme; dadme
vuestras plantas y venid
a honrar esta tierra vuestra,
donde segura vivís;
que aunque yo aquí sé mil veces
hablaros, no me atreví
a enojaros, y por eso
lo disimulé otras mil;
mas ya que es tiempo que todos
sepan quién sois, dadme a mí
la mano el primero, si es
que puedo ser tan feliz.
(Conceded conmigo en esto,
señora, que importa así.)
DON VELA
(Ayuda, Nuño, también.)
NUÑO
Yo, Elvira, no os conocí
en Toro, mas en el campo
escondido pude oír
quejas que a los cielos disteis,
de donde claro argüí
quién sois.
D. ELVIRA
Aparte
(¡Válganme los cielos,
ya mi industria acabó aquí!
Habiendo quien me conozca,
demos a mi engaño fin.)
Alzad, Ramiro, del suelo,
y vos, don Vela, medid
con vuestros brazos un pecho
que halló su sagrado aquí
al golpe de la fortuna.
Y pues no puedo encubrir
mas mi nombre: Elvira soy,
que la fortuna infeliz
en este estado me puso.
La verdad es cuanto oís
a Sol, y para más prueba
todos mi suceso oíd.
DOÑA SOL
¿Qué dirás, señor, ahora?
¿Es locura, es frenesí
el mío?
RAMIRO
(Mira si amansa
el rigor.)
DON VELA
(Medio es sutil,
mas, ¿no miras la villana?
¡Qué bien lo sabe fingir!
Avísese en el Aldea
que todos lo hagan así,
pues con aquesto sosiega.)
Sol, señora, proseguid.
JAQUES
[Aparte]
(¡Qué fuera, burla burlando,
que esta viniese a salir
con ser una Infanta hongo
hecha de la tierra aquí!)
D. ELVIRA
Hija del Magno Fernando,
Rey de Castilla, nací
la menor, por cuya causa
pudo criarme y vivir
en un convento de Toro
hasta su muerte infeliz.
Por testamento del Rey
mi señor me toca a mí
esta ciudad, mas don Sancho,
mi hermano mayor –que en fin
el reinar es absoluto
y no se puede partir–,
me envió a pedir a Toro
con Rodrigo, a quien el Cid
llama el moro; y yo, fiada
en justicia, respondí
desde el muro que las puertas
a ninguno quise abrir,
que aquel era patrimonio
y herencia propia, y así
a Sancho no le tocaba.
Él airado contra mí
trajo su ejército, y yo
animosa defendí
sus muros, hasta que al alba
un traidor, fiero adalid,
por trato dio la ciudad.
Fuera contaros aquí
las lastimas de aquel día
los rayos del Sol medir.
Yo, conociendo el rigor
del Rey mi hermano, y que aquí
tiene preso a don García
y a don Alonso infeliz
en Toledo desterrado,
escaparme pretendí,
y entre el estruendo y el ruido
por un portillo salí
de la ciudad, donde estaba,
no un caballo, un rayo sí,
porque fue animado viento,
siendo en la tierra delfín,
siendo en el aire cometa,
siendo en el fuego neblí.
En este llegué a Galicia,
donde vi el bruto rendir
el aliento a su fatiga;
en ese desierto os vi,
don Vela, y en ese instante
por noble os reconocí,
y así me atreví a fiaros
mi dolor. Lo que hasta aquí
sucedió ya lo sabéis,
pues a todos os serví.
Lo que os ruego es que dejéis
humildemente vivir
mi persona en estos montes,
hasta que el tiempo sutil
dé principio a mi ventura,
y dé a mi desdicha fin.
DON VELA
(Cuando la gravedad veo
con que la miro y escucho,
sospecho que no haré mucho,
don Ramiro, si lo creo.)
RAMIRO
(¿No veis que cuando llegué
diciendo que conocía
su persona y yo la mía
a sus plantas humillé,
le dije que esto fingiese?)
DON VELA
(Con todo, para vivir
villana es mucho fingir.)
RAMIRO
(Caso tan sabido es ese
de Elvira, que ya se canta
en el mundo claramente:
y así que aquesta lo cuente,
ni me admira, ni me espanta.)
DOÑA SOL
Dime ahora, ¿quién ha sido
el loco? ¿En decirlo, yo,
señor? ¿O el que lo negó?
RAMIRO
(¿No ves cómo en su sentido
habla ya?
DON VELA
(El remedio hallé
de su salud.)
DOÑA SOL
Pues, señor,
como fue cierto el valor
de Su Alteza, así lo fue
el de Fortuna, el villano
que humilde en tu casa ves.
El Conde de Cabra es,
don García, aquesto es llano:
y este villano fingido
su criado.
