El alcaide de si mismo
Gran Comedia
PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA.
- Margarita, Infante de Napoles.
- Elena, Dama.
- Serafina, criada.
- Antona, Villana.
- Benito, Villano.
- Un Capitán.
- Federico, Principe de Sicilia.
- El Rey de Napoles.
- Enrique, criado de Elena.
- Leonelo, criado de Elena.
- Roberto, criado de Federico.
- Musicos, y Villanos.
Jornada Primera
Dicen dentro Federico, y Roberto, y salen luego como despeñados, y Fedérico armado, con hotas, y espuelas.
Roberto
Dentro.
Precipitado vuelo
nos despeña, Jesús!
Federico
Válgame el Cielo.
Roberto
Estás, señor, herido?
Salen.
Federico
Muerto fuera mejor, mas tal ha sido
siempre el rigor del hado,
que vive a su pesar un desdichado.
Roberto
Guarde el Cielo tu vida
de cobardes contrarios defendida,
que al fin, viviendo un hombre,
no hay horror, no hay espanto que le asombre.
Federico
Antes en penas tales
el morir es el ultín
Pluguiera a Dios, Roberto,
pluguiera a Dios, que allí me hubieran muerto
entre asombros, y espantos
las fieras armas de enemigos tantos;
y no fuerte, y altivo,
o venturoso más, hubiera esquivo
dejado una lanzada
muerto a Don Pedro Esforcia en la estacada:
No hubiera yo llegado,
de duro acero, de diamante armado,
(como ves) a este monte,
término, al parecer, de este Horizonte.
O ya que aquí llegase,
pluguiera a Dios, que en él me despeñase,
cuando veloz tropieza
el caballo en su propia ligereza;
pues fuera el daño menos,
que vernos hoy de confusiones llenos,
y de tantos contrarios perseguidos.
Adviertan tus sentidos,
que pierdo a Margárita lo primero;
a Margárita bella,
que fue del Cielo flor, del campo estrella:
luego que nos hallamos
en un monte, y que en él los dos estamos,
el caballo perdido,
tu cansado, yo armado, y sin vestido.
Y cuando a alguna Aldea
queramos ir, ninguno habrá que vea
a pie, y armado un hombre,
que no se ría de él, o no se asombre;
y siendo conocido
por las señas tan grandes, mas seguido
de quien me busca quedo;
ni de la muerte asegurarme puedo,
cuando preso me tenga
el Rey, pues juntamente en mí se venga
de su sobrino muerto,
y de la grande enemistad, Roberto,
que con mi padre tiene, que esta ha sido
la causa de entrar yo desconocido
en su Reino, en sus fiestas,
no fiestas ya, tragedias si funestas;
pues con penas tan graves
sucedió lo que callo yo, y tú sabes.
Roberto
Todo lo considero,
y peor fuera morir, que hallar espero
remedio a mal tan fuerte.
Federico
Remedio? de qué modo?
Roberto
De esta suerte.
Tú no eres conocido
en Nápoles, que nunca en él ha habido
quien el rostro te vea,
pues este monte muda guarda sea
de las armas gravadas,
en él con verdes ramas sepultadas
queden, que yo no dudo
el poderte escapar, yendo desnudo
a la primer Aldea,
diciendo que la gente que saltea
en este monte, ha sido
quien te llevó la hacienda, y el vestido.
Ansí, al fin, se consigue
el no hallarte la gente que te sigue,
y el hallar tu consuelo,
moviendo a compasión la tierra, y Cielo.
Yo (abiéndote dejado
donde quisieres tú) disimulado,
me volveré a la Corte,
donde sabré lo que a tu amor le importe:
las joyas tendré en ella,
para irte socorriendo.
Federico
Si mi estrella
no me hubiera dejado
tal amigo, qué triste, y desdichado
hubiera yo nacido!
la oposición de mi desdicha has sido.
Siguiendo tu consejo
las duras armas en el monte dejo;
desnudo iré moviendo
a compasión las piedras, porque entiendo
quejarme tristemente
con tal disfraz de lo que el alma siente,
como aquel que ha llegado
a tener un dolor disimulado,
que cuando no le deja,
fin giendo otro dolor, de aquel se queja.
Roberto
Pues hacia aquesta parte,
que es más secreta, puedes retirarte,
que ya del Sol la lumbre
da el primero perfil a aquella cumbre.
Federico
Tú, si a la Corte fueres,
y en ella acaso a Margárita vieres;
dila, que soy amante
tan descortés, tan necio, e inconstante,
tan loco, y tan altivo,
que no la puedo ver, y quedo vivo.
Vanse, y salen Elena, Enrique, y Leonolo en traje de camino.
Elena
En tanto que esos caballos,
veloces hijos del viento,
pagan en cristal, y nieve
las esmeraldas del suelo;
podrás hasta Miraflor
adelantarte, Leonelo,
y decir cuan desdichada,
y desesperada vengo
a ser rústica Aldeana
Vase Leonelo
de sus montes: quiera el Cielo,
que por ser rústicos, tanto,
halle más piedad en ellos.
Enrique
La soledad de este monte,
la causa de tus extremos,
y el no haber visto las fiestas,
(que nuestra desdicha fueron)
en la lealtad de un criado
dan, señora, atrevimiento
a pedir, que me repitas
tu dolor, y sentiniento,
porque el mal comunicado
dice un Sabio, que fue menos.
Elena
Publicose por Italia,
con el común sentimiento,
digno de tan tristes nuevas
(presagios de este suceso)
la muerte infeliz de Enrico,
de Nápoles heredero,
por cuya razón, su padre,
a su anciana edad atento,
dispuso dar a la Infanta
Margárita digno dueño;
llamando para esta empresa
a los Príncipes del Reino.
Todos vinieron, y todos
muestra de su gusto dieron,
celebrando su hermosura,
y más, que todos, Don Pedro
Esforcia mi hermano, pues
como su amante, y su deudo
(que suele hacer el amor
un segundo parentesco)
fijó en Europa carteles,
llamando a público duelo
para un justa Real,
sustentando, y defendiendo
en ella; que Margarita
era el más di gno sujeto
de amor, y la más perfecta
Dama en belleza, e ingenio,
(perdonen tantas como hay
en el Mundo atrevimientos
de hombre en amorado, pues
quien llega a estarlo, sospecho,
que ni más que aquello estima,
ni piensa, que hay más que aquello.)
A la fama de las justas,
de toda Europa acudieron
los Príncipes más gallardos,
mas bizarros Cabalieros;
y en tanto que se cumplía
de los cárteles el tiempo,
todo era máscaras, motes,
festines, saraos, y juegos.
Una noche (que era día,
pues no se echaba el Sol menos)
dando principio a un festín
estaban los instrumentos,
cuando por la sala entró
un bizarro Caballero,
que arrebató a un mismo punto
de todos los movimientos.
El dio principio al festín,
teniendo siempre encubierto
el rostro con el embozo,
hizo el primero paseo,
sacó a Margárita, y ella,
con un cortés cumplimiento
salió: mi hermano (no sé
si yo me hiciera lo mismo)
salió entonces, procurando
quedar con ella en el puesto:
y el Caballero embozado,
poniendo cuidado en serlo,
con la mano en la cuchilla,
dijo atrevido, y resuelto:
ninguno mejor, que yo
merece el lugar que tengo.
Don Pedro iba a responder,
cuando entraron de por medio
el Rey, y Grandes; salió
de la sala el Caballero
tan en sí; que no le vio
nadie el rostro, ni supieron,
hasta hoy quien era, tal fue
su recato, y su secreto.
Llegó de la Justa el día,
y afrentando, y desmintiendo
nuestra Plaza la memoria
de Romanos Coliseos,
se vio cubierta de gentes
tan diversas, que se vieron
en ella las confusiones
que tuvo Babel un tiempo.
De una tienda de brocado,
que estaba al lado derecho
armada, salió mi hermano,
tan airoso, y bien dispuesto
en un caballo, que un alma
informaba a entrambos cuerpos.
Con amorosas empresas
gallardos Aventureros
entraron, que por no ser
más prolija, no las cuento,
y porque llegando a entrar
el Caballero encubierto,
se olvidan, y quedan todas
sepultadas en silencio.
Corriéronse muchas lanzas,
en cuyos varios sucesos,
como en la suerte, y fortuna,
se ganan, y pierden premios.
Llegó a correr el gallardo
embozado con Don Pedro
mi hermano, que hasta aquel punto
le había dicho bien el tiempo.
Pusiéronse frente a frente
los caballos, tan atentos
a las voces de un clarín,
que con estar algo lejos,
parece que a cada uno
el animado instrumento
estaba hablando al oído,
tal era el instinto en ellos,
pues parece que el enojo
heredaban de sus dueños.
Partieron, pues, tan veloces,
que ya trocados los puestos,
muchos no determinaron
si pararon, o partieron,
habiendo en medio las lanzas,
hechas átomos del viento,
dividido en tantas partes,
que muchas de ellas subieron
tan altas, que por entonces
ninguna cayó en el suelo,
ni después, porque tardaron
en caer, o no cayeron.
Toman la segunda lanza
para su segundo encuentro,
mucho espacio, si son verás,
mucha prisa, si son juegos.
Vuelven a partir, y aquí
un caballo, desmintiendo
la valla de un lado rompe.
No has visto en el Mar soberbio,
cuando nevadas montañas,
rizando a su frente el ceno,
un Navió en un escollo,
da, y en pedazos resuelto,
la que fue campaña antes,
le sirve de monumento?
No has visto en un terremoto
temblar la tierra, y el Cielo,
caducar los edificios,
y en tanto horror, tanto estruendo
precipitarse dos montes,
desgajados de sí mismos;
y encontrándose al caer,
darse batalla violentos,
hasta rendirse a su furia,
que no pudieran a menos?
Pues tales eran los dos,
porque en la carrera a un tiempo
imitando las acciones
de agua, tierra, fuego, y viento
eran dos naves de bronce,
eran dos montes de hierro,
eran dos rayos de plata,
eran dos aves de acero.
Falseando la sobrevista
hirió el acerado hierro
a mi hermano, cayó en tierra
bañando en humor sangriento
la arena, que parecía
que tan infeliz suceso
lloró con sangre la tierra,
cuando dividida veo
la Plaza en bandos, vengando
unos, y otros defendiendo,
la muerte, y el homicida,
el cual animoso, y diestro
salió de la Plaza; donde
se esconde, ignoro; sospecho
que Marte le arrebató
a colocarle en su asiento,
o por guardarle de mí,
abrió sus bocas el centro.
Yo a un tiempo, pues, combatida
de dos contrarios afectos,
quise, viendo la impiedad,
(si la verdad te confieso)
dejar la Corte, y confusa
vengo a Belflor, donde venga
(si hay desdichas, que se huyan)
de mis desdichas huyendo,
donde mi esperanza muera,
donde viva mi tormento,
donde mi llanto me anegue,
donde me ahogue mi aliento.
Pues entre amor, y rigor,
entre esperanza, y deseo,
llego, huyo, quiero, olvido,
amo, adoro, vivo, y muero.
Enrique
Notable suceso ha sido,
y más pensar que se esconde,
sin saber como, ni donde,
y que no sea conocido.
Sale Leonelo
Leonelo
Los villanos de Belflor,
sabiendo que Vuestra Alteza
viene con tanta tristeza,
para mostrar el amor,
y voluntad que la tienen
todos a darla su vida,
el pésame, y bienvenida,
y a besar sus plantas vienen.
Salen Benito, y Antona de villanos, y labradores.
Antona
Benito, advierte que ahora
tú, por ser el más erguido,
más calletrudo, y sabido,
tienes de dar a Señora
el pésame.
Benito
Yo, por qué
he de dar a la Condesa
pésame, si no me pesa?
el pésete la daré.
Labrador 1
Di que es Venus, y, Diana,
y que en su gran presunción
murió como otro Faetón
su hermano.
Benito
De buena gana.
Labrador 2
Di, que fue quien le mató
un Nerón soberbio, y malo,
un cruel Sardanapalo.
Benito
Todo eso la diré yo,
Antona
Que ella nos viva más años,
que vivió Matusalén.