JAQUES
(¡Mas que aquí
llueve todo sobre mí!)
DON VELA
No más, todo lo he creído.
D. ELVIRA
[Aparte]
(¿Si fuese verdad aquí
lo que Fortuna fingió,
y él con la misma que yo
me hubiese engañado a mí?)
DON VELA
Aparte
(¡Oh, si este villano ahora
ingenio también tuviese,
y otra mentira fingiese
tan fundada como Aurora!)
Ya vuesa merced, señor,
está conocido, y ya
en vano a su engaño da
más rienda; porque, en rigor,
se ha descubierto el secreto
de que es su valor testigo.
(Mengo, ven con lo que digo,
que un vestido te prometo.)
JAQUES
[Aparte]
(Si yo digo que es verdad
antes que García venga,
podrá ser que enojo tenga
de ver mi facilidad.)
RAMIRO
(Di, Mengo, que un caballero
eres.)
JAQUES
(¿Yo?)
RAMIRO
(Sí; ¿por qué no?)
JAQUES
(Pues, ¿tengo por dicha yo
traza para caballero?)
DON VELA
(Di [lo] que dicho te tengo.)
JAQUES
(Eso sí yo lo diré.)
Sabrá ahora su mesté
que yo me llamo don Mengo.
DOÑA SOL
Villano, ¿para qué son
esas simplezas conmigo?
Tú sabes que lo que digo
es cierto.
JAQUES
Tiene razón;
pero yo Mengo me llamo,
de aquí no me han de secar,
que, por Dios, que han de esperar
hasta que venga mi amo;
pero él viene ya. Por Dios,
que no es la ventura poca;
porque esta señora loca
se quede y cuerdos los dos.
Sale García.
DON GARCÍA
Señor, escucha atento,
que hablar te quiero ya sin fingimiento.
D. ELVIRA
¡Oh, si este el Conde fuese,
y la verdad ahora descubriese!
DON VELA
Ya este tiene advertido
de lo que yo he mandado; dicha ha sido.
DON GARCÍA
Para que se publique en este día
la verdad de una vez: soy don García,
Conde de Cabra...
JAQUES
Y yo su pariente.
DON GARCÍA
...y Nájera.
DON VELA
(¡Qué bien, qué gravemente
fingió el nombre! Este sí que me ha obligado:
aquel villano sólo nos ha echado
a perder nuestra cura.)
DOÑA SOL
¿Ves, señor, cómo es cuerda mi locura?
DON GARCÍA
Pasaba peregrino
a Santiago por voto; en el camino
dos deudos y criados,
en su misma traición disimulados,
me dejaron por muerto,
haciendo mi sepulcro este desierto.
Halleme solo, herido;
humilde entre vosotros he vivido,
por haber escusado,
mientras convalecía, aquel cuidado
que mi persona os diera
si en casa huésped declarado fuera;
mas hoy que ya es forzoso
que revele el secreto, deseoso
de serviros os digo
quién soy y siempre a conocer me obligo
que soy vuestro criado,
siempre de vuestras honras obligado.
DON VELA
(No vi cosa en mi vida
–Ramiro, ¿no es verdad?– tan bien fingida.)
RAMIRO
(Vos dijisteis primero
que el suceso de Aurora verdadero
os pareció, y ya creo
que es verdad cuanto escucho y cuanto veo.)
DON VELA
Aparte
(¿No veis que yo he mandado
que esto se finja así?)
DOÑA SOL
¿Qué te has turbado,
que no hablas con el Conde,
declarado quién es? ¿No le responde
tu lengua?
DON GARCÍA
¿Cómo es esto?
¿El decirles quién soy no les ha puesto
en más admiración, en más cuidado?
DON VELA
Perdone Vuexcelencia, que turbado
de un caso tan notable,
no es mucho que enmudezca y que no hable;
y pues mi casa ha sido
esfera que ese Sol ha merecido,
vivid, señor, en ella,
dilatando las glorias de mi estrella.
Y hablad también a Elvira,
Infanta cuya historia nos admira
por el caso que muestra,
conformándose tanto con la vuestra.
DON GARCÍA
Ya seas Elvira tú, ya Aurora seas,
porque la luz de tantas dudas creas,
villano noble, el cielo me previno,
y no fue acaso, guiarme peregrino
a estas montañas, darme muerte en ellas,
porque se comuniquen dos estrellas.
D. ELVIRA
Mi amor está del todo satisfecho,
no será parte olvido, ausencia, muerte,
para apartarme nunca de tu suerte,
pues viviendo en montañas, miren ellas
cómo se comunican las estrellas.
DON VELA
(¿Dónde otros dos se hallaran
que este engaño tan bien disimularan?)