Benito
Todo aqueso está muy bien.
Antona
Para consolar sus daños,
que el Concejo no la envía
colación, fiesta, y grandeza,
porque quien tiene tristeza,
se cansa de la alegría.
Benito
Muesa Conda soberana,
tan érguida, llumpia, y bella,
que son fregonas con, ella
Doña Venus, y Doña Ana.
Si en tiempo de fiestas bellas
a Belflor habéis venido;
bien hecho ha sido, si ha sido
por no buscar donde bellas.
A todos nos ha pesado,
y aquesto no os está bien,
que un pésame, o parabién
siempre es estilo cansado.
Téngale Dios en buen poso,
que el murió en su presunción,
como el otro fanfarrón,
de arrogante, y animoso.
Y pues a aqueste le igualo,
el que le dio muerte fiera
era un Enera, y aún era
una Sardina de palo.
Pero viváis vos, amén,
para gozar de estos daños,
con gusto, y salud más años,
que vivió Mateo de Allén.
Que el Concejo no la envía
colación, fiesta, y grandeza,
porque quien tiene tristeza,
no dizque tiene alegría.
Sale Federico, desnudo, y herido.
Federico
Generosos Labradores,
y vos, hermosa señora,
que entre bárbaros sayales
sois entre espinas la rosa,
muevaos a piedad el ver
un desdichado, que arroja,
envuelta en sangre, y suspiros,
pedazos del alma propia.
Un Mercader ricoera,
y tanto, que en una joya
cifré el tesoro del Mundo.
Vine a las fiestas famosas
de Nápoles, procurando,
en concurso de personas
tan ilustres, emplear
mi caudal, y hacienda toda.
Hícelo así, a Dios pluguiera,
fuera mi dicha tan corta,
que no hiciera empleo tan grande,
porque perdiéndole, ahora
es mayor el sentimiento;
que la fortuna envidiosa
no lo fuera, si llevara
tras las dichas la memoria:
más es fortuna loca,
Diosa sin fe, y amiga de lisonjas.
Pensé volver a mi patria
rico de hacienda, y de honra,
(baste que dijese rico,
porque en los tiempos de ahora
la riqueza es el honor,
sin atención de personas,
porque ya el pobre se vende,
como ya el rico se compra:)
pero fueron mis designios
la hermosura de la rosa,
que el purpúreo rosicler
juzga perpetua corona
del campo, sin atender
a que en un punto se enojan
tiempo, y fortuna, soberbio
brama el Austro, el Cierzo sopla,
siendo cadaver del campo
entre sus perdidas pompas.
Tal yo, rico de esperanzas,
que son las tempranas hojas,
en mi patria me juzgué,
sin advertir a que corta.
el Cielo intentos del hombre:
que importa (ay de mí!) que importa
que él proponga, y determine
si hay estrellas que dispongan,
y ejecuten, porque ellas,
cuanto el hombre escribe, borran,
que es nuestra vida sombra
de aquella luz que influye poderosa.
Yendo, pues, por ese monte,
salió una pequeña tropa
de Vandoleros, que en él
la hacienda, y la vida roban.
Quise ponerme en defensa;
pero cual hombre se arroja,
anteponiendo los bienes
a la vida, si ella sola
merece ser preferida
sobre las humanas cosas?
mal haya quien ambicioso
muere, mal haya quien compra
la majestad con la vida.
Pusiéronme dos pistolas
a los pechos, y rendido,
no fue temor, fue piadosa
atención al ser Cristiano,
entregué mi hacienda toda:
y pensando que guardaba
mi vestido algunas joyas,
que usar Mercaderes suelen
de invencionas cautelosas,
el vestido me quitaron,
dejándome como ahora
estoy y viéndome ansí;
ha tres días, que esas rocas
hábito, que me sustento
de hierba rústica, y tosca:
pero la necesidad
hace que rompa, y que corra
los velos a la vergüenza;
y pues mis plantas dichosas
a esta parte me guiaron,
en mi consuelo conozcan
que sigue el gusto a la pena,
a la desdicha la gloria,
a la fatiga el descanso,
la luz a las negras sombras,
a mi llanto la piedad
de tus manos generosas;
que mortales congojas
viven a la mudanza atentas todas.
Elena
Bien pensé que no tenía
mi pecho infeliz lugar
donde cupiese el pesar
de tu desdicha, y la mía:
Pero aquí me ha consolado
tu pena, y tu desconsuelo,
que a un desdichado es consuelo
hallar otro desdichado.
Aliéntate, toma brío,
ten ánimo, y esperanza,
que todo está a la mudanza
sujeto, este Estado es mío,
en él te puedes quedar
reparando tu fortuna,
donde tu suerte importuna
puedes felice burlar.
También al monte he venido
a llorar desdichas yo,
consuelo tu pena halló,
pues un hermano he perdido,
cuya nobleza, y valor
pública a voces la fama,
que el infelice le llama,
muerto a manos de un traidor:
y por no alabarle yo,
sabe que es quien lloro aquí
Don Pedro Esforcia.
Federico
Aparte.
Ay de mí!
Elena
Y el traidor que le mató
no se ha sabido quien era,
demonio debió de ser,
pues se pudo defender,
y esconderse demanera,
que no se sabe por donde,
ni de qué suerte escapó.
Federico
Aparte.
A buen puerto vine yo.
Elena
Sin duda el centro le esconde.
Federico
Al reves ha sucedido
hoy ese efecto en los dos,
pues mirar a un triste, a vos
de consuelo os ha servido,
y a mí de pena, que aquí
un dolor al otro excede,
que pena vuestra no puede
ser de gusto para mí:
pues tanto pienso, por Dios,
sentir la que es vuestra, tanto,
que parezca que en mi llanto
son una misma las dos:
la merced que me ofrecéis
de vivir con vos acepto,
Aparte.
(aquí viviré secreto)
sirviéndoos, que bien sabéis
que un hombre que rico ha sido,
dobla en su tierra el dolor,
pues vive pobre mejor
adonde no es conocido.
Benito
Señor desnudo, hasta cuando
vuesamerced piensa habrar?
no pudo considerar
que también yo estaba habrando,
y no es buena cortesía
dejar, con cordura poca,
atravesada en la boca
la media embajada mía?
Elena
Qué prudente, y advertido
su sentimiento mostró!
Aparte.
qué bien que disimuló
el llanto mal resistido!
Este hombre me ha obligado
con su estilo.
Benito
Guardeos Dios.
Antona
Benito, no habrá con vos.
Benito
otras veces habrá habrado.
Elena
Cómo os llamáis?
Federico
Español.
Benito
Benito.
Elena
Y soislo?
Benito
Yo?
Federico
Sí,
en Barcelona nací.
Elena
Todos sois hijos del Sol:
qué buen talle!
Benito
A su servicio
está el talle, y la presona,
que su mercé es quien le abona.
Antona
No dice a vos, pierdo el juicio
Elena
En fin, queréis el partido?
Federico
Sí, pues a un puerto he llegado,
que no fuera desdichado,
cuando no lo hubiera sido.
Elena
Aparte.
Su modo dice que es
hombre bien nacido.
Benito
Sí,
aseguro que nací,
si bien me acuerdo, de pies.
Elena
Palabra os doy, que si rengo
en la venganza que sigo,
buen fin, y de este enemigo
no conocido me vengo;
porque fiera, y vengativa
siempre ha sido la mujer,
que tengo. Español, de hacer,
que os olvidéis, ansí viva,
de la perdida de hoy.
Vase.
Federico
No pierda yo vuestra gracia,
que de toda mi desgracia,
señora, olvidado estoy.
Qué confusiones me ofrece,
fortuna, tu mano ingrata?
vida me da quien me mata?
me acoge quién me aborrece?
quién me busca, me defiende?
quién me da favor, me sigue?
quien me ampara, me persigue
y me guarda quien me ofende?
Pues quedarme solicito
adonde mi muerte veo,
que está más seguro el reo
donde comete el delito.
Vanse.
Salen Margarita, y Serafina, y el Rey viejo.
Margarita
Déjame morir.
Rey
Advierte
Margarita
Qué puedo advertir, señor,
si es de cualquiera dolor
última línea la muerte?
Rey
Tan grave pena, tan fuerte
pasión, y mal resistida,
hoy vendrá a dejar vencida
tu vida.
Margarita
Al Cielo pluguiese
tan dulce mi pena fuese,
que acabase con mi vida.
Rey
Todos la muerte lloramos
de Esforcia; todos sentimos,
todos al Cielo pedimos
la venganza que esperamos;
pero no todos estamos
rendidos a un sentimiento,
Margárita, tan violento,
que exceda al sentir sus modos.
Margarita
Siento sola más que todos,
porque más que todos siento.
Rey
Ya tu venganza público,
muerte le daré al traidor,
si le alcanzo?
Margarita
Aparte.
Qué rigor!
ay mi bien! ay Federico!
Rey
Qué respondes?
Margarita
Significo
conmigo, así los recelos
de tus penas, tus desvelos.
Busca al traidor, harás bien,
muerte tus manos le den:
no lo permitan los Cielos.
Aparte.
Mas quien pretende olvidar
una pena, o vanagloria,
le sirve de más memoria
el insistir en pensar
que olvida: el que ha de dejar
de quejarse, y se aconseja
con su razón, cuando deja
la pena llanto infelice,
con las razones que dice
que no se queja, se queja.
Allí su consuelo alcanza
pena más firme, y notoria,
pues la queja, y la memoria
son pensar en la venganza:
no habrá en mis males mudanza,
pues lo que remedio ha sido
trae el veneno escondido,
pues con la venganza intento
no sentir, y siempre siento,
olvidar, y nunca olvido.
Sale el Capitán con Roberto.
Capitán
Señor, como has publicado
por traidor al que encubriere
el homicida, o supiere
de él, nos ha manifestado
un hombre aqueste criado,
que por suyo conoció.
Rey
Dél sabré mi intento yo.
Roberto
Yo con mi lealtad concluyo,
que soy criado, mas cuyo
eso no lo diré yo.
Rey
Quién eres?
Roberto
Un forastero,
que a Nápoles ha llegado,
de las grandezas llamado
de las fiestas.
Rey
De ti espero
saber quien es aquel fiero
autor de mis penas.
Roberto
Yo
no le conozco.
Rey
Pues no
eras su criado?
Roberto
Sí,
mas no supe a quien serví.
Capitán
Bien su turbación mostró
que esta es malicia, señor,
porque en un pobre criado,
en quien ahora han hallado
joyas de tanto valor,
es el presumir error,
que no hubiese conocido
a quien hubiese servido.
Roberto
Por cierto el señor Don Tal
es bueno para Fiscal.
Rey
Pues la piedad no ha podido
moverte, pueda el tormento;
entre las joyas está
un papel, y de él quizá
conoceré el fin que intento.
Margarita
Hay más triste pensamiento!
papel será suyo, mucho
es mi temor, triste lucho
con mi llanto, y mi deseo.
Rey
Oye, que.
Margarita
Aparte.
Mi agravio veo.
Rey
Carta es.
Margarita
Aparte.
Mi muerte escucho.
Rey
Lee
„Porque V. Majestad no
esté con el cuidado que le puede
dar mi ausencia escribo con Ro-
berto, avisando de mi salud, y la
causa que me ha traído a Napo-
les, que es aver las fiestas que
sustenta Don Pedro Esforcia,
cuyo valor me ha obligado a as-
sistirle en ellas; acabadas, volveré
a los pies de viva Majestad; cuya
vida el Cielo aumente.
El Príncipe Federico.“
Es posible que esto creo,
y mi pena no público
el Príncipe Federico
fue el homicida? qué veo?
No le bastaba, que fuese
Federico mi enemigo,
sino que por más castigo,
guerra en mis tierras hiciese?
Margarita
Oh Fedérico cruel:
Aparte.
(corazón, disimulemos,
y estas lágrimas, y extremos
hablen a un tiempo con él,)
bárbaro, arrogante, vano,
soberbio, y desvanecido,
altivo, loco, atrevido,
cuyo poder, cuya mano,
Aparte.
muerte me dio (y es verdad,
muerte alevosa me dio,
pues la vida me quitó,
robándome la mirad
del alma) plegue a los Cielos,
que tú fin sangriento sea
como mi pecho desea.