Sol, haz que se aderece
cuarto conforme este valor merece.
DOÑA SOL
Yo iré, (¡valedme cielos!,
por huir solamente de mis celos.)
Vase.
DON VELA
Contigo iré, Ramiro,
pues que ya cuerda la locura miro
de Sol; dile a esa gente
que, antes que vuelva a darle el accidente,
se vaya de mi casa,
y que mi mano, pues que no es escasa,
dará para el camino.
Que se vayan, ¡por Dios!, porque imagino,
cuando la industria de tu ingenio toco,
que haciendo cuerda a Sol, me vuelva loco.
Vase.
RAMIRO
Fortuna y Aurora, amigos,
don Vela está muy contento,
y, agradecido a los dos,
os pagará con dineros,
y así os podéis ausentar,
porque no vuelva de nuevo
su accidente.
DON GARCÍA
¿Qué decís?,
Que, ¡por Dios!, que no os entiendo.
Declarados ya una vez:
¿qué engaños son, o qué extremos,
hablar así?
D. ELVIRA
Pues, Ramiro,
¿qué nuevo encanto, qué nuevo
engaño os cierra los ojos?
RAMIRO
Solo estoy en este puesto;
ved que Sol no está delante;
ya no importa el fingimiento,
bien podéis hablarme claro.
DON GARCÍA
Que esté o no, ¿qué importa eso?
Responded.
RAMIRO
¿A mí también
queréis engañarme? ¡Bueno!
DON GARCÍA
¿Qué engaño hay aquí, si he dicho
que soy García?
D. ELVIRA
¿No os tengo
dicho yo que soy Elvira?
RAMIRO
Villanos, ¡viven los cielos
que me canso de escucharos!
DON GARCÍA
Vos sois el villano, el necio,
Y, ¡vive Dios!,...
RAMIRO
¿Para mí
la daga empuñáis?
Sale don Vela.
DON VELA
¿Qué es esto?
RAMIRO
Dicen que un loco hace mil,
y en este punto lo creo,
pues ya más locos que Sol
están estos dos por cierto:
han tenido que son Conde
y Infanta.
DON VELA
¡Válgame el cielo,
si para sanar un juicio
hoy dos hubiésemos muerto!
¿Qué es lo que decís, villanos,
si os avisamos primero,
que para curar a Sol
hiciéseis tal fingimiento?...
Pero Sol viene ya; es fuerza
volver al engaño nuestro.
Vuestras Altezas podrán
retirarse a ese aposento.
Sale [doña] Sol.
D. ELVIRA
¿Qué extremos son los qué miro?
DON GARCÍA
¿Qué encantos son los que veo?
¿Ya villanos y ya Altezas
nos llamáis a un mismo tiempo?
DOÑA SOL
¿Piensas, señor, que me engañas
con aquestos fingimientos?
Por darme salud, dijiste
–que todo pude entenderlo–
que estos fingiesen quién son;
pues yo, ¿qué enfermedad tengo
de que tú puedas curarme?
DON VELA
Hija, ya por mejor tengo
de una vez desengañarte
que con engaños tan necios
procurar tu salud. Piensa
que estos dos villanos fueron
Aurora y Fortuna, no
Elvira y García.
DON GARCÍA
Es yerro
que, declarado una vez,
mi palabra atrás no vuelvo.
D. ELVIRA
Yo soy Elvira. Ramiro
me conoció en el convento
de Toro.
RAMIRO
Eso fingí yo.
D. ELVIRA
Pues yo negarlo no puedo.
DON VELA
Ellos están más perdidos
que Sol; di, si fuera cierto
esto de aqueste villano,
¿lo fuera su fingimiento?
Como en este te engañaste,
te engañaste en todo.
JAQUES
Aquí entro
yo y, si fuese verdad
que yo fuese un caballero
ilustre, ¿no quedaría
vencido?
DON VELA
Sí.
JAQUES
Pues cierto
es que yo de García soy
criado y he estado encubierto
en tu casa de esta suerte,
la sospecha desmintiendo
que pudiera descubrirle.
Dentro don Arias.
DON ARIAS
Ten ese caballo, Mendo.
DON VELA
¿Qué ruido es ese?
Sale Dominga.
DOMINGA
Señor,
en aqueste instante mesmo
ha llegado aquí don Arias,
tu hermano.
DON VELA
Mucho me huelgo.
Vamos, pues, a recibirle.
RAMIRO
Acompañaros pretendo.
D. ELVIRA
Mejoróse mi fortuna.
DON GARCÍA
Saldré de mis penas presto.
DOÑA SOL
¡Oh, quiera el cielo sacarme
de dudas y de tormentos!
[Sale don Arias.]
DON ARIAS
Sabiendo por vuestra carta
que se efectuó el concierto
de las bodas con Ramiro,
y Sol mi sobrina, vengo
a hallarme en ellas.
DON VELA
Mis brazos
recibid y el alma en ellos.
RAMIRO
A todos nos ha tocado
parte de vuestro contento.
DON VELA
Llega, Sol, habla a mi hermano.
DOÑA SOL
(¡Sin vida y sin alma llego!)
Tío y señor.
DON ARIAS
Sol hermosa;
pero, ¿que es esto que veo?
Este rostro he visto yo,
aunque en diferente puesto.
D. ELVIRA
De su atención se previene
toda la dicha que espero.
DON ARIAS
¿No es esta Elvira? Y aquel,
¿no es don García? Esto es cierto.
¿Que miráis, Sol? ¿Es aquesta
mi hija?
DON GARCÍA
Quieran los cielos
que de aquesta suspensión
no nazcan mayores riesgos.
DON ARIAS
¿Quién es aquesta señora?
DON VELA
Es una criada que tengo,
que está sirviendo a mi hija.
DON ARIAS
Decid, ¿y este caballero?
DON VELA
También es criado mío:
¿ahora reparáis en eso?
DON ARIAS
Si de tan nobles criados
os servís, deciros puedo
que el Rey envidiaros puede.
D. ELVIRA
Cumplió el cielo mi deseo.
DON ARIAS
Dadme, señora, esas plantas,
que de alegría de veros,
el corazón se enternece.
D. ELVIRA
Llegad, don Arias, al pecho,
que sólo en vuestra lealtad
hallar mis alivios puedo.
DON VELA
¡Vive el cielo, que era Elvira!
RAMIRO
Confuso estoy y suspenso.
DOÑA SOL
¿Agora de mi verdad
quedaréis más satisfechos?
DON ARIAS
Y vos, señor don García
dadme los brazos.
DON GARCÍA
El cielo
os guarde, señor don Arias,
por las honras que os merezco.
JAQUES
Algún ángel ha traído
aquí este santo viejo.
DOÑA SOL
Pues señor, de tantas dudas
nos sacad: decid el suceso
destas fortunas.
DON ARIAS
¿Pues hay
quien pueda dudar aqueso?
Esta que veis es Elvira,
a quien don Sancho soberbio,
cuando yo en Toro viví,
a su persona asistiendo,
por armas desposeyó
de la parte que en el Reino
le tocaba. Don García
es aqueste caballero,
Conde de Cabra, a quien hizo
un bien extraño suceso
salir de Castilla, y yo
en Zamora afirmar puedo
que le conocí.
DON VELA
¿Qué aguardo?
A vuestras plantas...
D. ELVIRA
Teneos,
don Vela, no estéis así.
DON VELA
…que me perdonéis os ruego
el no haberos conocido,
y a mi dicha le agradezco
que hayáis tomado en mi casa
en vuestras fortunas puerto.
Loco de contento estoy.
DOÑA SOL
Señora, si yo merezco
perdón...
D. ELVIRA
Alzad, bella Sol,
que yo, cuando quiera el cielo
espero pagar las deudas
en que los dos me habéis puesto.
RAMIRO
De mi ignorancia os suplico
que me perdonéis los yerros.
DOMINGA
(¡Saliose con ser Infanta!
¡No salió este pollo huero!)
JAQUES
Antes tenía dos yemas,
y no cayeron en ello.
DON VELA
Bien don García mostraba
el valor que hay en su pecho.
RAMIRO
Y bien, cuando miré a Elvira,
me lo dijo mi tormento.
JAQUES
Muy bien han quedado ustedes.
DON GARCÍA
Yo por pagar lo que debo
a vuestra casa, don Vela,
hoy ser el padrino quiero
de doña Sol y Ramiro,
y aquí cuantas joyas tengo
le doy en dote; y tú, Elvira,
en los estados que tengo
segura estarás de Sancho,
para que se mire en esto,
cómo se comunicaron
dos estrellas por sucesos
tan distantes.
DOÑA SOL
Ya mi vida
no ha de hallar otro remedio.
RAMIRO
Esta ganancia será
de otra pérdida consuelo.
DON ARIAS
Dichoso yo que llegué
a deshacer tanto empeño.
JAQUES
Y aquí la comedia acabe,
viendo en distantes sucesos
de la manera que son
de dos almas los terceros
las estrellas. Perdonad,
senado, al autor sus yerros.

License
CC0 1.0 Licence
Link to license

Citation Suggestion for this Edition
TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. Cómo se comunican dos estrellas contrarias. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gc0w.0