Rey
Tus lágrimas, y desvelos
a todos nos han rendido:
Capitán, buscadle luego,
destruyendo a sangre, y fuego
el lugar más escondido.
Vase.
Margarita
Ay Roberto, tu lealtad
muerte a todos nos ha dado;
dime, por qué te has quedado
por mi daño en la Ciudad?
Por qué esta carta guardaste,
donde su nombre firmó
el Príncipe? porque no
la rompiste, o la quemaste?
Roberto
No pude yo prevenir
lo que nos ha sucedido:
aquí me quedé escondido,
y un huésped pudo decir,
(mal haya quien inventó
los huespedes) que yo fui
el que al Príncipe serví,
porque en su casa vivió:
esta carta le escribía
al Rey su padre, y después
no la envió, que esta es
su desdicha, tuya, y mía.
Margarita
Y la que yo he de llorar.
Sale el Capitán.
Capitán
El Rey manda, que estéis preso
porque de aqueste suceso
no podáis aviso dar.
Margarita
Y es bien que esté preso el fiero
que a un enemigo sirvió:
Aparte a Roberto
libertad te daré yo.
Roberto
Esa de tu mano espero.
Vanse.
Serafina
Tus razones he escuchado,
tus lágrimas he advertido;
y de no haberte entendido,
triste, y confusa he quedado:
algún secreto hay aquí.
Margarita
Y quiero a tu pecho fiel
hacer Secretario de él.
Serafina
Atenta te escucho.
Margarita
Alli
para tragedias de amores
nos da lugar el jardín,
entre el azar, y el jazmín,
entre las rosas, y flores:
y si contarte pretendo
una enigma semejante,
no entenderme, no te espante,
que yo tampoco me entiendo.
Vanse, y salen Antona, y Benito cantando.
Antona
Subiera Morales
en él su caballo,
la espuela de melcocha,
y el freno de esparto,
luneta,
atala allá de la sonsoneta.
Benito
canta
En la calle Nueva
está enamorando,
por mirar arriba,
cayera en un carco;
luneta,
atala allá de la sonsoneta.
Antona
Sogas, y maromas.
tiran a sacarlo,
sácanle una asadura,
que había merendado,
luneta,
atala allá de la sonsoneta.
Benito
Deja un poco esa luneta,
que lo has cantado tan bien,
que no chilla una sarten,
un organo, una carreta,
con más fuerte, y recio chorro,
que tú.
Antona
El alabarme es yerro,
porque no entonó un becerro,
un podenco, ni un cachorro,
mas que tú ni aún un marrano,
cuando le matan, gruñó
con más gracia, y no habro yo
en la carreta, y organo.
Mas ya que esto es acabado,
y que es forzoso el habrar
de otra cosa, hasta llegar
à la Quinta, me ha pasado
por el calletre, que habremos
en cuando será aquel día;
Benito dell alma mía,
que los dos matrimuñemos:
en pensarlo me hace astillas
el pracer dentro del pecho,
y me viene tan estrecho,
que el hato me hace cosquillas.
Benito
Para olvidar sus regalos
considera que pasó
ese día, y que llegó
el que yo te mato a palos,
muy mohíno, y enfadado,
que en fin, forzoso ha de ser,
que me canse una mujer,
que ha de estar siempre a mi lado.
Porque a cual hombre no pesa
ver (si en su mujer repara)
siempre en la cama una cara,
siempre una cara en la mesa;
si tiende una mano, toca
siempre una cara; si huele,
es a la cara que suele;
si ve, es con ventana poca
una cara; y si esta pena
cualquiera cara nos da,
dime, Antona, qué será
si la tal cara no es buena?
Pero casados los dos,
no nos vendrá a ser así.
Antona
Vos darme palos a mí?
malos años para vos,
no en mis días, a la he.
Benito
Ya desenojarte quiero,
si no es el día primero,
en mi vida te daré.
Antona
Por qué el primero?
Benito
Azotó
la justicia cierto día
un hombre, y él que temía
la penca, al verdugo dio
tal cantidad de dinero,
porque ablandase la mano
la solfa de cantollano:
Tómolos, pues, y el primero
ázote fue tan cruel,
que la sangre reventó:
y cuando el otro volvió
la cara de probar hiel,
le dijo: Con tales modos
vuestra deuda satisfago,
y ved el amistad que os hago,
que así habían de ser todos:
ansi tu conocerás,
pegándote el primer día,
la amistad, y cortesía
que te hago en los demás.
Mas cómo ha de darte enojos
quién tan de verás te amó?
que antes me quebrara yo
las mochachas de mis ojos:
porque ellas pueden quebrarse,
y mi amor, Antona, no.
Antona
No podrás mudarte?
Benito
No.
Antona
Ni olvidarme?
Benito
Ni olvidarte
puede mi amor.
Antona
Y podrá.
Benito
Qué?
Antona
Llegarme a aborrecer.
Benito
Sí, que en siendo mi mojer,
Antona, fuerza será.
Antona
Por qué?
Benito
Porque serás mía.
Antona
Si por la cara ha de ser,
mujer soy, y sabré hacer
una cara cada día.
Vase.
Benito
Si sabrás, que alguna vi
que lirio se levanto,
blanca azucena vivío,
y se recogio alhelí:
mas qué allumbra allí no sé,
llegar más cerca deseo,
oro, o prata es lo que veo?
notabre ventura hue
haber por aquí llegado;
un tesoro he descubierto,
que alguno en este desierto
debió de dejar guardado.
Tirar quiero: mas qué miro?
un vestido de oro es,
que llaman armas, o arnés.
Saca las armas.
Poco de bellas me admiro,
que ya otras veces las vi
en mi Aldea, que no só
tan bobo, que bien sé yo
que esto ha de ponerse así.
Póneselo al revés.
La prata, y oro sospecho,
que de la tierra ha nacido;
pero que nazca un vestido
de la tierra hecho, y derecho,
es cosa notabre, y rara:
Si así cualquiera naciera,
porque en el Mundo no hubiera
Sastre ninguno, me holgara.
Qué será verme vestido
con él, y entrar en la Aldea!
ninguno habrá que me vea,
que no se quede atordido:
Pues Antona que dirá?
que só con segura extraña
San Jorge mata la araña.
O lo que verme será
vestido, como yo quiero
desde este (que el nombre ignoro)
este papahigo de oro a la celada
a las polainas de cuero!
No faltara quien me ayude
a ponerlo, si me vo
hacia los pastores yo,
que en ellos no habrá quien dude
el componer hatos tales,
y ándate como Longinos
de día por los caminos,
de noche por los jatales.
Vase con las armas, y sale el Capitan y soldados.
Capitán
En este monte que ha sido
con intrincada maleza
laberinto natural,
que tantas calles enreda,
es, sin duda, donde aquel
prodigio humano se encierra,
que por esta parte vino,
según nos dicen las señas.
O si ya pluguiese al Cielo,
que a nosotros nos debiera
el Rey ver en su poder
al que convirtió en tragedia
el gusto, en luto las galas,
y en llanto, y dolor las fiestas.
Soldado 2
Si por esta parte entró,
será imposible que pueda
esconderse, porque el monte
de todas partes le cercan
gentes de armas.
Capitán
Y las suyas
son tan conocidas, que ellas
dirán del dueño.
Soldado 2
Señor,
al pie de estas altas sierras
muerto está un caballo.
Capitán
Y es
el mismo que en la carrera
rayo fue, que no es posible
engañarnos tantas señas;
y si el caballo rendido
está a su misma violencia,
poco lejos está el dueño.
Soldado 1
Y no puede ser, que sea
haber mudado caballos
en el monte?
Capitán
Mal pudiera
tener tanta prevención
quien dudaba de la empresa,
En fin, él está en el monte,
la dicha, sin duda, es nuestra.
Todo se visite, y todos
con oído, y vista atenta
le examinen, rama a rama,
no quede la más secreta
parte que el Sol ignoró,
guardada a su diligencia.
No habrá servicio que estime
tanto el Rey, como que vea
en su poder este monstruo,
que tanto dolor le cuesta.
Soldado 1
Era el infeliz Don Pedro
su sobrino.
Capitán
Y también era
el más galán, más cortes,
de más ingenio, y nobleza,
de más valor, y en efecto,
el Príncipe de más prendas,
de modo, que hizo común
el sentimiento: y si llega
a prenderle (sea quien fuere)
le cortará la cabeza,
por lo que la noche hizo
del sarao en su presencia;
y por haber dilatado
hasta las justas aquella
enemistad, donde hizo
duelo, y campo la palestra.
Sale Benito ridiculamente armado.
Benito
Qué brava segura vengo!
quien habrá que ansí me vea,
que no se muera de risa?
Unos hombres que esta sierra
pasaron, por divertirse,
me han armado, y de manera,
que no puedo menearme;
qué será verme en la Aldea
de esta suerte? qué hará Antona,
cuando por otro me tenga?
Si no me engaña la vista,
por entre esas pardas peñas
sale un Caballero armado.
Capitán
Y son del mismo las señas,
mal pudiera desmentirle
el arnés.
Soldado 1
De qué manera
le pudieramos prender?
que si se pone en defensa,
no basta el Mundo.
Capitán
Rendido
a la fatiga, y violencia
del cansanció, y del camino,
pues muerto el caballo deja:
llegad los dos por detrás,
que yo la pístola puesta
a los pechos le tendré,
para que no se defienda.
Soldado 1
Llega paso.
Soldado 2
Con temor
voy, porque como nos sienta,
dos mil son pocos; tal es
su valor, ánimo, y fuerzas.
Soldado 3
Con silencio.
Benito
Estaba yo
haciéndome ahora cuenta
de cuanto durará un sayo
de estos.
Soldado 1
Ya le tengo, llega.
Asente por detrás.
Capitán
Date a prisión, o la vida,
en tu misma sangre envuelta,
saldrá al rayo de mi mano.
Benito
Ay señores, que me llevan;
pues qué culpa tuve yo
en ponerme?
Capitán
No pretendas
defenderte, que has de ir,
muerto, o vivo a la presencia
del Rey.
Soldado 2
Tenle.
Soldado 1
Un monte muevo.
Benito
Ay señores, que me llevan.
Jornada Segunda
Salen Margarita, y Serafina.
Margarita
Aquí, Serafina hermosa,
que solo escucharme pueden
estas plantas; y estas flores,
de mi amor testigos fieles:
pues otras veces han visto,
pues han oído otras veces
estas lágrimas heladas,
y estos suspiros ardientes,
cuando a solas consultaba
mis penas, o mis placeres,
que se descansan contando
amores, aunque se cuenten
a plantas, que no responden:
a pájaros, que no entienden;
a peñascos, que no aman;
a cristales, que no sienten.
Sabrás, pues que ya he rompido
un secreto que me debe
tantos días de silencio,
poco hallado en las mujeres,
que un día que la violencia
de aquel pasado accidente
dio treguas a mi dolor,
pluguiese a Dios no las diese,
un Mayordomo me dijo:
si es que Vuestra Alteza quiere
divertirse, podrá ver
las joyas más excelentes,
que la codicia imagina,
el arte pule, y guarnece
el deseo, que son tales,
que el arte, y codicia vencen
Aquí un Platero extranjero
las trae, porque así pretende
entre Príncipes tan grandes
emplear tan grandes bienes.
La curiosidad entonces
me dio causa a que las viese,
y di licencia al Platero
para que a mi vista llegue:
no llegara más al alma,
pues desde entonces padece
un mal que no se conoce,
y un dolor que no se siente.
Pesarate de pensar,
que un Artifice pudiese
labrarme el alma; pues no,
Serafina, no te pese,
que debajo de este nombre
estar disfrazado puede
un Príncipe Federico,
que arte tan noble comprende
debajo de su nobleza
los Príncipes, y los Reyes.
Enseñome algunas joyas,
y entre ellas una que excede
la imaginación, y en ella
guardado curiosamente
un retrato, si era mío,
dígalo el alma, que al verle,
dudó el cuerpo en que asistía,
diciendo entre si: no es este
el original pues cómo
presa en un cuerpo me tienen,
a quien solo informa un alma
de matices, y pinceles?
y quiso pasarse a él
no dudo yo, que lo hiciese,
pues quedé sin alma yo,
que allá el Platero la tiene.
Preguntele que a qué efecto
en joya tan excelete
puso mi retrato: Y él,
turbado el rostro, y sin verme,
me respondió Federico
me mandó, que así le hiciese
para su pecho, porque
la fama, que vuela siempre,
le dijo de tu hermosura
la perfección, si es que puede
aplauso tan dilatado
medirse en centro tan breve.
Mandome hacer el retrato,
pero al llevarle, y al verle,
ansí dijo: Ángel humano,
a quien los hados crueles.
apartan de mí, porque
irados los Cielos quieren,
que el enojo de los padres
en nosotros dos se herede.
No quiero yo profanar
tu decoro, ni atreverme
a amar tu sombra; y ansí,
no es bien que en mi pechoquedes,
porque agravia a todo el Sol
quien a esos rayos se atreve:
Mas no será bien tampoco
(ay de mí!) que llegue a verse
en otro poder la imagen,
que adoraré eternamente;
a sus manos ha de ir,
si a llevársele te atreves,
porque una Estrella, del Sol
desasida, porque un breve
arroyuelo hijo del Mar,
porque una centella ardiente,
de su rayo despedida,
si alumbra, camina, y hiere,
se restituyen al Sol,
al Mar; y al rayo, que vuelve
todo a su centro. Palabra
di, señora, de atreverme
a dejártele en tu mano;
ahora dame la muerte,
dijo, y sacando la joya,
otra vez, sin que me espere
respuesta alguna, volvió
la espalda: no de otra suerte
quedé, que entre dos imanes.
suspenso el acero suele.
Abrí la joya otra vez,
donde (oh Amor, lo que puedes!)
vi amorosas tropelías;
pues troca las lútilmente,
otra me dio, donde estaba
un retrato vivo siempre
del Príncipe Federico;
conocí claramente
serlo el Platero, quedé
en una ocasión tan fuerte
en mayores confusiones.
Pero para qué pretende
turbada mi voz decirte
pensamientos que se mueven,
discursos que se imaginan,
glorias que se desvanecen?
Yo amé, díganlo esas flores
otra vez, pues ellas pueden
decir las noches que oyeron
sus quejas en estas redes.
Bien la empresa de la justa
dio a entender que estima, y siente
las lisonjas de la noche,
lo que en ella le sucede,
ya lo sabes, menos mal,
si mi padre no le prende;
pues aunque le pierda yo,
no será dolor tan fuerte,
como que él pierda la vida,
porque es fuerza que se vengue
de las guerras que ha tenido
con su padre; y si él la pierde,
ay de la mía, porque
vivo en pensar que la tiene,
aliento en pensar que vive,
y muero en pensar que muere.
Serafina
Mi amor, señora, de quien
tanta confianza tienes,
te estima favor tan grande
mucho ha sido que pudieses
guardar un secreto tanto.
Margarita
No hay mujer que cuando quiere,
no sepa tener secreto.
Serafina
El Rey, señora, aquí viene.
Margarita
Con una industria quisiera,
que ahora por libre diese
a Roberto, que está preso.
Salen el Rey, y un criado.
Rey
Margárita, como sientes
tu mal? no da la tristeza
lugar para que te alegres?
Margarita
A Serasina decía
ahora como no puede
tan grande dolor dejarme,
que ha de atormentarme siempre
Rey
Muy justa elección hiciste
en tan hermosa, y prudente
Secretaria.
Margarita
Ella dirá
si estoy triste.
Serafina
Y justamente
Rey
Pues hate dicho la causa?
Serafina
No, pero los accidentes
de ella, y a mi parecer
muy fácil remedio tiene.
Rey
Cómo?
Serafina
Hallándose a quien dio
a Don Pedro Esforcia muerte
Rey
Pues alégrate, que yo
tengo esperanza de verle
en mi poder.
Margarita
Una industria
que es muy fácil, se me ofrece
manda soltar al criado
que está preso, pues no tiene
culpa en servir a su dueño;
y después, señor, ponerle
espías, que él ha de ir
donde el Príncipe estuviere,
y así le descubrirás.
Rey
Qué ingenio tan excelente:
vayan por aquel criado.
Margarita
Vayan luego por él.
Sale el Capitán.
Capitán
Deme
Vuestra Majestad los pies.
Rey
Qué hay de nuevo?
Capitán
Qué sucede
a medida del deseo
tu pretensión.
Rey
De qué suerte?
Capitán
Con la gente de tu guarda
salí en busca de un aleve,
informado de que había
llegado a un monte, y hallele
en medio de él, desarmado,
porque rendido de verse
sin caballo, que se había
despeñado, tristemente
estaba al pie de una peña,
sintionos, y tan valiente
volvió sobre sí, que fue
mucho; que no nos hiciese
pedazos a todos juntos,
tan diestro es, altivo, y fuerte:
pero a mi valor rendido,
da las armas, y no quiere
decir quien es, solo dice,
que un villano, y aún pretende
hacerse loco también,
porque algunas veces suele
decir locuras.
Rey
No importa,
que esconda el nombre, y que intente
hacerse loco, si ya
sé que es el traidor aleve,
el Príncipe Federico.
Margarita
Ay de mí! venga mi muerte:
ay de mí! acabe mi vida,
que no pueden, que no pueden
disimular tantas ansias.
Rompan la prisión, revienten
por la boca, y por los ojos,
de mis entranas ardientes
suspiros que el alma enciendan,
lágrimas que el pecho aneguen.
Ay de mí, Cielos!
Rey
Qué es esto?
qué sientes, hija? qué tienes?
Margarita
Tengo un fuego que me hiela,
tengo un hielo que me enciende,
un dolor que me atormenta,
una pasión que me vence:
ay de mí! acabe mi vida:
ay de mí! venga mi muerte.
Vase.
Rey
Seráfina, pues contigo
ha descansado, qué sientes
de una tan nueva pasión?
Serafina
Aunque quebrante las leyes
de un secreto, mas importa
que su vida se remedie.
El Príncipe Federico
de Sicilia, que ahora prendes,
es causa de esta tristeza;
y para decirlo en breve,
no es la causa, si no amor,
porque en secreto se quieren:
esto es verdad, y temiendo,
que tu enojo le dé muerte,
rompió su dolor el pecho.
Rey
Qué escucho? ya de otra suerte
procederé, porque al fin,
consejo mudo el prudente,
moderemos el rigor.
Sale Roberto.
Roberto
Deja que tus plantas besen
quien, sirviendo a su señor,
si te enoja, no te ofende;
dame la muerte.
Rey
Antes quiero,
que libre, Roberto, quedes,
que tu lealtad galardón,
y no castigo, merece.
Vete libre, que ya el Cielo
más piadoso favorece
mi deseo, ya le hallaron
a tu señor, y ya viene
preso.
Roberto
Aparte.
Qué es esto que escucho?
si hubo quien le conociese
en la Aldea en qué quedó?
Salen el Capitán, Soldados, y Benito armado.
Capitán
Ya señor, está presente
el Príncipe Federico
de Sicilia.
Benito
Encanto es este,
yo Príncepe? si só Enrique
de Cecina, qué pretenden
con este ensayo?
Rey
Aparte.
Dudoso
en un punto me acometen
los deseos de vengarme,
y las razones de verme
piadoso: qué puedo hacer?
aquí la pasión me tuerce,
y allí me lleva el amor.
Si a Vuestra Alteza parece
que viéndole en mi poder,
he de vengarme imprudente
las ofensas de su padre,
y suyas, poco le debe
mi pecho, pues no conoce
el valor con que procede,
si bien, queda preso.
Benito
Yo?
pues qué delito es ponerme
este vestido, si yo,
como un hongo, o jeta verde;
allí me le hallé prantado
en aquel campo?
Rey
No tiene
Vuestra Alteza que encubrirse
con los disfraces de hacerse
villano, rústico, o loco:
que el Sol nace, y resplandece,
aunque nublados se opongan
a sus rayos transparentes.
No desconfíe de mí
hoy Vuestra Altezas consuele
estos lances de fortuna,
mudable, y dudosa siempre.
Benito
Qué mudabre, o qué golosa?
tomen sus armas, y denme
mis hatos, si es que esto buscan,
que no soy, aunque lo piensen
el Príncepe Sinbórrico
de Sencilla?
Roberto
Engaño es este
que ahora en mi lengua está
darle crédito, y hacerle
mayor; y aún estorbo así,
que vuelvan con nueva gente
a buscarle: Vuestra Alteza
me dé los pies, que no puede
mi amor, aunque esté delante
el Rey, sufrir, que les niegue
a mis labios esta dicha
de besarlos.
De rodillas.
Benito
Quién os mete
con mis pies a vos? no quiero
que nadie mis pies me besen?
Roberto
Ya no puede Vuestra Alteza
disfrazarse de esa suerte.
Soldado 1
Señor ya estás conocido
Capitán
Ya, señor, saben que eres
el Príncipe de Sicilia.
Benito
Todos?
Roberto
Sí.
Benito
Pues todos mienten,
que no conozco a Cecilla
entre todas las mujeres
que conozco, si no una
Cecilla tan solamente
del Rabadan de mi Aldea;
esta es verdad.
Roberto
Que aún pretendes
disimularte conmigo,
siendo un criado, que excede
a Acates en la lealtad.
Benito
Aunque de acicates cuentes
cuanto mandares, no sé,
hombre, o demonio, quien eres
Roberto
Señor; mi amo Federico
mas que de discreto, tiene
de veliente: ha dado en esto
y habrá de estarle en sus trece.
A la torre de Belflor
le levad, y allí se entregue
a Elena pero advirtiendo,
que esté en la prisión desuerte,
que sea digno hospedaje
de un Príncipe tan valiente.
Aparte.
Ya como yerno le trato
a mi enemigo.
Roberto
No es ese
milagro, ni novedad,
porque a ser lo mismo viene
un enemigo, que un yerno.
Rey
Y con el Roberto quede
a servirle, que en efecto
se holgará de hablarle, y verle.
Dirás a Elena también,
que allí le tenga, y que espere
de mis manos generosas
mil favores, y mercedes.
Quiero componer las partes,
por Margarita: o mujeres,
Aparte.
que de intentos descomponen
vuestros necios pareceres!
Capitan
Ven, señor, donde descanses.
Benito
Aparte.
Vamos (otro loco es este)
a descansar, y a comer.
Roberto
Aquí Vuestra Alteza tiene
a Roperto.
Benito
Y sos Roberto
e Diabro? si es sueño este?
mas todos han dado en esto,
y sin duda alguna, debe
de ser verdad, pues que todos
lo dicen, es evidente;
o todos están borrachos,
o yo solo: mas qué puede
estarme mejor a mí,
que ser en tiempo tan breve
Fraile rico de Cecina,
y venga lo que viniere?
Vanse, y salen tres Villanos, y Antona.
Antona
No hay consuelo para mí,
déjame llorar, Belardo.
Villano 2
No hay consuelo?
Antona
No le aguardo.
Villano 3
Pues has de morirte?
Antona
Sí,
él me dijo: Antona mía,
cuando vuelvas me hallarás
firme a tu amor mucho más,
que esta encina: que sería
el no estar después allí?
Villano 1
Para mi bien juzgo yo
que una fiera le comio.
Antona
Y debió de ser ansí,
aqueso es razón que veas,
fea le comio cruel,
es sin duda, porque él
muy amigo era de feas.
En las entranas está
de alguna, sin testimonios,
porque no harán mil demonios
lo que una fiera no hara.
Vanse.
Salen Elena, y Fedérico.
Federico
Con qué he de poder pagar
tantas honras, y favores?
Elena
Tú las mereces mayores.
Federico
Aún no merezco besar
la tierra que pisas, yo
quien soy, señora, o quien fui,
para tal favor: si aquí
mi ventura me guío,
no fue mi suerte importuna,
pues con más razón diré,
que, por más fortuna, fue
desdichada mi fortuna.
Dichoso yo, que nací
con tan venturoso estado,
que fuera más desdichado,
cuando no lo hubiera sido.
Elena
Aparte.
Ya conoce mis extremos,
pues habla sin que repare:
mas antes que se declare,
corazón, disimulemos.
Quien os óyere, Español,
hablar tan agradecido,
pensará que habéis tenido
a vuestras plantas el Sol.
Alcaide os hice, y no son
favores en tanto aumento;
que vuestro agradecimiento
merezca por galardón.
Federico
No os entiendo de qué suerte
he de proceder; hablando
estoy, temiendo, y dudando
entre mi vida, y mi muerte.
Muchas veces que pretendo
agradecer con recato,
soléis culparme de ingrato:
vive Dios, que no os entiendo.
Hoy, que obligado de vos,
agradecido me veis,
también de esto os ofendéis:
no os entiendo, vive Dios
O es que como malos tratos
de falsa, y fingida fe
han hecho, Elena, que esté
poblado el Mundo de ingratos,
os canso yo, porque he sido
agradecido, que ya,
como no se usan, da
enfado un agradecido:
yo no lo seré, si aquí
obligo más sin saber
estimar, y agradecer.
Elena
Pues tampoco os quiero así.
Federico
Qué haré?
Elena
Que de aquí adelante,
mis pesares, o mis gustos,
mis contentos, o disgustos
escuchéis con un semblante:
Ni agradecido os pretendo,
ni olvidado entre los dos.
Federico
No os entiendo, vive Dios
Elena
Ni yo, vive Dios, me entiendo
Sale el Capitán.
Capitán
Dame, señora, los pies.
Elena
Qué es aquesto, Capitán?
Capitán
Que ya tus contentos van
en los aumentos que ves;
ya se sabe quien ha sido
el homicida que allí
mató a Don Pedro.
Federico
Ay de mí,
si me hubiesen conocido?
Elena
Quién es (que ya multiplico
con las nuevas el dolor)
ese bárbaro traidor?
Capitán
El Príncipe Federico
de Sicilia.
Federico
Ya qué haré?
conociéronme, sin duda.
Capitán
Siempre la verdad ayuda.
Federico
Sí meré? si me pondré
en defensa?
Capitán
A quién nombrò
por Alcaide de este Fuerte
tu Alteza?
Federico
Echada es la suerte
Capitán
Oh quién es su guarda?
Federico
Yo,
yo soy ese que buscáis,
porque en mi vida encubrí
mi nombre; y pues soy ya aquí
conocido, qué mandáis?
Capitán
Hablaros aparte quiero.
Federico
Desde ahí podéis hablar,
porque tengo de apelar
de mi valor a mi acero.
Para quién, o contra quién?
Federico
Vos, Capitán, no decís,
que aquí buscando venís
al Alcaide, y que también
el Príncipe Federico
está conocido ya?
pues aquí presente está
lo que buscáis.
Capitán
No replico
a eso, porque no os entiendo;
en vano os alborotáis.
Federico
Si vos, señor, me buscáis.
Capitán
Yo solamente pretendo
entregaros en prisión.
Federico
Antes perderé la vida,
no vi tan inadvertida,
y notable confusión.
Capitán
Oídme, y después sabréis
mi intento.
Federico
Ya no replico.
Capitán
El Príncipe Federico
viene preso, y vos habéis
de guardarle en este Fuerte:
yo en el monte le prendí.
Federico
Eso está bien, como os vi
llegar, señor, de esa suerte
tan turbado, y preguntando
por mí, pasión propia fue,
sin ocasión me altere.
Elena
Qué es lo que estoy escuchando!
Federico preso?
Capitán
Sí,
a vos el Rey os le envía,
para que desde este día
preso le tengáis aquí.
En una carroza viene,
sin que ninguno le vea
el rostro, porque no sea
causa (tanto valer tiene)
de algún alboroto ciego
del vulgo, viéndole así;
Alcaide, veníos tras mí,
donde veréis que os le entrego,
y donde con juramento
os obliguéis a tenerle
guardado.
Federico
Aquí puedo hacerle,
escuchad un poco atento:
yo juro solemnemente,
doy palabra, y certifico,
que guardaré a Federico
fiel, y cuidadosamente;
que tendré desde este día,
en que tal cargo me han dado,
con su persona el cuidado,
que tuviera con la mía:
pues estando por mi cuenta
Federico, claro está
que a mí la vida me va
tante; que decir intenta
mi lengua, que una fortuna
hemos de correr los dos;
y así prometo, por Dios,
guardarlo sin falta alguna.
Capitán
Ese juramento acepto,
venid, porque esto ha de ser
antes que le pueda ver
nadie, que importa el secreto.
Vos, señora, si queréis,
vedle, porque en tal presencia
ya le sirva de sentencia
solo que vos le miréis.
Elena
Si como el pecho está lleno
de iras, rigores, y enojos,
fuego arrojaran los ojos,
y mis razones veneno:
yo le viera, yo le hablara,
porque con venganza fiera
muerte mi vista le diera,
y con mi voz le matara.
No quiero verle: Español,
de quien justamente fío
la venganza, y honor mío;
de los átomos del Sol
guarda ese monstruo, que a ti
solamente le fiara.
Federico
Si en mi lealtad se repara,
le guardaré como a mí
Capitán
Venid.
Federico
Qué notable abisme
de agradar, y de ofender;
vive Dios, que voy a ser
el Alcaide de mí mismo.
Vanse, y sale Margarita, y Serafina.
Margarita
Qué descuidada estaras,
Elena, de esta visita.
Elena
Ay hermosa Margarita,
honor, y vida me das:
dónde de esta suerte vas?
Margarita
En solo verte consiste
mi jornada.
Elena
A eso veniste?
Margarita
Dicen, que el sitio que ves
selva de los tristes es,
y envianme acá, por triste.
A divertir he venido
una gran melancolía,
que solo a ti, prima mía,
contara.
Elena
Dichosa he sido:
es de amor?
Margarita
Amor ha sido.
Elena
Y ya no es amor?
Margarita
No sé
lo que es, ni lo que fue,
en mi llanto lo verás.
Elena
Declárate un poco más,
que yo también te diré
de un amor todo al revés,
prima, y señora, del tuyo,
porque si de aquese arguyo
que ha sido, y que ya no es,
podré contarte después
una inclinación, que va
a ser amor, y no está
declarado, ni advertido;
y si el tuyo no es, y ha sido,
mi amor no ha sido, y será.
Siéntate sobre esas flores,
que a tus pies tejen alfombras,
donde pueden verdes sombras
templar del Sol los rigores:
estancia es propia de amores.
Margarita
No tan despacio he venido,
que sentarme haya querido:
Aparte.
yo he de empezar por aquí,
una fineza por mí
has de hacer.
Elena
Tuya he nacido.
Margarita
La vida me va en que vea
este Príncipe, que preso
han traído.
Elena
Para eso
es menester que yo sea
tercera? no habrá quien crea;
que licencia hayas pedido,
siendo quien eres.
Margarita
Ha sido
por un caso que sabrás
después.
Elena
No me digas mas
que si en eso ha consistido
tu gusto, luego diré,
que esté del fuerte la puerta,
sin ver para quien, abierta.
Margarita
Y yo en este monte haré
la desecha, en él saldré
a caza, hasta que anochezca,
porque a todos les parezca,
que a esto vine prima mía;
no es mucho que mi alegría
ser, vida, y alma te ofrezca:
tuya soy, y de mi llanto
el curso atajaste ya.
Vase.
Elena
Válgame Dios, qué será
lo que me agradece tanto?
mas la causa de este encanto
presto he de saber.
Sale Federico.
Federico
Señora,
ya en la torre queda preso
el Príncipe.
Elena
Oye un suceso,
y lo que has de hacer ahora.
Federico
El alma tu sombra adora,
y obedecer determino.
Elena
Aquí Margárita vino,
con excusa de cazar
en el monte, por hablar
con el Príncipe, imagino
que es amor, y por saber
de este caso la verdad:
que es necia curiosidad,
pero soy, en fin, mujer:
tu, Espáñol, te has de poner
donde los oigas, y advierte
que de aquella misma suerte
que hablaren, lo has de decir.
Pues pudiera yo fingir,
yendo solo a obedecerte?
Elena
Vame la vida, y honor
en ver si amor la disculpa
de tan declarada culpa,
como querer a un traidor.
Vase.
Federico
Qué es lo que pasa por mí?
que enigmas, Cielos, son estas?
que engaños, qué confusiones,
laberintos, y quimeras?
Y aún esto no es imposible;
pero quien habrá que crea
que hay una mujer constante,
y tanto, como la bella
Margárita? maldicientes,
cuyas venenosas lenguas
de mudables las acusan,
venid a ver la firmeza
de un amor; y porque el Mundo
mayor desengaño tenga
de que hay firmeza en mujeres,
tengo de ver donde llegan
de un amor que es verdadero
las peligrosas finezas.
Ella piensa que yo soy
el preso, y como lo piensa
ha de hallarme en la prisión,
así veré lo que intenta.
Esta experiencia he de hacer,
y será la vez primera
que la mujer, y la espada
califique la experiencia.
Esta es la torre. Roberto?
Sale Roberto.
Roberto
Señor, posible es que pueda
verte, y hablarte?
Federico
Fortuna
así los estados trueca,
qué hacías?
Roberto
Entretenido
estaba con esta bestia,
bórrico de nuestra andanza,
pues él nos la lleva a cuestas:
es el mayor animal
que he visto, dice que sueña
cuanto ve.
Federico
Poco se engaña.
Roberto
Ya se ha creído de veras,
que es el Principe.
Federico
Qué importa,
Roberto, que no lo sea,
para estar soberbio ya?
la majestad, y grandeza
no está en ser uno señor,
sino en que por tal le tengan.
Roberto
Ha dado en mandarme mucho;
y es bien que yo le obedezca
en estando acompañado:
pero si solo se queda;
él ha de servirme a mí
otro tanto.
Federico
Ahora deja
esas locuras.
Roberto
Por Dios,
que a solas ha de haber fiesta.
Federico
Qué hace ahora?
Roberto
Está roncando
como una gorda: tu piensa,
que como la cama vio
tan adornada, y compuesta,
la tuvo miedo, o respeto,
y se echó a dormir en tierra.
Federico
Pues por qué no le dijiste,
que para acostarse era
la cama?
Roberto
Mejor lo hice.
Federico
Cómo?
Roberto
Acósteme yo en ella.
Federico
Escucha, Roberto, ahora,
que hay muchas cosas que sepas:
y pues durmiendo me da
la ocasión que amor desea,
Margarita ha de venir
a verme a la fortaleza,
porque como no me ha visto,
que yo soy el preso piensa,
y quiero, que por ahora,
si lo imagina, lo crea,
hasta ver en lo que para
su error, y hasta que sea fuerza
descubrirme: no llamaron?
Roberto
Sí.
Federico
Pues ve, y abre la puerta.
Siéntase Federico en una silla, y sale Margarita.
Roberto
A quién, señora, buscáis?
Margarita
Licencia traigo de Elena,
para llegar hasta aquí.
Roberto
Es verdad, por esas señas
me mandó el Alcaide a mí,
que yo franquease las puertas.
Margarita
Roberto?
Roberto
Señora mía?
pues como aquí Vuestra Alteza
osó llegar?
Margarita
A esto obliga
una pasión loca, y ciega:
y tu señor?
Roberto
Allí esta
sentado, y de la manera
que le ves, ha estado siempre,
con la más grave tristeza
que vi en mi vida: yo temo
que melancólico muera,
si tan hermosa visita,
como es razón, no le alegra.
Margarita
Federico?
Federico
Quién me llama
con tan dulce voz, que eleva
mis sentidos? mas qué miro!
la imaginación intenta
lisonjear a la memoria:
sin duda que ya se acerca
mi fin, y que ya publican
de mi muerte la sentencia;
pues en el viento confusas
figuras se representan,
cuerpos en la fantasía,
y fantasmas en la idea;
que no puede ser, que aquí
los rayos del Sol se atrevan,
para que de mi prisión
iluminen las tinieblas;
pero sea lo que fuere,
como yo esas luces vea,
como esos rayos me alumbren
y ese Cielo me divierta,
ni más vida, ni más gloria
la imaginación desea:
si son de mi muerte asombros,
venga, pues, porque ellos vengan.
Margarita
Fedérico, no es fingida
esta forma que te alienta,
que aún mi sombra, siendo mía,
ni engañara, ni fingiera
Margarita soy, detente,
que no quiero que agradezcas
esto, porque las mujeres
de mi decoro, y mis prendas,
no quieren para olvidar.
Antes de amarte, pudiera
mirar los inconvenientes;
pero ya te amé, y ya es fuerza
que no vuelva atrás, ni olvide,
sino que si mueres, muera.
Ya sé que se despeñó
tu caballo; y que te deja,
no le dio mi amor las alas,
que él volara, y no corriera.
En un monte sé que allí
al pie de unas altas peñas
te hallaron, sé que estás preso,
con esto no hay más que sepa:
si bien, ay que sepas tú,
mi padre vengarse intenta,
a peligro está tu vida,
mal dije, errose mi lengua,
la mía es la que está en peligro.
Sabe, que a la puerta espera
un caballo, en el arzón
tiene dos pistolas puestas,
y en una bolsa unas joyas.
sal, pues, de esta fortaleza,
que yo me quedo à sufrir
tantos enojos resuelta,
y sabré guardar tu vida;
y así, no habrá más que sepas.
Federico
Mal hiciera yo en negarte
las verdades que se encierran
en mi pecho, habiendo visto
las tuyas tan descubiertas.
Yo no estoy preso, señora,
libre estoy; y porque sepas
la Nóvela más notable,
que en Castellanas Comedias
sútil el ingenio traza,
y gustoso representa:
sabe que estás engañada,
verdad es que me despeña
el caballo, pero dejo
las armas, para que pueda
librarme, llegue desnudo
a Miraflor, esa Aldea,
donde Elena mi enemiga
me libra, guarda, y alberga.
Sabe que un villano luego,
(que esto, aunque yo no lo sepa
de cierto, pues no lo vi,
la misma razón lo enseña)
se puso las armas mías,
y engañados por las señas,
le llevaron preso, y luego
a mí mismo me le entregan,
porque Elena me hizo Alcaide
a mi de esta fortaleza.
Esto es verdad, y si estoy
libre ahora donde pueda
verte cada día, y hablarte,
para qué quieres que sea
tan cobarde, que me ausente,
porque otros, peligros tema,
cuando el peligro mayor
en un amante es la ausencia?
Margarita
Temo que no ha de durar
este engaño, y será fuerza
vengarse mi padre en ti.
Roberto
Remedio hay.
Margarita
De qué manera?
Roberto
Tú has de declarar tu amor
a una persona que entiendas
que ha de decírselo al Rey;
y si él reportado templa
el enojo por tu causa,
y quiere hacer conveniencia
la enemistad con casarte,
pues todo con eso cesa;
podrá descubrirse entonces.
Y si enojado se altera,
y quiere vengarlo todo,
en un villano se venga;
y él se quedara encubierto
sin peligro; demánera
que de este trato resulta,
ya con paz, o ya con guerra;
en tu cabeza el provecho,
y el peligro en el ajena.
Margarita
Bien has dicho,
Federico
Desta suerte
concertado en los dos queda:
tú has de amar a Federico
públicamente, y dar muestras
de tu amor.
Margarita
Yo te agradezco
que me hayas dado licencia,
porque reventaba ya,
sufriendo tantas ofensas,
callando tantos agravios,
y ocultando tantas penas,
en público será el preso
quien mis favores merezca,
pero siempre Federico;
que si otro nombre tuviera,
no le amara, o no acertara
a fingirlo.
Federico
Y será cierta
la voluntad?
Margarita
A él fingida.
Y para mí?
Margarita
Verdadera.
Federico
Qué serás firme?
Margarita
Dará
desengaños mi firmeza.
Federico
Tendrasla?
Margarita
Será inmortal.
Federico
Pues la mía será eterna:
a quién estimas?
Margarita
Estimo
a Federico.
Federico
Qué intentas,
fingiendo otro amor?
Margarita
Tu vida.
Federico
Y mi muerte, si eso fuera
de verás.
Margarita
Por qué?
Federico
Los celos
me mataran, o la ausencia.
Margarita
Voy a amar.
Federico
Y yo me quedo
a guardarme.
Margarita
Adiós te queda.
Federico
Los Cielos tu vida aumenten.
Margarita
Ellos tu vida defiendan.
Federico
Nadie, como yo, te estima.
Margarita
Nadie, como yo, te precia,
Jornada Tercera
Sale Federico, y Elena.
Elena
Qué le dijo?
Federico
Que ella era
Margárita, y que inclinada
a la opinión celebrada,
y a la fama lisonjera
de su esfuerzo, y valentía,
por una amorosa ley,
contra el enojo del Rey,
darle libertad quería;
que un caballo le esperaba
a la puerta de la torre,
donde el pensamiento corre,
pues más que corre, volaba:
que huyese veloz en él,
y él entonces respondió:
en la prisión hice yo
pleito homenaje, y fiel
le he de guardar, que he nacido
más obligado a mi honor,
correspondiendo al favor
liberal, y agradecido.
Elena
Todo lo escuchaste?
Federico
Digo,
que a todo presente fui,
y que tan claro lo oí,
como si hablara conmigo:
Si ella otra cosa contare,
Vuestra Alteza no lo crea.
Elena
Ella viene, no te vea.
Federico
El Cielo tu industria ampare.
Vase Federico, y salen Margarita, y Serafina.
Margarita
El Rey mi padre ha venido,
Serafina a Miraflor,
por ver si el fiero rigor
de mi pena he suspendido:
tú has de hacer con gran secreto
lo que te llego a advertir,
a mi padre has de decir
de mi amor todo el efeto;
esto me importa.
Serafina
Si a ti
te importa, yo lo diré:
pero advierte que callé
hasta este punto, que vi
que te sirve en el efecto
el decírselo.
Margarita
Pues no?
Serafina
Buena, por cierto, soy yo
para decir un secreto;
si mil vidas me quitaras,
lo callara, y encubriera;
y ahora no lo dijera,
si tú no me lo mandaras.
Direlo; porque me dio
licencia tu voz, señora.
Aparte.
Bueno fuera que hasta ahora
huviera callado yo.
Vase.
Elena
Tan sola, prima mía?
Margarita
Oh bellísima Elena,
aquí mi antigua pena
a solas divertía;
que suele en su cuidado
ser amor un Filósofo cansado,
que busca soledades.
Cuando solas nos vimos,
contarnos prometimos
nuestras dos voluntades.
Margarita
Yo empezaré primero,
porque seré más breve.
Elena
Atenta espero.
Margarita
El verle tan airoso,
de honor, y gloria rico,
al preso Federico,
engendró un amoroso
deseo en mi cuidado
de ver si como es visto, era tratado,
Entré a verle, en efecto,
diciendo cautelosa
ser del Alcaide esposa,
y hallele tan discreto,
tan cuerdo, y entendido,
que ya mi muerte el escucharle ha sido.
Elena
Tú sola le has hallado
tan cuerdo, y entendido,
discreto, y advertido;
porque a mí me han contado
acciones de su mano,
solo dignas de un rústico villano.
Margarita
Pues es engaño, prima,
Federico es valiente,
galán, cuerdo, y prudente,
tal la fama le estima,
y yo lo certifico,
si es que hablamos del propio Federico
Elena
Argüirte no quiero,
que en voluntad errada
yo también fui culpada:
si de ti considero,
que amas a un ignorante,
y yo de un hombre humilde soy amante;
este Alcaide que has visto.
Margarita
Aparte.
Cielo, qué es lo que escucho?
Elena
Con mi vergüenza lucho.
Margarita
Aparte.
Mal mi dolor resisto:
qué temes?
Elena
Tu desprecio,
mas nada culpará quien quiere a un necio.
Ese, pues, que desnudo,
herido, y desdichado
a mis pies ha llegado,
robarme el alma pudo.
Margarita
Calla, Elena, no digas
tales bajezas, calla, no prosigas.
Elena
Oye, que no he tenido
tan fácil pensamiento,
que a mi cuidado atento,
haya, aunque Alcaide ha sido,
en la prisión entrado,
amor tuve, mas no le he declarado,
porque yo sufro, y callo,
y aunque me alegra el verle,
no he llegado a ofrecerle
dineros, ni caballo,
que no es bien que yo aguarde
a que; pero esto baste, Dios te guarde.
Vase.
Margarita
Quién creerá que ha tenido
mi cólera paciencia?
mi furia resistencia?
prudencia mi sentido?
cuando en fuego deshecho
es Erna el corazón, Volcán el pecho:
celos, si esto es temeros,
decid, qué fuera hallaros?
si esto es imaginaros,
decid, qué fuera veros?
y teneros qué fuera?
ira, rigor, desdén, y rabia fiera.
Sale Federico.
Federico
Que se fuese esperaba
Eleña, y a tu luz atento estaba
para llegar a darte
la vida que te debo,
mas ya a llegar me atrevo.
Margarita
Y yo deseando estaba, falso, hablarte,
para darte la muerte que me has dado.
Sale Elena al paño.
Federico
Qué dices?
Margarita
Tu rigor, y mi cuidado,
tu agravio, mi dolor, mi mal; mis celos.
Elena
Llena de mil recelos
vuelvo, con la sospecha
de ver si no ha quedado satisfecha
de mi amor Margarita,
y hablar con el Alcaide solicita:
mientras habla con él, verdes laureles,
sed frondosos canceles.
Federico
Qué dices? no te entiendo,
y en vano al alma disculpar pretendo:
tu ofensas? yo rigores?
tu celos? y yo amores?
cómo, ofendida tú; el morir dilato?
Margarita
Oh Caballero vil, o amante ingrato,
estas son las firmezas
que ofreciste? las ansias, las finezas
de quedar encubierto?
pero finezas son; esto es lo cierto,
que te ha debido Elena,
no Margárita, acabe ya mi pena,
y acabe con tu vida,
que la mujer es vivora ofendida,
cuyo rigor, de imperfecciones lleno,
gendrá la triaca, y el veneno
Federico
Y dices bien, pues de una misma suerte
das con una hermosura vida, y muerte;
pero en qué te ha ofendido quién te adora?
en qué te ha dado enojo quién te estima?
Margarita
Mal el engaño esas modestias dora,
si amante declarado de mi prima,
por ella te quedaste,
por ella me dijiste que buscaste
este disfraz, y que en tan ciego abismo
has sido tú el Alcaide de ti mismo:
pues salga, a mi despecho,
del alma el llanto, y el dolor del pecho,
diga mi voz en ecos repetida
tu fiero engaño, y tu traición fingida
sepan que eres.
Federico
Advierte,
óyeme ahora, y luego dame muerte.
Margarita
Pues podrás disculparte?
Federico
Si puedo.
Margarita
Plegue a Dios.
Elena
Yo escucho aparte.
Federico
Yo de tu prima amante?
yo disfrazado por Elena, Cielos?
Ay dolor semejante!
injusta causa hallaste a tantos celos,
ciega pasión hallaste a tanta pena:
pártame un rayo, si en mi vida a Elena
una palabra he hablado,
que los términos pase de criado
cortés, y agradecido,
porque tercera liberal ha sido
de mi amor, pues por ella
estoy adonde puedo,
siguiendo el hado de mi Injusta estrella,
verte, y hablarte, sin que tenga miedo
a tu padre ofendido.
Elena
Qué escucho? yo tercera suya he sido?
pero suframos, Cielos,
sepamos lo demás.
Federico
Tuviera celos
el Sol de solo un rayo?
de una flor sola el Mayo?
el Mar de un arroyuelo?
de una luz todo el Cielo?
la Luna de una estrella? y un diamante
de una amarista? No pues no te espante
amando Elena bella:
pues el rayo, la flor, la muda estrella,
la piedra; el arroyuelo;
la breve luz que se compara al Cielo;
pues eres tú (aunque todo está delante)
el Sol, la Luna, el Mayo, y el diamante.
Elena
Aparte.
Bien comparada estoy.
Federico
Vuelve a dar vida,
vuelva a vivir nuestra invención fingida,
y demos fin a penas tan extrañas.
Margarita
Con saber que me engañas,
quiero creerte, al fin, porque no fuera
amante quien lisonjas no creyera,
que en amorosos daños,
tienen voz de verdades los engaños:
vuelvo a sufrir de nuevo
al preso amor, ya que a sufrir me atrevo
los celos de una necia.
Elena
Qué bien me honran los dos!
Margarita
Pues tanto precia
mi pecho tu persona,
que dejara del Mundo la Corona,
y contigo viviera
donde la sombra de tu cuerpo fuera,
porque no dan los Cielos
imposible a mi amor, y bien se advierte,
pues en tan dura suerte
fue imposible callar, teniendo celos.
Federico
Tuvístelos en vano.
Margarita
Basta que fueron celos.
Federico
Está llano,
que aún nombrados ofenden,
y el veloz curso del amor suspenden.
Margarita
Pues qué hicieran sabidos?
Federico
Privaran con el alma los sentidos:
y estás desengañada?
Margarita
Es fuerza que mujer enamorada,
en oyendo, perdona, que es Sirena
cualquier amante.
Federico
Celos tú de Elena;
Vase.
Margarita
Aún nombrarla me mata.
Federico
Ciega pasión, aún con su dueño ingrata,
es amor; y pues tú estás ofendida,
no nombraré en mi vida
ese nombre, que agravios tuyos labra;
Sale Elena.
Elena
Y es razón que se cumpla la palabra
que a las Damas se ofrece;
estas ausencias, di, traidor, merece
mi amparo, mi piedad, mi amor, mi trato;
Oh Caballero vil, huésped ingrato!
Federico
Cielos, qué es lo que escucho?
con nueva duda, y nueva pena lucho.
Elena
Tú, que pobre, y herido
a mis plantas llegaste, y defendido
de tu suerte importuna,
reparo hallaste contra la fortuna,
tan desagradecido, tan ingrato
a mi amor correspondes, y a mi trato?
Si Mercader fingido me obligaste,
di, por qué Caballero me ofendiste?
si a Margárita amaste,
por qué de Elena tal desprecio hiciste?
que es, aunque esté delante,
el Sol, la Luna, el rayo, y el diamante.
Tu Alcaide de ti mismo,
disfrazado en mi casa?
sepa el Rey lo que pasa,
salga ya mi furor de tanto abismo.
Federico
Escucha, hermosa Elena.
Elena
Cómo me nombras, dando tanta pena
mi nombre a Margarita?
Federico
Óyeme, y luego ser, y honor me quita:
yo soy un Caballero,
del preso Fedérico compañero,
que de la Infanta enamorado vine:
mas cuando le prendieron, yo previne
escaparme, dejando
mi vestido en el monte; y así; cuando
llegó a tus pies mi bárbara osadía,
fue (si te acuerdas) ese mismo día,
después me le entregaste.
De mi valor por desengaño baste
el haberle guardado;
siendo Príncipe mío, con cuidado
tan grande, pues si yo noble no fuera,
bien escapar al Príncipe pudiera:
más atento a mi honor, preso he vivido:
y está la causa ha sido,
guardando yo a mi Príncipe en su abismo,
de llamarme el Alcaide de sí mismo.
Pues si comó leal, y fiel criado
te he servido, y al Príncipe he guardado,
de qué puedes quejarte?
Si como amante llego a despreciarte,
yo soy para contigo
un pobre Mercader; y así me obligo
a agradecerte el bien, y le agradezco
como tal; pero no cuando me ofrezco
como Duque de Mantua, y como amante
de Margárita bella.
Elena
No es bastante
la disculpa, si al fin conmigo ha sido
tu trato doble, y tu valor fingido.
Federico
Elena.
Elena
No me nombres.
Federico
Mira, advierte,
que viene el Rey, y que en tu voz mi muerte
está segura.
Elena
Muera, pues (ay Cielos!)
muera de celos quien mató de celos.
Federico
En fin, resuelta vienes a matarme?
Elena
Cómo tú, Duque ingrato, a despreciarme,
sepa el Rey tus engaños.
Federico
Vuelva la espalda, pues, a tantos daños
Vase.
quien no puede obligarte.
Elena
Aunque la vuelvas, no podrás librarte,
que a lo infinito alcanza
de mujer ofendida la venganza:
Sale el Rey, y Seráfina.
Serafina
Remedia su dolor.
Rey
Hoy en mi lucha
mi venganza, y su amor.
Elena
Señor, escucha,
que es bien que sepas tú tu misma pena,
y el amor de la Infanta.
Rey
Ya sé, Elena,
lo que quieres decirme;
y así, aquí es excusado el afligirme:
ya sé que Margarita
mi muerte solicita,
y que determinada
esta, de ese traidor enamorada.
Elena
Pues si lo sabes ya, remedia el daño,
ya que a tiempo ha venido el desengaño,
que no es bien que esto pase,
y que con un traidor la Infanta case,
que está disimulado
en tu Reino, en tu casa disfrazado,
cuando la sangre mía,
mejor diré la tuya; elada, y fría,
con caduca esperanza,
de todos a una voz pide venganza.
Vase.
Rey
Cielos, en tanta pena,
como satisfaremos de una suerte
de Margárita amor, quejas de Elena,
si una pide su vida, otra su muerte?
Mas viva Margarita,
que la paz de mi Reino solicita,
que Elena fácilmente
podrá curarse del ardor que siente.
Sale el Capitán.
Capitán
Oye, señor, lo que pasa;
Eduardo, de Sicilia
Infante, con mucha gente
hoy a Nápoles camina.
Todo su Reino le sigue,
en defensa tan altiva,
como es el dar a su hermano
la libertad, y la vida;
que es su Príncipe en efecto.
Rey
Aunque pudiera la ira;
y el enojo hacer con el,
que tanto poder resista,
quiero con mejor acuerdo
decirte la intención mía.
Margarita (ay Cielos, cuanto
esto siento!) Margarita
sé que a Federico ama:
tan graves melancolías
como padece, que han puesto
en tanto riesgo su vida,
de esto nacen, así Elena
me lo ha dicho, y Serafina:
y yo sin esto lo sé;
mas con casarla, se quitan
mayores inconvenientes:
pero a esto me desanima
sola una cosa.
Capitán
Cuál es?
Rey
Temer, que algunos me digan
que Fedérico no sabe
lo que importa.
Capitán
No prosigas,
que en ese extremo le han puesto
tristeza, y melancoría,
viéndose sin libertad;
pero si una vez se mira
libre, volverá en su acuerdo.
Rey
Bien dices, y antes querría,
que esto se tratase, hacer
una experiencia exquisita,
y la experiencia que intento,
es aquesta: Margarita?
Sale Margarita.
cómo te va de tristezas?
Margarita
Mal, señor, que el alegría
es imposible a mi pecho,
continuo el llanto lo diga.
Rey
Una lisonja has de hacerme.
Margarita
Qué mandas?
Rey
Mucho peligra
en soledades, y penas
de Federico la vida.
Si muere, quien pensará,
que de mi mano enemiga
no fue el golpe, y de alevoso
me argüiran los de Sicilia?
Margarita
Pues qué me mandas?
Rey
Si tú
hoy le ves, y le visitas,
alentará el desmayado
corazón, y con tal dicha
dará nuevo aliento al alma,
dará al cuerpo nueva vida.
Yo iré contigo, por mí
has de verle.
Margarita
Tú me obligas
a obedecerte.
Rey
Qué presto
concedió, y el alegría
salió modesta a los ojos,
Aparte.
cómo a los labios en risa!
mas disimular importa.
Margarita
Aparte.
Si enamorada me mira
en su presencia mi padre,
efecto tendrán mis dichas.
Vanse
Salen Músicos, Roberto, y Benito vistiéndose.
Roberto
Cómo ha dormido tu Alteza?
Benito
Muy bien; en toda mi vida
he tenido mejor sueño,
en cama tan branda, y rica
soy un Príncipe liron.
Roberto
Canten, hasta que se vista
su Alteza.
Música
Vaya aquel tono,
cuya letra es peregrina.
Cantan lo que quisieren.
Benito
Roberto?
Roberto
Señor?
Benito
Decid
a esos músicos que gritan,
que dejen esos entonos,
y canten, por vida mía,
una letra, de que ahora
me acuerdo, que se decía,
Canta.
Luneta,
atala allá de la sonsoneta.
Roberto
Eso habían de cantar?
Benito
Esta es la mejor letrilla
de todas, esta cantaba
yo, cuando a los montes iba
a trabajar con Antona.
Roberto
Como tan presto se olvida
Vuestra Alteza de quién es?
del juicio el dolor le priva.
Benito
Es verdad, no me acordaba
de que todos me apellidan
el Príncipe no sé como.
Roberto
Federico de Sicilia.
Benito
Basta, ello ha de ser así
por fuerza, esta Prencipia
me ha venido no sé como,
y no quieren que yo diga
que esta casa es de mi Aldea,
y que desde aquí se mira
por detrás de esos espejos,
vidrieras, y celosías,
el Aldea de Belflor?
Válgame Dios, no es la misma
casa de Juana, y Antón
aquella, y esotra chica
la de Llorente, y Bartola?
la de Ginés, y Marina
no es aquella? aquel Perico,
que a la taberna camina,
no es el que dicen que es hijo
del Sancristan, y Llocía?
(y dicen bien) el Barbero
no está, tras de su cortina,
tañendo, que aquí lo oigo,
el villano, y las solías?
Mas quién me mete a mí en eso?
yo, como buenas gallinas
en prata, yo visto seda,
y duermo en cama mullida,
venga por donde viniere;
sea verdad, o sea mentira,
no me va muy mal con ser
Fray Francisco de Sencilla.
Roberto
Dejadle, solo, que ya
vuelve a su melancolía.
Vanse los Músicos.
Válgale el diablo, qué tiene?
de que se eleva, y suspira?
no tiene más, qué merece?
qué desea?
Benito
Que en mi vida
me dejen solo con vos,
porque tantas cortesías,
somisiones, remenencias,
alturas, y señorias,
las vengo a pagar dempués
a solas; y en la comida,
cuando alguno esta delante,
vos me servís de rodillas,
y en quedando solo, andáis
conmigo a la rebatiña.
Roberto
Pues qué quiere? no está así
la diferencia partida?
que a quien yo unos ratos sirvo
razón es, que otros me sirva.
Benito
Sí, mas sin darme porrazos,
mas ya mi ingeño imagina
Aparte.
como he de vengarme de él,
en teniendo compañía.
Sale Federico.
Federico
Muy bien puede, gran señor
Vuestra Alteza darme albricias:
el Rey, y la Infanta vienen
a verle, y con tal visita
segura tiene desde hoy
la libertad, y la vida.
Roberto
Vuestra Alteza advierta aora
que es bien que a la Infanta diga
muchas corteses finezas,
como a su esposa, y su prima.
Benito
Yo sé lo que he de decir,
no es tanta mi bobería;
y aún lo que he de hacer con vos:
pagareisme la malicia,
en estando acompañado.
Federico
Ya llegan, Amor, anima
este engaño; pues que tú
los enseñas, y fabricas:
crea el Rey que enamorada
la divina Margarita
está del Príncipe, viendo
tantas finezas fingidas.
Salen el Rey, la Infanta Margaríta y el Capitán.
Rey
Bien Vuestra Alteza estará
de aquesta visita incierto.
Benito
No mucho, porque Roberto
me lo había dicho ya
Rey
Aquí verá si le estima
mi pecho, y si amor le tiene
la Infanta, que a verle viene.
Benito
Beso a mi señora prima
la mano.
Margarita
Sabiendo el Rey
mi señor la gran porfía
de vuestra melancolía,
quiso, por piadosa ley,
veros, cuya acción olvida
su enojo, y el bien declara;
pues quien mira al Rey la cara,
segura tiene la vida:
esta es ley, cuya piedad
quedará en mármol escrita.
Rey
Aparte.
Qué mal callán, Margárita,
tus ojos!
Benito
Tu Majestad
sabe bien dar honra, y vida
a un preso que está sujeto:
Aparte.
el diabro me hizo discreto.
Roberto
Qué hable ya con advertida
prudencia aqueste animal!
Federico
De oírle así hablar me espanto:
Aparte.
ha poder, y mando, cuanto
enmiendas el natural!
Rey
Ciega estás.
Benito
Sillas nos den.
Roberto
Aquí las tiene tu Alteza.
Benito
Pagareisme, buena pieza,
los porrazos: yo estoy bien,
Siéntase.
y puesto que hay sillas más,
Vuestra Majestad se siente.
Federico
Volvió a su ser brevemente,
Rey
Y ahora qué me dirás,
ya que me alabas su talle,
de aqueste urbano cortejo?
Margarita
Qué es su bizarro despejo
muy digno para alabarle:
qué airosamente tomó
la silla! qué airosamente,
Vuestra Majestad se siente,
dijo! la fama mintió,
aunque tiene el Mundo lleno
de sus alabanzas, pues
no dijo cuan bueno es.
Rey
Esto te parece bueno?
no es amor, si no locura,
no conocer este error.
Siéntanse.
Margarita
Cuándo no es locura amor?
Rey
Lo más que ahora procura
mi deseo, es, consultar
con tu Alteza la venida
de su hermano.
Benito
Yo en mi vida
tuve hermano en mi Lugar.
Roberto
Cómo el Infante ha venido
en hermano, dice, y es llano.
Benito
Si dice el Infante hermano,
no le había conocido:
vos tenéis la culpa de esto,
Pégale.
que calláis hasta este día
que Infante hermano tenía,
más pagareislo.
Federico
Qué es esto?
Rey
Y ahora qué puedes decir?
es galán? es entendido?
Margarita
Notable gracia ha tenido,
solo él me hiciera reír.
Rey
No vi hombre tan ajeno
de gracia, esto te ha agradado?
Margarita
Qué bueno el enojo ha estado!
Rey
Esto te parece bueno?
pues no ha de ser tu marido,
aunque su hermano valiente
con la sangre de mi gente
deje este campo teñido.
Margarita
Pues aunque es indigno en mí,
si me llego a declarar,
en un necio amor hablar
a mi Rey, y padre así,
lograr casada pretendo
aqueste amor que público,
con el mismo Federico,
que a los dos nos está oyendo.
Federico
Aparte.
Bien su respuesta me anima.
Benito
Ala visto tu Majestad
el amor, y voluntad
que debo a mi seora prima?
Margarita
No es un Príncipe heredero
de Sicilia? pues qué error
puede culpar el amor?
Rey
Ser hombre rústico, y fiero.
Margarita
Por cuerdo el Mundo le estima,
por su ingenio, y su valor.
Benito
Cierto que es mucho el amor
que debo a mi seora prima.
Rey
Ya mi confusión es mucha:
este es discreto? qué abismo!
este es Príncipe?
Margarita
Sí, el mismo
que nos mira, y nos escucha.
Sale el Capitán.
Capitán
Un Embajador, señor,
del Rey de Sicilia aguarda
licencia para besar
tus manos.
Roberto
Apart.
Aquí se acaban
los engaños.
Margarita
Este viene,
mirándote en dudas tantas,
a decirte la verdad.
Rey
Bien es que baje, y que salga
a recibirle: tu Alteza
se retire.
Benito
Que me vaya
es mejor, que no he comido,
a comerme una empañada
de ternera, doce pollos,
diez conejos, seis tortadas,
diez chorizos, cuatro quesos,
mil peros, treinta patatas,
que con esto Freno rico
de Cecina bien lo pasa:
a diós, que me voy a hartar.
Vase.
Federico
Yo me voy, porque no haga
el Embajador aquí,
viéndome, alguna mudanza.
Vase.
Salen Antona, y villanos.
Antona
Pardiez, que habemos de ver
como a los Reyes los habran
los Bajadores, pues vemos
en Belflor cosas tan varias.
Roberto
Señor, el Embajador
que viene, si no me engaña
la vista, es el mismo Infante,
Rey
O si con esto acabaran
mis penas, y confusiones.
Margarita
O si acabasen mis ansias,
Sale el Infante.
Infante
Vuestra Majestad, señor,
me dé la mano.
Rey
No haga
hoy Vuestra Alteza conmigo
ese disfraz.
Margarita
Cosa extraña
Infante
Embajador de mí mismo
quise ser más aunque se halla
conocida mi persona,
los privilegios me valgan:
y hablando ya de otra suerte,
agradeciendo a sus plantas
los favores que recibo,
oiga de mí mi embajada.
El Príncipe Federico
entro solo en la estacada;
muerte dio a Don Pedro Esforcia
cuerpo a cuerpo, y lanza a lanza
luego no merece, o Rey,
el rigor con que le tratas,
pues no le mató a traición
alevosa, o con ventaja.
Aquesto asentado, como
a tu honor altivo faltas,
y a tu decoro te niegas,
rompiendo tu fes y palabra,
pues me dicen que le has muerto
Estas, señor, son hazañas
dignas del valor que heredas?
dignas del poder que alcanzas?
Dame a mi hermano, o por e
sustentaré en la campaña,
que eres alevoso Rey,
pues a mi Príncipe matas,
cuando debieras guardarle
la seguridad jurada.
Rey
Confieso que debe hacer
el Rey que una justa ampara,
bueno el campo; pero no
dar lugar a ofensas tantas,
que empuñe un Aventurero
en su presencia la espada;
esta es la satisfacción
de la prisión, y las guardas:
y ahora, en cuanto a decir
que le he dado muerte, valga
por respuesta verle vivo,
que es mejor: ha de la guardía?
haced luego que el Alcaide
a aquellas almenas salga
con el preso, donde vea
el Príncipe quien le engaña:
y mira como le diera
muerte al, que ahora trataba
casarle con Margarita,
dando fin a ofensas tantas;
y lo hiciera, vive Dios,
a no mirar que le falta
de Príncipe la prudencia,
que le es de tanta importancia.
Infante
Quién engañado procede,
disculpa, y perdón alcanza.
y así, del reto desisto,
remitiéndome a tu gracia.
Sale Elena.
Elena
Si lágrimas de mujer
piadoso lugar alcanzan
en los pechos de los hombres;
y más en los que se hallan
tan obligados, por ser
Dioses en la tierra, valgan
su privilegio a mi llanto,
y tu piedad a mis ansias.
Cómo, magnánimo Rey,
tanto a tu justicia faltas,
que das premio, y no castigo
a quien me ofende, y me mata?
Como a Federico pones
en libertad, y le casas
con Margárita, sin ver
que soy la parte que agravia?
Hermano, perdí, y esposo,
si el satisfacerme tratas,
dame esposo, cuyo amparo
supla de mi honor la falta:
y entonces podrás librar
al Príncipe, pues es clara
mi justicia, que no es libre,
mientras mi perdón no aleanza.
Sola una satisfacción
pretendo de ofensas tantas,
y es, señor, el que me cases
hoy con el Duque de Mantua.
En tu Reino está, yo sé
quién es, pues con esto acaban
mis penas, quedando, al fin,
noble, contenta, y honrada.
Rey
El Duque de Mantua aquí?
mano te doy, y palabra
de que hoy ha de ser tu esposo.
Elena
Déjame besar tus plantas;
Aparte.
lindamente me he vengado
de los celos que me causa
Margárita: amor vencí,
engañando a quien me engaña.
Rey
Ya con el Alcaide está
en esas almenas altas
el preso, mira si es vivo.
Salen a lo alto Fedérico, y Benito.
Infante
Ay hermano de mi alma!
Margarita
Viendo el Infante a los dos,
no advirtiendo en dudas tantas
cual el preso es, o el Alcaide,
como a su hermano le habla.
Elena
Válgame el Cielo, qué miro!
el preso es aquel? jurara
que le conozco.
Antona
Oyes, Bato,
Velardo, o yo estoy borracha,
o el tal Príncipe es Benito.
Villano
Antona, oye, mira, y calla.
Antona
Cómo le habrán de esta suerte,
si yo le conozco?
Infante
Cuántas
lágrimas debe tu amor
a los ojos que hoy alcanzan
aquesta dicha de verte!
más verte por premio basta.
Benito
Este es el hermano Infante?
él tiene pequeña traza
para Infante, y para hermano;
más Antona está allí.
Federico
Calla.
Benito
Pues los Príncipes no pueden
habrar con Antona?
Federico
Basta.
Benito
Ya está bastado, hanle visto?
Antona
Bato, has visto lo que pasa?
el mismo Infante ha venido,
hermano al Príncipe llama.
Federico
Aparte.
Sin que el engaño conozcan,
con equivocas palabras
responderé por los dos:
No puede la voz turbada
decir, Infante, el contento
que tu presencia le causa:
y por no ofenderte hablando,
Federico siente, y calla.
Vase, llevando a Benito.
Infante
Pues ya, señor, que le he visto,
vuélveme a decir la causa
porque el casamiento dejas
de mi señora la Infanta.
Rey
Solo por no ser capaz
del gobierno.
Infante
Mucho agravias
su divino entendimiento.
Rey
No es aquel que miras, y hablas?
Infante
Sí señor.
Rey
Pues ese mismo
tan rústicamente habla,
tan torpemente procede,
que es igual a un bruto.
Infante
Basta,
que debe de haber perdido
aquí el juicio, porque Italia
no vio tan sutil ingenio.
Margarita
Qué a ciegas los dos se hablan
de diferentes sujetos!
Rey
Pues porque en un punto salgas
de ese engaño, luego al punto
aquí a Federico traigan,
y si él hablare en razón,
vuelvo a empeñar mi palabra
de casarle con mi hija.
Elena
De confusión tan extraña
saldré, si viéndole ahora
más cerca, hermano le llama.
Sale un criado con Benito.
Benito
Parezco cabalgadura,
que se vende, porque andan
conmigo, viéndome todos:
qué es, señor, lo que me manda
tu Majestad? diga, aqueste
es mi hermano?
Rey
Su ignorancia
ha descubierto bien presto,
mira si mi voz te engaña.
Infante
Pues no me engañas, si aquí,
cuando al Príncipe esperaba,
me das un hombre, que de él
no tiene la semejanza?
Rey
Pues no es el mismo que viste,
y que ahora confesabas
ser tu hermano?
Infante
No era este.
Rey
A y confusión más extraña!
Elena
Este es, señor, un villano
que conozco.
Rey
Hay penas tantas!
pues yo no tengo otro preso;
ni otro en mi poder se halla.
Infante
Pues como a negarlo vuelves,
si le he visto?
Rey
Al punto llama
al Alcaide.
Elena
Advierte aquí
de la suerte que le tratas,
porque el Alcaide, señor,
es el gran Duque de Mantua.
Rey
Otro engaño?
Sale el Capitán.
Capitán
Ya está aquí.
Sale Federico.
Infante
Este es Federico.
Federico
Aguarda,
Al Infante.
que antes de darte los brazos,
tego de besar tus plantas.
Al Rey.
Yo soy quien enamorado;
sin temer tus amenazas,
siendo Alcaide de mí mismo,
vivo en tu Reino, la causa
ya la sabes, amor fue,
felice, si tu palabra
ahora cumples.
Elena
Pues no
ha de cumplirla, si dada
la tiene, que ha de casarme
hoy con el Duque de Mantua?
Margarita
Este es Federico, Elena,
engáñese quien se engaña.
Rey
Supuesto que ya este yerro
en tu faver se declara,
Margárita, da la mano
a Federico.
Margarita
Y el alma
con ella.
Federico
Feliz mil veces
quien logra dicha tan alta.
Elena
Infeliz yo, que he perdido
ya todas mis esperanzas.
Rey
Hoy a mi cuidado, Elena,
queda el remediar tus ansias.
Benito
Y a mí, al fin de todo esto,
no imaginan darme nada,
siquiera por haber sido
el támbóril de esta danza,
a cuyo son han bailado?
Federico
Dos mil escudos te aguardan
ya con Antona; y con esto
aquí la Comedia acaba
del Alcaide de sí mismo,
perdonad sus muchas faltas.
FIN
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- Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach
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- TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. El alcaide de sí mismo. El alcaide de sí mismo. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gc20.0